Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada esto es sin ningún fin de lucro. Contiene lemon para que las mentes sensibles no lo lean. Historia Post hades, imaginado que todos volvían a renacer felices jeje.

Capitulo 4: Solo un juego.

Shura y Geist.

Estaba sentado en medio de aquella sala oscura con el único tintineo débil de la chimenea de su privado iluminando, bebiendo de una copa el húmedo sabor a nueces del vino mientras su cuerpo permanecía desparramado a merced.

Sabia que era cuestión de minutos para que su suerte cambiara y aquel juego de piel que días atrás había comenzado, iniciará de nuevo.

Sus pupilas se abrieron incesantes al percibir aquella silueta arribar al Templo en medio de la noche y como traviesa, se removía alrededor de la sala para tratar de pasar sigilosa y hacer más tardío su deseo de poseerle.

Shura no era ambicioso pero desde que esa mujer apareció en su vida, su codicia por disfrutarle el mayor tiempo iba en incremento.

Ambos sabían que era un juego ,pues así había iniciado, para ella era estar con un caballero del mas alto rango y satisfacer sus necesidades y para él ,quien no deseaba involucrarse mas de la cuenta ,prefería hacerla solo su visita clandestina a sus sabanas. Era un juego donde ambos ganaban a un bajo precio, el silencio y el ahogo de sentimientos.

Su perfecta silueta se allego hasta la mesa donde estaba el vino y tomó con sus dedos una copa, sirviendo un poco de este, y seguido, quitándose la máscara para humedecer sus labios. Apego su cuerpo en una columna y le sonrió al verlo reposar sobre el sillon.

Lamento haber tardado tanto, estuve algo ocupada este día con Shaina.

No importa, aun nos queda toda la noche. —el español sonrio, depositando su copa vacía sobre un mueble mientras de un impulso, se levanto del sillón y avanzó lentamente hasta ella. Poco a poco arribo a un punto que podría robar el aliento y en un movimiento violento, atrapó las finas caderas de la mujer y la apreso a su cuerpo.

Caballero. —murmuró la mujer ante la determinación del hombre al afianzarla a su entrepierna. Con un suave desliz de su pulgar, removió los largos cabellos de la amazona detrás de su hombro y en un suave sendero de besos, comenzó a vagar por aquel surco bajo su mentón.

Shura...—murmuró la mujer apagando sus ojos, consumida por el despertar que comenzaba a ocurrir en su cuerpo. El santo motivado por aquel gesto, comenzó a deslizar sus manos hacia la espalda de la mujer, buscando recorrer con sus manos aquel mapa de tez aun cubierta por fina tela.

Con habilidad y como tantas veces atrás lo había hecho, deshizo el nudo de sus ropajes y comenzó a descubrir parte a parte el lienzo de desnudez de la dama, partiendo desde su hombro y dejando que sus labios se embriagaran de su suave esencia. Ella tampoco podría resistir aquel gesto amable del santo, apretando los labios del hombre a su piel, estremeciéndose a cada centímetro mientras le sujetaba de los cabellos.

Embriagado de deseo, alcanzó los muslos de la mujer y la alzo sobre si en una muestra de fortaleza que robo una sonrisa de ella.

Él detuvo sus besos y levanto su rostro para observarla, estaba cautivado. Las mejillas de la amazona estaban encendidas y sus ojos parecían dos luceros expectantes, que le miraban preguntándole: ¿Qué más me demostraras?

Ansioso, el santo comenzó a moverse con ella a cuestas y caminó hasta la habitación de su privado, escuchando la risa desparpajada de la mujer.

Lentamente la dejó caer sobre la delicada cama, observando sus cabellos oscuros desparramarse mientras su rostro encantado esperaba un nuevo actuar. El español no tardo mucho en despojarse la camisa blanca que cubría su perfecto torso y sonreír cuando ella observaba con cierta lujuria como el santo deslizaba sus dedos abriendo su pantalón.

Shura al despojarse de todo, comenzó a apresarla sobre la cama mientras ella reía ante las cosquillas que en su estomago se formaban. Pronto la rodeó con su cuerpo avivado y coloco su boca a escasos centímetros de la suya.

En el juego, el español le depositó un fugaz beso sobre los labios y dejo caer su espalda sobre la pulcra sabana, buscando con su mano atrapar su cintura y subirla hacia si. Ella obedeció cómplice, removiendo su cuerpo con delicadeza y percibiendo como el santo comenzaba a estremecerse en aquel pequeño juego de seducción.

Shura no resistió mas y sin prejuicios, subió sus manos por el dorso de la mujer, despojándole en un arrebato de la ropa interior y observando atento la preciosa piel que le invitaba a descubrir. Geist se removió afable ante las caricias que el santo le propinaba, él sabia exactamente donde tocarle para hacerla enloquecer.

Eres hermosa...—murmuro el santo mientras ella se contoneaba sobre si dulce, haciéndolo sufrir.

Pronto, Geist se agachó para alcanzar la boca del santo, quien hambrienta le robó un beso avivado mientras ella pasaba su cabello hacia el otro lado de su hombro. Las largas manos del español bajaron hasta el termino de su espalda y lentamente se adentraron en la ultima ropa sobre ella, desvaneciéndola para poder disfrutarla a perfección. Era su delirio, su perdición. Geist le ayudo a acortar su castigo y pronto volvió a depositar sus caderas sobre él.

Shura recostó su cabeza sobre una almohada y espero lentamente a que ella se acomodara con su calidez en su cuerpo. La amazona le depositó un último beso suave sobre su oído y ayudo al santo a adentrarse en su piel, moviéndose con lentitud mientras sabia que el joven comenzaba a caer sobre su embrujo.

Shura poco a poco se iba perdiendo en la caricia, disfrutando a cada segundo la calidez preciosa de la mujer, mientras la escuchaba gozar en un canto melodioso para sus oídos.

El poco pudo resistirse a suspirar, pues en aquella ocasión todo parecía diferente. Era cierto, Geist había estado infinidad de veces sobre su cama, habían pasado de compartir besos de contrabando a una complicidad diferente. Lentamente su necesidad de tenerle, de escucharle, de descubrirle se había convertido en una insuficiencia que quemaba cada tarde, pero que estaba aterrado por declamar, pues sabía que para ella todo aquello era un juego.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en la manera de cambiar que ella tenia para él, pues todos conocían a la amazona como una mujer fría, de pocas palabras, incluso tan terrible como Shaina, pero Geist a su lado, parecía una mujer dulce a pesar de su carácter. No tenia idea de cómo había comenzado todo, pero lo había hecho.

Quizá de una estúpida reunión de amazona y santos para celebrar el regreso de Athena, donde habían terminado ambos embriagándose sobre la playa a distancia de los ojos de los demás, y de ahí, empezado un intercambio de placeres.

Nadie sabia de ellos, ni el mismísimo Aioros, aunque el sagitariano poco a poco concluyó que su amigo no era él mismo de unos días para atrás, pues sus reflexiones se hacían cada vez más constantes y sus desapariciones para ir a inspeccionar los entrenamientos de las amazonas era más rutinarios.

Si, Geist se había convertido un constante en su vida y ahora debía parar, antes que de que no pudiera dejarle nunca más...

Su cuerpo estallo sobre ella, había llegado hasta el cosquilleo más ardiente de mano de ella y extasiado, la retuvo en sus brazos cuando el cansancio la hizo caer sobre si, también rendida. Lentamente la depositó a su lado y la cubrió con una sabana mientras sus ojos se mantenían fijos en el techo. Ella comenzó a reír ante la conclusión de su juego y posó una mano sobre el pecho del santo, esperando a que el santo le dijera al menos una palabra. Sin embargo, él no reaccionaba, no había palabras y solo silencio, pues aunque fuese difícil de creer, Shura tenia terror de mirarla, a pesar de saber que los ojos violetas de ella le miraban expectante.

Geist...—musito, pasando un poco de saliva mientras esperaba a que su corazón se calmara.

Dime...

Fue la última vez.

Aquellas palabras dejaron asombrada a la mujer, quien no pudo más que sonreír al no entender.

¿De qué hablas Shura?—pregunto con un dejo de temor que supo cubrir muy bien, Geist.

Ya no...podemos seguir con este juego.—pronuncio nervioso el santo.

¿Por qué no, hice algo malo?

El santo negó con la cabeza cerrando un segundo sus preciosos ojos verdes, pero sin perder aquel punto fijo en el techo que se había vuelto su única fortaleza. El silencio volvió a torturarla y se volvió su eterna respuesta.

¡Shura contéstame!—ordenó la amazona, haciéndole mirarla aun sobre la cama con su palma desesperada y esperando determinada. El santo no pudo resistir aquellos ojos violetas mirándole curiosos, que por su propia locura creía ver inundados de tristeza.

Es que creí que solo era un juego y lo hemos llevado muy lejos.

Aquellas palabras destrozaron poco a poco la coraza de Geist, quien se alzó de inmediato de la cama y aguardo unos segundos antes que su cabeza dijera alguna estupidez. Entre el silencio, ella pronunció.

Pues...así es, ¿no?.

Para mí...ya no...—y ella lo sabia perfectamente. Shura no era el típico hombre que iba por ahí buscando con quien acostarse. Él todo lo tomaba muy en serio y era lo mas rescatable y maravilloso que en ese nauseabundo lugar conoció. Y por eso lo había elegido, por esa razón había tomado la decisión de descubrirse totalmente con él y aunque sabia que podría salir herida, mantenía la esperanza que aquel juego no terminase al menos un par de años, los suficientes para sobrevivir y seguir soñando con un futuro a su lado. Ahora sabia que Shura quería dejarlo atrás, que ese juego no le había importado, quizá aburrido pues ella no era una persona sorprendente para enamorar, solo para divertirse y por eso debía dejarla ir.

Te lo agradezco entonces, no quiero volver a verte imbécil.

Enfadada y sin poderlo ocultar más, se enredo en la sabana y comenzó a buscar sus prendas bajo la cama. Ansiosa y antes de que su corazón se sobresaltara más, comenzó a avanzar hacia la sala del privado para buscar sus ultimas pertenecías y de una buena vez largarse de ahí para nunca volver, hasta que la voz de Shura le detuvo.

¡Geist!—aquel gritó paralizó cualquier movimiento de la amazona.

Es que no me entiendes—el santo apretó sus ganas sobre la sabana al verla tan fría frente a él— ¡Es que no quiero perderte!

La amazona hizo todo por contener la cordura. Shura se levanto a la par y a puntas ,llego a escasos centímetros de ella ,acariciando el talle de sus hombros con dulzura mientras ella sentía el cálido escalofrió recorrerle.

Eres más que un juego para mí.

Sin dudarlo, el santo paseó sus manos hasta el vientre de ella y la abrazo a su piel con calidez mientras buscaba su oído para susurrarle:

Perdona si te he ofendido, se que me equivocado y que nunca planeamos que esto pasará, pero me vuelves loco. —el santo comenzó a removerse sobre su cuello, aspirando su aroma. —Cada segundo es más difícil sin ti.

Shura sintió el leve tintineo de ella y la apretó mas a si, dejándole sollozar bajo su abrazo.

Te quiero.

Continuara...

Mis lindos lectorcitos,¿ Cómo les va?, pues a mi muy bien, creí que no les volvería a ver en mucho tiempo por mi vida real tan agitada, pero el fin de semana estuvo libre y yo tenia muchísima inquietud por escribir algo romántico, espero les haya gustado este fic cortito y verlos en una próxima ocasión con algo mas dulce aun y otra pareja que me inspire.

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