Advertencia: Me disculpo por la larga, larguíiisima ausencia en la que me he visto forzado a estar, pero es que por un daño en el sistema de mi PC estuve fuera de combate, y no es sino hasta ahora que regreso. En fin, lo que cuenta ahora es continuar, y así lo voy a hacer.

La maldición de la tentación

Tanto las Rozen Maiden como Jun habían perdido la noción del tiempo que había transcurrido desde que habían empezado la huelga de hambre para forzar a Laplace no Ma a devolverles los campos N a sus respectivas dueñas, pero ya sea mucho o poco lo que llevaban allí, las Rozen Maiden empezaban a sentirse frustradas de ver que no estaban logrando nada todavía. El único logro destacable era que unas cuantas cámaras de televisión enfocaban sus lentes al cartel que sostenía Kanaria en publicidad a favor de la nueva tienda de ropa que había creado Mitsu, y obviamente la italiana era la única complacida con ello, cosa que le permitía estar un poco más moralizada respecto a sus hermanas. Decenas de juguetes y muñecas se habían congregado alrededor de la manifestación con el objeto de tomarse fotos, dar sus mensajes de apoyo y de fuerza, y algunos aprovechaban el acercamiento para hablar directamente con alguna de la muñecas, cosa que frecuentemente resultaba en un momento bastante incómodo. Jun, para evitar unirse a esos momentos tan incómodos, simplemente fingía dormir para que no lo molestaran.

-¿Suiseiseki-san?

-Soy yo-desu- se presenta la castaña con presunción, pensando que el juguete que la llamaba lo hacía por razones importantes-. Di lo que desees, que lo que sea te escucho-desu.

-Oh, Suiseiseki-san, ocurre que la semana que viene me voy a casar con una muñeca bastante hermosa, pero nuestros humanos no se ponen aún de acuerdo de los menús de la boda- las demás muñecas no querían oír lo que aquel juguete tuviera que decir, pero desgraciadamente les resultó imposible-. La humana dueña de mi novia dice que para la boda debe haber pasta ravioli en salsa de cilantro y espinaca con medallones de pavo sofritas, paella valenciana, salmón en salsa rosada con rodajas de zanahoria y palmito fresco, ensalada césar, faisán asado con salsa barbecue, cordero en tres salsas con ensalada de espinaca y papas, cócteles de frutas tropicales, merengadas de diversos tipos, y de postre pastel selva negra, dulces tres leches y sorbete de limón- a Suiseiseki se le hacía agua la boca, pero el juguete no parecía notarlo-. Mi dueña en cambio dice que deberíamos instalar una fuente de chocolate y dejar al alcance todo el menú de galletas, bocadillos, aceitunas, marquesas de chocolate con recubrimiento extra de vainilla y fresa, donas con lluvia de colores y almendras, pizzas y dulces varios desde el primer momento, y de comida regular hayan menús de libre elección que incluirían otras cosas aparte de curry con carne de conejo, sopa de pescado, arroz blanco, plátano asado con toques de orégano, jamón de pierna al horno, salchichas de diversos tipos troceados, puré de papas, albóndigas en salsa napolitana y salsa bolognesa, hamburguesas y pescado frito con un ligero baño de limón, y de postre como tal habría daifuku de fresa…

-¡UNYUUUUUUUUU!- Hinaichigo se levanta de golpe e intenta correr hacia el juguete que hablaba con Suiseiseki, pero las otras cinco muñecas la sostienen de brazos y piernas para impedirlo- ¡Suéltenme! ¡Hina ya no aguanta más, Hina debe comer unyuu! ¡Déjenme ir-nano!

-¡Por supuesto que no!- responde Kirakishou con tono bastante severo- Tenemos que ser fuertes ¿Crees acaso que no me tienta que la comida… digo ustedes lleven todo este tiempo al lado mío? Y aun así he resistido, en ningún momento salté sobre ti para hincarte el diente.

Jun estaba sufriendo tanto como las muñecas. El estómago se le retorcía y gruñía tanto que le causaba dolor, pero como pudo continuó fingiendo que dormía para no meterse en aquel problema. Él, Suiseiseki y las otras Rozen Maiden deseaban que a aquel juguete se le arruinara de la peor manera posible la boda, o que la huelga terminase a tiempo para ellos colarse.

-¿Y qué opinas? ¿Qué debería decirles a ellas para arreglar la boda?

-¿Por qué no les dices que apliquen ambas ideas de la variedad, y que además permitan la elección libre de menús? Así los invitados disfrutarán más y podrás contar con más espectadores-desu- responde Suiseiseki aguantando todo lo posible la tentación de golpear al juguete por el tormento que le había provocado.

-¿En serio? ¡Claro! Cómo no se me había ocurrido eso. Supongo que también les diré que incluyan huevos de codorniz y dátiles entre los platos para picar, a mi novia le encantan bastante. Muchas gracias, Suiseiseki-san. Eres lo máximo.

-No contaban con mi astuc… quiero decir fue un placer ayudar-desu.

El juguete, muy contento como estaba, se va de allí, no sin antes dejarle a Suiseiseki cuatro invitaciones para dos personas cada una, en caso de que la huelga terminase antes, cosa que le valió una ligera sonrisa de simpatía de despedida de parte de la castaña, aunque el tormento seguía taladrando su cabeza. Las otras Rozen Maiden no mostraron interés alguno en las invitaciones hasta que la misma Suiseiseki se las muestra y empiezan a repartirse las invitaciones. Las invitaciones quedaron repartidas de manera que fuesen juntas Suiseiseki y Souseiseki, Hinaichigo y Kirakishou, Suigintou y Kanaria, y Shinku no contaba con un compañero para invitar.

-¿A quién vas a decirle para que te acompañe?- inquiere Souseiseki.

Jun en ese momento deja de fingir que duerme. Estaba tan desesperado por el hambre que estaba dispuesto a socializar en una boda con tal de no morir de inanición, pero Shinku no se molestó en fijar su mirada en él.

-Pues buena pregunta. Tengo que buscar a alguien para que me acompañe a esa boda.

-¡Pero yo estoy aquí!- trata Jun de hacerse notar.

-Bueno, supongo que Jun sería mejor que nada- dice Shinku sin mirar aún a Jun.

-Yo podría invitar a mi médium, pero es que a le tienen prohibido comer faisán, jamón y vainilla- dice Suigintou guardando su invitación-. Realmente no sé qué clase de equipo médico le ha hecho esos exámenes tan raros, pero eso es lo que le tienen prohibido. Hablaban cosas raras sobre colesterol y azúcares, que no sé qué pintan con el corazón.

Las otras muñecas simplemente se encojen de hombros y vuelven a la huelga. Hinaichigo había dejado el forcejeo y había tomado asiento, pero aun así las demás estaban pendientes. Aunque no lo pareciera, Hinaichigo había mostrado una fuerza formidable cuando la habían detenido, por un momento les había parecido que se zafaría y se les escaparía.

-¿Saben una cosa?- empieza Kanaria- Realmente me gustaría regresarme donde Micchan para que me prepare esos ricos hotcakes que me hizo antes de dejarme venir, cubiertos completamente de miel y sirop de chocolate, y también el jugo de naranja que siempre le queda exquisito…

-¡YA BASTA!- Suigintou pierde los estribos. La explicación de Kanaria la había regresado de golpe a aquella cruda realidad del hambre maximizada- ¡De ahora en adelante no hablemos más de comida! Que lo último que tragué antes de venir fue un miserable pocky. Estoy que el hambre me mata, así que no quiero oír nada más de ello hasta que todo esto se acabe.

-Yo intenté comerme a onee-sama rosada, pero todo este tiempo ha sido un constante ayuno, así que en cierto modo vengo preparada- dice Kirakishou como si nada.


Hospital

-Megu-chan, he traído un gazpacho para que almuerces… ¿Megu-chan?

La enfermera deja la bandeja a un lado de la cama y revisa bajo esta y todas partes de la habitación, comprobando que la niña no se encontraba por ningún lado. Cada vez que Megu se desaparecía o hacía berrinche le desconcertaba, era realmente difícil razonar con ella, especialmente cuando estaba de mal humor o deprimida. Y ahora no había manera de entender el porqué de su desaparición, si la había complacido con todas aquellas cosas que había pedido para que así se pudiera entretener.

No había indicio alguno de adónde pudo haber ido Megu, así que la enfermera sale para buscarla en donde sea que haya ido.


Zona de geriátrico

Megu se encontraba rodeada de una treintena de ancianos, la gran mayoría en silla de ruedas o con una provisión de sueros al lado, pero todos estaban reunidos en círculo alrededor de la mesita con arreglos florales. Megu estaba dando a los ancianos una charla, a lo cual estos asentían a cada cosa que dijera. La enfermera llega al lugar después de veinte minutos de intensa búsqueda por el resto del hospital, pues de todos los lugares, la zona geriátrica era la que menos pensaba que querría ir Megu.

-Megu-chan, ¿qué haces aquí? Te he estado buscando por todos lados…

-Pues a buena hora has llegado- dice Megu con un tono frío que extraña bastante a la enfermera-. Esta gente me estaba hablando de los problemas que tienen, y realmente me ha conmovido que todos tengan los mismos problemas que yo: personas condenas a estar aquí encerrados por el resto de sus vidas, abandonados por sus propias familias, privados de todas las cosas que les gustan, obligados a comer una comida que resulta peor que la comida de prisión, y para confirmarlo está el señor Suzuki que estuvo una vez preso- uno de los ancianos con un suero levanta una temblorosa mano en señal de saludo-, y por si eso es poco, tienen que estar en esta cámara de tortura psicológica que ustedes llaman cuarto de actividades ¡Qué ilusa fui al pensar que yo era la única desafortunada! Este hospital es como un Auschwitz japonés. Lo único que le falta nada más es la cámara de gases y el horno crematorio…

-¡Eso ya lo tienen! Allí quemaron a mi hermano- advierte una anciana cuya cara estaba cubierta completamente de manchas.

-El horno crematorio no es del hospital. Eso pertenece a la funeraria de al lado- corrige la enfermera-. Vamos Megu-chan, no hace falta que montes un numerito…

-Llegué a pensar que mi caso era único- interrumpe la niña-, pero he visto a estos pobres viejitos y me he dado cuenta de los cruentos tratos que recibimos en común. No queremos vidas largas, lo que queremos es no tener que estar lamentándonos por la miserable vida que llevamos por los males que cargamos, vivir en una eternidad de desesperanza y aburrimiento ¿Verdad que sí, abuelos?- todos los ancianos gritan en apoyo, o por lo menos lo más cercano que podían de gritar.

La enfermera trata entonces de retirarse para hablar con los médicos y camilleros para que le diesen una mano, pero cinco de los ancianos del área se atrincheran en la salida, y uno de ellos atraviesa su bastón en las asas de las puertas. La enfermera no tenía escapatoria.

-¿Por qué me retienen? ¿Qué es lo que quieren para tenerme encerrada?

-No se confunda, enfermera- corta Megu con un tono siniestro que jamás había utilizado antes-. No es porque necesitemos algo de usted, es sencillamente porque no queremos que advierta a nadie de nuestra intención de tomar el hospital entero. Ahora nosotros seremos los mandones del lugar, así que mejor sería que nos entendamos, que usted comprenda que nosotros también merecemos algo de dignidad.

Dos viejitas toman por los brazos a la enfermera, y esta decide no oponer resistencia alguna a sus captoras. Las puertas no solo permanecen trancadas, sino que varios de los viejos que estaban en mejores condiciones mueven los muebles para montar una barricada, haciendo completamente imposible cualquier intento de ingreso por aquella puerta.

El alzamiento de Megu había dado comienzo.


Residencia Sakurada

Laplace y Enju estaban cambiando canales para tratar de dar con la señal adecuada para así ver la huelga, pero la cantidad de canales era tan grande que ya llevaban un buen rato buscando sin resultados. Nori por su parte estaba haciendo el almuerzo ayudada por Barasuishou. A Nori le encantaba la manera de ser discreta y disciplinada de Barasuishou, incluso le prometió la hamburguesa florada más grande por la ayuda que le había estado dando, cosa que, aunque Barasuishou no lo dijese, la hizo sentir más motivada para colaborar.

-¡Ya está! ¡He encontrado el canal correcto!- celebra Shirosaki levantándose de un brinco del sofá.

Entusiasmada por ver cómo le iba a su hermano y a las muñecas, Nori va corriendo y se detiene justo detrás del sofá. En efecto, en pantalla se veía la huelga de hambre rodeada de centenares de juguetes de todas las variedades y formas, cosa que le parecía impresionante a Nori, pero para Laplace era un tanto preocupante. Enju y Barasuishou en cambio veían la escena un tanto divertida, aunque no lo suficiente para desfigurar el semblante sereno que tanto les caracteriza.

-Denme un momento, ya voy a terminar con la comida- ofrece Nori antes de volver a la cocina.

Más allá del hecho de que se tratara de una huelga de hambre y que hubiesen algunas etrevistas a los juguetes que se solidarizaban con las Rozen Maiden, la verdad es que lo que pasaba de aquel lado muy poco tenía de interesante, incluso Enju falló en contener un bostezo por lo aburrido que a la larga le terminó pareciendo. Ver una huelga sin duda no suponía escenas muy emocionantes o impactantes, después de todo.

-Otou-sama, esas Rozen Maiden son bastante persistentes, ¿verdad?- dice Barasuishou.

-Ya lo creo. Pero no te preocupes, que igual algún día tendrán que ceder- concede Enju, procurando que Nori no lo oiga.

-Yo pienso que esto no debe durar, no es bueno para mis propósitos en el juego de Alice- suelta Shirosaki.

-¿De qué propósitos hablas?- pregunta Enju con suspicacia.

-No es nada importante. Simplemente quiero que todo vaya de acuerdo con el plan de dar nacimiento a Alice, es todo.

Todo parecía continuar sin mayores novedades, hasta que de pronto suena el timbre, señal de que estaban recibiendo visitas.

-¿Quién puede ser?- Nori se asoma y luego ve a sus invitados- Escondan rápido a Barasuishou-chan, no vaya a ser algún extraño.

Enju enseguida se levanta de su asiento y se lleva rápido a su muñeca escaleras arriba, mientras Laplace trata de cambiar los canales para fingir que veía algo más, pero el mando trucado del televisor se le cae y acaba parando debajo del sofá. Nori lamentablemente no podía darse el lujo de esperar a que Shirosaki pudiese recuperar el control remoto, así que sólo le quedaba esperar que no se cayera muy al fondo mientras abría la puerta, y allí se encontraba nada menos que Tomoe.

-¡Oh, pero qué sorpresa, Tomoe-chan!

-Buenos días, Sakurada-san, ¿está Hinaichigo en casa?

Aquella pregunta tomó completamente desprevenida a Nori. De todas las personas en el mundo que pudiesen haber parado ante la puerta de la casa y tocar el timbre ¿por qué precisamente tenía que ser Tomoe? Nori sabía perfectamente que Tomoe no se tomaría nada bien saber que su ex muñeca estaba en una huelga de hambre, sin importar la razón que le haya movido a ello, pero Laplace seguía sin alcanzar el mando de la tele.

-¿Sakurada-san?

-Oh, lo que pasa es que Hina-chan no se encuentra, se fue con Shinku-chan por… por… ¡por una cosa de las Rozen Maiden! Sí, eso.

El gesto de Tomoe permanecía imperturbable, pero Nori podía adivinar que su mentira no había calado en absoluto, y no le quedó de otra que dejar pasar a Tomoe, con la esperanza de que el reportaje desde el campo N haya concluido.

-Lamento mucho haber llegado sin avisar, es que traje daifukus para Hinaichigo, después de todo son sus dulces preferidos.

-Sí, claro.

-Vaya casualidad encontrarnos aquí, Shirosaki-san- dice Tomoe apenas nota la presencia del falso humano buscando bajo el sofá- ¿Qué hace buscando allí abajo?

-Ehhh, es que se me cayó el pañuelo con que limpio los lentes, nada más- responde Laplace de una manera nada convincente.

Entonces lo tan temido por Nori ocurrió: Tomoe vio la pantalla del televisor y vio la transmisión de la huelga de hambre, y allí estaba Hinaichigo, con cara de estar pasándola muy mal junto con las demás muñecas, aunque Jun estaba fuera del foco, por lo que Tomoe no reparó en él. Entonces Tomoe empezó a despedir un aura asesina que asustó muchísimo a Nori y Shirosaki, pero por si su mala suerte aún no era suficiente, entra nuevamente en escena Enju sin camisa, cosa que escandalizó a todos en la sala.

-¿Enju-sensei? ¿Qué hace usted aquí, y sin camisa?

-Lo siento mucho, es que ocurrió algo mientras estaba en la habitación de Sakurada-kun y… ¿a qué vienen esas miradas? ¿Tengo algo en la cara?

No había nada que hacer. Si Nori y Laplace estaban en un serio aprieto con Tomoe, la repentina y extraña aparición de Enju sólo sirvió para enterrarlos más a todos.

CONTINUARÁ…


¡Y fin del capítulo! Cómo esperé hacer esto, fue un infierno la espera, pero aquí estoy. Mis más sinceras disculpas por la tardanza, aprovecharé esta recuperación para intentar recuperar el ritmo, pues llevaba más de mes y medio sin escribir nada de nada :/

Hasta otra