Advertencia: Hasta ahora puedo decir que este fic ha tenido una buena recepción, y eso realmente me alegra :'D. Una vez más traigo el capítulo en su respectivo momento, que les agrade.
Empieza la huelga
Jun y las siete muñecas de Rozen finalmente llegan al campo N que Shinku les había dicho para así instalarse a hacer la huelga de hambre. Cada quien monta con mucha dificultad las sillas plegables que Nori les había dado, principalmente porque no sabían cómo era que debían desplegarlas, así que Jun se encarga de montarlas todas. Lo siguiente era poner cada uno sus exigencias en los cartones para que cualquiera los lea y sepa la razón de la huelga, así que Jun les advierte a todas que tuvieran mucho cuidado con lo que escribían, pero no todo sale lo bien que se hubiese deseado.
-¿De verdad se han tomado enserio esta huelga?
-Muy enserio, Jun- responde Shinku inexpresiva.
El cartón que fue elegido para Suigintou decía Quien esté dispuesto a hacer donaciones de corazón llamar al hospital central, ninguno de los otros presentes entendían para qué era ese aviso.
El cartón de Kanaria decía Tiendas Kusabue, lo último en diseño de vestidos para niñas y múñecas de porcelana y trapo. Hay descuentos por temporada, y eso hacía que Jun se cuestionara seriamente su estadía allí.
El cartón de Suiseiseki decía Por una humanidad más inteligente y menos enana, y eso Jun lo vio como una clara alusión hacia él.
El cartón de Souseiseki decía Mírame, otou-sama, estoy en la tele, y Jun casi deja escapar una carcajada al leerlo.
El cartón de Shinku decía Sólo quiero un autógrafo del detective Kun-kun, y Jun resoplaba con algo de desesperación, pues sabía que ya la causa estaba perdida.
El cartón de Hinaichigo había quedado completamente rayado y no se entendía nada, tomando en cuenta que hubiera algo escrito allí, pero ninguno fuera de la francesa intentó entender qué ponía.
El cartón de Kirakishou ponía Tengo comida, quiero hambre, y eso hizo que Jun no fuera capaz de aguantar las ganas de reír, pues pensaba que ese desacierto de la finlandesa era demasiado, pues lo normal era que dijera Tengo hambre, quiero comida y no de esa otra manera.
Sólo el joven humano tenía en ssu respectivo cartón un mensaje acorde a la razón de la huelga: Devuelvan los campos N a sus respectivas muñecas, pero ya se había arrepentido de haberlo hecho. Era increible que la persona que menos deseaba hacer esto fuera el único que lo hiciera bien.
-Algo me dice que esta huelga será demasiado larga.
-No lo dudo- Shinku saca de su maleta su juego de té y se sirve una taza-. Al menos tendremos un momento para desfr...
-¡No, eso sí que no!- Jun le quita la taza a Shinku y bota su contenido- ¿Acaso no sabes lo que implica una huelga de hambre? Significa que no podemos hacer nada de lo que acostumbramos- las muñecas miran horrorizadas al humano-. Así es, en una huelga no podemos comer, ni tomar té, ni ver televisión, ni jugar, ni dibujar, ni pelear, ni tampoco hacer nada, así de sencillo.
-¡Imposible!- Suiseiseki se levanta y mira con ira a Shinku- ¿En qué nos has metido, Shinku? ¡Vamos a morir todos de hambre y aburrimiento-desu!
-¡No podremos ver a Kun-kun-nano!- Hinaichigo empieza a llorar en el hombro de Kanaria.
Jun se sienta en su silla con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Si él ya no podía conectarse en su computadora a comprar pendejadas, tampoco ellas podrían hacer nada de lo que les gustaba. Suigintou se une a Suiseiseki y Hinaichigo en el incesante reclamo a Shinku, mas la inglesa hacía un estoico esfuerzo para ignorarlas. Jun se basaba en el sufrimiento de las demás para no deshacer él mismo todo el entramado de la huelga de hambre.
Hospital
-¿Hay algo más que necesitas, Megu-chan?- pregunta la enfermera algo agotada.
-No se preocupe, ya estoy muy bien así- responde la jovencita regresando a la cama-. De hecho, creo que hasta tengo ganas de compartir mis cosas ¿Quiere jugar fútbol en la consola conmigo?
-Sería realmente divertido, Megu-chan, pero lamentablemente tengo muchas cosas que debo hacer. Tal vez juguemos en cuanto termine mi turno- la enfermera le pasa una mano por la cabeza a Megu y luego se va y cierra la puerta.
Megu estaba realmente contenta. No recordaba sentirse así de bien sin que Suigintou estuviera presente, y eso ya era un auténtico logro por sí mismo. Enciende la consola y se pone a jugar lo primero que había agarrado. La sensación de estar frente a un aparato electrónico jugando era de enorme gozo, realmente se preguntaba cómo había sobrevivido todos esos años sin usar un joystick y sin lidiar con toda clase de sensaciones dramáticas por perder sus primeras ocho peleas y luego utilizar los puntos obtenidos de su primera victoria para comprar características de combate para su personajes. Megu sentía que verdaderamente había llegado al cielo.
-¡Increíble! Ojalá tenshi-san venga pronto para que juguemos juntas, sé que le va a encantar tanto como a mí.
Entonces mira por un momento hacia la ventana. Tal y como lo esperaba, Suigintou no estaba en el alféizar. Supuso que debía estar peleando fieramente con la tal Shinku, así que dejó el tema de lado y puso un nuevo juego en la consola para saber cómo era.
-¡Sugoi, uno de zombies!
Residencia Sakurada
Nori había aprovechado la ausencia de todos, pero especialmente la ausencia de Jun, para ponerse a hacer una limpieza a fondo por toda la casa. Antes de empezar se acerca al reproductor y pone música clásica ante la que se pone a bailar cuando enciende la aspiradora.
-Sin Jun-kun presente para seguir comprando basura, finalmente podré estar todo el día haciendo lo que más me gusta sin ninguna interrupción ¡Síiiii!
Estaba tan emocionada que no podía dejar de bailar, y la aspiradora era su pareja mientras cumplía fielmente su labor y dejaba limpio todo el suelo de la sala. Luego de eso Nori pasa a limpiar el pasillo y se pone a bailar con mayor euforia por no ver montones de cajas apiladas ante la puerta, y tampoco escuchaba a nadie tocando el timbre ni escuchaba tampoco voces de repartidores anunciando compras hechas en línea. Al fin y al cabo, el que a las Rozen Maiden les ocurriera esa tragedia tan dramática había traído una bendición bastante añorada por la chica.
Lo siguiente a limpiar sería el segundo piso, así que Nori desconecta la aspiradora y le sube el volumen al reproductor de música antes de subir. Al ton de la música subía como si brincara por un campo de flores de dientes de león, e incluso tenía los brazos completamente extendidos, siempre teniendo cuidado de no golpear nada con la aspiradora.
-Habitación de Jun-kun- canturrea Nori asomándose traviesamente por la puerta-, ha llegado la hora de dejarte reluciente de limpio, así que prepárateeeee.
Sin Jun presente, Nori tenía vía libre para hacer lo que deseara con todos los objetos de la habitación, y su acción era más que obvia: empieza a hacer llamadas y enviar correos por e-mail para devolver todos los objetos que creyera demasiado raros o inadecuados para Jun, aprovechando que la garantía de esas cosas le proporcionaría de todo el dinero mal gastado por su hermano. Luego se pone a limpiar la habitación y ordena todo, pues la habitación estaba vuelto un verdadero basurero. Ya Nori no recordaba la última vez que había pasado verdaderamente una escoba por allí, pues veía cómo se levantaba una enorme polvareda cerca de donde pasaba la aspiradora.
-Oh vaya, cómo se nota que Jun-kun es muy desorganizado. No sé cómo es que no se ha enfermado de los pulmones con todo ese polvo.
Nori abre al máximo la ventana de la habitación para que circulara el aire, pues sabía que de otro modo la polvareda podría ahogarla. El sólo hecho de remover el polvo del suelo le había requerido casi una hora, y eso Nori lo veía como una muestra de lo sucia que estaba la habitación. Lo siguiente es limpiar la mesa de la computadora, recoger toda la basura que no pudiera absorber la aspiradora, cambiar las sábanas de la cama, limpiar el closet y revisar que no hubiera ropa para lavar. El trabajo había resultado extenuante, pero había quedado bastante satisfecha de haber logrado una misión que en otro momento Jun se habría encargado de hacerlo imposible.
-Bueno, creo que ahora sólo me queda darme un buen baño. Tanto limpiar por aquí me ha hecho sudar muchísimo.
Campo N
-Genial, ya empieza nuestra humillación-desu.
Un pequeño grupo de juguetes se congrega alrededor del grupo de huelguistas, y algunos de ellos no dudan en solidarizarse y lanzar algunas consignas para animarlos a continuar. Jun miraba con fastidio a los juguetes que improvisaban una nueva cantata, y Suiseiseki se tapaba el rostro con una manga de su vestido para no ser reconocida. Las demás muñecas reciben con más neutralidad todo aquel apoyo.
-Bueno, al menos ya los primeros frutos se están dando- opina Shinku para sí misma, pero procurando que todos oyeran.
-¿Qué creen que hacen?- llega Laplace caminando con paso garbado- Se supone que deberían estar peleando...
-¡Pues eso no va a ser, Laplace no Ma!- salta Souseiseki mirando furiosamente al conejo- No vamos a aceptar sumisamente que nos quites nuestros campos N y nosotras sigamos peleando como si nada ¡Nuestro derecho a nuestros campos N no se negocia!
-Qué casualidad- Laplace se rasca la barbilla-, resulta que Rozen, el insigne creador de muñecas, decretó que el pase a los campos N que corresponde a ustedes subió a quince mil euros, ni más ni menos.
-¿¡QUINCE MIL!?- Suigintou palidecía más de lo que ya estaba y casi invocaba su espada para rebanar al conejo, pero es detenida por Suiseiseki y Kanaria.
-¿Cómo se atreve a hacer eso?- cuestiona Kirakishou bastante escandalizada- ¿Es que usted no tiene vergüenza?
-Trabaje en un banco durante casi sesenta años- responde Laplace como si nada-, sería un milagro que aún me quedara algo de vergüenza.
Las muñecas sólo gruñen y miran con ojos fúricos a Laplace mientras este sólo da media vuelta y se retira caminando. Shinku se pone de pie y pisa con mucha fuerza, llamando la atención del conejo.
-¡No creas que podrás salirte con la tuya, desgraciado!- señala con reto, pero el conejo no parece intimidado- Ya verás cómo pronto vendrás a rogarnos y nos devolveras nuestros campos N.
-Y ustedes verán cómo van a ser ustedes quienes me rueguen por clemencia muy pronto- Laplace daba a entender que aceptaba el reto y también señalaba a Shinku-. El deber de ustedes es pelear en el juego de Alice, ya verán ustedes mismas que eso no hay manera de evitarlo.
Acto seguido Laplace desaparece, y Shinku se vuelve a sentar, y el cartón que había puesto sobre su asiento se balancea amenazando con caerse. Las siete muñecas había visto aquella testarudez de Laplace como una razón para no desmayar en ese intento por derrotarlo. Jun suspira con fastidio y aprovecha para ver la hora. Apenas llevaban dos horas de haber empezado la huelga y ya empezaba a sentir hambre.
Hospital
Megu ya había probado todos los juegos de la consola, y estaba de más decir que todos le habían gustado muchísimo, tanto que no sabía cuál deseaba repetir primero, así que hacía complejos sorteos en donde incluía el uso de una moneda para saber cuál juego sería el afortunado, y en eso llegaba la enfermera vestida como civil.
-Ya he terminado de trabajar, Megu-chan, así que supongo que podremos jugar fútbol como deseabas.
-¿De verdad? Estoy muy emocionada por ganarte- Megu deja de lado su elección y pone el juego de fútbol antes de encender la consola-. Te advierto que acabo de practicar, por lo que voy a ganarte.
Pero eso no pasó, en cinco duelos que tuvieron Megu y la enfermera, el balance fue de cuatro victorias para la enfermera y un empate en el primer juego, y eso se debía a que la enfermera no sabía qué botones cumplían cuál función. Megu estaba completamente aturdida al ver cómo había sido superada, y la enfermera se ríe un poco.
-Vaya, mejor suerte para la próxima, Megu-chan.
Megu infla los cachetes y se acostaba un poco decepcionada de ver que no le salía el jugar con la enfermera, posiblemente ella contaba con hijos que jugaban regularmente con esas cosas y había aprendido simplemente mirando, o tal vez Megu no tenía un buen nivel por nunca antes haber hecho nada complicado con sus manos. Sea cual sea la razón, sabía que le faltaba mucho si deseaba ganar la próxima vez.
-Bueno, parece que debo practicar luego.
-Pero no pases demasiado tiempo, Megu-chan- la enfermera deja a Megu con una ligera curiosidad y se va de allí.
Megu quería saber cuál podía ser la razón para que no fuera recomendable jugar mucho, así que pensó que había una forma de averiguarlo.
-Voy a jugar toda la noche.
Campo N
Ya iban cuatro horas de huelga, y tanto Jun como las Rozen Maiden no tenían ningún deseo de levantarse de sus asientos, incluso la juguetona Hinaichigo estaba tirada en su silla muy malhumorada pero disimulando como podía. Sentían que sus estómagos estaban bastante adoloridos, e incluso Suigintou, sin tener un abdomen, sentía que el hambre la atormentaba. Aún habían juguetes pasando varias veces por allí y dando palabras de ánimo al grupo.
-Esto es un asco- se queja Kanaria-. Seguro que el humano que inventó la huega de hambre debía estar bastante loco o era un auténtico masoquista, porque esto no hay manera de que se lo desee a nadie, ni a mi peor enemigo-kashira.
Shinku estaba a punto de protestar la decisión de Kanaria cuando aparece nuevamente Laplace. Suiseiseki, Souseiseki, Kanaria y Kirakishou se levantan de sus sillas con la intención de arrancarle las orejas al conejo hasta que se rindiera, pero el árbitro ya venía con un refuerzo no esperado.
-¿Barasuishou?
-En vista que se niegan a participar en el juego de Alice como lo dictaminó Rozen, pienso que ha llegado el momento de encontrar una salida a esta situación- empieza Laplace pareciendo diplomático-. Las cosas van de esta manera: prometan regresar a participar en el juego de Alice, o de lo contrario Barasuishou tomará sus Rosas Místicas.
-Un cuerno es lo que le doy-desu- Suiseiseki agarra un par de marcadores y se los lanza a los dos invasores, pero sólo le alcanza a dar a Laplace.
-Y esta es nuestra oferta, Laplace no Ma- Shinku despedía un aura oscura que incluso hizo que Barasuishou retrocediera-. No volveremos a pelear entre nosotras mientras sigas reteniendo nuestros campos N, pero si metes a Barasuishou para molestarnos, a ella sí la vamos a hacer pedazos.
Las siete muñecas dirigían miradas tenebrosas a Barasuishou, y esta simplemente se aclara la garganta, da media vuelta y se retira, dejando boquiabierto a Laplace.
-Ya verán. Esta huelga no va a durar por siempre- y entonces abrió una madriguera para desaparecer adentro.
Jun hace rato que no había prestado atención a ese ajetreo que tenían las muñecas, sabía que de todas maneras era apenas el principio de su gran problema.
CONTINUARÁ...
¿Qué opinan de lo que acaban de leer? Espero por sus apreciaciones, pero se pueden olvidar de mí si están dispuestos a hacer críticas destructivas ónó. Por ahora me retiro, ya saben que aún tengo cosas que escribir :p
Hasta otra
