Advertencia: Saludos a toda la comunidad de Rozen Maiden, de ahora en adelante, o hasta que recupere la memoria de mis demás fics, actualizaré cada semana, así que prepárense que esto va a dar comienzo :D

Trompetillas a la huelga

La temperatura en el ambiente se había desplomado en cuestión de un instante a un nivel congelante, o así lo estaba sintiendo Nori al ver cómo Nori y Enju cruzan miradas. Enju había cometido un gravísimo error al aparecerse sin camisa, y más aún por decir que estaba en la habitación de Jun. Nori no había visto a su amigo, y lo que asimilaba con la confesión de Enju era completamente distinto a lo que el juguetero originalmente quería decir. El malentendido estaba definitivamente a la orden del día.

-Sí, sin camis… digo, en la habitación de Sakurada-kun…

-¿Qué es lo que hace sin camisa, Enju-sensei?- pregunta Shirosaki en un desesperado intento por salvar el honor.

-B-bueno, es que cuando no estoy en el trabajo, me gusta bastante andar así, ya sabes, en plan salvaje…

Laplace y Nori se dan un facepalm cada uno que iba perfectamente sincronizado. Esa respuesta no iba a ayudar en absoluto a enderezar aquel entuerto que él mismo había ocasionado. Tomoe seguía viendo fijamente a Enju, y su semblante parecía de decepción y tristeza, incluso había dejado de lado el tema de Hinaichigo.

Ya sin ganas de decir nada más, Tomoe deja en la mesa los dulces que había traído especialmente para su ex muñeca y se dirige a la puerta sin mediar palabra alguna, y Nori estaba bastante preocupada.

-¡Espera, Tomoe-chan! Podemos explicarlo…

Pero Tomoe cierra la puerta después de salir, y muy probablemente no había escuchado lo que le dijo la hermana mayor de Jun. En aras de arreglar aquel entuerto, Nori va rápidamente a las escaleras y las sube. En el tiempo de espera, Shirosaki finalmente encontraba el control remoto del televisor.

-¿Qué pasó arriba que vino sin camisa, Enju-sensei?

-Fue un accidente- explica Enju-. Llevé a Barasuishou a la habitación de Sakurada-kun para esconderla allí, y cuando cerré la puerta y traté de venir corriendo, resulta que la camisa se había quedado atorada y terminé desgarrándola sin querer, y como Sakurada-kun no tiene ninguna camisa a mi medida, pues tuve que venir así como estoy ¿Qué le pasó a aquella chica?

-Es una larga historia…

Nori vuelve a aparecer desde el segundo piso y llama a Enju para que se probara las camisas del padre de ella, y Enju acata el llamado y vuelve a subir las escaleras. Shirosaki no ve de otra que dejar el mando de la tele en el sofá y dirigirse a la puerta para esperar que Enju y Nori bajasen para ir a buscar a Tomoe. Se estaba haciendo tarde, muy tarde.

-Sólo espero que hoy no llueva, a pesar de los pronósticos.


Campo N

Minetras tanto, con la famosa huelga de las Rozen Maiden, las muñecas se sentían cada vez más atormentadas por el hambre al que intencionalmente estaban sometidas, y Jun se sentía tan débil que no se sentía capaz de levantarse del asiento que se le empezaba a antojar incómodo, pero su problema estaba siendo olímpicamente ignorado por las muñecas, y se preguntaba seriamente para qué estaba allí, en una manifestación de protesta que no le correspondía ni le importaba en absoluto. Bien podría Jun estar en su casa comiendo lo que desease en casa, o bien viendo la tele sin tener que preocuparse por nada ni por nadie, pero tenía que estar allí, pasando hambre sin ninguna razón que él considerase coherente. No quería tener nada que ver con la huelga, ni con el juego de Alice, ni con ninguna otra de las extrañas formas en que las Rozen Maiden intentan cumplir con los "designios de otou-sama". Era mortificante estar en medio.

-Hina se muere de hambre- se queja Hinaichigo por enésima vez en el día, y las demás muñecas estaban hastiadas de aquello- ¿No podemos irnos y comer, aunque se un poquito-nano?

-¡Absolutamente no!- responde Shinku con toda la rotundidad que era capaz por el hambre- Todas nos quedaremos aquí y resistiremos como se debe. En estos momentos Laplace no Ma debe estar muy preocupado y pensando en devolvernos nuestros campos N.

-Sí, claro- se burla Suiseiseki-. Ahora mismo Laplace está en una reunión de emergencia para resolver el problema y el dolor de cabeza que debe ser vernos aquí, muertas de hambre y con la constante tortura de varios juguetes que parecen estar de acuerdo con importunarnos hablando de comida-desu.

-No aguanto más ¿Cómo fue que me metí en esto?- se decía a sí mismo Jun- ¿Cuándo vendrá el conejo ese? Le arrancaré las orejas en cuanto lo vea. Si no fuese por él, no habría huelga ni estaría siendo obligado a inmiscuirme en nada de estas cosas que no me interesan para nada.

-Tampoco te quejes tanto, Jun- ordena Shinku, cada vez de peor humor-. Nadie quiere esto, pero debemos ser fuertes en vez de llorar sólo por un par de días de huelga.

-Años, si me cuentan todo el tiempo desde la última vez que me comí una muñeca- rectifica Kirakishou.

Jun no quería seguir escuchando nada. Aquella discusión no ayudaba para nada, y más bien aumentaba el hambre que lo atormentaba. Ya ni tenía ganas de levantar el cartel que tenía, después de todo no le importaba la huelga.

Los minutos pasaban tan lentamente que Jun y algunas muñecas se temía que el tiempo, en señal de burla hacia ellos, de vez en cuando hiciera que las manecillas del reloj diesen marcha atrás, de hecho, Jun revisaba la hora con temor en cada vez. Suigintou había encontrado una nueva forma de entretenerse (bueno, nueva no es, en realidad) llamando basura a cualquier juguete o muñeca que se le acercara para saludar, mientras Kanaria secretamente negociaba con algunos juguetes para proponerlos para que Mitsu les tomara fotos a cambio de que le colaran una galletita, pero siempre acababa malparada pues los juguetes no estaban interesados en ser modelos de una tienda de ropa. En fin, todos en la huelga estaban muy frustrados, y no era para menos.

-Ummm… Hina tiene que ir al baño…- el grupo entero voltea a ver a la muñeca fresa- Es enserio, Hina tiene que ir…

-Pero ve rápido, Hinaichigo, que no sabemos cuándo se puede aparecer Laplace- ordena Shinku.

Hinaichigo asiente y se va rápidamente de allí, y rápidamente su ausencia pasa a ser ignorada por todos, o casi todos.


Hospital

La ausencia de una de las enfermeras, junto con la misteriosa desaparición de todos los ancianos y una niña internada en uno de los pisos superiores despertó la alarma de todo el cuerpo de médicos y enfermeras, quienes se reúnen en la sala de juntas para discutir el caso. Según los indicios dados por algunos de ellos, la chica desaparecida se había dirigido a la zona geriátrica antes de desaparecer, y se supone que la enfermera extraviada estaba cumpliendo turno a cargo de su cuidado, lo que bien podría explicar su situación al intentar buscarla. El asunto pasaba entonces por explicar la desaparición de todos los ancianos, cosa que era realmente desconcertante. Uno de los médicos propone que fuesen a la zona de entretenimiento del geriátrico para buscar a los ancianos y, en vista de las circunstancias de la desaparición de Megu, con algo de suerte podrían encontrarla a ella también.

Todos los médicos y enfermeras estaban de acuerdo con la propuesta, después de todo, era lo más lógico que se les pudiera ocurrir a cualquiera de ellos. Pero ante la posibilidad de que hubiese alguna banda criminal que estuviera implicada en ese caso, o que pudiese surgir una situación de peligro de cualquier otra índole durante el rescate, el primer paso a tomar fue llamar a la policía para que les apoyase en el rescate.

Una vez que todo estaba listo para la búsqueda y (de ser necesario) el rescate, todos se movilizaron hasta la zona de recreación geriátrica, y los abruma ver una enorme barricada que tapa completamente la puerta principal de la zona. Seguidamente van a las entradas alternativas y encuentran exactamente lo mismo.

-Esto no puede ser ¿quién sería capaz de montar semejante bloqueo en una zona de ancianos?- pregunta una de las enfermeras más jóvenes en el grupo.

-Este tipo de casos no es nada típico- dice un policía que intentaba parecer muy conocedor del tema-. Tiene que tratarse de bandas delicuenciales juveniles que llevan sus malas influencias a donde quiera que pasen y crean desastres como este. Una vez tuve que unir fuerzas con mi equipo para derribar una barricada como esta, pero aquella vez fue en un reformatorio para chicos problemáticos, y desde luego no un lugar de recreación para viejitos.

-¿Y entonces qué hacemos?- pregunta un médico que tenía la barba muy despeinada por lo alterado que estaba.

-No se preocupen, déjenmelo todo a mí, que ya he tenido que derribarlo la vez que les dije. Sólo abran espacio.

El personal del hospital hace lo que el agente les había indicado, aunque no estaban del todo seguros que el intento del policía fuese a funcionar, especialmente por el riesgo que conllevaba el que ancianos estuvieran involucrados. El policía, junto con sus compañeros, retiran rápidamente el bloqueo hasta que el paso queda totalmente libre. Tal y como esperaban, allí estaban los ancianos que se habían desaparecido, pero no había rastro de ningún grupo criminal que lo hubiese podido raptar.

-Saludos, buenos señores- dice el policía con pompa y aires de grandeza-. Hemos venido porque escuchamos que ustedes habían desaparecido misteriosamente del resto del hospital, y por ello estamos buscando a aquellos bribones juveniles que pudieron haber hecho esto…

-Desde luego, porque según ustedes, nosotros no somos capaces de hacer nada por nuestra cuenta- interrumpe una anciana bastante chaparra y que tenía sujeto un bastón con mucha fuerza y furia.

Los médicos y enfermeras estaban estupefactos por la extraña reacción de parte no solo de aquella ancianita, sino de todos los viejos que estaban del otro lado de aquella puerta, los cuales tenían cara de pocos amigos.

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?- pregunta un doctor que apenas se veía al estar detrás del resto del grupo.

-Resulta que ahora nosotros mandamos aquí, señores- Megu aparece cuando los ancianos abren paso para permitirle avanzar-. Este hospital nunca más volverá a ser una prisión o un centro de tortura sentimental y espiritual para nosotros. A partir de ahora así serán las cosas: si no toman en cuenta nuestras exigencias, mucho me temo que esta zona del hospital nunca más será accesible para ustedes, pues no podríamos confiar.

Los ancianos aclaman a Megu con vítores y la apoyan en todo lo que había dicho, haciendo ver al personal del hospital que no tenían otra opción, pues no podrían utilizar la fuerza para convencer a los ancianos. El policía presumido, viendo que no tenía sentido seguir allí, simplemente da la orden a su pelotón para retirarse de allí. No iban a ser más necesarios.


Residencia Sakurada

Shirosaki revisa una vez más la hora en su reloj, pues Nori y Enju se estaban tardando mucho en bajar. Finalmente logra verlos. Nori baja corriendo las escaleras y acaba tropezando en el último para de peldaños, dándose de cara contra el suelo. Enju tenía una camisa de cuadros escoceses con tonos oscuros que alternaban el rojo y el verde.

-¿Me podrían decir por qué tardaron tanto?- pregunta el falso humano tratando de no sonar molesto.

-Es que resulta que la mayoría de las camisas del padre de los chicos no me quedaban bien. Al parecer el señor Sakurada es angosto de hombros.

-Auch, qué dolor- Nori se soba la nariz brevemente mientras se levanta-. Vamos ahora, que Tomoe-chan debe estar sola en la calle, y ya casi anochece- ya casi salen todos, pero Nori se detiene nuevamente- ¿No se va a llevar a Barasuishou-chan, Enju-sensei?

-¡Es verdad, la había olvidado!- Enju sube nuevamente las escaleras, y Shirosaki se da un facepalm.

Nuevamente toca esperar un minuto hasta que el juguetero reaparece cargando a su muñeca, y entonces todos salen finalmente de la casa para buscar a Tomoe.

Curiosamente, al mismo tiempo que la puerta de la casa es cerrada, aparece Hinaichigo saliendo de la habitación del espejo. Lógicamente, Hinaichigo encuentra la casa completamente desierta, a pesar que esperaba encontrar a Nori con un enorme plato con uno de sus deliciosos platillos que ella tan bien sabía apreciar, por lo que aquello la hace sentir bastante decepcionada. Se estaba muriendo de hambre, se sentía mareada y no quería caminar mucho más, pero igual se dirige a la cocina para ver si había algo a lo cual clavarle el diente.

-¿Nori? ¿No hay nadie-nano?

Al menos las luces fueron dejadas encendidas, así Hinaichigo no iba a temer a la oscuridad ni a nada que se pudiera aparecer repentinamente. En la cocina no había nada, cosa que aumenta aún más la decepción y frustración en la muñeca fresa. Estaba a punto de darse por vencida y dejarse caer en el suelo de la casa, cuando encuentra en la mesa un paquete grande de daifukus de fresa, y el solo verlos le da fuerzas renovadas para correr a su mayor tesoro.

-¡UNYUU! ¡Comidaaaaaa!

De un brinco se sube a la mesa y empieza a comerse los daifukus que había tomado. Era como si, después de varias semanas en un cruel y extenso desierto, hubiese dado con un fértil, dulce y hermoso oasis.

Pero la felicidad pronto se vería interrumpida cuando se escuchan pasos detrás de ella, y al voltear ve a una rabiosa Suigintou que extendía sus alas, abarcando casi todo el comedor.

-Yo siempre supe que acabarías haciendo esto, pero no esperaba que fueras tan hábil como para engañar a las demás con un truco tan ridículo ¿Una muñeca yendo al baño? Yo siempre supe que se trataba de una mentira, y ahora verás la consecuencia de vernos la cara…- por un breve instante, Suigintou ve la caja de daifukus, y nota que allí seguía habiendo una cantidad considerable- ¿Esas son de fresa?- Hinaichigo asiente levemente- Si son mis favoritos. Abre paso, que yo también voy a comer.

Ambas muñecas comen gustosas los daifukus que parecía que nunca iban a terminar. Tomoe había comprado una provisión bastante grande. Pero una vez más alguien interrumpiría el festín que se estaban dando las dos muñecas en la mesa.

-¡Ajá! Yo sabía que ustedes, bribonas, se guardaban algo-desu- era Suiseiseki que llevaba a su gemela sostenida de un brazo, y detrás de ellas estaba Kirakishou- ¿Cómo se atreven a esconderse para comer sin avisarnos? Son unas desconsideradas…

-Toma y calla de una vez- Suigintou les acerca a las tres muñecas otros tantos pedazos de daifuku, y ellas aceptan sin mediar más palabra.

Ahora eran cinco las Rozen Maiden que estaban tragando como si no hubiese un mañana, aunque Kirakishou tenía la vista fijada en Hinaichigo, de hecho, se le acerca y toma un salero para echárselo encima, cuando aparece Kanaria y se aclara la garganta para dar a conocer su presencia.

-¿Qué hacen ustedes allí?- las cinco muñecas no sabían qué responder a esa interrogante- Cómo me decepcionan todas ustedes. Si realmente tienen pensado saltarse una huelga, tienen que hacerlo como tiene que ser. Vamos a casa de Micchan, que allí vamos a cenar como reinas-kashira.

Kirakishou, Hinaichigo, Souseiseki, Suiseiseki y Suigintou no se toman ni un segundo para seguir a Kanaria para dirigirse a una espectacular cena. Hinaichigo estaba a punto de saltar, pero antes se acuerda de los daifukus y los vuelve a envolver, agarra la bolsa como si fuese un saco y va tras el resto del grupo.

Todas se reúnen en la habitación del espejo antes que Kanaria abriera el portal para llegar directamente al portal de su médium, y entonces ese "saltarse la huelga" que ella mencionaba da comienzo.

CONTIUARÁ…


¿Y bien? ¿Qué opinan de lo recién subido? Espero que haya sido de su más especial agrado, pues este capítulo ha sido con bastante dedicación y cariño. Por ahora los dejo, y pronto subiré el siguiente capítulo, siempre y cuando pueda hacerlo :D

Hasta otra