Lanzo un grito de dolor cuando las afiladas piedras se clavan en mis piernas y manos. Ignoro el dolor todo lo que puedo y miro a mi alrededor.
El magnífico castillo negro está en ruinas. Hay escombros por todos lados. La sangre encharca el suelo y corre por los lados de la calle. El humo se eleva desde los incendios. (No es lo que vi en mi sueño.)
En el cielo hay una gigantesca luna de color dorado.
A lo lejos escucho el característico sonido de dos espadas entrechocando. Laoming me anima a seguirle y veo que tiene mis armas (el arco, las flechas y Mugen) sujetas al lomo. Me las pongo y empiezo a correr siguiendo al wargos.
Los escombros de una gran mansión se interponen en nuestro camino y alzo el vuelo para esquivarlos. Por debajo, Laoming los salta con agilidad.
Más adelante puedo ver una gran plaza con infinidad de escombros. En el centro hay una figura con una armadura dorada y una monstruosa espada en las manos. Tiene el pelo negro revuelto y una cola de pantera se mueve en su espalda. Fuego negro le rodea.
Entonces aparece su rival sobre las ruinas de una casa.
Tiene una armadura plateada y un casco con forma de wargos. Una pesada capa de piel blanca cuelga de sus hombros. Una elegante espada manchada de sangre y con la guarda en forma de alas es sujetada perezosamente en su mano derecha, que tiene un característico loto el el dorso y miles de pequeñas rosas blancas.
Con la mano izquierda, (completamente negra incluidas las uñas) se quita el casco en un movimiento practicado. Sus rasgos conocidos hacen que mi corazón acelere su velocidad.
(El pelo blanco, los ojos plateados, la cicatriz que cruza el izquierdo. Zarainur...)
Caigo de rodillas donde estoy, todavía sin poder creerlo. (Mi compañero está vivo. Está vivo y bien. Está a salvo.)
El luchador oscuro lanza un gruñido.
-Estabas muerto. No podía sentir tu presencia en ningún lugar.
Zarai baja de los escombros de un salto y gira Wyrda en sus manos.
-Dios hizo posible ese hecho. Hace meses que estoy planeando esta noche, pero debo decir que las bombas que puso Joel me sorprendieron.
(Su voz... la he echado de menos. Su ligero toque sedoso. Su musicalidad oscura. Su perfección.)
-No voy a dejar que me derrotes, Zarainur.
-Y yo no voy a dejar que destruyas a los demonios, Kyrat.
Se lanzan el uno hacia el otro. Las chispas saltan entre ambas espadas y sus portadores saltan hacia atrás. En la mano izquierda de Kyrat hay una esfera de luz negra. La lanza y mi corazón se detiene cuando una gran nube de humo envuelve a mi compañero.
Un rayo blanco sale de ella y deja inconsciente a Kyrat.
Zarai corre a mi lado y lo primero que hace es besarme, un beso apasionado. (Dios... echaba de menos estos besos.) Nuestras lenguas se enredan en un baile acompasado que no podría olvidar en toda mi vida.
Al separarnos estoy jadeando un poco. Sus ojos brillan.
-Te he echado de menos-murmura como si me contara un secreto.
-Yo a ti más.
Me abrazo con fuerza a su cuello y siento que empiezo a llorar. Él me acerca más a sí mismo y empieza a susurrar en mi oído.
-Te prometí que no te dejaría solo y pienso cumplir.
Un gruñido a su espalda hace que se gire rápidamente. Kyrat se está levantando poco a poco.
-Llévate Mugen-me mira curioso-. En mi sueño te vi luchar con Wyrda y Mugen y eras increíble. Tendrás más posibilidades de matarle.
Sus ojos se deslizan hacia la katana en mi cadera. Mira brevemente a su hermano y estira la mano para sujetarla. Me mira a los ojos y me besa una última vez antes de levantarse, deslizando Mugen de su vaina y apretando el mango de Wyrda.
-Aléjate todo lo que puedas. La barrera de Laoming te protegerá mejor que cualquier otra.
Asiento y sigo sus instrucciones. El wargos se sienta a mi lado y juntos observamos a los hermanos.
(Uno blanco y otro oscuro. Uno que lucha por su pueblo y otro que lucha por sí mismo. Uno amado y otro odiado.)
Se mueven a toda velocidad y sin desperdiciar un solo golpe. Los movimientos de mi compañero son ágiles y elegantes mientras que los del actual rey son patosos y descoordinados.
(Zarainur es perfecto en todos los sentidos.)
El tiempo pasa y Kyrat empieza a utilizar trucos más sucios. Pequeños hechizos aquí y allá, patadas, puñetazos. Casi cualquier cosa. (Más de una vez ha intentado atacarnos a Lao y a mí, pero una barrera invisible le detiene cada vez.)
Observo la Luna Dorada en el cielo. Ante mis ojos aparece una mancha roja en uno de los lados y escucho un grito de dolor. Zarai ha herido a Kyrat en un muslo. Mientras más sangre cae más se agranda la mancha de la luna.
(Están conectados. El rey y la Luna Dorada están conectados. ¿Cómo es posible?)
Zarai también mira la luna y vuelve los ojos a su hermano. Levanta Mugen y coloca la punta en su brazo. Empieza a presionar muy lentamente. Kyrat lanza un grito de dolor.
(La mancha cubre ahora la mitad.)
-Me das pena, Kyrat. Siempre fuiste el favorito de papá, su único hijo. El heredero al trono. Había tanta presión sobre ti. Tenías que ser perfecto en todo momento, ni un solo error.
El hermano mayor rió burlonamente.
-Y me cansé de ese tratamiento. Por eso intenté el golpe de estado y me desterraron. Tú siempre fuiste más inteligente.
-Lo que no entiendo es por qué me desterraste a mí en lugar de matarme.
Ambos hermanos se miran seriamente. (La mancha ya ocupa algo más de la mitad.)
-Nuestro padre estaba tan centrado en mí que tú hacías cualquier cosa para que se fijara en ti: estudiabas más que yo, te convertiste en un guardián y luego en un torturador contra tu voluntad, ayudabas a mamá en los jardines. Fuiste mejor hijo y heredero que yo. Supongo que... tenía envidia. Eras todo lo que yo quería ser, lo que nuestro padre quería que fuese, sin siquiera intentarlo.
Zarai arquea una ceja y retira Mugen. Sacude la hoja en el aire y gotas de sangre vuelan por todos lados.
-¿Envidia, dices? ¿Tú? Sí, creo que lo comprendo.
Hay un largo momento de silencio entre ambos. Yo les observo detenidamente. (Realmente son hermanos, aunque sean completamente opuestos.)
-Perdóname.
La voz de Kyrat es muy débil. Zarai sonríe suavemente.
-No hay nada que perdonar.
Se arrodilla y le atrae en un abrazo fraternal. Es junto cuando el mayor deja caer la cabeza en el hombro del menor cuando una especie de polvo dorado cae del cielo. Miro a la luna rápidamente. (Es completamente roja. Kyrat está muerto.)
Mi compañero deja su cuerpo en el suelo con cuidado y le cierra los ojos. Respira hondo y se levanta, envaina Wyrda en su funda y se acerca a mí con Mugen en la mano y una mirada triste. No lo pienso dos veces a la hora de abrazarle con fuerza.
-Kyrat ahora descansa tranquilo gracias a ti.
Suspira, me besa suavemente en la mejilla y se aparta de mí para envainar Mugen en mi cadera. Justo después se gira para rascar a Laoming. Yo aprieto la mandíbula. (Sé que no voy a arrepentirme de esto.)
Cojo Mugen con su funda y se la doy. Él me mira extrañado.
-La utilizarás mejor que yo, ahora con las alas solo puedo disparar.
Sonríe ligeramente y esta vez sí que me abraza con fuerza.
-No puedes ni imaginarte lo que te quiero y a cada palabra tuya me enamoro todavía más.
Me aferro a la capa blanca.
-Yo también te quiero.
El polvo dorado a nuestros pies empieza a revolverse y pronto los dos nos encontramos en una especie de cueva con infinidad de joyas incrustadas en las paredes.
Miramos a nuestro alrededor asombrados (Zarai tampoco sabe dónde estamos) hasta que dos figuras masculinas translúcidas aparecen delante nuestra.
Se parecen a nosotros pero con los colores inversos. Un Zarai oscuro y un yo luminoso.
-¿Quiénes sois?
-Somos Bellium (el Zarai oscuro) y Yanin (el yo luminoso), vuestras anteriores encarnaciones. Los primeros ángel y demonio de toda la historia.
-¿Qué?
Yanin sonríe y mira a Bellium con amor claro y puro en sus ojos. El demonio le devuelve la mirada con pasión.
-Muy bien, vamos a explicarlo poco a poco.
Con un gesto de la mano de Bellius detrás nuestra se forma un amplio banco de piedra. Nos sentamos y ellos nos imitan.
-Veréis, hace mucho tiempo, más del que podemos recordar, ángeles y demonios convivíamos con los humanos. Éramos reverenciados. Éramos sus protectores.
-A los ángeles se nos respetaba como expertos médicos y sanadores. A los demonios se les respetaba como guerreros.
-Vivíamos en paz y armonía, pero la mortalidad de los humanos les hacía olvidadizos.
-Con el tiempo empezaron a odiar a los demonio y adorar a los ángeles. Nosotros, como sus líderes, tomamos la decisión de separar ambas razas e irnos a diferentes lugares.
-Como sabéis, los ángeles subieron al Paraíso y los demonios bajamos a los infiernos. Y de ese modo pasaron milenios.
-Los humanos nos convirtieron primero en leyendas y luego en mitos. Ya no existíamos. Y comprendimos que era mejor así.
-Un día descubrimos que en algún momento ángeles y demonios deberían volver a unirse. Sacrificamos nuestros cuerpos y nuestras vidas en esta misma cueva-Bellius señaló a su alrededor-, la Cueva del Nacimiento, donde se crearon las tres razas, con la esperanza de reencarnarnos como compañeros.
Yanin nos sonrío.
-Vosotros sois el resultado. La primera pareja de ángel y demonio en milenios.
-Ahora llega el momento de que elijas, Zarainur. Aunque creo que ya sabes la pregunta y tu respuesta.
Zarainur se inclina a mi lado y mira a los ojos oscuros de Bellius.
-Hace tiempo que me lo estoy imaginando. Yuu es mortal y yo soy inmortal. En algún punto de la línea temporal tendremos que separarnos.
-Pero tú mismo le diste ochenta años. Podrías seguir de ese mismo modo.
-No, la vida mortal tiene un límite de un siglo como mucho. Solo unos pocos sobrepasan ese límite, pero todos acaban muriendo.
Bellius asintió.
-El cuerpo mortal no está preparado como el de los inmortales para vivir más allá de ese tiempo.
-Bellius, querido, sabes que no me gusta cuando empiezas a hablar así.
(Mis pensamientos exactamente, Yanin.)
-Bien, bien. No volveré a hacerlo.
No puedo evitar sonreir. La otra pareja mira a Zarainur expectante.
-Voy a hacer un viejo ritual para darle mi inmortalidad a mi padre. Me volveré mortal con una vida de ochenta años-gira la cabeza hacia mí y me sonríe-. Estaremos juntos el resto de nuestras vidas.
No me resisto y le beso.
-Perfecto, justo como esperábamos. ¿No, Yanin?
-Exactamente.
-Muy bien.
Bellius se levanta y Zarai le imita. (Es extraño ver a dos personas tan parecidas con los colores opuestos.)
-Que la fortuna gobierne tus días, Zarainur.
-Que la paz viva en tu corazón, Bellius.
-Y que las estrellas cuiden de ti.
Se estrechan las manos con una misma sonrisa. En un destello todo a nuestro alrededor se oscurece y volvemos a encontrarnos en la plaza de la batalla. (Yo he acabado en el suelo al desaparecer el banco en el que estaba sentado.)
Zarainur me mira, sonríe y me tiende la mano. Le devuelvo la sonrisa y dejo que me ayude.
-Vamos, en el hospital necesitarán a su sanador.
-Oh, oh... ¡Vamos, tenemos que irnos!
Laoming deja que nos agarremos a su pelaje antes de transportarnos de vuelta al Paraíso.
-Te quiero, Yuu.
-Y yo a ti también, Zarainur.
Por fin vuelven a estar juntos. Les adoro como pareja y por separado. Son muy monos.
Y necesito vuestra ayuda. Elegid un nombre de la siguiente lista.
*Lena
*Natsumi
*Nanami
*Sorato
*Akari
*Minami
No diré para quién es, será una pequeña sorpresa. Aunque podéis intentar adivinar. ;)
Bueno, queda el capítulo final, el 24. Lo subiré el miércoles.
Hasta entonces,
Naraya
