Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Post Hades.

Capitulo 5: Las últimas lágrimas.

Desolación. Si, esa era la emoción que la había cubierto durante esos días en que su ausencia era una respuesta de vida y que sentía que había perdido la fuerza al creer que él había muerto.

Paso días encerrada en aquella gran habitación de la mansión Kido, ocultándose de la luz del sol y de aquellas miradas curiosas cuando supo que todo había terminado y que jamás él volvería. Después continúo cada segundo torturándose con recuerdos de aquella vida feliz que conoció y escuchando en su soledad, su voz.

Shiryu era más que un joven con el que compartió vida, era su confidente, su única fuerza ,su anhelo e inspiración y ahora solo permanecía dentro de su mente.

— ¿Puedo pasar?—escucho la bella china mientras la puerta de aquella habitación se había silente, dejando ver la silueta de Jabu.

La pequeña que no había abandonado aquella cama, ahogada entre sabanas y almohadas, calmando su ansiedad, asintió, mientras el joven de castaños cabellos le mostraba una charola con alimentos y la depositaba sobre un mueble, posándose sobre su cama.

Ella guardo su mirada, su rostro estaba demacrado por el dolor y de todas aquellas lagrimas secas que se acumularon bajo sus ojos .Para él no fue difícil notarlo, buscándola con insistencia.

—Oye Shunrei, se que estas pasando por un mal momento pero...—sin tapujos le acaricio la mejilla, haciéndole mirarle—Debes continuar, Shiryu jamás hubiera querido verte así y menos por él. Tienes que continuar tu vida por él ,si tu eres feliz ¿tu crees que él no lo estará?

Aquellas palabras removieron el interior de Shunrei y sin poder evitarlo ,un par de lagrimas volvieron a rodar por sus mejillas, haciendo que el castaño se acercara a abrazarla con ternura.

—Tranquila, todo estará bien.

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Los días continuaron su curso, y de la mano de Jabu, quien la buscaba con insistencia para que ella volviera en si, poco a poco fue haciéndose un respiro en aquel lugar. No deseaba volver a los Cinco Picos, aquello era demasiado para que su corazón lo soportara, por ello, había optado por permanecer en Tokio y entretenerse con los niños de la Fundación.

Pero entonces algo sucedió. Una carta llegó hasta la mansión, anunciando que se prepara todo,que pronto Saory y otros acompañantes volverían de Grecia.

Jabu fue el primero en recibir aquel dato y no tardo demasiado en ir con Shunrei y advertirle. Esa noche llego inesperadamente hasta el orfanato y con cierta delicadeza le había pedido que lo acompañara a cenar.

Ella accedió .Ambos comenzaron a caminar en la oscuridad de la noche, sin embargo a Shunrei Jabu le parecía mas silente que en otras ocasiones.

—Bueno ya... ¿vas a decirme que sucede contigo?—la joven chinita se paro de improviso en aquella calle vacía de tintes oscuros. El castaño sonrió al verse descubierto.

—Es que...tengo miedo.

La joven sonrió ante lo dicho. — ¿Miedo, a qué?

El joven suspiró lánguidamente y se acerco a una pared, apoyando su cabeza en ella mientras cerraba los ojos.

—A lo mucho que vas a sufrir de nuevo.

Aquellas palabras tomaron por sorpresa a la joven mientras veía al santo apretar sus puños, lleno de impotencia.

— ¡Es que no soporto verte llorar, me duele!

—Jabu, ¿qué te sucede, porqué dices eso?

Él estaba decidido, le diría que Shiryu volvería a algunos días a pesar de la luz que ella había creado en él. Y es que había cosas que no entendía, pues se había comenzado a aferrar a Shunrei como único consuelo para su alma, haciéndole olvidar que él también era parte de aquella locura llamada Santuario. No lo había hecho consciente, su única pretensión había sido la de cuidar de Shunrei como amiga mientras él también trataba de sanarse a si mismo, pero todo había cambiado y ahora, ahora le importaba más de la cuenta.

Abrió sus ojos y la observo a su frente, mirándole expectante mientras el viento intentaba liberar su trenzado cabello.

Sonrió sonrojado y busco sus manos para entrelazarlas con la suyas.

—Perdóname, soy un tonto y te estoy asustando. —comento el castaño mordiéndose el labio inferior nervioso.

—No te preocupes, quizá solo estas cansado, asi que mejor compremos la cena y vamos a la mansión de nuevo. —contestó ella.

Ella iba dar el primer paso mas el le detuvo apretando sus manos para que no se soltara de su agarre y la volvió a mirar fijamente.

—Shunrei...te quiero.

La joven se congeló ante aquellas palabras, peor mas por la sorpresa, pues aquel joven no despertaba ningún tipo de emoción en ella ó bien, jamás lo había visto de otra manera. Ella bajo sus mirada y no respondió deshaciendo su sombría sonrisa y él, se resigno a suspirar tras una sonrisa amarga, pero eso si ,sin dejar de tocar esas manos que anhelabas tan suyas.

—No tienes porque sentirte incomoda, pues lo único que no quiero es perderte pero hay cosas que no puedo contener y necesitaba decirte.—ella le devolvió una sutil mirada compasiva—Déjame estará tu lado, aunque sea así, sin que me ames, te prometo hacerte reír y ser muy feliz, por favor.

Ella sonrió sin decir nada y fue que él la abrazo a hacia si, recargando a su pecho la cabeza de la joven, quien tiesa, consentía aquel gesto amable.

Y aquella noche ambos habían vuelto a la mansión, sin mucho que decir.

Los días siguientes no cambiaron mucho y aunque comían y hacían cosas juntos, Shunrei jamás permitía gestos de amor que no pasaran de abrazos y caricias fugaces que la hacían sentir incomoda y que él claramente comprendía.

Sin embargo, cada día comenzaba a crecer aquella angustia para el unicornio de que a cualquier hora apareciera el dragón reclamando aquel corazón que le pertenecía.

Entonces una tarde de Octubre, la invitó acompañarle al parque de fuera para poder por fin enamorarla a base de una sorpresa hecha de flores esparcidas por el jardín y todo cambio. Jabu estaba esperando bajo la escalera de la mansión a que la jovencita terminara de cambiarse cuando el sonido de un carro estacionándose llamó su atención.

Su piel se erizo como presintiendo lo que sucedería y fue hasta que la puerta de la mansión se abrió atrayendo a su vista a Saory, Seiya, Shun, Ikki, Hyoga que su razón se disolvió. Shiryu entro silente detrás de ellos, quien al verlo le sonrió.

— ¡Hey Jabu!—le saludo el Pegaso sin notar aquellos ojos silentes que estaban hasta la cima de las escaleras .De pronto, el ambiente se torno demasiado callado y fue que todos se percataron de Shunrei, quien miraba con sus ojos al borde de las lagrimas al observar al joven chino que arribó.

—Shiryu...estas aquí...—murmuro llena de dolor la jovencita mientras bajaba lentamente y aturdida cada escalón.

El santo le devolvió una enorme sonrisa y depositó la caja de su armadura en el suelo, abriendo sus brazos para recibirla. Sus ojos llorosos se mantenían firmes en la imagen del santo, creyendo que todo aquello era una ilusión, así que hasta que estuvo frente a si, y se abrazó a su pecho, supo que era realidad.

— ¡Shiryu!—grito con todas sus fuerzas la joven mientras sentía que a cada segundo desfallecería de dolor. Era una mezcla de ansiedad y aprehensión de saberle tan suyo y para el no fue diferente. Tras unos segundos, el busco su rostro con insistencia mientras las demás miradas les miraban conmovidas y tras removerle con sus pulgares aquellas lágrimas ardorosas que caían una a una.

—Perdóname Shunrei, lo siento tanto.

El dragón al apretó a su cuerpo, por fin la tendría para si y jamás la dejara ir.

Sin embargo, Jabu veía la escena sintiendo como segundo a segundo un nudo se formaba en su garganta y su rabia al saberse perdedor, comenzaba a removerle las ansias.

Fue entonces que, sin premeditarlo, Jabu comenzó a respirar repetidamente y se encamino hacia ellos, tomando del brazo a Shunrei para alejarle del santo.

Los jóvenes quedaron absortos ante la actitud del unicornio, quien con violencia llevo a unos pasos hacia la puerta la joven.

— ¡Jabu suéltame!—grito ella, haciendo que el joven de castaños cabellos se detuviera peor sin soltarle.

— ¿Qué haces, que te sucede?

El santo le miro a los ojos y les miro a los presentes una última vez.

—Tú eres mía ,no lo olvides.

Aquellas palabras dejaron desconcertado al dragón quien les miraba expectante.

— ¡Jabu!—grito ella furiosa.

— ¡Sabes que es cierto Shunrei!,¿cómo puedes jugar así conmigo?.Primero un día dices amarme y al otro te arrojas a los brazos de él—señalo al chino mientras sus ojos se tornaban llorosos

Shiryu observo el rostro contrariado de Shunrei. ¿Acaso aquello era cierto, acaso Jabu y ella se amaban? No aquello no tenía sentido, menos si ella nunca le había dicho a él que lo amaba.

— ¡Incluso hoy te iba a pedir que viviéramos juntos porque yo te amo Shunrei no como Shiryu quien te abandono sin importarle cuanto pudieras sufrir, él no te merece!

— ¡Jabu, eres un...!—sentenció la joven, estampando su palma sobre la mejilla del santo mientras sus pasos se dirigían hacia la calle.

— ¡Shunrei!—grito Jabu tratando de seguir el camino que ella había dejado y aunque Shiryu avanzó hacia la puerta para seguirles, su corazón le detuvo.

— ¿Qué haces no vas a seguirla?—preguntó Seiya ante la actitud pasiva y ausente del dragón.

—No...ellos tiene cosas que arreglar, además, es cierto, yo no la merezco.—pauso, sentándose al borde de las escaleras—Además, fui yo quien la perdió.

—Shiryu...—murmuraron los presentes.

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Jabu había recorrido desesperado las calles de Tokio buscando algún rastro de la pequeña china, mas cada hora que continuaba con su labor, sabia que ella no quería ser encontrada por él.

Fue entonces que, en medio de la gente de aquel lugar, entendió que estaba demás todo lo que hiciera por ella, la amaba demasiado para lastimarla de aquella manera en que lo estaba haciendo. Así que haría lo que tenia que hacer.

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Las horas pasaron y aunque sus amigos habían pretendido persuadirlo de salir a buscar a Shunrei, no habían podido más que recibir negativas del santo del dragón.

Fue entonces que algo sucedió. Jabu volvió a la mansión y comenzó a gritar el nombre del santo del dragón. Los cuatro santos de bronce que le acompañaban al dragón se removieron con curiosidad al igual que Shiryu, quien no tardo en enfrentarle en aquella gran sala.

— ¿Para que nos has llamado, no deberías estar con Shunrei? —comento aguardando su ira el dragón al ver con aquel semblante arrogante al unicornio.

—Tu sabes bien que no me gustan las chicas fáciles, así que me aburrió rápido.

Aquellas palabras encendieron al dragón, quien estrujó sus dientes conteniéndose cada segundo mientras sus puños se apretaban.

— ¿Qué te pasa Jabu, porqué hablas así?—pregunto Seiya con la misma sorpresa de los demás que le acompañaban.

—Shiryu, creí que las chicas como Shunrei eran mas tranquilas, pero...—pauso—Cuando la encontré en el parque llorosa ,me siguió hasta un hotel para pedirme perdón, es muy insistente, así que en mi mal humor decidí tomarla y dejarla en aquel lugar.

— ¡Eres un imbécil!—Shiryu avanzo unos pasos hasta él para callarle la boca de una buena vez, mas Seiya y Hyoga le detuvieron.

— ¡Jabu!—grito Seiya también enfadado.

—Es la verdad ,aunque su cuerpo no estaba nada mal, Shunrei es toda una mujer, debiste haberla escuchado con su... ¡me lastimas Jabu, para ahora!.

Shiryu no pudo contenerse mas y alejando a sus amigos de un hábil movimiento lo tomo del cuello y estampo su firme puño sobre el, derribándolo y comenzando a golpearlo en repetidas ocasiones con la sangre hirviendo.

Pronto Shun e Ikki se acercaron a separarlos mientras Hyoga se acerco a Jabu para ayudarle a levantarle ,pues su rostro estaba ensangrentado.

— ¡Suéltenme,porfavor!—gritaba Shiryu furico mientras veía a Jabu limpiarse la sangre mientras sonreía irónico.

—Te tomo tiempo aceptarlo.

— ¿De que hablas imbécil?—pregunto el dragón.

—El que no importa cuanto mientas, no dejaras ir nunca a Shunrei. La amas tanto como ella.

El dragón le miro sin entender.

—Shunrei nunca ha sido para mi, aceptémoslo ,además no puedo seguir apartándola del hombre que la ama.—pauso limpiándose la sangre con dolor—Nada de lo que he dicho es verdad y lo sabes, ella ha pasado todo este tiempo solo pensando en ti.

— ¿Por qué...entonces, porqué dijiste todo eso, acaso estas loco?—pregunto el dragón desconcertado.—¿Por qué dejaste que te golpeara si no era verdad?

—Porque era mi forma de redimirme contigo por haberte hecho pasar un mal rato y también, para que mi dolor físico fuera muy superior al que estoy sintiendo por dejarla ir.

— ¡Ve a buscarla ahora Shiryu!—sentenció el unicornio lastimosamente—Que no lo hare yo.

—Estas loco...—murmuró el joven chino saliendo de la mansión sin pensarlo más.

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Y tan solo había cruzado unos pasos fuera del jardín de la mansión, cuando aquella silueta tímida regresaba con los ojos rojos de tanto desahogarse.

—Shiryu...yo...—murmuro la joven china al verla santo apacible, mirándole con aquella fe ciega. No hacia falta explicaciones ni palabras, ella simplemente se sentía igual que él, completamente enamorada.

—Cásate conmigo Shunrei—aquellas palabras tomaron por sorpresa a la joven, quien sin entender sintió como los brazos del santo la apresaban hacia si y atrapaba sus labios cálidamente.—Te amo.

Era un momento, un instante lleno de calidez y suavidad que incluso hizo olvidar aquel contexto en que ambos se habían encontrado. Eran dos corazones gritando a la tarde cuanto se ansiaban, cuanto habían esperado y deseado.

Pronto mientras el santo se abrazaba su caricia, la sintió temblar y fue que se alejo unos centímetros para preciar sus bellos ojos.

La soltó lentamente y subió sus manos hasta su rostro, limpiando sus lágrimas.

—Ya no llores por mi, mi pequeña, quiero que estas sean la ultimas lagrimas para mi ¿has entendido? Y serán las últimas porque no volveré a dejarte sola, lo prometo.

—Shiryu...—sonrió conmovida la joven asintiendo.

—Pero no me has contestado, ¿quieres... casarte conmigo?—pregunto sonrojado el santo.

—Solo si lo repites una vez más.

— ¿El qué?

—El que me amas.

El sonrió abrazándola mas a su cuerpo mientras se acercaba a su oído. —Te amo Shunrei y siempre lo haré.

Continuara...

Mis lindos lectorcitos, no se que tal haya quedado este shot medio friki creo yo, pero espero haberles hecho un ratito ameno y no llenado de miel el monitor.

Les mando un saludo a todos aquellos que se mantienen firmes con esa fe en mi y decirles que sus palabras son el alma de este fic. Espero verlos pronto cuando la universidad me de un tiempecito como este, asi que hasta la próxima.