Bueno, amigos y amigas, aquí les traigo el quinto capítulo. Ya solo faltan dos a tres capítulos para él final. Bueno, sin más que decir… "A leer"

PD: Habrá referencias a Diary of Flames y Sesión Con La Encantadora Ladrona, Rouge.


Capítulo 05: Redención Ganada Y Una Hermosa Luz Nace

La "nada". Solo vi un vacío infinito que me rodeaba. Ni luz ni oscuridad se podían distinguir en ese lugar. Parecía el cielo o el infierno, o ambos a la vez. Quería huir pero… "¿A dónde iría?"

- Todo esto es lo que merezco. – Me dije a mí misma, sin dejar de llorar. En ello, sentí un brillo iluminar el lugar, cegándome. Cuando mis ojos se adaptaron a la luz, pude vislumbrar una belleza casi inenarrable. Estaba viendo la bastedad del universo con sus estrellas, literalmente. Notaba que mi cuerpo parecía flotar encima de todo ese lugar.

- Esto es… imposible. – Dije, sin dejar de estar sorprendida. Comencé a caminar con temor. Cada paso que daba lo hacía con delicadeza. Tenía miedo de caerme, terminando en otra galaxia. Pero, rápidamente me di cuenta que no importara donde colocara el pié, no caía. Era como si hubiera un piso invisible debajo de mí. – Aun así, ¿A dónde voy? – Dije, mientras sollozaba un poco. Casi inmediatamente, como si contestaran a la pregunta que me dije, una línea se formó en el "suelo". "Parece que quieren guiarme a Dios sabe dónde" Pensé, mientras comenzaba a seguir la línea.

Caminé cientos de metros y metros… y muchos metros que se convirtieron en kilómetros, pero nada pasaba. Ya sentía que llevaba días caminando, pero no sentía hambre o dolor en mi cuerpo. "Acuérdate que estas muerta" Sentí que dijo mi subconsciente, y era verdad. Cuando sentí que al fin me iba a dar por vencida llegué a unas puertas de madera desgastadas, que tenían muchos símbolos de diversos tipos tallados sobre sí. Traté de empujarla, pero no cedió. Noté una pequeña grieta y vi a través de ella, a pesar de que estuviera levitando sobre el universo mismo. Pero, me sorprendí de que detrás de estas puertas se vieran un camino de tierra arrido y sin vida. Noté que, muy a lo lejos (casi como a kilómetros de distancia), había algo sentado. No sabía cómo podía verlo, a tal distancia, pero lo veía casi tan nítidamente. En ello, La grieta por donde veía esto se cerró. Me asusté y me separé de la puerta. Vi como varios de los símbolos tallados cambiaron a unas frases que podía leer en mi idioma, las cuales eran: "Esta puerta no está destinada para ti. Por favor, continua con tú camino". Casi inmediatamente, como si fueran una orden, obedecí lo que me pedían. Seguí la línea de luz y caminé… y caminé hasta más no poder. Cuando (otra vez) sentí que ya no podía más, unas imágenes aparecieron flotando, formando casi un pasillo al lado de la luz. Vi las imágenes y eran… mías. Eran todos esos momentos de mi vida desde una perspectiva de tercera persona. Me veía a mí misma, como si me estuvieran grabando una cámara. Noté que unas de las imágenes proyectadas ocurrían en un hospital. Allí estaban mi padre y mi madre.

- ¿No es lo más hermoso que hayas visto en la vida? – preguntó mi padre, con una cara de orgullo.

- Por supuesto. Ella es muy hermosa. – Dijo mi madre, quien me sostenía con delicadeza. "Es el día de mi nacimiento".

Seguí caminando, viendo todas las imágenes proyectadas. Veía mi vida pasar rápidamente. Mi niñez y mi juventud. Notaba mi crecimiento y mis cambios de prendas. Aunque cambiaban los colores, la moda de usar vestido era casi la misma. "Era como me sentía cómoda… antes de cambiar súbitamente". También vi como ayudaba desde muy pequeña en la cafetería.

- Yo trabajaré duramente para que ustedes no tengas que hacerlo. – Vi decirme, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras le entregaba café a una de las mesas. Vi como el señor se agachaba un poco, recibiendo la taza.

- Ese es un sueño muy bonito. Se nota la fortaleza en ti. – Dijo, mientras comenzaba a tomar sorbos de su taza. "No tuve suficiente fortaleza para enfrentar al dolor" Pensé, al recordar ese día horrible.

- Gracias. – Vi responderle. Dejé de ver la imagen y seguí mi camino, viendo las demás proyecciones.

Llegué al momento en el que hablé con importancia a Milton y los hechos después de eso. Esos momentos en los que me aterraba verlo en la cafetería, pensando que les contaría algo malo a mis padres. Vi ese momento en el que me salvó la vida de la locura Dunkel, y el momento en el que lo aceptaba. Vi las pequeñas citas que tuvimos, aunque no fueron en sitios tan decentes. Seguí caminando, pero me detuve al ver el día en el que Milton trató de abusar de mí. Vi cómo me colocó el trapo en mi nariz, dejando mi cuerpo inconsciente. Noté como le suplicaba casi en susurro y él no me escuchaba, terminado de drogarme. Él manoseaba mi cuerpo y lo besaba con locura.

- Realmente eres hermosa. Hermosa en todos los aspectos. Lo único que necesitas es saber obedecerme. – Comenzó a decir, mientras se quitaba su ropa interior, quedando desnudo. – Sé que suena estúpido pero... tú te lo buscaste. – Decía, mientras sus manos parecían temblorosas y se ponía encima de mí. – Sé que te dolerá cuando te despiertes. Sé que me odiaras pero tarde o temprano te acostumbraras a mi modo de vida. Por mucho que tú trates, no puedo cambiar lo que soy. – Decía con un tono de locura. Noté como comenzó a acomodar su miembro en mi intimidad. – Lo siento. – Dijo, pero no lo vi moverse. Él solo se quedaba con la mirada fija. – ¡Eres un maldito idiota! – Gritó, mientras se separaba de mí, tirándose en el suelo. – ¡La única chica que has amado de verdad y lo arruinas todo! ¡Realmente eres un completo e imbécil dumd (tonto)! – Gritó, mientras sollozaba. Sentía felicidad al ver con mis propios ojos como fue que él se detuvo ante sus malos actos. Él no creía que estaba cambiando pero, desde lo profundo de su ser, si lo estaba logrando. No necesitaba ver más y seguí mi camino. Vi como mi vida cambió más desde ese momento. Vi mi cumpleaños, con las alegrías y dolores que trajo ese día. "Realmente no sé quiénes son esas tres personas con trajes tan elegantes". Pensé, mientras soltaba una carcajada, al ver los atuendos de Dunkel, Dekker y Dagmar. Luego de eso, seguí caminando y vi esa noche especial. La noche en la que estuve con Milton por primera vez. Vi como nuestros cuerpos se rozaban suavemente. Recordaba ese calor increíble que recorría mi cuerpo.

- Argh. – Escuché decirme, mientras unos gestos de dolor se vislumbraba en mi cara. Milton se detuvo y me veía con culpa.

- Lo siento. Creo que lo mejor es que me deteng…– Comenzó a decir, pero vi como lo interrumpí dándole un beso en los labios.

- No quiero que te detengas. No ahora. Sigue, por favor. – Le decía, mientras lo abrazaba fuertemente. Él siguió lentamente, mientras una sonrisa se vislumbraba en nuestros rostros. "Fue muy delicado conmigo en todo momento". Yo sentía que me sonrojaba al ver esto. Seguí mi camino y notaba las muchas ocasiones "intimas". Pero de verdad fueron muchas. Creo que la expresión: "Hacerlos como conejos" si cabía en el contexto. No podía creer, y a la vez sí, todas esas veces que estuve con Milton, en diferentes lugares. En un pequeño bosque, acostados sobre una lona grande en donde cabíamos perfectamente. En una linda playa, a muchos kilómetros de la ciudad. Recordaba ese día con mucho susto y gracia.

- Oh, vamos. No hay nadie cerca. Mientras más lo pienses más tiempo perderemos. – Decía con las manos juntas, suplicándome. Veía como soltaba unos suspiros ante las peticiones lujuriosas de él.

- Milton, "por mucho que quiera hacerlo aquí"… – Dije sarcásticamente. – Voy a tener que responderte que no. – Le terminé de decir, viéndolo seriamente. Me coloqué las gafas de sol y me acosté de espalda, para bronceármela un poco. En ello, vi como Milton se colocó sobre mí, acomodándose indebidamente. – Milton, no hagas lo que pienso que vas hacer. – Le dije de manera amenazante.

- Lo siento. No puedo resistir. – Terminó de decirme, mientras comenzaba a moverse. Vi como agarré la toalla, en la que estaba acostada, con fuerza. – ¿Quieres… que me… detenga? – Me preguntó Milton jadeando. Noté como me quité las gafas y le mostraba una sonrisa.

- Ya… comenzaste. Si no terminamos… sería algo muy tonto. – Vi cómo le respondí, jadeando como él. Durante muchos minutos fue así, sin detenernos. Luego, Milton se movió rápido, hasta que se detuvo de golpe. Sin embargo, la sonrisa en mi rostro se borró súbitamente. Esa sonrisa fue remplazada por un gesto de terror. Veía como mi pelaje palidecía un poco. Vi cómo me levanté rápidamente y, abriendo mi mano derecha, le daba una bofetada en la cara a Milton.

- Eres un idiota. – Le decía, con un poco de rabia en mi tono de voz.

- Lo sé. Lo sé. Tú no querías, pero no pude resistirme a tal belleza. – Decía de manera burlona.

- ¡No es eso, idiota! ¡Pensé que estabas usando protección! ¡Has terminado dentro de mí! – Le gritaba, mientras me dirigía al mar y allí me limpiaba.

- ¿Cuál es el problema? Dijiste que ibas a ir al ginecólogo para que te dijera cuales píldoras anticonceptivas podías usar, ya que las que comenzaste te hacían sentir mal. – Decía él, sin dejar de esbozar su sonrisa. Sin embargo, veo como me acerco a él y lo veo con una mirada de culpa.

- Olvidé decirte que el médico me dijo que soy alérgica aun químico que traen "TODAS" las píldoras. – Terminé de decirle, viendo como su sonrisa desaparecía. Él, al igual que yo, palideció al escuchar mis palabras. Él comenzó a sobarse las manos sobre la cabeza. Vi como "yo" soltaba unos sollozos.

- Lo siento. Lo siento tanto. – Me pedía disculpas Milton, abrazándome y acariciándome la cabeza. – Pase lo que pase, yo estaré aquí para todo. – Me dijo con una gran sonrisa. – Si tengo que cuidar a nuestro hijo o hija, para que tú cumplas tus sueños,… lo haré con gusto. – Decía, con una gran sonrisa. Vi cómo se la devolví, mientras acomodaba mi cabeza en su pecho.

- Veo que ya te has hecho la idea de ser padre. Hasta te creería si ya tienes un nombre preparado. – Le dije de manera burlona.

- Si es niña, lo tengo ya listo. – Dijo con orgullo.

- En serio. ¿Cuál es? – Le pregunté, viéndolo a los ojos.

- Dejemos que sea una sorpresa. – Dijo, sin dejar de sonreír. Vi cómo me separé de él, dirigiéndome a la moto. Noté como cogí las llaves de esta y me dirigía a la playa. – Vanilla, no hagas lo que pienso que vas hacer. – Decía Milton un poco asustado.

- Oh, mira. Un deja vú. – Le respondí, mientras comenzaba a correr. Milton me persiguió, pero fue tarde. Para cuando me alcanzó, yo ya había lanzado las llaves al mar.

- ¡Estás loca! – Gritó, mientras se metía en la playa y comenzaba a buscar el objeto en toda la bastedad del océano.

Unas pequeñas carcajadas salieron de mí. Recordaba que, después de eso, nos tocó de irnos en un auto remolcador. Milton nunca pudo encontrar las llaves. Luego de eso, seguí mi camino, por el sendero de luz. Seguía viendo los días que le siguieron a ese. Vi esos días en lo que estaba asustado. No me sentía lista para ser madre. Lo bueno fue que solo fue un susto grande, pero la experiencia quedó. También vi el día en el que me fui a la ciudad de Soleanna, en la nación de Soleanna. Una nación que siglos atrás le pertenecía a Spagonia, hasta su independencia. Vi como Milton me sorprendió con ese bello gesto, siguiéndome. Vi cómo, durante la semana, disfrutábamos de la linda arquitectura y antigüedad de la ciudad en el día. Durante la noche… ese era otro cuento.

- Ya… no puedo… más…– Vi decirme jadeando en la habitación del apartamento. Sin embargo, Milton empezaba a acariciarme. Traté de detenerlo, pero fue inútil. No tenía fuerza suficiente.

- Te dije que no te dejaría dormir. Ya solo me quedan cuatro días. No voy a desaprovechar ni un solo segundo. – Dijo, mientras se ponía en movimiento de nuevo.

- ¡O me dejan participar o ya terminan de una maldita vez! ¡Quiero dormir! – Gritó Menly, mientras entraba en la habitación, denotándose enojada. Ella nos veía, pero no parecía sorprendida al vernos.

- Hey Menly, ya que tú estás aquí ¿hacemos un trio? – Sugirió Milton, con una sonrisa lujuriosa.

- ¡No! – Gritamos Menly y yo al mismo tiempo. En eso, ella salió de la habitación y cerró la puerta de golpe. Milton continuaba y no se detenía. Quería dormir pero ¿Cómo podía decirle que "no" a tal placer?

- Milton, por favor. Ya no puedo respirar. – Le pedí en suplica. Milton se detuvo y me vio con culpa.

- Lo siento. Debo recordar que para todo hay límite. – Me dijo con una sonrisa.

- Te entiendo. Solo déjame descansa horas, para poder continuar. – Le dije, devolviéndole la sonrisa.

- ¡Que sean 4 horas! – Escuché gritar a Menly desde su habitación.

- Cuatro son más que suficiente. – Dijo Milton, mientras arropaba nuestros cuerpos con las sabanas. Yo le di un beso, durmiéndome casi en el acto.

Seguí mi camino y vi todo lo que hice durante ese año de trabajo, o pasantía. "Todo ese trabajo duro… que se fue al carajo" Pensé y así fue.

- Me pregunto si Menly tan siquiera se preocupó por mí. – Me pregunté a mí misma. Menly y yo no es que fuéramos muy amigas, pero nos conocíamos bien. Incluso pelearíamos si solo quedaba un cupo para el trabajo. Pero eso ya no importaba. Seguí mi camino y llegué al día en el que volví al país. Esos días en los que disfruté el reencuentro con mi familia, amigos y Milton. Esos días en donde mi único dolor de cabeza era ver cómo aprovechar el tiempo. Y, sin darme cuenta, llegué al día en el que morí la primera vez. "Cuando morí en alma"

- Ya estas gritando cuando lo peor aún no ha llegado. – Escuché la voz de Irons decir en una de las proyecciones. En ello, no aguanté el dolor y comencé a correr. Trataba de no ver todos esos días en los que solo deseaba morirme. Días en los que perdí la fe de que Milton llegara a salvarme. No quería ver nada de eso. Ya lo había sentido, pero no quería verlo. Aun cuando ya había pasado las imágenes en los que Irons abusó de mí, yo seguí corriendo. Noté que ahora pasaba por esas imágenes proyectadas de cuando yo caí en el abismo de la perdición. Vi, por el rabillo del ojo, caer bajo en todos esos vicios a los cuales era reacia de aceptar. Me tropecé y, viendo tres imágenes al mismo tiempo, vi como fumaba, tomaba y me inyectaba. Cerré los ojos y comencé a correr más rápido. No me importaba si ya no seguía la línea. No quería ver nada, pero escuchaba mi voz desquiciada.

- ¡Dame, necesito más! – Escuchaba gritarme en uno.

- Si no traes lo que te pido, veré con quien lo consigo. – Escuchaba como decía estas palabras con un tono de amenaza.

- Por este cuerpo me pagaran lo que les pida. – Decía con un tono de lujuria.

Coloqué mis manos en mis oídos y traté de no prestar atención a nada de lo decía o, mejor dicho, dije antes.

- ¡Vuelve! ¡Por favor vuelve! – Escuché la voz de Milton, que me detuvo en el acto. Vi esa imagen de él proyectándose. Lo vi abrazando mi cadáver, mientras no dejaba de llorar.

- Me temo que debo pedirles que despejen el área. Vamos a llevar el cuerpo a la morgue para la autopsia. – Dijo el médico que trató de salvarme la vida.

- No pueden. No ven que solo está dormida. ¡Si hacen eso la mataran! – Gritó Milton, sin dejar de aferrarse a mi cuerpo. Vi como Dekker y Dunkel lo separaron de mí. Vi como el medico cogió uno de mis brazos y, bajando las mangas de mi blusa, se denotaban los diferentes puntos donde había incrustado las jeringas.

- La ley nos permite hacer la autopsia a aquellas personas en las que se denotan adicciones. – Dijo el médico.

- ¿Cómo sabes que no son por alguna medicina? – Dijo Milton con rabia. En ello, el medico alzó uno de mis labios y señaló una parte de mi dentadura.

- Estas manchas son más que obvias. Suficiente para respaldar la acción. Además, en una hora tendremos los resultados de sangre. – Dijo, viendo a Milton seriamente. – Llévensela a la morgue. – Ordenó seriamente a los enfermeros, que obedecieron rápidamente. Vi como Dunkel y Dekker sostenían con fuerza a Milton, que gritaba y se movía bruscamente. Cuando mi cuerpo desapareció de la vista, vi como Milton cayó en lágrimas.

- Lo siento, Milton. – Dijo Dagmar con los ojos llorosos. – Debimos tratar de ser más firmes. Pero tú, como nosotros, teníamos miedo de que empeoráramos las cosas. Ella estaba mal y nosotros solo dejamos la herida abierta, pensando que era lo mejor. – Decía Dagmar, llorando.

- Todo es mi culpa. Lo he perdido todo. – Dijo, mientras las lágrimas caían de sus ojos al piso.

De repente, la imagen desapareció. Miré hacia atrás y vi como todas las imágenes proyectadas desaparecían. Ya no había nada. Incluso la luz proyectada en el "piso" desapareció. Había llegado al final del camino. Miré hacia el frente y pude vislumbrar unas enormes rejas doradas. Eran tan largas que no podía ver donde comenzaban ni donde terminaban. Vi como cientos de personas caminaban a lo lejos, entrando por ese lugar. Comencé a caminar, acercándome poco a poco. Cuando sentía que ya me estaba acercando a toda la multitud, me detienen de ambos brazos.

- ¿Tú que haces aquí? – Escuché decir del lado izquierdo. Giré mi cabeza y vi que quien me sostenía era una felina lavanda. Ella portaba un bello vestido largo de color blanco, con diversos símbolos bordados en él.

- Es cierto. Aun no es tú momento. – Escuché decir del lado derecho. Giré un poco mi cabeza y pude ver que se trataba de una Pegaso de pelaje blanco, con cabello azul. Su atuendo eran unos pantalones blancos, con una blusa del mismo color pero con un corazón en el medio. Tenía unas gafas de vuelo sobre su cabeza; Y, al igual que la felina, en su ropa se encontraban bordados diferentes símbolos.

- ¿Qué quieren decir? Vi mi propia muerte. Vi como fue el final de mi vida. – Les dije con dolor.

- Todo comienzo tiene un final. Todo final tiene un comienzo. Puede que ese no sepas cual es cual. – Dijo la felina con una sonrisa en su rostro.

- No eres la única que llega aquí. Otros, como tú, llegaron y se fueron por donde vinieron. – Dijo la Pegaso, colocando su brazo sobre mis hombros.

- ¿Quiénes…? ¿Qué son ustedes? – Les pregunté con temor.

- Solo somos amigas que quieren ayudar a otros en nuestro tiempo libre. – Me respondió la felina.

- El cual es toda la eternidad, si lo piensas bien. – Dijo la Pegaso con una expresión pensativa.

- Ese ahora no es el punto. El punto es ayudarla a que vuelva al mundo terrenal. – Dijo seriamente la felina, acercándose a mí.

- ¿Te refieres a volver a la vida? ¿A volver a sentir dolor y sufrimiento? – Dije, alejándome un poco de ellas.

- El mundo no solo tiene esas sensaciones. – Dijo la Pegaso.

- Para mí sí. Es todo lo que mi mente siente. No quiero volver a sentir esas cosas perturbándome. Ya no hay nada por que luchar y volver. Lo he perdido todo. – Dije, soltando lágrimas de mis ojos.

- ¿Qué pasa con Milton? ¿No quieres volver a verlo? ¿No quieres volver a estar a su lado? – Me preguntó la felina lavanda, notándose los ojos un poco llorosos.

- Es que… no quiero seguir sintiendo dolor. Ese dolor, y ese miedo, me corroen por dentro. – Les dije.

- Te entendemos completamente. – Dijo la Pegaso, secándose unas lágrimas de sus ojos. – Ese dolor que te enloquece y te hace pensar en las peores cosas. Ese dolor que te transforma en lo que más odias. – Decía, mientras de sus ojos brotaban más lágrimas. – Mírame, Flames. Teóricamente hablando, estoy aquí para ayudarla y ahora soy yo la que necesita ayuda. – Dijo soltando unas carcajadas, mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos.

- No te preocupes, no es malo mostrar lo que sientes, Sapphire. – Le dijo la felina a la Pegaso, con una bella sonrisa. – En fin. Aunque la decisión está en tus manos, nuestra misión es guiarte a que tomes la indicada. Pero antes de comenzar, síguenos. – Terminó de decir la felina, mientras caminaba hacia las rejas doradas. Yo las seguí, sin nada más que hacer.

Noté que estábamos a muchos kilómetros de la entrada principal, alejados de todas esas almas que habían ganado el derecho a entrar. Veo y noto que detrás de las rejas había una especia neblina blanca. Veía a cientos de personas y criaturas entrar a ella, pero sus siluetas se perdían rápidamente. Sin embargo, donde yo estaba, vi como entre la niebla se vislumbraban dos siluetas que se acercaban poco a poco. Cuando su imagen se aclaró, no pude contener el llanto.

- ¡Mom! ¡Dad! – Grité de alegría al verlos, mientras ellos comenzaban a correr. A pesar de la reja en medio de nosotros, mis padres lograban abrazarme. Ellos, al igual que yo, no paraban de llorar.

- Oh, mi preciosa Vanilla. – Decía mi madre, dándome muchos besos. – Ha pasado tanto tiempo; o poco. Ya ni siquiera sé. – Dijo ella, soltando una carcajada.

- Dulzura, lamento no haberte protegido. Desearía haber sido más fuerte. – Decía con un tono de melancolía en su voz.

- No te preocupes, Dad. Ya estaremos juntos en unos minutos. – Le dije con una gran sonrisa, pero él ni mi madre me la devolvieron.

- Cariño, te falta mucho por vivir. – Dijo mi padre, comenzando a soltarme.

- Sabemos que escogerás lo mejor para tú futuro. – Dijo mi madre, también separándose de mí. Sentí terror al ver como comenzaba a caminar de vuelta a la niebla, tomados de las manos.

- ¡No se vayan! ¡No quiero perderlos de nuevo! – Les gritaba, pero ellos solo me miraban con una gran sonrisa, mientras las lágrimas brotaban de los ojos de ambos.

- Nosotros nunca te hemos abandonado. Siempre estaremos en ti. Adiós, Vanilla, Te amamos con todo el corazón. Te esperaremos con ansias. – Fueron las últimas palabras dichas por ellos, antes de que sus siluetas desaparecieran en la neblina. Miré a la felina y a la Pegaso, las cuales tenían los ojos llorosos. No sabía si agradecerles o todo lo contrario.

- Supongo que ya vamos a hacer lo que sea que tengamos que hacer, ¿Verdad? – Les dije, mientras me levantaba del suelo y me secaba las lágrimas.

- No. Aun debes ver a otras personas importantes. – Me respondió la Pegaso, señalándome de nuevo la niebla. Vi como cuatro figuras se vislumbraban rápidamente. Eran una vaca antropomórfica, un señor hiena antropomórfica, un camaleón femenino, de color rojo, antropomórfico y una humana. Cada uno se acercó a mí y, susurrándome algo en el oído, no podía creer lo que me decían. Cuando terminaban, volvían a la niebla, desapareciendo en el acto. Me habían pedido que, si decidía volver a la vida, dijera esas palabras sus seres queridos.

- Ahora sí, vámonos. – Dijo la felina lavanda, levantando la mano. Vi como un aura de fuego nos rodeó. A pesar de estar rodeada por las llamas, no sentía miedo. Esas llamas eran totalmente hermosas. Cuando las llamas se disiparon, vi que nos encontrábamos en un lugar que yo conocía bien. Estábamos en uno de los antiguos cuartos de motel en donde residí, junto con Milton y lo demás.

- ¿Qué hacemos aquí? – Les pregunté temerosa. Ellas me miraron seriamente, sin decir nada. De un momento a otro, vi como Milton me obligaba a entrar a la habitación.

- ¿Qué te pasa? Ni que hubiera hecho nada malo. – Vi que le decía con rabia. Él me miraba con decepción.

- Nada malo. Golpeaste a ese farmacéutico y querías robarle esas pastillas. ¿Eso no te parece nada? –

- Si consiguieras drogas más fuertes, no tendría que hacerlo. – Le respondía de mala gana.

- Vanilla, han pasado cuatro meses y te entiendo. Entiendo que aun sufras mucho. Pero, ¿Cómo crees que reaccionarían tus padres si te vieran ahora? – Preguntó con un tono de sufrimiento. Yo, sin embargo, vi como lo comencé a estrangular, colocándole mis manos en su cuello. No podía creer lo que había hecho en aquel entonces.

- Mis padres están muertos. Jamás sabré que pensaran de las cosas que hago porque están totalmente muertos. – Le decía con locura. Milton logró zafarse de mí, mientras comenzaba a toser. Yo lo seguía viendo con rabia, pero me alejé de él. Noté como me acerque a la mesa de noche y, cogiendo unas escrituras religiosas, comencé a destrozar el libro. – "Mientras tengas fe en mí, nada te pasará". Ha ha, no me hagas reír. El lavado de cerebro más grande en la historia. – Decía, mientras tiraba lo que quedaba del libro al suelo. En ello, vi como caí en llanto. Milton, al terminarse un vaso de agua, trató de acercarse a mí.

- Vanilla, todo estará bien. – Dijo para tratar de subirme el ánimo.

- No debes decir mentiras. Nada estará bien. Nada. – Decía con los ojos llorosos. Vi como comencé a quitarme la ropa, quedando desnuda. – Te necesito. Necesito estar contigo ahora mismo. – Le dije en suplica. Él me miró directo a los ojos y con resignación aceptó. Se quitó la ropa y, cuando se colocó el preservativo, se tiró a la cama. Yo me tiré encima de él y comencé a moverme agitadamente. Veía que en la mirada de Milton solo había culpa. Creía que lo que hacía estaba mal.

- Por favor, Ya no quiero ver más. – Les pedí a la felina y a la Pegaso. Ellas casquearon los dedos y el lugar cambió. Yo las miré con rabia, porque pensaba que no estaban ayudándome. – Ustedes no saben lo que sufrí. No sé si pueden entender la razón por la que no quiero volver. – Les dije con tristeza. Vi como la Pegaso miraba hacia el suelo, empuñando las manos.

- ¿Cuantos días fueron? – Me preguntó seriamente, alzando la mirada.

- 7 días. – Le contesté secamente. Ella me miró y esbozó una sonrisa, dejándome confusa.

- Para mí fueron 38 malditos días. – Dijo, sin dejar de sonreír. Pensé y rápidamente deduje quien podía ser. A pesar de que mi mente en esos días no era la mejor, podía recordar las conversaciones de Iron con sus compañeros.

- ¿Tú eres la Pegaso… de la que habló Irons? – Le pregunté sorprendida. Ella asintió y yo quedé pasmada. De todas las personas con las que me pude encontrar… me encontré con ella. – ¿Cómo fue? – Era la única pregunta que se me venía a la mente.

- Perdí la fe en todo lo que me rodeaba. Perdí mi cordura y mi razón. Ya no tenía voluntad de vivir. Me volví loca cuando me dijeron que dentro de mí yacía una criatura creciendo lentamente, y uno de los que me hizo daño era su padre. En aquel entonces, mi único deseo era arrancármelo y no me importaba morir en el acto. – Vi como ella abanicó sus alas. El viento fue tan fuerte que tuve que cerrar mis ojos. Al abrirlos, me encontré en un lugar desconocido. Vi a mi alrededor y la vi. Vi a la misma Pegaso, pero cinco a seis años más joven. Usaba una vestimenta vulgar, haciéndola parecer una prostituta. La vi pidiendo dinero, denotándose en sus ojos locura.

- Ya falta poco. Unos dólares más y podré quitarme esta porquería. – Decía ella, agarrándose con fuerza la barriga. Yo no podía creer que esa fuera la misma Pegaso con la que estaba hablando.

- ¿Qué pasó luego? – Le pregunté, queriendo saber todo.

- Cuando estás al borde del abismo habrá gente que te empuje o te de la mano. A mí me dieron la mano. Un fantástico hombre que me salvó de cometer la locura más grande. Un hombre que no solo me salvó a mí, sino a otros que me rodearían después. – Ella volvió a abanicar sus alas, cegándome con el vendaval. Al volver a abrir mis ojos, me encontré en un mejor lugar. Veía como ella, con los ojos llorosos, cargaba en sus brazos a una pequeña murciélago, de no más de un mes de nacida. Noté como un panda antropomórfico salió de una tiendo llamada el Dragón de Jade.

- ¿Ya se fue? – Le preguntó a la Pegaso. Ella lo miró con una sonrisa.

- Sí, ya se fue. Nos desea lo mejor para nuestra vida. – Dijo, mientras meneaba lentamente a la bebé que yacía en sus manos. – Él dijo que lo volveríamos a ver cuándo menos lo esperáramos. – Terminó de decirle, mientras el panda volvía adentro de la tienda. – ¿Quién es la más hermosa gema que existe? Eres tú, mi pequeña Rouge. – Decía en tono chistoso, mientras la pequeña bebé se alegraba. En ello, la imagen proyectada desapareció.

- Yo no puede decir que sufrí como ella… – Comenzó a decir la felina. – Pero cuando perdía a mis padres, el dolor fue enorme. No lo aceptaba para nada. Dudaba de que fuera verdad. Luego, por poco perdí al chico que amaba. Cuando creí que las cosas iban bien, una guerra se inició. Vi a mi hermano y a mi novio marchar a la guerra, mientras dentro de mí una nueva vida comenzaba a crearse. Tuve a mi hija y tenía miedo de que su padre no volviera. Pero el siempre volvía. Volvía por nosotras, ya que nos amaba. A pesar de que morí y puedo ver mi hija, me duele no poder hablarle y sentirla. – En ello, una imagen se proyectó. En ella, había una pequeña felina casi idéntica a la que me hablaba. Esa niña no parecía tener más de 8 años. Ella miraba en el suelo un montón de recortes de periódicos. Vi como la pequeña felina los veía con tristeza, sobándose los dedos en la parte izquierda de su frente. Vi como Flames se acercó a ella y trató de acariciarla, pero su mano la traspasaba como un fantasma.

- Yo también perdí esa oportunidad de estar al lado de mi hija y daría todo por volver a sentirla. – Sapphire abanicó sus alas, cambiando la imagen. Vi a una murciélago de entre 10 a 12 años, luchando contra tres soldados de G.U.N.

- ¡Vuelve a decir eso y te mato! – Gritó la murciélago, que no paraba de golpear a los soldados. Veo como ella es detenida por una chica de al menos entre 20 a 22 años.

- Solo le dije que su madre debió ser muy linda y que me hubiera encantado salir con ella. – Dijo un canino antropomórfico. En ello, vi como un oficial de mayor rango llegaba al lugar y, ordenando firmemente, los mandaba a todos los presentes al calabozo por una semana.

- Mi hija no permite que me nombren en broma. Eso la ha metido en muchos líos, pero ella siempre está feliz de defender mi nombre. Ella aún tiene pesadillas con las cosas que me hicieron. – Terminó de decir Sapphire con tristeza.

- ¿Por qué hacen esto, si les duele tanto? – Les pregunté.

- Si te permitieran volver a ver a tus seres queridos y hablarles en sus sueños, ¿lo harías? – Me preguntó la felina lavanda, mostrándome una sonrisa.

- Sí. – Le contesté rápidamente.

- Nos permitieron tener esta labor por esa recompensa. Quería darle este trabajo Ferdinand, pero él se negó. Quería que yo siguiera protegiendo a nuestra pequeña y tierna Blaze. – Dijo, mientras unas lágrimas caían de sus ojos. – Ya es hora de que vuelvas. – Terminó de decir, alzando la mano y haciendo que del suelo brotaran unas llamas. Al terminar, me encontré en la morgue donde yacía mi cuerpo sin vida. Estaba en medio de la sala, siendo observada por un grupo de jóvenes.

- Bueno, jóvenes. Hoy les voy a mostrar cómo se hace una autopsia. Lo primero que deben hacer es…– Decía el que parecía ser el instructor, dándole instrucciones a sus alumnos.

- El momento final está viniendo. Es hora de que decidas. Vivir o morir, tú eliges. – Dijeron Sapphire y Flames seriamente. Vi como mi cuerpo comenzó a brillar en un aura amarilla, pero nadie parecía notarlo. Yo no sabía que hacer o elegir. No quería volver a sentir dolor. Noté como esa aura que rodeaba todo mi cuerpo comenzaba a desaparecer. Solo quedaba un pequeño círculo rodeando mi barriga.

- Ha llegado el final – Dije en susurro, viendo como Flames y Sapphire se mantenían serias.

- ¡No la maten! – Escuché gritar, viendo que quien lo hacía era Milton. Él entró súbitamente y, viéndolos a todos, se aferró a mi cuerpo. – No permitiré que le hagan daño. No pude salvarla una vez y no permitiré que pase de nuevo. – Decía el firmemente, mientras los guardias entraban a la sala. Él acercó su rostro al mío y besó los labios de mi cuerpo. – Aun te siento aquí. Solo debes volver… porque te amo y te necesito. – Terminó de decir, mientras sus lágrimas caían en mi rostro.

- Dime Vanilla, ¿No vale la pena volver por él? – Comenzó a decirme Flames, agarrándome de mis brazos.

- ¿Acaso no vale la pena luchar por ese amor que brota de él? – Dijo Sapphire, señalándome a Milton.

- Tengo miedo. – Dije con miedo, mientras caía en llanto.

- No es malo tener miedo. Todos tenemos miedo de las cosas que puedan pasarnos, pero al estar junto a otros que nos quiere, desaparecerá. – Me dijo Flames con una gran sonrisa.

- Abre tu corazón y tu alma. Permite que otros te salven del abismo al que estas a punto de caer. Solo confía. – Dijo Sapphire, dándome un abrazo. – Lo que nos hicieron siempre será inenarrable. Pero, cuando confías en otros, el dolor ya no pesará tanto sobre nuestros hombros. – Me dijo en susurro, guiñándome el ojo derecho. Vi como comenzaban a separar a Milton de mi cuerpo, mientras él no dejaba de gritar. Noté como el pequeño círculo de brillo amarillo, que se proyectaba en mi cuerpo, comenzaba a empequeñecerse más. "El momento de decidir era ahora"

- ¡Quiero volver! ¡Quiero volver por él y todos lo que aún me quieren! – Dije firmemente y con confianza, poniendo mi mano sobre el brillo amarillo. Noté como de ese pequeño punto que quedaba un haz de luz iluminaba el lugar. Vi como todos los presentes quedaban pasmados ante el brillo que emanaban de mi cuerpo. No separaba mi mano de la mi barriga, ya que sentía un calor agradable.

- Se siente tan bien. – Dije, mientras veía como mi alma comenzaba a desaparecer lentamente.

- Una nueva vida salvará aquella que está perdida. – Dijeron Flames y Sapphire al mismo tiempo, con una gran sonrisa y las lágrimas brotando de sus ojos.

- No entiendo. – Les dije, ya que realmente no sabía a qué se referían.

- Ya lo entenderás. Adiós, Vanilla. Cuídate mucho. Sé feliz. – Decían al mismo tiempo, mientras sentía que todo lo que me rodeaba desaparecía poco a poco.

- Adiós y gracias. Gracias por todo. – Fue lo último que les dije, mientras sentía que mis parpados se cerraban y caía en un sueño agradable.


Mis parpados se abrían lentamente. Sentía que algo raro había pasado, pero no podía recordar que fue. "Como un bello sueño que no puedes recordar" En ello, sentí un frío recorrer cada rincón de mi cuerpo. Comencé a mover mi cabeza y noté como todos me veían pasmados.

- Milton…– Dije con una voz poco audible. Vi como Milton corrió hacia mí, dándome un gran beso al llegar.

- Les dije… les decía…– Trataba de decirme, pero se entrecortaba en las palabras. Notaba como tenía los ojos rojos, como alguien que había llorado mucho. – Decían que habías muerto, pero yo sabía que era mentira. Solo estabas dormida. – Me decía con una gran sonrisa. Yo le devolví la sonrisa, ya que casi no podía escucharlo bien y no le entendí mucho de lo que decía.

- Milton… tengo mucho frío. – Le dije, mientras sentía que mis parpados se cerraban.

- ¿No la escucharon? Sáquenla de aquí, y hagan bien su trabajo esta vez. – Le escuchaba decir a Milton, mientras sentía que mi cuerpo era cargado.

- Te amo,… Milton. – Dije, antes de quedarme dormida.


Mis parpados se abrían. Lo primero que vi fue a Milton a mi lado, sosteniendo mi mano dormido. Sentía que algo era diferente, pero no sabía qué. No sabía exactamente lo que estaba pasando. Solo recordaba que, en el auto, comencé a toser y luego… "imágenes de un sueño, mientras aún estaba despierta". Milton abrió sus ojos y, al verme despierta, grita de alegría. Noto como rápidamente entran Dunkel, Dekker y Dagmar a la sala (junto con el medico).

- Es bueno verte sana y salva. – Dijo Dagmar, con una gran sonrisa. Al verla, sentí que mi mente decía unas palabras que debía pronunciar.

- Dagmar,… lo siento. – Dije, pero no sabía porque lo decía. – Siento haberme ido tan pronto, por confundir mis medicamentos, y siento mucho todo lo que te hizo. Siento no haberte protegido. – Terminé de decirle, notando como ella quedaba pasmada ante mis palabras. Vi a Dunkel y, al igual que antes, sentía palabras que emergían de mi mente. – Dunkel, solo te fuiste por un minuto de la habitación del hospital, para comprar café. No fue tu culpa que la maquina se apagara. Nuestro padre no pudo entender eso y te echó de casa por ello. Pero yo… no te culpo, era mi hora. – Vi como Dunkel caía al suelo, agarrándose la cabeza con fuerza, con los ojos llorosos. Ahora veía a Dekker, quien parecía nervioso. – Yo te seguí, aun cuando me dijiste que no lo hiciera. Yo te seguí porque quería nadar igual que tú. Pero debí escucharte. Papá te perdonó, pero tú no lo aceptaste. Aun así, no fue tu culpa. – Noté como Dekker comenzaba a llorar. Por último, volví a ver a Milton, quien me negaba con la cabeza. – Si hubiera sabido que ir por esa calle te iba a llevar a un camino oscuro… habría girado a la izquierda. Aun así, protege a esta chica que te ama igual, o más, de lo que yo te amé… mi pequeño Milton. – Terminé de decirle, viendo como las lágrimas resbalaban de sus ojos por toda su cara.

- ¿Cómo es que…? – Preguntaba él confuso.

- No lo sé. Solo siento que tú mamá, la mujer que te cuidó, era humana, ¿verdad? – Le pregunté y él asintió. – Creo que la vi. – Le dije, mostrándole una sonrisa.

- Disculpen molestarlos, pero tengo los resultados de sangre… y otras cosas. – Interrumpió el médico. Vi como sacó de un sobre los resultados. – Antes que nada, mírate los brazos. – Me pidió con cortesía. Yo le obedecí, sin entender el porqué de esa solicitud. Al hacerlo, quedé sorprendida. Levanté un poco mi bata y noté vi mi pecho descubierto. No podía creer lo que veía.

- ¿Dónde están todas mis cicatrices? – Dije, ya que así era. No tenía ni una sola de todas las cicatrices que fueron hechas en mi cuerpo. "Todas… habían desaparecido"

- Bueno, solo sé que un brillo proveniente de ti iluminó la morgue; y luego tú estabas viva. – Decía, mientras leía los resultados. – Bueno, a lo que vine. Los primeros resultados muestran que eras una farmacia andante. Hay tantos químicos como en una lata de conservantes. Había uno que no podía creer, por todas las drogas. Ahora bien…– Comenzó a decir, mientras de uno de sus bolsillos sacaba otros pequeños resultados. – Luego de tu pequeño "milagro", pedí que analizaran tu sangre, de nuevo. Cuando vi los nuevos resultados, mis dudas se disiparon. – Él decía esas palabras, pero no podía entenderlas. – Supongo que no sabes de que te hablo. Ten, es mejor que tú lo leas por ti misma. – Dijo, mientras me entregaba la hoja de los resultados. Yo lo tomé con miedo. Mis ojos comenzaron a leer todas esas frases técnicas, de las cuales no entendía mucho.

- "Según los diferentes análisis, la paciente en cuestión presenta un embarazo del 99.9% Con tres semanas de gestación" – Leí en voz alta, quedando sorprendida. Vi a Milton, quien también estaba sorprendido. Vi de nuevo al médico, quien comenzaba a esbozar una sonrisa.

- Felicidades. Estas embarazada. – Dijo, con un tono de alegría. Yo aún seguía pasmada por la noticia.

- "Una nueva vida salvará aquella que está perdida" – Dije, casi en susurro. No sabía por qué lo dije, pero lo dije comenzando a esbozar una sonrisa. – Voy a ser madre. Voy a ser mamá. – Dije, mientras caía en llanto de felicidad.

- Voy a ser padre. Voy a ser papá; y la madre de esa pequeña criaturita es la mujer que amo. – Dijo Milton, quien me abrazaba con cariño. Sentía como sus lágrimas se fusionaban en las mías.

- Ser padre, cuando todo el condado te está buscando, no será fácil. – Dijo el médico, quien habló seriamente. Todos nosotros nos quedamos pasmados. "Una buena noticia siendo terminada por otra mala" – Atentados contra dos cuarteles de la policía. Tres policías muertos, donde uno de ellos era el hermano del comisionado de la ciudad; y tráfico de drogas y armas. Eres una persona peligrosa y debería llamar a la policía inmediatamente. – Dijo seriamente, mientras metía su mano en unos de los bolsillos de su pantalón y parecía buscar algo. Noté como Dunkel, Dekker y Dagmar se pusieron en frente de nosotros, en posición de alerta. "Parecía que en cualquier momento tendríamos que salir corriendo del lugar". – Pero dejas de creer en la policía cuando tú mejor amigo es asesinado y culpado de conducir un camión, con mercancía robada adentro, cuando ni siquiera sabía conducir. – Dijo, sacando de su bolsillo una bolsa de dulces y comenzando a comerlos. – Especialmente si esa orden es dada por el mismo desgraciado que lo mató hace 15 años. – Dijo, denotándose dolido.

- ¿No vas a llamar a la policía? – Preguntó Dagmar, sin dejar de estar alerta.

- ¿Y qué ellos los entreguen a comisionado Jon Loeb? No estoy loco. – Dijo, ofreciéndonos sus dulces.

- ¿Nos vas a dejar ir? – Preguntó Milton, negando el ofrecimiento del médico.

- Claro. No veo que sean malas personas. No las personas que hacen creer en los noticieros. – Vi como sacó de su otro bolsillo un pequeño papel doblado. – Toma, ten este número. Es del hermano de mi mejor amigo. Tal vez sea el único policía, que no tiene miedo, que quiera enfrentar a la corrupción de Carcer City. – Dijo, con una sonrisa. Vi como Milton cogió el papel y lo guardó en su chaqueta. – Salgan, este pequeño hospital me deben dos pagos que ya no cobraré con su huida. – Dijo, soltando unas carcajadas. – Vanilla, este mundo es grande y hay cosas que jamás descubriremos y eso es bueno. No sé cómo volviste de la muerte. Si haces magia, o si tocaste una Caos Esmeralda y su energía residual permaneció en ti. Pero, para mí, sé que esto fue un milagro. – Dijo, mientras unas lágrimas salían de sus ojos. – Se feliz. – Dijo, dándome un beso en la frente. Milton, cogió mis cosas y me ayudó a levantarme.

- Adiós y gracias. – Dijo Milton, despidiéndose de nuestro "salvador", por así decirlo.


Mis parpados se abrían al sentir una caricia en mi barriga. Al abrirlos, veo a Dagmar sobándome con ternura la pequeña panza que se me notaba. Ya habían pasado tres meses desde que salimos del hospital. Milton habló conmigo una charla muy seria. Él quería lo mejor para mí. A él le preocupaba que volviera a caer en las drogas. Pero yo le aseguré que no volvería a pasar. "Todo ese dolor ya no está. Todo eso… desapareció"

- Deja de sobarme la barriga. Me avergüenzas. – Le dije a Dagmar con pena. Ella me dio un beso en panza, avergonzándome aún más. – ¿Milton, y los demás, aún no ha llegado? – Le pregunté mientras me levantaba, dirigiéndome a la pequeña cocina de la habitación.

- No, aún no han llegado. – Me respondió rápidamente, con un tono de voz algo raro. Yo comencé a preparar el desayuno, siendo unos huevos revueltos con tocino y acompañadas con una bebida de jugo de naranja. Los serví en unos platos, y nos sentamos en la cama a degustarlos. Después de ese día en el hospital, yo volví a cocinar. Cuando estaba mal, juré que jamás prepararía otra comida, ya que recordaba lo que le hicieron a los cuerpos de mis padres. "Pero logré superarlo y volví a preparar de todo" Milton lloró la primera vez que volvía a cocinar para todos. Mis pensamientos los dejé de lado al notar que Dagmar comía rápidamente el desayuno, como si fuera lo único que yacía en la mente de ella. También noté que sus manos parecían muy temblorosas.

- ¿Cuántos días llevas? – Le pregunté. Ella me miró fijamente, tomándose un sorbo de jugo de naranja.

- Dos semanas. Un nuevo record. – Dijo, con una sonrisa un poco forzada.

- Dagmar. Sé que está mal drogarse. Pero sé, desde el fondo de mi corazón, que tú necesitas esas cosas. No trates de depender de ellas siempre. Ve dejando de poco a poco. No trates de sobre esforzarte demasiado. – Le dije, mostrándole una sonrisa.

- Quisiera ser fuerte como tú. – Dijo, mientras sus ojos parecían llorosos.

- Tú eres fuerte. Solo tienes que comenzar dando pequeños pasos. – Terminé de decirle, mientras le daba un beso en la frente. Ella me sonrió, mientras soltaba unas risas.

- Sabes una cosa. Este beso fue mil veces mejor que todas esas noches juntas que pasamos. "Sé que no soy un chico pero no te importa, ¿verdad?" Te decía siempre, para evitar que salieras a la calle en busca de problemas. – Me dijo, cayendo en risa. Yo también comencé a reírme, ya que ella evitó que cometieras locuras más grandes.

Nuestras risas se detuvieron al escuchar unos golpes en la puerta de la habitación. Dagmar rápidamente se colocó una bata y abrió lentamente la puerta.

- ¿Cómo está mi gran y bella Sweetness? – Preguntó Milton con alegría. Al verlo, me acerco a él y lo abrazo fuerte. Veo que detrás de él comienzan a entrar Dunkel, Dekker y un humano.

- Hola, buenos días. Supongo que tú eres Harvey West, ¿o me equivoco? – Le pregunté, con un sonrisa. Él me devolvió la sonrisa.

- Sí, soy yo. – Me dijo con entusiasmo.

- Es un placer conocerlo. – Le terminé de decir, estrechando su mano.

- Bueno Milton, ¿Qué nuevas me tienes? – Dijo Harvey, sentándose en la cama. Vi como Milton tomó unos suspiros y lo vio seriamente.

- Me entregaste una lista con los principales colaboradores del comisionado Jon Loeb. La mayoría de los que aparecen en esa lista los conozco y odian a Lob con todo. Unos me lo entregaron a la primera; pero otros aún están reacios a entregarme los datos que lo inculparían. Antes de que se los entregue quieren que les haga varios trabajos, para saber si pueden confiar en mí. Poco a poco me los estoy ganando. – Terminó de decir, mientras le entregaba a Harvey una memoria USB. Harvey lo vio, mientras una pequeña sonrisa se delineaba en su rostro.

- Sé que lo que te pido es mucho, pero cuando todo termines serás libre de toda culpa. – Terminó de decir, mientras comenzaba a marcharse.

- ¡Espere! – Grité, deteniéndolo. – Quiero darle esto en agradecimiento. – Le dije, mientras sacaba de la nevera una rebanada de pastel de queso crema. Él lo cogió y lo devoró de dos bocados.

- Ebs unsa deslicisa. Grasas. – Decía con la boca llena, tratando de no atragantarse. – Disculpa, es que no he comido nada en toda la noche. Dije: "Es una delicia. Gracias". – Dijo, marchándose en el acto.

- Solo espero que a mí también me hayas dejado una rebanada. – Dijo Milton, denotándose un poco celoso.

- No. No quedó ni un pedazo. Pero tranquilo, haré más de una vez. – Le dije con una gran sonrisa, mientras buscaba lo ingredientes para preparar el postre. En ello, sentí como me cogían de los hombros y me daban la vuelta, mientras Milton me daba un beso apasionado.

- Hazlo más tarde. Ahora quiero dormir un poco… a tu lado. – Me dijo con ternura.

- Mejor dejamos solos a la pareja. – Sugirió Dekker. Todos los demás salieron de la habitación, dejándonos solos. Milton se dirigió a la cama y, quitándose la ropa, se acostó en ella. Yo también hice lo mismo y me acosté a su lado.

- Te amo. – Dijo, mientras se quedaba casi dormido en el acto. Yo le di un beso en sus labios, notando que ni siquiera se movía.

- Yo también te amo. – Le terminé de decir, abrazándolo y sintiendo como su cuerpo rozaba con el mío, durmiéndome igualmente.


Los meses pasaron casi tan rápido como un parpadeo. Mi barriga creció más en todo ese tiempo. Igualmente, tuvimos que irnos moviendo de pueblo en pueblo. A Milton no le gustaba esto, ya que sentía miedo de que me pudiera pasar algo. Lo único bueno, es que parecía que ya la alerta había bajado un poco. Aun así, no podíamos confiarnos. Tenía miedo de que Milton saliera en una de sus "misiones" y no volviera. Cada vez que se iba recordaba las pocas intimidades que tuvimos juntos, después de salir del hospital. Recordaba ese calor que siempre sentíamos cuando estábamos juntos, antes de que perdiera esa sensación ese fatídico día. "Una sensación que por poco había olvidado" Pero, luego del segundo mes, habíamos decidido dejarlo. No quería lastimar a la criaturita que crecía dentro de mí. Él y yo aceptamos con felicidad. Pero, con el paso de los meses, algunas cosas siempre nos faltaban. Víveres que se nos acababan tan rápido como el dinero. Dagmar se había ido la noche anterior, alegando que conocía a alguien que le podía dar un trabajo.

- No hay nada que comer. Lo siento – Le dije a Dunkel, escuchando gruñir su estómago.

- Es una lástima. Especialmente por ti. – Me dijo, mientras pasaba los canales de la televisión. En ello, vemos como Dagmar abre la puerta de golpe, asustándonos en el acto.

- ¿Es que no piensan ayudarme? – Dijo ella, mientras en sus manos yacían bolsas de supermercados con muchos víveres. Rápidamente, Dunkel y yo la ayudamos.

- ¡Guau! Cuanta comida. Te debieron pagar muy bien. – Dijo Dunkel

- Sí, claro. – Dijo sin animo Dagmar, mientras escuchaba unos grandes suspiros provenientes de ella.

- Dagmar, ¿Qué tipo de trabajo te dieron? – Le pregunté calmadamente.

- ¡¿Que importa el tipo de trabajo que me hayan dado?! ¡Lo único que importa ahora es que hay comida, ¿verdad?! – Dijo enojadamente, denotándose dolor en sus ojos. Supe lo que había hecho y me dolía mucho.

- ¿Cuántos chicos fueron? – Le pregunté con tristeza. Ella me vio sorprendida y miró hacia otro lado.

- Fueron 15. Uno por cada hora. – Dijo, mientras veía como comenzaba a sollozar. – Pero no importa. Mientras tú y el bebé estén bien, no importa lo demás. No importo yo. – Dijo, dentándose un poco de locura y tristeza en su voz. Yo me acerqué lentamente a ella y la comencé a abrazar.

- No quiero que vuelvas a hacer eso nunca más. Me duele que hagas eso, aun si es para mí bienestar. – Al terminar, ella me miró y cayó en llanto.

- ¡¿Por qué mi madre no pude ser como tú?! ¡¿Por qué no me cuidó como tú lo haces?! – Gritaba, junto con las lágrimas brotando de sus ojos.

- Ella no pudo ver la belleza que yo veo en ti. – Le contesté, secándole las lágrimas que empañaban su rostro. Ella me mostró una bella sonrisa.

En ese preciso momento, Milton y Dekker llegaban. Rápidamente Milton se acercó a mí, dándome un beso y un abraso.

- Bueno, ya que estamos todos reunidos, prepararé la comida. – Dije con entusiasmo, mostrando una sonrisa. Todos ellos se alegraron de mis palabras. Luego de una hora, les serví a todos ellos un delicioso estofado de pollo con arroz y verduras. Cada quien se sentó en un lugar en donde se sintieran cómodos. Milton y yo nos sentamos en la cama, mientras los demás se sentaron en unas sillas armables. Mientras yo cocinaba sola (ya que no quería que me ayudaran y arruinaran el platillo, de nuevo.), ellos se quedaron viendo una película de terror. Pensé que sería muy aterradora, pero no fue así. De hecho, me llamó mucho la atención.

- Guau. Todavía no puedo creer que el "malo" fuera el cadáver que estaba tirado en medio del baño industrial. – Comentaba, mientras comía mi platillo. – Me da lástima por Adam. Espero que el otro cumpla su palabra y lo salve. – Dije, notando que los otros ya llevaban sus platos al lavaplatos.

- Vanilla, después de esta película hicieron seis más; y sabes una cosa...– Dijo Milton, quedándose en silencio por un segundo. – Yo sigo esperando ver una secuela que le haga justicia. La segunda y la tercera parte fueron increíbles. Pero, de allí en adelante, se perdió la esencia. Hay tantos Plothole (huecos argumentales) que me duele la cabeza al pensar en todos ellos. Para mí, está vivo. Digan lo que digan. – Dijo, parándose y recogiendo mi plato, para llevarlo al lavaplatos. Yo le agradecí el gesto… con un beso. En ello, sentí un fuerte dolor en mi estómago. Al comienzo no le di importancia, ya que era normal. De vez en cuando me daban unos dolores. Pero entonces el dolor comenzó a aumentar, haciéndome gritar. Al mismo tiempo, sentí un líquido caliente resbalar por mis piernas.

- Milton,… a Vanilla se le acaba de romper la fuente. – Le escuché decir a Dagmar, quien me daba la mano.

- Pero,… ¡aún faltan dos semanas! – Gritó temeroso. Vi como Dagmar le daba una cachetada, haciéndolo volver en sí.

- ¿Desde cuándo los bebes siguen los itinerario? – Dijo sarcásticamente. – Como no podemos ir a ningún hospital, llama a la partera. – Le ordenó firmemente. Veo como ella se queda pensativa. – Vaya, conque así se siente estar al mando. – Dijo con una sonrisa en su rostro. Milton llamó a la partera y, con exactitud, ella le pidió que me metiera a la bañera con agua, y que estuviera un poquito tibia.

- Traté de prepararme para este día,… pero tengo un poco de miedo. – Le dije a Milton, con una sonrisa un poco forzada. Él se acercó a mí y me dio un beso en la frente.

- Yo también tengo un poco de miedo. Pero, contigo a mi lado, ese miedo no me molesta. – Dijo con una gran sonrisa, dándome la mano. En ello, sentí que los dolores aumentaban. Para suerte mía, la partera no tardó en llegar. Notó mis contracciones eran muy regulares y que en cualquier momento el bebé nacería.

- Puja, Puja duro. – Decía ella y yo le obedecía. El dolor era fuerte e insoportable, pero sentía que ya faltaba poco. – Una vez más. Puja lo más duro. ¡Ahora! – Gritó.

- ¡Aaaarrrgh! – Grité, sintiendo un enorme dolor. En ello, escuché un pequeño llanto inundar el pequeño baño.

- Ya ha nacido. – Dijo la partera. Vi cómo, con una gran rapidez (ya acostumbrada por su trabajo), limpió a la criaturita que salió de mí. – Es una bella niña. – Dijo con alegría. Mi pequeña hija aun lloraba en las manos de la partera, quien la envolvía en una pequeña toalla. Al entregármela ella comenzó de dejar de llorar poco a poco. Vi a Milton, quien lloraba de felicidad como yo. – ¿Cómo piensan llamarla? – Preguntó la partera, quien se limpiaba las manos. Milton y yo nos vimos, ya que no sabíamos que nombre ponerle.

- Que tal si tú y yo decimos el nombre que teníamos en mente al mismo tiempo Y luego veremos en qué orden lo colocamos, ¿Te parece? – Opinó él. Yo asentí con gusto. Cerré mis ojos y pensé en que nombre ponerle. Asentí a Milton, quien entendió. – Bueno, a las una, dos y tres…– Comenzó a decir y, a llegar al tres, ya quería gritarlo.

- ¡Cream! – Dijimos Milton y yo al mismo tiempo. En ello, vimos como nuestra pequeña bebita abrió los ojos, viéndonos con ternura. Aunque ella solo duró con los ojos abiertos unos segundos, antes de volverlos acerrar y quedarse dormida, la ternura que emanaba era imposible de narrar. "Como ver las estrellas en su majestuosidad" Sentía que volvía a caer en llanto, al igual que Milton.

- Cream Cream. Podemos tachar uno. – Dije en modo de burla, soltando una risa.

- ¿Por qué Cream, Vanilla? – Me preguntó Milton.

- Mi padre se llamaba Creeb y mi madre Amethyst. Quería colocarles las iniciales de sus nombres en ella, como homenaje. Ellos siempre estarán en mí y ahora estarán en ella, Cuidándonos a todos desde el cielo. – Le dije con una gran sonrisa. Yo miré a Milton fijamente, mientras él captaba la pregunta que quería hacerle.

- Mi madre se llamaba Lizbeth y ella vendía helados en la tienda donde trabajaba. "The sweet Cream that sells delicious ice creams to us (La dulce Cream que nos vende helados deliciosos)". – Decía con una leve sonrisa. – Todos, los que la conocían, siempre le decían Cream de cariño, por Ice Cream (Helado). – Dijo, soltando una carcajada. Ambos nos vinos fijamente y nos dimos un beso.


La partera ya se había ido y nuestros amigos ya se habían retirado a sus respectivos cuartos. Solo estábamos Milton, nuestra pequeña Cream y yo. A Cream la acomodé en medio de la cama, mientras Milton y yo nos ubicábamos a los lados.

- Es tan hermosa. – Dijo Milton con una sonrisa.

- Lo sé. – Refuté su comentario. Mi mano acariciaba su pequeña cabecita, notando que se movía un poco al contacto. – Durmamos, Milton. – Le dije a Milton, acomodándome bien al lado de nuestra hija. Milton también hizo lo mismo.

- Buenas noches, Sweetness. – Dijo Milton.

- Buenas noches, Dumb. – Le dije, dándole un beso en los labios.

- Buenas noches, Cream. Que tengas dulces sueños. – Dijimos al mismo tiempo Milton y yo, apagando las luces del cuarto.

A pesar de todos los problemas y temores que inundaban nuestras mentes, nuestra pequeña Cream era esa luz que disipaba todo eso. "Una hermosa luz nació hoy… y nuestros problemas desaparecieron por un segundo"


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- ¿Que te pareció? – Le preguntó Malorum55 a Vanilla. Ella se sobaba uno de sus dedos por el ojo.

- Dejemos que los otros usuarios den su comentario. – Le respondió al felino, con una bella sonrisa.

- De acuerdo. – Dijo alegre, mientras se despedía con un abrazo de Vanilla.

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Bueno amigos y amigas, espero que haya sido de su agrado el capítulo. No olviden dejar sus Reviews. Cualquier comentario, idea o sugerencia me la pueden hacer llegar a un MP.

Notas de autor:

* Flames y Sapphire son parte de las historia Diary of Flames y Sesión Con la Encantadora Ladrona, Rouge. Los invito (a aquellos que aún no las han leído) a que las lean.

Sin más que decir: "HASTA LA VISTA, BABY"

XD Lo siento, no pude aguantar escribir eso.