El poder de las máquinas
Al día siguiente Bea se levantó temprano y tras despejarse con un cigarro (sólo le quedaban siete, más le valía que su idea funcionara) bajó a comer con Spike y para su desgracia, también Sparkle. De todos modos no se alteraba, cualquier movimiento en falso podía resultar mal. Por experiencia sabía que los usuarios de magia no eran de confiar y si le daba razones a esta para desconfiar de ella, podría acabar muerta; pero si se trataba de una Nivel 25.
—¡Bea! ¡Te levantaste temprano! — Dijo Twilight muy emocionada. — Qué bien, precisamente las chicas me estaban contando que estabas adaptándote muy rápido y que ya hiciste buenas relaciones con Roseluck y la alcaldesa. En ese caso podríamos comenzar hoy con tus lecciones de magia, comenzando por la levitación y…
Bea le dio un sorbo a su café y se encogió de hombros, pero por dentro sonreía satisfecha.
—Lo siento Alteza, pero me he comprometido con Applejack para ayudarla con algo todo el día de hoy. De hecho, me levanté temprano porque ella vendrá por mí en cualquier momento.
Twilight parpadeó sorprendida. Bueno, eso estaba muy bien pero no le agradó mucho que Bea se comprometiera si ya tenía un compromiso con ella para aprender un poco de magia. De todos modos no tuvo tiempo de decir nada porque precisamente Applejack llegó muy emocionada al Palacio.
—¡Hola Twilight, Spike, siempre un placer! Disculpa que te moleste tan temprano pero quería ver si podía molestar un poco a Bea. ¿Por favor?
Beatrix dejó su taza ya vacía en el fregadero y tras dar una seca cabezada como despedida, salió tras la vaquera.
—¿Entonces estás lista para darle a Sweet Apple Acres un poco de electricidad gratis?
—Más bien ayudarlos a que generen su propia electricidad — dijo tranquilamente Bea. — Es fácil y rápido si trabajo sin interrupciones.
Entonces llegaron al campo vacío en donde Applejack dejó todas las cosas que compraron y Bea se puso a trabajar. De su mochila salieron múltiples pinzas mecánicas y demás, pues por algo era un equipo de supervivencia militar, y se puso cascos a la obra. Siguiendo los planos de su libro de la universidad, todo aquello resultaba de lo más sencillo. Tedioso y todo, pero si había algo que Bea amaba realmente eso era construir; de no ser porque eran tiempos de guerra y se necesitaban más soldados ella se hubiera dedicado a la fabricación de electrónicos, eso era seguro. Durante el proceso pensó en sacar un cigarro, pero tenía demasiado pocos, si tan sólo una señal divina le mostrara que no debía de hacerlo.
Y esa señal divina llegó en la forma de la pequeña Apple Bloom que llegó a ver qué hacía la "señorita ingeniera" como la llamaba. Bea sonrió, de vuelta en mi tierra me llamaban señorita comandante; es un cambio muy agradable, pensó.
—¡Whoa! Dígame señorita ingeniera, esas cosas de metal que salen de su mochila, ¿también funcionan con electricidad o es solo magia?
—Electricidad, todo mi equipo funciona con electricidad; precisamente con energía solar — explicó Bea mientras que uno de los brazos mecánicos con la soldadora unían varias piezas que tenía enfrente. — Mis aparatos tienen precisamente pequeños generadores solares, lo suficientemente poderosos para hacerlos funcionar. Claro que el suyo tendrá la potencia necesaria para todo Ponyville.
—¿En serio? — Preguntó la pequeña.
—Sí que sí — explicó Beatrix. — Pero ya veremos eso luego, ¿sí? Ahora tengo que terminar esto. Prometí que lo haría en un solo día.
Y la pequeña Apple Bloom se fue muy contenta, para luego volver con el almuerzo que le mandaban los Apple. Bea pidió específicamente que no se le interrumpiera el pequeño trance en el que entraba cuando construía electrónicos, por lo que agradeció el sándwich que le mandaron y siguió trabajando.
Cuando llegó la tarde, precisamente Beatrix Peace había terminado el poderoso generador solar. Big Mac fue el que hizo los honores de conectar el generador a la granja mientras que Applejack iba a la alcaldía para cancelar el servicio.
—¡Buenas tardes alcaldesa! — Saludó la vaquera.
—Applejack, buenas tardes querida. ¿Qué se te ofrece por aquí? ¿Pagar la factura de los servicios? Con mucho gusto, dame un poco de tiempo por favor…
La vaquera se quitó el sombrero algo abochornada.
—Esto es incómodo alcaldesa, pero precisamente venía a decirle que quería cancelar mi servicio de electricidad.
La alcaldesa se quedó congelada.
—¿Escuché bien?
—Eso temo alcaldesa, por raro que suene, ahora Sweet Apple Acres produce su propia electricidad. Fue un placer hacer negocios con usted pero ya no es necesario.
La alcaldesa estaba en shock, pero accedió a llenar las formas necesarias mientras que Applejack se iba alegremente. ¿Su propia electricidad? ¿Era eso posible? ¿Acaso hicieron un trato directo con el proveedor del pueblo? Bueno, eso era imposible, sólo hacían negocios con pueblos y ciudades. Eso quería decir que había encontrado a otro proveedor, alguien que le vendiera directamente la electricidad a pequeños consumidores.
Mientras tanto la familia Apple invitó a Bea a cenar con ellos por la ayuda recibida, pero fue lo único que la ingeniera aceptó. Cuando Applejack le ofreció pagarle por sus servicios, Beatrix Peace la rechazó amigablemente.
—Aunque agradezco el gesto, ya me están pagando con algo más. No te preocupes Applejack, considera nuestra deuda saldada. Además ustedes pagaron todo el material de construcción, ¿no?
—Bueno, sí pero eso fue casi sólo chatarra y cables; nada comparado con tu esfuerzo Bea.
La joven se rio y le enseñó su Tablet a Applejack.
—¿Mi esfuerzo? Applejack, yo sólo seguí el instructivo. Cuando iba a la universidad se me dejaba crear este tipo de proyectos y me divertía mucho. No te preocupes, ya verás cómo me pagarás y no con dinero.
Y Beatrix Peace dio por terminada la conversación cambiando por completo la opinión que Big Mac tenía de ella. Creía que al final les haría una factura extra pero no, tal como lo aseguró, Bea se limitó a pedirles los materiales.
—Como sea, nos vemos mañana — dijo Beatrix al salir de la residencia Apple. — Todavía tengo que enseñarles cómo darle mantenimiento a esa cosa. Si no se hace bien nadie saldrá herido pero el aparato se descompondrá. Nos vemos.
Y regresó al Palacio de Twilight. Su humor desmejoraba mucho siempre que pensaba en que estaba viviendo en el techo de una Nivel 25. Era algo odioso en verdad, odioso y aterrador; pues en cualquier momento podrían descubrirla.
—Y lo peor es que se me acaban las excusas. La capacitación de mantenimiento de los Apple sólo me durará un día, pero realmente necesito pensar en cómo librarme de ella hasta que obtenga dónde vivir. ¿Y por qué el maldito interés en esa otra Nivel 25 en que aprenda magia yo también? No, yo soy Beatrix Peace y no traicionaré a mi familia.
Cuando entró se encontró que Twilight y Spike la esperaban para cenar, por lo que se excusó rápido con que los Apple la habían invitado a cenar luego de pasar trabajando con ellos y que pensaba irse directo a la cama.
—Está bien — concedió Twilight. — Pero que sea la última vez Bea, la Princesa Celestia realmente quiere ver tu progreso en magia durante la Gala, no podemos permitirnos más retrasos en tu educación.
Beatrix hizo una mueca simulando estar avergonzada.
—De hecho Twilight, mañana tengo que volver con los Apple a terminar el trabajito que hice para ellos. Discúlpame, pero te juro que esto no me llevará todo el día.
Twilight la miró severamente pero luego asintió. Bueno, al menos estaba haciendo algo; aunque no le gustaba que se siguiera negando a aceptar su nueva naturaleza de unicornio.
Así pues Bea se fue a acostar, pero no sin antes fumar otro cigarro antes de ir a la cama con lo que le quedaban sólo seis.
Al día siguiente Bea se dirigió a Sweet Apple Acres tras hablar rápidamente con Twilight Sparkle. Entre ambas se estaba creando una especie de tensión, más por el deseo de Twilight que ella aprendiera magia para impresionar su maestra; mientras que Bea quería salir de ese maldito palacio de una buena vez. El problema era que no podía contarle la verdad a Twilight, por experiencia sabía que los usuarios de magia intentarían destruir toda la tecnología si se enteraban que era tan poderosa como para hacerles frente.
Twilight mientras terminaba de desayunar cuando llegó la alcaldesa.
—¡Twilight! Qué bueno que te encuentro desocupada — dijo la yegua. — Quiero hablarte de tu amiga Applejack.
—¿Le sucede algo? — Preguntó Twilight muy preocupada.
—Eso es lo que me pregunto yo — dijo la alcaldesa. — Ayer vino a cancelar el servicio de electricidad. No comprendo nada, y bueno, al principio pensé tal vez tenga problemas económicos; pero luego me dijo que ahora Sweet Apple Acres generaba su propia electricidad. Es imposible, ¿no crees? Me preocupa.
—Creo que tengo una idea de lo que pasó— dijo Twilight poniéndose en camino mientras que hacía las conexiones. — Pero vamos primero, hay que revisar.
Cuando ambas llegaron corriendo a Sweet Apple Acres, la alcaldesa no creía lo que veía. Era la nueva residente de Ponyville dándole instrucciones a Applejack y a Big Mac acerca de cómo utilizar la gigantesca estructura que había en medio del campo de los Apple.
—Entiendan, no es difícil. La parte tediosa es tener que limpiar los espejos reflectores diarios, pero mientras más limpios estén, más podrán aprovechar la luz solar. El otro punto es vigilar las baterías especiales. Un chequeo rápido basta, pero tienen que revisar que no se encuentren descargadas para que así no se queden sin energía durante la noche o los días nublados. Por suerte les he instalado suficientes baterías para aguantar un mes entero sin sol, pero teniendo en cuenta que es un pueblo muy soleado, no tendrán problema.
—Me sigue pareciendo genial — dijo Applejack mientras separaba los componentes de su generador instruida por Bea y luego los colocaba de nuevo. — Y me sorprende que sigas sin aceptar un pago por nuestra parte.
—Tengo mis razones — explicó Beatrix. — En todo caso, es a prueba de fallas pero en caso algo suceda, háganme saber y algo haré. Y sí, sin cobrarles.
La alcaldesa habló:
—¿Qué demonios es eso?
Beatrix Peace le sonrió presumidamente.
—Esto es un generador solar. Aprovecha la energía calórica y lumínica del sol y la transforma en energía limpia y segura; suficiente para electrificar esta granja y mucho más. Un pequeño diseño que me traje de casa. ¿Le gusta?
La alcaldesa miró el aparato, era algo fuera de este mundo. Twilight, que no andaba para bromas, sólo miró severamente a Beatrix.
—En serio, ¿no te das cuenta que puede ser peligroso? No sé cómo sean las cosas en tu mundo pero aquí un aparato así de extraño puede ser peligroso y…
Como respuesta, Bea le dio su Tablet. Twilight parpadeó sorprendida observando el diseño.
—Wow — murmuró.
—¿Qué? — Quiso saber la alcaldesa. — ¿Algo malo?
—Todo lo contrario — dijo Twilight. — Esta cosa… es increíble, puede dar electricidad a mucho más que Ponyville… y funciona cien por ciento libre de magia. No lo logro comprender, el por qué nadie había intentado construir algo así antes. Todo tiene perfecto sentido y es como asegura Bea; energía limpia y segura. ¿Cómo es posible?
—Porque en mi tierra no tenemos magia, sino que tenemos que ingeniárnosla como podamos — explicó Bea. — Y bueno, escuché sobre los problemas de los Apple para pagar la electricidad y les hice un favor. Nada fuera de lo normal si me preguntan.
—Es sorprendente — dijo la alcaldesa, que también algo sabía de física fundamental y electricidad básica. — Si hubiera algo así en Ponyville, podríamos abaratar la electricidad y todavía tener dinero para invertir en otras obras públicas. Beatrix Peace, ¿cuánto me cobrarías para instalar esto en Ponyville?
Los ojos de Beatrix brillaron de triunfo, pero claro no se podía ver a través de sus brillantes gafas color rojo.
—¿No te lo dije Applejack? Que de otra forma me pagarías por instalarte esto.
Y entonces los hermanos Apple entendieron. Los usó como gancho publicitario, algo muy astuto… y no tenían nada en contra de ello. De hecho, admiraban la inteligencia estratégica de la yegua nueva.
—Mi precio son mil bits, negociable — dijo Beatrix tranquilamente. — Luego, el ayuntamiento pagará los materiales, eso no es negociable; y por último… quiero la planta de tabaco que vende Roseluck. Eso tampoco es negociable, lo menos negociable de todo.
—Bien, no entiendo lo de la planta pero creo que podemos llegar a un acuerdo — dijo la alcaldesa satisfecha. — ¿Cuándo podrías iniciar con el proyecto?
—Si tiene tiempo ahora mismo — dijo Beatrix dándole la espalda a Twilight.
La alicornio no podía creerlo, obviamente hizo esto a propósito; lo que no le quedaba claro era que si lo hacía por no tener que estudiar magia con ella o porque quería independizarse rápido. Y aunque quería pensar lo mejor de las personas, desde el principio Bea le tenía manía a ella y a todos los unicornios. Algo le pasaba, pero necesitaba entender qué. Para algo estaban las amigas, ¿no? Pero Bea, ¿la consideraba a ella una amiga? Obviamente no.
La ingeniera mecatrónica entonces pasó el resto del día hablando con la alcaldesa sobre los pormenores del proyecto y demás; un alivio era que lo que necesitaba Bea era chatarra más que todo, lo que hacía más accesible su proyecto; lo único que exigía que fueran nuevos eran los cables; obviamente por seguridad.
En cuanto al precio, quedaron en setecientos bits, a lo que Bea no le puso ningún pero; pues había comenzado el proceso. No le agradaba el compartir su tecnología también con usuarios de magia como lo eran Sparkle y una tal Lyra que se la pasó molestándola en cuanto a sus orígenes humanos; pero no le importaba tanto. Lo que estaba enseñándoles a los ponis era tecnología del siglo pasado. No se quería imaginar qué harían los ponis si les daba una sola de las armas que manejaba, aun la inocente tazer era un peligro para todos si los dejaba usarla así como así.
Pero bueno, al final del día Beatrix Peace obtuvo su tan soñada planta de tabaco, con lo que ya podía comenzar a trabajar.
Regresó al palacio al caer la noche y se dio cuenta por la ventana que Twilight la esperaba. Con cuidado se acercó una de sus pulseras a la boca y dijo:
—Sensores al máximo. Toda la potencia a los escudos a la menor señal de magia.
—Comprendido — dijo la voz de su auricular.
Entonces entró.
—Buenas noches, alteza Twilight. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Bea, sé que haces esto apropósito. Mira, quisiera que me ayudaras a entender. La magia es parte de ti, no comprendo por qué tanto esfuerzo por no aprender. Digo, eres un unicornio por algo. Tiene que haber una razón.
La razón fue una cruel broma de los espíritus del cielo, pensó Bea mientras que simplemente miraba hacia otro lado simulando vergüenza.
—Es aterrador — murmuró Bea. — ¿Aterrador, sí? Eso en primer lugar, en segundo lugar tengo más interés en valerme por mí misma que aprender magia. Tienes que entender, vengo de un mundo complicado Twilight Sparkle y no me agrada depender de la generosidad de alguien más. Es importante para mí, ¿podrías comprender eso por favor?
Twilight no dijo nada, de hecho ella fue la que se sintió avergonzada.
—Está bien, comprendo pero… ¿no podrías al menos buscar un tiempo para dedicarte al estudio de la magia como se debe?
—Te prometo Twilight, que lo haré en cuanto pueda. Ahora mismo mi prioridad es ser independiente, pero en cuanto tenga lo que necesito, lo haré.
Y Twilight se dio por satisfecha escribiendo esa misma noche una carta para la Princesa en la que explicaba que Bea no estaría tan avanzada como quisiera para la Gala precisamente porque estaba buscando la forma de valerse por sí misma.
…y la comprendo Princesa, hasta me parece que actué mal tratando de forzarla a aprender magia de buenas a primeras sin preguntarle primero qué es lo que quería hacer. Y aunque sea una unicornio sin magia, le está yendo bastante bien en Ponyville. ¿Sabía que las máquinas pueden convertir la luz y el calor del sol en electricidad? Y sin magia de por medio, yo creo que Bea tiene un futuro electrizante.
Twilight Sparkle.
Celestia leyó la carta y fuera del mal chiste de Twilight, todo le parecía muy bien. Le parecía interesante cómo era que la yegua aquella comenzara a hacerse notar con su talento especial tan rápido. Bea era sorprendente.
Por su parte la propia Bea estaba trabajando en un proyecto mucho más urgente para ella: sus cigarros. Cuidadosamente separó unas cuantas hojas y las puso a secar en una viga de su cuarto mientras que ayudada por otro libro descargado en la Tablet trataba de ver cómo elaborar correctamente el tabaco y cómo cuidar de su amada plantita.
Una vez más salió al balcón a fumar antes de dormir.
—Mientras más rápido acabe con esto mejor, mientras más rápido me aleje de la casa de la Nivel 25 mejor. Y en serio, ¿convertirme a mí en usuaria de magia? Si esto es una especie de broma, se pasaron Espíritus del Cielo.
Siguió fumando en silencio mientras echaba las pequeñas bocanadas al aire.
…
Lejos, muy lejos de ahí, en un mundo completamente alterno; un hombre joven de unos veintiocho años vestido con una larga gabardina gris, una ceñida playera púrpura, botas de combate, pantalones grises y grandes gafas rojas fumaba un cigarro tras otro; mientras que revisaba varias computadoras en una creciente frustración.
—Señor gobernador — llamó alguien.
Hizo girar su silla y miró a quien lo llamaba. Una soldado rubia que se cuadró débilmente ante él.
—Hemos peinado la zona donde se encontró el vehículo de la señorita comandante, y aunque no pudimos encontrar sus restos; nuestros detectores nos alertaron que se utilizó un artefacto místico de alto nivel. Lo sentimos mucho, pero es concluyente. La comandante ha muerto en batalla.
Delber Peace aplastó su cigarro contra el cenicero.
—Tráiganme a la miserable de Gaia, ¡ya!
Los soldados obedecieron, arrastrando tras ellos a una muchacha de color verde aguamarina fuertemente sujetada con grandes magnetos en sus muñecas con los cuales la inmovilizaron contra una superficie de cobre.
—Gaia, la última de los magos. ¿Cómo estás, compañera? ¿Extrañas mucho a tus semejantes?
Gaia no le iba a dar gusto lamentándose. Sólo le sonrió provocadora.
—Podrás haber ganado en tu país, Delber Peace. Pero pronto las otras naciones vencerán la insurrección de los esclavos y te harán trizas. Disfruta tu triunfo mientras puedas, porque los sin-magia están sólo para servirnos a nosotros. Admítelo, ganaron porque nos tomaron por sorpesa.
Delber entonces se limpió las gafas desganadamente mientras que se estiraba aburrido.
—Ganamos porque tu gente se moría del hambre en el ambiente que nuestra tecnología contaminó durante siglos antes de alcanzar la perfección actual; y nosotros, bueno, estamos en la gloria; y lo mismo las demás naciones, pronto ustedes serán un triste recuerdo. Pero en fin, no estamos aquí para discutir estrategia militar (aprovecharnos de la hambruna que nosotros mismos creamos, todavía me deleita mucho). El asunto es, que mataste a mi hermana menor a quien amaba con el alma. Ahora vas a pagarlo caro.
Sin más apretó un botón en su escritorio, liberando poderosas descargas eléctricas en Gaia, que se retorcía de dolor. Delber sonrió con deleite prendiendo otro cigarro.
—Son descargas de intensidad media, tardarás en morirte. Y con los estimulantes que te inyectamos no perderás la conciencia, sentirás todo el dolor que siento yo por mi querida Trixie. Adiós para siempre Gaia Demetris Naturen, la última de los magos.
Una introducción más lenta a la cuestión principal de la tecnología a la vida equestriana seguida de una ligera vista al mundo de Beatrix Peace. Los siguientes caps tendrán un tono más acelerado pero pienso moderarme más en cuanto al arribo de quién es realmente Beatrix Peace.
Chao; nos leemos!
