Motorizando la empacada del invierno
Los días avanzaron de forma más o menos productiva para Bea, y ahora que contaba con la compañía de su vieja amiga Annie se veía un poco menos tensa. Su posición en contra de la magia en general seguía siendo negativa pero por lo menos estaba más relajada y la joven Annie y su efusividad le había hecho ganar a varias amigas a lo largo del pueblo como Pinkie Pie o Rainbow Dash ya que una vez lejos del campo de batalla el carácter de Annie era más bien infantil y divertido.
—En nada se parece a la chica que conocimos en la audiencia con la Princesa Celestia — dijo una vez Twilight mientras acompañaba a Bea en sus obligatorias sesiones con el psiquiatra. — Creía que sería más como tú, pero… — no dijo más por temor a ofender a alguien que de por sí siempre se ponía a la defensiva cuando estaba con ella.
Pero eso también había cambiado ligeramente en Bea, pues desde que Annie le había traído las nuevas pulseras-escudo que resistían hasta el poder de un Nivel 25 estaba mucho más tranquila frente a cualquier alicornio; hasta había dejado de tomar esa droga para dormir sin soñar pues ahora Luna no podría acercarse a sus sueños a menos que usara todo su poder.
—¿Más como yo dices? — Dijo Bea tranquilamente. — Pues no, a ambas la guerra nos robó la infancia y muchos momentos bellos pero Annie aún está a tiempo de relajarse y recuperar esa alegría de vivir infantil. Sólo nos llevamos unos tres, cuatro años, pero sí que hicieron una gran diferencia.
Pero antes que la alicornio morada tuviera tiempo de responderle a Bea, ya la llamaron al consultorio del psiquiatra en donde siguió hablando sobre su familia. Lo que más sorprendía al doctor Freud eran las descripciones de las armas, muchas veces acompañadas de videos que Bea tomó durante la batalla y que traía en su Tablet, era increíble cómo algo tan cotidiano como la electricidad podía utilizarse de esa forma tan destructiva.
Pero fuera de eso podía decir que Beatrix Peace avanzaba un poco, pero seguía odiando la magia con todo su corazón; y a estas alturas no creía que eso fuera a cambiar.
—¿Y bien? — Dijo Twilight caminando junto a Bea cuando ésta salió de esa sesión hacia el pueblo, cubierto por la nieve del invierno. — ¿Qué tal te fue?
Caminando fuera, Bea sacó un nuevo puro y muy para disgusto de Twilight lo prendió.
—A estas alturas el pobre doctor va a necesitar terapia también, le mostré una de las armas de mi gente: la bomba de hidrógeno. Casi se muere del susto.
—¿Hidrógeno? ¿A qué te refieres con hidrógeno? Es un elemento inofensivo…
Bea sacó la Tablet y le mostró un video de una ciudad que fue exterminada en un instante.
—¿Sabes lo que ocurre cuando separas un átomo? Esto.
Y Twilight casi se cae del susto.
—¿Sabes? — Siguió diciendo Beatrix Peace. — De tener los conocimientos técnicos para fabricar esta cosa no me preocuparía más por los insectos. Un 'saludito' de estos a su colmena y puedo olvidarme de todo.
—¿Te volviste loca o qué? — Dijo Twilight temerosa. — No puedes venir y decir que quieres lanzar una bomba que podría exterminar a una ciudad entera.
—Soy un soldado, ¿recuerdas? Y como tal debo estar acostumbrada a tomar vidas. De hecho yo fui la que dio la autorización para lanzar esa bomba atómica.
Twilight no quería oír más, y por suerte para su psiquis la alcaldesa las vio y trotó alegremente hacia Bea.
—¡Señorita Peace! ¡Señorita Peace! — Dijo ella alegremente. — Justo la poni a la que estaba buscando. ¿Tiene un minuto?
—Siempre alcaldesa — dijo Bea dándole la espalda a Twilight, muy según su costumbre.
La Princesa la miró con tristeza pero prefirió no decir nada e irse a otro lado, al igual que Rarity ya se había resignado que jamás podría llevarse bien con Beatrix Peace.
—¿Y en qué puedo servirle alcaldesa? — Preguntó la ingeniera. — ¿Más aparatos de calefacción? ¿Más mejoras en los edificios públicos o quiere que le dé mantenimiento al generador solar del pueblo?
La alcaldesa sonrió alegremente, gracias al famoso generador solar los fondos de la municipalidad se elevaron enormemente al poder quedarse con todas las utilidades de la electricidad y de paso poder cobrar más barato; y desde entonces la alcaldesa le constantemente buscaba a Bea para buscar nuevas formas de mejorar el pueblo; y claro, Bea siempre accedía ya que su pasión era construir cosas… y mientras más electrónicos le pidieran construir podría inadvertidamente separar más material para construir su última arma contra la maldita de Chrysalis.
Pero dejando eso de lado Bea ya había adaptado varias casas para poder ofrecerles a los ponis calefacción, hasta ahora su más grande mejora en el pueblo; y no se diga la flota de motocicletas que preparó para Filthy Rich. Ahora el poni estaba sacando a todos sus competidores del negocio de las entregas y todo gracias a Bea. De aquí que la alcaldesa estuviera buscándola, con una época especialmente difícil para Ponyville por delante nadie mejor que Beatrix Peace para dar con la solución.
—Bea querida, verás, la primavera está por llegar a Equestria y como siempre nosotros estamos organizando desde ya las comisiones para empacar el invierno…
Bea levantó una ceja.
—Ya veo — dijo tratando de no evidenciar qué tan tonto le sonaba eso.
—Precisamente y estoy buscando en qué comisión ponerte, porque todo el pueblo participa en esto…
Bea levantó una ceja.
—¿Disculpe?
—Claro, el que venga la primavera es una obligación de todos así que tú y tu amiga Annie deben participar también. Las comisiones son las siguientes,
Durante la siguiente media hora la alcaldesa le explicó detalladamente a Bea las diferentes comisiones para que llegara la primavera. Bea suspiró, de estar Annie cerca seguro haría un comentario sobre lo estúpido que sonaba todo pero en fin, supo callarse y ponerse a pensar.
—De acuerdo, creo que puedo ponerme a quitar la nieve de los campos; suena fácil para alguien como yo.
—¿Segura? — Dijo la alcaldesa. — Bea no te ofendas pero a pesar que estás en buena condición física no me parece que puedas con las palas removedoras; son muy pesadas y tú pareces ser más del tipo ágil que fuerte. ¡Sin ofender!
—No ofendes — dijo Bea. — Y claro que puedo.
La alcaldesa la llevó hacia el depósito de las enormes palas de nieve que usaban cada año; cosa que no impresionó demasiado a Bea. Se limitó a tomarles fotos con su Tablet y con un scanner que había construido calculó también la densidad del metal y el peso exacto. Pan comido.
—Puedo hacerlo, tengo mis métodos.
—A Applejack no le gustará que uses magia — puntualizó la funcionaria.
—¿Desde cuándo yo he usado magia? — Respondió Bea prendiendo un nuevo cigarro. — En cuanto a Annie le gustará ponerse cortar el hielo; la conozco bien y eso le complacerá algo.
—¿Sabe patinar?
—No en hielo. Igual puede encargarse.
—Déjame adivinar: vas a construir algo.
—Más bien adaptar lo que ya tengo, y sí. Las máquinas hacen más de la mitad del trabajo y en la mitad del tiempo.
La alcaldesa tomó nota y se marchó alegremente mientras Bea se montaba en su moto y regresaba a su hogar. Annie ya la esperaba mientras le sacaba brillo a su propia moto, la que Bea le construyó poco después que ella arribara a Ponyville. Vaya que amaba su vehículo.
—¿Y bien? — Preguntó Bea.
—Lo de siempre, ayudé a Applejack en su granja, y me encargué de lo otro. Necesitamos otro proyecto grande para hacernos con el acero suficiente sin llamar la atención; pero por lo menos pude terminar el cañón.
—Seis mil Gigawatts de potencia; suficiente para freír la colmena entera aunque carece del encanto de los cañones de plasma— dijo Bea. — En caso no consigamos nada antes que el insecto haga su movimiento por lo menos podemos adjuntar eso a las motocicletas. Y hablando de motocicletas, necesito modificar un poco las nuestras para hacer un trabajo del pueblo.
—¿Cuánto?
—Trabajo comunitario, todo el pueblo debe participar — dijo Bea. — Como demonios sea, adaptemos las malditas cosas.
Y pronto llegó el evento, y como siempre todo el pueblo se reunió listos para la acción pero Twilight y Applejack no estaban tan seguras acerca de todo esto.
—Cuando Twilight usó magia fue un desastre, ¿qué podemos esperar de las máquinas de Bea?
—Sin mencionar que Annie no es una deportista especialmente destacada — dijo Applejack. — Nos ayuda mucho en la granja pero es algo torpe; o bueno no es apta para los trabajos pesados. Y es muy impulsiva.
—Denles una oportunidad — dijo la alcaldesa. — Son buenas chicas y su maquinaria no le gana a nadie.
—Es poco tradicional — dijo Applejack.
—Lo importante es la eficiencia no la tradición — dijo la alcaldesa. — Además puede que algo bueno salga de todo esto, crear una nueva tradición tal vez. ¿Y no eras tú con la que Bea probó sus capacidades la primera vez?
Ante tal lógica no había quien respondiera y las dos amigas no discutieron más. En ese momento sonó la estridente música rock que se anteponía a la llegada de Bea y tanto ella como Annie aparecieron en el medio de todos con sus famosas motos voladoras con sus reproductores de música a todo volumen.
—Veo que llegaron — dijo la alcaldesa.
—A tiempo — dijo Bea sacando una última bocanada de humo y tirando su cigarro.
—Bueno, ¿ya están listas? — Dijo Applejack con desconfianza.
—No importa, no entiendo por qué están tan desconfiadas; yo confío mucho en la gran amiga Bea y en Annie, es una amiga muy divertida — dijo Pinkie Pie saltando alegremente. — ¿Sabes patinar Annie?
Annie sonrió y apretó el control de su moto, haciendo que bajo esta se abrieran dos compuertas de las cuales salieron dos enormes cuchillas como la de los patines.
—No, pero sé manejar. ¿Alguien pidió un trineo motorizado?
Por su parte Bea activó otro comando de su moto y de ésta salieron cables magnéticos que se adjuntaron exitosamente a la pala de nieve e igualmente varias turbinas y estabilizadores adicionales emergieron de la moto.
—Listo, démonos prisa.
—¿Es en serio? — Preguntó Applejack.
Bea se montó en su motocicleta y tras chupar nuevamente su cigarro se puso en marcha.
—Señores, no tenemos todo el día.
Y aceleró. La pala de nieve no puso resistencia ante la tremenda fuerza del motor de Bea y antes que se dieran cuenta la nieve estaba siendo removida a mayor velocidad que cualquier poni pudiera lograr; era como si estuviera deslizando un cuchillo sobre mantequilla en un día caluroso, ni Big Mac se comparaba con la fuerza de la máquina de Bea.
—¿Qué esperan? ¡Comencemos! — Celebró la alcaldesa.
Y pronto los de la división de Applejack corrieron tras Bea que ya les llevaba una considerable ventaja sin una gota de sudor, cosa que por esta vez no le hizo gracia a la yegua naranja; por otro lado Annie aceleró con todo y se lanzó al hielo en su trineo motorizado haciendo geniales figuras a alta velocidad sacando esquirlas de hielo a su paso.
—¡Oh yeah!
—¡OYE ESO NO ES JUSTO! — Protestó Pinkie Pie. — ¡Quiero divertirme también!
Annie paró su trineo y sonrió.
—Oye, adelante rosita. ¿Tengo que enseñarte a manejar?
—No, ya lo descifraré — dijo Pinkie Pie alegremente y Annie le cedió asiento.
Había convivido mucho con Pinkie esos días y pronto superó el shock de sus habilidades al comprobar que no eran mágicas; así que se llevaba excelente con ella.
Pinkie se montó en el trineo y se dio el tiempo de su vida.
—¡YUPIIIIIIII!
Annie sonrió satisfecha encogiéndose de hombros.
—Bueno yo sería más partidaria de usar algo que genere mucho calor pero no me opongo a divertirme un rato. ¿Alguien quiere dar un paseo en el trineo motorizado?
Los presentes rápidamente levantaron sus cascos y Annie, que estaba de buen humor al no toparse con ningún unicornio en ese grupo, sonrió y sonó un silbato que traía.
—Bien Pinkie Pie deja que otros se diviertan, este invierno está por acabarse.
Pinkie obedeció, ante el argumento que otros también tendrían que divertirse no podía discutir, así pues pronto se hizo una gran fila para probar el trineo de Annie; que cortaba las figuras en el hielo a velocidad insuperable, dentro de nada la división de cortar hielo no tendría nada que hacer.
—Mmmh — pensaba la alcaldesa. — Increíble, con esta eficiencia de maquinaria tal vez sea posible una nueva era para Ponyville. ¿Lo imagina Princesa?
—A mí no se me hace tan positivo — dijo Twilight. — Las máquinas de Bea casi siempre son una gran ayuda pero siento que esto puede tomar un rumbo algo peligroso.
—¿Será que sigues afectada por el asunto de la bomba? — Preguntó Spike de pronto.
Twilight lo miró algo asustada.
—¿Cómo sabes de eso?
—Hablabas dormida, o más bien gritabas, empezó más o menos cuando acompañaste a Bea al consultorio del psiquiatra — dijo Spike como quien no quiere la cosa. — Decías no sé qué del hidrógeno, y no sé qué más. Mejor le pregunté a Bea qué querías decir y me contó lo de la bomba.
—¿Acaso viste cosa tan horrible? — Dijo Twilight escandalizada.
—No, ella dice que soy muy joven para ver algo tan horrible pero que te vio realmente asustada cuando te enseñó lo de la bomba atómica.
—No es para menos — dijo Twilight. — Y lo admito, estoy algo más temerosa de sus invenciones desde ese maldito video, pero de todos modos…
—Aunque no entiendo bien de qué hablan — dijo la alcaldesa, — al menos puedo decir que tu miedo hacia ella está de momento injustificado. Todo lo que ha hecho hasta ahora es construir cosas inofensivas y útiles. Lo más extraño que ha construido son sus gafas para detectar changellings pero igual fue útil para Equestria.
—Alcaldesa usted no vio los diagramas de las armas que traía — dijo Twilight.
—Bueno, se me informó un poco de la situación teniendo en cuenta que soy la figura de autoridad que ella respeta — dijo la anciana yegua. — Y yo prefiero apoyarla, ella jamás utiliza sus armas si no se le provoca, ¿además no fueron destruidas ya?
Twilight no dijo más, de acuerdo estaba siendo paranoica en cuanto a Bea por culpa del video de la bomba atómica; así pues se forzaría a relajarse.
—Iré a supervisar el evento — dijo por fin. — ¿Listo para tomar notas Spike?
El dragón morado sonrió y siguió alegremente a Twilight. Y tal como lo sospechó el trabajo de las dos divisiones en que esas dos se habían involucrado ya estaba más que hecho; casi todo por la máquina. Cuando llegó con Applejack se dio cuenta que hasta ella se había animado a subirse a la monstruosidad de Bea y con su debida guía, estaba divirtiéndose con lo fácil que resultaba todo con la enorme pala adjuntada a la moto.
—Me sorprende lo mucho que puede hacer este pequeño motor — dijo Applejack acariciando la motocicleta. — Y se ve tan pequeño…
—Tuve que hacerle unas modificaciones, ya sabes, agregarle unos cuantos caballos de fuerza para que pudiera cargar con esta cosa y unos electro-imanes para asegurarlos juntos — dijo Bea señalando la pala quita-nieve. — Menos mal que el señor sol casi siempre brilla en este país; de por sí el Generador-Celestia utiliza una gran cantidad de energía.
—¿Generador-Celestia? — Se rio Applejack levantando una ceja.
—El aparato que le permite a mi motocicleta volar fastidiando la gravedad a voluntad — respondió Bea. — Pues como sabes, esta cosa hace lo mismo que sus Princesitas pero a pequeña escala así que lo patenté con ese nombre.
Twilight miró con reprobación a Bea.
—Sabes que a la Princesa no le gusta que andes divulgando cómo funciona su magia Beatrix Peace.
La ingeniera mecatrónica dio una calada a su cigarro y miró hacia abajo desde donde la regañaba Twilight.
—¿Y qué? Digo, ¿qué diferencia hace que se sepa o no que así es como mueve el sol? Como dije antes el gene que le permite usar ese tipo de magia es muy escaso; aún si ella tiene un potro hay un 75% de probabilidad que el niño no herede esa habilidad como un gene activo; pues además de escaso es recesivo.
Twilight levantó una ceja.
—Wow, ¿en serio?
—Mi scanner de ADN nunca miente.
Al final la alicornio morada tomó nota y luego se fue con el equipo del hielo.
—¡Okay todos se acabó la fiesta! — Gritó Annie al verla. — Vino la inde…
—Oye no puedes insultar a mi amiga, además es una Princesa — protestó Pinkie Pie.
—Puedo decir lo que quiera de una Nivel 25 y cualquier usuario de magia — dijo Annie cambiando su moto a modo normal. — ¿Ya quitamos el hielo no? Me encantaría seguir jugando con el trineo pero…
Twilight suspiró con paciencia.
—Sólo vine a comprobar el trabajo, sigue con lo tuyo Annie Lombard.
Y se fue dejando a los testigos algo incómodos, Bea era hostil con los unicornios pero Annie jamás se mordía la lengua. En un par de ocasiones Bea le había golpeado con su pata metálica para que se callara pero una vez fuera la chica no tenía ni pizca de tacto; pero por suerte las Princesas la toleraban al comprender la situación de su mundo. Para pasar el mal trago, alguien preguntó.
—¿Podemos seguir jugando?
—Claro — dijo Annie. — ¡Alguien ayúdeme, haremos una rampa de nieve!
Y se pusieron cascos a la obra, vivan las máquinas, les habían ahorrado todo el trabajo.
Los días fueron pasando apaciblemente, cuando una semana después de esa memorable empacada del invierno Bea recibió una nueva solicitud; esta vez de la fábrica del clima.
—¿Y bien? — Preguntó Annie.
—Aparentemente ese momento de diversión valió la pena. De por sí la fábrica del clima está bastante automatizada pero aún dependen de los ponis para transportar el agua y cosas así. Casi siempre causan una especie de… ¿remolino? Ni idea la carta asume que ya sabemos todo de este mundo.
—En serio, ¿es mucho pedir que dejen que las estaciones cambien por sí solas? — Se quejó Annie.
—Teniendo en cuenta que su clima no es natural sino producido por pegasos gracias a una idiota que no calculó los riesgos de jugar con la gravedad cada dos por tres eso está fuera de discusión, requieren de este tipo de operaciones para mantener su clima estabilizado. Aunque no imagino qué clase de ambiente tendrían teniendo en cuenta las dimensiones del planeta y su distancia con el sol. Qué situación tan triste.
—¿Entonces qué hará?
—Simple, los voy a ayudar, bastará con adaptar tanques de agua a unas cuantas motos — dijo Bea. — Este proyecto nos proporcionará una buena parte del acero que necesito para finalizar una versión burda de una unidad M-235. El final se acerca.
Annie sonrió aprobando la idea.
—Perfecto, ¿y luego atacamos?
—No, tristemente es estúpido con nuestra falta de recursos. Es nuestra medida de emergencia Annie; aquí no tenemos todas las de ganar como en casa.
La chica asintió molesta pero sabía que su comandante tenía razón. En fin, la ventaja era que con lo tontos que eran los insectos tarde o temprano harían su movimiento.
Tristemente ignoraban la presencia de los dos magnates de la electricidad que harían lo que fuera por recuperar su monopolio, lo que fuera.
Lamento, lamento el retraso en serio. Es el problema cuando tienes muchas ideas a la vez, pero no se me ocurría cómo forzar la nota para que Bea pueda terminar su arma contra los Changelling. Pensé que añadir a Annie me ayudaría a avanzar pero me equivoqué, al menos lo intento porque no tienen ni idea de la cantidad de borradores que hice de este cap.
Bueno: Chao; nos leemos!
