Los personajes de de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.

Capitulo 6: La única excepción.

DeathMask y Helena (Soul of Gold).

El olor a madera quemar fue lo que el hizo revivir realmente en esa habitación oscura. Aquel había sido su primer aroma en esta nueva oportunidad de vida, que después descubriría solo serviría para enfrentar a Locky, hermano de Odin.

Su cuerpo que había perecido en el muro de los lamentos, eso era lo último que recordaba y de un momento a otro se habría cubierto por un calor que respiración a respiración llenaba sus pulmones.

Afrodite a su vez había despertado a su lado, sin embargo, ninguno de sus compañeros de batalla se encontraban consigo. Ilusamente creyó entonces que por fin tendría una vida, que cualquier guerra con los dioses se había acabado y que por fin tenía una oportunidad de vivir su vida a su manera.

Pasaba los días bebiendo en aquel pueblo y disfrutando de su nueva vida, perdiendo el tiempo en cualquier tontería que hiciera más llevadera su vida y consigo llevaba a Afrodite.

De vez en cuando encontraba una que otra diversión con alguna chica ó con el simple hecho de burlarse de los pobladores de aquel lugar, pero nada cambio tan radicalmente su sentido de la vida hasta que la conoció.

Un día como cualquier otro, mientras avanzaba entre la gente de un mercadillo, vio una frágil silueta que atrapo su atención. Consecutivamente su mirada se clavo en ella mientras un escalofrío le erizaba hasta el último de sus vellos. ¿Qué le sucedía?, se preguntó.

Ella era una jovencita frágil, de precipitada juventud acompañada de un par de niños que le llamaban repetidamente por el nombre de Helena. No vestía ropa ostentosas ni peinados elaborados, sin embargo, aquella sonrisa que proyectaba hacia quien se acercaba se convirtió en su mas grande joya.

Sin mayor reparo, el santo se aproximo lentamente hacia la joven, quien distraída a ratos volvía la mirada hacia los niños.

-Mujer...-pronunció con frialdad observando la cesta de sus pies con un sinfín de flores de distintos tamaños -Véndeme un par de esas flores amarillas.

La jovencita de inmediato le miro y accedió, tomando entre sus manos algunos tallos de las peculiares flores.

-Se llaman girasoles, señor-la joven le sonrió haciendo que el santo se tensará. No le gustaba la amabilidad, de nadie y mucho menos de una desconocida.

-Como se llamen, toma.-el santo de Cáncer sacó de su bolsillo un par de monedas y las deposito en la palma de ella, percatándose de la aspereza de esta, llena de heridas al parecer de tanto trabajar.

-Gracias señor.

La sonrisa de la joven lo puso extrañamente nervioso.

-Helena...-volvieron a llamarle los niños mientras Mascara de Muerte le miraba atento.

-¿Puedes darnos una moneda para comprar panecillos?

-Oh, lo siento hermanito pero si te doy la moneda no podremos comprar mucho para cenar, hoy he vendido muy poco.

Aquellas palabras hicieron un nudo en la garganta del santo. ¿Pero qué demonios le estaba sucediendo, acaso dentro de su corazón había un ser compasivo?

-¡Hey niño!-llamó el cangrejo con notoria exasperación-No mortifiques a tu hermana y toma esta moneda.

La enorme sonrisa que dibujo al niño le hizo sentirse nervioso mientras la joven castaña se negaba.

-Oh, no señor no tiene porque...-el santo le ignoró por completo, aventando su mano a un lado-¡Anda y ve a comprarlos!

-Señor...

Los niños con su plena inocencia, iluminaron su sonrisa cuando recibieron la moneda, echándose a correr inmediatamente hacia la señora de unos pasos frente a ella que vendía tales panes.

-¿Todos son tus hermanos?-preguntó el santo curioso mientras veía a los chiquillos comprar con alegría.

-Así es.-Helena comentó visiblemente apenada.

-Tus padres deben tener problemas para criarlos.

La joven desdibujo su sonrisa unos segundos tanto su mirada se apagaba-Lo cierto señor es que yo... no tengo padres. El santo calló de inmediato.

-Lo siento.

La joven observó el gesto tenso del santo, por lo que de inmediato le sonrió de nuevo y lo tomó del brazo jalándole al suyo para mostrarle sus flores. Ella comenzaba a hablar sin parar, totalmente emocionada al conversar de cada una de las bondades de las flores y de cuan diferentes eran y aunque en cualquier otra situación eso le hubiera parecido una pérdida de tiempo, en aquella ocasión le gustaba permanecer atento a los comentarios de la joven.

Y así, con aquella simple frase, el santo había comenzado una nueva amistad con esa joven que a su parecer era una chica valiente.

Inesperadamente, el santo comenzaba a convertir en costumbre aquellas caminatas por el mercadillo con el único propósito firme de encontrarse con su amiga e incluso quedarse a su lado durante la tarde hasta que la joven vendiera todas su flores. Le gustaba observarla de reojo mientras ella sonreía a la gente y les extendía la mano para saludarles. Era increíble como hasta jugueteaba con los hermanos de ella, contándoles historias para mantenerlos entretenidos en lo que ella trabajaba.

Poco a poco parecía convertirse en otra persona y también comenzaba a olvidarse del Santuario y su propia condición de caballero.

Afrodite no tardó mucho en notar el extraño cambio de su amigo y sus largas ausencias en todo el día. Entonces una mañana sin dudarlo siguió a su compañero de armas, descubriendo una parte que no conocía de él escondiéndose detrás de un pilar.

El santo de Cáncer tenía a un niño entre sus manos y lo alzaba a los aires ante la preocupación d e una jovencita que le sostenía de un brazo para que se detuviera. Entonces el santo lo hacia, bajando al niño pero con la condición de recibir una bella risa nerviosa de la joven.

Sonrió para si. ¿Acaso aquella imagen era real?, sin duda lo averiguaría.

La noche llegó y cuando el sol descendió supo bien que su amigo no tardaría en llegar a aquel bar que frecuentaban. Era viernes y no habia otra cosa interesante que hacer. De pronto la puerta del lugar abrió y trajo la figura cansada de su amigo que no tardo en echarse sobre una silla, pidiendo de inmediato una cerveza.

-¿Dónde has estado hoy?-preguntó tras unos segundos inquietantes de silencio.

-¿Acaso eres mi madre florecita?-dijo el santo, cerrando los ojos fingiendo dolor de cabeza haciendo notable su animo de no contestar-No tengo porque darte explicaciones.

-Solo quiero saber donde te has metido últimamente.

-He estado por aquí y por allá, nada en particular.

-¿Qué te pasa, acaso es por esa joven?

El cangrejo se tensó al escuchar aquellas palabras, abriendo sus ojos de inmediato-¿Cuál joven?

-La chica de las flores del pueblo-sonrió con una sonrisa maliciosa Piscis-¿Te has enamorado Ángelo?

-¿De qué hablas idiota?-contestó evidentemente sobresaltado el santo, bebiendo ansiosamente su bebida.- ¿Yo, enamorarme?...bah, eso es una estupidez.

El de Piscis sonrió victorioso. El nerviosismo en la voz del santo y su mala forma de disimular le hizo reír.

-¿De que te ríes florecita?-amenazó el italiano-Yo no soy hombre de una mujer, yo solo necesito golfas y ya, tener sexo y esta listo, ¿para que complicarse con alguien?

-Pues quizá te dio curiosidad saber que se siente follar con una virginal, de otra manera no me explico que haces perdiendo tiempo con aquella chica.

El sueco intentaba dar un toque sutil en los nervios del italiano para obtener un poco de verdad. Lo estaba disfrutando.

-Exacto, quiero tirármela y ya.- sonrió con una risa malograda el italiano posando sus manos sobre su nuca-Me da curiosidad imaginar como serán sus gemidos de su... "primera vez".

-Idiota...-siseó el de cabellos celestes. No podía creer esa historia.

El italiano sabía que su amigo no le creía, tantos años a su lado y él podía leerle los sentimientos como papel, por lo que al otear a alrededor, notó a una mujer rubia de hermosas curvas y alta coquetería viéndole fijamente en aquel bar. El cangrejo sonrió victorioso y se alzó de su asiento.

-¿A dónde vas?

-A recuperar el tiempo perdido de esta mañana.

El sueco observó a su amigo digiriéndose a la mujer y tras susúrrale algo en su oído, se abrazo a su cintura y comenzó a besarle frenéticamente. De pronto comenzaban a invadirle dudas. ¿Acaso Ángelo hablaba enserio respecto a la joven del pueblo? Rió para si y se levanto dispuesto a irse. Solo necesitaba tiempo para saber cual era la verdad.

El italiano charlo y bebió un par de copas con la mujer hasta casi perder la conciencia. Decidió entonces que era momento de terminar la noche en su cama. El santo salió tomado del brazo de la joven rubia y comenzó a andar entre las calles de aquel pueblo iluminado por la luna.

Estaba cansado y trataba de reír ante lo que decía la rubia aunque en realidad no le escuchaba nada. Ebrio, dificultosamente comenzó a caminar rumbo al hostal de esa calle y de improviso, su hombro chocó con otro. Molesto el santo giró su vista y su gesto se congeló.

Ahí estaba, Helena observándole abrazado de la rubia y con su estado etílico.

-Lo siento señor...-suspiro la joven, quien no disimulo su decepción dejando observar como se formaban unas gotitas en sus ojos al reconocerlo.

-Lo siento de verdad...-La joven castaña corrió hacia la dirección contraria al santo, quien en un intento desesperado por retenerla, gritó su nombre:

-¡Helena, Helena!

El santo intento seguirla pero al dar solo unos pasos, tropezó con el asfalto. La rubia seguía ahí expectante, sin embargo el santo se incorporó a un lado dela calle y se quedo sentado.

-Cariño...-le llamo la rubia intentando acariciarle ,sin embargo, el caballero le aventó la mano, alejándola.

-Como quieras idiota.-le gritó la rubia enfadada dirigiendo sus paso hacia el hostal-¡Vete al diablo!

El cangrejo estuvo así un par de horas, quieto y silente. No entendía que pasaba dentro de si. ¿Qué era, es que estaba realmente descubriendo la compasión, ó quizá..? , no, no podía ser, él no podía estar enamorado.

Una vez que se sintió mejor, el italiano llegó hasta la habitación que compartía con su amigo Dite y tomó un baño frio como sus pensamientos. Preparó café, bebió tres tazas y esperó sentado a que su compañero de batalla se levantara. Solo un poco mas y amanecería.

El sueco se removió entre sus sabanas y se giró incomodo, algo no se sentía bien esa noche, por lo que su sorpresa fue mayor cuando encontró a su amigo estaba sentado en una silla mirándole fijamente.

-¿Qué haces ahí observándome idiota, acaso te gusto?-bromeó Piscis al darse cuenta de que era espiado por su amigo. Se talló los ojos aun adormilado.

-Ayer...-soltó un suspiro pesado observando por una ventana el pueblo a punto de amanecer.-Me he encontrado a Helena, la joven del pueblo.

-Ah...-murmuro incorporándose a la cama el santo de las flores.-¿Te las has...?

-¡No!-contestó visiblemente afectado el santo. Había un gesto serio y nublado en su amigo, totalmente extraño en él.-Me vio con la mujer de ayer del bar-suspiró fastidiado- Yo no recordé que a esa hora de la noche ella sale a buscar la cena para sus hermanos.

-¿Y eso...es malo?

-No se...-añadió el santo llevándose las manos a la cara.-No se porque me siento así...extraño.

-Creo que evidentemente casanova, porque se ha ido tu oportunidad de follar con la chica. A ti nunca se te ha ido una chica, Ángelo y ahora te tocó perder.

-Creo que debo ir a buscarla.-el italiano se levantó de su asiento y se aproximo a la puerta con una extraña ansiedad.

-Espera...Cáncer-comento el sueco ávido, deteniendo el paso de su amigo a punto de salir de la habitación-¿No será que...te has enamorado?

El cangrejo negó con la cabeza y salió a toda prisa de aquel lugar. Necesitaba verla, explicarle de alguna manera que...que el no era así, que estaba siendo honesto a cada segundo que pasaba con ella, que le agradaba...y mucho.

La busco en el pueblo con ansiedad, parecía contar los pasos para llegar hasta ella y sabia con seguridad que estaría a primera hora de la mañana, ahí en el mismo lugar esperando por vender sus flores.

Comenzó a trotar al saber se cerca y sonrió cuando estuvo a escasos puestos del mercado por llegar pero su risa se fue apagando poco a poco. Ella ese día no estaba.

Hablo con algunos pobladores tratando de saber si aquel día la habían visto, pero al negarse pidió información sobre la casa de la joven. Paso a paso anduvo por un sendero lleno de pastizal y tierra arribando hasta una pequeña choza, tan pobre y descuidada como si estuviera en el olvido.

Toco nervioso la puerta, acumulando saliva en su garganta y suspiro dándose valor. Tenia que hacerlo, ya estaba ahí. Una diminuta figura abrió la puerta y con visible sorpresa, se lanzo a sus pies.

-Ángelo...-le llamo un niño.

-Hola, ¿esta tu hermana?-pregunto el italiano mientras el niño se tallaba los ojos.

-Esta recostada en la cama, hoy no se siente bien.

El italiano penetró a la vivienda con recelo y oteó por la habitación. No era la gran cosa pero era cálida, tanto como las personas que la habitaban.

Hasta el fondo de la diminuta vivienda, la joven castaña estaba recostada en una cama .El santo se aproximo a ella y de inmediato le llamo ansioso.

-¡Helena, Helena!, ¿Qué tienes, estás bien?

El santo tomó un trapo que ella tenia sobre su frente y lo mojo con agua en una bandeja que estaba a su lado, colocándolo sobre su frente.

-¿Estas aquí, Ángelo?-murmuró la joven con esfuerzo sobre la cama.

-¡Si así es!-dijo el santo buscando su mano para apretarla sobre la suya inconscientemente-¿Qué necesitas?

-Nada.

-Vamos al médico, necesitas estar bien.

-No...estaré bien solo es un poco de resfriado-sonrió ella-Estaré bien, además no tengo con que pagar un doctor.

-¡Olvídate de eso, no importa!-comento el santo agitado-Al menos déjame ir a comprar medicina para ti.

Ella sonrió. De inmediato el santo se alzó, dejando a cargo a un pequeño y salió de aquella casa buscando una tienda con desesperación. No paso mucho tiempo y el santo regreso a la choza con unas botellitas de medicamento y algunos panes para sus hermanos, quienes al ver el alimento corrieron a una mesa para comerlo.

El santo se aproximo a ella y le dio de beber la medicina mientras se quedaba a su lado, atento a cualquier cosa que ella quisiese.

-Hey...descansa señorita-menciono el cangrejo cuando termino ella de beber una de las botellas. La joven asintió encargándole a sus hermanos con preocupación.

Al cabo de unos segundos la damita cerró sus ojos y el santo le acarició el cabello. Estaba embelesado. Era preciosa con cada respiración tranquila, quieta y silente.

-Perdóname...-murmuro buscando su mano de nuevo y apretándola contra a la suya. Era tan cálida, tan suya.-Helena yo...yo te quiero.

El santo jamás supo si ella lo había escuchado aquella tarde, sin embargo, ahora sabia que estaba totalmente perdido por ella y que la protegería siempre.

Entonces, tras unos días de eterna calma y creer que quizá podría ser feliz, sus demonios volvieron. Fafner secuestro a Helena y la asesino y él impotente poco pudo hacer.

Sabía que era cuestión de tiempo para verla de nuevo. Entonces algo sucedió.

En un hermoso campo de flores blancas, Cáncer apareció sentado sobre el suave pasto tras despertar de un sueño. Aquel lugar estaba totalmente silente, lleno de calma como si no existiera ni miedo ni amenaza alguna, solo un tibio viento que revoloteaba de vez en cuando y un cielo blanco eterno.

-Amigo, ¿Qué haces aquí?-una voz a su espalda le llamaba con alegría. Era Afrodite.

-No lo se...-murmuró extrañado el cangrejo.-¿En donde estamos?

-Señor...-en aquel instante una voz a lo lejos interrumpió a ambos. Esa voz tensó de inmediato su corazón, la reconocía sin duda.

Se levantó del suelo en un movimiento y dirigió sus ojos a aquella frágil figura que corría hacia él. Era ella, Helena, su Helena.

Su pupilas se abrieron y su corazón comenzó a latir agitado-¡Helena!

De inmediato corrió hacia ella y no dudo en tomarla entre sus brazos. Una vez mas el cangrejo había contado con buena suerte.

Fin...

Lindos lectorcitos , creo que andaba muy inspirada y me alegra porque últimamente me había sentido vacía para expresarme. En fin espero les haya gustado, yo estoy muy feliz con el resultado aunque casi no me guste Soul of Gold.

Un abrazo para ustedes por su apoyo y espera en todo este tiempo, los quiere Saint Lu.