Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capitulo 3: Aquel beso.

Shura y Geist.

Al abrir la puerta de aquel bar, percibió enseguida el sonido de la música golpeando las paredes y el alboroto que el gentío armaba en su interior. Busco la barra y pidió una bebida, asentándose en una orilla mientras era asediado por algunas miradas curiosas .No era que acostumbrara ir a aquellos lugares, pero "ella" lo había atraído hasta ahí, como "ella" por "él". Y mientras bebía su copa, Shura busco entre sus memorias.

Y es que desde que tuvo su primer encuentro con esa mujer enigmática en uno de los senderos del Santuario, había quedado prendado, quizá por aquel misterio que la envolvía. Solo había bastado unos segundos observándola mientras bañaba sus pies en las orillas de la playa, reflexiva, para percatarse que ella, esa noche, la cual a él tocaba ronda, no traía máscara.

Esa noche que la conoció, su largo cabello oscuro revoloteando con la brisa no dejaba apreciar a totalidad su bello rostro, pero no así los centellantes ojos pardos que le atraparon con su brillo, uno melancólico. Se distrajo unos minutos analizándola y después volvió en si cuando sintió la presencia conocida de alguien acercarse a ella. Alerta, espero a la figura y se sorprendió cuando esta se sentó a su lado y le acaricio el cabello.

—Cáncer...—mascullo imperceptible, observándole desde lejos. ¿Qué hacia el caballero de Cáncer en esa playa y con esa amazona?, se pregunto y espero para analizar sus acciones.

Al cabo de unos minutos, los vio discutir y ponerse de pie y en un movimiento, Máscara de Muerte la atrajo hasta su cuerpo con fiereza, haciendo que la dama le devolviera un revés e la mejilla, fastidiada. Shura se mantuvo atento por si tenía que intervenir.

El santo italiano exclamo una ultima cosa no muy cortes y se dio la media vuelta mientras la amazona se dejaba caer en al arena, frustrada al igual que su orgullo. Quiso acercarse y preguntarle que le sucedía, pero antes de imaginarlo, la de cabellos negros se levanto y apresuro sus pasos lejos de la playa.

Y así continuo con su vigía, dejando de lado el asunto, mas la mañana siguiente no pudo contener su ansiedad y se lo conto a su amigo Sagitario. El arquero al ver tan perturbado a su compañero, extrañado por su siempre frialdad, le sugirió buscarla si era tan importante para su sosiego, pero no involucrarse demasiado, pues después de todo era "asunto de Cáncer" y lo que menos hacia falta era sembrar hostilidad.

Al transcurso de unos días, supo por coincidencias que Geist, era una amazona italiana al cargo de las creaturas perturbadoras que acechaban el mar y que en alguna ocasión, ayudo a robar el casco de la armadura de Sagitario a Seiya cuando todo estaba bajo el mandato de Arles.

Y en una de sus andanzas de medio día en las orillas del mar, se topo frente a frente con la emblemática mujer. Ella le reverencio al verlo y siguió sus pasos hasta que la aterciopelada voz del santo la detuvo, iniciando un improvisado interés por los avances respecto a las amazonas en esa nueva era, ya que al convertirse en la mano derecha de Shaina, Geist era la precisa en el tema.

Y entonces supo que en esta nueva oportunidad que Athena les brindaba a todos, ella tenia una nueva concepción de sus actos pasados, de que no todo lo que hacia en nombre de la diosa era digno de su armadura y que ahora al amazona debía rendir su devoción a los actos mas misericordiosos. Y así, el español se percato que aquella mujer, no era la misma de la que tanto escucho de actos mundanos, si no otra distinta al servicio de la deidad.

Y mientras mas la escuchaba a través de su plateada máscara, más se embriagaba de su personalidad, que contrastaba perfecto con su bello rostro que lo había hipnotizado esa primera vez.

No entendía como había sucedido, en que momento la amazona lo había trastornado.

Hizo un poco de escasa platica hasta el atardecer, caminado de un lado a otro del Santuario a su lado y alargando su presencia hasta que ambos terminaron observando a Shaina en el Coliseo torturando a un par de amazonas. Y aunque quiso preguntar sobre Cáncer prefirió callar esa vez, dejándola partir y ofreciéndole sus oídos si necesitaba algo que desahogar.

Pronto escucho por rumores que esa amazona estaba prendida por un santo y que ambos tenían encuentros fortuitos en aquel bar donde esa noche, el estaba situado.

— ¿Shura?—pregunto una joven amazona con inseguridad, pero al examinarlo a contraluz se percato que en efecto, era el santo dorado y se aproximo al banco siguiente de él. El santo bebió su copa lentamente y le esbozo una ligera sonrisa de bienvenida:

—Geist, no pensé encontrarte por aquí—mintió el español.

—La verdad es que necesitaba distraerme un poco, termine de arreglar asuntos con Shaina y me dio la tarde libre. Extraño en ella ¿cierto?—bromeo la de cabellos pardos observando detenidamente la silueta rehacía del santo.

—Shaina tienda a ser un poco..."especial" con ciertos temas—inquirió el santo mientras la escuchaba sonreír tras la máscara.

—Lo cierto es que casi todos hemos cambiado —añadió ella cuando al calma volvió y el le asintió cómplice. Sin embargo, la mirada de la amazona mirada se centro en una pareja que penetraba al lugar. El santo de Cáncer se posaba de las caderas de una linda rubia y sonreía, guiado de ella a una mesa.

El cabrito no pudo observar su semblante, pero el cosmos de la amazona dejaba en claro que aquella situación no le había agradado. Ella no dejo de seguirlos con la mirada y fue entonces que Shura, hablo:

— ¿Porqué estar con alguien como él?

—No lo se—atino reflexiva la amazona mas para si misma que para el santo— creí que teníamos placeres afines y cosas en común ,no solo la nacionalidad—exclamo la amazona volviendo hacia el capricornio— pero parece no importarle.

—Sufres mucho y no lo mereces—aseguro determinado el santo, girándose un poco de su banco hacia ella y tomándole de la mano aunque su mirada volvió a perderse en Cáncer. —Él no te merece.

La sintió tensarse, la impotencia de ver a Cáncer con otra joven, recelosa en sus puños apretados y la suya, por no poder evitarle aquel sufrimiento a ella. Y ambos amantes incautos en la mesa de enfrente parecían disfrutar su baile erótico sin prestar importancia a los demás presentes del lugar.

Quizá detrás de esa máscara había unos hermosos ojos a punto de llorar y el no podía evitarlo.

Atónito, la vio girarse ansiosa y casi ordenarle:

—Vamos afuera, ¿te parece?—aclaro Geist, acomodándose la máscara—Ya no quiero estar aquí.

El santo consintió, después de todo estaba en aquel lugar por ella, no porque así lo deseara y así ambos, salieron del bar. Caminaron algunos metros lejos donde los ojos curiosos no les pillaran y se asentaron cerca de las rocas de la playa.

—La luna se ve increíble desde aquí, en la playa. —comento la de cabellos negros— Cuando me da la nostalgia de Italia, me vuelvo a la luna y no pienso mas.

—Si a mi pasa igual con España, —pronuncio sin mucha importancia el santo y luego le miro de reojo—en esta playa... fue la primera vez que te vi.

— ¿En serio?—inquirió emocionada la amazona—No creí que personas como tu, siquiera nos miraran a personas como yo.

El español esbozo una ligera sonrisa. —No digas eso, somos santos dorados, pero no dejamos de ser mortales.

El santo se dejo envolver por el sonido de las olas lejanas del mar mientras ella se dejaba acariciar por sus cabellos revoltosos. Fue entonces, que en el silencio, ella le devolvió la mirada.

—Shura...este juego se vuelve absurdo—dijo suavemente atrayendo su mirada—porque no me dices lo que tanto estas callando desde hace tiempo, porqué no me dices algo que quizá necesito escuchar.

La mujer le enfrento mientras le volvía su mirada hacia el oscuro cielo estampado de estrellas con el incesante sonido de las olas golpeando la playa.

—Porque tengo miedo, miedo a que se pierda la magia, esta incipiente amistad y que de alguna manera... te incomodé con mis palabras. —Pronuncio el español—Yo... no quiero eso.

La amazona bajo su cabeza como si buscara armarse de valor para dar su salto hacia el precipicio de sus actos. Lentamente subió su mano hacia la altura de su barbilla y la jalo un instante, mientras el de cabellos verdes se alertaba al instante y abría sus ojos desconcertado mas su cordura le hizo depositar su fría mano sobre la de ella, deteniéndola.

—No te la quites—susurro despacio— no quiero que lo hagas solo porque te sientes comprometida con el momento.

La mujer negó con la cabeza, alejando con su otra mano libre la mano del santo de la suya y desprendió lentamente el fino metal con restos de arena aun en sus manos.

Shura abrió los ojos con sorpresa al enfrentarse con una brillante mirada azulada enmarcada en tupidas pestañas y a punto de quebrarse, tímida. Para él, su rostro era lo más bello que había visto, mientras sus ojos se embriagaban de su fina nariz y delgados labios suplicantes por ser aterciopelados con los suyos. Hundió sus dedos en un impulso entre el oscuro cabello de ella y con delicadeza la asió de su nuca, hasta percibir su aliento tibio sobre su rostro. Y no lo dudo, atrapando en un suspiro sus suaves labios entre los suyos.

Quizá para un caballero no debía existir mas amor que el de su diosa, pero aquel beso había valido lo suficiente para pagar su osadía, aun así, si Shura era el mas fiel santo de Athena.

Continuara...

Lindos lectorcitos, gracias mil gracias por apoyar mi romance con el teclado estas últimas semanas !Nos vemos en la siguiente viñeta de quien sea!