La mañana nos encuentra a Kanda y a mí en una de las mesas del comedor jugando a las Piezas de Cristal, un juego de estrategia de los inmortales. Es un tablero en forma de rombo con cien rombos más pequeños en azul oscuro y azul claro. Las cuarenta piezas son parecidas a unas gotas de agua alargadas hechas de cristal que flotan sobre el tablero y que se mueven simplemente colocando dos dedos sobre ellas. Para diferenciarlas en el interior de diecinueve hay pequeños zafiros (que maneja Kanda) y en otras diecinueve hay pequeños diamantes azules (que manejo yo). En las dos restantes hay dos piedras para marcarlas como las importantes.
Observo a Kanda mientras piensa en su próximo movimiento. Viste únicamente con los pantalones del uniforme y una camisa blanca con el pelo en su cola de caballo habitual.
Por fin mueve una pieza y sonrío. (Ha caído en mi trampa.) Muevo mi pieza doble.
-Kyapucha sa remashita.
(Capturado.)
Kanda suelta un gruñido.
-¿Voy a ganarte alguna vez?
-Lo dudo. Tengo mil seiscientos treinta y nueve años de experiencia. Y parece que tú has olvidado los elementos fundamentales de la magia.
Con un movimiento de la mano sobre el tablero las piezas vuelven a sus posiciones originales. Las dobles en las esquinas más cercanas entre sí y las otras repartidas entre esas y las esquinas más alejadas de la izquierda.
-¿Y qué tiene que ver la magia con las Piezas de Cristal?
Sonrío.
-Primera regla del mago: la magia siempre ocurre en otro lugar del que señalas. Por ejemplo si muevo varias piezas seguidas de un lado, la jugada maestra ocurre en el otro.
Vuelvo a mover la mano, recreando la partida anterior. Ahora puede ver mi estrategia mucho mejor. El entendimiento llega a sus ojos.
-Tramposo.
Sonrío inocentemente.
-Esto no es trampa, se llama estrategia.
-Te entrenaron para esto.
(No puedo evitar reír cuando me mira de ese modo.)
-Tienes razón. ¿Quieres otro intento?
Kanda asiente y vuelvo a colocar las piezas en su lugar. Cuando él mueve primero (los zafiros siempre empiezan) varios Exorcistas entran a desayunar. Hevlaska me sonríe y yo le guiño un ojo. (Tengo que agradecerle que le contara a Kanda la verdad durante los dos días que estuve inconsciente, lo que le permitió recuperar poco a poco los recuerdos de él como Asha.)
Muevo rápidamente mi pieza y veo los ojos de Kanda vigilar todo el tablero con mucho más cuidado que antes.
No puedo evitar sonreír cuando todos los Exorcistas nos rodean para ver la partida, exactamente como antes de despertar a Alma.
Es justo cuando muevo por primera vez mi pieza doble cuando siento una presencia atravesar la barrera del Arca. La siguiente pieza de Kanda se mueve sola y yo saludo sin molestarme.
-Buenos días, Gabriel.
El arcángel mensajero se materializa junto a Kanda con sus alas doradas, pelo rubio y ojos azul claro.
-¿Qué me ha delatado esta vez?
-La barrera que tengo alrededor del Arca. Y un poco el olor. Sigues oliendo igual que Miguel.
Gabriel se sonroja fuertemente y no puedo evitar sonreír con malicia.
-Tú... pero... fue...
-Al menos eso me evita preguntar cómo va vuestra relación. ¿Tienes algún motivo para venir aquí o es solo una visita?
Muevo mi pieza y entrelazo las manos con los codos sobre la mesa para apoyar la barbilla en ellas.
-Te traigo esto de parte de Marco.
Coge un paquete envuelto en un pañuelo que hace tiempo podría haber sido blanco y lo deja sobre la mesa. Al segundo siguiente a quintiplicado su tamaño (y su peso a juzgar por los crujidos de la mesa.)
Lo abro y descubro un buen trozo de un metal brillante.
-Oh, bien, lo necesitaba para la nueva armadura.
-¿Y es...?
-Acero estrellado, el mismo metal con el que está hecha Wyrda. Solo los demonios tenemos las habilidades y fuerza suficientes para manejarlo.
Con un chasquido de dedos lo hago desaparecer y espero a que Kanda mueva su pieza. (Es el único que no se ha sorprendido por la llegada de Gabriel. Me siento extrañamente orgulloso.)
-¿Y cómo van las cosas por aquí abajo? ¿Has arreglado las cosas con tu compañero?
-Eso creo.
-¿Y eso significa...?
(El destello en los ojos de Kanda me indica que no diga más de lo necesario.)
-Que no estoy muy seguro. Una relación debe ser vista desde ambos puntos de vista y por mucho que quiera su mente es demasiado complicada de comprender. Aunque le quiero de todas formas.
Gabriel sacude la cabeza y sus rizos de oro siguen sus movimientos.
-Por muchos milenios que tenga nunca entenderé el razonamiento de los demonios.
Kanda mueve su pieza doble. Cierra los ojos pensativo cuando empieza a hablar.
-La mente de los demonios comunes es más fácil de entender que la de Zarai. Su propia existencia es extraña: un demonio con alma de ángel, así es como le han definido en varias ocasiones. Asha... yo, por el contrario y al mismo tiempo por igual, era un extraño entre los míos, un ángel negro. Soy la contraposición de Zarai: un ángel con alma de demonio. Nuestro nacimiento estaba escrito en las estrellas desde la desaparición de nuestros Primeros Líderes y la Separación de las Razas. Seríamos los únicos capaces de reunificar ambas especies y devolver el equilibrio a la Justicia.
Todos le miramos impresionados (incluido yo, tengo que admitirlo.)
-Un momento. ¿Has dicho que tú... eras Asha?
Kanda mira a Lavi mientras muevo mi pieza. Vuelve los ojos cobalto al tablero rápidamente para controlar que no hago trampas.
-Te he visto, Moyashi.
Sonrío y devuelvo su pieza al lugar original. Inmediatamente después cambio la expresión.
-¿Tienes algún problema con eso, Lavi?
Modulo mi voz para que sea fría y mortal como la hoja de un cuchillo (un truco que aprendí en los Campos de Castigo.) Escucho su corazón acelerado y cómo traga saliva.
-No, no, ninguno.
-Zarainur...
Sonrío inocente a Gabriel.
-Soy un demonio, es mi naturaleza.
Kanda mueve su pieza (irónicamente la misma que había cambiado yo antes. Ese detalle me hace sonreír más.)
-Aun así merecen una explicación.
-No es mi lugar explicarlo.
Ambos miramos a Kanda. Él se encoge de hombros ligeramente.
-Sí, yo fui Asha. Fui asesinado por el Noé del Placer hace bastante tiempo. Justo antes de morir prometí a Zarainur que le seguiría ayudando en su misión. Soy un ángel de honor.
(No puedo evitar sonreír con cariño en esa última frase.)
Muevo mi pieza para bloquear el último espacio donde puede moverse la doble pieza de Kanda, ganando de nuevo la partida.
-Esa es mi frase.
-Te la enseñé yo. Recuerdo que eras un gran mentiroso.
Le saco la lengua. Gabriel ríe divertido.
-Sí, eras un mocoso que siempre iba detrás de su padre con un casco demasiado grande para él y blandiendo una espada de madera.
El resto ríe al imaginarlo. Yo me sonrojo. Kanda me sonríe (una gran sonrisa que calienta mi corazón y repara varias de las grietas en él.)
-No es justo. Tenía diez años.
-Y eras el demonio más lindo que he conocido en toda mi vida.
(Esas palabras...) Un segundo después estoy de pie sobre la mesa con Wyrda en el cuello del arcángel. Mi voz es fría como el hielo.
-Atrévete a repetirlo, arcángel, y te mostraré de lo que realmente estamos hechos los demonios.
Gabriel traga saliva y una mano se aprieta alrededor de mi muñeca. Miro los ojos cobalto de Kanda. (Siento que esta escena ya la he vivido de una forma diferente. Él y yo hemos intercambiado lugares.)
-No pierdas la calma. Recuerda lo que ocurrió en Prusia.
Con un gruñido envaino Wyrda y me alejo en dirección de la puerta. Al salir, me detengo cuando no pueden verme y escucho sus palabras.
-¿Qué ha pasado?
(Esperaba que fuera Alma quién hiciera la pregunta.)
-Esas mismas palabras son las que le dijo su madre justo antes de que le desterraran. Desde aquel momento se culpa por no poder ir a rescatarla.
La voz de Kanda es suave, mucho más de lo que habría imaginado. (Tiene razón. Cada segundo me siento culpable de que esté encerrada en uno de los calabozos del palacio de los infiernos.)
Aprieto la mandíbula y voy saltando todo el camino hasta lo alto de la torre. El sol artificial ya está a varios grados sobre el horizonte del Arca y las palomas blancas revolotean entre los edificios.
Me siento en el borde y a mis espaldas aparece Laoming, mi querido wargos blanco. Se tumba justo detrás mía y me recuesto entre su suave pelaje.
-¿Cómo te ha ido en tu misión, Lao?
Gruñe ligeramente y me hace cosquillas con la nariz.
Le sonrío y le rasco tras las orejas.
-Sabía que podía confiar en tí. Escucha, quiero que protejas a Kanda pase lo que pase.
El tiempo pasa con rapidez. Siento la presencia de Gabriel desaparecer y veo a Kanda caminar por las calles junto a Alma y Hevlaska. (Los dos se hicieron una pareja poco después de que Kanda terminara todo. Me alegro mucho por ellos.)
Cierro los ojos por un momento, disfrutando del calor del sol artificial, y me quedo dormido.
Como prometí el nuevo capítulo el día 2.
Feliz año nuevo a todos!
Naraya
