Después de aquello no vio al oficial por semana y media – ni, por suerte, a la banda de Hanamiya o a este mismo – por lo que sus citas quedaron suspendidas. La próxima vez que lo vio lo notó más cansado, tenía ojeras pronunciadas aunque las gafas se las ocultasen.

–Takao. – dijo levantando la cabeza de los papeles. El mencionado salió de su ensoñación y se fijó en el oficial, diciéndole que continuase con la cabeza. –¿Te importa que fume?

–No hay ningún problema. – En algún momento después del día donde sus manos quedaron marcadas en la mesa por el sudor, habían dejado atrás el usted. Midorima sacó un paquete de cigarrillos y encendió uno. Después de la primera calada continuó:

–No sé si esto va a gustarte – empezó a rebuscar entre los papeles hasta encontrar el que quería – pero han reabierto el caso de tu padre.

–¿Qué? – Takao alcanzó el papel que le tendía – ¿Por qué?

–Porque está mal. Lo he revisado yo mismo desde principio a fin, hay algo que no encaja. Así que lo envié a revisión gracias a un tío que me debía un favor. – Midorima gesticulaba y seguía fumando según hablaba – La semana que viene me dirán cómo va la cosa.

–Oficial. – Kazunari estaba sin palabras, no podía creer lo que estaba escuchando. Se dio cuenta de como Shintarõ realmente le estaba ayudando, debía estar exhausto de repasar casos. Algo dentro de él se enterneció.

–¿Ocurre algo? – preguntó confuso el más alto, observando la mirada que le dirigía el reo.

–Muchas gracias, Midorima. – se levantó y rodeó la mesa hasta él, sonriendo – Vamos, te lo voy a agradecer de verdad, no desde el suelo.

El oficial se levantó al tiempo que apagaba el cigarrillo apenas recién empezado y frenó a Takao, sujetándole por un hombro. Fue a hablar y replicar al reo, pero este le puso la mano en la boca impidiéndoselo. Sonrió un poco y añadió:

–Shintarõ, no estoy obligado a esto. Quiero hacerlo. – Takao lo dijo con la voz firme y seria, mirándole a los ojos. El oficial asintió después de unos segundos de duda y acarició la cara de Takao de forma casi distraída, pasando el pulgar contra la comisura de su boca.

–Yo creo en tu inocencia. – pronunció en su tono solemne, bajando ambas manos y abriendo el uniforme naranja.

Takao se separó de él una vez se hubo librado de la prenda y volvió a colocarse contra la mesa. Se tensó ligeramente, pero ahora ya estaba preparado para lo que vendría, así que alzó un poco la cadera. Notó las manos de Midorima rodeándole, esta vez acariciándole por encima del vientre con lentitud. Después subieron un poco hacia sus costillas, por debajo de su camiseta, haciendo que se estremeciese. Ascendieron más, mientras deslizaba sus dedos, en caricias pausadas. Rozaron levemente sus pezones y un cosquilleo recorrió al pelinegro. Volvieron a bajar y con cuidado empezó a tocarle, lentamente, con una mano en su miembro y otra dirigida a su trasero.

Kazunari tragó la saliva que se había acumulado en su boca y jadeó, notando como su erección se estaba formando en la mano del oficial, quién continuaba tocándolo con parsimonia, de forma casi exasperante.

–Midorima….

–No soy una bestia sin corazón, Takao. – mientras le masturbaba con sus dedos suaves, le preparaba de igual forma, haciendo crecer la excitación en el preso. Kazunari gimió entrecortadamente y movió un poco la cadera, de forma casi inconsciente.

Midorima se detuvo y Takao reprimió un sonido de disgusto, quería que aquella mano volviese a su miembro. El placer estaba comenzando a confundirle, los dedos del oficial obraban maravillas en su cuerpo. Escuchó el tintineo del cinturón al ser desabrochado, la cartera al ser abierta y justo después como Midorima se acercaba más a él. Susurró "relájate" antes de comenzar.

El dolor relampagueó por su cuerpo, de un extremo a otro, pero muchísimo menos intenso que la vez anterior. Además, las manos del más alto habían vuelto a acariciarle, pero se mantenía quieto dentro de él.

–O–Oficial… – arqueó toda la espalda y apretó la pulcra madera de la mesa, que siempre estaba impecable. El miembro de Midorima reaccionó dentro ante la forma en que había dicho su rango. No quería pedir aquello, pero el placer y el calor se extendían por todo su organismo – Shintarõ…muévete…por favor.

Dicho y hecho, pensó. El peliverde comenzó el vaivén de ambos cuerpos, como la otra vez, pero atendiendo de Takao, procurando satisfacerle. Este, aunque no quisiera, lo estaba disfrutando, gimiendo sin desearlo. Pronto, las gotas de sudor cayeron sobre la mesa, mientras era embestido una y otra vez. Tenía los codos apoyados con fuerza y las piernas separadas, tratando de no irse demasiado hacia delante. Cada vez que el oficial llegaba a lo más hondo casi gritaba, era una experiencia totalmente novedosa, aquel lugar que golpeaba en su interior y que le hacía ver las estrellas.

Sin querer tiró con la correspondencia que siempre había en una esquina de la mesa haciendo que las cartas se esparcieran por el suelo, gimiendo un poco más alto y extendiendo los brazos por la madera.

–Shintarõ…Shin…voy a…voy a…acabar… – no sabía cuanto tiempo llevaban haciéndolo, pero sentía que no podía más y que en cualquier momento se correría.

–Joder, Takao…

El oficial volvió a masajearle, más rápido, mientras continuaba moviéndose, respirando con dificultad y apretando los dientes. Fue demasiado para el cuerpo del pelinegro que sintió como colapsaba, una corriente eléctrica recorriendo su columna. Perdió la fuerza mientras se venía y su cuerpo quedó laxo. Le temblaron las piernas, pero Midorima le tenía bien sujeto, clavando los dedos con fuerza en su piel. Le apretó y empujó hasta dónde podía, viniéndose también. Después de eso se apartó hacia atrás y tiró el preservativo.

Takao se colocó su uniforme de nuevo, limpiándose con el mismo pañuelo que el oficial le había dado, mientras recuperaba la respiración. Midorima se acercó a él y le subió bien la cremallera, estampando otra marca de succión en su cuello, por el lado contrario a las otras. Después se inclinó abriendo la boca y le besó, forzando su lengua hacia el interior con rapidez. Apenas lo saboreó un momento antes de que le mordiese con fuerza el labio y se retirase hacia atrás.

–Nos vemos la semana que viene. – una sonrisa destelló en su rostro antes de girarse y abrirle la puerta al reo.

Takao estaba sin palabras por lo ocurrido, así que salió sin decir nada. Hizo un gesto de despedida con la mano, confuso, para después dirigirse a su celda.

¿Técnicamente acaba de acostarse con el oficial, por placer?

Se revolvió el pelo y escuchó el timbre. Cambió de dirección y salió al patio, buscando a su pandilla. Se relamió los labios inconscientemente.

Los encontró donde siempre, en las gradas. Estaban fumando y Kimura a punto de repartir las cartas. Se peinó rápido y trató de mantener la compostura.

–¡Takao! ¿Te hace una al póker? – Ōtsubo le tendió un cigarrillo. Lo recibió agradecido y se sentó con ellos, con cuidado y apuntándose a la partida. Aunque vieron sus marcas en el cuello, no dijeron nada. La primera vez tampoco lo habían hecho. Cada preso era libre de hacer lo que quería en el penal.

Pasaron la tarde jugando a las cartas y apostando cigarrillos, porque a pesar de que muchas veces los compartían, también solían usarlos de moneda de cambio. Cuando el Sol comenzó a ponerse y a teñir el cielo de naranja, Kazunari se dio cuenta de lo bien que le caían aquellas personas. Realmente había conseguido amigos allí dentro. Por suerte, al ser hurtos menores, no tardarían mucho más en salir. Por ellos se enteró de que el chico de pelo celeste, al que hacía ya tanto que no veía, había salido absuelto en su juicio, organizado antes de lo previsto gracias a la intervención del guardia que velaba por él. Por lo menos era lo que se rumoreaba por prisión.

Terminaron la partida y se quedaron viendo el atardecer, mientras terminaban sus respectivos cigarros. Pensó que los echaría mucho de menos cuando se fueran, ya que no debía quedar mucho para eso. Por otra parte tampoco sabía cuánto tiempo le quedaba a él allí, pensamiento que lo afligía. No era su lugar, pero ahora ya se había acostumbrado. Al salir echaría de menos a la pandilla, y lo más posible es que al oficial también. Exhaló el humo e intentó reorganizar sus pensamientos. Él no tenía que estar allí, tenía que salir, a pesar de que no tuviese casa a la que volver. Pero el oficial se había portado bien con él y, de algún modo, le había cogido cariño. Recordó la sesión de ese día, había sido totalmente voluntario, nadie le estaba forzando. Y lo había disfrutado.

Si no fuese por la banda de Hanamiya, probablemente no le disgustase tanto vivir allí, ya que fuera no tenía nada ni a nadie. Aquí tenía casa, comida y amigos. Esa fue a la conclusión que llegó, aunque no quisiese aceptarla. De algún modo, se había adaptado completamente, había hecho amistades y comenzaba a desarrollar sentimientos por el oficial. Cada vez que lo veía lo sentía en su interior, y no le gustaba las miradas preocupadas que ponía cada vez que Seto o Hara se metían con él. Necesitaba su protección y para eso necesitaba usar su cuerpo, se autoengañaba de esa manera para no pensar en que había entregado su dignidad a un hombre al que no le importaba. El caso es que a Takao sí le importaba el oficial, o al menos empezaba a hacerlo, no podía evitar pensar que se acabaría metiendo en líos por su culpa. No tenía manera de arreglar el embrollo en el que se estaba metiendo, los problemas parecían ser cada día mayores.

Tiró la colilla y se levantó con los demás, dispuestos a cenar.


Aish, como quiero a mis niños ;_;

Cómo véis ya se va desenvolviendo bien, aviso que tampoco va a ser un fic excesivamente largo, unos 10-12 caps bastarán.

Aunque cuando lo empecé era para 5 caps, pero la temática me pudo y.

Dudas, preguntas, sugerencias, gritos, ya sabéis