¡Holiwi! Estoy aquí para continuar con esta historia :'D Muchas gracias por sus reviews, me dan ánimos para seguir escribiendo... He hecho este capítulo para alegrarles en corazón porque sé que quieren Yachi-san por más tiempo (Es tan linda *O*)

Bueno, eso era todo.. A disfrutarlo... Ya saben... Los personajes pertenecen a Furudate-sensei


Desde que había sido muy pequeñita, Yachi siempre había sido del tipo de persona retraída y demasiado introvertida; Desde la primaria, no, más bien, desde que recordaba no tenía amigos verdaderos. Solo tenía compañeros de clase con los cuales conversaba de vez en cuando en los horarios de descanso —especialmente cuando necesitaban copiar sus apuntes—, pero nunca había sentido un lazo de amistad con ellos ni sentía que ellos la consideraran una amiga. Tampoco tenía experiencia en los clubes escolares; desde que procuró una vez cuando estaba en primaria por insistencia de su madre no había intentado formar parte de ningún club después: era demasiado torpe en sus movimientos cuando estaba nerviosa, y el hecho de estar cerca de gente que no conocía en él hacía que sus nervios estallaran.

Se dio la idea de que en realidad era ella el problema, que su torpeza y su vergüenza no le permitían hacer amigos y que realmente no era buena para hacer amistades. Por lo que en preparatoria decidió no intentar entrar en algún club y solo mantendría las conversaciones con sus compañeros de clase cuando ellos quisieran hablarles como había sido siempre. Así evitaría pasar momentos embarazosos y también evitar pensamientos que la pondrían frenética en sus pensamientos sin tener una base real.

Luego, cuando formó parte de Karasuno se dio cuenta de que siempre había estado equivocada: Solo se estaba dejando vencer por el miedo, nunca realmente había enfrentado sus sentimientos hasta que tuvo la oportunidad de hacer amiga de Hinata y del resto del equipo.

Cuando vio que Hinata y Kageyama estaban en un lado del gimnasio hablando entre ellos pensó inmediatamente que debían estar peleando por lo que se acercó lo más rápido que su caminata le permitía. No dijo nada hasta quedar detrás de ellos, que por su ferviente discusión parecían no notar la presencia de la chica. De pronto, cuando Yachi se dispuso a decir algo, ambos giraron rápidamente hacia ella y vio que Hinata tenía un paquete medianamente grande en sus manos.

—¡Feliz cumpleaños, Yachi-san! —gritaron la unísono haciendo una leve reverencia delante de ella.

¿Qué debía hacer? ¿Qué debía pensar?

Tardó unos segundos en recomponerse de su revoltosa pelea mental. Sus mejillas se habían sonrojado hasta los oídos y sus labios tenían una ligera curvatura demostrando que no sabía si reír o llorar. Definitivamente hizo ambas cosas: en ese instante sintió que sus ojos se estaban cristalizando mientras más sonreía.

¿Alguna vez alguien se había tomado la molestia de hacerle un regalo así?

Nadie que ella recordara.

—Chicos… —empezó a balbucear— yo… yo…

—No te preocupes, Yachi-san —interrumpió rápidamente Hinata. Ambos ya se habían levantado y miraban a Yachi—. Es un regalo de parte nuestra. Anda, toma. —le insistió.

Temblorosa, pero alegre, Yachi extendió sus brazos y tomó el presente que estaba alzando Hinata. Miró la tarjetita que tenía el paquete "Feliz cumpleaños" y unas caritas dibujadas con un lápiz rojo, quien debía ser supuestamente Hinata, y el otro una carita con lápiz azul, que debía ser Kageyama. Abalanzó el paquete de arriba abajo y sintió que estaba pesado; no le importaba, aunque ese paquete tuviera una caja grande con un llaverito adentro igual seguiría agradecida con ellos.

Hinata le dio un codazo a Kageyama y éste soltó un aullido de quejido. Yachi, quien se encontraba mirando su paquete, levantó la cabeza para ver qué sucedía.

—Á-ábrelo —farfulló el moreno casi susurrando.

Yachi se había quedado en blanco. Estaba mirando la tarjetita que tenía el nombre de Kageyama, pero no había pensado que él hubiera participado de aquello hasta ese momento.

—No me lo esperaba —dijo sonriendo ampliamente, sus mejillas seguían coloradas pero el rubor había bajado notablemente, además ya no tenía una batalla campal en su mente, simplemente disfrutaba el momento.

—Lo ves, Kageyama-kun, te dije que nadie espera nada de ti —dijo Hinata tratando de ocultar su boca tras sus manos. Kageyama lo tomó de la cabeza apretándolo.

—¡No! ¡No quise decir eso! —gritó un poco después levantando una mano para tratar de separar a los dos y sujetando el paquete con todo el otro brazo.

—Está bien, Yachi, solo ábrelo ahora que no hay nadie todavía en el gimnasio —respondió Hinata tratando de apartar a Kageyama de él, forcejeando como nunca. Kageyama, quien hasta el momento había permanecido un poco calmado, estaba diciendo todo tipo de insultos contra Hinata. Yachi de verdad se preocupaba, pero decidió hacer caso a Hinata.

Cuando abrió el envoltorio que tenía el paquete, se quedó observando un pastel de cumpleaños de fresa cubierta con chantillí en la periferia y con fresas en la cara superior, bordeándola. En el centro tenía una inscripción hecha con chocolate fundido que decía "Feliz cumpleaños, Yachi" y un dibujo de un globito. Se enterneció tanto cuando lo vio, tanto que hasta tuvo ganas de abrazarlos. Por suerte (o por mala suerte) no pudo hacer eso porque tenía el pastel en sus manos.

—Muchas gracias, chicos —Le pareció que esas palabras no demostraban cuán agradecida realmente estaba.

Hinata sonrió ampliamente dando un salto con los brazos arriba celebrando que a Yachi le había gustado el presente. Kageyama solamente miró el suelo un poco sonrojado, pero en el fondo también estaba celebrando aquello; después de todo no se había esforzado en vano.

Se dirigieron a la sala del club para ir a dejar tanto el pastel como sus pertenencias y donde se cambiaron para empezar la práctica de la tarde. Yachi no dejaba de tener una sonrisa tonta en su rostro, pero no podía evitar mostrarse avergonzada cuando Hinata le gritaba a los otros miembros del equipo que se iban a cambiarse que era su cumpleaños. Aún más colorada se puso cuando Tanaka y Noya se enteraron, los muy escandalosos se pusieron a gritar felicidades a cada rato, de todas maneras estaba muy agradecida por todas las atenciones que recibía, era de lejos el mejor cumpleaños de su vida (al menos que ella recordase)

El ambiente cambió drásticamente cuando la práctica había comenzado; Todos los chicos se concentraban como siempre enteramente en ello. Durante la práctica del remate sincronizado, Yachi era la encargada de lanzarle el balón a Kageyama para que él pudiera levantarlo. Estaba ubicada en el borde de la cancha y cada vez le tocaba al grupo de Hinata practicar el ataque, él pasaba al lado suyo sonriéndole tontamente y diciéndole cosas; Yachi, por su parte solo reía también (hasta que el entrenador Ukai le llamó la atención a Hinata por charlar demasiado)

Tuvieron un descanso de unos minutos en los cuales Yachi les acercó botellas de agua a todos los jugadores que le fue posible, en última instancia le tocó darle una botella a Kageyama, cuando hizo esto ella le sonrió con sinceridad. El moreno solo miró hacia la red mientras se secaba la cara con una toalla tratando de disimular su rubor.

—Hinata —llamó Yachi-san— ¿Pueden Kageyama-kun y tú quedarse un momento después de la práctica?

El pelirrojo la miró con los ojos entrecerrados sin entender lo que pasaba, pero su expresión cambió unos segundos después.

—Claro —aseguró con naturalidad—. Nos quedaremos.

—Muy bien, se acabó el descanso —gritó el entrenador Ukai que se encontraba parado al lado del poste de la red con un cuaderno en sus manos. Hinata se despidió de Yachi con una sonrisa y corrió a toda velocidad junto a los demás que se encontraban ahora en frente del entrenador.

Kageyama lo miró de reojo como descifrando por qué estaba tan feliz, su mirada se cruzó con la suya e inmediatamente llegó a pararse al lado de él. El entrenador hablaba de que practicarían un patrón de ataque en ese momento, pero mientras escuchaba, Hinata dijo:

—Quédate un momento después de la práctica —susurró con un hilo de voz, lo suficiente para que Kageyama dejara de escuchar y lo mirara

—¿Esta vez qué quieres? —le cuestionó.

—¡DEJEN DE CUCHICHEAR MIENTRAS HABLO! —Soltó el entrenador, todos retrocedieron al escucharlo—. Si les pillo hablando les haré hacer 20 series de bloqueo y recepción como castigo —hubo un silencio sepulcral en ese instante. Hinata le dedicó una mirada de inocencia a Kageyama mientras este fruncía el ceño con odio.

El resto de la práctica había transcurrido con normalidad aparente, siguieron practicando el ataque mientras el equipo de suplentes iba bloqueando; al pasar un tiempo hicieron cambio para que todos pudieran practicar. Terminó la práctica con un pequeño juego de un set entre ellos. Mientras ellos jugaban, Yachi se fue apurada a recoger las pelotas que habían volado en todas las direcciones durante la práctica.

Al terminar el set de entrenamiento, todos se organizaron a limpiar; Hinata y Kageyama se encargaban de la red, unos chicos de primero fueron a traer los escobillones grandes para quitar el polvo de la cancha, Tsukishima y Yamaguchi se dispusieron a tirar la basura que juntaron al basurero, Ennoshita hablaba con el entrenador Ukai y Noya y Tanaka simplemente se pusieron a dejar los chalecos de nuevo en el cesto donde estaban. Yachi se había encargado de guardar el marcador de tantos y de set y también de llevar el cesto de las pelotas.

Al final, cuando todos se fueron observó a Hinata y Kageyama que se encontraban solos dentro del gimnasio, ambos se encontraban estirando distintas partes de sus cuerpos mientras hablaban sobre algo que ella sospechó que no podía ser otra cosa que vólei. Se apresuró a tomar una silla del depósito y la llevó hasta ellos; ellos se quedaron mirando la silla como idiotas.

—¿Qué dem…? —intentó decir Kageyama mientras Yachi le cortó concomitantemente mientras trotaba hacia la puerte de salida del gym.

—¡Esperenme, ya vengo!

Ambos se quedaron mirando la puerta mientras ella desaparecía.

—¿Qué es lo que va a hacer? —preguntó Kageyama seguro de que Hinata era cómplice de todo.

—No lo sé, —suspiró con cansancio, luego se puso a dar saltitos para estirar su cuerpo— si lo sabría no estaría aquí de idiota contigo.

Kageyama se volvió a enfadar. Justo cuando iba a darle un golpe a Hinata apareció Yachi a través de la entrada con el pastel en sus manos y su bolso colgándole del hombro. El pastel estaba de nuevo envuelto como lo habían entregado; se acercó con una sonrisa y colocó el pastel en la silla. Revisó su bolso y sacó 3 bandejitas con unos tenedorcitos y un cuchillo de mesa.

—Bueno… Esto… —Empezó a decir Yachi con la voz temblorosa sosteniendo los utensilios—, yo quería compartirlo con ustedes…

Hinata rió totalmente sonrojado, con una expresión de sorpresa en sus ojos; Kageyama había hecho un esbozo de sonrisa pero parecía más bien una mueca, de igual manera se sentía sorprendido, aunque no era tan expresivo como lo era el pelirrojo.

—Pero nosotros te la dimos a ti —alcanzó a decir Kageyama, en realidad le molestaba un poco haber pasado por tanto para dárselo y que al final no sea solo ella quien lo disfrute.

—Realmente deseo compartir esto con mis amigos —respondió totalmente roja, sentía su cara caliente—, en realidad es la primera vez que me regalan algo sorpresa. En verdad, quiero compartirlo.

Hinata tomó del brazo a Kageyama, atrayéndole hacia él.

—Vamos a traer más sillas para sentarnos, para que parezca que estamos celebrando de verdad —le susurró al oído. Yachi los miraba confundidos mientras vio que ellos se alejaban hacia el depósito, obviamente, Hinata con más velocidad que Kageyama.

Volvieron los dos trayendo más sillas, Hinata hizo el intento de traer dos sillas, pero su baja estatura y su físico no le permitían llevar ambos, así que Kageyama tomó uno con un brazo y se hizo de dos sillas. Hinata lo miró con rabieta, al parecer quería ser él el que le diera un lugar a Yachi-san.

Una vez que hubieron colocado todas las sillas, Yachi se dispuso a cortar la torta en varios pedazos. La verdad es que le dolía tener que cortar dicho presente, quería conservarlo por siempre, pero a sabiendas de que eso era imposible le pareció que aquella era la mejor manera de disfrutarlo. Le dio un pedazo a cada uno en la bandejita y les clavó el tenedorcito a cada una; Los tres empezaron a comer al mismo tiempo.

—Yachi-san —llamó Hinata rompiendo el silencio, Yachi estaba casi en frente de ella, mientras que Kageyama estaba más en el medio de los dos. —¿Cómo conseguiste todo esto?

—Fui a buscarlos de la cafetería en el momento que fui a cargar agua en las botellas, aproveché el momento para ir un rato —confesó agachando la cabeza.

—¡Eso es genial, Yachi! —gritó Hinata levantándose de su silla emocionado— no se nos había ocurrido que podíamos hacer una celebración en el gimnasio.

De repente se escuchó los pasos de alguien que avanzaba desde la entrada del gimnasio, todos se quedaron a observar al intruso de aquel momento. El muchacho se puso rojo como un tomate al sentir sus miradas sobre él, aun así avanzó hasta ellos, cuando llegó a colocarse al lado de Yachi, Yamaguchi quitó de su bolsillo un presente pequeño; Hinata y Kageyama lo miraron cabreados.

—Esto… es para ti… —dijo casi sin fuerzas. Yachi lo miró sin saber que pedir.

¿Dos regalos? Eso es más de lo que podría imaginarse nunca.

—Gr-gracias —respondió al mismo tiempo que se paraba y tomaba con una mano el pequeño presente. Yamaguchi estaba tan nervioso que no supo qué más decir, Yachi se abalanzó contra él y lo abrazó.

Hinata casi saltó a separarlos, mientras que Kageyama parecía estar a punto de matarlo con su tenedorcito de plástico. ¿Por qué ellos no recibían esa clase de agradecimiento?

Cuando se separaron, ambos estaban completamente rojos. Yachi, confundida, había tenido la misma sensación de cuando Hinata y Kageyama les habían regalado su pastel, solo que esta vez no tenía un impedimento para hacerlo. El muchacho se despidió casi sin poder hablar, Yachi quería decirle que se quedara, pero se había marchado sin oportunidad de convencerle. Hinata se sentó suspirando a lo bajo, medio decepcionado; Kageyama por su parte trataba de entender las ganas de matar que había nacido dentro de él en ese pequeño instante. ¿Celos?

Pronto aquel incidente quedó en el olvido de los muchachos, empezaron a hablar de muchas cosas y Hinata y Kageyama habían pedido otro pedazo de pastel mientras seguían la plática. Hasta el moreno participaba de la conversación, Yachi no podía ocultar su felicidad por tener un momento como ese para recordar por el resto de su vida.

—¡De verdad me sorprendió esa llamada! —exclamó Yachi. Kageyama bufó

—Le dije a Kageyama que tenía ser él el que confirmara porque no ibas a esperar que él te lo regalara —rió Hinata, Yachi también reía.

—No te preocupes, Kageyama-kun —le dijo—. Yo sí esperaré algo de ti desde ahora —sonó más a un consuelo pero Kageyama se había puesto rojo de nuevo.

—No importa —respondió

—Ahh… Kageyama… Eres tan frío —se quejó Hinata llevando un último tenedor a la boca terminando su pastel. Kageyama sonrió de medio lado en lo que parecía una risa diabólica, Hinata palideció; Yachi puso los ojos en blanco al ver su pequeña disputa.

Ordenaron todo el gimnasio cuando terminaron su celebración, Yachi sentía que podía quedarse un poco más de tiempo pero cuando miraba su reloj pensaba en que su madre también estaría esperándola y no quería hacerle esperar más; sobró casi la mitad de la torta, así que pensaba dejarle un pedazo y seguir comiéndolo por el resto de su vida hasta que acabase.

Salieron los tres juntos del colegio después de haberse cambiado de ropa en la sala del club, caminaron juntos siguiendo hablando hasta que tuvieron que separarse para dirigirse a sus casas. Hinata se montó en su bici mientras le volvía a desear una vez más feliz cumpleaños; Kageyama se despidió mientras se preparaba para cruzar hacia el otro lado de la calle. Yachi esperó el bus mientras miraba, todavía con felicidad, su presente.

—¡Ya llegué! —dijo mientras se sacaba los zapátos y se preparaba para adentrarse a su casa. Su mamá había corrido hacia ella y la abrazó en cuánto la vio.

Hasta ella se había quedado sorprendida cuando Yachi le comentaba todo lo que había sucedido ese día, casi no había parado de hablar, no quería perderse de ningún simple detalle. Mientras su madre le preparaba su cena favorita por su cumpleaños le alcanzó a mostrar también los aros en forma de estrellas que le había regalado Yamaguchi. Nunca dejó de sonreír y su madre mucho menos.

Después de haber compartido con ella su pastel de cumpleaños, se quedó pensando un momento. Inmediatamente se le ocurrió quitar el celular y sacarle una foto a lo que quedaba del pastel, seleccionó sus contactos y le envió la foto a Hinata con un mensaje

«Ha sido el mejor cumpleaños que he tenido, ¡Muchas gracias, Hinata!»

Luego buscó entre su lista de llamadas recibidas (que no era muy extensa, de hecho, la mayoría eran llamadas de su mamá, de su abuela o cosas así) y agregó el número de Kageyama-kun a sus contactos; le envió la foto del pastel restante y también le agregó lo siguiente:

«De todas las cosas que no esperaba, esta ha sido la mejor. ¡Gracias, Kageyama-kun!»

Kageyama ya se había duchado y cambiado a una piyama, revisó la pila de deberes que tenía por hacer, pero no se dignó en hacer nada. Se tumbó a la cama bocarriba y miraba el techo mientras apoyaba sus manos en su pecho. No sabía por qué, pero se sentía muy consternado; como si parte de su propio ser no se entendiera a sí mismo.

Miró en el suelo buscando su pelota. La recogió y empezó a jugar con ella; la levantaba y la subía y en ocasiones la lanzaba para volver a atraparla, la tomaba con una mano y la pasaba a la siguiente. Era como un ejercicio para poder conciliar el sueño, cuando estaba a punto de volver a atrapar la pelota, el sonido del vibrador de su celular hizo que se sentara y la pelota cayó impactándole en la cabeza. «idiota» pensó mientras se alargaba para agarrar su móvil.

Leyó el mensaje una y otra vez sin saber qué responder, al final decidió que no iba a responder. ¿Por qué le mandaba esas cosas? ¿No podía simplemente guardarlo para sí y ya estaba? Pero muy en contra de sus propias ideas, se vio a sí mismo escribiendo una respuesta del que no fue consciente hasta que mandó el mensaje.

«De nada, Yachi-san. Llámame solo Kageyama si quieres. ¡Feliz cumpleaños!»

Se quiso morir.


Continuará... Ya... Déjenme un review para saber si les agrada o no :'D Espero poder subir la próxima semana.. Debo decirles que estoy con muchos exámenes y por eso se me hace difícil escribir. Muchas Gracias 3