Estoy de vuelta en el despacho de Komui, discutiendo las posibles funciones del Arca y las maneras más eficaces de proteger a Lenalee, que es muy probable que tenga el Corazón de la Inocencia.
-Muy bien, muy bien. Haremos esto. Trasladaremos toda la Orden, cada División, a la Torre del Arca. No estaremos en un solo lugar y nos moveremos junto a las misiones de los Exorcistas.
Komui va a decir algo, pero Hevaska interrumpe entrando de golpe.
-Allen, creo que debes ver esto.
Miro a Komui y ambos nos levantamos. Hevlaska nos conduce a la habitación donde está descansando Lenalee. Al entrar veo su Inocencia brillando. Komui, por el contrario, frunce el ceño.
-Yo no veo nada.
-¿Has probado con otros Exorcistas?
-Sí. Y solo Kanda lo ha visto también.
Respiro hondo. (¿Por qué solo él?)
-Quítasela, no voy a arriesgarme a que se convierta en un Caído.
Hevlaska hace lo que le pido y en lugar de los engranajes con la esfera verde, es una simple esfera negra que parece líquido.
-Espera. Es posible que...-cierro los ojos y pienso en los pros y contras. (Hace tiempo leí algo parecido...)-. ¿Puedes beberlo, Lenalee?
-Pero...
-Te prometo que no te pasará nada que no pueda remediarse. Confía en mí.
Lenalee asiente y se bebe el líquido negro. Por un momento no pasa nada, pero luego se abre un estigma en sendos tobillos, de los que mana abundante sangre. Detengo a Komui con una mirada fría y sigo observando. La sangre se levanta y se envuelve alrededor de las piernas de Lenalee, formando una versión mejorada de las Dark Botts. Sonrío y me acerco, pasando la mano derecha sobre ellas. (Frunzo el ceño al fijarme que el loto del dorso tiene un pétalo menos.)
-Ligera como una mariposa y rápida como un leopardo. Así es como escuché que te describían. Ahora parece que alcanzarás la velocidad de un demonio pantera, los segundos más rápidos después de los demonios wargos.
-¿Puedes explicar qué ha pasado Allen?
-Al parecer, Lenalee no es el Corazón como pensábamos. Esto es la evolución de las Inocencia de tipo equipamiento llamado tipo cristalizado. Escuché hablar de él hace muchísimo tiempo, el suficiente como para haberlo olvidado. Solo evolucionan cuando el verdadero Corazón busca protegerse.
El silencio se instala en la habitación por unos minutos. Al final Hevlaska asiente.
-Tiene sentido. Podríamos encontrar la manera de evolucionar artificialmente las Inocencias de tipo equipamiento.
-Es arriesgado. La sincronización debe estar bajo el diez por ciento para que se convierta en líquido. Y bajo el diez por ciento hay muchas probabilidades de que el usuario se convierta en un Caído.
-Pero solo si la Inocencia no le aceptaba. Si somos rápidos podremos conseguirlo.
Me paso la mano por el pelo, revolviéndolo todavía más. Miro entre Havlaska y la nueva Inocencia cristalizada. (¿Por qué tuviste que hacerme el líder, Giovani? Odio tomar estas decisiones.)
-Bien. Pero esperemos hasta después de la mudanza-le sonrío a Lenalee-. Cuídate, no me gusta ver a uno de mis amigos en la cama por mucho tiempo.
-Pronto estaré ayudando.
Le sonrío una última vez y salgo de la habitación para dejar que Hevlaska explique las mejoras a ambos hermanos. No tengo ningún destino en mente al principio, pero al final decido ir a la terraza. Antes me paso por la cafetería para pedirle a Jerry un par de manzanas.
Subo las largas escaleras comiéndome una y por fin abro la puerta. La cierro detrás de mí y me siento en los muros bajos observando el bosque alrededor del edificio. El viento juega con mi pelo y camisa, susurrándome una melodía que sé que jamás podría imitar. (Por muchos años que tenga, la melodía del viento es la más perfecta que la naturaleza puede crear.)
Con le primer mordisco a la segunda manzana la puerta se abre. El olor en el viento es el que me dice quien es incluso antes de que la persona hable.
-Bakanda.
-Moyashi.
Kanda se acerca a mi lado y juntos seguimos observando el bosque. Con una sola mirada veo que viste con unos pantalones largos y una camiseta ajustada de cuello alto y sin mangas.
-¿Qué haces aquí?
-Te estaba buscando, necesito descansar del resto por un tiempo.
Sonrío, mordiendo de nuevo la manzana.
-¿Y de qué quieres hablar?
Kanda se queda en silencio un momento y cuando habla lo hace lentamente.
-¿Me contarías algo sobre los infiernos?
Su pregunta me sorprende. (¿De verdad quiere saber sobre los infierno?)
-Claro. Veamos... ya sé. En mi cumpleaños doscientos cincuenta mi padre celebró una fiesta a lo grande. Todos los demonios estaban invitados al baile, había música y diversión por las calles y la bebida manaba como ríos...
La risa entra por los grandes ventanales de mi habitación. Yo me acerco curioso al balcón y observo las calles. Laoming levanta la cabeza desde el centro de su gran almohada y me mira.
-Hoy me convertiré en un adulto, Lao. Hoy lucharé con los grandes generales para mantener mi posición como príncipe. Estoy nervioso.
Laoming gruñe y yo río.
-Sí, lo sé. Gracias por tu confianza.
Me acerco a la mesa donde están todas mis armas organizadas. Empiezo a ponérmelas. Los cuchillos largos en las botas, las dagas en los muslos, el látigo en el lado derecho del cinturón, los cuchillos arrojadizos en la parte baja de la espalda, Wyrda en el lado izquierdo del cinturón y los protectores de metal recubiertos de cuero en los antebrazos cada uno con una hoja oculta en el interior. Justo cuando termino con las cuerdas mi madre entra.
Le sonrío y ella me abraza con lágrimas en los ojos.
-Mi niño ya es mayor-me entrega el paquete que lleva en las manos-. Toma, he tenido que buscar mucho para encontrarla. Era del primero de nuestros reyes.
Abro curioso el paquete y siento la suavidad de la piel. Lo despliego para ver una capa de piel de wargos, pero lo que más me llama la atención es que es de color blanco.
-Un wargos blanco...
-Como Laoming y como tú. Nuestro primer rey fue salvado cuando era un niño por un wargos blanco, que dio su propia vida para ello. En su memoria el rey ordenó que fabricaran una capa con su piel. Cuando estaba en su lecho de muerte dijo que solo una persona la llevaría y que solo su madre sabría quién sería gracias a su Sueño del Destino. Yo lo sabía, sabía que tú eres esa persona.
-Mamá...
Me silencia y me la pone sobre los hombros. Justo después me besa en la frente.
-Harás grandes cosas, mi niño. Un enorme destino te aguarda.
La abrazo de nuevo y bajamos a la sala de baile. Mi madre me guiña un ojo antes de entrar por una puerta lateral. Respiro hondo y cuadro los hombros. Mi verdadera vida solo acaba de empezar.
-Nada más entrar mi padre me presentó como su segundo hijo y mi hermano fue el primero en retarme. Fue una lucha épica.
-¿Y quién ganó?
-Quedamos en empate. Igual que todas nuestras peleas. No recuerdo ninguna en la que ganara uno solo. Aunque conseguí hacerle un corte en el puente de la nariz, de mejilla a mejilla. Nunca me perdonó por eso.
-Y por eso te desterró.
-Más o menos. Me desterró porque no puede matarme y esa era la segunda mejor opción.
Kanda me mira curioso y le pregunto con una mirada si quiere la mitad de la manzana. Ante mi sorpresa la coge y la muerte por el mismo sitio que yo sin apartar la mirada de mis ojos. Trago saliva antes de continuar.
(Cada vez me lo pones más complicado, mi querido Kanda.)
-Yo era el heredero al trono elegido por el pueblo. Solo yo tengo el conocimiento necesario para desplegar todo el verdadero poder de un rey y mi hermano no tenía mucho tiempo para romper mi mente y conseguir la información. Así que me desterró y decidió esperar.
(Y va a acabar consiguiendo lo que quiere.)
Lo único que se escucha por un momento es el sonido del viento y Kanda mordiendo la manzana.
-Si necesitas mi ayuda solo tienes que pedirla-le miro y él me sonríe, una pequeña sonrisa, pero que ilumina mi mundo-. Somos amigos.
Le respondo a la sonrisa y vuelvo la vista al cielo.
(Solo amigos... Me gustaría que fuese mucho más.)
Estoy organizando unos archivos con Timcampy en mi hombro cuando escucho un grito de alarma llamándome. Me giro a tiempo para recibir un golpe en la cara con una botella de cristal. Lo siguiente que sé es que estoy en el suelo apartándome unos mechones de pelo largo de la cara. Parpadeo una vez, dos veces y lanzo un grito.
-¡REVEER!
-Lo siento, Allen. Hay tantos chismes por en medio que no vemos por dónde vamos.
Miranda se acerca a mí con una pequeña sonrisa nerviosa y una cinta en la mano.
-¿Te lo recojo?
-Por favor.
La Exorcista alemana se agacha detrás mía y me recoge el pelo ahora largo. Mientras yo intento consolar a Tim, que también tiene dos coletas a ambos lados.
-¿Tú también has caído, Allen?
Miro hacia Lavi, que tiene el aspecto de un niño de nueve años que parece todavía más pequeño con la ropa grande. Sonrío.
-Al menos no es tan ridículo como eso. ¿Se ha calmado ya Bakanda?
-Marie ha tenido que quitarle Mugen.
-Ya iba siendo hora de que alguien lo hiciera.
-¡MARIE! ¡DEVUÉLVEME MI ESPADA!
Todos nos giramos para ver a Marie sujetando Mugen en alto, lejos de las pequeñas manos de Kanda. Había sufrido los mismos efectos de Lavi y ahora tenía el cuerpo de un niño de nueve años. (No puedo evitar sonreir con suavidad.)
-Allen, es mejor que guardes tú Mugen.
Marie me da la Inocencia de Kanda y yo no puedo evitar reir. El propio Kanda se detiene a unos pasos de mí y se cruza de brazos, fulminándome con la mirada.
-Dámela.
-No.
-Moyashi...
-Bakanda.
Arqueo una ceja divertido. Se abalanza hacia mí y tengo que dar un paso lateral para esquivarle.
-Cuando la recupere te raparé la cabeza y venderé tu pelo a los viejos calvos.
-El pelo negro se vende mejor.
Kanda se lanza a por mí y le dejo golpearme en el estómago. Se detiene y retrocede sujetándose el puño lastimado.
-¿Qué demonios tienes debajo de la camisa?
-Solo más de mil quinientos años de entrenamiento.
Empieza a murmurar en japonés.
-Dame a Mugen.
-Creo que ya hemos dejado claro que no-vuelve a murmurar en japonés-. Sabes que conozco casi todas las lenguas del mundo, ¿no?
Me maldice en japonés y se aleja echando humo. En cuanto sale me río con ganas.
-Eres el único que puede controlarle.
-Tengo experiencia. Más sabe el demonio por viejo que por demonio.
Guiño un ojo y con un movimiento practicado engancho Mugen por el interior de mi cinturón. (Siento la Inocencia palpitar cuando la suelto y frunzo el ceño. Miro el loto tatuado en el dorso de mi mano derecha. Tiene los mismos pétalos que la última vez.) Sacudo la cabeza y continuo ayudando en el traslado.
Superviso el traslado de la División de Sudamérica a su planta en la Torre del Arca. Solo queda la División de Norteamérica, el lugar donde está oculto Alma Karma. Al pensar en eso mi corazón se aprieta. (Mis horas de felicidad ya están contadas.)
-¡Allen!
Miro hacia abajo (estoy en la parte más alta de la Torre) y veo a Komui haciéndome señas. Doy un salto y aterrizo con un golpe sordo y el repiqueto de mis armas.
-¿Cómo va el traslado?
-Casi terminado. Quería preguntarte cuándo iremos a la División de Norteamérica.
-Haremos como hemos estado haciendo: descansaremos una noche y trasladaré el Arca a primera hora. Y tendré que hacer reformas para acomodar a todos.
-Pídele ayuda a Tiedoll si lo necesitas.
-Eso estaba pensando. ¿Sabes dónde está?
-Hace una hora estaba en los jardines.
Suspiro cansado. (No he podido dormir desde que empezamos el traslado.)
-Ya le buscaré. Ahora solo necesito descansar un rato.
-¿Has estado durmiendo bien?
-No puedo, hay demasiadas cosas en mi mente que me preocupan y cada vez que cierro los ojos llega una nueva premonición más oscura que la anterior.
-Quizás un baño te relaje. Por la noche no suele ir nadie.
Le sonrío cansado.
-Gracias por el consejo, Komui-me froto la nuca con una mueca de dolor-. Lo probaré a ver si... consigo descansar algo.
Komui me sonríe de vuelta y se aleja, espero que para ayudar con el traslado. Yo abro una puerta a la habitación de Neah (la que el resto considera ahora mi habitación) para empezar a modificar la Torre y los edificios de la ciudad.
Me quedo ahí dentro hasta que es muy tarde y sé que absolutamente todos están dormidos. Cuando llega el momento cojo una toalla y el jabón con olor a loto (el que más me gusta) y me dirijo a los baños que construí cuando empezó todo el traslado.
(No hay nadie.)
Me quito las armas y la ropa en los vestuarios y entro en el baño. El agua está a la temperatura perfecta cuando entro. Lanzo un suspiro cansado y vuelvo a observar el loto en mi mano. Últimamente lo he estado haciendo mucho. Trazo con un dedo sus pétalos y los cuento. Hay uno menos.
Unos pasos en la otra habitación me llaman la atención y es el olor el que me dice quién es (otra vez.)
No miro cuando Kanda entra primero en la habitación y luego en el agua.
-Has estado muy distraido desde que empezó todo el traslado.
Cierro los ojos y reclino la cabeza contra las piedras del borde.
-He estado ocupado.
-Muy ocupado si ni siquieras tienes tiempo para mirar a un amigo.
Sus palabras me duelen y siento las grietas de mi corazón hacerse más grandes.
-Créeme si te digo que esto es mejor.
-¿Cómo?
(No puedo más. Tengo a poca distancia a mi compañero desnudo y si me quedo un solo segundo más aquí no responderé de mis actos.)
Me levanto del agua y doy un par de pasos en dirección a la puerta cuando escucho su susurro.
-Cobarde.
Eso me detiene en seco (metafóricamente, estoy chorreando agua.) Respiro hondo y me giro sobre los talones. Kanda me observa con una mezcla de curiosidad y algo que espero sea deseo. Lleva el pelo largo recogido con un pinza para no mojárselo y su tatuaje contrastra contra su piel blanca. Vuelvo a meterme en el agua y me acerco a él con decisión. Me agacho poniendo una rodilla entre las suyas y acerco sus labios a los míos con una mano en su cuello. Su olor es embriagador y sus labios suaves me animan a continuar.
Sus manos se deslizan por mis hombros y me acercan a él. Nuestras lenguas se enredan en un baile de fuego y sensualidad. Mi otra mano se desliza por sus costillas hasta descansar en su cadera, frotando círculos con el pulgar.
Es cuando escucho el gemido que sale de su garganta cuando me doy cuenta de que esto es un error.
Me aparto de golpe (algo reticente, pero es mi deber) y desapareco por la puerta a los vestuarios. Me dejo caer en los asientos y respiro hondo. (No puedo seguir con esto, me matará antes de que pueda cumplir mis promesas.)
-¿Aren?-me sobresalto cuando escucho su voz, no había oído sus pasos-. ¿Estás bien?
-No puedo hacer esto. Va a acabar conmigo si siguimos de este modo.
-Aren...
-Por favor, Kanda, no jueges con mis sentimientos. Es mejor que solo nos veamos en lugares donde haya al menos otra persona con nosotros, si no... yo podría hacer algo de lo que me arrepentiré. Seguiré cumpliendo la promesa que te hice, pero por favor, déjame solo.
Kanda se queda en silencio un momento.
-De acuerdo. Como quieras.
Su voz tiene un toque ácido. Regresa al baño y me quedo solo de nuevo. Una lágrima se desliza sin mi permiso y golpea el suelo con un pequeño tintineo.
(Lo siento mucho, Kanda, pero es mejor así. Tengo que dejarte elegir de forma justa.)
Por fin llega mi momento más temido. Me enfrento a Renny Epstain, la jefa de la División Norteamericana. A mi derecha y un par de pasos atrás está Kanda. No me ha hablado desde el "incidente del baño".
-Señor Walker.
-Señorita Epstain. Espero que haya seguido las órdenes.
-Por supuesto, señor. Pero hay un asunto...
Su mirada se desliza hacia Kanda y levanto la mano para llamar su atención.
-Llévame allí y reune a Cuervo en la sala. Tengo que hablar con todos.
-Sí, señor. Por aquí.
Nos guía por unos largos pasillos hasta llegar a unas puertas que sé que Kanda reconocerá al instante. Escucho su cambio de respiración, pero no lo comento, decidiendo quedarme en silencio. Al poco tiempo llegan tres hombres y dos mujeres, que inclinan ligeramente la cabeza como muestra de respeto.
-Madarao, Tokusa, Gouchi, Tewaku y Kiredori. Los Terceros Exorcistas mitad Akuma. Os he estado estudiando y sé lo que pasará cuando llegueis a vuestro límite. Tengo un trato que proponeros.
-Te escuchamos.
-La materia oscura en vuestros antebrazos izquierdos os condena a servir al Conde Milenario y a la familia Noé. Yo os propongo cambiar esa lealtad. Los demonios, sobre todo yo, somos los seres más oscuros del mundo. Puedo controlar ese tipo de materia oscura y enlazarla conmigo para que no tengais que veros obligados al Conde.
-¿Eso es realmente posible?
Arqueo una ceja.
-Solo para mí. Pero debo advertiros que es un procedimiento doloroso, aunque rápido.
Los miembros de Cuervo se miran y asienten a la vez.
-Lo haremos. Cualquier cosa para librarnos del Conde.
Asiento y me adelanto un paso, extiendo mi mano hacia ellos. Empiezo a murmurar en el idioma que solo los inmortales hablamos y entendemos. Una luz de color negra sale de la punta de cada dedo y vuela hasta cada Tercero. Les rodea una sola vez y entran en su corazón. Lanzan un grito de dolor a la vez y caen de rodillas.
Bajo la mano jadeando ligeramente. (Hace mucho tiempo que no utilizo una magia tan poderosa.)
-Gracias.
No respondo, simplemente me giro hacia las puertas.
-Señorita Epstain, me gustaría despertar a Alma Karma de su sueño.
(Escucho el corazón de Kanda acelerar y trago saliva, reprimiendo el dolor.)
-Es muy arriesgado, señor Walker. No sabemos cómo podría reaccionar...
La silencio con la mirada.
-Sé exactamente lo que podría o no pasar si le despertamos. Pero hice una promesa y voy a cumplirla ocurra lo que ocurra.
Siento los ojos cobalto en mí, pero no me giro. (Será menos doloroso de esta manera.) Renny asiente lentamente y abre las puertas. Soy el primero en entrar, sin apartar la mirada del suelo de cristal bajo el que está el verdadero amor de mi compañero. (Pensar en eso duele demasiado.)
-Alma...
Cierro los ojos y reprimo con fuerza mis instintos que me animan a matarle en lugar de despertarle. Con un gesto de la mano levanto una corriente de aire que empuja al resto hacia atrás y desenvaino Wyrda. La clavo en el cristal, dejando la punta a solo un centímetro de la nariz de Alma.
-No nos hemos conocido, Alma Karma, pero hay alguien muy importante para mí que quiere verte despierto. Por favor, ya es demasiado doloroso dejar a un lado mis instintos para que él pueda ser feliz junto a tí.
Hay un pulso desde Wyrda y los ojos de Alma se abren despacio. Saco la espada y me aparto justo a tiempo para evitar las grietas que se crean en el cristal. Con un hechizo susurrado evito que los trozos le hagan daño y me agacho en el borde para ayudarle a salir. Su mano se sujeta a la mía y tiro con fuerza.
Cuando está a salvo fuera del estanque hago aparecer la capa de piel blanca para ponerla sobre sus hombros. (Supongo que es mi forma de decirle que acepto la elección de Kanda, sea la que sea, aunque las grietas en mi corazón digan que ya la saben.)
Alma levanta la mirada y se fija en Kanda. Yo no le miro, mi corazón demasiado frágil como para soportarlo. Cierro los ojos cuando empieza a caminar y me aparto dándoles la espalda. Escucho una lágrima caer al suelo y el susurro de la voz de mi compañero.
Las palabras de Rafael resuenan en mi mente. "Sus lágrimas decidirán con quién se quedará. Con Alma Karma o contigo."
(Ya es oficial. Mi corazón ha muerto, yo he muerto. Solo sigo respirando para cumplir con mi promesa de crear un mundo donde pueda vivir tranquilo.)
Salgo de la sala rápidamente, mi mirada endurecida para evitar que se notara que estoy roto por dentro. Si me quedo un solo segundo más moriré.
Entro por la puerta del Arca y mi lugar de destino es la parte superior de la Torre. Me siento en el borde, dejando que la ligera brisa se lleve mi dolor. Con el sonido de unas campanas de cristal Rafael aterriza a mi lado.
-¿Qué ocurre, Zarainur? Siento un gran dolor en tu corazón.
-Ya ha hecho su elección. Solo continuaré viviendo para cumplir las promesas que me quedan. Después aceptaré la muerte.
Rafael coloca su mano en mi hombro.
-Eres muy fuerte, podrás vivir.
-¿Qué sentido tiene la vida si no hay nadie con quién compartirla? Para los demonios es nuestro compañero y el mío ha elegido a otra persona-me llevo la mano al corazón-. Duele.
La mano en mi hombro se aprieta. (Siento las lágrimas en mis ojos, pero no permitiré que se derrame una sola más.)
Tras un largo silencio Rafael vuelve a hablar.
-Deberás empezar a prepararte para la Luna Dorada. Puedo decirle a Miguel que venga a ayudarte de vez en cuando.
-Te lo agradezco, pero no. Prefiero hacerlo solo.
Rafael despliega sus alas doradas y con el mismo tintineo de campanas de cristal desaparece.
Yo suspiro y observo la cuidad blanca y azul muy por debajo.
(Te quiero, Kanda Yuu, ahora y siempre. Te prometo crear un mundo donde puedas vivir sin peligros incluso si me cuesta la propia vida.)
Me gustaría mucho escuchar vuestras opiniones (a quién quiero engañar, sé que tenéis más quejas que nada.) Espero leeros y saber dónde me he equivocado y qué he hecho bien en este capítulo.
Naraya
PD: si deseais mi muerte que sea rápida.
