El olor a loto me despierta y parpadeo desorientado. Un par de labios suaves se encuentran con mi mejilla y eso me espabila completamente. Miro hacia el lado para ver a Kanda arrodillado a mi lado. Tiene el pelo suelto y viste con una camisa blanca y pantalones. (Sus ojos brillan en la luz de la luna artificial y su piel parece la de un verdadero ángel. Mi ángel.)

-Te he estado buscando. No has ido al almuerzo ni a la cena.

Me froto los ojos y doy un vistazo rápido a Laoming. (Ha hecho un hueco lo bastante grande para Kanda.)

-Lo siento. Parece que necesitaba el sueño.

Mi compañero ladea ligeramente la cabeza con curiosidad y no puedo evitar sonreir al compararle con un gato.

-¿De qué te ríes?

Estiro una mano y juego con un mechón de su pelo largo.

-De tí, mi querido gatito.

Hay una pequeñísima sonrisa tirando de sus labios. Hace un sonido que me recuerda a un maullido y río divertido.

-¿Te sigo pareciendo un gato?

-Más que nunca. Anda, ven aquí.

Tiro de él hacia mí y se recuesta también contra Laoming. Juntos observamos las estrellas.

-Recuerdo aquella vez a las afueras de Roma, cuando salimos por la noche y observamos las estrellas. Tú empezaste a enseñarme los rituales que se hacían dependiendo de la posición. Había una... la que utilizó el quinto rey demonio, ¿Raino?

Sonrío. (Sé por dónde va.)

-Sí, Raino, el Gran Sanador. Continua.

-Me dijiste que si la estrella Sirius estaba a doce grados sobre la línea del horizonte una noche despejada de luna creciente en su séptimo día, se podía hacer un ritual que permite a dos inmortales de un mismo género tener hijos.

-Raino y su compañero el rey consorte Sinhao tuvieron el primer hijo entre personas con un mismo género. Le pusieron Mino, "milagro"-giro la cabeza para mirarle-. ¿A dónde quieres llegar con esto?

Veo cómo traga saliva nerviosamente y cómo un halo rosado cubre sus pómulos. (Adorable.)

-¿Podrías calcular esa fecha?

-Los demonios siempre sabemos eso. Estamos conectados a la oscuridad. ¿Por qué lo preguntas?

Me levanto sobre un codo para verle bien.

(Ya es oficial. Kanda está sonrojado. Puedo ver su cara brillar.)

-Somos compañeros y en algún momento querrás tener hijos...

Río suavemente y me inclino para besarle. Estos gestos (para mi satisfacción) se están haciendo muy comunes entre ambos.

-Normalmente los compañeros tardan varios años en querer hijos. Y tú eres mortal.

Con esa última frase hace una pequeña mueca. Me mira triste.

-Lo siento. Siento haberte hecho esa promesa de reencarnarme en un mortal para luego acabar atándote como mi compañero.

Le abrazo contra mí y beso su sien con cariño. (Le amo cada vez más.)

-No es tu culpa. No es culpa de nadie. Y que conste de que me alegro que tú seas mi compañero y no otro. Me has hecho entender muchas cosas importantes. Y me has permitido tomar un camino que nunca habría imaginado.

-¿Qué camino es ese?

Le sonrío y beso su frente.

-Todavía no puedo decírtelo, pero pronto lo haré. Te lo prometo.

-Y nunca has incumplido una promesa. Eso es lo que me gusta de tí.

Laoming se revuelve detrás nuestra. Le miramos y él nos da un lametón a cada uno.

-¿Quieres ir a correr un rato, Lao? Vamos.

Me levanto junto a Kanda y le digo que suba en el wargos. Él lo hace con una sonrisa y se agarra con fuerza a su pelaje. (Sabe lo que planeo.) Laoming y yo saltamos por el borde y aterrizamos en uno de los edificios. Empezamos a correr y con un silbido abro una puerta del Arca al este de Estados Unidos. Un gran bosque nos da la bienvenida y empezamos a correr. Laoming con Kanda va esquivando los árboles en el suelo y yo saltando de una rama a otra muy por encima.

Con varios destellos aparece el resto de la manada y salto al suelo cuando llegamos a un claro. Kanda desmonta y me mira curioso. Yo me acerco a un círculo quemado en la tierra donde no crece nada, pero a pocos pasos de él hay un precioso campo de flores doradas únicas en el mundo que brillan suavemente en la penumbra de la luna.

-En este mismo lugar es donde aparecí cuando mi hermano me desterró. Y ahí-señalo el grupo de flores-, es donde Gabriel y Miguel aparecieron para recogerme.

-¿Por qué me traes aquí?

Miro alrededor. (Mi manada ha formado un círculo perfecto y nos observan.)

-Porque aquí, frente a todos los wargos, es donde quiero formalizar mi promesa de unirme a ti en un futuro próximo-me levanto y me pongo frente a él mirándole a los ojos cobalto que tanto me fascinan-. Este sitio es el que me permitió conocerte como Asha y luego como Kanda Yuu. A ti, a la única persona con la que deseo pasar el resto de mis días. Nunca, en mis mil seiscientos treinta y nueve años de existencia, me he sentido de esta forma hacia nadie. Eres lo más maravilloso que ha pasado en mi vida y aunque tú seas mortal y yo inmortal, quisiera que me aceptaras como tu compañero durante el tiempo que podamos serlo.

Extiendo mis manos con las palmas hacia arriba, mostrando mi total confianza en él y su decisión.

Kanda mira mis manos y luego mis ojos. Contengo la respiración. Por fin levanta sus propias manos y las pone sobre las mías. (Hay una suave calidez emanando de ellas.)

-Tú también has sido lo mejor que ha pasado en mi vida. Desde aquel primer momento en el que nos vimos y nos enfrentamos supe que acabaría pasando algo entre ambos. Pero no quiero atarte a mí y luego dejarte, no podría soportarlo.

Le sonrío tranquilizadoramente.

-Tú mismo me dijiste que no puedo cambiar el pasado, pero que el presente me pertenece y el futuro puedo escribirlo a mi gusto. No nos preocupemos por el momento de la separación y disfrutemos de la vida juntos.

-Ese momento de la separación puede llegar mucho antes de lo que crees. Este cuerpo no va a resistir.

-Te equivocas. Sé que no ha caído ningún pétalo de tu loto desde que te amenacé-suelto mi mano derecha y le muestro el dorso. Sus ojos se abren al ver el loto tatuado en él-. Te he estado dando parte de mi vida hasta alcanzar los ochenta años. Durante ese tiempo no caerá un solo pétalo más.

-Pero... esto significa...

-Que tenemos ochenta años para vivir juntos. Ahora que sabes todo esto, ¿qué dices, Kanda? ¿Aceptas ser mi compañero formalmente?

Mira el tatuaje y se lleva la mano izquierda al corazón.

-Sí.

(Su voz es tan suave que incluso con mi oído estoy a punto de no escucharle.) Sonrío brillantemente.

-¿De verdad?

Sus ojos cobalto se fijan en los míos.

-Sí, quiero ser tu compañero formalmente.

Río y le abrazo con fuerza. Su propia risa se une a la mía. La manada empieza a aullar. Para terminar nuestra unión le doy un suave beso en los labios.

-Te quiero, Kanda.

-Yuu.

-¿Qué?

-Llámame Yuu. Es lo justo.

Vuelvo a sonreír y le beso.

-No me has contestado, Yuu.

Él también sonríe.

-Yo también te quiero, Zarai.

Esta vez es él el que me besa a mí. (No puedo estar más feliz.)

-¿Quieres volver al Arca?

-¿Esto no merece una celebración?

-Cierto, cierto. Déjame pensar... ¿Qué quieres hacer?

Se muerde el labio y desvía la mirada. Susurra algo en japonés. Ese algo hace que la sangre en mis venas hierva. Le miro sorprendido y en sus ojos veo su determinación por conseguir lo que quiere.

Trago saliva y le beso despacio, muy despacio, saboreando el momento. (Tenemos el resto de la noche.)