Buenos, mis fieles lectores, aquí les traigo el capítulo final definitivo de esta historia. Este capítulo se lo dedico a Sonatika. Si no fuera por ella, no lo habría pensado en hacer. Sin más que decir, A leer.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
- Hey, Wait a minute. ¿No dijiste que borrarías el aviso anterior cuando estrenaras este? – Preguntó indignado el conejo al ver que aún seguía el texto donde salí lastimado por las palabras.
- Sí lo iba hacer. Pero me pareció tan gracioso que he decidido dejarlo. – Le dijo Malorum 55
- Rayos. – Fue lo único que comentó Milton.
- Bueno, no hagamos perder más tiempo a los lectores. – Dijo el felino, mientras dejaba vía libre a los lectores.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
EXTRA DEL EXTRA
Crónicas En El Infierno.
Las llamas quemaban todo lo que tocaban. Todos los que yacían en ese lugar se lo merecían, por sus viles acto cometidos durante su vida terrenal. Pero, en medio todo ese mundo de caos, cenizas, llamas, dolor, y otras cosas peores imposibles de narrar, se encontraba una cárcel. Pero no era cualquier tipo de cárcel. Era la única cárcel en la que todos los malos querían entrar. No porque tuviera un buen servicio carcelero, sino porque en ella se encontraba la salida de vuelta al mundo que dejaron atrás. Pero, para su indignación, allí se encontraban custodiándolos diferentes demonios. Hasta el momento, muy pocos habían tenido la oportunidad de entrar y lograr su cometido. Aun así, aunque lograran salir, eran perseguidos por el "Contador". Él era el encargado de todo ese infierno, y no permitiría dar ese lujo a nadie. Allí, en la prisión, se escuchaban los cientos de tiros de armas, "matando" a los presos que tuvieron la idea de que lograrían entrar.
- Buen tiro, Milton. – Le elogió el Contador al conejo café.
- De nada, Contador. – Le respondió ante el alago.
- No seas muy presumido, Milton. No tenemos tiempo para descansar. – Mencionó Dagmar, quien se acercaba a él le daba una pequeña palmada en la cabeza. – No dejes de cubrir tu posición. – Le dijo, casi como una orden.
- Ella tiene razón. Hay que estar alerta. – Comentó Dekker.
- No se preocupen, todo está bien ahora. – Decía el Contador, y era así. Ellos notaron que ya no había nadie entre los muros de la prisión.
- ¿A dónde han ido todos? – Preguntó temeroso Milton, sin poder creer lo que veía. Vio como el demonio, quien siempre se alegraba de tener la apariencia de William Fichtner (aunque nadie allí entendía la referencia.), soltaba unas carcajadas.
- Tantos siglos y siempre se les olvida. Una vez, cada tanto tiempo, todos los cercanos a la prisión desaparecen por unas horas. – Terminó de explicarles.
- Oh, es verdad. Ya se me había olvidado. – Dijo Milton, bajando su arma. El Contador se acercó a los tres y les sonrió.
- Ustedes tres llegaron aquí, con sus armas, y yo pensé que tendría que enfrentármeles. Pero no fue así. Vinieron con la idea de proteger este lugar. Rápidamente miré en sus memorias y no podía creer lo que hicieron. – En eso, cayó en carcajadas. – Negaron la recompensa de ir al cielo. – les dijo, sin dejar de reír.
- Somos idiotas. – Comentó Milton, quien también comenzaba a reírse, junto con Dagmar y Dekker. En eso, el Contador hizo aparecer una botella de vino, junto con cuatro copas, y sirvió el preciado líquido. Mientras que dé el solo salían gestos de placer, Milton y los demás escupieron el líquido que acababan de tomar. – Esto no es vino. ¡Es vinagre! – Gritó enojado. Sin embargo, el demonio lo vio con una ceja arqueada.
- ¿Qué esperabas? Esto es el infierno. – Mencionó, mientras volvía a tomar de su copa. – Saben una cosa, quiero que me cuenten, con sus palabras, el último día de sus vidas. – Pidió él, con una sonrisa esbozada en su rostro. Milton y los demás se vieron confusos.
- Pero si tú puedes ver nuestros recuerdos y parte del mundo terrenal. – Comentó Dagmar.
- Lo sé. "Pero no es lo mismo leer el libro que verse la película". – Mencionó, con una voz de súplica. Milton, Dagmar y Dekker se vieron y, con sin más que hacer, cedieron a la petición del Contador. Él se alegró de esto e hizo aparecer una gigante esfera de cristal enorme. – Bueno, comienza tú, Dekker. – Le pidió amablemente. Dekker soltó unos suspiros y notó como la esfera de cristal comenzaba a mostrarlo a él, desde la perspectiva de su último día de vida.
Inicio POV Dekker.
El momento se acercaba. Notaba esos rayos del sol que comenzaban a inundar mi habitación. Las acciones que tomaríamos ahora decidirían el curso de nuestro futuro. Preparaba mis armas para ese momento, sin dejar de ver la hora. Antes de las 8:30 am ya debíamos estar listos para partir. Sentí como tocaron a mi puerta. Yo la abrí y era Vanilla, mostrándome su bella sonrisa.
- Buenos días, Dekker. El desayuno está preparado. – Me informó ella, mientras me daba un abrazo. Sentí un calor especial emanado de ella. No era ese tipo de calor de excitación, sino de protección y cariño. "¿Nosotros la protegíamos a ella o era ella quien nos protegía a nosotros?" Pensé con duda en mi corazón. Ella era una chica muy especial y valía la pena luchar por ella. Ella se separó de mí y se dirigió a su habitación. Yo la seguí, después de todo, tenía mucha hambre. Allí ya estaban sentados Dagmar, Dunkel, Harvey y Milton., quien cargaba a su pequeña hija. "Ni yo hubiera podido creer esa escena" Pesaba. Después de todo, solo hacía unos años estábamos en el otro bando de la ley, y Milton no era un santo. Pero verlo, con su hija en sus manos, me mostraba que podíamos cambiar. Yo me senté y comencé a devorar el exquisito platillo que nos había preparado Vanilla. Pero lo que más esperaba es que esa no fuera nuestra "ultima cena". Ya listos para irnos, Veo como Dagmar se despide de Vanilla. Yo sabía todo el dolor que le habían propinado en el pasado. Sabía su sufrimiento y lo lejos que llegó, al ser empujada al abismo por su madre y su padrastro. Pero con Vanilla, noté algo que nunca vi antes en ella. Noté felicidad y alegría en sus ojos.
Cuando al fin todos nos despedimos de Vanilla, nos subimos al auto de Harvey. Vi como Milton miraba hacia el motel. En sus ojos noté dos cosas que no dejaron de estar presente en mi mente hasta mi muerte. Notaba valor y resignación. El valor para enfrentarse a cualquier cosa que se pusiera frente a él. Pero también había resignación; Resignación a morir y a aceptar el destino que le tocara. "¿Cómo era posible eso?"
Sentí como el auto se detuvo. A pesar de que el lugar en el que nos encontrábamos era un pueblo, eso no significaba que fuera pequeño. Para el enfrentamiento, habíamos decidido que fuera en un viejo almacén químico abandonado. La fábrica a la que le pertenecía había quebrado y le fue más fácil abandonar la propiedad. Para saber que no nos hicieran algún tipo de artimaña, decidimos llamar luego de que nos instaláramos. Observamos que el almacén estaba casi al borde del colapso, pero eso no nos importó mucho. Vi como Dunkel parecía un poco nervioso (como todo el mundo). Yo me acerqué a él y traté de darle confianza. Él me sonrió, pero sabía que esa sonrisa era forzada.
- Llegaran dentro de poco. – Informó Harvey, quien apagaba su celular. Todos nos miramos, y notamos el miedo que yacía en nuestros corazones. No queríamos morir, pero no significaba que no nos fuera a pasar. Vi mi reloj de pulsera y noté que ya habían pasado casi dos horas desde que dejamos a Vanilla en el motel. En eso, se escuchó el ruido de dos autos afuera del almacén. Vimos como una de las puertas se abrió. Por ella, entraron el comisionado Jon Loeb, junto con cuatro compañeros. Dos de sus compañeros sostenían al amigo de Harvey, Coby, quien se le denotaba muchos moretones en el rostro.
- Bueno, ya estamos aquí. Dame la información y yo te entregaré a tu amigo. – Pidió él, casi como si fuera una orden. Harvey negó con su cabeza.
- ¿Cómo sé que no nos mataras en ese preciso momento? – Le preguntó él seriamente. Loeb solo sonrió ante la pregunta de Harvey.
- No lo sabes. Solo te queda confiar en mis palabras. – Dijo él, sin dejar de esbozar esa maldita sonrisa. Sin embargo, Harvey no dijo nada. – ¿Sabes una cosa? Soltaré a tu amigo y, cuando este esté por la mitad del camino, tú lanzaras los datos. ¿De acuerdo? – Propuso él, mientras sus compañeros soltaban al amigo de Harvey y comenzaba a caminar hacia nosotros. Harvey colocó el portátil en el suelo y, cuando vio el momento, se lo pasó a Loeb. Sin poder predecirlo, vi como uno de los compañeros de Loeb sacó su arma y le dio tres disparos a CoBy, quien cayó muerto en ese instante. Todos nosotros nos resguardamos detrás de la pared más cercana, mientras Loeb y sus muchachos no dejaban de dispararnos, y hacían lo mismo que nosotros. Yo saqué mi pistola y, sin perder tiempo, comencé a disparar. Ambos bandos nos disparábamos sin titubear. "No podíamos cometer ningún error". A cada segundo que pasaba, nuestro temor de morir aumentaba. A un lado, vi como Dunkel y Harvey apuntaban simultáneamente. Uno por arriba y el otro por debajo. Mis ojos notaron que Dagmar apuntaba su MP5 con un poco de esfuerzo, ya que tenía una herida de bala en una de sus piernas. Yo quería ayudarla, pero no era posible en ese momento. Para suerte de nosotros, ellos lanzaron varias granadas de mano. Su onda expansiva fue tal que, con temor, vimos como algunas partes del segundo piso colapsaban poco a poco, haciendo derramar los tanques de químicos inflamables en el suelo. En eso, se escuchó un grito de nuestro lado. Giré mi cabeza y vi como uno de los barriles había reventado y su líquido fue rociado en una parte del rostro de Harvey. Vi como Dunkel trataba de ayudarlo a pararse. Otro grito llamó mi atención, pero este me aterró. Al girar mi cabeza, vi como Dagmar caía, mientras su sangre se fusionaba con el charco de químicos que estaban sobre el piso. Corrí donde ella, para tratar de auxiliarla, pero fue muy tarde. Un tiro encendió el líquido y vi como su cuerpo era devorada por las llamas. Lamentablemente, yo también estaba sobre el charco y sus llamas me alcanzaron. No podía ver nada de lo que me rodeaba, siendo esto mi último momento. Sentí como las bala atravesaban una a una mi carne. Sentía que me ahogaba, ya que el oxígeno no llegaba a mis pulmones. Dolor, agonía y sufrimiento seguían en mí. Pero, cuando al fin puede cerrar mis parpados, todo eso desapareció. Ya no sentía nada. Incluso, sentía como mi cuerpo flotaba en la nada. Sin rumbo fijo. Sentí calma, que pronto desapareció. Abrí mis parpados y me encontraba atado a una mesa. En eso, de entre las sombras, aparecieron personas que helaron mi sangre.
- Hola Dekker. Es hora del espectáculo. – Decía uno de ellos, quien sacaba una navaja y empezaba a apuñalarme. Sin embargo, a pesar dl sufrimiento y que mi rostro no lo mostrara, me sentía feliz. Pagaría mis pecados con el castigo justo, y con mucha suerte, volvería a ver a Milton y a los otros. "Solo debía esperar"
Fin del POV Dekker
Dekker terminó de contar su versión de los hechos. Las imágenes vislumbradas en la esfera de cristal desaparecieron. Todos los presentes, sin contar a Milton y a Dagmar, estaban atentos a cada palabra dicha por ellos. El Contador solo mostraba una mirada de seriedad, hasta que la cambió por una de sonrisa. Él miró a Dagmar, quien captó lo que quería. Dekker se alejó de la esfera, mientras Dagmar se acercaba a ella sentándose a un lado.
- Terminemos con esto…– Dijo ella resignada, mientras en ese momento unas imágenes se vislumbraban en la esfera.
Inicio POV Dagmar.
Eran las 2:00 am y ellos no se detenían. Hubiera deseado que mi habitación quedara un poco más lejos que la de ellos, o que las paredes fueran más gruesas. En cierta manera, no sabía si me molestaba el ruido que hacían ellos dos al hacer el amor, o porque deseaba estar en el lugar de Milton, y sentir el calor íntimo de Vanilla. "La dulce y cariñosa Vanilla que Milton (y yo) ama". En eso, el llanto de Cream me sacó de mis pensamientos de celos. Cogí uno de los biberones, lo tibié, y se lo traté de dar. Ella, mientras se lo tomaba, hacía gestos de inconformidad. Realmente no le gustaba tomar del biberón, a no ser que fuera dado por su padre. Aun así, logré hacer que se lo tomara todo. La puse sobre mi hombro y le di unas palmaditas en la espalda. Ella eructó, pero también me babeó bastante.
- Ohh… eso es asqueroso. – Dije un poco enojada, mientras la acostaba en mi cama y yo limpiaba mi pelaje. "Una de las cosas negativas de dormir junto con una bebé… desnuda" Pensé, pero lo dejé de lado al escuchar la risa tierna de Cream. Ese enojo que sentía desapareció al verla a ella tan feliz. No sabía por qué, pero me alegraba estar cuidándola. Recordaba que antes me daba rabia al ver a cualquier mujer cuidando a un bebe. Incluso sentía repugnancia tan solo con pensar en que yo algún día podría ser igual que ellas. Pero ahora, todo eso había cambiado. Sentía incluso ese deseo de, en un futuro, también ser madre como Vanilla. "Solo necesitaba una buena muestra de esperma, una jeringa para incrustar en mi intimidad y luego… o, un buen procedimiento medico de inseminación".
Noté como Cream se quedaba dormida. Yo traté de hacer lo mismo pero, sin sorprenderme, los ruidos de Vanilla y Milton no me dejaban dormir.
- Ojala pudiera dormirme tan rápido como tú. – Le dije a Cream, mientras yo bostezaba por el cansancio. Sin creerlo, me quedé dormida. Mis parpados se abrieron, a las 3:53 am en punto, y me sorprendí de no escuchar ningún ruido al lado. Al minuto, sentí como tocaron mi puerta.
- Adelante. – Dije, mientras con mi mano acariciaba con cuidado a Cream. Quien entró fue Milton, denotándose muy feliz y alegre. – Supongo que disfrutaste mucho, ya que las paredes no mienten. – Dije sarcásticamente. Milton solo me sonrió y se acercó a mi cama. Allí tomó a Cream en sus manos y vi cómo le dio un beso en la frente. Realmente no podía creer todo lo que nos había pasado desde el momento en que Milton introdujo a Vanilla a nuestras vidas. "Una dulce mujer que nos sacó del mal camino"
- Dagmar, gracias. Gracias por todo lo que has hecho por mí y Vanilla. Ella me dijo lo que sientes por ella y no me molesta. De hecho, me alegra. Hasta mañana. – Me dijo, sin dejar de sonreír, retirándose de mi habitación. Apenas lo hizo, yo sentí como las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Me paré de mi cama y me dirigía al baño. Viéndome al espejo, traté de limpiarme. Las palabras dichas por Milton me llegaron profundamente al alma. Milton fue quien me salvó de morir en las calles, y aceptaba nuestras malas acciones como logros. Pero ahora, todo era totalmente diferente. El velo que yacía sobre nuestras mentes fue extraído y la verdad de nuestros actos fue expuesto. "Vimos lo que realmente éramos y eso nos dio miedo y terror". De uno de los gabinetes del baño saqué unas jeringas, los cuales tenían el preciado líquido que tanto me gustaba. Inserté la aguja en mi brazo y traté de introducir el líquido en mi cuerpo… Pero no pude. En ese momento, recordaba que esto solo me causaba una falsa ilusión de felicidad. Una felicidad que no se podía comparar con el cariño y la bondad que emanaba Vanilla a todos los que la rodeaban. Tanto la amaba que (incluso antes de aceptar este hecho) impedí que Milton se acostara con otras chicas, echándolas a patadas de nuestra guarida, mientras ella estaba fuera del país. Le decía: "No permitiré que arruines ese bello amor que tienes con Vanilla por un momento de locura y lujuria". Luego de eso, le propuse se acostara conmigo, dejándolo sorprendido. Él aceptó (Claro, era hombre. No iba a decir que no) y, a pesar de todas esas noches que pasamos juntos, nunca disfruté ni un solo momento. Solo lo hice porque sentía que era la única manera de controlarlo. Al dejar de pensar en esto, saqué con cuidado la aguja de mis venas. La miré con rabia y la tiré al cesto de lo basura.
- No… más. – Dije, mientras apagaba del foco del baño y me retiraba de allí. La fuerza que necesitaba para dejar definitivamente esas cosas yacía a unos cuantos metros de distancia. En mi interior sentí calma y paz. Vi la hora en el reloj y noté que eran las 4:10 am. – Será mejor que descanse bien. Dentro de muy poco nuestro destino se decidirá. – Me dije a mí misma, apagando el foco de la habitación y acostándome en la cama. – Solo espero que sea para bien. – Terminé de decir, cerrando mis parpados y durmiéndome en el acto.
Los rayos del sol, entrando por la ventana de mi habitación, me levantaron. No quería soltar las sabanas con las cuales era arropada, pero sabía que debía alistarme para el momento que se aproximaba. Yo trataba de disimularme a mí misma de que no tenía miedo, pero sabía que no era verdad. Me bañé profundamente y me puse mis vestimentas. "Si iba a morir… moriría con estilo". Saqué mi arma debajo de la cama y le mantuve el seguro. No quería que, por accidente, hiriera lo que queríamos proteger. Sentí como tocaron la puerta de mi habitación. Al abrirla, era Vanilla con su hermosa sonrisa. Sin pensarlo, hice lo primero que me vino a la mente. La cogí de sus caderas y, acercándola a mí, la besé en los labios apasionadamente. Al separarme de ella, noté como se quedó sorprendida.
- Lo siento. – Le pedí disculpas, con un tono voz muy apenada. – No lo pude resistir. – Le comenté, mostrándole una sonrisa. En eso, ella me sorprende. Ahora era ella quien me lo devolvía.
- No te preocupes. No ocultes tus sentimientos. Si los ocultas… solo te harán daño a ti, y a los que te rodean. – Dijo, mientras acariciaba su mano sobre mi mejilla. A pesar de tener guantes en sus manos, yo sentí un calor de cariño recorrerme todo el cuerpo en ese instante. – Solo vine a avisarte que el desayuno estará listo dentro de unos minutos. Si quieres, puedes sentarte y esperarlo en mi habitación. – Termino de decir, informándome lo que quería decirme en primer lugar. Yo asentí ante sus palabras. Ella volvió a sonreírme y se alejó de mí. Yo dejé mi arma en mi habitación y, cerrándola firmemente la puerta, me dirigí a desayunar.
Cuando entré a la habitación, allí encontré a Dunkel, Harvey y a Milton, quien cargaba a Cream con dulzura. Sentí el delicioso aroma de un bistec siendo asado, junto con papas (patatas). En ese momento mi estómago gruñó, ya que el aroma abrió mi apetito.
- Oh, es verdad. Olvidé llamar a Dekker. – Dijo Vanilla apenada, quien salió de la habitación rápidamente. Al volver era seguida por Dekker, a quien se le notaba ya listo para irnos. Luego de eso, Vanilla nos sirvió nuestros platillos. Cada bocado que entraba a mi boca era degustado hasta el final. "No importaba que tipo de comida hiciera ella, siempre sería un manjar digno de estar en un bufet en el cielo". Al terminar, llevé mi plato al fregadero y lo dejé allí. Quise lavarlo, pero ella no me dejó. Sin más que hacer volví a mi habitación y tomé mi arma, junto con los cartuchos de municiones. Ya con todo eso en mano, di un último suspiro y salí de la habitación. Volví a la habitación de Vanilla y allí los vi a todos, listos para el momento que se aproximaba.
- Ha sido divertido. Supongo que es el final. – Comencé a decir, mostrándole una sonrisa a Vanilla.
- No hables así. Milton lo conseguirá. Ya lo veras. – Dijo ella firmemente.
- Vanilla, meceré la pena luchar por ti y Cream. – Le comencé a decir, sintiendo como mis ojos se ponían un poco llorosos. En ello, le doy un pequeño beso en los labios y luego le doy uno en la frente de Cream. Luego de eso miro fijamente a Milton. – Ojalá no te hubiera conocido. – Le dije en broma, señalándole con mi dedo. Me acerqué a él y coloqué mis manos su cara. – Ser una drogadicta, al borde de la muerte, era mucho más cómodo. – Le decía, mientras le daba un beso rápido en sus labios. En cierta manera, esta era la primera vez que besaba a un chico sin sentir repugnancia, o deseo de romperle los dientes (o algo más íntimo). Luego comencé a alejarme de él, dirigiéndome a las a la puerta. – Nos vemos en el infierno. – Terminé de decirles.
- Dagmar…– Le escuché decir a Vanilla, llamándome. Me detuve súbitamente y la miré a los ojos. – Si vuelves… Milton y Cream dormirán hoy en tú habitación, y tú y yo haremos el amor. – Me dijo con una sonrisa y hermosa sonrisa. Quedé pasmada ante la proposición de ella. No podía creer lo que me acababa de decir. Sin embargo, comencé a esbozar una sonrisa por los cientos de pensamientos lujuriosos que llegaban a mi mente en ese momento.
- Solo te digo que no me detendré en todo la noche. Incluso llegará el momento en el que te quedes dormida y yo continuaré. – Dije, mientras caía en risas. Vi como todos los demás también reían ante mis comentarios. Además, tenía una razón más para no morir. "Sí, definitivamente ella no dormirá esta noche" Pensé, mientras comenzábamos a retirarnos de la habitación. Vanilla se despidió de nosotros en llanto. Le dolía lo que nos fuera a pasar y, aunque le prometiéramos volver, no sabíamos que nos pasaría. Vi como Milton se despidió de Vanilla y de Cream, dándoles unos besos.
- Adiós chicos. Cuídense mucho. – Terminó de decirnos Vanilla entre lágrimas.
- Lo haremos. – Dijimos todos a la vez, saliendo de la habitación. En eso, nos dirigimos al auto de Harvey, el cual estaba en el parqueadero del motel. Todos nosotros entramos y nos acomodamos en nuestros asientos. Harvey puso marcha su auto y, mientras nos alejamos del motel, vi como los ojos de Milton estaban llenos de tristeza y dolor. Quería decirle que todo estaría bien,… pero no pude. "No tenía esa total confianza para que esas palabras salieran de mi boca".
Luego de unos minutos, llegamos al viejo almacén químico que había mencionado Harvey. Por fuera tenía una fachada horrible, pero por dentro estaba peor. Sus cimientos parecían que no soportarían el peso del edificio por más tiempo. Vi los muchos barriles de químicos que yacían aquí. Harvey llamó a Loeb y nos informó que llegaría en varios unos minutos. Durante las casi dos horas que estuvimos allí solo tuvimos preocupación. "Un futuro nos esperaba... pero no podíamos vislumbrar cual sería".
Loeb al fin había llegado. Vi como entró acompañado por cuatro personas. Sin demora, le pidió la información a Harvey como si fuera una orden. Mis ojos veían al compañero de Harvey, Coby, quien tenía muchos moretones en el rostro. Sentía que la sangre me hervía, pero cualquier movimiento podría llevarnos a la devastación. Vi como Loeb le propuso una idea, la cual fue la que tomaron. Poco a poco, Coby se acercaba a nosotros. A mitad del camino, Harvey le pasó el portátil a Loeb. En eso, tres disparos se escucharon. Vi como Coby caí al suelo pero, sin tiempo para lamentar su perdida, corrimos a refugiarnos detrás de las paredes. Comencé a disparar mi arma, pero ellos también hicieron lo mismo. "Había una lluvia de balas" pensé en ese momento. Veía como Milton disparaba con fervor su escopeta, al igual que los demás. A pesar de tratar de no permitirme cometer algún error, sentí como una bala atravesaba mi pierna izquierda. Dekker, desde su posición, notó esto y trató de ayudarme, pero no era posible en ese momento. En ello vi como lanzaron varias granadas, que explotaron a los pocos segundos. El piso de arriba comenzaba a colapsar poco a poco por la onda expansiva, derribando muchos de los barriles. Escuché un grito provenir de Harvey y, al verlo, noté como el líquido de uno de los barriles le había caído en su cara. Comencé a correr, sobre el charco de químicos, a su posición, pero… "en ese momento mi final había comenzado". Grité al sentir como varias balas atravesaban mi cuerpo. Lo peor de todo fue que dejé de sentir mis diferentes sentidos. Sentí como mi visión se comenzaba a perder, mientras mis pulmones ya no reparaban; ni escuchaba el sonido de los disparos. Solo sentía como en un segundo, las llamas comenzaban a rodearme. Sentí como me quemaba lentamente… hasta que mis parpados se cerraron, quedando en el oscuridad. En eso, sentí gritos de dolor y agonía de cientos de miles de millones de personas. Quería abrir mis parpados, pero no podía. No sabía el porqué. Pero, de un momento a otro, las voces se detuvieron y al fin pude abrir mis parpados. Lo primero que mis ojos vieron fue a las personas que les había hecho daño en sus vidas. Veía a esas personas sonreírme de manera grotesca y sus apariencias eran demacradas.
- Hola, Dagmar. Espero que hayas disfrutado de la vida… porque ahora que estas muerta nos perteneces. – Dijeron, mientras comenzaba a torturarme con diferentes herramientas. A pesar del dolor y la agonía, sonreí en mi mente. Pasara lo que pasara (de un modo u otro), "Volvería a encontrarme con la familia que amaba" Pero aun así, lamentaba no haber sobrevivido para estar con Vanilla y hacer el amor, "Aunque fuera solo una noche".
Fin del POV Dagmar
Las imágenes vislumbradas en la esfera habían desaparecido al término del relato. Dagmar soltó un suspiro porque, aunque lo negara, le dolía mucho recordar esos momentos. Ella se paró y se alejó de la esfera. Milton comenzó a acercarse pero el Contador le negó con la cabeza.
- ¿Por qué no? Solo falto yo. – Le dijo al demonio, con una actitud de enojo. Sin embargo, el demonio sonrió ante esto.
- Primero quiero ver el de Dunkel. – Comentó él, haciendo que los demás abrieran sus ojos por la sorpresa de sus palabras.
- ¿Él ya ha…?– comenzó a titubear Milton, pero el demonio le negó.
- Tú mismo lo has dicho. "Puedo ver parte del mundo terrenal" – Terminó de decir, chasqueando los dedos. En eso, unas imágenes eran vislumbradas en la esfera. Mostraban a Dunkel, con un traje naranja de prisión, sentado en una pequeña oficina junto con una salamandra rosada. – Disfrutemos del espectáculo. – Dijo el Contador, mientras los demás no podían creer lo que veían.
- Dunkel, ha pasado un año desde el incidente y aun eres reacio a contarme lo que te pido. – Decía la salamandra rosada, mientras se acercaba a Dunkel y lo tomaba de la mano. – Please, dime como fue. No me lo cuentes a mí como la psicóloga de la prisión, sino como tú amiga. – Le suplicaba la salamandra. El camaleón no pudo resistir las suplicas de la joven y asintió.
- De acuerdo. – Dijo Dunkel, quien se acostaba en un mueble, cerraba sus ojos y soltaba unos cuantos suspiros. – Solo espero que no te arrepientas si lo que te voy a contar no es la gran cosa. – Terminó de decir, mostrándole una sonrisa (la cual fue devuelta). – No perdamos tiempo…–
Inicio POV Dunkel
Los rayos del sol brillaban y yo ya listo estaba. Tenía mis manos entrelazadas y daba una última oración. Una oración para que nada malo nos pasara en el posible enfrentamiento que íbamos a tener. Deseaba que no pasase, pero sabía que eso no se podía evitar. Aun así, no era malo tener fe en vislumbrar un buen futuro.
- "Aunque ande por el valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento" Salmo 23:4. – Terminé de decir, santiguándome el símbolo de la cruz sobre mi pecho. Era curioso. Antes de que Vanilla entrara a nuestras vidas, todas esas palabras no significaban nada. Dejaron de tener algún sentido al perder a mi hermana y ser culpado por ello. Solo las vi como frases inventadas, con la intención de atraer a las mentes tontas para convertirlos en esclavos sin voluntad. Pero ahora, tal vez yo era el equivocado. Ahora podía ver más allá de lo que estaba escrito. "Solo necesitaba encontrar el camino correcto".
Mis pensamientos fueron interrumpidos al escuchar el sonido unos golpes en la puerta de mi habitación. Al abrir la puerta mis ojos vislumbraron a Vanilla. Ella esbozaba una sonrisa celestial en su rostro.
- Muy buenos días, Dunkel. – Me dijo ella con mucha cortesía.
- Buenos días, Vanilla. – Dije, devolviéndole el saludo.
- Es para informarte que ya en esto estará listo el desayuno, y Harvey ya está en la habitación mía. – Me informó, mientras caminaba rumbo de vuelta a su cuarto. Yo cerré la puerta de mi habitación y me dirigí a la de ella. Como había dicho, Harvey ya se encontraba allí. Me senté cerca de él y conversamos unos minutos acerca de lo que muy pronto pasaría. Él, al igual que todos, tenía miedo de que las cosas no salieran como se tenía planeado. Sin más que hacer, solo le comenté que "teníamos que tener fe".
Luego de varios minutos, todos estamos reunidos en la habitación. Mis ojos veían como Milton cargaba con dulzura a su preciosa hija. Un sentimiento, muy en el interior, brotaba. Veía en Milton lo que yo quería para mi futuro. "Ser feliz".
Luego de la exquisita comida que nos dio Vanilla, comenzamos a despedirnos de ella. "unos más emotivos que otros" pensé al ver el adiós de Dagmar. Me sentía mal por dejar por ver como Vanilla quedaba muy devastada por nuestras palabras. Ella trataba de no aparentarlo, pero sus emociones le ganaban. Le dolía mucho vernos partir. Le prometimos que volveríamos, aun cuando tal vez no fuese posible. Todos nosotros estábamos listos. "Listos para vivir, listos para morir".
Nos subimos al auto de Harvey y nos marchamos del motel. Duramos unos cuantos minutos para poder llegar al viejo almacén de la fábrica. Durante ese breve lapso de tiempo, recé mentalmente por nuestras almas. Aun con todo lo bueno que hemos hecho últimamente, unos cuantos años de redención no justifican otros de dolor que causamos.
Al llegar, bajamos inmediatamente y entramos. Vimos lo abandonado y estructuralmente inestable que estaba. Allí duramos casi una hora y media, antes de llamar Loeb. "No queríamos que nos jugaran sucio".
Después de unos cuantos minutos llegó él, junto con sus hombres. Mis ojos veron la golpiza que le había dado a Coby, pero no podía hacer nada. Solo esperar.
Cuando Harvey y Loeb al fin se pusieron de acuerdo en cómo harían el intercambio, nuestros temores ocurrieron. Antes de que Coby pudiera llegar a nosotros, fue asesinado a sangre fría. No podía creer a lo que era capaz de llegar ese sujeto. Con arma en mano, nos resguardamos y comencé a disparar; al igual que todos. Las balas impactaban en todas partes. "Un movimiento en falso y todo se perdería". De improviso, la explosión de una granada hizo colapsar parte del segundo piso. Los cimientos caían sobre los barriles, que tenían el peligroso químico, se derramándolos por todas partes. Escuché un grito proveniente de Harvey (quien estaba cerca de mí) y, al verlo, noté como parte de la piel de su cara se quemaba y derretía lentamente. El químico le había caído y lo estaba lastimando. Traté de ayudarlo a levantarse, y en ese momento escuché otro grito. Mi corazón latió fuerte al ver como Dagmar caía en un charco del peligroso químico y las llamas la comenzaban a devorar. Y, al igual que ella, a Dekker le pasaba lo mismo. Sus cuerpos se comenzaban a calcinar, mientras el edificio se comenzaba a derrumbar. Milton trató de acercarse a la habitación en la que nos encontrábamos, pero la pared colapsó y quedamos atrapados y separados. "Esa fue la última vez que lo vi con vida". Mientras el edificio colapsaba en partes, no sabíamos cómo saldríamos de esta. Solo había algo que yo podía hacer.
- ¡Dios mío, Sálvanos! – Grité en súplica, mientras escuchábamos como los barriles explotaban uno a uno por el fuego que se expandía. Casi como si alguien hubiera escuchado mis, una salida a la vida se nos reveló. Nuestros ojos vislumbraban como el piso del suelo había cedido, mostrándonos uno túnel angosto de alcantarillado. A pesar de lo hediondo y nauseabundo que olía, nos metimos dentro de este. Casi como si fuera una elección inmediata, apenas entramos el piso de arriba colapso y cerró la entrada del alcantarillado que se había formado. A pesar de que de Harvey soltaba unos quejidos de dolor (por el rostro), no se detenía para nada. Cuando logramos salir de allí, vimos como el edificio estaba en llamas mientras poco a poco cedía sus cimientos. Ver esto solo me hizo caer de rodillas. – Todo fue en vano. – Dije, mientras comenzaba a llorar.
- No. – Dijo Harvey, quien colocaba su mano sobre mi hombro. – No todo se ha perdido. – Terminó de decirme, mientras con su otra mano sacaba una cosa de su bolsillo. Mis ojos no podían creer lo que veían.
- ¿Es… el disco duro del portátil?– Pregunté sorprendido.
- Sí, lo saqué hoy. No era mi intención dárselo a Loeb. Milton me pidió esto y yo no me opuse a su idea en ningún momento. – Terminó de decir, guardándose el disco que contenía las pruebas que pondrían a Loeb de rodillas, pidiendo piedad.
- Tenemos que irnos. – Dije con la mirada perdida.
- ¿A dónde? – Preguntó con intriga Harvey. Yo lo vi fijamente.
- A cualquier parte. Pero tiene que ser lejos de Vanilla. No podemos permitir que le hagan daño si la ven junto a nosotros. Es lo único que podemos hacer. – Terminé de decirle, mientras caminábamos lejos de allí.
Fin del POV Dunkel
- Eso fue lo que pasó. – Dijo Dunkel al finalizar su historia. En el rostro de la salamandra rosada las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos. – Siento hacerte llorar, señorita Combs. – Pidió disculpas el camaleón. Sin embargo, la salamandra negó con la cabeza.
- No tienes que pedir disculpas. De hecho, yo te pido disculpas a ti. – Al salir estas palabras de la boca de la salamandra, Dunkel quedó sorprendido. – Eso fue muy duro y tardarás muchos años antes de poder recuperarte. Solo espero estar allí para ayudarte. – Le dijo de una manera muy dulce, mientras colocaba su mano en las manos del camaleón. – Y, por favor, llámame Gena. ¿De acuerdo? – Dijo ella, mientras quitaba sus manos de las de Dunkel y se separaba, comenzando a caminar a su escritorio y sacando unas anotaciones de los cajones. En eso, la imagen proyectada de la esfera despareció. Milton, Dagmar y Dekker trataban de soportar el dolor que sentían al ver como Dunkel sufría por sus muertes. Para él (Dunkel), las cadenas de su pasado aun lo seguían atormentado.
- Bueno Milton, es tú turno. – Ordenó con un poco de entusiasmo el Contador. Sin embargo, Milton no se movió. Se quedó estático, viendo hacia el suelo. – ¿Qué esperas? ¿Una invitación? – Preguntó un poco molesto el demonio al ver que Milton no reaccionaba ante sus quejidos.
- No. – Dijo secamente, mientras alzaba la vista. – No más. Yo no quiero ser parte de tú diversión. – Le dijo con un tono de voz sumamente seria. En eso, Milton sintió como lo cogieron del cuello y lo alzaban. Al cerrar y abrir los parpados vio que era el mismo Contador el que le hacía esto. Sin embargo, Milton esbozó una sonrisa en su rostro. – ¿Qué pasa? ¿Así es como obligas a los otros para que hagan lo que quieres, o así es como te excitas para poder masturbarte? – Le dijo en tono de burla, haciendo que el demonio lo soltara.
- Muy gracioso. – Decía, mientras se arreglaba su traje. – ¿Ahora sí puedes comentar tu parte de la historia? – Preguntó él. A pesar de que Milton no quería continuar, no podía negarse. Sabía lo poderoso que era… cuando se lo proponía.
- Sí. – Fue lo único que contestó, acercándose sin ganas a la esfera de cristal. Al apenas sentarse al lado una imagen se proyectó. Milton la vio con alegría y deseo.
Inicio POV Milton
Mis ojos vislumbraban con tesón la belleza de las dos personas que más amaba el en mundo, mientras dormían con total ternura. Quería que el amanecer jamás llegara. Que nos quedáramos así de juntos para siempre, bajo la dulce caricia de la noche. Pero sabía que eso no era posible. "Sabía con gran dolor que el momento de mi fin se acercaba". Podría tratar de evitarlo, pero las consecuencias de esos actos podrían ser peores para las personas que quería proteger con toda mi alma. Pasar toda esa noche de amor con Vanilla fue el mejor regalo de despedida que podía haber tenido. Sentir como su dulce esencia rodeaba todo mi cuerpo me hacía sentir casi como en el paraíso. Aunque si ella me hubiese dicho que no, yo lo habría aceptado con todo gusto. Habría aceptado eso, ya que tan solo con estar a su lado era más que suficiente. Ella emanaba un aura de protección, amor y cariño a cualquiera que la rodeara. Todos nosotros cambiamos gracias a ella. Todos nosotros vimos nuestras almas, las cuales estaban llenas de dolor, odio y rencor. Ella nos abrió los ojos y nos mostró un camino de humildad. "Ella no era perfecta,… pero estaba muy cerca de estarlo". Con mi mano, acariciaba con total cuidado la pequeña cabecita de nuestra preciosa Cream. Notaba como se movía un poco, mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
- Todo estará bien, mi pequeña Cream. Tú, y tú hermosa mamá estarán bien. – Dije casi en susurro, mientras cerraba mis parpados y trataba de descansar el poco tiempo que quedaba antes de que amaneciera.
Sentí como una mano me daba una suave caricia en mi rostro. Al abrir mis parpados noto que es mi dulce Sweetness, quien me mira con su celestial sonrisa. Ella acerca su rostro al mío y me da un apasionado beso en mis labios.
- Acabó de llegar Harvey. Está esperando afuera de la habitación. – Me informó ella apenas se separó de mí. Yo le sonreí y me paré inmediatamente de la cama. Me dirigía a la puerta y la abrí con cuidado, ya que Cream aún seguía dormida. Alcé mi vista y lo miré directo a los ojos. El hizo lo mismo y me sonrió.
- Buenos días, Milton. – Saludó el cortésmente.
- Buenos días. – Le devolví el saludo. – ¿Tienes todo listo? – Le pregunté, mientras le indicaba con las manos para que entrara en la habitación. Él lo hizo, en silencia, y se sentó en una de las sillas. Cuando íbamos a comenzar a hablar, el llanto de mi pequeña Cream hace acto de presencia. Me acerqué rápidamente a ella y la cargué.
- Shhh… ya, ya. Todo está bien. ¿Quién es la bebita más hermosa? Eres tú. Solamente eres tú. – Dije con un tono de voz gracioso para poder calmarla. Apenas dije esas palabras, el llanto de mi hija paso a ser unas risas de alegría.
- Como ya despertó, voy a bañarla de una vez. – Me dijo Vanilla, mientras yo le entregaba a Cream en sus brazos. Vi como ella entraba al baño, llevando consigo las mudas de ropa que iban a utilizar, y le ponía seguro a la puerta.
- Bien, Harvey. Volviendo al asunto, ¿Ya tienes todo lo que Loeb te pidió? – Le pregunté seriamente, viéndolo fijamente. El asintió ante mi pregunta y, abriendo su morral, sacó su portátil.
- Todo está aquí. Todas y cada una de las pruebas se encuentra en el disco duro de este portátil. – Me dijo, dándole unos toques con su mano al computador portátil.
- Well, entonces quiero que saques el disco duro del portátil. – Le pedí, haciendo que se asombrara. – No podemos permitir que eso termine en sus manos. Sé que tú amigo está en sus garras, pero tú, igual que yo, conoces hasta dónde puede llegar Loeb. Él no nos dejará irnos con vida del lugar. – Terminé de decirle. Durante unos segundos vi como Harvey veía fijamente hacía en suelo con tristeza. Noté como de su chaqueta sacó una navaja suiza y, con rapidez, comenzaba a destornillar el lugar donde se encontraba el disco duro del portátil. Vi como lo sacó, guardándoselo en su bolsillo, y volvió a atornillar todo para que no se notara lo que acababa de hacer.
- Por mucho que me duela, tienes razón. – Dijo él, notándosele unas lágrimas. En eso, se sintió como la puerta del baño comenzaba a abrirse. Harvey se limpió las lágrimas de sus ojos con rapidez, antes de que Vanilla saliera con Cream del baño.
- Vistes, papi. Nosotras ya te ganamos. Ya estamos listas para cuando vuelvas. – Decía Vanilla mientras las manos de Cream con una voz graciosa, como si de un ventrículo se tratase. Yo solté una pequeña carcajada y me acerqué a ellas. A ambas les di un pequeño beso en sus frentes. Vanilla me miró a los ojos, mientras sentía como suspiraba profundamente. – Pero hablando enserio, apestas. – Dijo ella, sobándose una mano por su nariz. Yo comencé a dar pequeños olfateados por mi ropa y mi cuerpo, y ella tenía razón. Yo la miré y una sonrisa traviesa salió de mí. Yo me acerqué más, colocándome al lado de su oído.
- Y, ¿qué esperabas? ¿Qué mientras hacíamos el amor frenéticamente, sin detenernos casi nada para descansar, nuestros cuerpos no sudaran? – Le susurré con malicia. Rápidamente noté como ella se sonrojó a más no poder.
- ばか (Baka/tonto) – Dijo ella, viéndome fijamente a los ojos con enojo. Yo, sin darle tiempo para reaccionar, le di un beso apasionado. Al separarme de ella, noté que su enojo ya no estaba. Me alejé de ella, para poder comenzar a prepararme a lo que venía.
Comencé con rapidez a cargar de municiones mi arma, la cual era escopeta de corredera Remington 870, de calibre 16. A pesar de que en su compartimiento solo cupieran 8 cartuchos, estos eran muy potentes. Al terminar, me fui a bañar y, mientras el agua de la ducha recorría todo mi cuerpo, pensaba en lo que pasaría. No quería que nada malo le pasara mi familia. Aunque mi prioridad era Vanilla y Cream, no podía olvidar a los otros. Ellos eran como mis hermanos (aunque a Dagmar la consideraba más como a una querida prima lejana, porque al pensar en ella como una hermana, después de todo lo que hemos hecho íntimamente, me revuelve un poco el estómago), la familia unida que somos. "No quiero que ellos sufran".
Al terminar, me coloqué mi atuendo habitual. Me dirigí donde Vanilla y con mis brazos tomé a Cream. Comencé a darle su biberón. Ella se lo terminó todo en un momento. Yo la acariciaba. "No perderé ni un solo momento"
Poco a poco, noté como llegaban Dunkel, Dagmar y Dekker. Luego de eso, Vanilla nos sirvió el desayuno. Como siempre, sus manos cocinaban los mejores platillos que alguna vez haya degustado en la vida; y lo mejor fue darme de postre el platillo que nos unió en un principio. Ese postre que degusté con placer apenas tocó mis papilas y que me hizo llamarla para felicitarla. Porque, apesr de aun no haber sabido quien lo había preparado, sentía su esencia y esfuerzo puesta en el sabor. Al terminar comer, nos alistamos para irnos. Todos comenzamos a despedirnos de Vanilla. Me sorprendió un poco sentir los labios de Dagmar en los míos. Aun así, no me importó; además, no pude aguantar las risas al ver como Vanilla le proponía a Dagmar pasar la noche juntos si volvíamos. "Ojalá tuviera una cámara, ya que sería un grandioso video". Pensaba mientras aun seguíamos riéndonos. Cuando termínanos de reírnos, nos pusimos serios y tomamos todas nuestras cosas. Me acerqué a Vanilla y me despedí de ella dándole el mejor beso apasionado que saliera desde lo más profundo de mi alma. En ese beso sentí su amor y temor por nosotros. Quería dejarlo todo y seguir huyendo. "Pero, ¿de qué servía huir? Vivir una vida con temor no era vida. Tenía que hacer lo correcto".
Me dolió dejar el motel, ya que Vanilla quedó en llanto por nuestra partida. Cada segundo que pasaba era un segundo menos que quedaba. Sin darme cuenta, ya habíamos llegado al almacén de la fábrica abandonada. Allí entramos y nos preparamos para el enfrentamiento. Duramos casi hora y media antes de que Loeb llegara. No me sorprendí de que viniera acompañada (aunque eso era obvio). Cada minuto que lo veía sentía que mi corazón latía a mil por hora. Un miedo absoluto recorría mi cuerpo. "No quería que nos sorprendiera".
Casi como si fuera una premonición, lo peor comenzó. Vimos como mataban al amigo de Harvey. Nosotros nos cubrimos detrás de las paredes del almacén. No parábamos de disparar contra ellos, como ellos contra nosotros. La adrenalina era bombeada por mi cuerpo, haciéndome percibir todo casi como en cámara lenta. Los cartuchos de mi escopeta se vaciaba y yo la recargaba con toda la velocidad posible. Sin darme tiempo a reaccionar, sentí como la onda expansiva de la granada que fue lanzada por ellos hacía su efecto en el lugar. Vi como poco a poco colapsaban partes del edificio. Y, para aumentar el temor, escuché el grito de Harvey. Giré mi cabeza y noté como el químico de uno de los barriles le había caído en la mitad de su rostro. Dunkel le ayudaba a levantarse, y yo me dirigí a donde se encontraban. En medio de eso, vi como Dagmar y Dekker morían. Los vi caer, morir, siendo devorados por la llamas de los químicos que comenzaban a explotar uno a uno en sus barriles. Traté de acercarme a Dunkel, pero vi como la pared colapsó frente a nosotros, separándonos. Ya no sabía qué hacer. Mi respiración aumentaba más y más. Temblaba de miedo.
- ¡No quiero morir así! – Grité, mientras comenzaba golpear una de las paredes. – ¡¿Me escuchaste, Dios?! ¡No quiero morir de este modo! – Gritaba con locura, quitándome mi gorra y sobándome la cabaza con mis manos. – ¡Sé que iré al infierno, pero...! – Seguía gritando, hasta que dejé de sentir esa ira recorrer mi cuerpo. –… Pero te pido que me dejes ver una vez más a mi dulce Sweetness y a mi preciosa Cream. Por favor, te lo pido – Dije suplicando. Pensaba que nada pasaría, pero me equivoqué. Sentí como algo metálico impacto contra el suelo. Eran una rejilla y al alzar mi vista noto el ducto de ventilación que siempre estuvo allí. – Gracias, Dios. – Dije, mientras me estiraba y me metía dentro del ducto. Me arrastré con rapidez dentro de este y, con mucho suerte, salí fuera del almacén. Me alejé lo más que pude y desde allí pude ver como Loeb y sus hombres se marchaban como si nada. Notaba como poco a poco las llamas, en el almacén, se iban notando. A pesar de no saber que fue de Dunkel y Harvey, solo pensé en ir de inmediato donde Vanilla. Comencé a correr y en ese momento me di cuenta de algo terrible. Vi como tenía un pequeño agujero de bala en mi estómago, del lado izquierdo. Pensé que Loeb no me había podido atinar, pero me equivoqué. Apreté el puño al pensar que moriría por su culpa. Pero dejé de lado ese pensamiento y comencé a correr. No podía perder ni un segundo.
Luego de unos minutos corriendo llegué hasta el motel. Sentía que ya mi cuerpo no daba para nada más. Llegué hasta la puerta de la habitación que compartía con Vanilla. La golpeé y a los pocos segundos grité su nombre, con dolor y agonía. Escuché como ella se acercó a paso ligero y abría la puerta. Apenas lo hizo yo entré a la habitación y, negándome a su ayuda, caminé y me tiré en la cama.
- ¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde están los demás?! – Me preguntó Vanilla, con duda y miedo en su voz. Yo la miré fijamente y sentí como las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos.
- Ya no hay nadie más, creo. – Le dije, dejándola confusa por mis palabras. – Fue casi una masacre. Apenas llegaron dispararon a matar. Tratamos de defendernos y salvar al amigo de Harvey. Dekker fue el primero en caer. Luego fue… Dagmar. – al decir este nombre, vi como Vanilla comenzaba a llorar. "Ella y Dagmar se convirtieron en amigas muy unidas durante todo este tiempo". – Uno de los malditos compañeros de Loeb le dio a un barril inflamable y este estalló, junto con todos los demás. Vi como los cuerpos de ellos se quemaban. – Seguía comentándole lo sucedido y ella las lágrimas no dejaban de brotar. – Después, uno de los líquidos le quema medio rostro a Harvey y Dunkel va y le ayuda. En ese instante, una pared nos separa. De allí, ya no sé si sobrevivieron. Yo salí por una escotilla de ventilación. Vi cómo todo el almacén se incendió y explotó. Lo peor fue ver que Loeb seguía con vida y se marchaba como si nada. – Terminé de decirle con enojo, mientras que al mismo tiempo me daba cuenta de que "tan mal estaba" que algunos detalles los dije en desorden, y la verdad es que no estaba allí cuando el edificio explotó. Desde donde estaba podía vislumbrar la estela de humo. "Pero al final no importaba. Ellos ya estaban muertos, y el orden de los factores no alteraba el producto"
Vainilla trataba de calmarme, diciendo que las cosas se pondrían bien. Aunque, por más que quisiera, yo no aceptaba estas palabras. La realidad era otra. "Yo iba a morir en cualquier minuto y no quería que ella estuviese aquí para verme como mi alma abandonaba mi cuerpo". Así que le pedí que se fuera; Que se fuera a la estación de buses, porque sabía que allí sucedería el milagro. Ese era el lugar donde debía estar en el momento justo.
- Milton, yo no puedo…– Me decía, negándome a dejarme. Yo la entendía perfectamente, pero no quería que se quedara. Debía irse de una vez.
- Me lo prometiste. Pasará lo que pasara, tú continuarías con tu vida. Tienes que hacerlo… por Cream. – La interrumpí. No quería causarle más dolor. Ella tenía que pensar por el futuro de nuestra hija. "Un futuro… en el cual yo no estaría". Ella, con dolor en su alma, asintió ante mi petición. Con eso listo, tenía otra cosa en mente. – Otra cosa, pásame una caja que hay debajo de la cama. – Le pedí. Ella buscó bajo la cama y sacó un maletín negro. De allí saqué una jeringa grande, la cual contenía un químico de color verde.
- ¿Qué es esto? – Me preguntó ella, confusa por el contenido que veía.
- Soy demasiado orgulloso. – le dije seriamente. Vi como ella se asustó por las palabras que acababa de decir.
- No lo hagas. No te mates. – Me suplicó, mientras las lágrimas brotaban más de sus ojos.
- Vanilla, voy a morir y no quiero darle el placer a Loeb de haberme matado. – Le dije, mientras lentamente incrustaba la aguja en mi brazo. Quise oprimir la jeringa para introducir ese líquido en mi brazo, pero no pude. No quería morir, pero no había posibilidades de que lograra sobrevivir. En eso, sentí la suave mano de Vanilla puesta en mi hombro. Sentí como toda su confianza, y cariño, era trasmitida a mi cuerpo. Con ello, oprimí la jeringa. Luego de esto, miré con culpa a Vanilla. Ella hubiera preferido que no llegara hasta este punto, pero era yo quien había tomado esta decisión. – No tengo mucho tiempo. Así que quiero que mis últimas palabras sean… "Vanilla, Cream, las amo con toda mi alma" – Les dije, esbozando una sonrisa lo más grande que podía en mi rostro.
- Nosotras también te amamos. – Me dijo mi dulce Sweetness, mientras se acercaba a mi rostro y me daba un beso. Yo también se lo di a ella, y a Cream. "Eran mis besos de despedidas". Vi como ella abandonó la habitación. Yo quería pedirle que se quedara, pero me dolería pensar en lo que sufriría.
En ese momento, vislumbré como todo lo que me rodeaba caía en las tinieblas. Sentía como todo lo que me rodeaba desaparecía de mi vista. Ya no había nada. Estaba… "en la nada". Me sentía flotar en todo eso. Sabía que ya debía estar muerto, y que muy pronto estaría en el infierno. Pero no fue así; fue peor. Vi como las tinieblas desaparecieron y en su lugar escuchaba los gritos de cientos de personas. Eran gritos de inocentes sufriendo agonías y torturas. Mis ojos observaban como una sombra les hacía el peor de los males. Los gritos eran insoportables, pero una risa demoniaca que era escuchada de fondo era aún peor. En ello, aparecí dentro de un apartamento semi en ruinas. Cuando alcé la mirada vi, con dolor y miedo absoluto, a las dos personas que más amaba con cientos de señales de tortura. Vi como Vanilla abrazaba a Cream (quien denotaba tener seis años), mientras ella abrazaba, con lo que le quedaba de su brazo izquierdo, la cabeza de un Chao. Escuchaba con dolor los sollozos de Vanilla. No sabía lo que estaba pasando (y no quería saber). Quise hablar, pero mi cuerpo no me daba.
- Si no hubieras muerto, nada de esto nos hubiera pasado. – Comenzó a decir Vanilla, pero su voz se escuchaba distorsionada. – ¿Por qué no nos protegiste? ¿Por qué nos abandonaste? ¿Why…? – Decía ella, sin dejar de ver hacia el suelo. En eso, alzó su mirada y me vio directamente a los ojos con odio. Sus ojos… eran oscuridad. Eran negros, con un iris roja como la sangre. – ¡Todo esto es tú culpa! – Me gritó con ira, mientras acariciaba con su mano a nuestra hija. En eso, ella miró hacia detrás de mí y se llenó de terror. Yo sentí unos pasos y, sin darme cuenta, la misma sombra/criatura ya estaba a mi lado. Mi cuerpo temblaba. Describirlo era imposible. No sabía que decir, ni tampoco mi cuerpo me daba para hablar.
- Oh Milton, no sabes lo mucho que me divertiré con tu hija. Haré que lo que le hizo Irons a Vanilla sea una caricia, comparado con lo que yo le haré a tu preciosa hija. – Terminó de decirme, mientras se reía lunáticamente. En eso, se acercó poco a poca a las dos. En ese momento sentí que mi voz volvió.
- ¡No! ¡Aléjate de ellas! ¡No te atrevas a tocarlas! ¡No te atrevas a tocar a mi pequeña Cream! ¡No te lo permitiré! – Le gritaba, pero para él eso no era nada. En ello, todo lo que vislumbraba comenzó a desaparecer. Pero, en su lugar, cientos de imágenes pasaron a gran velocidad. Lo que mostraban me dejaba dolido hasta el alma. Veía como esa criatura las lastimaba hasta más no poder. Las vi morir, sufrir, y hasta las vi volverse locas por las torturas a las cuales eran sometidas. Sentía que mi mente iba a explotar por todo esto. Sentía ya no podía más con esta tortura. En eso, mi deseo se cumplió. Mis ojos ya no vislumbraban esas escenas de barbarie. En su lugar, me encontraba atado y rodeado por personas a las que les hice mucho daño durante mi pasado criminal. Ellos comenzaron a torturarme físicamente, pero no me importaba. A mi mente no le importaba. Yo aún seguía pensando en lo que le habían hecho mi dulce Sweetness y a mi preciosa Cream. Seguía dudando si lo que vi era real o un engaño. Pero la verdad sea dicha, "me dolía más esas imágenes flotando en mi mente que lo que me harían por toda la eternidad".
Fin del POV Milton
Al terminar su relato, Milton noto como poco a poco en la esfera unas grietas hicieron presencia durante el final de su historia. Vi cómo se agrietaba apenas la criatura que traía dolor a los que amaba hizo acto de presencia. Milton vislumbró como los demonios que protegían la prisión se veían temerosos. Aun así, a él le dolía más recordar esas imágenes que no lo abandonaban. Aun con todo el tiempo que ha pasado en el infierno, no ha habido tortura que se iguales con esas imágenes. Esas imágenes de dolor son y serán su… "Ultimate torture (Tortura definitiva)".
- Vaya Milton, sí que has sufrido bastante. – Dijo el Contador, acercándose poco a poco a él.
- ¿No me digas? – Contestó con sarcasmo.
- Tómalo… de mi parte. – Le dijo el Contador al conejo, dejando confuso a este último. En eso, unas risas de alegrías se escucharon. Milton se volteó y vio, en la esfera agrietada, un pequeño parque de juegos. Allí había niños y niñas, de diferentes especies, jugando con felicidad. En ello, ve a las personas que más amaba. Vio a su preciosa hija jugando con un pequeño Chao, con su dulce madre observándola en una de las bancas.
- Cream, ya nos vamos. – Aviso Vanilla a su pequeña hija (que no denotaba más de 3 años).
- Mami, déjanos jugar otros minuticos más. – Pidió Cream, mostrando unos ojos de súplica supremamente tiernos.
- Chao, Chao. – Vociferó en pequeño Chao, también suplicando.
- Bien, díez minutos más. Así que tú, y tú mascota, pueden…– Decía ella, pero se detuvo al notar como Cream negaba con la cabeza.
- ¡No! Cheese no es mi mascota. Cheese es mi amigo. – Le dijo ella, denotándose firme en sus palabras.
- Chao, Chao. – Dijo el Chao, sintiéndose ofendido por las palabras de Vanilla.
- Okay, Tú, y tu amigo, pueden seguir jugando. – Dijo, retractándose de sus anteriores palabras. Esta vez, vio como Cream y Cheese corrieron y comenzaban a jugar con alegría. Pero a los pocos minutos, Cream volvió un poco triste. - Cariño, ¿Qué pasa? ¿No quieres seguir jugando? – Pegunta confusa Vanilla al ver la actitud tomada por su hija.
- "¿Mami, Porqué yo no tengo un papi?". – Preguntó inocentemente la conejita. En eso, Vanilla (y Milton) casi no aguantó las ganas de llorar. En su lugar, ella esbozó una sonrisa.
- "Tú papi murió por una enfermedad. Pero, aun así, sé que a él le hubiera encantado estar a tu lado. Él te amaba" – Le dije, notando como la alegría volvía a su cuerpo. De nuevo, Cream corrió a jugar con Cheese. Sin embargo, Vanilla se sobaba su mano por sus ojos. Quería llorar pero no podía. "No quería entristecer a su hija". Milton veía esto pero, a diferencia de Vanilla, cayó en llanto. Su hija tardaría años para saber sobre quien era realmente él. Le dolía no estar a su lado y verla creer poco a poco. Le dolía todos esos momentos de la vida en los que nunca estará. Él comenzó a acariciar la mejilla derecha dela cara de Vanilla, que era reflejada en la esfera.
- No sabes lo mucho que te extraño, Sweetness. – Dijo él, con dolor y melancolía en su voz, mientras las lágrimas caían y se resbalaban en la esfera. En eso, sus ojos observaron como Vanilla se sobaba su mano en el mismo lugar que Milton acababa de acariciar con su mano.
- Yo también te extraño, mi gran Dumb. – Dijo ella, dejando atónitos a todos los presentes. En eso, unas gotas caían al rostro de Vanilla. Ella miró hacia el cielo y quedo confusa y extrañada. – Es raro, ahora mismo no hay ninguna nube. – Dijo ella, dejando aún más atónitos a todos. Milton notó como las lágrimas de él se vertían por las grietas que estaban formadas en la esfera. – Se sienten casi como unas lágrimas. – Terminó de decir ella, mientras su imagen desaparecía, dejando de ser vislumbrada en la esfera.
Milton quedó pasmado. Por un breve momento… Vanilla y él habían vuelto a hablar. Vanilla… lo había escuchado y sentido. Él Vio como el Contador se acercó con rapidez a la esfera. La comenzó a inspeccionar parte por parte, hasta que la destruyó con un golpe.
- Esto no tiene sentido. Esta cosa es solo un espejo, no una ventana. No debería poder hacer eso. Esto es… impossible. – Balbuceaba una y otra, tratando de darle un sentido a las cosas. Pero se detuvo. Vio a Milton y le sonrió maliciosamente. – Tú familia te necesita. Debe ser una tentación bien grande tener el portal que te llevará de vuelta con ellas, o ¿me equivoco? – Le dijo, haciendo que Milton mirara en dirección al portal del que hablaba. Esa puerta que lo devolvería a su mundo.
- Sí, lo es. Pero sé que Vanilla jamás me perdonaría si volviera hacer algo malo en mi vida. – Dijo él, girando su cabeza y viendo fijamente al demonio.
- Eso pensé. Bueno, volvamos al trabajo. – Ordenó, mientras se escuchaban al fondo los gritos de batalla de todas esas personas que querían entrar al lugar. Milton, Dagmar y Dekker corrieron a sus puestos. Todos ellos aún se sentía dolidos por tener que contar sus recuerdos, pero al mismo tiempo se sentían un poco mejor. Habían podido expresar lo que sintieron en esos momentos de angustia y desesperación. "Todos fueron libres del infierno… por un breve momento".
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
- ¿Que te pareció la historia, Milton? – Preguntó el felino al conejo. Este lo vio, mientras se tomada una cerveza.
- Me pareció interesante. – Le respondió Milton a Malorum55.
- Sí, un capítulo, de la historia donde su protagonista era un personaje terciario, donde sus protagonistas son los OC de esta misma. – Dijo Dagmar, burlándose un poco.
- Dale crédito al chico. Si no tomara consejos, no habríamos aparecido una vez más. Tú y yo sabemos que ya no volveremos hacer acto de presencia en otras historias. – Comentó el toro.
- Sí, Dekker tiene razón. Es lo más probable que pase. – Mencionó Dunkel. Todos (excepto el felino) se sorprendieron de verlo allí.
- ¿Tú no estabas aún vivo? – Preguntó confusa la hiena.
- Esta conversación no es "Canónica". No influirá en las historias. – Le contestó. El camaleón vio al felino y le sonrió. – Me gustó que me hicieras semi religioso. Supongo que te gusta la religión, ¿Verdad? – Le preguntó con alegría. Sin embargo, él felino lo vio con ira.
- ¿Gustarme? ¡Si fuera por mí, destrozaría los pilares de la religión misma en el universo! – Gritó empuñando la mano y agitándola en dirección arriba, mientras en el infierno los relámpagos y los temblores no se hacían esperar.
- ¡¿Really (enserio)?! – Peguntaron todos los demás a la vez, gritando con temor en sus voces. En ese momento, el felino dejó de agitar su mano y todo lo volvió a la normalidad.
- Nah. Lo más probable es que no me importe. Creo en Dios, pero no me gustan mucho las religiones. Aun así, no puedo juzgarlas. Así como han hecho cosas malas, también han hecho muchas cosas buenas. – Terminó de decir Malorum55. – Bueno, fue un placer tenerlos aquí. –
- Lo mismo digo. Nos vemos. – Dijo Milton, despidiéndose de Malorum55.
- Adiós. – Dijeron los demás, mientras movían sus manos en señal de despido.
- Adiós. Que disfruten de sus vidas. – Terminó de decir el felino, mientras volvía a su vida cotidiana.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Bueno, amigos y amigas, espero que les haya gustado este EXTRA DEL EXTRA. No olviden dejar sus Reviews.
Notas del autor:
* La frase dicha por Sapphire y Flames: "Vivir o morir, tú eliges" y las referencias a Adam y a la película de terror en el capítulo 05, los saqué de la película Saw (Juego Macabro/Juego del Miedo en Latinoamérica).
* La criatura que ve Milton es una referencia a Sonic Exe y las posibles acciones que cometerá. Pueden leer (si quieren) el Fanfic STH & DW: El terror de Sonic Exe.
Sin más que decir. Nos vemos muy pronto… tal vez en el Fanfic ¿Se Puede Ser Un Héroe Hasta El Final? (one Shot Sonic the Hedgehog).
Hasta luego a todo el Mundo.
