Nuevas amenazas
El viaje en tren fue bastante frustrante para Bea. Ella estaba acostumbrada a los trenes de alta velocidad de su hogar, que conectaban grandes distancias en tiempo récord; pero este maldito viaje a Mane Hattan era de dos días y medio, cosa de lo más irritante.
—Decidido, cuando ya tenga mi hogar listo, lo primero que haré será construirme una moto — gruñó Bea para sí mientras que se recostaba en la cama de su pequeño cuarto privado. — Pero bueno, no me puedo quejar, se nota que no escatimaron en gastos.
Y de hecho era cierto; un cuarto privado en primera clase, nada mal para alguien que simplemente venía a construirles algo de tecnología obsoleta a una ciudad. Miró su reloj, medio día, le quedaba día y medio de viaje; por lo que se dispuso a encargarse de algo que le ayudara a pasar el tiempo. Con cuidado sacó de su mochila unas hojas secas de tabaco que finalmente había logrado cosechar, y con habilidad incrementada por los múltiples aparatos de su equipo militar, se puso a procesar las hojas cortándolas finamente y luego tomando un papel resistente para enrollarlas y así crear unos cuantos cigarros.
—Si mi padre me viera ahora — se rio Bea tristemente.
De hecho, de los recuerdos más felices de su niñez era cuando se sentaba en las rodillas de su padre acompañada de su hermano mayor y juntos escuchaban los cuentos que el buen hombre inventaba para sus hijos mientras él daba unas caladas a su puro.
—Papá, ¿Cuándo seamos mayores podremos fumar también? — Preguntó una vez Delber.
—No hijo, es malo. Sé que estoy dándoles un pésimo ejemplo pero créanme que es mejor así, no quiero que los pulmones de mis hijos se pongan negros e inservibles.
—Pero papá, nos tomamos un par de "limpiapulmones" y ya — siguió insistiendo el pequeño Delber.
—Dell tiene razón papá, con los "limpiapulmones" cuidan de nuestra salud y listo.
El viejo negó con la cabeza mientras acariciaba la cabeza de sus hijos.
—Niños, se supone que los vicios le hacen daño al cuerpo y eso es bueno, porque el miedo a morirnos jóvenes se supone que nos aleja de ellos. Pero ahora vivimos en una época en la que basta tomarte una pildorita y todo el daño que te hace tu vicio desaparece; y así puedes seguir haciendo desgracia tu cuerpo. No me gusta eso, es una señal de decadencia de nuestro pueblo.
Y los niños obedecieron, alejándose siempre del vicio de su padre… hasta que éste murió brutalmente asesinado intentando protegerlos.
En ese punto de sus recuerdos Bea se limpió una lágrima. Ahora que lo pensaba comenzó a fumar porque era lo que evocaba los recuerdos de esas lindas tardes en compañía de su padre y su hermano; lo mismo que Delber. No querían admitirlo pero ese vicio (que efectivamente mantenían controlado con los famosos "limpiapulmones") era una forma de llamar a su padre, por mucho que él no estuviera ya con ellos.
—Y heme aquí, fabricando mis propios cigarros para mantener vivo mi vicio. El viejo estaría orgulloso — rio irónica la muchacha mientras prendía por fin su primer cigarro casero. — Bien, nada mal para una principiante. Creo que igual los raciono un poco. Ahora que ya está lo urgente, pasemos a lo importante.
Cerró con llave su cuarto y con la ayuda de su equipo militar, removió su pata derecha delantera y la colocó sobre la mesa. Las pinzas especializadas de su equipo removieron la piel sintética, revelando la armazón mecánica debajo y comenzó lo de rutina: aceitar ciertas partes y ver si algún cable necesitaba reemplazarse. Terminó y se la colocó de vuelta.
Lo bueno de ser ingeniera mecatrónica era que podía ser su propia ortopedista.
Cuando arribó a la ciudad por fin, fue recibida efusivamente por el alcalde que por suerte era un poni terrestre. La tal Mane Hattan era una metrópoli fundada por ricos ponis terrestres y la mayoría de los habitantes eran de esa especie; lo que representaba un alivio para Bea que siempre encontraba desagrado en compartir su gran conocimiento con unicornios peor ya qué.
—¿Entonces conoce mi precio, no señor alcalde? Setecientos bits más materiales y mis gastos personales sin mencionar que si quiere el trabajo hecho en un día no quiero que nadie me interrumpa; así que tendrá que vigilar el área.
—Perfectamente señorita Beatrix. Comparado con la cuenta mensual de los Electricity, esto suena bastante razonable. Además se supone que el ayuntamiento se queda con todas las utilidades, ¿no es así?
—Bea por favor — sonrió la joven. — Y sí, ustedes se quedan con todas las ganancias de la luz.
—Perfectamente, mañana comenzaremos; por el momento permítame ser su anfitrión y guiarla al mejor hotel de la ciudad, por cuenta nuestra por supuesto.
Bea lo siguió y se dio cuenta que esta sí que era una metrópoli. A juzgar por la cantidad de ponis y del nivel de vida que llevaban, el golpe de setecientos bits no resultaba tan duro para ellos como para otras ciudades. Bueno, de todos modos no importaba, estaba ganando bastantes clientes y eso era algo bueno; pero también le tuvo que advertir al alcalde del peligro inminente de posible sabotaje y la necesidad de crear métodos de protección. Estuvo de acuerdo con una sonrisa.
A la mañana siguiente le ofrecieron los materiales a Bea, para su sorpresa nuevos.
—Claro, un nivel de vida más alto.
Y se puso a trabajar. Era relajante y todo; pero le estaba fastidiando el tener que fabricar solamente generadores solares, por eso le urgía su casa nueva y la posibilidad de fabricar lo más avanzado para su uso personal; pero la moto sería un buen producto para este pueblo, tal vez así podría interesarlos en el tren eléctrico; podría ser…
El día acabó sin incidentes y ella regresó a su hotel, pero antes decidió dar un par de vueltas por la ciudad; una metrópoli de aquellas le recordaba en cierto sentido a su hogar, mucho más moderno y con mejor ambiente pero bueno, era lo más cercano que había visto.
—¿Señorita Beatrix Peace? — Preguntó alguien detrás de ella.
Bea se volteó tranquilamente y se topó con tres enormes sementales (terrestres) bastante fornidos que tenían cada uno una vara de acero. Se dio cuenta que por andar perdida en sus pensamientos llegó a un punto desolado. Sonrió, esto sería divertido.
—¿En qué puedo servirlos caballeros? — Preguntó ella con calma.
—¡Saludos de los Electricity! — Gritó uno de ellos y se abalanzó sobre Bea con su palanca, dispuesta a darle un tremendo golpe.
La chica rápidamente se barrió entre las patas del sujeto, haciéndolo perder el equilibrio; por lo que ella saltó y lo inmovilizó con una llave de lucha. Los otros dos levantaron una ceja, no sabían que la chica pudiera luchar así.
Entonces Bea, sujetando al tipo con ambas patas traseras y una delantera, extendió la pata libre y ordenó a su equipo militar:
—Tazer.
De la mochila metálica salió una especie de aparato color negro que ella tomó y lo puso sobre el cuello del sujeto al que inmovilizaba. Entonces lo activó.
Una poderosa corriente eléctrica recorrió al tipo, que no tuvo ni tiempo de gritar del dolor. Finalmente quedó fuera de combate, temblando por la cantidad de electricidad que aún tenía por todo su cuerpo.
Beatrix Peace se arregló la melena y apuntó el tazer a los otros dos.
—¿Ya les mencioné que soy militar? Siguiente por favor.
Ambos corrieron contra ella, por lo que Bea volvió a utilizar su tazer, esta vez disparando un poderoso rayo a ambos, quienes se retorcieron ya impotentes y cayeron, de nuevo aun retorciéndose debido a la electricidad que aún corría por sus cuerpos.
—Consideren esto como una advertencia amistosa. No quieren saber de lo que soy capaz, ni lo que he hecho.
Y dicho esto, se fue igual de tranquila que antes, no se dio cuenta que desde las sombras un poni lo vio todo y desapareció en un callejón oscuro.
Al día siguiente se puso a trabajar en el búnker y en la construcción de la cerradura tipo tarjeta; y una vez más obtuvo un selecto grupo de albañiles quienes levantaron el búnker según sus indicaciones (Bea sólo tuvo que reforzarlo con su equipo militar) mientras que ella se encargaba de crear la cerradura propiamente dicha. Durante todo el día uno de los albañiles no dejó de verla con cara de enamorado.
En circunstancias normales Bea le hubiera invitado a pasar la noche en su cuarto, consideraba que era una buena forma de matar el estrés; pero esta vez algo la inquietaba y era la pequeña alerta de su equipo:
—Nivel 4 detectado. Repito: Nivel 4 detectado.
Era algo a tomar en cuenta.
—Define elemento mágico.
—Magia tipo ilusorio — dijo el auricular en su oído.
Suficiente, Bea se puso más alerta:
—Activa gafas N76.
Las enormes gafas rojas de la ingeniera se activaron. Tenían dos fines: el básico, evitar que se quedara ciega cuando disparara su vaporizador; segundo…
Una vez activó las gafas pudo verlo claramente. Sin más, encendió otro de sus cigarros caseros y volvió al trabajo. El sujeto seguía mirándola, por lo que se levantó las gafas y le guiñó un ojo.
Cayó la tarde y los albañiles se despidieron; pero no uno de ellos el cual fue llamado aparte por Beatrix.
—Espera compañero, ¿no tienes algunos minutos libres?
—¿Minutos libres? — Preguntó el albañil fingiendo inocencia. —¿Por?
—No te hagas el inocente — sonrió Bea. — He notado cómo me mirabas, me agradó bastante; además que no estás nada mal muchachote, ¿no te gustaría pasar una linda noche? Te aseguro que no la olvidarás.
El albañil retrocedió un par de pasos, no porque la invitación lo incomodara (de hecho, su misión era conseguir que esta tal ingeniera mecatrónica se fijara en él y la pudiera llevar a un lugar apartado) sino porque algo era extraño en esta yegua. En circunstancias normales sentiría que la otra tenía cierta atracción animal hacia él, pero no sentía absolutamente nada. Era como si algo estuviera bloqueando sus habilidades para detectar emociones.
—Y dime guapo, ¿cómo es que lo "hacen" los insectos?
Eso tomó desprevenido al albañil, que sólo levantó una cjea.
—Señorita, ¿está filtrando conmigo o me está insultando?
Beatrix Peace sonrió malignamente.
—Digo las cosas como son. ¿Sabes cómo funciona la magia de ilusión de casualidad? Simple: el ilusionista envía una especie de ondas hipnóticas que son captadas por los objetivos a través de los ojos y luego engañan al cerebro para que se vea lo que se quiere que el otro vea. Las gafas N76 — señaló sus gafas rojas, — están diseñadas para bloquear estas ondas y te veo tal cual eres: un insecto gigante.
El changelling tomó su forma original.
—¿Cómo demonios? Bueno no importa, ¡MI REINA ME DIJO QUE TE LLEVARA ANTE ELLA Y ESO HARÉ!
Entonces lanzó un poderoso hechizo contra la tipa, pero no surgió efecto. Beatrix se encogió de hombros y luego le dio un poderoso golpe al Changelling directo en el rostro. El insecto se tocó la nariz pero no importó; rápidamente se lanzó sobre Bea. Ella lo eludió de un rápido salto hacia atrás al tiempo que le daba una patada en la nariz al changelling, que rodó por el suelo.
—¿Ya mencioné que soy militar?
—Anoche, cuando peleabas con esos tres imbéciles.
—¿Me viste?
—Fue casualidad, pero vi lo suficiente. Cuando le conté a la Reina sobre tu arma, no se resistió y me pidió que te trajera ante ella lo más pronto posible. Yo también soy militar, ¿sabes? Y no soy tan idiota como para hacer una misión en solitario.
Detrás de Bea, dos changelling saltaron y soltaron poderosos hechizos contra ella. Igual que la última vez, no hubo efecto alguno.
—Qué pena — dijo Bea con calma. — Mi turno.
Miró a su equipo militar y ordenó:
—Vaporizador.
Los tentáculos mecánicos de su equipo militar rápidamente se agitaron y se movieron hacia el casco que la loca tenía levantado; descomprimiendo una especie de pieza metálica semiesférica con dos enormes tubos enfrente (cañones). Sin más, Bea disparó.
Una descarga de plasma puro redujo a uno de los changelling a cenizas. Los otros gritaron del horror.
—Si no estás dispuesto a dar tu vida, tú no eres un soldado — dijo Beatrix Peace con su calma e siempre mientras que apuntaba su arma hacia otro de los changelling.
El tipo sólo acertó a crear un campo de energía cuando el ataque le dio de lleno. Sonrió, parecía que había funcionado pues la esfera de energía bloqueaba el ataque de Beatrix Peace. Parecía que funcionó, parecía.
—Treinta por ciento de capacidad — ordenó Beatrix.
El poder de la descarga se hizo mucho más poderoso, haciéndola demasiado fuerte como para retener con aquel campo de energía y finalmente rompió aquella esfera, reduciendo al changelling a un triste recuerdo. Con una sonrisa torcida, Bea, apuntó su arma al último de los changelling, el que se había hecho pasar por albañil en un principio.
—Di tus oraciones insecto.
El changelling huyó. Beatrix sonrió y se lanzó tras él. Al ver que la loca se acercaba, el changelling extendió sus alas y huyó de ahí como alma que lleva el diablo. Una vez más Beatrix Peace se rio y ordenó:
—Jet-pack.
Dos alas de acero se descomprimieron de esa mochila metálica; así como una pequeña máscara de oxígeno para estabilizarla a altas velocidades, que se colocó sobre el rostro de la soldado que se lanzó en persecución del changelling.
El pobre sujeto no notó que lo perseguían hasta que los disparos de plasma rozaron su cabeza. Se volvió y gritó al ver que ella seguía tras él, disparando, intentando reducirlo a cenizas. El changelling no sabía qué demonios pasaba ahí; ahora todo lo que quería era salvar su vida porque esta nueva oponente estaba dispuesta a tomarla; y lo que era peor, parecía estar disfrutando mucho.
Siguió disparando una y otra vez, sin verdaderas intenciones de matar al changelling sino jugar con su terror. En ese sentido se parecía mucho a su hermano; en el que le gustaba jugar con la psique de sus víctimas, con la diferencia que Beatrix seguía su propio código y trataba de esa manera solamente a otros militares; porque según ella ellos fueron los que habían escogido esa carrera con todo lo que implicaba.
Era una situación desesperada, pronto el changelling sería cenizas; por lo que pronto cambió de estrategia de sólo escapar y usó su magia; no contra la loca sino contra su entorno.
Pronto una antena de un edificio cobró vida y trató de apuñalar a Bea, que apenas si tuvo tiempo de esquivar el ataque mientras que otra torre de agua caía sin remedio sobre ella, vertiéndole todo el contenido cegándola unos segundos; lo que el changelling necesitaba para teletransportarse lejos de ahí; pero no sin antes lanzar otro ataque, esta vez contra una estatua en la punta de un rascacielos el cual se derribó sobre Beatrix, que no tuvo tiempo de reaccionar.
Cuando por fin, mojada y humillada se recuperó; se dio cuenta que el maldito se encontraba fuera de su alcance.
—Bien, esto me pasa por oxidarme. Parece que tanto tiempo en paz y tranquilidad en este mundo de porquería me están afectando. ¿Por qué no lo maté cuando tuve la oportunidad? Demonios, esto me traerá problemas.
—Señorita, queda 30% de batería en el jet-pack. Se sugiere un aterrizaje en cuanto tenga la oportunidad. Repito; queda un 30% de batería en el jet-pack, se sugiere un aterrizaje en cuanto tenga la oportunidad.
Bea obedeció a su asistente y miró hacia el cielo. Maldito insecto, esta se las iba a pagar muy caro; si no es que ella pagaba primero por su propia estupidez. ¿Esa cosa tendría aliados? Obviamente sí, y estaban alerta que Bea era invulnerable a la magia y que tenía un arma endemoniadamente más poderosa que aquella con la que venció a los ponis aquellos.
—Una razón más para que me apure en conseguir mi propia casa y le coloque las defensas necesarias.
Otro enemigo más, y esta es una idea que tuve mientras que rescataba mi crossover con Dansai Bunri No Crime Edge, además que es la primera historia que tengo en que se menciona a los changelling. Espero que les haya gustado y ya saben, ¿no? Ya soy alguien reconocido así que me limito a decir:
Chao; nos leemos!
