Observo la pantalla sobre el borde del libro que estoy fingiendo leer. Esta mañana Komui ha enviado a Yuu, Marie y Daysia a un pequeño pueblo de América del Sur. Estoy nervioso. Sé que es más que capaz, pero no puedo dejar de estarlo. (Es mi compañero y mi instinto me dice que le proteja a toda costa.)
Me obligo a mirar la página del libro y continuo la lectura. No tengo ni idea de que trata.
Con el sonido de la lucha vuelvo a mirar la pantalla de golpe. Hay varias decenas de Akumas rodeándoles. La Charity Bell de Daysia va un lado a otro y los hilos de Noel Organ de Marie atrapan a los Akumas que intentan escapar. (Pero hay algo extraño. Solo eran niveles uno y dos.)
Miro a Yuu, que no deja de observar su alrededor con la mano izquierda en el mango de Mugen y la derecha cerca del los extremos de las flechas que tiene atadas al muslo.
-¿Ocurre algo, Kanda?-pregunta Marie.
-Tengo un mal presentimiento. Como si quisieran retrasarnos aquí.
Una persona sale de entre los árboles y me tenso al instante. (Le conozco. Fue uno de los demonios que apoyaron a mi hermano cuando mató a nuestro padre.)
Un gruñido salvaje sale de mi garganta y acerco el micrófono.
-Tened cuidado con él. Es un demonio.
Yuu por fin se decide por el arco y en un instante tiene dos flechas apuntando al demonio. Él solo ríe.
-Solo vengo a enviar un mensaje a Zarainur, no quiero pelear todavía.
Su voz es ronca y oscura.
-Habla, demonio.
-No tienes derecho a hablarme de ese modo. Eres un simple mortal, aunque tu olor...-su nariz se arruga ligeramente cuando aspira y luego una sonrisa siniestra aparece en sus labios. (Mierda. Está oliendo mi propio olor en él.)-. Interesante. ¿Podrías llamarle, mortal? Me gustaría hablar con él en persona.
-No soy tu mensajero.
-No, no lo eres, pero sí su compañero y vendrá si siente que estás en peligro.
Se lanza hacia él a gran velocidad, pero no la suficiente. En menos de un segundo he aparecido entre ambos con un destello de llamas blancas.
Miro fijamente los ojos oscuros del que antes fuera mi mejor amigo.
-¿De qué querías hablar, Joel?
Mi voz es calmada, pero él sabe qué puede pasar si llega a mis límites. (Joel, un demonio lobo, y yo entrenamos juntos en los infiernos y formábamos parte de la misma guardia.)
Le veo tragar saliva y hacer una reverencia con la mano derecha sobre el corazón, el signo de respeto entre los demonios. (Eso me sorprende.) Justo después se lleva los dedos índice y corazón de la mano izquierda al labio inferior.
-Que la fortuna gobierne sus días, príncipe Zarainur.
Imito su gesto de los dedos.
-La paz viva en tu corazón, Joel.
-Y las estrellas cuidan de usted.
(Hace muchísimo tiempo que no realizo el saludo tradicional de los demonios. Lo echaba de menos.)
-¿Qué quieres, demonio?
-Vengo a advertiros, alteza. Vuestro hermano quiere vuestra muerte antes de la Luna Dorada.
-¿Y por qué me estás diciendo esto? Fuiste tú el que dejó que mi hermano entrara en el palacio.
-Y cada día desde ese momento me arrepiento por haberlo hecho-clava una rodilla en el suelo y baja la cabeza-. Estoy aquí para suplicar vuestro perdón y convertirme en un espía infiltrado.
Arqueo una ceja. Cojo el pergamino que siempre llevo conmigo y saco un cuchillo con el mango recubierto de un hilo metálico y una simple joya negra incrustada en el pomo. (Una Daga de la Verdad. La joya del pomo se vuelve blanca cuando no miente, pero matará a la persona que la empuña si lo hace. No es precisamente mágica porque la maneja la propia magia del poseedor.)
Se la lanzo y cae frente a él.
-Ya sabes lo que hacer.
Joel coge la daga y deja descansar la punta sobre su corazón. Escucho un par de pasos detrás mía y Yuu coloca una mano en mi hombro. Le miro. Sus ojos me dicen que tenga cuidado. Le sonrío y vuelvo a mirar a Joel.
-¿Preparado?-asiente lentamente y la joya se vuelve blanca. (Buena señal.)-. Joel, demonio lobo y subordinado de la manda de wargos Alfa de los infiernos. ¿Es esa información correcta?
-Hace tiempo sí. Ahora también soy el guardia personal de Kyrat.
La joya continua blanca.
-¿Por qué quieres traicionar a Kyrat y aliarte conmigo?
-Porque está destruyendo a los demonios. Ha encerrado a todas las diablesas en las cárceles y solo él puede acceder a ellas. Los demonios tenemos que luchar hasta la muerte por su diversión y quedamos muy pocos. Si seguimos a este ritmo para la siguiente Luna Dorada no quedaremos ningún demonio que pueda mantener el equilibrio entre nosotros y los ángeles. Vos, príncipe blanco Zarainur, y vuestro compañero, el ángel negro, fuisteis elegidos para volver a equilibrarlo. No voy a oponerme a los deseos de los Antiguos.
La joya sigue blanca. Pero lo que ha dicho...
Miro a Yuu un momento. Parece sorprendido. (No me extraña.) Vuelvo a mirar a Joel.
-Puedes levantarte. Confío en ti.
Joel aparta la daga y se levanta, todavía sin atreverse a acercarse.
-¿Qué queréis que haga, alteza?
-Vamos, tenemos mucho de lo que hablar. Timcampy te llevará al Arca en una hora, me dará tiempo para preparar a los Exorcistas.
-Como queráis, alteza.
Tim aparece con un pequeño destello y revolotea hasta posarse en su cabeza. Joel sale corriendo por donde ha venido.
-Vamos, tengo muchas cosas que explicaros-con un solo pensamiento abro una puerta al Arca y entramos todos-. Reunid a todos en el comedor lo antes posible.
Miro a Yuu un momento antes de alejarme hacia un edificio en el borde del Arca. Dentro de ese edificio hay una réplica del templo tibetano donde pasé varios años. Una sala cuadrada con paredes rojas y cuatro grandes columnas doradas en las esquinas de una plataforma elevada.
Me siento en el centro de la plataforma y cierro los ojos, dejando mi mente en blanco. Al instante varias preguntas aparecen en mi mente.
(¿Por qué estás haciendo esto, hermano? ¿No te valía ser el rey? Te habría dejado serlo con gusto. Somos hermanos, ¿no? A pesar de que debo odiarte... no puedo. De pequeño te admiraba, incluso cuando padre me comparaba contigo y me ignoraba cuando estabas cerca. ¿Por qué?
Pero ahora no puedo hacer otra cosa que matarte. Has asesinado a nuestro padre y tienes cautiva a nuestra madre. Es mi deber hacerlo, vengar la sangre derramada no solo de nuestra familia, sino de todo el pueblo demoníaco.
Nos has condenado a ambos, hermano. A ti mismo porque te condenas al castigo eterno y a mí por ser el que tenga que hacerte pagar por todo. Y pensar eso duele, duele tanto como alejarme de Yuu. No creo que pueda soportarlo.)
Siento una lágrima resbalar por mi mejilla y abro los ojos. Respiro hondo. (Mi vida es cada vez más complicada.)
Me levanto y corro hasta el comedor. Por lo que puedo sentir están todos dentro. Abro las puertas y se hace el silencio. Rastreo rápidamente el interior y veo a Yuu a un lado. Me acerco a él.
-¿Qué está pasando, Allen?
Miro a Komui, pero no sonrío.
-Ya es hora de que cuente toda la verdad Komui. Todo va más rápido de lo que creía-me subo sobre una mesa y levanto la barbilla-. Seguramente Daysia ya os haya contado que el demonio con el que nos encontramos se refirió a mí como "alteza"-hay un pequeño murmullo que se termina al instante bajo mi mirada-. Tiene razón. Os he estado ocultando esa parte. Soy el príncipe demonio blanco Zarainur de la dinastía de los Obscurum. Y de no ser porque el actual rey, mi hermano mayor, ha ocupado el trono asesinando a nuestro padre, sería el rey.
-¿Y por qué nos has ocultado todo esto?
Miro a Lavi y veo en sus ojos que está almacenando toda la información posible.
-Mi instinto me dijo que eso era lo correcto-sonrío ligeramente-. Pero mi instinto a veces falla y la información que acabo de obtener de los infiernos adelanta mis planes.
-¿Qué información?
-Solo los demonios, y los ángeles en cierta medida, la comprenderíamos. Pero básicamente Kyrat nos ha condenado a la extinción. Si no lucho contra él esta Luna Dorada no viviremos para la siguiente.
Veo en sus ojos que lo entiende medianamente. (Los demonios y los ángeles sabemos lo que eso significa. La destrucción del equilibrio natural en el mundo.)
-Pero eso es... una monstruosidad. Condenar a toda una raza...
-Lo sé, Hev, y por eso, a pesar de todo lo que siento, debo matarle. Y necesito vuestra ayuda para hacerlo. Joel, el demonio que me ha dado esta información, se ha puesto a mi servicio y pienso enviarle a los infiernos para crear un frente revelde que haga todo lo posible para mejorar las cosas en este año que queda. Podéis decidir, es vuestra elección, no voy a influiros en nada más.
Bajo de la mesa de un salto y miro a Yuu (mi querido ángel negro.) Él coge Mugen de su cadera y la sujeta con las palmas de las manos. Me mira directamente a los ojos.
-Yo, Kanda Yuu, reencarnación del ángel negro Asha y Exorcista de Mugen, juro estar a tu lado como tu sirviente y compañero por lo que me quede de vida o hasta terminar con Kyrat, rey ilegítimo de los infiernos.
Siento las cadenas de su juramento atarnos hasta que se cumpla. Asiento y no puedo evitar tirar de él en un abrazo.
-Te quiero-susurro en su oído.
Sus brazos se aprietan a mi alrededor.
-Y yo a tí.
Escucho los murmullos sorprendidos y me separo de él, enviándole una sonrisa cansada antes de cerrar los ojos y concentrarme en mi forma de demonio.
Siento mi pelo crecer hasta ocultar las orejas humanas y el picor en el cráneo me dice que ya tengo las de lobo blancas. Mis colmillos empiezan a crecer. Desde la base de la columna sale una cola de lobo blanca con la punta negra que casi toca el suelo. Siento mis músculos más fuertes y rápidos.
Cuando todo termina abro los ojos y sonrío a Yuu. Veo sus pupilas dilatarse ligeramente y hay un casi imperceptible cambio en su olor. (Interesante. Quizás haga algo con esta nueva información...)
Justo en ese momento Timcampy se estrella contra mí y por las puertas entra Joel. En cuanto me ve inclina la cabeza con respeto y murmura su saludo.
-Alteza.
-Llegas justo a tiempo, demonio-mi voz es mucho más ronca y oscura en mi verdadera forma-. Tienes trabajo que hacer.
-Vos me diréis, alteza.
-Regresa a los infiernos y crea en secreto un grupo con todos los demonios que consideres de confianza. Cuando llegue la Luna Dorada y baje para luchar contra Kyrat quiero que lanceis un ataque contra las cárceles para intentar salvar a las diablesas si fallo. En ese caso dirigios al Paraíso, os darán refujio y Miguel me prometió hace siglos matar a mi hermano si yo no puedo.
-Como queráis, alteza.
Inclina de nuevo la cabeza y se dirige a la salida cuando le detengo.
-Una cosa más-se vuelve de nuevo para mirarme-. Si Kyrat se entera de lo que haces yo mismo te desollaré vivo. ¿Está claro?
Traga saliva y se estremece violentamente.
-Sí, alteza, como el cristal.
Sale del comedor (o más bien escapa) y no puedo evitar resoplar con diversión.
-No tengo ni idea de dónde ves tú la diversión-comenta Yuu ligeramente molesto. Suelto una carcajada.
-Solo pensaba que haberme convertido en un maestro torturador tiene sus ventajas. Y te recuerdo que soy un demonio de mil cuatrocientos treinta y nueve años, el lado sádico siempre está ahí.
Le sonrio y él sacude la cabeza.
-Loco...
Me he dado cuenta que llevo más de dos meses publicando esta historia. Espero que sigáis leyendo y revisando con vuestras opiniones.
Naraya
PD: No os perdáis el capítulo de mañana. ;)
