Viernes de midotaka ~
Eh. Viernes de midotaka es una buena costumbre. Me gusta.
Aquí estoy actualizando el fic y los que yo sigo no los actualizan ni a tiros, ay.
Bueno. A lo que iba. Os lo actualizo para que no sufráis como yo(?)
Cabe decir que los personajes tienen un ligero OoC (out of character) por el hecho de desenvolverse en una cárcel, véase que excluí las vendas y objetos de Midorima, pero aparte de eso intenté mantenerme fiel.
Los días se convirtieron en semanas y pasaron bastante amenos, a excepción de unos cuantos roces de Takao con Hanamiya o Hara, u otro chico llamado Seto, todos parecían haberle cogido manía por ser el nuevo y por su cuerpo esbelto, llamándole afeminado.
Continuó yendo a las evaluaciones del oficial Midorima, quién siempre le preguntaba su inocencia ante las pruebas que le acusaban. A la tercera visita, Takao reafirmó su inocencia tan seguro y convencido como la primera vez. Midorima le observó durante un par de segundos, para después cerrar la carpeta y depositarla a la izquierda, no en el montón de la derecha. Takao se alegró internamente, quizás pudiese encontrar un modo de resolver aquello.
Salió de la oficina y se topó, a pocos pasos, con Hanamiya, quién volvió a hacerle burla:
–¿El enano? ¿Acaso eres una querida? – le empujó por el pecho aprovechando su diferencia de altura. Al irse hacia atrás, Takao se golpeó contra algo duro, que descargó su peso en sus hombros.
–¿Hay algún problema, número 2061? – preguntó Midorima, solemne, como siempre. Sus grandes manos abarcaban por entero los hombros de Kazunari, sujetándolo con firmeza. Hanamiya pensó una buena respuesta, pero pareció recapacitar al ver la mirada severa que le estaba dirigiendo el oficial.
–Nada, señor.
–Bien. – soltó los hombros de Kazunari, dejándolo libre – No quiero problemas, Hanamiya. Entre.
Hanamiya pasó por la derecha de Takao, no sin antes dedicarle una mirada de advertencia, y entró en la oficina de Midorima, que hizo lo mismo y cerró la puerta. Takao recorrió el pasillo y salió al patio, junto a su pandilla. ¿Hacía tan sólo un momento, el oficial Shintarõ, acababa de defenderle? Bueno, era obvio que tenía que hacer eso con todos los presos, no quería peleas entre ellos.
Aquella semana parecía buena, ni Hanamiya ni Hara le molestaron. Pero el viernes, casi a última hora, Seto se acercó a él acorralándolo en una pared. Le sujetó la cara con una mano, estrujándole las mejillas con fuerza.
–¿Piensas que puedes ser la zorrilla del oficial, acaso? – se acercó más a él, hablándole con arrogancia – A ver si lo comprendes, enano. El oficial no tiene zorras, y no te va a defender. Así que yo que tú iría buscando a otro, o dejándote hacer, que sería lo más fácil para nosotros.
Takao se removió, pero Seto también era más alto que él y tenía unos fuertes brazos, trabajados en aquella misma prisión. Le apretó un poco más fuerte y después lo soltó, viendo como se acercaba un guardia. Kazunari escupió al suelo sin que lo viesen y se fue a su celda; Seto se fue por el lado opuesto sonriendo y encendiendo un cigarrillo.
Nada más entrar, Kimura se percató de que algo no andaba como siempre.
–¿Ocurre algo, Takao?
–No es nada. Sólo es ese tonto de Seto, y Hanamiya, ya sabes. Me llaman enano.
–Mientras no pasen de ahí no deberías preocuparte. Ten cuidado con ellos, mejor aléjate.
–Son ellos los que se acercan a mí diciendo que soy la zorra de Midorima. – Takao se quejó, ¿qué culpa tenía él? Kimura se encogió de hombros, no había mucho que decir.
Las burlas no disminuyeron, más bien aumentaron. De lo verbal pasaron a lo físico, empujando a Takao cada vez que lo veían, por lo que él trataba de evitarlos lo máximo posible.
Las preguntas del oficial cambiaron, ya no eran sobre su inocencia, y el psicólogo dejó de visitarle. Midorima le preguntaba acerca del caso, anotaba cosas y añadía papeles a su expediente. Poco a poco comenzaron a entablar algún tipo de relación, algo como respeto mutuo, pero dónde Kazunari veía su salvación.
Incluso llegaron a bromear, una vez que Midorima le preguntó acerca de Hanamiya y los demás.
–Me llaman enano y me empujan cuando me ven. ¡Enano! – Takao sonaba indignado. No era la primera vez que hablaban de sus problemas en prisión, eran claramente visibles y aunque no quería que lo señalasen de chivato, tampoco quería mentirle a Midorima – ¿Se lo puede creer? Mido 1'78.
–En realidad no es demasiado alto, Takao. – el oficial le puso una mano en la cabeza, estaban los dos al lado de la puerta, con Kazunari a punto de salir. En algún momento había dejado de llamarle por su número de reo. Siempre le trataba de usted, ante todo Shintarõ era respetuoso, con todo el mundo.
–Sólo porque usted es demasiado alto. Un poco más y se golpearía contra el marco de la puerta. – Midorima alzó las cejas ante el comentario y retiró su mano. Takao pensó que había sido un insolente, pero el oficial rio casi imperceptiblemente. Tan sólo por una milésima de segundo, Kazunari notó su bella sonrisa.
Pasó otra semana y el otro oficial, llamado Aomine Daiki, le llamó como siempre para la evaluación con Midorima. Aomine era simpático, un buen hombre, aunque a veces se mosqueaba por tonterías. Llevaba el mismo uniforme que Midorima, zapatos, pantalones y camisa negra, la gorra de oficial con el bordillo plateado y la porra y esposas colgando de ambos lados del cinturón. Por detrás también llevaba un walkie–talkie y una pistola eléctrica[A1] . No le gustaba que los presos se peleasen porque siempre era el encargado de separarlos, por lo que cuando estaba presente mantenía a raya a los agresores de Takao aún sin saber lo que le hacían a éste. Por estas cosas, también respetaba al oficial Daiki.
Takao entró en la oficina de Shintarõ, que estaba sentado en su silla con la carpeta de su expediente abierta ante sí. Había ganado volumen desde hacía unos días, y eso hizo a Takao bastante feliz, pensando que quizás estaba consiguiendo la ayuda del oficial. Aunque quizás podía estar aumentándole la condena, no podía estar seguro, pero prefería mantenerse optimista. Ese día Midorima le preguntó acerca del caso. Midorima podría investigarlo en cualquier momento, así que no valía la pena mentir.
La verdad era que Takao no tenía una casa a la cual volver, vivía en los suburbios de mala manera hasta que fue involucrado en el caso. Sin saber cómo, habían aparecido pruebas en su contra en la investigación del asesinato de uno de los más importantes políticos en la ciudad. Había sido brutalmente golpeado y después degollado, junto con sus guardias. La noticia había corrido como la pólvora y había salido en todos los periódicos y canales noticiarios, junto con fotos que se habían difundido sin permiso. Después de unas semanas de investigación, todos los ojos se dirigieron hacia Takao, todos los dedos le señalaron y le sacaron a rastras de las callejuelas dónde vivía. Lo llevaron hasta el estrado al día siguiente y el juez declaró la cárcel provisional hasta la resolución, debido a la confusión del caso. Era totalmente injusto, pero Takao era el único sospecho y todas las pruebas apuntaban a él, mientras que los demás necesitaban a alguien a quién culpar y calmar al resto de la sociedad.
Midorima había escuchado atentamente, con los ojos fijos en él. Cuando Takao finalizó su relato, Midorima abrió un cajón y sacó un par de hojas, mientras le preguntaba por su vida antes del caso, argumentando que también era necesario.
Takao hizo una mueca y resumió lo más breve posible que vivía de forma pordiosera en uno de los peores barrios de la ciudad, él sólo, ya que sus padres estaban muertos.
Midorima anotó diversas cosas en un pequeño bloc que después guardó; miró su reloj y le dijo a Takao que era libre de irse. Ambos se levantaron y fueron hasta la puerta, Kazunari se despidió con una sonrisa y el oficial asintió con su cabeza.
En ese mismo día le tocó turno de lavandería, en el cual también estaba Hanamiya. Todo estuvo bien mientras trabajan y eran vigilados por los guardias, pero cuando estaban transportando la ropa a la sala de las secadoras, Hanamiya vio su ocasión. Metió la ropa dentro de los tambores y después se giró hacia Kazunari asestándole una patada mientras estaba inclinado metiendo la ropa que le tocaba a él. Cayó al suelo con un golpe sordo y notó el relámpago de dolor a través de una de sus piernas.
–Oh, perdona, te he empujado sin querer. – le hizo burla mientras se acercaba a él.
Inmediatamente Takao trató de levantarse pero el otro preso no se lo permitió, volvió a patearlo, esta vez en el pecho. Se quedó sin aire y se arrastró por el suelo, poniéndose de rodillas. Hanamiya le insultó y se dispuso a golpearle de nuevo. Se apartó hacia un lado haciendo que fallara el golpe y, en ese momento, una fuerte voz sonó en la sala.
El oficial Aomine estaba en la puerta, con los brazos cruzados y la mirada encendida de furia. Takao bajó la vista, mientras que Hanamiya la mantuvo fija, altivo. Aomine se acercó y vio a Takao, todavía arrodillado. Le ordenó que se fuese a la enfermería. Se levantó e hizo lo que le mandaban, disgustado, posiblemente acababa de meterse en un lío. Mientras tanto Aomine miraba con verdadero odio a Hanamiya, debido a que era un preso problemático.
En la enfermería le examinaron la pierna y después el pecho, que todavía dolía, pero no se había fracturado nada. Le dieron una pastilla y le enviaron al comedor, porque ya era hora de la cena. Se sentó con sus compañeros y les contó lo ocurrido. Le miraron angustiados pero no había nada que ellos pudieran hacer. Le dieron una palmada en el hombro y le prometieron una buena partida de cartas al día siguiente.
En lo que restó de semana Kazunari no volvió a ver a Hanamiya, pero sí a Seto y Hara, que seguía haciéndole burla y dándole algún que otro empujón. Entró algo fastidiado a la oficina de Shintarõ, resentido con su vida, él no se merecía nada de esto. Jamás se había merecido nada de lo que había vivido.
Era la sesión siguiente al accidente entre ellos dos, Midorima cuestionó el trato del resto de los presos al propio Takao. Este de nuevo contó la verdad. Shintarõ frunció el ceño ante las explicaciones de Kazunari, escuchando como Hara y Seto aprovechaban para meterse con el chico cada vez que tenían oportunidad y como parecía haberse convertido en el blanco principal de Hanamiya.
Al rematar la hora que tenían acordada, Takao se levantó, como siempre, y se dirigió a la puerta. Midorima se levantó también, para abrirla, cordial. Pero antes de eso se quedó quieto y Kazunari detuvo sus pasos, volviéndose para mirarlo.
–¿Ocurre algo? – preguntó casi casual, a la par que Midorima daba dos pasos hacia él. Estaban justo al lado de la puerta cerrada, a nada de la pared. Vio como el oficial arrugaba el entrecejo y después suspiraba.
–Dolerá un poco. – fue lo único que dijo. Entonces le apartó la solapa del uniforme naranja de con su zurda y se agachó. Clavó sus dientes con fuerza en la piel de Kazunari, que gritó instantáneamente. Succionó un poco sujetándole en el sitio y soltó la piel de bajo sus dientes, dejando una perfecta marca de un mordisco en ella.
–¡Oficial! – trató de librarse del agarre removiéndose, pero le tenía contra la pared – ¡Eso dolió! ¿¡Por qué lo hizo!?
–¿Pensabas que sería tan bonito como en las historias de amor? No puedes dejar una marca de dientes en una persona así como así, aún hay que hacer algo de fuerza. – Midorima explicó como si fuese lo más obvio del mundo. Después le subió la cremallera del uniforme a Takao, para rematar dándole dos palmadas en el pecho con suavidad – No te tocarán con esto. Eres mío. O al menos, eso pensarán. Ahora, largo.
–G–Gracias. – consiguió articular Kazunari antes de abrir la puerta e irse, mientras que Midorima volvía a su sitio, recolocándose las gafas.
Salió al pasillo sobándose la zona del mordisco, que realmente había dolido. Caminó a su celda, confuso. ¿Estaba el oficial protegiéndole? La zona del mordisco se había puesto algo roja, y dejó de sobarla, no quería empeorar las cosas. Aunque se subiese la cremallera, era claramente visible. Midorima sabía dónde debía marcar el territorio.
Y otra cosa, puse especial énfasis en lo del mordisco y la frase de Midorima, porque en todos los fics he de leer que muerde y ala marca una semana. Para dejar una marca de dientes en la piel de alguien debes morder fuerte, casi que cae de cajó XD
Ah, yo luchando contra los tópicos, lucha perdida.
¿Qué os va pareciendo el fic? ¿Bien encaminado, interesante, mejor me voy a vivir a una caverna y lo dejo?
Espero que os gustase, ya sabéis, ruegos, preguntas, gritos.
Nos leemos el viernes que viene nanodayos ~
