Observo su posición con el arco, pero no puedo dejar de admirar su figura delgada y atlética contra el sol naciente. Es maravilloso. Su piel brilla con la luz, el viento agita su pelo oscuro y mi marca de compañero está rodeando su muñeca izquierda. (Perfecto es la palabra para describirle.)

-¡Zarai!

Parpadeo de mi ensoñación y sacudo la cabeza. Yuu me mira exasperado con la mano derecha en la cadera y la izquierda sujetando el arco perezosamente.

-¿Decías, Yuu?

-La próxima flecha va para ti si vuelves a distraerte.

-¿No te estaba reenseñando a disparar? Aunque ya eres bastante bueno.

(Lo he probado yo mismo...)

Me saca la lengua y vuelve a cargar el arco. Yo me acerco a él y me coloco justo detrás. Deslizo mis manos por sus brazos hasta sujetar el arco con él. Apoyo mi barbilla en su hombro. (Siento su escalofrío y no puedo evitar rozar su cuello con mis labios.)

-¿Qué haces?

-Enseñarte. ¿No es esto una clase? Ahora céntrate en la diana (que son varios círculos pintados en un árbol) y olvídate de todo lo demás menos mi voz-suelto mi mano izquierda de la suya y la deslizo hasta sus abdominales. (Otro escalofrío recorre su cuerpo.)-. Muy bien, ahora coge aire y mientras lo haces apunta al centro. Retén el aire y dispara.

Soltamos la cuerda a la vez y la flecha se clava en el centro exacto. Yuu sonríe y no puedo evitar darle un beso rápido en la mejilla. (Después de la noche anterior creo que estoy infinitamente más enamorado de él.)

Me aparto y estiro los brazos sobre la cabeza.

-Bien, creo que voy a trabajar un rato.

-¿Tú? ¿Trabajar? Perdona que lo dude.

-Para tu información tengo que forjar la armadura que utilizaré en la Luna Dorada-arqueo una ceja y sonrío-. Si quieres puedes venir a verme.

Le guiño un ojo y me dirijo a la puerta del Arca. Sus pasos me siguen dos segundos después. (Algo inestables, debo decir...)

Entro y espero que se ponga a mi lado para cerrar la puerta. Me concentro un momento y me dirijo al nuevo edificio. Por suerte no nos encontramos con nadie en el camino.

Al entrar en el edificio blanco estoy en una copia exacta de mi forja en los infiernos (incluso el río de lava en la esquina.) Junto al yunque está el bloque de acero estrellado. Me quito la camisa y la cuelgo en un gancho en la pared. Silvo una melodía mientras camino hacia el bloque para examinarlo.

Con un gesto de la mano un largo pergamino, una pluma y un tintero salen volando del escritorio junto a la puerta. (Kanda, sentado en la silla, salta sorprendido.)

-Objetivo: armadura de batalla ligera. Pieza irregular de acero estrellado. Otros componentes visibles: pirita, cobre, estaño y una pequeña veta de zafiro. Método de forjado: doble templado. Tendré que fundir el bloque tres veces para eliminar las impurezas, pero sacando antes la veta de zafiro. Podría servir para mi otro proyecto.

Mientras hablo la pluma escribe mis palabras en el pergamino sin perderse ninguna.

-¿Qué otro proyecto?

Sonrío a mi compañero. (La curiosidad mató al gato, Yuu.)

-Ya lo verás, quiero que sea sorpresa.

Vuelvo a girarme hacia el bloque y con un chasquido de dedos acerco a mí las herramientas necesarias para sacar el zafiro. (Junto con el oro que encontré en el bosque podría servir para el regalo que quiero hacerle. Podría tener suerte y terminarlo hoy.)

Me arrodillo junto a la veta de zafiro y empiezo a sacarla. Voy tarareando una canción para hacerlo más fácil. Cuando lo consigo me acerco al escritorio para dejarlo en él y no puedo resistir el besar a Yuu.

-Te quiero.

-Y yo a ti.

Me giro hacia el bloque y pienso un momento. (Quiero terminar el regalo de Yuu antes de empezar con la armadura.) Levanto el bloque con un hechizo rápido y lo aparto a un lado. Cojo la esfera de oro puro que reuní antes y lo dejo sobre el yunque para coger el delantal de cuero resistente al calor y acercarme al horno para avivarlo. Cojo un molde de fundición y dejo la esfera dentro. Ahora solo tengo que esperar a que se funda. (Tengo una idea para matar el tiempo.)

Me acerco a Yuu y tiro de él para que se levante. En su lugar me siento yo con él en mi regazo. Su grito es agudo.

-¡Zarai!

Río divertido.

-¿Me harías un favor?

-Depende.

-Quiero que dibujes el diseño del casco. Es una pequeña tradición el que el compañero sea el que lo haga. ¿Lo harás?

Me mira y parpadea una sola vez. Sonríe y me besa en la mejilla.

-Claro. Pero tienes que hacerme una forma base.

Con un chasquido de dedos un segundo pergamino aparece en el escritorio junto a una pluma y un tintero. En el papel ya hay una forma básica para un casco desde diferentes ángulos.

-No me lo hagas muy complicado que después tengo que forjarlo.

Me guiña un ojo y se gira en mis rodillas para empezar.

-¿Hay algo en especial que tenga que hacer?

-Tiene que ser algo que te recuerde a mí.

-Me lo pones fácil.

Me mira sobre el hombro con un brillo divertido en los ojos cobalto. Sonrio. (Sé lo que va a diseñar.) Hago círculos en su cadera con los pulgares. Él se remueve inquieto.

-Voy a tener que ir a comprobar el oro.

-Ahora no. Estoy inspirado.

Sonrío siniestramente y empiezo a hacerle cosquillas. (Anoche descubrí que es su punto débil.) Él empieza a reirse sin parar y ambos caemos al suelo. Se revuelve intentando librarse de mí, pero solo redoblo mis esfuerzos.

-¡Para! ¡Zarai! ¡Jajajajaja!

Por fin me apiado de él y dejo de hacerle cosquillas. En cuanto le miro me quedo sin respiración. (Es la seducción inocente más pura que pueda existir.) Sus mejillas estás sonrojadas, su pelo azulado revuelto y abierto como un halo oscuro, sus ojos cobalto brillan con las lágrimas de diversión y sus labios rosados están entreabiertos en una invitación.

-¿Sabes lo que me haces, Yuu? Eres la tentación encarnada enviada para evitar que haga mi trabajo.

Me sonríe y se levanta un poco para besarme.

-Entonces ve a trabajar y quizás me plantee que puedas dormir en mi cuarto esta noche.

(Eso no hay ni que planteárselo.)

Le beso de nuevo y esta vez lo profundizo. Sus manos se enredan en mi pelo y me acercan a él. Deslizo mi lengua entre sus labios y consigo que escape un gemido de su garganta. En ese momento me separo y me levanto con una risita cuando escucho su insulto.

Me acerco al horno y compruebo en el molde de fundición. Cojo un molde para unos palillos largos y finos y vierto el oro líquido en él con cuidado. Una pequeña parte se queda en el de fundición y lo vuelvo a solidificar con una palabra susurrada, pero manteniendo su calor. Dejo el molde a un lado para que enfríe y empiezo a trabajar con los restos. Hago pequeños eslabones y con ellos un par de cortas cadenas.

Me acerco de nuevo al escritorio (no sin dejar de observar que Yuu se gira rápidamente hacia el pergamino en el que dibuja) y cojo el trozo de zafiro. Me siento en el banco de la esquina, el que está rodeado de limas, abrillantadores y herramientas de tallado. Rompo el zafiro y elijo dos trozos parecidos de tamaño. Empiezo a tallarlos en forma de lágrimas con varias caras.

En los extremos más delgados hago unos pequeños orificios y encajo en ellos un eslabón del extremo de una de las cadenas. Con un golpe bien colocado cierro el eslavón.

Acto seguido me levanto para separar las partes del molde. Del interior saco las agujas perfectamente rectas, pero sin afilar y con rebordes. Miro hacia Yuu para verle muy concentrado en el dibujo. Sonrío suavemente.

Me siento de nuevo y quito los rebordes de los palillos y los afilo ligeramente en un extremo. En el otro practico un agujero para unirlos a las cadenas. Hago eso mismo con rapidez y me dedico a darles brillo. (Tienen que estar perfectos.)

Por fin los termino y observo que están bien antes de levantarme y acercarme a Yuu. Cojo los palillos con los dientes y empiezo a recogerle el pelo en un moño.

-¿Qué haces?

-Tú espera.

(No tengo ni idea de cómo consigo hablar sin que se me note que sujeto algo entre los dientes.)

Lo sujeto con los palillos y me alejo un momento para coger un espejo. Le muestro su reflejo y se queda sin respiración.

-Zarai... son preciosos. Yo...

Me abraza con fuerza.

-Me alegra que te gusten. Quería hacerte un regalo que utilizaras. Al principio pensaba hacerlo solo de oro, pero luego ví algo de zafiro en el acero estrellado. Convinan muy bien con tus ojos.

Le rozo la mejilla con el dorso de la mano izquierda. Él me sonríe brillantemente.

-Es tarde, deberíamos volver con el resto para la cena.

Asiento y no me resisto a besarle. Él ríe y coge sus armas antes de salir de la forja. Yo sonrio suavemente y los dibujos que había estado haciendo me llaman la atención. Uno parece una cabeza de wargos bastante realista y con el otro parece que tengo cuernos. (Imaginativo. ¿Pero de dónde han venido los cuernos? Se lo preguntaré más tarde. De momento cenaremos y quizás ocurra algo después.)


No he podido evitar escribir esto. Son tan monos... :3

Seguramente ya lo habréis visto, pero me estoy apartando bastante del manga/anime para que concuerde con el final que tenía pensado desde que empecé a escribir esta historia.

Espero que os esté gustando hasta ahora y quiero saber vuestras opiniones.

Naraya