Observo con atención el pelo de Lenalee. Es una mezcla de verde esmeralda con siena tostada. Los brillos son de color crema claro y las oscuridades son verde mezclado con negro. (Será complicado, pero no imposible.)

-¿Cómo llevas la pintura de Lenalee?

Pincho con el extremo afilado del pincel en la mejilla de Komui para que aparte la cabeza.

-Por muchas veces que preguntes mi ritmo será el mismo.

-No habría imaginado que sabes pintar.

Cojo un poco del nuevo color antes de contestar.

-Aprendí con Leonardo da Vinci en su taller de Florencia. Dijo que era su "más talentoso aprendiz".

-Me gustaría haberle conocido.

-Era una gran persona, vegetariano y amante de los animales. Nos conocimos cuando le ayudé a curar la pata de una gata con varias crías. Hecho de menos aquella época.

Continuo pintando en silencio y cuidadosamente. Tengo la paleta en una mesa a la derecha y mi cuaderno de dibujos contra las piernas. Mi postura es poco común a la hora de pintar. Me recuesto en la silla con los pies sobre una mesa y mi modelo a la izquierda. Sonrío al recordar la primera vez que Leonardo me descubrió así. Se estuvo riendo durante horas, pero luego alabó mi dibujo y me dio un par de consejos para mejorarlo.

-Hay algo que me estado preguntando, Allen.

-Adelante.

-¿Cuándo es tu cumpleaños?

Eso me detiene.

(¿Mi cumpleaños? Hace mucho que no pienso en ello.)

-No lo recuerdo.

Lenalee y Hevlaska, que está sentada a cierta distancia para darme espacio (por lo que le estoy agradecido), me miran con sorpresa.

-¿No lo sabes? ¿Hablas en serio?

Asiento con la cabeza.

-Hace muchos siglos que dejé de pensar en mi cumpleaños.

-Eso no puede ser, hay que elegirte cualquier otra. ¿No Hev?

-Por supuesto. Así tenemos otra escusa para preparar otra fiesta. ¿Tienes alguna preferencia?

(¿Preferencia? Sí, cuando vi por primera vez a Kanda.)

-El diecinueve de septiembre.

-Fue el día en el que entraste a la Orden.

-Ese es uno de los mucho motivos. Tengo otros que no diré.

-Oh, vamos Allen, por favor, no nos dejes así.

Niego con la cabeza con una pequeña sonrisa. Ahora solo me queda unos últimos brillos en el pelo y los ojos y firmarlo. Lo hago todo rápidamente y pongo mi firma oculta en la esquina (como siempre hago.)

-Listo-miro el reloj en la pared-. En una hora y media. Y no está tan mal.

Lo giro y se lo muestro a la modelo.

-Es precioso. Deberías hablar con el General Tiedoll, os llevaríais bien.

-Ya le conocí, cuando él era un niño. Fui yo el que le enseñó a pintar.

-Estás de broma.

-No miento. Aunque parece que él no me recuerda, tenía cinco años en aquel momento.

Sonrío rememorando aquellos tiempos. (Fue cuando todo esto empezó a complicarse. La Inocencia me escogió.)

-¡Allen! ¡Kanda está en linea contigo!

Me giro cuando escucho la voz de Tap y coloco los cascos que tengo en el cuello en las orejas.

-¿Bakanda?

-Hey, Moyashi. Estamos en Turkía para coger un tren al Tíbet. Será mejor que estés de camino a la División de Asia y preparado para salir en cuanto lleguemos.

-Perfecto. Salgo mañana y en una semana estaré allí. ¿Cómo está el General?

-Sigue con sus excentricidades e insiste en parar en cualquier sitio donde haya un paisaje. Me debes mucho por todo esto.

-Lo sé, y te lo pagaré. Tú solo aguanta hasta la División de Asia y allí me uniré a vosotros.

-Por cierto, no me dijiste que le enseñaste a dibujar. Los oídos me sangrarán si escucho una sola palabra más sobre tí.

Río divertido.

-Siento eso, Bakanda.

-¡No me llames así!

-¿Prefieres que te llame Yuu?

El silencio al otro lado de la línea se alarga demasiado y mi sonrisa es triunfal.

-Solo cállate. Nos veremos en la División de Asia.

Kanda cuelga y yo me caigo de la silla por la risa. Hevlaska sonríe.

-No sé como lo haces. Eres el único con el que Kanda bromea y que no acaba amenazado por Mugen.

Me encojo de hombros y me levanto del suelo.

-Supongo que es porque tenemos un pasado bastante oscuro y nos gusta hablar y pelear-arrugo la nariz pensativo-. Más lo último que lo primero, pero bueno.

Cojo el cuaderno de dibujo y arranco la última página, la del dibujo de Lenalee. Se la doy a la verdadera.

-Puedes dársela a tu hermano como regalo de Navidad.

-Gracias, un problema menos.

-Será mejor que prepare las cosas para salir temprano.

Recojo todas las pinturas con un chasquido de dedos y me despido con un guiño.


Una semana de viaje y por fin he llegado a la cascada que oculta la entrada de la División de Asia. Sonrío, salto a la plataforma de piedra y coloco una mano en el arco. Al instante me transporto a un estanque interior. Frente a mí está Fou, la deidad guardiana de esta división. En su forma humana es bajita y pelirroja. (Pero el morado le queda bien, tengo que admitirlo.) Le sonrío.

-Hola, Fou.

Ella me mira sorprendida y luego me golpea la mandíbula. (Joder, eso duele.)

-Eso por desaparecer de repente hace cien años-me patea el estómago-. Y eso, por forzar tu entrada.

Escupo la sangre en el agua.

-También me alegro de verte, vieja amiga.

Fou gruñe y se aleja. (Sí, es siempre así, pero en realidad tiene buenas intenciones.) Yo me enderezo frotándome la mandíbula. En el borde del estanque hay un pequeño grupo de personas, entre ellos un hombre con el pelo rubio y una variante del traje de Komui.

Me acerco deslizándome sobre el agua.

-Bak Chang, jefe de la División de Asia, de la dinastía de los Chang y única persona capaz de convocar a la deidad guardiana.

-¿Cómo sabes quién soy?

-Komui me dejó curiosear en los archivos antes de venir. Soy Allen Walker, líder establecido por el Vaticano de la Orden Negra y ayudante de tu bisabuelo a la hora de crear a Fou.

-Pero... pareces muy joven.

Le sonrío dulcemente, pero con un deje mortal.

-No te fíes de las apariencias, mortal. Podría matarte siete veces antes de que golpees el suelo.

-¿Mortal?

-Soy un demonio desterrado, si eso responde a tu pregunta.

En el aire hay diferentes aromas. Miedo es el principal, pero desde la única chica hay... ¿excitación? Suspiro. (Otra a la lista.)

-¿Por qué has venido aquí?

-Por dos motivos principales. El primero es porque tengo que reunirme con el General Tiedoll y Kanda antes de ir a Edo. El segundo es porque necesito la ayuda de Fou para volver a despertar mi Inocencia.

-En la Sede también podrías haber activado tu Inocencia.

Niego con la cabeza.

-Hay cosas de mí que jamás comprenderéis y una de ellas es el instinto. Y mi instinto me dice que solo Fou puede ayudarme.

Bak asiente con la cabeza no del todo convencido y le pide a Wong que me lleve a mi nueva habitación.

Una semana. Una jodida semana y sigo sin poder recuperar mi Inocencia y mi brazo. Y supuestamente Kanda y Tiedoll llegarán hoy.

Jodidamente fantástico. (Eso es sarcasmo por si no lo pilláis.)

Ahora mismo estoy en una de mis fases melancólicas sentado junto al estanque de agua. Tengo la espalda contra una de los muchos pilares que lo rodean, murmurando maldiciones en todos los idiomas que conozco.

-¿Qué significa todo eso?

Me sobresalto al escuchar a Roufa, no me había dado cuenta que se acercaba. (Es la chica que estuvo ahí el momento en el que llegé.)

-Nada, solo refresco mi memoria. ¿Querías algo?

Roufa se sienta a mi lado.

-Has estado trabajando muy duro para restaurar tu Inocencia y hay algo en lo que soy muy curiosa. ¿Por quién luchas?

(¿Por quién lucho?)

-Para destruir al Conde.

Esa es mi respuesta automática. Roufa rie.

-¿Sabes? Creo que la Inocencia en los tipo parásito se materializa según las intenciones de su huésped. Si ese huesped no sabe porqué está luchando la Inocencia se desactiva hasta que encuentre de nuevo su camino.

Ella se acerca a mí con una sonrisa y un grito muy agudo me perfora los tímpanos.

-DAL SACRO FUOCO DELL'INFERNO! VOLETE MI SORDO?!-me levanto y veo a dos Roufa-. ¿Qué demonios...?

(Maldita sea, mis sentidos también están confundidos.)

-¡¿Estoy ligando con el señor Walker?!

Es cuando la otra Roufa se levanta cuando entiendo lo que ha pasado. Sacudo la cabeza.

-Gracias, Fou. Sabía que me ayudarías de algún modo.

La segunda Roufa se transforma en Fou y se aleja. Entonces un aroma de loto me rodea y respiro profundamente.

Moyashi! ¡Te dije que estuvieras preparado para salir en cuando llegáramos!

-Ha habido varios problemas técnicos, físicos y mentales, Bakanda. Pero todo está bajo control.

Kanda mira mi brazo (o no brazo) con una ceja arqueada y una mano en el mango de Mugen.

-Claro, completamente controlado.

-¿Eso es sarcasmo? Nunca pensé que viviría para ver el día en el que el gran Kanda Yuu dijera algo sarcástico.

-Cállate si no quieres que te corte el cuello.

-Antes tendrás que atraparte. Te recuerdo que sigo siendo un demonio, con o sin el brazo.

Kanda gruñe y se gira para marcharse, no sin que le viera una sonrisa jugando en sus labios.

-Watashi mo anata o minogashite imasu, Bakanda.

Escucho su susurro y sonrío. Sus palabras llegaron directamente a mi corazón.

(Yo a tí también, Moyashi.)


Las traducciones son:

DAL SACRO FUOCO DELL'INFERNO! VOLETE MI SORDO?!: ¡Por el fuego más sagrado de los infiernos! ¡¿Quereis dejarme sordo?!

Watashi mo anata o minogashite imasu: Te he echado de menos.

O eso según el traductor.

Gracias por leer,

Naraya