No puedo dejar de mirar a Alma. Desde el mismo momento en el que se abrieron las puertas mi mente no puede dejar de repetir las mismas palabras.

(Está vivo. Está a mi lado. Está bien.)

A pesar de mi alegría, mi corazón no late con ella. Cada vez que veo a cierta persona se aprieta dolorosamente. Como ahora.

Estoy sentado en una de las mesas del comedor junto a Alma, que está hablando con Lenalee, Miranda y Hevlaska. Él entra en el comedor con el pelo blanco recogido en una cola corta y los ojos grises sin emociones. La cicatriz que le cruza el izquierdo más marcada que nunca, desde que despertó a Alma. Viste con una camiseta negra ajustada y unos pantalones largos grises de entrenamiento. Lleva Wyrda en la mano derecha y con la izquierda sujeta sobre el hombro un grueso cinturón con el resto de sus armas. Sus movimientos son descuidados, pero sé que está preparado para cualquier cosa. No mira hacia nosotros ni una sola vez. (Ese hecho hace que mi corazón duela más.)

-¡Hey, Allen!

Se detiene un momento y mira a Lenalee casi con pereza.

-¿Ocurre algo?

-¿No vas a desayunar con nosotros?

Se ajusta de nuevo el cinturón sobre el hombro. (Reconozco ese gesto como uno de nerviosismo.)

-Ya desayuné antes del amanecer para tener tiempo y entrenar. Lo siento.

Se dirige hacia Komui, que está en el mostrador y habla con él brevemente. Komui asiente y él se marcha con un paso rápido.

-¿Siempre ha sido así?

Me giro hacia Alma para mirarle. Hevlaska es la que responde.

-No siempre. Antes estaba todo el tiempo sonriendo y no dudaba en bromear con cualquiera.

-Me preocupa un poco-murmura Miranda. (A mí también.)

-¿Sabes por qué, Hev?

Ella niega con la cabeza, pero tarda un segundo en hacerlo. Frunzo el ceño. (¿Qué ocultas, Hevlaska?)

-Lo siento. No lo sé.

Se disculpa y se marcha del comedor. (Sospechoso...)

-Yuu, me gustaría entrenar un rato. ¿Podemos?

Asiento distraido y nos dirigimos a la sala de entrenamiento. Al pasar por una ventana le veo saltar de un edificio a otro sin descanso. Me detengo a observar. Está en su forma de demonio y utiliza la cola para equilibrarse en el aire.

-¡Yuu!

Me giro hacia Alma y le veo sonreírme. (No sé por qué, pero creo que estoy con la persona equivocada.)


Esa misma noche estoy dando vueltas en mi cama. Al otro lado de la habitación, en la segunda cama, está Alma durmiendo. (Desde que despertó estoy confuso. Mi mente me dice que estoy enamorado de él, pero mi corazón dice que no. No sé qué pensar.)

Me levanto y salgo en silencio, no quiero despertarle.

Camino por los pasillos y me encuentro en los jardines. Hay un ligero resplandor dorado que me atrae. Y entonces le veo. Es un hombre joven con el pelo castaño claro y grandes alas doradas. El hombre se gira y me sonríe.

-Te estaba esperando, Kanda Yuu.

-¿Quién eres?

-Soy Rafael, el arcángel de los viajeros, la salud y el noviazgo. Tenemos que hablar. Me preocupa Zarainur. Tú le conoces como...

(No puedo evitar cortarle antes de que diga su nombre.)

-Sí, sé quién es. ¿Por qué hablar conmigo? Podrías ir a Lenalee, Miranda, Hevlaska o cualquier otro.

-Tú eres la persona más importante para Zarainur. Solo te escuchará a ti. Si sigue de este modo... sus días podrían acabar mucho antes de que consiga sus metas.

(Siento mi corazón detenerse para luengo lanzarse a una carrera de velocidad.)

Rafael sonríe un momento y se gira de nuevo hacia el agua.

-No te entiendo.

-Al alejarse de ti está poniendo su propia vida en juego. Intenta por lo menos hablar con él, que te lo explique todo. Presiónale hasta que lo haga.

Le miro en silencio por un momento y al final asiento. Me sonríe de nuevo y despliega las alas.

-Ah, una última cosa. Te pareces a Asha mucho más de lo que crees.

Con eso despega (unas campanillas de cristal suenan) y desaparece. Yo suspiro y me quedo pensando en sus palabras el resto de la noche.

Bastante antes del amanecer me dirijo al comedor, donde sé que le encontraré. Está sentado de espaldas a la puerta y veo su espalda tensarse. Le detengo con una mano en el hombro.

-Tenemos que hablar.

-No hay nada que decir.

-No voy a dejarte tranquilo hasta que me escuches.

Se gira. Sus ojos grises brillan por primera vez en mucho tiempo. Su voz es un gruñido bajo y puramente salvaje. (Por primera vez veo en demonio en él.)

-¿Quieres otro motivo para hacerme daño? ¿No te vale solo con mi corazón? Te lo advierto: no vuelvas a acercarme a mí en el resto de tu vida si no quieres acabar con mis garras en la garganta.

Me estremezco. Camina a mi lado en dirección a las puertas.

-¿Dónde está el Aren que me salvó de caer en aquel pozo de materia oscura?

Le escucho detenerse un momento.

-Ese Allen ya no existe. Le mataste tú mismo.

Sale del comedor sin una palabra más. (¿Le maté yo? Esas palabras me duelen mucho más de lo que había imaginado.)

Me dejo caer en el lugar donde estaba antes. Todavía está caliente. Por suerte no hay nadie más en el comedor.

(¿Qué significa eso? No lo entiendo. Ahora es más demonio que humano... No. Siempre ha sido un demonio. Solo que hasta ahora no lo ha mostrado. Estaba actuando todo este tiempo para no asustarnos. ¿Por qué, Moyashi? Conmigo no tenías que fingir ser quien no eres. ¿Por qué lo hiciste?)

Hevlaska es la primera que llega justo cuando los rayos del sol aparecen por el horizonte.

-¿Te ocurre algo?

La miro. Sé que puedo confiar en ella.

-Duele mucho más de lo que pensaba. ¿Por qué yo, Hev?

Se sienta a mi lado y empiezo a contarle todo, desde mi encuentro con Rafael, pasando por mi intento de hablar con Allen y su amenaza. Cuando termino coloca una mano en mi hombro.

-Has esperado demasiado y le has perdido. Ahora él solo vive para cumplir una promesa que se hizo a sí mismo de crear un mundo donde tú puedas vivir con tranquilidad. Cuando la cumpla aceptará la muerte.

(La muerte... No pienso dejarle.)

-¿Qué puedo hacer para ayudarle?

-Nada. No puedes hacer nada, Kanda. Te dejó elegir y no le elegiste a él. Ya es demasiado tarde para ambos.

Una sola lágrima se desliza de mi ojo izquierdo y cae al suelo. (Maldita sea...)

-Gracias por escucharme.

Me levanto y regreso a mi habitación. Alma está sentado en su cama esperándome.

-¿Dónde estabas, Yuu?

Le miro y prieto los puños.

-Lo siento, Alma, no puedo seguir con esto. La única persona a la que quiero es la que me acaba de amenazar con matarme.

Alma sonríe tristemente.

-Ya iba siendo hora de que te dieras cuenta-se levanta y me abraza-. Eres como un hermano para mí, Yuu. Eso nunca cambiará.

Le devuelvo el abrazo.

-Gracias.

(Nunca antes había dicho esa sola palabra más veces en un solo día.)

-¿Quieres hablar?

-Ya lo hecho con Hevlaska y prefiero no volver a hacerlo.

-De acuerdo. Entonces... me voy. Ya nos veremos.

Sale definitivamente de la habitación y me derrumbo en la cama. (¿Qué debo hacer ahora? Ahora sé que le quiero más que a nada. Le amo con todo mi corazón y le he perdido para siempre...)


Los días pasan y veo a Aren sonreír a todos, pero no mirarme una sola vez. Sus ojos grises, a pesar de todo, no tienen alma, están vacíos. (Es doloroso verle así.)

Le observo desde la distancia y no puedo evitar notar que cuando mira el dorso de su mano derecha, su máscara se rompe y muestra sus verdaderas emociones. En esas ocasiones es la desolación pura. (¿Qué tienes ahí para que te ponga tan triste, mi demonio?)

Es el inicio del verano cuando Aren me envía una señal de que reconoce mi presencia. Una mañana abro la puerta y me encuentro un arco en el suelo. Lo reconozco como el arco de tejo que le regaló Asha. A su lado hay dos docenas de flechas con plumas de cisne blanco. El verlo hace que la mano invisible alrededor de mi corazón se apriete un poco más. (¿Por qué, Moyashi? Es lo más valioso para ti, tu último recuerdo de Asha. ¿Por qué me lo das?)

Lo recojo y lo dejo en la mesa junto al reloj de arena con el loto dentro. (Desde que Aren me amenazó no ha caído un solo pétalo.) Me siento en la cama recostado contra la pared y miro fijamente el arco.

(Nunca le entenderé y quiero pasar con él el resto de mis días intentando comprenderle.)


Mañana intentaré poner otro capítulo, pero si no puedo felices fiestas a todos y recordaros que no voy a poder actualizar hasta enero.

FELICES FIESTAS!

Naraya