Han sido tres días agotadores, pero por fin todos los demonios y diablesas están fuera de peligro.

Me dejo caer en una silla junto a Rafael.

-No puedo creer que lo hayamos conseguido.

-Sí, estoy agotado. No he trabajado tantas horas desde hace siglos.

Un recuerdo viene a mi mente de repente. En él veo a Zarainur, pero no es él. Tu coloración es oscura. (Bellius.)

Entro en nuestra habitación después de una larga semana de trabajo. Bellius está sentado en el borde de la cama afilando su espada. Desde hace algún tiempo es su pasatiempo favorito.

-¿Cómo te fue?-le pregunto al notar su mirada endurecida.

-Mal, fatal, horrible... elige-lanza la piedra de afilar contra la pared y clava la punta de la espada en el suelo. Yo me estremezco al escuchar ambos golpes-. Esos humanos creen que son los dueños del mundo. Han matado a sangre fría a tres demonios de menos de un siglo. Simples niños. Dicen que están salvando sus almas. ¡Ja! Como si nosotros tuviéramos almas.

Me acerco a él y me arrodillo a su lado, acomodando con cuidado las alas a mi espalda.

-Bellius, sabías que ocurriría tarde o temprano. Sus vidas mortales no les permiten saber la verdad.

-Tendremos que escondernos, Yanin. Podemos aprovechar eso para que se olviden de los ángeles y demonios.

-Es lo mejor.

Deslizo mi mano para acariciar su mejilla. Él me sonríe y se inclina para besarme.

Despierto de la memoria y me levanto.

-¿Qué pasa, Kanda?

-Tengo que hablar con Zarainur de algo importante.

Salgo de la habitación y vuelo hacia el bosque. (Sé dónde encontrarle.) Por el aire voy mucho más rápido que si fuera andando. Sobrevuelo todos los árboles y por fin llego al acantilado sobre el río.

Él está sentado en el borde con una daga ceremonial con la hoja manchada de sangre lanzada detrás. La punta de su cola se retuerce inquieta y sus orejas se mueven hacia mí cuando aterrizo.

-He recuperado los recuerdos como Yanin.

-Y yo los míos como Bellius. Al parecer me conocía demasiado bien y planeé esto para hacernos realmente inmortales cuando ambos nos volviéramos mortales.

Me mostró su mano izquierda. En la palma tenía un largo corte del que manaba sangre plateada.

Me acerco despacio y me siento a su lado.

-Verdaderos inmortales...

-Hasta ahora hemos llamado inmortalidad a una larga vida, pero podían matarnos con facilidad. Ahora nada nos podrá matar.

Nos miramos a los ojos.

-Pero queda algo por hacer, ¿verdad?

-Sí, tengo que hacerte mío durante toda una noche sin descanso.

Trago saliva nervioso, pero consigo sonreír con valor.

-No parece muy desagradable.

Coge mi mano derecha (la que tiene la marca de compañeros) y besa el dorso sin apartar sus ojos de los míos.

-Mi joven y dulce ángel. Estoy deseando corromperte.

Me acerco para besarle y a partir de ahí no podemos parar en el resto de la noche.


El canto de los pájaros me despierta. Parpadeo somnoliento y me froto los ojos con sueño.

-Buenos días.

(La voz de mi compañero es increíblemente ronca a estas horas.)

Le miro sin levantarme de la cama. Está de pie frente al espejo de cuerpo entero a un lado de la habitación. Su cola se mueve de un lado a otro cuando se acerca para sentarse a mi lado.

-¿Cómo estás?

-Mejor que nunca.

(¿Es esto la verdadera inmortalidad? Siento como si pudiera levantar una montaña con una mano y sobrevolar todo el Pacífico sin detenerme. Y el dolor que siento es el más dulce que puede existir.)

Con sus garras juega con un mechón de mi pelo.

-No te has dado cuenta, ¿no?

Sus orejas se mueven y es entonces cuando me fijo en ellas. Son de color negro intenso, pero su pelo sigue siendo blanco puro.

-¿Cómo?

-Al parecer estas son nuestras verdaderas formas. Ni un ángel negro, ni un demonio blanco. Dos seres mezclados para unir ambas razas. Seguramente tus alas tengan plumas blancas.

Me siento rápidamente y convoco mis alas (es un truco que todos los ángeles aprendemos para poder bajar al mundo humano.) Miro rápidamente al espejo y me quedo sin respiración.

Zarainur tiene razón. Varias de las plumas más cercanas a mi espalda y algunas de las más largas son blancas mientras el resto siguen siendo azul cobalto. Es un contraste precioso.

Una de sus manos acaricia las plumas con cuidado.

-No sabía que podía enamorarme más de ti.

Me sonrojo sin poder evitarlo.

-Zarainur...

Su risa es oscura y su beso apasionado.

-Vamos, mis padres querrán conocerte formalmente y tengo que hablar con Dios.

Me dejo ayudar para levantarme y me pongo unos pantalones largos de color gris perla. Zarai se pone unos pantalones negros sujetos con una larga cinta de color blanco y una camiseta gris oscuro de cuello alto y sin mangas (mostrando sus brazos de diferente color.)

Salimos y nos dirigimos al hospital. Todos los ángeles, sin excepción, nos observan al pasar con admiración.

En el vestíbulo nos encontramos con Dios, los siete arcángeles, la madre de Zarainur y un demonio de pelo negro y ojos rojos que creo que es su padre.

Todos se giran para mirarnos.

-¡Zarainur!

La diabesa se lanza a abrazar a mi compañero.

-Hola, mamá.

Con esas palabras de su hijo, ella se aparta y le mira enfadada con las manos en las caderas.

-¿Mil doscientos cuarenta y ocho años y eso es lo único que dices? ¿Hola, mamá? Te he criado mejor, jovencito.

Él solo sonríe y mira al otro demonio.

-Padre.

-Zarainur-le observa atentamente-. Diste tu inmortalidad para traerme de nuevo a la vida, pero sigues siendo inmortal. ¿Cómo?

-Te has perdido mucho, papá. Han pasado muchas cosas en este último año.

-¿Por qué no lo hablamos desayunando?

Todos asentimos a la pregunta de Dios y nos dirigimos a los jardines traseros del hospital, donde ya hay una larga mesa preparada para nosotros. Yo me siento entre Zarainur y Rafael.

Mientras mi compañero pone al día a su padre, Rafael y yo empezamos a hablar sobre las recuperaciones de las diablesas.

-Todas van progresando favorablemente. Estarán recuperadas para finales de año como mucho.

-Eso me alegra-miro un momento a Zarai-. Rafael... ¿crees que tendrías pétalos de luna?

-¿Pétalos de luna? No estoy seguro, tendría que comprobarlo. ¿Por qué preguntas?

-Quiero sorprender a Zarainur.

(Los pétalos de luna son, como dice su nombre, son los pétalos de una flor plateada que solo florece con la luna llena en ciertos lugares del mundo. Sus propiades son tan variadas que nadie ha podido descubrirlas todas desde Yanin. Y por supuesto como yo fui Yanin las conozco sin excepción.)

-Me gusta la combinación de colores en tus plumas.

Miro a la reina de los demonios y sonrío tímidamente.

-Gracias, majestad.

-Llámame Shina. Eres el compañero de mi hijo.

Asiento. Hay un momento de silencio en todas las conversaciones y aprovecho para mirar a mi compañero. Sus orejas ahora negras se mueven hacia mí y se gira para sonreirme.

-¿Reencarnaciones de los primeros líderes de los ángeles y los demonios? ¿Mi hijo y su compañero fueron Yanin y Bellius?

El brillo en los ojos del rey no me gusta para nada. (Su sonrisa oculta demasiadas cosas.)

En un microsegundo Zarainur está frente a él con un cuchillo largo contra su cuello.

-Te lo advierto: te devolví a la vida con la condición de que serías un mejor rey y te preocuparías más por tu pueblo. Te estaré vigilando de cerca y no me temblará la mano si tengo que cortarte el cuello.

Mi compañero vuelve a su asiento, pero deja el cuchillo junto a su plato. Arqueo una ceja y muerdo una manzana sin preocupación (le conozco bien.)

-¿Matarías a tu propio padre?

-¿No he matado a mi hermano?

Le doy la mitad que queda de la manzana y él la acepta.

-Pareces muy tranquilo para lo que acabas de ver, Kanda.

-Es mi compañero y le conozco desde hace milenios. He aprendido más de anatomía con él que en clases.

Los arcángeles tragan saliva. La risa musical de la reina de los demonios interrumpe el silencio.

-El digno compañero de un príncipe demonio. Y pensar que sería un ángel...

Zarainur parpadea.

-Es verdad... Tú lo sabías desde un principio. Sabías que mi compañero sería un ángel.

Shina niega con la cabeza.

-Solo sabía que tu compañero debía estar junto a ti cuando te enfrentaras a tu hermano, pero nada más. Oh, sí, hay algo más: que sería la persona perfecta para tí. Tu completo opuesto que te complementara-sonríe (me recuerda a la sonrisa de su hijo.)-. Me alegro mucho por ti, Zarainur.

Mi compañero también sonríe.

-Gracias, mamá.

Terminamos el desayuno en silencio, incómodo por parte del rey demonio. Zarai y yo nos despedimos del resto para dirigirnos de nuevo al acantilado.

-¿Qué quieres hacer a partir de ahora?

(Su pregunta me sorprende.)

-¿Qué significa eso?

-Podemos quedarnos en los infiernos y en el Paraíso o podemos bajar de nuevo al mundo humano. Haremos lo que tu quieras.

Me mira esperando la respuesta y sus ojos plateados brillan con la luz del sol.

(¿Depende de mí? ¿De verdad me dejas elegir?)

-Hace tiempo me dijiste que fuera a ti cuando tuviera mi deseo, que me notabas confuso. Mi deseo es estar junto a tí, no me importa dónde.

Su sonrisa es dulce y su beso cariñoso.

-Te quiero, Kanda Yuu. Mucho más de lo que puedes imaginar.

-Creo que sí puedo imaginarlo. Porque es lo mismo que siento yo.

Me abraza contra su cuerpo y juntos observamos el horizonte.

(Nuestra nueva vida está por comenzar.)


Siento haberme retrasado con el capítulo, pero estaba un poco triste con el homenaje a mi abuelo y no me sentía con ganas. Y pensar que hace ya ocho años que murió...

En fin, lo dedico a él con todo mi cariño y espero que pueda ver que su legado escritor sigue en la familia. ¡Te quiero, abuelo!

Naraya