PERDÓNPERDÓNPERDÓNPERDÓNPERDÓN
No os pasa que pensáis que es viernes cuando ya es sábado, no sé ME HA PASADO
En serio, me ha desaparecido un día. Me recordó al cap de Los Simpson de Homer diciendo "Ah, cómo me gustan los sábados, no como aquel falso sábado que resultó ser miércoles y casi me echan.."
PUES TAL CUAL
Lo siento en el alma vale
Aquí esta el cap ;_;
Kazunari pensaba, recostado en su cama. Tenía que solucionar aquello, pero tan sólo se le ocurría una idea. Más bien un nombre. Midorima Shintarõ. Se removió en la cama, hacía ya un par de horas que debería estar durmiendo, pero no lo conseguía. Su mente no le dejaba en paz. Aunque fuese contra todos sus principios, la única manera de terminar todo aquello era una, entregarse. Por una parte pensó en cómo hacerlo, ya que según todos los presos Shintarõ no tenía zorras. Nunca las había tenido. Aquello quizás le dificultase su plan, aunque Midorima se había mostrado amable con él y pensaba que la confianza base ya había sido establecida. Tan sólo debía convencerlo de su inocencia, él podía ayudarle a escapar. Y a pesar de que eso supusiese negar sus principios morales, si era lo que tenía que hacer, lo haría.
Dejó pasar un par de días más y a comienzos de una nueva semana, se encontraba en frente del oficial respondiendo a sus preguntas habituales y tratando de pensar un plan. ¿Qué tal si solo se lanzaba y ya? No tenía caso pedirle algo como eso. Pero no sabía cómo podría reaccionar el otro.
–¿Takao, me está escuchando? – Midorima dejó de hablar y le observó fijamente. Fuera estaba lloviendo y, con la ventana ligeramente entreabierta, el olor a mojado se colaba en la sala.
–Oh, sí, eh, disculpe. – salió de su ensoñación y atropelló un poco las palabras, bajando la cabeza al sentirse descubierto.
–¿Le ocurre algo?
–Nada, oficial. – Midorima asintió y separó unos papeles de la carpeta marrón.
–Takao. He conseguido que tramiten su caso para que lo revisen cuanto antes y valoren mejor tu situación. – extendió los folios delante de él, mostrándoselos. Era diferentes impresos y la gran parte llevaban la firma de Midorima. – Hice uso de algunos datos que usted me dio, pero todos eran referentes en la investigación.
–¿Es en serio? – Kazunari sonrió, verdaderamente feliz. Recogiendo los papeles.
–Claro que es en serio. ¿Qué sentido tendría mentirle? – Midorima le recriminó como si hubiese dicho algo incoherente.
–Oficial, muchas gracias. Sé que no es su deber hacer esto.
–Puedo hacer lo que quiera con mi tiempo. – se recolocó las gafas, pero no desvió la vista.
–Yo también puedo hacer algo para agradecerle. – Takao esbozó una sonrisa ladina y devolvió los papeles a la mesa, poniéndose en pie.
Realmente, sin saber cómo, lo había conseguido. Estaba de rodillas, justo al lado de la mesa, y la silla de Midorima estaba girada hacia él, con el oficial sentado y sus piernas abiertas. Hundió la cabeza y sintió como se estremecía ligeramente bajo su contacto, mientras volvía a ascender y descender. Se separó un poco y trabajó con las manos, aprovechando para recuperar la respiración y después volver a usar su boca. Jadeaba con esfuerzo y le dolía la mandíbula. Shintarõ le puso la mano izquierda en la nuca y le instó a ir más rápido. Por un momento pensó que se atragantaría, pero consiguió estabilizarse y hacer uso de su lengua al mismo tiempo que aquello entraba y salía.
Al cabo de un tiempo, Midorima apretó los dientes y Takao introdujo cuánto pudo hacia dentro, hasta el tope de su garganta. Notó el calor y el sabor inundándole, y trató de tragar, reprimiendo las ganas arcadas, pero un poco se escurrió de su boca. Se separó y se limpió con la manga, mientras el oficial volvía a abrocharse el pantalón. Takao se levantó sintiendo sus rodillas resentidas, preguntándose cómo alguien podría acostumbrase a eso. Midorima también se levantó.
Caminaron hacia la puerta y, antes de que Midorima la abriese, le entregó un pañuelo de tela. Después abrió y Kazunari salió al pasillo, limpiándose mejor con él.
–Nos vemos la semana que viene. – Midorima volvía a tener la misma cara seria de siempre, pero con un leve destello en la mirada cada vez que la clavaba en el preso. – No sabía que supiera hacer eso.
–No hay nada qué saber. ¿Nunca ha visto porno? – Takao sonrió un poco, algo colorado, e inclinándose ligeramente. Midorima se agachó y dejó la boca en su cuello, succionando con fuerza, casi como había hecho Kazunari poco antes en el despacho. Cuando se dio por satisfecho se separó y, antes de entrar, comentó:
–No tengo problema con que vea porno homosexual. – una ligera sonrisa apareció en su rostro y se metió dentro, cerrando la puerta.
Takao se quedó atónito, debía ser la primera vez que el oficial hacía una broma casi subida de tono y sonreía. Se sobó la marca tan visible que le había dejado, al igual que había hecho con el mordisco. ¿De verdad eso acaba de pasar? ¿Acabada de convertirse en una puta en la cárcel?
A partir de ese día, Midorima pasó a vigilarlo. Su mirada vagaba por las salas en las que le tocaba guardia hasta topar al pelinegro y entonces cuidaba que ninguna mala compañía se acercase.
Los primeros días Hanamiya y su grupo pensaban que seguía siendo un farol, y éste aprovechó un momento donde lo acorraló para golpearle con fuerza contra una pared y después asestarle un rodillazo. Cuándo estaba a punto de volver a sacudirle, una mano apresó su hombro y se quedó paralizado. Takao vio el rostro serio del oficial, con el entrecejo arrugado, y cómo apretaba la tela bajo su mano.
–Preso 2061, ¿acaba usted de agredir a otro preso?
–Eh… – no había forma de mentir, obviamente el peliverde había visto todo – Discúlpeme, oficial.
–Al despacho del oficial Aomine. Ahora mismo.
–Sí, señor. – Hanamiya chasqueó la lengua y se fue de allí. Midorima le dedicó una última mirada al asustado Kazunari y después se fue detrás del otro reo.
No volvió a ver a Hanamiya hasta un tiempo después. Bueno, el tiempo es relativo, pensó Takao. Debía llevar allí ya casi cinco meses, se había acostumbrado por completo a aquella vida: la rutina del penal, las comidas y los trabajos marcados, salir al patio con su –ahora ya oficial– pandilla, acudir todas las semanas donde el oficial, quién le seguía ayudando y él agradeciendo, porque hasta a eso se había acostumbrado, hacía tiempo que el dolor de las rodillas y la mandíbula habían mermado.
Había comenzado a sacarse unos estudios dentro del penal, porque viendo que el caso seguía "en diversos trámites" prefería hacer algo de provecho con su vida. Cuando saliese de allí, si eso algún día ocurría, no tendría nada. Habían embargado su casa, sus pocas pertenencias, todo cuanto tenía. Debía ganarse la vida de alguna manera, y no cogerían a un ex–presidiario así como así, por lo que intentaría presentar un buen currículum. Además, gracias a los estudios, ahorraba cruzarse con cualquiera que se metiese con él, como Hara, ya que esos sí seguían rondando el patio y el comedor.
Pero un fatídico día en el que estaba fumando sentado con Miyaji en el graderío, vio aparecer a Hanamiya con toda su banda al completo. Se acercaron hasta ellos dos, quedando separados por un escaso metro.
–No pienses que me he olvidado de ti, asqueroso enano. – fue todo lo que dijo para después escupir al suelo e irse por donde había venido.
–Gilipollas. – dijo Takao exhalando el humo cuando ya estaban a una distancia prudente.
–¿Qué coño les pasa contigo?
–Yo que sé, joder, son unos capullos. – dio una larga calada a su cigarrillo antes de tirarlo al suelo y aplastarlo con el pie. – Tengo que solucionar esto.
–Lo veo difícil. – le contestó Miyaji terminando su tabaco también y levantándose. – La vida en la cárcel da puto asco cuando te toca alguien así.
–Ya lo sé. Sólo tengo que pensar en cómo hacer que se vayan a la mierda. – Kazunari se levantó y ambos volvieron dentro, en un rato tendría que ir al otro patio a limpiar, rastrillando las hojas.
Me vuelvo a disculpar vale ;A;
Espero que os esté gustando el desarrollo, prometo intentar no olvidarme del día en el que vivo ( ·`_´·)9
Y bueno...ya avanzamos ¿no? ¿Qué tal ese Takao luchando por su inocencia? ¿Y mi querido oficial Midorima?
Nos leemos para el viernes ~
