Advertencia: El siguiente capítulo contiene… ehh, como explicarlo… un poco de todo. Leer con discreción.
Capítulo 04: Camino a la Perdición
- "Los pasajeros provenientes del vuelo 275 de Empire State salen por la terminal 24A" – Decía la voz del intercomunicador de la terminal del aeropuerto. Ya había pasado un año desde mi ida a Soleanna. Un año de trabajo duro y mucho esfuerzo. Había aprendido y mejorado los diferentes tipos de técnicas de cocina y pastelería. A pesar de que a Menly le habían ofrecido el pago del pasaje de regreso, ella decidió quedarse las dos semanas libres que teníamos. "Eso o no quería separarse de su nueva novia" pensaba maliciosamente.
- ¡Vanilla! – Oí que gritaba mi madre, con una pancarta grande de bienvenida. Tan solo con verla salí corriendo, dejando por poco mi equipaje de mano. A su lado estaba mi padre sosteniendo una pequeña cámara, tomando fotos del momento.
- Mom, me alegra mucho verte; y a ti también Dad. Los extrañé muchísimo. – Dije, mientras la abrazaba a ella y a mi padre al mismo tiempo, con mucho entusiasmo y varias lágrimas.
- ¿Y qué hay de mí, Sweetness? – Escuché decir, viendo como Milton traía consigo un montón de globos de colores. En eso, salté sobre él, casi tumbándolo, y le doy un gran… pero gran beso.
- A ti también te extrañé muchísimo, mi gran y dulce Dumb (Tonto). – Le dije en medio de risas, haciendo que él también se riera por esto.
- Ya después podrán disfrutar de su compañía en privado. Pero ahora, pensemos en llegar a casa primero. – Dijo mi madre separándonos, pero mostrándonos una mirada de complicidad.
- De acuerdo. – Dijimos Milton y yo a la vez, dirigiéndonos todos a la salida del aeropuerto.
Mi corazón latía mucho al volver a mi pequeño hogar. Ese lugar en el cual siempre quería volver para disfrutar de la compañía de mis padres. Volví a entra en mi habitación. No había cambiado en nada, pero lo sentía más pequeño. "O yo he crecido más" también podía ser una opción. Todo ese día la pasé en casa, sin dejar de hablar en ningún momento. Quería saber todo lo que había ocurrido durante mi ausencia y contarles todo lo que había hecho. Durante todo el día Milton nos acompañó. Después de todo, ya era "parte de la familia". A pesar de que siguiera teniendo la misma vestimenta, había algo en él que sentía que ya no estaba. Veía sus ojos y esa sensación aterradora, de locura y de miedo que antes denotaba, ya no estaba. Este seguía siendo el Milton que despedí en el aeropuerto de Soleanna. Ese Milton que hizo ese gesto de amor por mí seguía vivo, a pesar de la ausencia de la que estuve.
Luego de muchas charlas, y de una deliciosa cena (de la cual mi madre evitó que le ayudara; así sea levantando un plato.), ya era hora de dormir por este agitado día.
- Nos vemos mañana, Sweetness. – Dijo, antes de darme un gran beso en los labios. – Vendré por ti en la tarde. – Terminó de decir, mientras se ponía el casco y aceleraba en su moto.
- ¡Te esperaré con ansias! – Le grité, viendo como su silueta desaparecía a lo lejos de mi vista. – Realmente te esperaré. – Me dije a mí misma, casi en susurro, sintiendo como me sonrojaba. Luego de eso entré a mi casa y, dirigiéndome a mi habitación, esperaba el mañana con alegría.
Mis padres por poco no me dejan ir con Milton. No porque desconfiaran, sino porque no querían compartirme. Después de tanto tiempo fuera de casa no quería que me fuera de su lado. Aun así, yo ya había escogido con quien quería estar ese día y ese era Milton. Mis padres, con resignación, aceptaron mi elección. Además, quería volver a sentir esas ráfagas de viento golpear mi cuerpo al estar subida en la moto de Milton y andar a gran velocidad. Se sentía extraordinario.
- Eso fue increíble. Ya casi había olvidado esa sensación que recorría mis venas al subirme en tu moto a toda velocidad. – Le decía a Milton, mientras me bajaba y me quitaba el casco, con mucha alegría.
- Que bueno. Cuando vuelvas a Soleanna no quiero que olvides nada de esto. – Me dijo, con una gran sonrisa.
- ¡Bienvenida! – Oí los gritos de Dunkel, Dekker y Dagmar, mientras se acercaba a mí y me abrazaban.
- Es bueno verte de nuevo. – Me dijo Dunkel, con una sonrisa.
- Sí, es verdad. Contigo aquí, ya no tenemos que oírlo decir: "Oh, estoy tan solo sin Vanilla" "Extraño mucho a Vanilla" "Desearía que ella estuviera aquí, para hacerme compañía" – Decía Dekker en tono de burla.
- Yo no digo cosas como esa. – Se quejó Milton, notándose un poco apenado. En eso, Dagmar saca su celular y deja una grabación correr.
- "Oh Vanilla, ya no aguanto las ganas de que vuelvas. Ya quiero tenerte aquí, ahora mismo." – Se escuchó decir parte de Milton. En eso, vi con ternura a Milton, que se denotaba muy apenado, y comencé a reírme.
- Oh, que hijos de…– Comenzó a decir, pero lo detuve dándole un beso en la mejilla.
- Me alegra tanto que tú también me hayas extrañado mucho. – Le dije, con una sonrisa.
Parte de la tarde me la pasé escuchando como había transcurrido el año para ellos. Milton me decía que gran parte de las actividades ilegales que hacia las había dejado de lado. Ya no trataba de incluirse en la venta de drogas o comercialización de armas. Aun así, seguía notando que Dagmar no había cambiado mucho en sus "gustos", pero no podía culparla. Ella me había contado con más detalles su historia. El dolor que debió sentir en ese momento no podía ni siquiera narrarlo. Sé que lo que hacía estaba mal, pero no podía culparla. "No tengo ese derecho".
- Y dime Dagmar, ¿Con cuántas chicas estuvo Milton, en mi ausencia? – Le pregunté, esperando una cifra astronómica.
- Ehh… déjame pensarlo. – Comenzó a decirme, mientras se contaba los dedos de las manos.
- Solo dime cuantas fueron. – Le dije, un poco molesta de que se demorara.
- Contándome, fueron el gran total de… uno. – Terminó de decir, mostrándome una sonrisa. Yo me quedé sorprendida por sus palabras. Solté una carcajada y la miré fijamente.
- No, enserio. ¿Cuántas fueron? – Le dije, con una sonrisa.
- Solo fui yo. – Me respondió seriamente. – Te prometí que no permitiría que el cometiera alguna locura. Para eso, decidí que esa era la mejor manera de evitar cualquier estupidez – Terminó de decirme, viendo hacia el suelo con culpa. Yo no podía creer lo que oía, especialmente por la orientación sexual de ella.
- ¿Cómo te sentiste? – Le pregunté.
- Las primeras veces, al terminar el acto, terminaba golpeándolo. Luego, me fui calmando poco a poco. Pero la verdad, es que nunca disfruté ni una vez. Espero que no me odies por estar con tu novio. –
- No, la verdad no. – Le dije con una sonrisa. "Para ella, lo que hizo fue un sacrificio".
- Solo imagina que, como a mí me gustan las chicas, Milton no te fue infiel con otra chica sino con un chico. – Terminó de decir, pero un tic salía de su ojo al pensar en sus palabras. – Eso suena mal. Solo imagina que, como somos casi como una familia, estuvo con su hermana. – Ahora el tic salía de mi ojo izquierdo. – Eso suena peor…– Terminó decir, mientras su rostro parecía pensativa.
- Dagmar, mejor no digas nada. – Le dije, mientras trataba de olvidar esas imágenes de mi cabeza, mientras ella asentía a mi petición. – Solo te digo una cosa: Gracias. De verdad te lo agradezco. – Terminé de decir, dándole un abrazo.
- Aun así, me debes un favor. Y lo que quiero es pasar una noche contigo. Quiero ver que es lo que tanto dice Milton sobre ti. – Me comenzó a decir, acercando su rostro con una mirada de lujuria. – Pero tranquila, no tiene que ser por ahora. El día que estés lista para entrar en las grandes ligas, me avisas. – Terminó de decir ella, guiñándome un ojo, alejándose a otro lugar del edificio. No sabía cómo reaccionar ante su petición. Pero sabía que faltaba mucho… mucho para ese día.
Luego de eso, seguimos conversando y, sin darme cuenta, ya era de noche. Sabía que mis padres me esperaban en casa, pero yo no quería irme. En ello, cogí mi celular y los llamé para informarles que me quedaría esa noche.
- Dulzura, ¿en serio te quieres quedar? – Me preguntó, escuchándose un poco triste.
- Por supuesto. Por eso les llamé, para informarles, Mom. – Le dije.
- Oh bueno, que descanses. Pero recuerda, usa protección. Sueño con ser abuela pero en muchos años en el futuro. – Dijo mi madre, mientras comenzaba a caer en risas; pero, para mí, era todo lo contrario. Me sentía súper apenada por su comentario.
- ¡MOM! – Le grité, mientras seguía escuchando del otro lado las risas de ella. – ¡Buenas noches! – Le colgué, mientras sentía que estaba muy sonrojada. Luego de eso, comimos y les contaba a los amigos de Milton mi experiencia en Soleanna. Si las cosas seguían de igual manera, era posible que Menly y yo conserváramos los empleos.
- Bueno, la conversación está interesante pero ya es hora de dormir… para nosotros. – Terminó de decir Dekker, mientras le mostraba una sonrisa de complicidad a Milton, quien le mostraba una sonrisa. En eso, me empecé a dirigir a la habitación de Milton. Ya no era un desorden como la vez pasada. Ya estaba mejor organizada y limpia.
- Sabes que no tienes que hacer nada que no quieras. – Me decía Milton, mientras me sobaba la cabeza.
- Lo sé, pero es lo que quiero. – Le respondí, dándome vuelta y besando sus labios. En eso, sentí como comenzaba a acariciar mi rostro, de manera suave y tierna. Me alejé de él y comencé a quitarme la ropa, mientras el hacía lo mismo. Cuando quedé desnuda por completo, me di la vuelta.
- Nunca dejaras de ser tan hermosa, Sweetness. – Dijo rápidamente al verme. En eso, Me acosté en la cama y se puso encima de mí. Sentía su respiración recorrer todo mi pelaje. – Te amo. – Dijo, mientras comenzaba a besarme de una manera apasionada.
- Yo también te amo. – Le dije, mientras la lágrimas brotaban de mis ojos.
- Eso fue… fue… increíble. – Le decía a Milton jadeando, mientras recuperaba el aliento acostada a un lado de su cama.
- Ni que lo digas. – Decía él, también recuperando el aliento. – Cada día, desde que me vine, esperaba volver a hacer el amor contigo. Sé que Dagmar ya te contó todo, pero lo que tuve con ella no se compara con lo que estamos haciendo ahora. – Me decía, con un tono un poco avergonzado.
- Lo sé. No necesitas darme explicaciones. Lo importante es que me amas y nada más. – Le dije, para hacerlo sentir bien consigo mismo. Vi la hora, en el reloj de su habitación, y noté que apenas eran las 2:00 am. Rápidamente me puse encima de él, dejándolo un poco confuso. – ¿Qué pasa? ¿No tienes fuerza para continuar? – Le dije, de una manera lujuriosa. Vi como él solo sonrió y me comenzó a besar apasionadamente, mientras nos poníamos en marcha (de nuevo).
Los días pasaron rápidamente. Tuve un dolor de cabeza al tratar de estar con mis padres y con Milton. Quería estar con unos pero sin hacer sentir mal a los otros. Aunque la verdad, casi todas las noches las pasaba con Milton (aunque me levantaba un poco tarde por la "actividad nocturna" que hacíamos). Ya solo quedaban tres días y no quería sentir de nuevo ese calvario. Así que habíamos decidido pasar todos juntos los días que me faltaran.
- Estuvo delicioso la cena, gracias. – Le decía Milton a mi madre, con un tono muy educado, quien se sintió feliz por su comentario. Luego de eso, cuando ya eran casi las 10 pm, Milton pretendía marcharse pero es detenido por mi padre.
- Milton, quédate. Vanilla en unos días se irá y sabemos lo importante que eres para ella. – Le decía a Milton.
- De acuerdo. Será un honor. – Le respondía, mostrando una gran sonrisa. Aun así, pensé en algo sobre su hospedaje.
- Dad, el cuarto de huéspedes está lleno de cajas. – Le dije, viendo como comenzaba a sobarse la cabeza.
- Bueno, supongo que tendrá que dormir contigo. – Dijo mi madre.
- Pero recuerden, las paredes son muy delgadas y se escucha todo. – Dijo seriamente mi padre, viéndonos fijamente.
- Pero, si no pueden aguantar la tentación, traten de no hacer mucho ruido. – Dijo mi madre, con un tono de malicia. Milton y yo nos sorprendemos por la insinuación de ella, notando como mis padres comenzaban a reírse. Luego de eso, les damos las buenas noches y nos dirigimos a mi habitación.
- Es… confortable. – Dijo Milton al verla. – La cama es un poco pequeña. Supongo que vamos a dormir muy acurrucados. Hey, que tal si tú y yo, en silencio, tratamos de…– Comenzó a decirme, viéndome un poco lujurioso.
- No. – Fue lo único que le respondí, interrumpiéndolo.
- Pero, tú madre dijo que…– Siguió tratando pero, al ver mi mirada fulminante, se detuvo. – Tienes razón. Vamos a dormir. – Dijo, desvistiéndose, pero quedándose en ropa interior. Yo también hice lo mismo, luego nos acostamos y nos arropamos con las sabanas de mi cama.
- Buenas noches, Sweetness. – Me dijo Milton, mientras me daba un beso.
- Buenas noches, Dumb. – Le respondí, mientras le devolvía el beso.
Mis parpados se abrían al escuchar unos susurros fuera de mi habitación. Al comienzo creí podían ser mi padre o mi madre, pero esa posibilidad dejó de mi mente al notar las luces de unas posibles lámparas. En ello, sentí miedo al pensar que podían ser ladrones. Nunca habíamos sido robados, "Pero siempre podía haber una primera vez". Moví un poco a Milton, despertándolo. Milton rápidamente se dio cuenta la razón por la que lo desperté y, con un gesto, me dijo que guardara silencio. Pero en eso, la puerta de mi habitación fue abierta de golpe. Rápidamente la luz de las lámparas nos segó, mientras escuchábamos los gritos de los encapuchados, que nos pedían que nos mantuviéramos quietos. Ellos nos dirigieron al primer piso, sin dejar de apuntarnos con sus armas. Lo único que pude deducir es que ellos eran humanos, por su contextura y altura. Allí abajo vi a mis padres, quienes estaban amordazados. Quería llorar pero no podía, ya que tenía miedo de que nos hicieran más daño por eso.
- ¿No te lo dije, Milton? – Dijo uno de los encapuchados, reconociéndolo en el acto. – Te apuñalaré donde más te duele y luego lo destrozaré lentamente. – Terminó de decir, mientras me separaban de Milton.
- Lo que quieras hacerme, házmelo a mí; Pero déjalos a ellos afuera de esto. – Decía en suplica Milton.
- Demasiado tarde. – Dijo con odio, mientras apretaba el gatillo. En eso, vi como Milton cayó al suelo y comenzó a retorcerse. Al terminar de retorcerse, Irons se acercó a él. – ¿Qué creías? ¿Qué te iba a matar de una vez? No, te haré sufrir primero. – Terminó de decir, mientras le daba una patada a Milton. – Muévanse. – Les dijo a sus dos compañeros, quienes nos empujaban y nos metían en una camioneta. Mi padre trató de forcejear pero, con un bate de beisbol, lo comenzaron a golpear. Yo gritaba que se detuvieran pero eso los hacia atacarlo más, hasta que quedó inmóvil.
- Creo que nos pasamos. Nah, iba a morir de todas formas. – Dijo unos de los muchachos, que se reía con malicia. Yo miré, y mi padre no se movía para nada, notando que su mirada estaba vacía. Lo habían matado y habían disfrutado de eso. En eso, nos colocaron unas vendas oscuras en los ojos. Duramos muchos minutos en movimiento, aunque sentí que dieron muchas vueltas, hasta que el auto se detuvo. Nos sacaron cargadas y, sin predecirlo, sentí como nos tiraban al suelo. Al no estar amordazada me quité la venda y corría hacia mi madre, a quien le quitaba también las vendas en sus ojos.
- Todo estará bien, Mom. Todo estará bie…– Comencé a decir, pero me detuve al sentir como me alzaban de mis orejas.
- ¿Tú mamá nunca te enseño que no debes decir mentiras? – Decía Irons, con una sonrisa malévola.
- ¡No le hagan daño! – Gritó mi madre, arrastrándose a donde me encontraba.
- Me temo que esa no es una opción. Chicos, diviértanse un rato. – Les dijo, haciendo que ellos cogieran a mi madre y les rasgaran la ropa, dejándola desnuda. Al saber lo que iban hacerle, traté de cerrar mis parpados. – ¡Oh no! Tú también tienes que disfrutar del espectáculo. – Dijo Irons, quien con sus dedos me obligaba a ver lo que le hacían.
- Para su edad, se siente muy bien. – Decía uno de los tipos que abusaban de mi madre. Veía como ella lloraba ante los actos crueles hacia su cuerpo.
- No es lo más hermoso. – Dijo de manera sarcástica Irons; Y así fue durante varias horas. No la dejaban descansar ni un momento. Cuando uno terminaba, el otro tomaba su lugar. Incluso Irons me entregó a uno de sus compañeros para abusar de mi madre. – Bueno, ya fue suficiente. Tráeme la llave inglesa. – Dijo, mientras se separaba de mi madre. Con horror, vi como traían una llave grande roja. Irons la cogía y la ponía sobre la cabeza de mi madre. – Ruega que no te duela el impacto. – Dijo con una sonrisa, mientras levantaba y bajaba la llave inglesa con suavidad. Mi madre me mira, con unos ojos llorosos, y me muestra una sonrisa.
- Todo estará bien, dulzura. Milton vendrá y te rescatará. Te quiero mucho, adiós. – Terminó de decir, cerrando sus parpados.
- No debes decir mentiras. – Dijo con firmeza, agarrando con fuerza la llave. Sabía lo que pasaría y cerré mis ojos. Lo siguiente que sentí fue el sonido de un gran golpe, junto con un crujido fuerte. Ellos trataron de que abriera mis parpados, pero no se los permití. Sabía lo que habían hecho pero no quería verlo. – Bueno, si no quieres ver no importa. – Le escuché decir a Irons. Sentí como me llevaban a otro lado y también sentí como me restregaban algo en mi cara. Sentí el filo de una navaja en mi pierna, obligándome a abrir mis ojos. Al abrirlos, me encontré frente a un espejo y noté lo que me habían restregado en la cara. Vi toda mi cara llena de sangre, haciéndome gritar de horror.
- ¡Son unos malditos! – Les grité, mientras los veía con furia. En eso, vi como rasgaron mi ropa interior, dejándome desnuda e indefensa.
- Ya estas gritando cuando lo peor aún no ha llegado. – Dijo Irons, mientras se lamia los dientes. – Ojalá Milton estuviera aquí. – Terminó de decirme, mientras comenzaba a abusar de mí. Yo comencé a gritar y a llorar, deseando que Milton llegara a salvarme. "Él vendrá y me salvará. Él lo hará". Pensaba, mientras sentía como quemaban mi interior.
No sabía cuánto tiempo había pasado, si horas o días. No sabía si era de día o de noche. Él lugar en el que me encontraba era una especie de sótano. Apestaba a alcantarilla y había ratas merodeando por todos lados. Yo ya no tenía fuerzas para nada; no después de todo lo que me hacían. Sentía mis entrañas y mi garganta quemadas. Ellos llegaban, me obligaban a hacer esos actos y luego me tiraban de vuelta a este infierno. Y, aun no contentos con lo que me hacían, cogían sus cuchillos y me hacían cortes por todo mi cuerpo. Irons siempre me tomaba una foto y decía que se las hacía llegar de alguna manera a Milton. "Pagaría por ver sus expresiones, al ver estas fotos" era lo que decía siempre.
- Esta vez yo seré por delante. – Escuché decir, mientras oía los pasos de alguien acercarse a mí. Sentí como me alzaron y me cargaban de nuevo a esa habitación donde jugaban conmigo. Me acostaron sobre uno de los compañeros de Irons. En eso, sentí como comenzaban a abusar de mí los dos al mismo tiempo.
- Sabes una cosa. Cuando era joven, mi hermano me llevaba a San Fierro. Allí, él tenía un contacto que te conseguía las chicas que querías. Ese murciélago era lo mejor de la ciudad. – Decía Irons con orgullo, sin detenerse en lo que me hacía. – Un día que fuimos a verlo casi no nos atendió. Nos dijo que había obtenido una "adquisición" importante, que quería degustar hasta el final. Incluso nos mostró un video del primer día que estuvo con la Pegaso. – Decía en risas, mientras comenzaba a moverse más rápido. – Me encantaron esas palabras que dijo: "Quiero devorar hasta la última pizca de inocencia de esta chica. Cuando termine con ella, quiero que su único deseo sea morirse". – Decía con malicia.
- y, ¿Qué pasó con él? – Preguntó su compañero, mientras él también comenzaba a moverse rápidamente.
- Hace como un año, cuando me acordé de él, supe que había muerto. Traté de ver su expediente pero estaba bloqueado por G.U.N. Debió haber hecho algo grande para que G.U.N intercediera en su vida. – Dijo, mientras él y su compañero se detenían bruscamente, sintiendo el líquido quemar de nuevo mis entrañas. Ambos se separaron de mí, mientras me observaban fijamente. – Dale la comida. Será lo último que probará en su vida. – Terminó de decir, mientras se marchaba.
- Tal vez dentro de media hora. – Se dijo a sí mismo, mientras se tiraba encima de mí, comenzando a lamerme en todo el cuerpo.
La única comida que ellos me daban era una sopa con carne. Pero, cada vez que la comía, ellos se reían. No sabía el motivo de tales risas. Mientras terminaba mi plato, comenzaba pensar en quien fue el culpable de todo esto. Me culpaba a mí por enamorarme de Milton. Culpaba a Milton por tener conexiones con esa basura. Volvía a culparme a mí, ya que si no hubiera tratado de cambiar a Milton, él nunca habría terminado los negocios que tenía con Irons y no tendría razones de venganza. "De que sirve culpar a otros. El dolor no desaparecerá." Pensé, dejando de lado la razón de mis problemas.
- ¿Te gustó la comida? – Preguntó sarcásticamente Irons, con un tono burlón. Yo no le respondí, solo me quedé viéndolo fijamente. – Bueno, como sea. Es bueno amar a tus padres. Si los amas mucho siempre sentirás que están dentro de ti. Pero, en tú caso, literalmente estuvieron dentro de ti. – Terminó de decir mientras caía en risas, junto con sus compañeros. A pesar de que mi mente estaba casi destrozada, pude deducir a que se refirió. Sentí como cada de célula de mi cuerpo se entumecía y mi estómago se revolvía brutalmente. Miraba con horror el plato hondo (de sopa) donde me servían la comida. No podía creer lo que me habían hecho. "Comí… comí la carne de mi propia familia" Pensé, mientras comenzaba a vomitarlo todo. Vi cómo me tomaron una foto y unas sonrisas maquiavélicas salían de ellos. – Esta, más la siguiente, serán entregadas a Milton personalmente. Después de todo, será lo último que verá vivo. – Dijo, mientras comenzaba a arrastrarme en el suelo. Me volvieron a llevar al lugar donde mi madre había muerto. Incluso, la mancha de sangre aún seguía allí mismo. Me colocaron en esa misma posición y noté como Irons traía la llave inglesa. Él la puso sobre mi cabeza, mientras se reía desquiciadamente.
- Good bye, Dulzura. – Dijo, levantando la llave inglesa. Cerré mis ojos y deseé que todo terminara rápidamente. "Ha llegado el final"
Tres disparos simultáneos escuché. Oí los gritos de Irons y sus cómplices. Abrí mis ojos y vi a Irons tirado en el piso, con la mano derecha destrozada y sangrando.
- Llegas muy tarde, Milton. – Dijo Irons, sin dejar de esbozar con esfuerzo su sonrisa grotesca. Giré mi cabeza y allí lo vi. Milton, Dunkel y Dekker, sosteniendo una escopeta y dos revólveres. Vi como Milton se acercó a mí y, con lágrimas en los ojos, me comenzó a abrazar.
- Lo siento, Sweetness. Siento no haber llegado antes. – Decía con dolor, mientras sus lágrimas caían en mi rostro. Aun así, yo no sentía nada. No sentía alegría, odio ni amor al verlo. "Realmente no siento nada".
- Una semana. Es lo que necesité para destrozarla. Me hubiera encantado comer de su carne. – Decía Irons, riéndose.
- ¡Tú estás enfermo! – Gritó Milton, mientras me dejaba de abrazar y comenzaba a darle puñetazo a Irons en el rostro. En eso, escuché dos disparos por parte de Dunkel y Dekker. Vi a los cadáveres de los compañeros de Irons. A pesar de estar muertos, sentía que me seguían viendo. Riéndose de las cosas repugnantes que me obligaron a hacer.
- Oh Milton. Hagas lo que hagas, yo gano. Si me matas, yo gano. Si no me matas, yo gano. Sea como sea, si mi hermano no sabe nada de mí, en las próximas 2 horas, mandará una alerta máxima en tu contra en todo el estado. No habrá pueblo en el cual puedas ocultarte. Crímenes que no cometiste… y te mataran por ello. – Terminó de decir, con esa maldita sonrisa. Sentí como Dekker arropaba mi cuerpo con su chaqueta, levantándome del suelo y cargándome. Vi como Milton le hizo un gesto a Dekker y él tapó mis ojos con sus manos. – Te veo… en el infierno. – Dijo Irons con locura. Después de esto, escuché el disparo de la escopeta. Sabía lo que Milton le había hecho al que destrozó mi vida… pero no me importaba. Seguía sin importarme nada. "Ya nada importa". Pensé, mientras sentía mis parpados cerrarse.
Abrí mis parpados y noté que me encontraba en la habitación de algún motel. En esa habitación había una pequeña cocina, en la cual estaban todos reunidos. Yo traté de pararme, pero por poco me caigo. Milton trató de ayudarme, pero negué su ayuda. Luego, de al fin mantenerme en pié, me dirigí al baño. Vi mi reflejo frente al espejo. Notaba que tenía el mismo atuendo de cuando Milton trató de abusar de mí. "Lo que él no hizo, lo hizo alguien más" pensé al verme. Noté uno que otro corte en mi cara. Me levanté la blusa y, sin asombro, notaba como los cortes habían aumentado. Me bajé los pantalones y notaba lo mismo. Cortes por todos lados. Salí del baño y me acosté de nuevo en la cama. Notaba como Milton y los demás discutían en que harían ahora.
- Milton, encontré algo que tal vez pueda ayudar a Vanilla. – Decía Dagmar, mientras buscaba y sacaba algo de su bolso. Sea lo que sea, inundó la habitación en un brillo de color amarillo. – El problema es que no sé cómo usarla. – Terminó de decir ella, mientras le entregaba a Milton el objeto.
- ¿Y crees que yo sé usar una Caos Esmeralda? – Le decía Milton a Dagmar, observando la gema. Noté como soltó un suspiro y acercó la gema a mi cuerpo. – Por favor Dios, sánala. – Comenzó a decir, pero nada pasaba. – ¿Es que no escuchaste? sánala. – Dijo, alzando un poco la voz. Pero nada pasó. – ¡Maldita sea! ¡Haz lo que te pido! – Grito, mientras apretaba fuertemente a la gema. Aun así, nada seguía pasando. Al final, vi a Milton caer en llanto. – Sánala, por favor. – Terminó de decir, sin dejar de llorar y de rodillas. En eso, vi como la gema comenzó a brillar y a flotar. Sentí como todo su brillo inundaba mi cuerpo. Y, en un segundo, iluminó el lugar, cegándonos. Cuando el brillo desapareció notamos que la gema había desaparecido. Luego de eso, Milton comenzó a revisarme, pero en su mirada había insatisfacción. – No hizo nada. No la sanó de sus heridas. Es una inutilidad. – Decía él, sobándose las manos sobre la cabeza.
- Milton,... – Dije sin fuerza. Vi como él se arrodilló al lado de la cama y me sostuvo la mano con delicadeza. Notaba en su mirada alegría, porque le hablaba. – Aunque esa gema hubiera sanado cada parte de mi cuerpo… mi mente seguirá destrozada. Si de verdad me amas… mátame. – Terminé de decir, viendo como se veía aterrado por mi petición. Él soltó mi mano y se dirigió a la cocina. Vi como destapó una cerveza y, al terminársela, tiro el frasco al suelo.
- Todo es culpa mía. – Decía, mientras caía en llanto. Los demás fueron hacia él y trataron de animarlo. Aparté mi mirada y traté de alcanzar el vaso de agua que yacía sobre la mesa de noche. Pero, por error, tumbé el bolso de Dagmar. En el suelo, vi todo el contenido que yacía de este. Pero mi atención fue directa a las cuatro jeringas. Lentamente estiré mi mano y cogí una de ellas. La vi y pensaba en el contenido que había dentro de ella. Giré mi cabeza y noté que ellos estaban de espalda. Sentía que estaba mal lo que iba hacer, pero no me importaba. Le quité la tapa a la jeringa, la incrusté con cuidado en la vena de mi brazo izquierdo y lentamente comencé a introducir el líquido en mi cuerpo.
- ¡Vanilla! – Oí el grito de Milton, haciendo que introdujera de golpe todo el líquido. Los colores que veía comenzaron a distorsionarse, mientras comenzaba a escuchar sonidos relajantes por todo el lugar. – ¡¿Qué demonios haz hecho?! – Preguntó aterrado. Pero, por primera vez, me sentía libre de dolor y agonía.
- Las drogas… Las drogas son el paraíso. – Dije, viendo como todos quedaban pasmados ante mis palabras. La más perturbada era Dagmar, ya que eran palabras salidas de su propia boca. En eso, comencé a reír psicóticamente mientras sentía que me desmayaba. Todos estaban aterrados de que estuviera feliz. "Era tan feliz"
Habían pasado casi un año desde que huimos, el día que me rescataron. No podíamos salir del estado. Las principales vías estaban reforzadas con muchas patrullas. Nuestra mejor opción era pasar por esos pueblos donde la ley se podía comprar casi tan fácil como la droga. Aun así, no podíamos confiarnos de nadie. Milton tuvo que volver a reunirse con todos sus antiguos contactos, que no estaban tan felices de verlo. Tuvo que, literalmente, arrastrarse de nuevo al mundo que trató de dejar atrás por mí. Mientras el hacia las misiones que le encomendaban, yo trabajaba como mesera en uno de los bares de mala muerte. Usaba un traje de cuero, que delineaba toda mi figura.
- Hola preciosura. Dime, ¿Cuánto por un privado? – Me preguntó una rata, con chaqueta de motociclista.
- Ni muerta me acostaría con basura como tú. – Le dije, mientras recogía las botellas de cerveza.
- Tú te lo pierdes. – Terminó de decirme, mientras tocó rápidamente mi intimidad. Yo cogí una de las botellas y la rompí. Cogí uno de los vidrios y se los incrusté en el brazo. Vi como él grito de dolor y odio. Se quitó el vidrio y, con esa misma mano, sacó una pistola y la puso sobre mi frente. Sin embargo, yo no dejé de sonreírle. Él me miraba y su mano empezaba a temblar, mientras me veía con temor. – ¿Qué eres? – Terminó de decir, mientras bajaba la pistola y se alejaba aterrado de mí, pero yo no dejaba de sonreír.
- Vanilla. – Le escuché llamarme al encargado de turno. Me acerqué a él, quien denotaba una mirada un poco enojado. – No me importa que trabajos esté haciendo tú novio para el jefe, pero te largas ahora mismo. No quiero problemas con los clientes. – Terminó de decirme, entregándome mi paga. Yo la cogí y me largué del lugar, dirigiéndome al motel en donde nos hospedábamos. Al llegar, noté como Dunkel y Dagmar se sorprendían de mi presencia.
- No me digas que te metiste en líos, de nuevo. – Dijo Dunkel, quien se sentía decepcionado por la actitud que había tomado.
- No les importa. Ten, dame mi ración. – Le dije a Dagmar, entregándole el dinero. Ella soltó un suspiro de tristeza, mientras entrabamos a la habitación. Allí dentro, ella me entregó varias jeringas con la sustancia que más amaba. Yo las cogí y las miré con fascinación. Para mí, esta era la medicina que me ayudaba a superar mis problemas. Con esta medicina, sacrificaba mi cordura para poder dormir. – Trata de no consumirlas demasiado rápido. – Me terminó de decir, saliendo de la habitación. Cogí la primera jeringa y me la incrusté en mi brazo. Traté de escuchar a Dagmar y solo introduje la mitad del líquido. En ello, sentí como mi cuerpo se relajaba. Todo estaba tan calmado.
- ¿Es que no puedes mantener la calma una vez? – Preguntó Milton enojado, entrando bruscamente a la habitación.
- Llegaste casi conmigo. – Le dije, pero él me negaba con la cabeza.
- Haz estado aquí hace tres malditas horas. – Dijo, mostrándome los dedos.
- Oh, el tiempo pasa rápido. Ya que estas aquí, ¿nos divertimos? – Le dije con una sonrisa, pero él negaba con la cabeza. – Si no quieres hacerlo, bien. Buscaré alguien que quiera hacerlo conmigo. Incluso me pagaran. – Le amenacé, mientras me paraba de la cama y me dirigía a la puerta. En eso, soy detenida por él.
- ¡Por favor, para! ¡Vuelve a ser aquella chica de la que me enamoré y cambié para bien! – Me suplicaba Milton de rodillas. Yo, sin embargo, sentí una rabia recorrer todo mi cuerpo. Empuñé mi mano y, con fuerza, le di un golpe en la cara.
- Esa chica murió cuando tú no la salvaste. Esa chica perdió todo lo que le importaba. Esa chica tiene que hacer cosas para no dormir, ya que ella no tiene sueños sino pesadillas que la atormentan. Solo duermo como 4 horas al día, y eso que es mucho. – Terminé de decirle, mientras le daba otro puñetazo. – Solo haz lo que te pido. Por favor, hazlo. Es lo único que puedes hacer para hacerme sentir bien. – Le terminé de decir, mientras comenzaba a desnudarme y me acostaba en la cama. Milton miró al suelo con tristeza y soltó un suspiro de resignación. Él comenzó a quitarse la ropa, quedando desnudo, y se acercó a mí.
- Lo siento tanto. – Dijo, con lágrimas brotando de sus ojos, mientras comenzábamos a movernos. Sentirlo dentro de mí era lo único (Después de las drogas) que podía mantenerme calmada. Sentir el calor de su cuerpo rozando el mío era algo que no podía describir. Pero, ese calor no se comparaba con el de las primeras veces, cuando aún estaba yo viva por dentro.
- Milton, te llaman. Necesitan que…– Entró de improvisto Dunkel, mientras se quedaba inmóvil viéndonos.
- Iré inmediatamente. Después de todo, lo único que puedo hacer es mantenernos vivos. – Decía Milton, mientras se separaba de mí. Él se vistió rápidamente y salió de la habitación. Dunkel se quedó viendo como tapaba mis partes íntimas. Al ver lo que hacía, abrí mis piernas y quité las manos de mis senos.
- ¿Quieres terminar lo que Milton no pudo? – Le propuse, con la misma sonrisa que yo mantenía siempre. Sin embargo, el solo me miró asqueado y se retiró de la habitación. – Tú te lo pierdes. – Dije en susurro, yéndome al baño. Abrí las duchas y sentí el agua fría correr por mi cuerpo. No quería dormirme. Mi único deseo era evitar el sueño. Al salir de la ducha, trato de verme en el espejo. El problema era que estaba empañado. Así que, con mi mano, comencé a limpiar la humedad que opacaba el vidrio. Cuando terminé de hacer esto, me aterré totalmente. La imagen que proyectaba era la mía… cuando aún estaba viva y cuerda. Allí estaba yo, usando uno de mis habituales vestidos, llorando. Ella (yo) me veía con dolor y sufrimiento.
- Detente. – Me dijo, mostrando una sonrisa. Yo empuñé mi mano y golpeé el vidrio, quebrándolo. Salí de allí y, con sorpresa, encontré a Dagmar acostada en la cama.
- Sé que no soy un chico pero no te importa, ¿verdad? – Me dijo maliciosamente. Al oír lo que dijo, me lancé directo a la cama y la comencé a besar. Realmente no me importaba con quien estaba, mientras no tuviera que dormir. – Espero que no te arrepientas después. – Decía ella, sintiendo como acariciaba cada parte de mi cuerpo con sus manos.
Mis parpados trataban de cerrarse, pero yo trataba de evitarlo. "No quería dormir"
- Ya es hora de que duermas, Vanilla. – Me decía Dagmar, sobándome suavemente la cabeza.
- No quiero. – Le dije con temor.
- Yo antes (y aun) soñaba que el monstruo de las sabanas me comía y, dentro de su interior, había un líquido blanco que me quemaba de adentro hacia afuera. – Dijo, mientras su mirada parecía perdida. – Lamentablemente, no sé cómo puedo ayudarte a ti. No nos quieres contar que sueñas. – Me decía, arropándome con las sabanas.
- Sueño con la realidad...– Le respondí, mientras mi temor de dormir se cumplía.
Todo era negro y oscuro. Las tinieblas inundaban la habitación en la que me encontraba. Aun así, pude vislumbrar un pequeño punto de luz emanar del centro. Corrí hacia allí, viendo que era lo que brillaba. Era un plato hondo (o de sopa) y, dentro de este, había tanta agua como un pozo. Cuando observé con más atención, un terror invadía mi cuerpo. Vi a mi madre y a mi padre, tratando de nadar hacia la superficie.
- ¡Mom y Dad! ¡Yo los salvaré! – Grité, mientras metía mi brazo y trataba de alcanzarlos. En ello, sentí que cogí a uno. – Podré salvarlos. Confíen en mí. – Dije, jalándolo. Pero, sin creerlo, el brazo que jalé se desmembró. Vi teñirse el agua de rojo. Grité de horror al ver la letras que se formaban: "Todo fue tú culpa". – Lo sé. – Dije, cayendo en llanto. En eso, ese lugar dejó de brillar, quedando todo en tinieblas de nuevo. Luego de unos minutos, otro brillo se vislumbró. Corrí hacia allí, esperando que fuera una salida. Pero no era así. Era un espejo y, al verme, noté que llevaba puesta mi vieja vestimenta. Detrás de mí (de la del espejo), vi a Irons acercarse lentamente. – ¡Cuidado! – Grité, pero "yo" parecía no moverme ante mi advertencia. Irons rápidamente me cogió y comenzó a destrozar mi vestido, para luego abusar de "mí". Vi petrificada como se movía agitadamente. "Yo" lloraba y suplicaba piedad, pero eso no le bastaba. Vi, con más horror, como dejaba de llorar y empezaba a reírme, y también besar a Irons, mientras parecía que disfrutaba de lo que me hacía. No podía creer lo que veía.
- Después… de todo… te terminó… gustando. – Decía la otra "yo" jadeando. Escuchar esas palabras hace que tire el espejo y cierre mis ojos. Pero, en eso, sentí como comenzaban a manosearme por todo el cuerpo. Al abrir mis ojos, vi que estaba desnuda y que Irons abusaba de mí.
- Basta. Basta ¡BASTA! – Grité, pero él no se detenía. Vi a Milton que nos veía, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
- Debí ser más fuerte y haberte salvado. Creo que estas mejor sin mí. – Le escuché decir, mientras comenzaba a alejarse. Vi como su silueta desaparecía en las tinieblas.
- ¡NO TE VAYAS! ¡TE NECESITO! ¡TE NECESITO A MI LADO! ¡MILTON! ¡VUELVE, POR FAVOR! – Gritaba, pero no había ningún cambio. Seguía a merced de mis pesadillas, con las lágrimas brotando de mis ojos.
Me desperté bruscamente, sorprendiendo a Dagmar. Corrí hacia la pequeña cocina y, temblorosa, cogí un cuchillo grande, poniéndomelo en el cuello. Noté como Dagmar se paró de la cama, con terror, y me suplicaba gritando que no hiciera nada estúpido. Dunkel entró rápidamente al cuarto y, al igual de Dagmar, me suplicaba que me detuviera.
- Sé que aun sufres mucho, pero no lo hagas. – Decía Dunkel, tratando de acercarse en vano a mí.
- Haz lo que dice Dunkel. No cometas una locura. Tienes que calmarte. – Decía Dagmar con miedo en su voz.
- ¡¿Por qué voy a calmarme?! ¡Calmarse no es divertido! ¡Pienso cortarme el cuello hasta que la sangre salga fuera de mí! – Les grité con ira, sin dejar de sostener el cuchillo.
- Por favor, no. – Dijo Dunkel, mientras seguía tratando de acercarse a mí.
- ¡¿Por qué?! ¡Dame una razón para no hacerlo! ¡Dame una puta razón para que no lo haga! – Les grité más fuerte. "¿Cuál podría ser la razón por la que no termine con mi sufrimiento?"
- Nos romperás en el corazón… a todos. – Dijo Dagmar, con lágrimas comenzando a brotar de sus ojos. Escuchar esas palabras, por parte de ella, hacen que suelte el cuchillo y caiga en llanto. Dunkel coge una sábana y me arropa con ella, llevándome de vuelta a la cama. Dagmar me abraza, acostándose a mi lado. – Todo estará bien. Todo estará bien. – Me decía suavemente. Yo quería creerle, pero no podía. Nada iba a estar bien.
Escuchamos como la puerta se abrió de golpe, mostrando que eran Milton y Dekker.
- Tenemos que irnos de una vez. – Dijo Dekker, comenzando a sacar todas nuestras cosas.
- Si no nos vamos ahora, nos atraparan. – Terminó de decir Milton, mientras comenzaba a vestirme rápidamente. En ello, salimos y nos subimos a un auto un poco oxidado. Una vez dentro del auto, Milton aceleró, dejando atrás el pueblo. Luego de una hora de viaje, podía vislumbrar las luces del "nuevo" pueblo en el que estaríamos. Me sentía aburrida y, con cuidado, saque una de las jeringas y comencé a inyectarme la droga. Al sacar la aguja, de la vena de mi brazo, siento que algo no andaba bien. En vez de sentir placer, sentía dolor. Sentía un dolor que crecía en todo mi cuerpo. Comencé a toser, sin poder detenerme. Sentí como un líquido comenzaba a ser expulsado por mi boca.
- Milton, Vanilla está convulsionando. – Le escuché decir a Dekker. Siento como paran el coche, viendo como Milton me observaba.
- ¡Debemos llevarla a un Hospital! – Grito, volviendo acelerar el coche.
- Dijiste que no podíamos ir a ningún hospital. Si vamos, nos atraparan. – Le escuchaba decir a Dunkel.
- No me importa. Si no hacemos nada… ella morirá. – Les respondió.
Llegamos al Hospital, pero yo seguía tosiendo y moviéndome de manera involuntaria. Los enfermeros me subieron a una camilla y comenzaron a llevarme a una sala. Allí sentí como trataban de ayudarme, mientras me inyectaban drogas para detener las convulsiones. Cerré mis parpados y, de un momento a otro, sentí que no me movía. Ya no sentía dolor, sufrimiento o molestias. Todo se había detenido.
- ¡Rápido! Aumenten la dosis. – Le escuché decir a unos de los médicos.
- Ya no es necesario. Estoy bien. – Les trataba de decir, mientras me levantaba de la cama aun con los parpados cerrados.
- Está empeorando. – Dijo de nuevo el médico.
- ¿Cómo puedo estar empeorando si ya estoy de…? – Comencé a preguntar pero, al abrir mis párpados, me detuve al notar la escena irreal. Me veía a mí misma, muriendo. Notaba a los médicos, enfermeros y enfermeras tratando de salvarme. Vi a Milton llorando, siendo detenido por los guardias del Hospital.
- Traigan el desfibrilador. – Dijo el médico, mientras los enfermeros obedecían. – Uno, dos, ¡tres! – Grito, mientras colocaba el aparato en mi pecho y mi cuerpo reaccionaba a la electricidad. Pero yo no sentía nada. No sentía su intento de resucitación. – Aumenten la energía. Uno, dos, ¡tres! – Volvió a intentar, pero nada. – Una vez más, ¡al máximo! Uno, dos, ¡tres! – Volvió a intentar pero, igual que antes, no pasó nada. Noté como el medico ya no decía nada, mirando a sus compañeros con tristeza. – Apaguen las maquinas. Hora del deceso: 3:49 am. Déjenlo pasar. – Terminó de decir, viendo hacia el suelo. Vi como los guardias soltaron a Milton y él se acercó a mi cuerpo inmóvil.
- ¡Vanilla! ¡Vuelve! ¡Te amo! ¡No me dejes! – Gritó con fuerza, mientras todas sus lágrimas caían en el rostro de mi cuerpo. Traté de tocar a Milton, pero mi mano traspasó su cuerpo. Lo único que podía hacer era observar como Milton lloraba al lado de mi cadáver, mientras veía como llegaban Dagmar, Dunkel y Dekker. Vi como todos ellos se acercaron a mi cuerpo y comenzaban a llorar, cayendo en llanto.
- ¡Milton, yo también te amo! ¡No me quiero morir! ¡No ahora! – Grité, mientras notaba como todo lo que me rodeaba empezaba a desaparecer, terminando en la "nada".
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¿Qué te pareció el capítulo? – Le dijo Malorum55 a Vanilla.
-…– No dijo nada Vanilla. Solo se quedaba con la mirada fija en las letras de la historia.
- ¿Muy fuerte? – Preguntó el felino, sin saber qué hacer.
- Acércate. – Le dijo cortésmente al felino café. Malorum55 se acercó, mientras Vanilla le susurraba unas palabras al oído. Él abrió los ojos como plato, quedando boquiabierto.
- Bueno, al final y al cabo dije: "Todo comentario será bien recibido" Nos vemos en el siguiente capítulo. – Dijo Malorum55
- Bueno. Adiós. – Se despidió ella, con elegancia.
- Good bye. – Se despidió el felino. – Guah. No puedo creer que ella haya dicho eso. – Decía él, sobándose las manos sobre la cabeza.
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Bueno, espero que haya sido de su agrado este capítulo. No olviden dejar sus Reviews. Todo comentario será bien recibido. Realmente será bien recibido después de lo que escribí.
Bueno, los veré en el próximo capítulo. Allí habrá dos personajes invitados. Para los que han leído mis anteriores historias sabrán quienes son.
Notas de autor:
* El personaje al que hace referencia Irons, cuando abusa de Vanilla, hace parte del Fanfic "Sesión Con La Encantadora Ladrona, Rouge". Los invito a que lo lean, para que descubran quién es "él".
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Aquí les dejo el Summary de mis próximos proyectos.
Ser Diferente No Era Lo Mejor: Soy diferente a todos los demás. Pienso en ideas que otros ni imaginarían en sus sueños. Soy la burla de todos los que merodean por ser un prodigio. Solo espero que el mañana traiga algo mejor, para mí. Protagonista: Miles "Tails" Prower. One-shot.
¿Se Puede Ser Un Héroe Hasta El Final?: Cuando a nuestro héroe, Sonic the Hedgehog, ve la oportunidad de detener definitivamente la maldad esparcida por el doctor Ivol Robotnik. Pero al hacerlo, su alma caminara por un sendero siniestro. ¿Podrá hacerlo? y si lo hace ¿Podrá volver algún día a ser quien era antes? Protagonista: Sonic the Hedgehog. One-shot.
El Corazón De Una Guerrera: Ellos no me entienden. Piensan que solo estoy obsesionada. Solo deseo que un día, mis padres, puedan ver que el amor que siento es real y no una fantasía. Protagonista: Amy Rose. One-shot.
Recuerdos Que Me Atormentan: Mi mente se pierde a cada instante. Veo imágenes perturbadoras que no están allí. Despiertos en lugares en los que no dormí. Quiero respuestas pero olvido lo que busco. Y, cuando creo encontrarlas, las olvido. La única frase que no olvido por completo es: Who I Am? ¿Quién soy yo? Protagonista: Shadow the Hedgehog. One-Shot.
Un Caso Sin Igual: Somos la peor agencia de detectives y estoy orgulloso de eso. Pero, prefiero que sea así a tener que volver a enfrentarme a un horror sin igual. Un caso… que nos marcaría para siempre, desde lo más profundo de nuestro ser. Protagonistas: Team Chaotix. One-Shot (o no. Todo depende de cómo salgan las cosas).
Venganza Implacable: Lo que parecía ser una simple misión, para Rouge the Bat y la agente Topaz, resulta ser una trampa propiciada por una sombra del pasado de la murciélago. ¿Quién será esa persona que las quiere lastimar? y ¿Cuál es el motivo de tal odio? Protagonistas: Rouge the Bat; Agente Topaz. One-Shot (o capítulos. Todo depende de cómo transcurran los hechos). PD: Los hechos de esta historia son como un capítulo aparte de "Sesión Con La Encantadora Ladrona, Rouge". Así que se les recomiendo leer esa historia antes de esta.
Un Futuro en Crisis: Mi mundo desaparece y aparece a cada instante. Soy el único que lo nota y tengo miedo de no saber qué hacer. Muerte y destrucción es lo único que veo. Y la única pregunta que yace en mi mente es ¿Qué pasará después? Protagonista: Silver the Hedgehog. One-Shot.
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Bueno, espero que los summary hayan llamado su atención. El orden de los factores no altera el producto; así que el orden que aparece aquí posiblemente no sea el de publicación. Todo depende de cual idea me llegue primero a la mente. Lamentablemente, el de Silver si será de último. Así qué mis disculpas a los Fans de Silver.
Bueno, sin más que decir, hasta la próxima. Les deseo a todos un buen día.
