Advertencia: Sí, es hora de continuar con esta historia que no es mía, sino de los lectores (¿qué pensaban?), pues si no fuese así, no lo escribiría. Bueno, ya basta de filosofar, llegó la hora del capítulo.
Las afrentas frente a la casa
Jun y Shinku se hallaban solos, pues no solo las muñecas habían ido "al baño", como dijeron todas, sino que también los distintos juguetes que estaban de espectadores se habían retirado de allí hacía un rato. La soledad en que se hallaban sumidos era realmente incómoda, como todo lo demás que había pasado Jun desde que empezó la huelga. Shinku tenía consigo el libro en alemán que tanto le gustaba leer, y de hecho lo leía pasar el rato, pero a juzgar por su rostro, el hambre no se lo ponía fácil para concentrarse.
─ Qué hambre tengo. Ojalá todo esto se termine pronto─ expresa casi sin querer, y ve cómo Shinku cierra el libro y lo guarda dentro de su maleta.
─ Todos queremos que esto no dure para siempre, Jun─ dice la muñeca con tono comprensivo y sereno, cosa que Jun no pensaba posible en esa situación─. A mí tampoco me gusta estar aquí, pero es necesario resistir, no por el juego de Alice, sino para no permitir que Laplace se burle del honor de las Rozen Maiden. Otou-sama no creó muñecas para que sean títeres de un ridículo conejo con traje, sino porque por medio de nosotras demuestra el amor que siente por Alice, el orgullo que nos caracteriza como sus creaciones no puede ser mancillado de esta manera, pase lo que pase. Es por esa razón que hice esta huelga de hambre, para hacerle comprender que nosotras no seguimos sus designios. No pelearemos bajo sus términos, ni nos quedaremos de brazos cruzados ante sus medidas raras.
─ Comprendo, ¿pero no crees que esta medida es algo extrema?
─ En absoluto. Esta huelga es la única manera de mostrar nuestro desacuerdo…
─ Pero aún tienen la alternativa de darle una buena lección─ Shinku se queda de piedra ante la sugerencia del chico─. Puede que él no sea un ser ordinario, pero no creo que sea imposible ponerlo en su lugar si todas unen sus fuerzas.
─ Bueno, eso lo tendré que pensar en cuanto lo vuelva a ver─ Shinku voltea la cara, bastante sonrojada al notar que la idea de Jun era, posiblemente, mucho mejor que la suya.
Ambos se quedan en silencio un par de minutos, haciendo nada, pues no había nada que se les ocurriera en ese momento. Jun mira la hora en su reloj, comprobando que las otras muñecas se habían ido hace casi diez minutos.
─ Qué fastidio. No se me ocurre nada para que se me olvide la comida…
─ Entonces pon la mente en blanco, en vista que no puedes distraerte─ sugiere la rubia.
─ Lo intentaría, pero cada vez que pongo la mente en blanco, entonces se me aparece el desayuno que hizo Nori antes que empezara esta locura.
Shinku suspira un tanto frustrada, pues veía como misión imposible hacer que Jun dejara de quejarse de hambre. Aún no le alarmaba la ausencia de sus hermanas, ni la coincidencia que representaba la ausencia de todas al mismo tiempo. Estaba más concentrada en pelear contra su hambre como para estar pendientes de las demás.
Residencia Kusabue
─ A ver, ¿quién quiere filete en salsa de naranja?─ canturrea Mitsu, y las seis muñecas alzan muy animadas las manitas.
Está de más decir que las Rozen Maiden se estaban dando un banquete en la mesa del comedor, donde Mitsu las estaba tratando como reinas. Todas estaban tan contentas con la comida que incluso Suigintou de buena gana se dejó poner un babero antes de empezar a degustar su parte, y Kirakishou no había volteado a ver a Hinaichigo desde hace rato.
─ Esto está superbueno-desu.
─ No se hubiera molestado en cocinar todo esto─ expresa Souseiseki algo apenada.
─ No es nada─ dice Mitsu con una sonrisa enorme y un tono dulzón que empalagaba─. Kana me dijo que en su viaje aprovecharon para hacer publicidad a mi nuevo proyecto de ropa para muñecas, y gracias a eso, estoy percibiendo unas ganancias exorbitantes en apenas un día. Ya ni siquiera necesito trabajar de camarógrafa. En la compañía me cambiaron a diseño de los nuevos modelos, y eso significa un aumento adicional en mi sueldo, junto con mis ganancias en la nueva tienda. Gracias a ustedes ya terminé de pagar mi hipoteca, y a partir de ahora son bienvenidas a comer lo que deseen, no importa qué sea.
─ Esto está muy rico─ Kirakishou se agarra el rostro para mostrar su gusto por lo que comía─. Está incluso mejor que comer una muñeca. Quiero que Micchan sea también mi médium, onee-sama amarilla.
─ Ya iremos hablando sobre ello, no te preocupes-kashira.
Mitsu sirve seis vasos enormes de merengada de fresa, a lo que las muñecas dan hurras por ello. El hambre que habían pasado hizo que aún no se sintieran del todo satisfechas, por lo que aún estaban esperando por más en cuanto se acabaron lo que tenían en los platos. Mitsu les sirve plátanos asados con ensalada, y luego venía una ración generosa de salchichas con puré de papa y zanahoria.
─ Espero que luego de esto aún sigan con hambre, porque de postre habrá daifuku de fresa, tal y como los que le sirvo a mi Kana.
Hinaichigo sentía cómo la boca se le hacía agua, a pesar de que hace unos minutos había estado tragando como una mendiga los daifukus que había dejado Tomoe en casa de Jun. Las demás muñecas también tenían el descaro como para aceptar el ofrecimiento de la humana, y continuaron comiendo como si fuesen reinan todas. Habían de momento olvidado cualquier cosa que tuviera que ver con la huelga, hasta que es precisamente la muñeca francesa la que se acuerda de Jun y Shinku.
─ Umm… ¿qué hay de Jun y Shinku? ¿Ellos no vendrán a comer para la próxima-nano?
─ No te preocupes, ellos están a gusto por allá─ dice Suigintou con algo de burla─. Además, piensa que esta comida la estamos disfrutando por ellos, comemos por ellos también, no solo por nosotras.
─ Ah, está bien.
Suiseiseki ríe entre dientes ante lo malévola que podía ser Suigintou a la hora de decirle mentiras a Hinaichigo, incluso se permitió pensar que era casi tan hábil como ella (para ser troll, claro está).
Mitsu en realidad no sabía nada sobre la huelga que las muñecas habían organizado en el campo N. Kanaria todo el tiempo le había hecho creer que en realidad estaban de viaje para conseguir juguetes y muñecas que supieran de la reciente iniciativa de la humana para vender ropa cuyo diseño había corrido por cuenta de ella misma, y a Kanaria le alegraba de sobremanera ver que el plan había resultado en un rotundo éxito, infinitamente mejor que la huelga de hambre.
Residencia Kashiwaba
Nori, Shirosaki y Enju estaban frente a la puerta de la casa. Llevaban como treinta segundos tocando el timbre para ver si la delegada les abría y les permitía explicarles sobre lo que "había visto", aunque Enju seguía sin entender del todo lo que había pasado.
Barasuishou o se encontraba con ellos. Enju había tomado un desvío a mitad de camino para dejar a su muñeca en la tienda antes de alcanzar a los otros dos para continuar la travesía.
─ ¡Tomoe-chan! ¡Por favor abre la puerta!─ suplica Nori por tercera vez.
─ Tal vez no hay nadie en casa. No escucho nada tras la puerta─ opina Enju.
─ Es lógico. No se puede oír nada si hacemos ruido para llamar a Kashiwaba-chan─ explica Shirosaki, como si tratara que Enju entendiera por qué tres por cuatro es igual a doce.
Nori no estaba participando en absoluto en la discusión. Le importaba mucho más Tomoe, arreglar el malentendido para que no se viera comprometida la amistad entre su hermano y ella. Seguía sin haber nadie que atendiera, y Nori empezaba a sentirse asustada por la delegada.
─ Pobre Tomoe-chan. Debe estar dolida. Voy a tener que entrar por alguna de las ventanas para poder verla─ dice ella luego de desistir de sus intentos iniciales─. Shirosaki-san, ¿puede ayudarme a subir a la habitación de Tomoe-chan? Quizá se haya quedado dormida en cuanto llegó, y por eso no atiende a nuestro llamado.
─ De acuerdo, con gusto te voy a ayudar.
Shirosaki ofrece sus hombros para que Nori pisara sobre ellos y tratara de encaramarse, eso era lo fácil, y lo difícil llega cuando el falso humano se levanta y trata que Nori no se cayera de encima suyo.
─ Ten mucho cuidado, que la tierra en este jardín es algo dura─ señala Enju.
Shirosaki asiente apenas, pero se le hacía cada vez más complicado, además que Nori también tenía serios problemas para mantenerse estable, y lo peor de todo es que aún no lograba alcanzar la ventana. Shirosaki se tambalea un poco más y se ve obligado a moverse lateralmente. Nori grita de miedo, y Enju sostiene a ambos para evitar una caída, pero la naturaleza, traidora cuando le divierte hacerlo, hace soplar viento que le empieza a levantar la falda de la chica.
─ ¡Deja de moverte tanto, Shirosaki!
─ Eso intento, Enju-sensei…
Curiosamente, el chico de apellido Yamamoto, tan famoso por intentar varias veces, sin éxito, invitar a Nori a salir, estaba pasando por allí cerca, pensando en una nueva manera para invitarla. No se imaginaba que en ese momento, a unos metros de donde estaba, se encontraba Nori en un serio apuro.
─ Umm… Sakurada-san, te invito al cine este sábado… No, ya lo intenté dos veces este mes─ el chico hablaba consigo mismo, tal y como seguro se imaginan─. Tal vez deba llevarla a una heladería… ¿pero y si tiene problemas con el azúcar o la lactosa? Vaya problema en el que estoy…─ en ese momento voltea a ver, por mera casualidad, hacia donde estaba el grupo que trataba de trepar la pared─ ¿Sakurada-san?
Ver a Nori encima de un hombre adulto, y que otro adulto intentara sostenerla por los pies, para Yamamoto, era señal de que la chica se hallaba en serias dificultades, víctima de los abusos de dos criminales muy peligroso que intentaban hacerle algo horrible. Llenándose de valor en ese momento, Yamamoto corre para salvar a Nori, y es ahí cuando el viento sopla con mayor fuerza y levanta completamente la falda de Nori, permitiendo al chico tener una vista completa del secreto que se escondía debajo.
─ ¡KYAAAAAA! Por favor no miren, chicos─ suplica Nori cuando se da cuenta de lo que le ocurre. Estaba completamente roja y parecía tener ganas de llorar─. Pero qué tragedia. Si alguien me llega a ver, entonces no podré casarme jamás.
─ Mejor preocúpate por no caer─ dice Enju, haciendo fuerza para mantener la poca estabilidad que lograban mantener Shirosaki y Nori.
Yamamoto por su parte queda instantáneamente noqueado al ver la ropa interior ajustada y muy marcada en el trasero de Nori. Había resultado demasiado para él y sus desprevenidos ojos, pero ninguno de los otros tres se dan cuenta de su presencia. Había quedado allí, tirado en el piso, con la cabeza sobre un charco de sangre que provenía de su nariz, y con ligeras convulsiones que revelaban que aún estaba vivo.
Nori logra alcanzar el marco de la ventana de la habitación de Tomoe, y entonces recurre a toda su fuerza para trepar e impulsarse hacia el interior de la habitación. Shirosaki empieza a mover sus doloridos hombros mientras se quejaba de lo engañoso que era el aspecto de la chica. Enju mira en busca de alguna señal que indicara que Nori estaba bien, pero ella no daba ninguna señal de haber encontrado nada.
─ ¡Qué raro! Tal vez fue directo a abrirnos la puerta.
─ Demonios. Pensé por un momento que los brazos se me iban a desprender. Esa chica pesa más que un camión─ se queja Laplace, aun moviendo los brazos─ ¿Qué tal le fue? ¿Encontró a Kashiwaba-chan?
─ Ni idea, pero ojalá que sí. Es muy tarde como para que ella esté paseando por allí como si nada.
Enju y Shirosaki pegan los oídos de la puerta para comprobar si Nori se aproximaba a ellos, pero sólo oían un lejano llamado. Nori estaba buscando a Tomoe en el interior de la casa. Ya Enju pensaba en la posibilidad que Tomoe ni siquiera se encontraba en casa, y que por eso ella no les había respondido en todo el tiempo que llevaban llamándola. Bien podrían decírselo a Nori, pero al parecer ya estaba al otro lado de la casa, pues no podía oír sus llamados.
─ ¿Qué tal si vamos al jardín? Allí podríamos encontrarnos con Sakurada-chan─ propone Laplace.
─ Yo también pienso lo mismo. Vamos.
─ ¿Qué están haciendo?─ los dos adultos se detienen al comprobar que Tomoe estaba justo detrás de ellos.
─ ¿Kashiwaba-chan?
─ Pensamos que habías llegado a tu casa─ dice Enju.
─ No. Primero tuve que pasar por el supermercado para comprar unas cosas que me iban a servir para hacer la cena, pues mis parientes no iban a estar en casa esta noche─ explica Tomoe, mostrando una bolsa con víveres.
─ Ya veo, eso lo explica todo─ Enju suspira un poco aliviado─. Lo que pasa es que la hermana de Sakurada-kun quería hablar contigo. Es acerca de un malentendido que hubo…
─ No se preocupen, no me molesta en absoluto─ responde Tomoe con serenidad, cosa que extraña tanto a Shirosaki como a Enju─. Sakurada-kun sabe lo que hace, y la verdad es que puso un poco triste saber que tenía ese tipo de relación con usted, Enju-sensei─ finalmente el juguetero comprende en qué consistía el malentendido─. La verdad es que a mí también me gusta Sakurada-kun, pero si él lo quiere a usted, lo único que puedo hacer es hacerme a un lado y aceptar esa relación.
─ ¿Quéee? ¡Por supuesto que no! Yo jamás tendría nada con él, si para empezar es menor de edad, y además yo ya tengo a alguien que me gusta─ Tomoe abre bastante los ojos, sorprendida─. En realidad no pasó nada, si Sakurada-kun ni siquiera estaba en casa. Yo sólo estaba… estaba…
─ Enju-sensei estaba bañándose─ salva Shirosaki.
─ Exacto. Es que un auto me salpicó todo de barro y tuve que bañarme. Entonces la hermana de Sakurada-kun me ofreció ropa y me dijo que podía vestirme en la habitación de él. Eso fue todo.
La mentira de Enju había encedido una pequeña esperanza en Tomoe, a quien los ojos se le ponen bastante brillantes y se le dibuja un ligero rubor en las mejillas. Por un momento Enju y Shirosaki pensaban que Tomoe no se había tragado lo del charco de barro y el auto, y respiraron aliviados al comprobar que sí funcionó. Tomoe, nuevamente en su pose serena, se abre paso entre los dos adultos y abre la puerta sin necesidad de usar llaves, cosa que deja boquiabiertos a los dos.
─ ¿Eso no tenía seguro?
─ Pues no. Mis padres raramente se acuerdan de hacerlo, y por ello siempre tengo que hacerlo yo─ dice Tomoe como si nada, y entonces se da cuenta de algo─ ¿Quién es ese chico de allí?─ señala al inconsciente Yamamoto.
─ Ni idea. No lo conocemos─ responde con simpleza Enju.
─ Hay que ver que las nuevas generaciones están cayendo bajo─ Shirosaki niega con la cabeza, bastante decepcionado─. La edad ya no es ningún impedimento para que se pongan a beber como unos borrachos asquerosos o tengan peleas en plena calle. Mucho me temo que es cuestión de tiempo para que por aquí deambule un Brayan, un Maicol o una cosa rara por el estilo. Menos mal que tú sí eres una persona íntegra y moral, Kashiwaba-chan.
Tomoe solamente se encoje de hombros y permite el paso de Enju y Shirosaki. Al menos todo había quedado resuelto.
CONTINUARÁ…
Fin del chapter ¿algo que comentar? Se les agradece que sí comenten algo para comprobar qué tal vamos en esta interacción escritor-lectores, que siempre es importante. De verdad me gustó mucho hacer esto, y espero que hayan disfrutado el leerlo.
Hasta otra
