Vuelvo a ser libre. Siento el viento a mi alrededor y los sonidos de las careras de Laoming y Maela a ambos de mis lados. Puedo escuchar los latidos acelerados de Toma a mi izquierda y Kanda a mi derecha, puedo oler la adrenalia en su sangre y los árboles a nuestro alrededor. Llevamos un par de horas corriendo, pero ya hemos recorrido tres cuartos del camino a Venecia. Sí, la velocidad demoníaca es impresionante, o por lo menos la de los wargos. Y siendo un demonio wargos...
Me río y derrapo hasta detenerme al borde de un precipicio. Laoming y Maela siguen mi ejemplo. Estoy respirando agitadamente. (Después de varios cientos de kilómetros hasta nosotros, los demonios, nos cansamos.)
A nuestros pies hay un extenso bosque y puedo oír el murmullo de un arrollo cruzándolo.
-Deberíamos parar un rato. Por ahí abajo hay una corriente de agua.
Salto y los wargos me siguen, el resto del camino vamos caminando. Junto al agua Kanda y Toma desmontan de Lao y Maela antes de que los wargos se lanzaran al agua. Yo me quito la chaqueta de exorcista y estiro los brazos antes de sentarme en una piedra con los pies en el agua.
-Es impresionante. Nunca pensé que vería a dos wargos y viviría para contarlo.
-Tres, Toma. Son tres wargos.
Ambos me miran curiosos.
-Por si no os habíais dado cuenta, soy un demonio wargos. Soy el único demonio wargos del infierno y tengo varias de sus características físicas y psicológicas.
-Sabemos las físicas, ahora dinos las psicológicas.
Me recuesto para disfrutar del sol mediterráneo y coloco un brazo sobre mis ojos.
-Agresividad sobre todo. Además soy muy protector con las personas que me importan, daría mi propia vida si son realmente felices. También soy orgulloso y me guío por mis instintos. Y como alfa no puedo permitir que nadie me intimide-Laoming lanzó un gruñido antes de sacudirse el agua del pelo-. ¿Quieres que lo volvamos a comprobar, Lao? Creo recordar que la última vez que nos peleamos tú y yo te di una buena paliza.
Maela gruñó algo y pareció reir cuando Laoming bajó las orejas. Yo sonreí de nuevo y silvé una corta melodía. Durante el camino me había parecido oír unos ruiseñores. Se confirmó cuando la melodía se empezó a repetir una y otra vez desde todos lados.
Me entretengo de ese modo todo el tiempo que estuvimos descansando y pude ver una pequeña sonrisa en los labios de Kanda.
Por fin llegamos a Venecia y ordeno a Laoming y Maela que nos esperen a las afueras antes de entrar. Guío a Toma y Kanda por los puentes y las calles laberínticas. Por fin me detengo frente a una puerta como otra cualquiera y llamo. Olisqueo ligeramente el aire para asegurarme que está aquí.
La última vez que le vi fue hace treinta años y él tenía doce. (Sonrío al recordar al niño pequeño que no dejaba de perseguirme y hacerme preguntas.)
La puerta se abre y me encuentro con un cuchillo de cocina en la garganta. Extiendo la mano para evitar que Kanda desenvaine Mugen.
-¿Cuáles fueron las últimas palabras que Allen Walker dirigió a Luca Brunetti antes de marcharse de Venecia?
Yo sonrío, le enseñé lo suficientemente bien.
-Persevera en tus objetivos y no dejes que aquellos que son más débiles te aparten de tu camino.
El cuchillo se aparta y abrazo a mi viejo amigo.
-Allen, te he echado de menos.
-Yo a tí también, Luca-le separo de mí para verle bien-. Fíjate, te pareces a tu madre. Pero el pelo es definitivamente de tu padre.
Le revuelvo el pelo de color castaño como lo hacía cuando era niño. Luca se molestó y me apartó de un empujón.
-Ya no soy un niño, lupo demone.
-Per me lo sarò sempre, poco mortale. (Para mí lo serás siempre, pequeño mortal.)
Luca me sacó la lengua y nos invitó a todos a entrar. Yo le presento a Kanda y Toma y nos sentamos alrededor de la pequeña mesa en la casa acogedora.
-¿Cómo te ha ido desde que te fuiste?
-Bastante bien. Estuve un par de años en Rusia y luego hice un viaje por toda América. Pero no he venido para hablar.
-¿Y entonces?
-¿Recuerdas aquel baúl que tu padre guardó para mí? Lo necesito. La Luna Dorada está cerca y quiero estar preparado.
-Sí, cuando te fuiste le acompañé a enterrarlo en el bosque. Si vamos ahora regresaremos a la hora de la cena.
Asiento y me levanto, dirigiendome a la salida sin una sola palabra. Ya puedo sentir su peso en mis manos y no quiero esperar más.
Una vez fuera de Venecia seguimos a Luca por el bosque. Tras una hora de marcha en silencio Kanda lo rompe. (Extraño en él. Supongo que la curiosidad le puede.)
-¿Qué es la Luna Dorada?
Me detengo sobre un tronco caído y le miro desde mi posición superior. (Sí, en sus ojos hay curiosidad, exactamente la misma mirada que tenía Asha cuando me preguntó exactamente lo mismo.) Bajo de un salto y continuo caminando.
-La Luna Dorada ocurre una vez cada mil doscientos cuarenta y ocho años y es el momento en el que se corona a un nuevo rey demonio. La última vez mi queridísimo (con todo el sarcasmo del mundo) hermano asesinó a mi padre y se apoderó del trono, desterrándome en el proceso.
-¿Y tú también tienes que matarle?
-Deberías haber visto el esplendor de los infiernos cuando mi padre reinaba. Todos vivíamos en armonía con los humanos y los ángeles. Éramos realmente libres. Ahora, bajo el mando de mi hermano, son tratados peor que los esclavos. Cada demonio es obligado a llevar grilletes de hierro encantados para apretarse si incumplen una sola ley. Únicamente unos pocos que le ayudaron se libran de ese tratamiento y fueron nombrados nobles. Han perdido todo el contacto con el mundo humano y tienen órdenes de matar a cualquier ángel con el que se crucen. Yo pretendo cambiar eso, y si tengo que matar a mi propio hermano, bien, lo haré encantado. Cualquier cosa con tal de que mi pueblo esté a salvo.
-Podrías acabar con tu propia sangre-no era una pregunta. Me molesto y le detengo sujetándole del brazo.
-En lo que a mí respecta no es mi sangre. Casi desde que nacimos nos han enseñado a respetar a nuestros semejantes y proteger a nuestro pueblo. Él fue desterrado por un intento de golpe de estado, asesinó a mi padre, mantiene a mi madre cautiva y ha esclavizado a mi pueblo. Es un traidor de la peor calaña que ha existido jamás. ¿Entendido?
Kanda y yo nos miramos a los ojos hasta que recuerdo otro momento muy parecido a este. Le suelto inmediatamente y me alejo del camino que está siguiendo Luca.
-¡Allen! ¡Es por aquí!
-Lo sé, Luca. Luego os alcanzo.
Me lanzo a correr para liberarme de estos pensamientos. No puedo confundirle con Asha, él es diferente de alguna forma que no alcanzo a comprender. (¿Por qué? ¿Por qué Kanda, la reencarnación de Asha, es mi compañero y el propio Asha no?)
Por fin llego a un claro bastante alejado y lanzo un aullido de desesperación. A lo lejos escucho los aullidos de respuesta de Laoming y Maela.
Tengo que relajarme de algún modo. No sé cómo, pero tengo que estar relajado cuando regrese.
Murmuro el hechizo que levanta la tierra para ahorarnos el trabajo de cavar y yo mismo saco el pesado baúl. Respiro hondo antes de abrirlo. Cuando veo lo que hay en el interior sonrío triste y acaricio la curva de madera del arco de tejo. Junto a él hay dos docenas de flechas con plumas de cisne y puntas de acero divino. Eso era de Asha. Me lo dio cuando murió.
Lo saco con cuidado y lo dejo junto a mí. Debajo hay un montón de cartas y pergaminos que nos enviábamos cuando él todavía no me acompañaba en mi misión. La primera que cojo es de un par de años después de empezar.
Zarainur,
Sigo entrenando sin descanso para poder reunirme contigo pronto. Solo me quedan unos meses y te ayudaré como te prometí.
Aquí las cosas son igual que siempre: aburridísimas. Al final los arcángeles decidieron que mi arma sería el arco y Gabriel me está enseñando a dispararlo. Aunque seguro que no lo haré ni la mitad de bien que tú.
Todavía me cuesta creer que tengas más de trescientos años y parezcas más joven que yo. En serio, solo tengo ciento dos y ya parezco ser mayor que tú.
Te echo de menos,
Asha.
Sonrío triste al leerla y la vuelvo a colocar con las otras. Entonces rebusco en el centro y tiro de un asa para sacar el doble fondo del baúl. Dejo las cartas a un lado y cojo lo que venía a buscar. Wyrda. La espada que forjé yo mismo en el pozo más profundo y candente de los infiernos.
Está hecha de acero estrellado y la hoja mide exactamente un metro con treinta y ocho centímetros, doble filo, guarda de acero con forma de alas, mango y medio de madera recubierto de cuero y pomo con forma de cabeza de wargos. La deslizo ligeramente de la vaina negra con la rosa blanca dibujada para volver a ver los pequeños patrones de llamas en el interior del acero. Esto fue causado durante su forja. La creé de un modo especial, entrelanzando hechizos complicados entre cada golpe. (Utilicé mi voz para hacerlo.)
Lo último que hay en el baúl es un pergamino con todas mis otras armas selladas, armas normales. Las mágicas no pueden ser selladas.
Me cuelgo el pergamino del cinturón y me levanto con Wyrda en la siniestra. Las miradas de Luca, Kanda y Toma se centran en la espada.
-Es mi espada demoníaca. La única capaz de acabar con otros demonios.
La ato a la cadera izquierda por las dos tiras de cuero negro. Me vuelvo a agachar para guardar las cartas de nuevo en el baúl y cerrarlo. Cojo el arco y el carcaj y me aparto un poco para prenderle fuego. (Debo dejar el pasado atrás, centrarme en mi compañero de almas y no en su anterior encarnación.)
Me cuelgo el carcaj del hombro con el cinturón triangular y compruebo la tensión del arco antes de ponernos en marcha de vuelta a Venecia.
-¿Y ese arco?
Aparto una rama para pasar y le sonrío a Toma.
-Asha me lo regaló, como recuerdo por haberle enseñado a disparar cuando nos encontramos en el Paraíso. Él solo tenía cien años en aquel entonces, un niño para los inmortales.
-Si con cien años se es un niño para los inmortales, ¿qué hay de trescientos?
-A partir de doscientos cincuenta se nos considera adultos.
Escucho que Kanda tensa la mano derecha y me agacho para esquivar el golpe.
-Puedo soportar muchas cosas, pero que metieras a un niño en esta guerra... es imperdonable.
Le miro, moviendo casi por instinto la mano al pomo de Wyrda. Indico a Toma y Luca que nos dejen solos, de esto no puede enterarse nadie. Cuando ambos están fuera del rango de audición vuelvo a hablar.
-No eres quién para hablar. Mataste a tu mejor amigo únicamente por una promesa que le hiciste a una mujer a la que no recuerdas. Patético.
Kanda saca Mugen y yo le bloqueo con Wyrda. Nos miramos a los ojos y puedo ver con satisfacción que la ira se refleja en los suyos.
-No te atrevas a hablar de Alma. Tú no le conociste.
-Del mismo modo que tú no conociste a Asha. No sé cómo pude compararte a él. Él era dulce y amable y tú eres un malhumorado y estúpido mortal que solo piensa en sí mismo.
-¡Cállate!
Apoyamos todo nuestro peso (yo controlándome un poco) en las armas. Al final es él el que retrocede únicamente para lanzarme una estocada al cuerpo. Yo la esquivo con un paso lateral y bloqueo de nuevo Mugen y Wyrda. Esta vez hago girar mi espada para hacer que la suya caiga al suelo y le detengo apuntando a su cuello.
Si no le voy a decir que es la reencarnación de Asha, por lo menos le alegraré la existencia.
-Trabaja conmigo.
-¿Qué?
-Te han estado ocultando cosas. Cosas que jamás habrías imaginado. Yo puedo ayudarte a saber la verdad.
-¿Por qué iba a creerte?
-Porque soy el príncipe demonio y conozco todos los secretos más oscuros de todas las personas. Incluidos los tuyos.
Aparto Wyrda y retrocedo un paso. Nos miramos a los ojos y puedo ver la curiosidad en los suyos. Sé que tendré que convencerle de alguna manera.
-Dime un secreto que solo yo sepa.
Me sumerjo en las profundidades de sus ojos cobalto, intentando controlar las grietas que se abren lentamente en mi corazón. Aun así siento una mano apretando mi corazón. Respiro hondo para que no se me note en la voz.
-Le querías. Querías a Alma como a algo más que a un hermano.
Veo el choque en su rostro.
-Te ayudaré. Solo dime lo que tengo que hacer.
-De momento esperar. Te avisaré cuando necesite tu ayuda.
Asiento y me alejo siguiendo el rastro del olor de Toma y Luca.
Gracias por todos los comentarios! Me alegra mucho saber que hay gente leyendo mi historia. Y a todas esas personas tengo que preguntaros algo: ¿os parecería extraño que aparecieran los arcángeles Rafael, Miguel y Gabriel? Ya tengo escritos veinte capítulos, así que no voy a cambiarlo, pero quiero saber vuestras opiniones. Gracias por adelantado!
