Atrayendo la atención
Al ser la hermana del gobernador, Bea estaba acostumbrada a las reuniones sociales como lo eran inauguraciones, pero se sentía bastante bien el que fuera ella la invitada de honor; no era la primera vez pero cuando lo era, era homenajeada por haber destruido un pueblo entero no por ayudar a mejorarlo. En su mundo la única forma de ser reconocido por el público era A, crear nuevas y más destructivas armas; o B, disparar esas armas. Bea era de las que disparaba las armas, y el sentir que construyó algo (no destructivo) se sentía muy bien.
A la reunión llegaron personalidades locales, tales como los reporteros del periódico de la región y hasta el alcalde de un pueblo vecino.
—Señor Braeburn, qué bueno verlo por aquí — saludó la alcaldesa. — Me alegra que haya podido venir a pesar de estar tan ocupado.
—Simplemente no podía perderme el milagro — dijo el primo de Applejack. — Electricidad barata para todos, es algo que no me trago. Yo sé de algunos que no estarán muy contentos que digamos.
La alcaldesa se rio mirando "disimuladamente" a un par de esposos unicornios que miraban hacia el aparato de Bea con cara de pocos amigos: los señores Lightning, hasta aquel momento los dueños del monopolio de electricidad de Equestria.
Cuando finalmente cayó la tarde, la alcaldesa dio por comenzada la ceremonia de inauguración. Era una suerte, según Rarity, que la ceremonia fuera hasta esa hora porque de ese modo le dio tiempo de confeccionar el vestido de Bea; color azul claro para que combinar un poco más con aquellas pulseras que no se quitaba nunca; pero con alguien con ese tipo de pelaje un Magenta le quedaría mejor según la modista.
—¡Bienvenidos ciudadanos de Ponyville y visitantes! Es un gran placer para mí presentarles el futuro de la electricidad de Equestria: el Generador Solar. Gracias al brillante diseño de la señorita Beatrix Peace, ahora podemos aprovechar mejor nuestros recursos naturales; sin mencionar que también la electricidad será más barata para todos.
Como era de esperarse, los hurras y los gritos de alegría (más los gruñidos de los señores Lighting) llenaron el lugar.
—Bea, querida, ¿harías los honores? — Pidió la alcaldesa.
Bea asintió y conectó el famoso generador solar. Pronto todo Ponyville quedó iluminado mientras los silbidos y demás llenaban el lugar. Bea hizo una reverencia y junto con la alcaldesa, bajó del escenario para charlar tranquilamente con la gente. Varios residentes de Ponyville se acercaban a felicitarla y darle palmaditas en la espalda y demás; y Bea aceptaba felizmente.
—Un excelente trabajo señorita — dijo Braeburn. — ¿Y este armatoste en verdad funciona sin magia?
—Cien por ciento conocimientos técnicos y mecatrónicos — explicó Bea con una sonrisa. — Pregúntele si lo desea a Applejack Apple. El prototipo fue instalado en su hogar sin costo y ahora todo Sweet Apple Acres ha estado funcionando tres días con el poder del sol, no ha tenido que usar fuentes externas de electricidad.
—¡Caramba, si mi prima ha de estar de lo más contenta! — Dijo alegremente Braeburn. — Y dígame señorita, ¿cuál sería su precio para instalar algo así en el querido Appleloosa? Para serle sincero la cuenta del ayuntamiento de electricidad es algo que apenas podemos manejar, y muchas obras necesarias se atrasan por culpa de eso.
—Mi precio no varía, estimado señor — dijo Bea con sus ojos brillando de triunfo. — Setecientos bits más materiales de construcción, casi sólo chatarra así que no hay ningún problema con ello.
—Y vale la pena — dijo la alcaldesa. — Veo que también quieres independizarte Braeburn.
—Nada me gustaría más — dijo el alcalde. — Señorita, creo que usted y yo tenemos un trato, ¿cuándo cree que pueda ir a instalar su aparato a Appleloosa?
—Mañana mismo si lo desea, tomo el último tren de la noche y comienzo. No es que tenga nada importante que hacer. Y no se preocupe, mi boleto y hotel corren por mi cuenta.
Braeburn estaba contento, no así los dos unicornios que escucharon toda la conversación. Red Electricity, la esposa, se acercó.
—Ah, señorita Bea, justo con quien deseaba hablar — dijo en un tono prepotente y grosero la unicornio.
—Beatrix Peace — dijo Bea tornándose hostil de pronto. — ¿Qué demonios quiere?
—Me gustaría hablar en privado si no le molesta.
—Me molesta hablarle en público ahora mismo — dijo Bea mirando a la unicornio sin bajar la mirada. Eso incomodó bastante a la señorita Electricity, estaba acostumbrada a que se le miraba desde arriba; no de igual a igual.
Tanto la alcaldesa como Braeburn retrocedieron un par de pasos, la presencia de los Electricity imponía como siempre; pero la de Bea también.
—Bien, si quiere que estos escuchen no veo por qué no — dijo la yegua magnate. — Mi esposo y yo estamos interesados en comprarle su patente. Diez mil bits ahora mismo a cambio que nos entregue los planos de esas cosas y jure solemnemente no volver a construir otro en su vida.
Ignorando a la unicornio, Bea sacó un cigarro (genial, tres para que se le acabaran), lo prendió, dio una calada y luego le arrojó el humo en la cara a la yegua, quien tosió.
—He ahí mi respuesta — dijo Beatrix. — En fin, señor Braeburn, se puso fea la fiesta y el último tren a su ciudad, ¿en cuánto sale?
—Creo que dentro de unos treinta minutos señorita — dijo Braeburn comprobando su reloj. — Pero señorita Peace ¿Entonces está bien así? Los Electricity podrían darle mucho más que el ayudar a gente como nosotros.
—Tal vez pero por raro que suene, señor Braeburn, no hago negocios con unicornios, me desagradan mucho. Permítame prepararme y me reuniré con usted en la estación.
Y sin más ambos se fueron de la fiesta tras despedirse amablemente de la alcaldesa. Por su parte la señora Electricity, agitada por el humo y la indignación, miró fijamente irse a la ingeniera.
—Esto no ha terminado señorita Peace, esto no ha terminado.
Su esposo, Electric Business la apoyó.
—La joven no sabe con quiénes se está metiendo.
En el tren, Beatrix no dejaba de pensar en esos dos. Ya había lidiado con suficiente gente así en el pasado y sabía que no la dejarían en paz hasta que les vendiera su patente o les mostrara una lección. Así pues decidió prolongar un poco su estancia en Appleloosa, más que todo para agregar sistemas de protección a su generador. Le comunicó su idea a Braeburn:
—Ese matrimonio no se quedará de cascos cruzados, estoy segura que intentarán sabotear mi generador una vez lo termine, si es que me dejan terminar.
—No se preocupe por ello señorita, tengo la misma sensación pero estoy seguro que algo puedo hacer también.
—No, de hecho señor Braeburn, la que quiere encargarse del asunto soy yo; y el problema es que necesito más material para trabajar. Puedo crear una especie de búnker, que mantenga alejados a cualquiera que no esté autorizado del generador. En Ponyville, por mucho que duela admitirlo, tengo el apoyo de Twilight Sparkle Princesa de Equestria; ellos no se atreverán a acercarse ni un poco, pero aquí es diferente. Estamos muy alejados y en cualquier momento ellos pueden entrar a sabotear mi obra.
Breaburn le sonrió agradecido con la idea y claro; prometió que ya ayudaría en la construcción de ese tal búnker. Le agradaba la idea además que tampoco él confiaba en los Electricity. Entonces ambos se fueron a la cama para el día siguiente comenzar con las verdaderas operaciones. Se decidió que el generador estaría en las afueras del pueblo, pero no tan alejado para evitar algún daño. Beatrix rápidamente seleccionó la chatarra y los cables que iría a necesitar y una vez más se pasó el día entero fabricando el generador. No fue interrumpida ni una sola vez; de eso se encargaban los ponis de Braeburn que mantenían alejados a los curiosos temiendo un intento de sabotaje por parte de los Electricity. Incluso vigilaron toda la noche y efectivamente detuvieron a un par de sujetos que fueron enviados por los Electricity a intentar hacer algo al respecto de la inminente pérdida de otro cliente.
Pero nada pasó y a la mañana siguiente, se inauguró el generador conectando a todo el pueblo a su poderosa máquina esa mañana y cancelando el contrato con los Electricity para enojo de ambos . No fue una ceremonia tan larga teniendo en cuenta que los ponis de Apple Loosa eran ponis muy ocupados; tenían que sabérselas arreglar en esas tierras difíciles. Entonces Bea se puso cascos a la obra en la elaboración del búnker. Levantado con grandes piezas de lata, que soldó con la ayuda de su equipo militar; reforzado con madera y varias capas de cemento. Para este último toque los albañiles del ayuntamiento ayudaron felizmente; de lo único que se encargó Bea fue de crear la puerta y la cerradura; una vez más apoyada de su Tablet; pero esta vez tuvo que tardarse otro día más para finalmente lograr crear cosa semejante con la tecnología a su disposición.
Al caer la tarde, le entregó una tarjeta muy delgada de plástico a Braeburn.
—Se le conoce como llave de código. A diferencia de las llaves normales, esta no puede ser copiada así sin más. La puerta del búnker permanecerá herméticamente cerrada y bastará con insertar la tarjeta en la rendija adecuada. Es portátil y puede esconderse a plena vista.
Y luego la ingeniera llevó a Braeburn al búnker para enseñarle cómo funcionaba. Una vez más el poni estaba encantado y pagó según lo acordado. Fue bastante caro, pero ahora no tendría que pagar electricidad.
Otra victoria para Bea, su fama como constructora se iba extendiendo. Esa noche, al regresar a Ponyville, Twilight la esperaba con grandes noticias.
—Bea, te llegó una carta de la alcaldía de Manehattan. Leyeron tu historia en el periódico y quieren que vayas allá a fabricar su generador solar. Te estás volviendo famosa Bea, a este paso puede que hasta en Canterlot soliciten tus invenciones.
—No soy inventora, no como mi cuñada; ella sí que era una genio. Pero volviendo al tema, ¿Cuándo dicen que me quieren?
—En cuanto puedas, enviaron boletos de tren así como un pase para un buen hotel y…
Bea asintió tomando el objeto que Twilight le daba. No venía sellada y bueno, no le molestaba tanto que una Nivel 25 revisara su correo; después de todo le dio excelentes noticias y pronto se vería libre en su propio hogar. Por lo que había observado, la economía poni era bastante firme y con unos dos mil bits podría conseguir una modesta casa para ella sola. No era mucho pero con estar sola sería suficiente. Mientras más lejos de los usuarios de magia mejor.
—Parto mañana en la mañana — anunció subiendo a su cuarto.
—¿No cenas con nosotros? — Preguntó Spike.
—El buen señor Braeburn me ofreció un almuerzo abundante. Con su permiso.
Y volvió a encerrarse dejando a una muy confundida Twilight y a un preocupado Spike.
—Siempre actuando raro con los unicornios, ¿cuál crees que sea su problema Spike?
El joven dragón no sabía mentir, pero también sabía que Twilight respetaba la amistad sobre todas las cosas así que lo dejó claro:
—Me lo dijo, pero no puedo decirte Twi. Es una promesa que le hice y no puedo romperla así como así. Sólo te aconsejo que la dejes en paz, cuando quiera ayuda la buscará sola.
Twilight asintió dolida. Bea confiaba más en Spike que en ella; y sólo porque ella usaba magia. Y ahora que lo pensaba, actuaba con ella más a la defensiva que con otros usuarios de magia, ¿sería coincidencia o sería que Beatrix Peace realmente conocía la magia? Esa actitud no era normal; no actuaba asustada sino con desprecio, señal que la magia y ella habían tenido un encuentro desagradable en el pasado.
Entonces Spike eructó una carta:
Twilight Sparkle, reunámonos en cuanto puedas. Necesito que hablemos a SOLAS, especialmente lejos de tu invitada.
La firma desconcertó a la alicornio morada: Princesa Luna.
Rápidamente Twilight escribió la respuesta:
Mañana Bea partirá a Mane Hattan. Estaré disponible entonces, dejaré que Spike se quede con Applejack.
Spike envió sin saber lo que decía la carta. Al día siguiente todo ocurrió como se planeó; Bea desapareció en el tren más próximo a Mane Hattan y Twilight mandó a Spike a jugar con las Crusaders en casa de la vaquera. Todo estaba dispuesto ahora.
Luna llegó, esta vez de incógnito.
—Princesa Luna, ¿a qué le debo esta visita?
Luna miró a todas partes.
—¿Segura que estamos solas, Twilight Sparkle?
—Segura — dijo Twilight. — Y como prometí, Bea está lejos, porque imagino que es de ella de quien quiere hablar. Algo rara si me pregunta, siempre a la defensiva con la magia y todo. Me preocupa un poco que no es que Bea no conozca la magia y por eso tenga miedo; sino que…
—Pensamos igual. La magia no es desconocida para esta tal Beatrix Peace; tal vez no la haya utilizado antes, pero de que la conoce la conoce.
Se hizo un incómodo silencio de sospecha.
—¿Cómo es que llegó a esa conclusión? — Preguntó Twilight por fin.
—A diferencia de Tia, no soy demasiado confiada. Quería revisar el contenido onírico de Beatrix Peace; no creo que sea una amenaza pero de todos modos es una extraña en nuestro Reino. Eso fue hace cinco días. Cuando intenté entrar a sus sueños, ella se despertó por culpa de unos horribles ruidos, como de despertador. Pudo ser una coincidencia, pero poco después ella volvió a dormir y no soñó. Y así ha estado estos días, no importa cuánto espere, no importa que mis espías confirmen que duerme; ella no sueña. No es coincidencia a estas alturas, ella oculta algo.
Twilight pensó en Spike, él dijo que sabía, pero no quería comprometerlo; además tenía que comprobar la inocencia de Bea por sí misma antes de preguntarle nada a Spike.
—Bueno, no me agrada hacer esto pero tal vez podamos revisar su cuarto, tal vez encontremos algo.
Luna estuvo de acuerdo. Twiligth no creía que Bea tuviera algo suelto por lo desconfiada que llegaba a ser; pero de todos modos no había que dejar cabos sueltos. En el cuarto de la yegua encontraron casi nada, sólo la planta de tabaco en un rincón (unas cuantas hojas colgadas en las vigas para que se secaran); y una libreta.
Luna sin pensarlo siquiera la abrió.
—Bien, esto es nuevo.
—¿Qué? — Se acercó Twilight.
Eran nombres, una lista de nombres con algo más Twilight Sparkle, Nivel 25. Celestia, Nivel 25. Lyra, Nivel 3. Rarity, Nivel 3. Señores Electricity; Niveles 4 y 3. Vynil Scratch, Nivel 4. Luna, Nivel 25.
—¿Qué es eso de Nivel 25? — Quiso saber Twilight.
—Ni idea, pero es lo único apuntado aquí. ¿qué estará pensando nuestra escurridiza huésped?
No lo sabían y eso era inquietante, los apuntes de Beatrix Peace dejaban más preguntas que respuestas. Twilight entendió entonces, tenía que preguntarle a Spike.
Otro cap más bien técnico en donde acelero las cosas. Bea se quedó sin tabaco, la pobre parece chimenea, estos días se verán muy difíciles para ella. En fin, espero que lo hayan disfrutado la mitad de lo que yo me disfruté hacerlo.
Chao; nos leemos!
