Capítulo 06: Un Final Y Un Comienzo
El pequeño llanto de nuestra hija me despertaba del sueño que tenía. Pero, por ella, no importaba cuantas veces tenía que levantarme por la madrugada para consolarla y cuidarla.
- Ya mi bella y dulce luz. Ya voy a darte tú comida. – Le decía a mi pequeña bebita, mientras levantaba mi blusa para amamantarla. Ella comió durante varios minutos, antes de separarse de mi seno. Le di unas cuantas palmadas en su espalda para que eructara cualquier gas que tuviera adentro. Ella eructó como dos o tres veces, antes de volver a quedarse dormida.
- Eres tan tierna. – Dije, mientras la acostaba de vuelta a la cama y me acomodaba a su lado. – Mañana será un gran día. – Terminé de decir, quedando dormida en el acto.
Mis parpados se abrían. La mañana ya había llegado y yo aún no la había sentido. Bostecé varias veces, hasta que un miedo recorrió mis venas. A mi lado no estaba mi pequeña Cream. Comencé a ver a todas partes y no la veía por ningún lado. Mi corazón latía más rápido a cada minuto. Me paré de la cama y abrí la puerta. El brillo de la luz era fuerte, evitándome ver. Cuando mis ojos se adaptaron al brillo, un terror aún más grande inundó mi cuerpo. Estaba en el lugar donde me destrozaron en cuerpo y alma. Ese lugar donde Irons quito a mis padres de mi lado y por poco destroza mi cordura.
- Hey, jefe. ¿Qué tenemos para la cena? – Escuché decir a uno de los compañeros de Irons. Vi como Irons aparecía, llevando consigo un caldero grande en sus brazos.
- Para todos ustedes, el chef les ha traído… estofado de bebe conejo. – Dijo, mientras levantaba la tapa del caldero. Mi cuerpo se pasmó al ver quien estaba adentro. Vi a mi pequeña Cream, llorando, rodeada de diferentes verduras y condimentos. – Está un poco cruda, pero no es nada que un buen horno no pueda arreglar. – Decía él estas palabras con alegrías.
- ¡No! – Grité, llamando su atención.
- No te preocupes, Vanilla. Al igual que con tus padres, te guardaremos un poco para que degustes. – Decía él, con morbosidad.
- ¡No le harás daño! – Le gritaba, pero mi cuerpo aún permanecía petrificado.
- ¿Daño? Si quisiéramos hacerle daño de verdad le haríamos lo mismo que te hicimos a ti. – Dijo, mientras comenzaba a soltar unas carcajadas. – La conversación está buena, pero tengo hambre. – Terminó de decir, metiendo de lleno a mi bebita al horno. Grité, pero mi cuerpo aún no se movía. "Todo esto es solo una pesadilla; Y una pesadilla puede desaparecer con un buen sueño" Pensé, mientras cerraba mis ojos. Escuchaba las burlas de Irons, pero yo no le hacía caso. Sentía como las lágrimas se derramaban de mis ojos y se deslizaban por mi cara. Aun con todo eso, seguí pensando que nada de lo que pasaba era real. Al abrir mis parpados noté que me encontraba en mi vieja habitación; La habitación de mi casa. No sabía con qué me encontraría, pero no podía perder el tiempo. Salí de mi habitación y, por el pasillo, llegué hasta las escaleras. Desde allí, escuché muchos murmullos provenientes de la sala. Bajé rápidamente y, al llegar, vi una escena totalmente hermosa. Vi a mi madre, a mi padre, a Milton y a mi preciosa Cream juntos. Todos estaban juntos y en sus caras se denotaba alegría total. Mi madre cargaba a mi pequeña hija y le hacía unos gestos graciosos. Ella, al verme, se acercó a mí. Comenzó a acariciarme la cabeza con su mano, mientras en la otra sostenía con firmeza a Cream. En ello, con la mano que me acariciaba la cabeza, siento que me da un pequeño golpe con el dedo.
- ¡Auch! ¿Por qué hiciste eso, Mom? – Le pregunté un poco enojada, mientras yo me sobaba la mano en donde me golpeó.
- Te dije que quería ser abuela dentro de muchos años en el futuro. – Dijo, viéndome seriamente. En ello, su expresión cambio a felicidad, esbozando una sonrisa bella. – Pero ya no importa. Lo importante ahora es que tienes a esta hermosura de niña en tu vida; y ella te dará fortaleza en los días que sientas dolor y sufrimiento, ya que lucharas por ella y ella por ti. – Dijo, entregándomela en mis brazos. Mis lágrimas aún continuaban brotando de mis ojos, pero ahora eran de felicidad. – Ya cariño, ya. Todo estará bien ahora. – Dijo, abrazándonos.
- Me gustaría que estuvieran aquí. – Dije tristemente. En ello, ella se separa de mí y veo como me mira, junto con mi padre, confusos por mis palabras.
- Cariño, nosotros nunca te hemos abandonado y nunca lo haremos. – Dijo mi padre, acercándose a mí. – Siempre estaremos contigo. – Terminó de decir, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. En ello, todos me abrazaron.
- Los amo. ¡Los amo mucho! – Grité, mientras caía en llanto de felicidad.
- Nosotros también te amamos, Vanilla; cariño; Sweetness. – Dijeron al mismo tiempo las primeras palabras pero, al llegar al nombre, cada quiné me llamó de la manera como le gustaban decirme.
Mis parpados se habrían lentamente. Mi vista se fijó en la cocina. Allí vi a Dagmar cargando a Cream, mientras le daba un biberón (tetero).
- ¿Te pasa algo, Vanilla? – Me preguntó preocupada Dagmar al verme despertar.
- No. Es solo que tuve una pesadilla. Pero, rápidamente se convirtió en un hermoso sueño. – Le respondí con una sonrisa, que me devolvió rápidamente.
- Eso es bueno. Me levanté temprano y, al pasar por tu habitación, escuché a la bebé llorar. Entré y te vi profundamente dormida. Me dio pena despertarte… – Decía ella, explicándome con todo detalle. –…Pero me acordé que habías dicho que tenías uno o dos biberones preparados dentro de la nevera. Los saqué, los tibié y se lo di. – Terminó de decir. Veo como mi pequeña Cream soltaba el chupete del biberón y hacia unos gestos de inconformidad. Al verla, me paro de la cama y, con cuidado, Dagmar me la entrega en mis brazos. Levanto mi blusa y, a pesar de haberse tomado medio frasco, comenzaba a amamantar de nuevo.
- A ella no le gusta tomar del biberón. – Le dije a Dagmar. Vi como ella le quitó el chupete al biberón y comenzó a tomarse el poquito de leche que quedaba. Yo quise decirle algo pero, en vez de eso, comencé a reírme. Ella dejó de beber por un segundo la leche y me miró extraña
- ¿Qué es tan gracioso? – Preguntó ella confundida, antes de volver a tomarse la leche.
- Lo que pasa es que lo que lo que bebes es leche materna. – Le dije, cayendo en risas. Vi como escupió la leche. En ello, ella también comenzó a reírse.
Los días pasaban lentamente, especialmente porque Milton no duraba mucho con nosotras. Él, junto con Dunkel y Dekker, se marchaba a las muchas "misiones" que le encomendaban. Aun así, las pocas horas que pasaba con nosotras no las desaprovechaba ni un solo momento. No le importaba alimentarla, cambiarle los pañales y bañarla. Disfrutaba de todo eso. Veía, en cada momento, que al estar al lado de nuestra hija sus ojos brillaban más de lo costumbre. Estar al lado de nuestra hija le daba fuerza para seguir adelante y buscar un futuro mejor. "Él sacrificaría su vida por nosotras"
- Vamos, Vanilla. Salgamos al parque. – Sugirió Dagmar, mientras veía que se colocaba una peluca y su atuendo era prendas normales. Yo asentí ante su sugerencia y, rápidamente, salimos. Salir era un lujo que muy poco podíamos darnos. A pesar de que se cambiara las prendas y usara distintos tipo de camuflaje, no podíamos confiarnos. Lo más bonito del parque es que había muchos Chao jugando. Muchos de ellos se acercaron a nosotras y, con sonrisas en sus lindos rostros, cantaban. Noté que mi pequeña Cream se alegraba al verlos tan de cerca. Mi sonrisa desapareció al ver como Dagmar miraba al hacia piso con tristeza.
- ¿Algo malo te pasa, Dagmar? – Le pregunté seriamente. Ella soltó unos cuantos sollozos antes de verme fijamente.
- Nosotros hacíamos cosas malas y era lo que nos gustaba. – Comenzó a decir, mientras notaba sus ojos llorosos. – Lastimamos a gente inocente por placer y diversión. Matamos por odio y codicia; y… y… – Comenzó a entrecortar las oraciones. Decir esas confesiones le dolía mucho.
- Milton me contó una parte de lo que hacían. No necesito saber más. – Le dije mostrándole una sonrisa, pero ella negaba con la cabeza.
- Violamos a muchas chicas. Milton y los otros se divertían con ellas como una o dos horas. Yo, sin embargo, las maltrataba toda la noche. Las ataba con cuerdas en posiciones dolorosa y abusaba de ellas bruscamente. Las hacia sufrir mucho. Muchas de ella me suplicaban piedad y yo les contestaba: "Pero así se disfruta más". – En ello, cayó en llanto. Yo sabía que todos ellos debieron haber hecho "eso", y yo pedía perdón al cielo por los actos crueles tomados años atrás. – Luego de mucho tiempo me había dado cuenta que me había convertido en mi padrastro. Pero eso no fue lo peor de todo. Lo peor fue verte caer en las drogas. Ver como la chica que me hacía dudar de mi estilo de vida, y hacia que esos remordimientos salieran a la luz, caía en la perdición. Tratamos de ser firme contigo, pero fallamos. Teníamos miedo de perderte de nuevo. Cuando Milton no aceptaba estar contigo y se marchaba, yo llegaba rápidamente y te convencía de acostarnos juntas. Me dolía estar contigo, ya que pensaba que me estaba aprovechando de tu estado. – Se detuvo por un segundo, limpiándose el rostro de todas las lágrimas que lo empañaban. – Milton me daba las gracias por lo que hacía, ya que era un sacrificio para los dos. – Terminó de decir.
- Mi vida en ese tiempo no tenía valor. No había diferencia si moría un día u otro. Solo quería dejar de sufrir. – Le dije seriamente. – Pero ahora,… tengo una razón por la que seguir adelante; y tú también estás incluida en ella. – Le dije, mientras esbozaba una sonrisa. Ella también me sonrió, dándome un abrazo a mí y a Cream.
- Te amo. – Dijo de manera tierna y calmada, sorprendiéndome. – Ahora me doy cuenta que me he enamorado realmente de ti. Aunque tú nunca me ames para mi es suficiente con solo verte, ya que me siento totalmente segura. – Terminó de decir, separándose de mí. Ahora no sabía qué hacer. Todo lo que sufrió Dagmar fue grande. Vio en mí el amor que deseó en aquel entonces.
- Dagmar…– Comencé a decir, pero me detuve. "La verdad es que no sé qué decir". Ella miró hacia el suelo con tristeza. –…los días que no esté Milton con nosotras, puedes dormir conmigo y Cream. – Dije viendo como ella alzaba la mirada y esbozaba una sonrisa. – Es que nos sentimos muy solas. – Terminé de decir, mientras soltaba unas carcajadas.
- Gracias. – Dijo en un tono poco audible, mientras se limpiaba las lágrimas de sus ojos.
Los días seguían pasando como si fueran en cámara lenta. Milton pasaba las tardes con nosotras pero, casi todas las noches, se tenía que marchar. Como se lo había prometido a Dagmar, ella dormía con nosotras. Todas las veces, en las que me levantaba en la madrugada para alimentar a Cream, notaba una pequeña sonrisa en su rostro.
- Te ves tan tierna. – Dije, mientras sobaba mi mano en su cabeza. Ella estaba de medio lado y, al sobarla, se mueve quedando boca arriba en la cama. Como a ella no le gustaba dormir con piyama, yo aceptaba que durmiera desnuda a nuestro lado. Unas pequeñas lágrimas brotaban de mis ojos al ver parte de su cuerpo. Notaba varias cicatrices de quemaduras en su torso, más diferentes cicatrices de diferentes cortes. Cerca de su intimidad había un tatuaje de mariposa, pero en sus alas estaban escritas, un poco ilegibles, las palabras: "Insert the instrument of pleasure here. (Inserte aquí el instrumento de placer)". Ahora me sentía mal al pensar que lo mío fue una suerte comparada con otras. Para mí fueron 7 días de dolor. Para otras fueron 38 días (no sé por qué tenía ese número en mi mente); y para muchas más han sido años o décadas de sufrimiento, donde aún siguen sufriendo. – Ahora estas a salvo. – Dije, mientras le daba un beso en su frente y la arropaba con las sabanas.
- Vanilla. – Dijo en susurro, alegrándome que soñara con algo bueno (sin importarme que fuera).
- ¿Quién es la bebita más linda que existe? Eres tú. – Decía Milton con voz chistosa, mientras cargaba a Cream. Yo les preparaba el almuerzo. Dentro de dos horas se marcharían y durarían dos días afuera. Afuera de la habitación de encontraba Harvey, haciendo una llamada importante.
- Dentro de unos minutos estará lista la comida. Es sopa de fideos con arroz. – Les decía alegremente. Me senté un momento en la cama, junto a Milton. Me encantaba verlo jugar con nuestra linda y hermosa bebita.
- Todo lo que sea cocinado con tus hermosas manos será siempre un manjar. – Comentó con alegría, sin dejar de jugar con Cream. Vi como Harvey colgó su teléfono y entró a la habitación, mostrando una expresión de desilusión. Milton también lo notó y, dándome a Cream en mis brazos, se acercó a él. – ¿Pasa algo? – Le preguntó seriamente.
- Milton, hablé con un juez amigo mío y me dijo que aunque entregáramos todas las pruebas y tú declararas contra el comisionado Jon Loeb…– Se detuvo por unos segundos, dando unos suspiros. –… te toca, de todas maneras, cumplir una sentencia en la cárcel. – Terminó de decir. Vi como Milton quedó estupefacto ante las palabras dichas por Harvey. Yo sentí terror al escucharlas.
- ¿Cuántos… cuantos años me darían? – Preguntó, denotándose miedo en su voz.
- Máximo… 20 años. – Le respondió, apartando la mirada. – Lo siento. – Terminó de decir. Milton me vio, y vio a nuestra hija, antes de ver de nuevo a Harvey.
- Si eso es lo que merezco, yo…– Comenzó a decir Milton, pero no pudo ya que Dunkel colocó su mano sobre su hombro.
- Y si todos nosotros aceptáramos parte de los cargos, ¿Cuántos años le darían? – Dijo Dunkel con una sonrisa.
- Chicos, yo no quiero que ustedes estén implicados. Todo esto fue mi culpa desde el primer momento en que dejé que Irons Loeb me tendiera la mano; Obedeciendo a los pedidos y tareas que él me encomendaba. – Decía con culpa Milton, mirando hacia el suelo.
- Harvey, no me has contestado. – Refutó Dunkel.
- Sé que es malo pero si usamos unas lagunas legales, le darían de 5 a 10 años. – Dijo seriamente.
- Bueno, ya oyeron. 5 años en la cárcel no se escucha nada mal. – Comentó Dagmar, con una gran sonrisa.
- Es cierto. Cinco años pasan rápidamente cuando tienes gente que te ama afuera, esperándote. – Mencionó Dekker.
- Chicos…– Dijo Milton sorprendido.
- Eres nuestro líder y, aun antes de Vanilla, te preocupabas mucho por nosotros. Ahora, déjanos ayudarte a ti. No queremos que estés mucho tiempo separado de las personas que amas con el alma. – Terminó de decir Dunkel. Vi como unas lágrimas brotaban de los ojos de Milton (y de los míos) por las acciones tomadas por sus compañeros. "Compañeros no. Familia"
- Bueno…– Comencé a decir, con unos suspiros. –… creo que ya es hora de comer. – Le dije, viendo como sonreían. Serví los platillos y, uno a uno, los fui pasando. Todos ellos degustaron y me felicitaron, haciéndome sentir un poco avergonzada. Vi, con dolor, como Milton y todos los demás se marchaban. Tenía miedo de no volverlo a ver. A pesar de mis rezos, sabía que todo podía pasar. Que cosas malas podrían pasarnos mientras durmiéramos o descansáramos un poco. A él y a los demás (sin contar a Harvey) los buscaban por todo el estado y en dos más. No podíamos movernos mucho. A Milton no le gustaba que yo saliera a comprar las cosas, pero era la única que no estaba fichada por la policía. "Supongo que Irons nunca le habló de mí a su hermano mayor".
-No, Vanilla. Yo iré a comprar las cosas. – Me dijo el firmemente.
- Milton, no seas dumb. No quiero que te reconozcan y te ataquen. – Le decía también firmemente. – No quiero perderte. – Terminé de decirle, con un tono un poco triste.
- Tranquila, Sweetness. Todo estará bien. – Terminó de decirme, con una gran sonrisa. Él me besó a mí, y a Cream, antes de irse. Luego de eso, las horas habían pasado. Un miedo recorría mis venas y escuchar llorar a Cream no es que fuera de ayuda para calmar mis nervios. Dagmar y los demás también estaban un poco preocupados. Ellos querían salir a buscarlo, pero era muy arriesgado. Si los veían a todos juntos más fácil era que los reconocieran.
- Allí viene. – Dijo Dagmar desde la puerta de la habitación. Vi entrar a Milton, quien parecía tener la mirada perdida.
- ¡¿Dónde estabas?! – Le grité, mientras me acercaba a él. – ¡Me tenías a mí, y a todos, muy preocupada! – Le gritaba, alzando más la voz. En ello, veo como vuelve en sí y comienza a acariciar a Cream; luego me mira a mí y me da un beso de pasión. No sabía por qué lo hacía, y en el beso sentí preocupación. – ¿Dónde están las compras? – Ahora le preguntaba tranquilamente.
- Yo… yo… ¡lo siento! – Gritó él, mientras se arrodillaba frente a mí. – el dinero me lo gasté en… en… el casino. Sí, el casino. – Dijo estas palabras, pero yo dudaba de ellas por su tono de voz. – Pensé que no era suficiente y tuve esa estúpida idea de apostar y tener más. Pero lo perdí todo. Perdóname. – Dijo, Mientras comenzaba a llorar. Yo sentía lastima por él. Si lo que decía era verdad, lo gasto con buenas intenciones. "Unas ideas tontas, pero con buenas intenciones"
- Está bien, Milton. La próxima vez no seas un idiota y al menos llámanos. – Le dije, alejándome un poco de él. Me sentía un poco decepcionada por lo que hizo. No teníamos casi nada de dinero, igual que víveres, y él perdía ese poquito que nos quedaba.
- Tenemos un poquito de hambre. Vanilla, ten y compra las cosas. – Escuché decirle a Dagmar. Yo me acerqué a ella, quien me mostraba el dinero en su mano. – Esto es lo que quedó del trabajo de la vez… solo tómalo y compra. – Terminó de decir, mientras ella tomaba en sus brazos a Cream. Al salir de la habitación, Milton me siguió hasta las escaleras del motel.
- Milton, quédate aquí. – Le dije firmemente. – Ya te perdiste mucho tiempo. No quiero que ahora si te pierdas de verdad. – Terminé de decirle, con un poco de enojo en mi voz.
- Realmente lo siento. Siento haberlos preocupado mucho. – En sus palabras se denotaba culpa y dolor. Yo me acerqué a él y lo abracé fuertemente.
- Milton, no me molesta que hayas perdido el dinero. Lo que me molesta, y me da rabia, es que te fueras y no avisaras a nadie. Tenía miedo de que algo te hubiera pasado y nunca más te hubiera vuelto a ver. Eso me habría partido mi corazón en dos. – Le dije, separándome de él y dándole un beso. – Vuelvo enseguida, dumb. – Terminé de decirle, con una sonrisa. Él me la devolvió y regresó a la habitación con donde yacía nuestra preciosa hija.
- ¡Te amo, Sweetness! – Gritó desde la puerta de la habitación, haciéndome sentir un poco avergonzada por su declaración, y a la vez feliz.
Sin poder creerlo, ya había pasado un mes y 15 días. Mi pequeña Cream crecía poco a poco. Adoraba tenerla cada minuto a mi lado, y más si estaba junto a su padre. No sé por qué pero, desde el día que desapareció esas horas, ahora trataba de pasar más tiempo con ella. Siempre le decía a ella palabras dulces y tiernas.
- Tú serás la niña más linda que jamás conoceré. Serás idéntica a tu hermosa mamá…– Decía estas palabras en un tono gracioso, viendo como nuestra pequeña Cream mostraba unas lindas sonrisas. –… también he notado que te gustan los Chao. Tal vez, algún día, tengas a un amigo Chao que te quiera bastante, ¿Verdad mi hermosa bebita? – Terminó de decir, mientras le daba muchos besos.
- Milton, tenemos que irnos. – Le dijo Dekker. Noté como Milton ni siquiera le había prestado atención. – ¡Milton! Ya tenemos que irnos. – Le refutó Dekker, quien lo cogía del hombro.
- Solo dame 5 minutos más. – Le pidió Milton, quien no dejaba de acariciar a Cream.
- No. Tenemos que irnos de una vez. No podemos llegar tarde. – Dijo firmemente. Vi como Milton apartó la mirada, sintiendo tristeza.
- Adiós mi pequeña y hermosa Cream. – Terminó de decirle, mientras le daba un beso en la frente. – Adiós, Sweetness. – Se despidió, dándome un beso en mis labios. La verdad, es que no sabía por qué la actitud de él era ahora así. Tal vez alguien pudo reconocerlo y, con el miedo de que lo atrapen, se ocultó durante esas horas; ya que yo aún era reacia a aceptar que "apostara en un casino" fuera la verdad. Había algo en sus ojos que me hacía dudar de esas palabras. Aun así, no podía darle más vueltas al asunto.
- Tranquila Vanilla, el volverá. Él lo hará por ti y por Cream. – Le escuché decir a Dagmar, sorprendiéndome. Realmente ni me di cuenta de en qué momento entró.
- Lo sé. – Le dije con una sonrisa.
Eran como las 4:15 am, cuando pasó. Sabía que hora era ya que no tenía mucho que me había levantado para alimentar a Cream. Sentí como habrían la puerta de golpe. Vi como Dagmar se tiró de la cama y, al levantarse, apuntaba un arma que se encontraba debajo de esta. Pero, rápidamente la bajó. Eran Milton y los demás, quienes en sus rostros se denotaban alegría y felicidad.
- ¡Maldita seas, Milton! ¡¿Por qué carajos hiciste eso?! ¡Casi me das un infarto! – Le gritó Dagmar enojada, mientras se escuchaba el llanto de Cream. Yo también me sentía un poco enojada por el susto que nos dio.
- Libre. – Dijo, dejándonos confusas. Vi como él se acercó a mí, abrazándome y besando a nuestra hija. – Muy pronto seremos libre de cualquier cargo. – Dijo con alegría absoluta, mientras me comenzaba a besar apasionadamente. Quedé pasmada por esas palabras salidas de su boca. No podía creerlo.
- Dime que no bromeas. – Dije, para saber que no era mentira.
- Tengo los datos e informes finales que Harvey me pidió. Tengo todo para hacer que Loeb, y todos los policías corruptos que lo siguen, caigan en las manos de la justicia. – Decía él con felicidad, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. – Al fin podremos dejar de huir. – Terminó de decir, viéndome fijamente con una sonrisa.
- Gracias, Dios. – Dije, mientras lo abrazaba. Notaba como nuestra pequeña Cream dejaba de llorar y soltaba unas cuantas risas. Ella también disfrutaba del momento de alegria.
- Todo va a ir para mejor, se los aseguro. – Dijo Dagmar con alegría, mostrándonos el pulgar levantado.
- Gracias, Dagmar. Pero… ponte una bata, ¿Quieres? – Le pedí, ya que estaba totalmente desnuda.
- Como si ellos ya no hubieran visto nada. – Refutó, pero aun así obedeció mi petición.
- Y, ¿entonces qué? ¿Llamamos a Harvey? – Le pregunté, separándome un poco de él.
- No. Aún no. Él piensa que está siendo seguido de cerca por Loeb. Nos dio una fecha específica para llamarlo y así lo haremos. – Me dijo seriamente. – Pero no importa. Y falta poco. Tú y Cream estarán bien. – Terminó de decir esbozando una sonrisa.
- De aquí en adelante será todo para bien. – Terminé de decir mientras le daba un beso en la frente a mi hija.
Esos tres días de paz, en los que Milton y los demás no salieron a ningún lado, fueron los mejores después de mucho tiempo de huir con la intranquilidad que nos daba que nos atraparan. No teníamos miedo de que nada malo nos pasara. Ya todo estaba mejorando para bien. Milton no se separaba ni un centímetro de nuestra pequeña Cream. Incluso llegue a sentir celos, ya que solo me la daba para alimentarla.
- No te levantes, Vanilla. Yo la alimentaré con el biberón. – Dijo Milton, bostezando un poco. Eran como las 2:00 am.
- Está bien. – Dije estas palabras casi como un susurro. Vi como él le daba el biberón a ella, sin que ella se incomodara. "Tal vez solo aceptaba el biberón con su papá" Pensé. Luego de unos minutos ella terminó de tomarse todo el biberón. Milton de dio unos golpecitos en la espalda para ayudarle a expulsar los gases que pudieran tenerle. Luego de eso, se acostó de vuelta en la cama.
- Mañana vendrá Harvey. Mañana será el inicio de una nueva vida. – Decía Milton con cansancio.
- Yo te esperaré. Esperaré los años que te den de cárcel. Te esperaré siempre. – Le dije, mostrándole una sonrisa.
- Eso es muy bello. Gracias. – Me dijo, notando como sus parpados se cerraban.
- Buenas noches, Dumb. – Terminé de decir, mientras cerraba mis parpados y me quedaba dormida con una sonrisa.
Harvey había llegado a primera hora, como Milton había dicho. Él miró los datos recolectados en su portátil y, esbozando una gran sonrisa, se alegró totalmente de lo que sus ojos veían.
- Al fin, luego de muchos años, van a caer. – Decía felizmente. – Milton, gracias por todo el esfuerzo que has hecho. La verdad es que no podía creer el día que me llamaste y me pedias ayuda. – Dijo seriamente.
- Perdí a Vanilla una vez y sentí que lo había perdido todo. Cuando ella volvió desde el más allá, sabía que tenía que hacer lo correcto. No permitiría que nada malo le volviera a pasar. Y, ahora, tengo a una linda hija a la que también debo proteger con mi vida. – Dijo seriamente, con una pequeña sonrisa.
- Me alegra mucho que lo hubieras hecho. Muchas personas dejaran de sufrir ante las injusticias de esas malas personas. – Terminó de decir Harvey.
- Y ahora, ¿Qué pasará? – Pregunté a Harvey. Esa duda de que hechos acontecerán después de este día yacía en mi mente.
- Ahora llamaré a un amigo mío, quien nos explicará y se encargará de ayudarme con el caso. Luego, Milton y los demás tendrán que declarar contra el comisionado Loeb. Luego de eso, esperar que él no trate de lastimarnos, ya que tendrá las manos atadas frente a todos los medios. – Me respondió, mientras acariciaba a mi pequeña Cream.
- Gracias. – Fue lo único que pude decirle.
- Bueno, esto hay que celebrarlo. Aquí tengo unas cervezas light. – Dijo Dagmar con entusiasmo, con cuatro botellas de cervezas en sus manos. Milton, Dunkel, Dekker y ella las tomaron. Harvey dijo que no le gustaba mucho la cerveza, pero agradecía el gesto. En ese instante, el celular de Harvey comienza a sonar. Él deja de acariciar a Cream y lo contesta.
- Hello? – Contestó con una sonrisa. En ello, veo como su sonrisa desparece, mientras en ese mismo instante su piel palidece. – No me llames, yo te llamaré. – Fue lo único que dijo, mientras colgaba y tiraba su celular al piso y lo destruía. Él se sentó en la cama y comenzó a sollozar.
- ¿Qué pasa? – Pregunté preocupada por la actitud que tomo en menos de un minuto.
- Saben en qué pueblo estamos. – Dijo sin rodeos. Mis ojos, y el de todos, se abrieron al escuchar esto. Todos estábamos sorprendidos. – Además, tienen secuestrado al amigo del que les conté. Quieren todos los datos y te quieren a ti. Si no los entrego, él morirá. – Terminó de decir, mientras caía en llanto.
- ¿Por qué no nos intentan atrapar de una vez? – Preguntó Dagmar, y era verdad. "Si ellos sabían dónde estábamos, ¿Por qué no nos buscaban?"
- Supongo que no quiere llamar la atención de nadie y explicar el porqué de toda esta locura. – Explicó él rápidamente. Vi a Milton totalmente pensativo, hasta que se acercó a Harvey.
- ¿Qué tenemos que hacer? – Preguntó Milton seriamente.
- Él quiere que mañana le demos una ubicación. Luego, yo te entrego, junto con los datos. Pero sé que no nos dejará ir con vida. – Dijo Harvey con dolor en su voz. – Ahora que las cosas parecían ir bien… empeoran. – Terminó de decir, mientras las lágrimas brotaban por su rostro.
- No permitiré que nadie más muera por mí. – Dijo Milton firmemente. Esas palabras dichas por él me rompían el corazón. Una parte de mí estaba feliz de lo que quería hacer, pero otra no. Él estaría dispuesto a dar su vida para redimirse de todas las cosas malas que hizo en su vida. Todas esas cosas de las que se ha arrepentido de haber hecho alguna vez.
- Milton, no…– Comenzó a decir Harvey, pero Milton colocó su mano en su hombro, interrumpiéndolo.
- Yo ahora tengo mucho que perder, pero sé que es lo correcto. Además, sé que ellos no me dejaran ir solo, ¿Verdad? – Dijo, mientras veía a Dunkel, Dekker y a Dagmar con una sonrisa.
- No te equivocas. – Dijeron todos a la vez, devolviéndole la sonrisa a Milton. Sin embargo, yo comencé a llorar. Mi alma y mi consciencia gritaban desde lo más profundo. Mi dolor era fuerte. Sabía que podía perderlos a todos. "Todo lo que se ha hecho ha sido en vano"
- Vanilla, sabes qué debo hacerlo. – Me dijo dulcemente Milton al oído.
- Lo sé, pero…– No podía terminar esa frase. Me dolía demasiado. En ello, Milton me dio un beso apasionado. Cuando terminó, me miró fijamente con una gran sonrisa.
- Lo único que me importa es que tú y Cream estén seguras. Eso es todo. – Terminó de decirme, dándonos un abrazo a nosotras. Al separarse, fijó su mirada en Harvey. – Tenemos que preparar todo para mañana, hay que ponernos en marcha. – Dijo seria y firmemente. Vi como todos ellos comenzaron a salir de la habitación –. Pero antes… lo siento Vanilla. – Dijo, mientras vi como cerró la puerta de la habitación y le puso seguro.
- ¡Milton, déjame salir! – Le grité, mientras movía las cortinas de la ventana y lo veía.
- No. Sé que eres capaz de seguirnos. No quiero nada malo te pasa. – Me contestó con tristeza.
- Por favor. – Dije en suplica, mientras las lágrimas brotaban de mis ojos.
- Te amo, hasta luego. – Dijo, mientras se comenzaban a marchar todos.
En ese momento, un dolor comenzaba a recorrer por mis venas. Los iba a perder. Iba a perder a mi toda mi familia, de nuevo. Iba a perder a aquellas personas que eran tan importantes en mí existencia. Todo ese dolor le llegó a mi pequeña Cream, quien comenzó a llorar. Por mucho que la meciera, alimentara o jugara, permaneció gran parte del día triste. Sus ojos no reflejaban esa bella luz que iluminaba mi alma. Aunque también podía ser que, con todo el dolor que rodeaba mi cuerpo y mente, no era capaz de ver ese brillo. Llamé a administración pero Milton fue inteligente. Les pagó para que no me abrieran las puertas. Pero había una especie de clausula. "Si ellos no venían en tres días, podían dejarme libre". Tan solo con escucharla mi angustia aumentó en proporciones enormes. Al ver el reloj de la habitación pude vislumbrar que eran las 3:00 pm. También noté que mi pequeña Cream se estaba quedando dormida. Sin más que hacer, seguí su ejemplo.
- Trataré de dormir. – Me dije a mí misma, mientras cerraba mis parpados. Sentía como me dormía casi al instante.
Disparos por todos partes. "Bam, Boom, Bam, Boom" Charcos de sangre se formaban con rapidez en todo el suelo. El llanto de un bebé se escuchaba de fondo ante toda esa terrible escena. Las risas morbosas y más disparos. El fin estaba cerca y yo lo sabía.
Me desperté súbitamente. Mis parpados ya se habían abierto antes de darme cuenta. Escuchaba el seguro de la puerta desbloquearse. Un miedo recorrió por poco tiempo mi cuerpo hasta que lo vi. Era Milton, junto con Dagmar a su lado. Levanté con cuidado a nuestra hija y la llevé hasta donde estaban ellos. Noté que en el reloj decían ser las 10:00 pm. No me había dado cuenta de todo lo que había dormido, junto con mi hija.
- Pensé que no vendrían. – Dije en voz baja, tratando de no despertar a Cream. Milton la acarició y la tomó en sus brazos.
- Estábamos comprando unas cosas. Puede que sepan en que pueblo estamos, pero no lo conocen como yo. Se lugares en donde conseguir buenas cosas sin que jamás lo descubran ellos. – Dijo, también en voz baja. Saqué mi cabeza un poco y pude vislumbrar a Dunkel, quien tenía un arma de alto calibre. Sabía que no podía detenerlos, ya habían tomado una decisión y llegarían hasta el final de las consecuencias. Vi como Milton le daba a Cream a Dagmar, quien la cogía con el más cuidado posible. – Ya te llevo los biberones. – Dijo suavemente.
- De acuerdo. Los esperaré. – Le terminó de decir, mientras comenzaba a marcharse.
- Espera. ¿Por qué te la llevas? – Le pregunté a Dagmar, quien se detuvo y me mostró una sonrisa.
- Milton te lo explicará. – Dijo, viéndome fijamente.
- De acuerdo. Ha, debes saber que es posible que muy pronto se despierte, ya que durmió todo la tarde y parte de la noche. – Le informé, viendo como asentía ante mis palabras. Milton me pidió entrar a la habitación, obedeciéndole rápidamente. Ya adentro, me pidió qué me sentara en la cama.
- ¿Qué pasa, Milton? – Le pregunté temerosa. Pensé que quería aprovechar cada minuto con nuestra hija… si las cosas seguían con su curso.
- Es que…– Tomó un gran suspiró y me miró directo a los ojos. – Es que quiero pasar esta noche contigo. – Dijo suavemente estas palabras. Sentí un calor recorrer mi cuerpo. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos juntos íntimamente.
- Milton, yo…– Comencé a decir, pero me detuve. No tenía palabras en mi mente para negarle su proposición.
- Vanilla, quiero hacer el amor contigo. Si mañana no salen las cosas bien, quiero disfrutar una noche más a tu lado. – Dijo, con una súplica donde se denotaba cariño y amor en sus palabras.
- Sí. Quiero estar contigo. – Le respondí, mostrándole una sonrisa. Él también sonrió, mientras comenzábamos a besarnos.
- Déjame llevarle primero a Dagmar los biberones. – Dijo, separándose de mí y saliendo de la habitación con los biberones en sus manos. Mientras tanto, yo rápidamente me dirigí al baño y me eché agua en la cara para refrescarme. Me sentía nerviosa, y a la vez feliz, por lo que iba a pasar. Salí del baño y ahí estaba él. Él me miraba fijamente con una sonrisa. Yo se la devolví, acercándome lentamente a él. Ya frente a él, lo comencé a besar. Mientras nos besábamos sentía sus manos recorrer mis hombros, quitando lentamente mi vestido. Ya estando en ropa interior, yo le devolví el favor. Le ayudé a quitarse su chaqueta y sus pantalones. Ambos estábamos en ropa interior, viéndonos de frente. Sentí un poco de vergüenza.
- Estás igual de hermosa. Cómo siempre. – Dijo acariciando mi cintura de manera suave. Yo me acosté rápidamente en la cama, desnudándome completamente. Él también hizo lo mismo y se puso encima de mí. – Te amo, Sweetness. Te amo desde el fondo de mi corazón y mi alma. – Dijo con cariño, mientras de sus ojos brotaban lágrimas de amor puro.
- Yo también te amo. Pase lo que pasé, siempre te amaré hasta el final. – Le dije con cariño, mientras las lágrimas también brotaban de mis ojos. En ello, mientras nos besábamos apasionadamente, comenzamos a hacer el amor.
Eran las 3:53 am. En ese momento fue cuando nos detuvimos. Ya no había fuerzas en nuestros cuerpos para continuar con lo que hacíamos. No paramos casi ni un solo momento, a pesar del dolor que sentían nuestros pulmones y músculos. Jadeábamos bastante y nuestra respiración era agitada. Nos veíamos y una sonrisa era esbozada por nuestros rostros, los cuales se besaban apasionadamente.
- Siempre que estoy contigo ha sido espectacular. La primera vez o la última, esa sensación no ha cambiado. – Dijo, jadeando un poco por el cansancio. Aun así, noté una mirada de culpa en su rostro.
- ¿Qué pasa? – Le pregunté colocando mi mano en su rostro. Él me miró con una expresión un poco seria.
- No usamos protección. Creo que nos dejamos llevar por el momento. – Dijo, mientras bajaba la mirada con culpa.
- Milton,…– Comencé a decir, alzándole el rostro para que me viera directo a los ojos. –…No me importa. Pasará lo que tenga que pasar. Yo aceptaré cualquier destino que nos toque. – Le dije con una gran sonrisa, acariciándole el rostro.
- Si es así…– Dijo, siendo él quien me acariciaba el rostro ahora. –…Quiero que me prometas que si, por cualquier motivo, algo malo llega a pasarme… tú continuarás adelante. – Dijo estas últimas palabras seriamente. Yo quedé estupefacta ante esto. – Quiero que sigas. Te enamores y vuelvas a comenzar. Me dolería mucho verte, desde donde sea que termine, sola y aún atada a mi recuerdo. Eso me partiría el alma. – Terminó de decirme seriamente, dejando de acariciar mi rostro.
- Milton, yo no sé si…– Antes de que pudiera terminar esa palabra, soy interrumpida por un beso apasionado dado por él.
- Prométemelo, por favor. – Me suplicó con los ojos llorosos. No quería decirlas pero, al verlo así, no quería tampoco lastimarlo
- Te… lo… prometo. – Dije con dolor. Estas palabras me dolían. "Realmente me duelen"
- Gracias. – Dijo con una gran sonrisa. En ello, se paró de la cama y se puso los pantalones.
- ¿A dónde vas? – Le pregunté.
- Quiero terminar esta noche durmiendo al lado de las dos personas que más amo en el mundo. – Me respondió felizmente. Él salió y rápidamente, en menos de un minuto, entró con nuestra pequeña Cream en sus brazos. Él se acostó y acomodó bien a nuestra bebita en medio de nosotros.
- Debió ser molesto para Dagmar despertarse y volver a tratar de dormir. – Dije, mientras acariciaba con cuidado Cream. En ello, veo como Milton suelta una carcajada en voz baja.
- ¿Dormir? Dagmar no ha podido dormir en toda la noche. – Me decía, mientras unas pequeñas carcajadas salían de él.
- ¿Por la bebé? – Le pregunté apenada. Sin embargo, el me negó con la cabeza.
- Su habitación queda al lado de la nuestra, y las paredes son algo delgadas. – Dijo, y tan solo con decir esas palabras capte su mensaje. En ese preciso momento, me sentí sumamente avergonzada. – Sabes, esto me recuerda cuando estábamos en Soleanna. Eran casi las 6:00 am y no habíamos descansado en toda la noche. De repente, Menly entró y, con rapidez, nos echó un balde de agua fría. Me agarró de los hombros y, mirándome fijamente, me gritó: "Quiero dormir de una maldita vez". – Dijo Milton, quien parecía aguantarse las ganas de reír. – Ella era un bello cisne pero daba miedo absoluto. – Terminó de decir, mientras soltaba unas cuantas carcajadas, en voz baja. Yo también recordé eso y, al igual que él, solté varias carcajadas.
- Recuerdo que al día siguiente ella trajo a alguien. Aun no sé si era un chico o una chica, por todos esos pirsin y el estilo del cabello. Pero, como si fuera una competencia, no recuerdo en cuál de los dos cuartos gritó más en toda esa noche. El de ella o el nuestro. – Dije, sintiendo vergüenza por esa anécdota, mientras no dejaba de reírme, junto a Milton. En eso, vemos como nuestra preciosa Cream bostezaba. Nos quedamos callados, para no despertarla. Ambos nos vimos y le damos un beso en la frente a nuestra hija.
- Buenas noches, Cream. – Dijimos al mismo tiempo en voz baja, notando como una sonrisa aparecía en su rostro, llenándonos de felicidad. En ello, nos acomodamos y tratamos de dormir lo poco que quedaba de la noche.
Él día llegó más rápido de lo previsto. Los vi desde las 8:00 prepararse para la confrontación. Tenía miedo y no lo negaba. Lo único que pude hacer fue prepararles algo para el desayuno. No quería que se fueran con el estómago vacío. Les preparé a todos un bistec en su salsa, con papas (patatas) asadas al vapor. Pero (especialmente) a Milton también le preparé su postre favorito. Un pastel de queso crema. "Ese postre que nos unió en un principio". Lo vi casi devorarlo, mientras su cara articulabas gestos de placer.
- Si quieres más tienes volver sano y salvo. – Le dije, mientras trataba de aguantar las ganas de llorar. Sin embargo, él no me contestó nada. Solo me miró y me sonrió. "No sé qué puede significar esa sonrisa. ¿Un adiós o un volveré?".
Todos ya estaban casi listos. Mientras los demás llevaban consigo varios cartuchos de pistolas y de subametralladora, Milton llevaba en su espalda la escopeta que usó para rescatarme de las manos de Irons.
- Ha sido divertido. Supongo que es el final. – Comenzó a decir Dagmar, con una sonrisa en su rostro.
- No hables así. Milton lo conseguirá. Ya lo veras. – Dije firmemente.
- Vanilla, meceré la pena luchar por ti y Cream. – Dijo, notándose los ojos un poco llorosos. En ello, me da un pequeño beso en los labios, el cual se sintió casi igual a los que me daba Milton, y le da un beso en la frente de Cream, y se separa de mí. Noto como su mirada la fija hacia Milton. – Ojalá no te hubiera conocido. – Dijo en broma, señalándolo con su dedo. Ella se acercó y colocó sus manos en la cara de Milton. – Ser una drogadicta, al borde de la muerte, era mucho más cómodo. – Al terminar, le dio un beso rápido en los labios. Era la primera vez que veía, con mis ojos, que Dagmar besara a un chico (aunque fuera Milton) en todo este tiempo. Ella se alejó de Milton, en dirección a la puerta. – Nos vemos en el infierno. – Terminó de decir.
- Dagmar…– La llamé, viendo cómo se detenía súbitamente y me miraba a los ojos. – Si vuelves… Milton y Cream dormirán hoy en tú habitación, y tú y yo haremos el amor. – Le dije con una sonrisa. Vi como ella se quedó pasmada ante mi proposición. Noté como una sonrisa se vislumbraba en su rostro.
- Solo te digo que no me detendré en todo la noche. Incluso llegará el momento en el que te quedes dormida y yo continuaré. – Dijo, mientras caía en risas. Todos los demás también rieron ante su declaración. Yo me sentía apenada por lo que acababa de insinuar, pero no me importaba. "Ella también hizo mucho por mí. Merece una recompensa".
- Bueno, es tiempo de irnos. – Dijo Harvey seriamente. Yo los vi a todos y no pude aguantar las ganas de llorar.
- Ya, Sweetness. De alguna manera todo saldrá bien. No puedo prometerte que volveremos, pero… puedo prometerte que tú estarás bien. – Me dijo tiernamente Milton. – Adiós. Cream. – Dijo él, con los ojos llorosos y dándole un beso a nuestra hija. – Adiós, mi dulce Sweetness. – Terminó de decirme.
- Adiós, mi gran y bello Dumb (tonto). – Le dije, dándole un gran beso apasionado. – Adiós chicos. Cuídense mucho. – Les terminé de decir.
- Lo haremos. – Dijeron todos los demás a la vez. En ello, todos salieron de la habitación y se dirigieron al parqueadero del motel. Allí, vi cómo se marcharon en el auto de Harvey. Tenía miedo y sabía en el interior que algo malo pasaría; Pero trataba de no escuchar a mi subconsciente. "Solo quiero que vuelvan".
Dos horas habían pasado. Dos horas de angustia y dolor. Una angustia y preocupación que aumentó al escuchar una pequeña explosión proveniente del centro del pueblo. Mi cuerpo temblaba y el llanto de mi pequeña Cream solo servía para empeorar la situación. Aunque mi mente trataba de negar que tal vez no fueran ellos, mi corazón lo sabía. Los minutos pasaron y las sirenas de policías y bomberos no se hicieron esperar. Cuando ya no sabía que podía pasar, un golpe fuerte se escuchó en la puerta. Sentí como mi corazón aceleró más de lo que estaba. No sabía qué hacer. Me dijeron que no le abriera la puerta a nadie.
- ¡Vanilla! – Escuché el grito de dolor de Milton. Escuchar se voz me hace esbozar una sonrisa. Lo había logrado. De alguna manera, lo había logrado. Corrí con cuidado hacia la puerta y la abrí. Pero un terror me invadió al verlo. Un terror que por poco me hace desmayar. Mis ojos lo veían a él… herido gravemente. Gran parte de su chaqueta estaba manchada de sangre. La mancha principal se encontraba cerca de su estómago. Yo quise ayudarlo a llevarlo a la cama pero él se negó.
- ¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde están los demás?! –Le pregunté alterada, porque si él estaba así… no quería imaginarme como estarían los otros.
- Ya no hay nadie más, creo. – Me contesto con lágrimas en sus ojos. – Fue casi una masacre. Apenas llegaron dispararon a matar. Tratamos de defendernos y salvar al amigo de Harvey. Dekker fue el primero en caer. Luego fue… Dagmar. – Al oír su nombre las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. – Uno de los malditos compañeros de Loeb le dio a un barril inflamable y este estalló, junto con todos los demás. Vi como los cuerpos de ellos se quemaban. – Decía con angustia y denotándose adolorido por el destino que les tocó. – Después, uno de los líquidos le quema medio rostro a Harvey y Dunkel va y le ayuda. En ese instante, una pared nos separa. De allí, ya no sé si sobrevivieron. Yo salí por una escotilla de ventilación. Vi cómo todo el almacén se incendió y explotó. Lo peor fue ver que Loeb seguía con vida y se marchaba como si nada. – Terminó de decir enojado. Yo me acerqué a él y le di un beso.
- Todo estará bien. Te vas a poner bien. – Le decía para calmarlo, pero él negaba con la cabeza.
- Vanilla, mírame. Tengo un agujero grande cerca del estómago y mi pelaje se ve muy pálido. Se reconocer un cadáver perfectamente. Solo te quiero decir que…– No pudo terminar su frase, ya que comenzó a escupir sangre. – Ves. Ya no me queda mucho. – Refutó él.
- No, tú te vas a mejorar. – Le dije, mientras lloraba, junto con mi hija quien también no dejaba de llorar.
- Vanilla, quiero que te alejes lo más que puedas. Vete… ehh… no sé…– Comenzó a verse pensativo. –…a la estación de buses. No tenemos dinero, así que lo único que se puede hacer es pedir es un milagro. – Termino de decirme, mientras tocia sangre.
- Milton, yo no puedo…– Quería negarme a dejarlo.
- Me lo prometiste. Pasará lo que pasara, tú continuarías con tu vida. Tienes que hacerlo… por Cream. – Me dijo, interrumpiéndome, en suplica. – Otra cosa, pásame una caja que hay debajo de la cama. – Me pidió. Yo le obedecí y le saque una especie de maletín. Vi como lo abrió y una jeringa grande, con un líquido verde dentro, estaba en su interior.
- ¿Qué es esto? – Le pregunté confusa por ese contenido.
- Soy demasiado orgulloso. – Dijo seriamente. Me di cuenta a que se refería, asustándome.
- No lo hagas. No te mates. – Le supliqué, mientras más lágrimas brotaban de mis ojos.
- Vanilla, voy a morir y no quiero darle el placer a Loeb de haberme matado. – Me explicó, mientras se incrustaba la aguja de la jeringa en su brazo derecho. Vi como él quiso introducir ese líquido en su cuerpo pero titubeaba al hacerlo. Yo coloqué mi mano sobre su hombro, dándole confianza. Él me miró, con culpa en sus ojos, mientras introducía ese líquido en sus venas. – No tengo mucho tiempo. Así que quiero que mis últimas palabras sean… Vanilla, Cream, las amo con toda mi alma. – Me dijo con una gran sonrisa.
- Nosotras también te amamos. – Le dije, mientras me acercaba a su rostro y le daba un beso. "Un beso de despedida". Él también me lo dio, y a Cream. Yo comencé a salir de la habitación. Y cerré la puerta. No quería ver su cuerpo comenzar a convulsionar ni nada por el estilo. En cualquier momento comenzaría a decir palabras incoherentes. Pero, para mí, sus últimas palabras siempre serán: "Vanilla, Cream, las amo con toda mi alma."
- ¡No! – Escuché gritar dentro de la habitación. Quería entrar y estar a su lado hasta el último momento, pero sabía que él nunca me lo perdonaría. – ¡Aléjate de ellas! ¡No te atrevas a tocarlas! ¡No te atrevas a tocar a mi pequeña Cream! ¡No te lo permitiré! – Gritaba como loco, mientras escuché como cayó de la cama. Quería con toda mi alma volver a entrar, pero me comencé a marcharme. Tenía una promesa que cumplir.
Todos en la terminal de buses estaban asustados. Tuvieron miedo cuando escucharon la explosión. Pero a mí no me importaba. Solo estaba allí, sentada y sin dinero. Lo único que tenía en mis manos eran las pocas cosas que mantuve lista para sacar de la habitación. Un pequeño morral con las cosas de Cream y unas prendas mías; Además, tenía en mis piernas el pastel de queso crema qué le había preparado a Milton. Solo le quedaban tres porciones. Pero la verdad, esperar un milagro era casi imposible. Pero cerré mis ojos y pedí al cielo que pasara.
- Perder a alguien querido puede ser doloroso. – Escuché decir a mi lado, haciendo que abriera los parpados inmediatamente, asustándome. – Crees que todo estará bien y solo con desear que las cosas permanezcan igual piensas que se mantendrán así. – Seguía diciendo ese muchacho (Quien no denotaba más de 30 a 35 años) alto y delgado con cabello castaño y patillas, que usaba un traje marrón con corbata y camisa azul claro; ausentándome más. Pensaba que en cualquier minuto diría algo como "Estas detenida por complicidad" – Los ves a todos irse para siempre y te preguntas: "¿Cómo puedo continuar cuando lo he perdido todo?" – Dijo estas últimas palabras con dolor, y sentía que las decía de verdad. – Entonces me digo a mí mismo: "Se lo debo a todos los que me querían y sabían que esa era la única solución" – Terminó de decir, notando que sus ojos se ponían un poco rojos. Notaba como esos ojos, con iris café, parecieran que quería llorar. En eso, gira su cabeza y me mira fijamente. – Lo siento. – Dijo, aterrorizándome. Sentía como mi cuerpo temblaba, y aún más al verlo pararse de la silla. – Realmente lo siento. – Seguía diciendo, pero vi que se sobaba las manos sobre su cabeza, despeinándose. – Soy idiota. Mírame, hablando de mis problemas y asustando esta pobre madre. Realmente soy idiota. – Decía, mientras se le veía avergonzado. – Te pido disculpa. Yo también sentiría miedo si alguien empezara a hablar sin sentido a mi lado. – Dijo, pesando en lo que había hecho.
- No Problem. – Le contesté, dejándome ahora confusa. Vi como el metió su mano en uno de sus bolsillos y sacaba varios papeles y folletos.
- Le compré todo esto y le averigüé lo que me pidió, y no sé presentó. Que malagradecido. Y lo peor es que no me dan reembolso. – Dijo, tirando los papeles a mi lado. – Mira, allí hay un boleto de autobús para el pueblo Green Peace (Paz Verde). Si quieres tómalo, ya que no lo necesito. – Terminó de decir, mientras se comenzaba a marchar. Pero, vi como retrocedió y me vio directo a los ojos. – Sabes una cosa, ¿Puedes regalarme una rebanada de ese pastel? – Me pidió sin dejar de sonreír. Yo se lo di. No sabía si se lo daba para que se fuera o porque no me parecía alguien peligroso. Él lo devoró rápidamente y en cara había expresiones de placer. – Qué delicia. Gracias. – Dijo agradecidamente, mientras esta vez sí se marchaba. Tuve miedo de coger esos papeles, pero dejé de lado ese temor. Al cogerlos vi el boleto del asiento del bus, junto a diferentes folletos de casas del pueblo. Noté como un boleto de lotería, de Rings and Emeralds, caía al suelo. Al cogerlo, y darle la vuelta, me sorprendo de las palabras que tenía escrita. "Tómalo de mi parte, Sweetness". No podía creer lo que mis ojos leían, ya que no podía ser verdad. Se parecía mucho a la letra de Milton.
- No puede ser. Es imposible. – Me dije a mí misma. Miré la hora en la que fue hecho el boleto de lotería y vi la hora que era actualmente. No tenía más de 10 minutos de haber sido hecha. "Una muy mala coincidencia"
- "Pasajeros del bus 10245, con destino a Green Peace, por favor aborden inmediatamente. El bus partirá dentro de 5 minutos." – Repitió tres veces el megáfono de la terminal. Recogí todos los papeles y folletos y, sin pensarlo tanto, fui directo hacia el bus. Lo abordé y me senté en el asiento que marcaba el boleto. Quería gritar y llorar, pero tenía que ser fuerte de ahora en adelante.
- Mamma, ho deciso! Vado in autobus! Non mi piacciono gli aerei! (¡Mamá, ya lo decidí! ¡Me voy en bus! ¡No me gustan los aviones! ) – Le escuché gritar a un señor en el pasillo, quien hablaba por celular. Él se sentó a mi lado y, con facilidad, se le denotaba enojado. – Quello che poi vado in città, acquistare un biglietto aereo e attendere il tempo di volo sarà lo stesso di andare in autobus. Ciao Ciao! (Lo que me tarde en ir a la ciudad, comprar un boleto de avión y esperar la hora del vuelo, será lo mismo que irme en bus. ¡Adiós!) – Colgó el teléfono, pero su voz despertó a mi pequeña Cream, quien lloró inmediatamente. Yo la calmé rápidamente, volviéndola a dormir. El señor me miró apenado. – Lo siento tanto. – Me pidió disculpas el señor.
- No se preocupe. Todos tenemos problemas en la vida. – Le dije sin emoción. Seguía pensando en cómo todos lo que me rodeaban se habían ido, y las frases dichas por el muchacho seguían en mi mente. En ello, escuché el gruñir del estómago del señor, quien se denotó apenado. – Tome un pedazo. Lo necesita. – Le dije mientras le entregaba una rebanada de pastel de queso crema, mostrándole una sonrisa para parecer educada. Él lo cogió y comenzó a degustarlo. Noté como abría los ojos y masticaba lentamente el pastel.
- ¿Quién hizo esto? – Me preguntó seriamente.
- Fui yo. – Le contesté seriamente.
- En serio, es una maravilla. Realmente es una delicia. – Me alagó, terminándose su pastel. – Sabes una cosa. Yo tengo una pequeña pastelería en Station Square, y me gustaría que trabajaras allí. Aunque la pastelería no pasa por su mejor momento, ya que hay muchas cuentas que pagar y otras cosas, es un buen lugar ya que todos nos tratamos como familia. Sé que no nos conocemos, pero esa pequeña rebanada me demuestra que tienes un talento innato para preparar postres. ¿Qué dices? – Me preguntó con una gran sonrisa en su rostro. Apenas lo conocía. Era la primera vez que lo veía. Podía ser una trampa o algo peor. Pero en él no sentía ninguna clase de sensación rara o de advertencia. El mundo estaba plagado de gente tan oscura donde su sonrisa era su arma más letal; pero en él no sentía eso. "Este debía ser el milagro esperado"
- Acepto, señor…– Dije, pero no sabía su nombre para terminar esa oración.
- Boddy Valastro, a su servicio. – Me dijo Cortésmente.
- Gracias. Mi nombre es Vanilla y esta es mi pequeña hija, Cream. – Dije con una sonrisa. En eso, el acarició a mi pequeña hija en su cabecita, con mucho cuidado para no despertarla. Miré por la ventana y sentía que, de alguna manera imposible, Milton había ayudado a que todo esto me estuviera pasando ahora mismo. "Este milagro es gracias a él"
Las horas pasaron. Ya era muy de noche cuando llegamos al pequeño pueblo. A pesar de que no se viera nada muy claramente, por la oscuridad, se notaba que era un lugar muy pacífico y lindo. Le había dicho a Boddy que no tenía a donde ir, sorprendiéndolo y dejándolo un poco confuso. Aun así, él me ofreció hospedaje en la casa de su madre. Aunque él no viviera allí, ya que vivía en Station Square, tenía copia de las llaves según me había contado.
- Mamma, sono a casa (Mamá, ya llegué). He traído compañía. – Dijo, mientras entrabamos a la casa. Noté que era muy linda y bien decorada.
- Estoy en la sala, viéndome las noticias. – Se escuchó decir. Fuimos a la sala y allí estaba. Veo a la televisión y noto como daban una repetición de una noticia que me hizo sentir dolor. Mis ojos veían como la presentadora hablaba del hallazgo del cuerpo de Milton, a quien se le culpaba del incendio en la fábrica. En eso, mostraban a comisionado Loeb quien sonreía ante las declaraciones que daba acerca de cómo una mala persona moría y el mundo estaría más seguro. Tenía ganas de gritar a todo pulmón que todo lo que decía era mentira. – Ese tipo me da muy mala espina. Siento que todo lo que dice es pura mentira. Ese joven no pareciera ser todo lo que menciona. – Comentó la madre de Boddy.
- ¡Todo lo que dice sobre Milton son mentiras! – Grité, ya que no podía más con el dolor. Ellos se quedaron viéndome sorprendidos. Yo agaché la mirada y sentí como mis lágrimas se resbalaban por mi cara. En ello, mi rostro fue alzado por la madre de Boddy.
- Por qué no nos cuentas más. – Me pidió con una gran sonrisa. Yo asentí con la cabeza, ya que quería dejar salir todo el dolor reprimido que yacía dentro de mí. Les comencé a contar todo la verdad. Cuando terminé de contarles, ellos no podían creerlo.
- Lo siento tanto. – Me dijo Boddy, mientras se pasaba la mano por sus ojos.
- oh, ahora ya estas a salvo. – Dijo la madre de Boddy, dándome un abrazo.
- Apenas tenga dinero para irme, yo me…– En ello, veo como Boddy y su madre me niegan con la cabeza.
- Puedes quedarte aquí todo el tiempo necesario. – Me dijo con una gran sonrisa la madre de Boddy.
- Gracias. – Fue lo único que pude decirles. Vi como ellos prendían el televisor.
- Boddy, aun cuando tengas a una excelente cocinera y pastelera, las deudas con el banco son muchas. Todo el esfuerzo de tu difunto padre, por el negocio que fundo, se perderá por culpa de ese contador. Nos robó todos nuestros ingresos sin que nos diéramos cuenta. – Decía con dolor.
- Desearía que un milagro pasara ahora mismo. – Dijo Boody sin emoción. Yo vi que estaba mencionando los números de la lotería Rings and Emeralds. Mis ojos definitivamente no podían creer lo que veían. Los números en pantalla eran los mismos que tenían el boleto. Había ganado la suma de medio millón de dólares. Yo me acerqué a ellos y les mostraba una gran sonrisa.
- Creo que nuestros problemas se solucionaran rápidamente. – Les dije, mostrándole el boleto. Boddy lo cogió y, al ver a la pantalla, no podía creerlo. – Todo irá para bien de aquí en adelante. Tengo ese buen presentimiento. – Les terminé de decir, mientras le daba unos besos a mi pequeña Cream. No sé cómo, pero el destino nos estaba ayudando. – Milton. – Dije, ya que pensé en él y una gran sonrisa salía de mí. "Definitivamente Milton tenía algo que ver con todo esto, de algún maravilloso modo."
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
- ¿Estás llorando? – Le preguntó Vanilla a Malorum55, quien rápidamente se pasó la mano por los ojos.
- No, no, no, no, no…– Decía Malorum55, negando firmemente. En eso, Vanilla lo vio seriamente, arqueando una ceja. – Bueno, sí. – Aceptó el felino un poco avergonzado. – ¿Qué esperabas? Aunque para algunos el capítulo no dé para llorar, y los entiendo, yo tuve que escribir todo esto y pensarlo muy detalladamente. ¡Rayos! Lloro cada vez que veo Titanic. Spoiler, se ahogan y aun así me duele ver las escenas finales. – Terminó de decir.
- No tienes que sentir pena por tus emociones. Es mejor mostrarlas que evitar que salgan. – Dijo con una gran sonrisa esbozada en el rostro de Vanilla.
- Tienes Razón. Bueno, nos vemos en el capítulo final. – Le dijo el felino.
- Adiós, Malorum55. – Se despidió la coneja, mientras se marchaba del lugar.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Bueno amigos y amigas esto es todo por hoy. No olviden dejar sus Reviews. Sin más que decirles los espero para el capítulo Final y el EXTRA.
Que tengas todos ustedes un buen día.
