Observo a Kanda a través de la ventana de su habitación. (Lo que le dije fue lo más doloroso que he hecho en toda mi vida. Pero para protegerle de mis enemigos debo alejarle.)

Miro el loto en mi mano. Le estoy dando poco a poco mi propia vida ahora que entiendo lo que el tatuaje significa. Olvidé aquel momento antes de la batalla contra el Akuma de nivel tres, cuando una de sus lágrimas me eligió como su compañero. Mi Inocencia refleja esa unión.

El arco de Asha... no tengo ni idea de por qué se lo entregué, pero yo no puedo hacer mucho con él.

El resto de la Orden Negra debe pensar que nos odiamos para no involucrarse ni que mi instinto se sienta amenazado. (Cuando los demonios encontramos a nuestro compañero nos volvemos mucho más fuertes para protegerles y nuestro instinto es mucho más sobreprotector.)

Bajo del tejado en el que estoy para poder ver a través de la ventana y me dirijo a mi habitación. Dejo a Wyrda en el sofá y me siento en el piano. Debo cambiar la localización del Arca para que el Conde no nos encuentre.

Mis manos son ágiles a la hora de tocar la melodía y en menos de un segundo nos he trasladado a unos veinte kilómetros sobre España.

Suspiro y decido descansar el resto de la noche.


Una alarma me despierta de golpe y salto cogiendo Wyrda. Salgo corriendo y llego a una de las muchas ventanas. Fuera, en la plaza, están Tyki Mick y Road. Gruño y me giro hacia las escaleras. Mis zancadas son rápidas y largas. Paso junto a varios científicos que corren en la dirección contraria. Por fin paso por las grandes puertas y las cierro con un solo gesto de la mano, dejándoles a todos en el interior. (Esta es mi pelea.)

-Buenos días, Allen Walker. ¿O debería llamarte Zarainur ahora?

-Solo una persona tiene derecho a utilizar mi nombre demoníaco, Road Kamelot. ¿Qué queréis de nosotros?

-Nada en especial. ¿Acaso no podemos venir a saludar al demonio que tiene el alma de nuestro Catorceavo?

Río secamente.

-Bien, ya me habéis visto. Ahora, si no os importa, me gustaría volver a dormir.

Tyki se adelanta un paso con una sonrisa malévola.

-Sí que nos importa. Hay algo que queremos comentarte. Hace poco tuve un sueño de una de mis anteriores vidas. Yo era un joven y prometedor ladrón en Damasco cuando me crucé con un hombre bastante singular. Tenía el pelo largo de color azul a juego con sus ojos. Fue un placer clavarle una daga entre las costillas.

(Asha... mató a Asha.)

Mi visión se nubla. Siento mis colmillos y garras crecer. Un gruñido nace en mi garganta.

-Mataste a Asha... ¡NO PIENSO PERDONÁRTELO!

Me lanzo hacia él con mi velocidad demoníaca y me olvido de su capacidad de elección cuando le atravieso. Los dos ríen malévolos.

Con un gruñido saco Wyrda y corto el cuello de Road sin un segundo pensamiento. Con un hechizo susurrado su cuerpo se convierte en cenizas. Miro a los ojos de Tyki.

-Pronto la seguirás.

Envaino mi espada y la dejo en el suelo antes de activar mi Inocencia. La capa blanca que la caracteriza se forma alrededor de mi cuello. Sujeto con la mano derecha la muñeca izquierda. Mi hombro izquierdo empieza a brillar en verde y un círculo rodea la unión. Todo mi brazo empieza a convertirse en una espada blanca con los bordes negros y una cruz también negra en el centro. Todo mi hombro se vuelve de color negro con una cruz blanca y la capa forma un manto que lo cubre y una capucha sobre mi cabeza. La máscara se coloca sobre mis ojos y me proporciona una visión mucho mejor que mis ojos sin nada.

-¿Pero qué...?

Me lanzo hacia él y lo esquiva. Le sigo y continuamos de ese modo varios minutos hasta que una flecha con una luz negra le atraviesa la garganta.

Mi cuerpo se detiene cuando Tyki cae al suelo y se deshace en polvo.

(Eso era una flecha divina. ¿Cuándo ha entrado en el Arca un ángel? Lo habría notado.)

Miro hacia las ventanas superiores y por un segundo veo a Asha con su arco. Con un pensamiento retiro la máscara de mis ojos para ver mejor. Es Kanda con el pelo suelto agitado por el viento, los ojos cobalto relampagueando y el arco preparado con dos flechas que despiden un resplandor negro.

(Es la verdadera belleza etérea. Hermoso y letal.)

Pero hay algo equivocado. Las flechas apuntan a mí. Cuando me doy cuenta de eso, él suelta la cuerda y tengo que esquivar a toda velocidad. Me deslizo por el suelo de piedras y vuelvo a transformar la espada en mi brazo izquierdo sin desviar la mirada de Kanda. (Sus ojos muestran ira y odio.)

Vuelve a sacar dos flechas del carcaj en su cadera derecha (el lugar donde siempre lo llevaba Asha) y las dirige hacia mí. Sé que no parará hasta golpearme y respiro hondo. Cierro los ojos cuando dispara y lanzo un gruñido al sentir el acero divino traspasar mi piel. Caigo de rodillas y abro los ojos.

Una flecha en el muslo y otra en el hombro. (Y las heridas son todavía peores al ser acero divino y yo un demonio.)

Las puertas se abren de golpe y Hevlaska es la primera en llegar a mi lado. Miro hacia la ventana donde estaba Kanda, pero se había ido.

-Eres un idiota.

-Lo sé, solo sácalas.

-Te desangrarás.

-Podré aguantar eso. Pero es acero divino, si los demonios estamos en contacto con él demasiado tiempo...

Hevlaska asiente y acerca la mano a la flecha del muslo. Retengo el aire y asiento. Ella la saca de golpe y lanzo un grito sin poder evitarlo. Vuelvo a asentir y ella repite la operación con la flecha del hombro.

Mi mente se nubla y mi visión se oscurece. Lo último que escucho es mi nombre gritado por una voz que no reconozco. (Aren...)


La próxima vez que despierto estoy en la enfermería y es la mitad de la noche. No sé cuánto tiempo he estado inconsciente. (Hay un olor embriagador en el aire. Como loto...)

Giro la cabeza hacia la puerta y veo a Kanda sentado en una silla, dormido. A su lado contra la pared está el arco de tejo.

Mi corazón se aprieta dolorosamente al verle y me siento lentamente. Siento un deja vù al ver las vendas alrededor de mi torso. Solo que no estoy en el Paraíso y que en la misma habitación está mi compañero, que es el causante de que haya acabado aquí. (Aunque tengo que reconocer que en parte es culpa mía.)

Cierro los ojos y bajo la cabeza, sintiendo una lágrima deslizarse.

-Nunca antes te había visto llorar.

Miro rápidamente a Kanda y veo sus ojos cobalto brillar en la oscuridad relativa. (Mi corazón se aprieta dolorosamente bajo su mirada.)

-¿Por qué lo dices?

-Lo he recordado todo. Que yo soy la reencarnación de Asha y que prometí seguir ayudándote como un mortal.

(Mierda...)

-No voy a obligarte a cumplir esa promesa. Desde el momento en el que puse los ojos en ti, no en Asha, aprendí eso por las malas. A causa de mi propio corazón.

Un silencio pesado se instala en la habitación. Desvío la mirada hacia la ventana.

-¿Por qué no me lo dijiste?

Le miro con tristeza. (No puedo reconocer las emociones en sus ojos cobalto.)

-En aquel momento querías a Alma. Mi instinto me dijo que era lo mejor. Ahora veo que estaba equivocado. Pero si algo he aprendido en mi larga vida es que no puedo cambiar el pasado por mucho que quisiera.

-No puedes cambiar el pasado, pero el presente te pertenece y el futuro puedes escribirlo a tu gusto.

Suspiro.

-Ojalá fuera así de fácil-me recuesto de nuevo en las almohadas y miro al techo-. Aunque cambie en el presente el pasado siempre estará ahí y tú seguirás odiándome hasta tu muerte.

Le escucho levantarse y acercarse a la cama con pasos silenciosos.

-El odio puede llegar a olvidarse y yo podría perdonarte. Pero no puedo hacer nada para que te perdones a tí mismo, eso solo pude salir de tu interior.

-Tengo demasiados pecados como para perdonarlos todos. Y del que más me arrepiento es haberte mentido.

Coloca una mano en mi hombro y le miro. (El pelo le cae sobre un hombro.)

-Como ángel aprendí que el camino hacia el perdón es siempre el arrepentimiento.

Se inclina sobre mí y une sus labios a los míos por un segundo. Mis ojos se abren.

-¿Qué...?

Él ríe ligeramente.

-Somos compañeros, ¿no?

Con esas palabras se aleja, coge el arco y sale de la habitación. Yo parpadeo un momento.

(El camino va a ser muy largo. Pero siempre que mi recompensa sea él, caminaré con gusto.)


Espero que este capitulo aclare varias dudas y os guste. Es el último capítulo del año así que felices fiestas (definitivamente.)

Naraya