Advertencia: Capítulo listo, misión lograda. Hacer fics lo he tomado casi como una misión de vida en cuanto empecé a esbozar las primeras ideas, y por eso me parece un sueño cumplido cada vez que subo un OS o un capítulo
Mentiras pro huelga
Ya se había hecho bastante tarde, y las seis Rozen Maiden ausentes no daban señal alguna de volver, cosa que empezaba a preocupar a Jun y Shinku. Ya era bastante grave si sólo Hinaichigo llevara todo ese tiempo fuera, pero todas las demás deberían haber regresado o solucionado lo que fuera que retuviera a la muñeca fresa. Shinku se pone de pie y se prepara para ir en busca de sus hermanas, pero se detiene al ver que todas regresaban al mismo tiempo.
─ ¿Se puede saber qué pasó para que tardaran tanto? ─ pregunta Shinku con reproche, cosa que no gustó mucho a las seis muñecas.
─ Es que Hinaichigo se desmayó en el baño y tuvimos que sacarla ─ inventa Kanaria con una habilidad que logró engañar a Shinku y a Jun ─. Estábamos muy débiles por el hambre y la puerta estaba cerrada desde dentro, además que Nori no se encontraba en casa, por lo que tuvimos que trabajar largamente para liberarla-kashira.
Shinku estaba a punto de mofarse de aquella excusa que le parecía ridícula, pero Hinaichigo muestra también habilidad al fingir debilidad y quejarse falsamente de hambre para luego lanzarse a los brazos de Souseiseki (la alternativa era Kirakishou, así que prefirió optar por la gemela menor). Shinku no dice nada más, se sienta nuevamente y se deja llevar por el agotamiento, pues el solo hecho de levantarse era suficiente para agotarla y marearla un poco. La verdad era que las otras muñecas estaban realmente bien después del banquete que les había proporcionado Mitsu durante el tiempo que estuvieron ausentes, y antes de regresar se pusieron de acuerdo con mantener el secreto de ello y fingir que estaban acabadas por el hambre. El teatro montado había resultado ser bastante efectivo, no levantaron sospecha alguna, justo como lo esperaban.
─ Por cierto, ¿no trajeron algo de agua? Eso no está contemplado en una huelga de hambre ─ dice Jun, que parecía incapaz de levantarse de la silla.
Hospital
─ ¡Siguiente número, N34! ─ gritaba Megu.
Gracias a que Megu y los ancianos habían logrado convencer a los doctores a rendirse y someterse a sus condiciones, Megu pudo convertir la triste sala de entretenimiento para ancianos en un salón de bingo y otros entretenimientos elegidos por los ancianos, y ella lo estaba pasando en grande al ver cómo los viejitos se disputaban unas fichas en apuesta jugando con unos cartones. En un principio Megu no comprendía en qué consistía ese juego tan curioso, pero pronto le pudo seguir la corriente y se ofreció para cantar los números. Era casi tan divertido como los videojuegos. Megu finalmente sentía que no le faltaba nada a su otrora incompleta existencia, con la única excepción de su querida muñeca.
─ ¡Bingo, síiiii! ─ gritaba una viejita que casi se desploma en cuanto suelta su bastón.
Otra cosa bastante interesante para Megu era la forma en que se celebraba el haber cantado bingo. Era extrañamente placentero ser el receptor de varios mensajes de frustración e insultos por haber completado el cartón primero que los demás, ya ella había pasado por aquello. Ya se había hecho muy tarde, el reloj marcaba casi la medianoche, por lo que tuvieron que dejar para otro momento los juegos, pues todos estaban ya muy agotados, incluida Megu.
─ ¡Bueno, ya es hora de dormir! ¡Agradezco el esfuerzo de todos por hacer que nuestra existencia en este manicomio fuera mucho más tolerable, y ahora finalmente somos los dueños de nuestro espacio! ¡Mañana nos encontramos nuevamente y seguiremos jugando como si no hubiese un mañana! ─ todos los ancianos aclamaron a Megu al finalizar su discurso.
Fueron casi quince minutos recogiendo mesas, cartones y llevando a su respectivo lugar las botellas que se habían traído para celebrar su victoria, pero igual eso no mermó la alegría de los ancianos, pues ahora se sentían nuevamente vivos y activos, justo igual que Megu.
Después
En vista que su habitación era la más lejana de la sala de juegos en relación con sus colegas jubilados, Megu se fue de allí con paso mucho más lento para no sentirse cansada en cuanto llegara, pues su constante encierro implicaba que no estaba a tono físicamente, y tendía a agotarse rápidamente cuando caminaba aprisa o corría. Era extraño pasar por los pasillos tan tarde por la noche. Las luces seguían encendidas, y hasta parecían más centellantes por el agotamiento en sus ojos, pero todo el camino estaba solitario. No escuchaba más pasos que los suyos. Los doctores que normalmente estaban a mitad de camino no estaban. Miró por un momento por a su alrededor, y por dentro sentía una paz que no recordaba haber sentido por sí misma en toda su vida, y no era para menos, pues había salvado a todo un sector del hospital y a sí misma de la miseria en que se hundían por su condición de salud. Siempre despreció haber nacido defectuosa, pues eso significaba que nunca podría crecer al lado de otros niños, jugar a cosas propias de su edad, tener amigos, y siempre debía estar a la expectativa del momento en que finalmente moriría, pero ese momento nunca llegaba. Ya estaba cansada, y fue reconfortante que tomara una decisión al respecto.
Justo cuando llegaba al piso donde se hallaba su habitación, encuentra a un niño menor que ella, estaba muy asustado y temblaba a mitad del pasillo. La chica siente curiosidad de lo que podría haberle pasado, y entonces se le acerca para hablarle.
─ ¿Qué te ocurre, pequeñín?
─ Es que hay un monstruo andando por el hospital ─ responde el pequeño, y Megu arquea las cejas ─. Salí por un momento para ir al baño, pero entonces noté una presencia que está caminando por allí, haciendo cosas raras, y ahora me da miedo regresar solo porque creo que me está buscando.
Llena de curiosidad y emoción, Megu mira hacia el larguísimo pasillo, pero no ve ni escucha nada. En cierto modo quería darle la razón al niño, y es que el silencio ahora empezaba inquietaba un poco. Avanza un poco hasta las esquinas del camino y mira a ambos lados, pero todo seguía vacío. Entonces escucha unos pasos lejanos y algo irregulares, y entonces también se asusta. El niño parecía que quería llorar, se esconde tras Megu y se sostiene de su camisa.
─ ¿Qué fue eso?
─ Tranquilo, que aún no pasa nada ─ trata de calmar Megu, aunque ella misma empezaba a temblar un poco ─. De seguro se trata de alguien más que también quiere ir al baño. Mejor vamos a tu habitación, que no son horas de estar fuera.
El niño asiente y toma de la mano a Megu para juntos caminar a lo largo de los pasillos. Megu de vez en cuando le pregunta al niño dónde estaba su habitación, y el niño siempre le señalaba la dirección a tomar, aunque Megu piensa que las respuestas del niño eran más bien aleatorias, principalmente porque en algunas ocasiones ve las mismas puertas de habitaciones, e incluso reconoce el consultorio de dermatología en cuatro ocasiones.
─ ¿Estás seguro de qué sabes dónde está tu habitación? ─ pregunta Megu ya cansada, pues tenía más de media hora dando vueltas con el niño.
─ En realidad no. Me internaron esta tarde porque me dolía la barriga ─ Megu miraba sorprendida al niño, pues aquello significaba que habían estado dando vueltas sin razón por todo el piso ─. Extraño a mi onee-chan, ella se había quedado dormida en la habitación y no le dije cuando salí, y ahora estoy perdido.
─ ¿No recuerdas el número de la habitación de casualidad? ─ pregunta Megu tratando de hallar una pequeña esperanza.
─ Yo no sabía que las habitaciones tenían números ─ y ahí se fueron las esperanzas de la chica.
Las opciones se habían cerrado completamente. Megu no podía ya fiarse de la orientación del niño si este no tenía ni idea de dónde estaba parado, y tampoco podía llamar y abrir puerta por puerta, pues eso le tomaría toda la madrugada y le valdría no pocos regaños de parte de los demás pacientes. No tenía de otra, toma nuevamente la mano del niño y se decide a llevarle para que durmiera con ella en su habitación, y entonces escucha nuevamente unos pasos irregulares y escalofriantes.
─ ¿Quién anda ahí? ─ pregunta Megu mucho más asustada que antes.
La chica retrocede un par de pasos, y entonces siente algo extraño en la planta del pie, mira abajo y encuentra que el pequeño se había mojado del susto.
─ ¿No dijiste que habías ido al baño?
─ Lo intenté, pero ya me había perdido.
Megu no podía creerse que pudiera pasar tan rápido del mejor día de su vida desde que conoció a Suigintou, a tener que pasar miedo con un niño que no conocía, en medio de pasillos que parecían nunca acabar, y encima con la posibilidad de una presencia andando por allí, no muy lejos de ellos.
No tenía sentido esperar a que algo más ocurriera, continúan ambos el camino hasta que llegan a la habitación, y Megu se alarma al comprobar que ya estaba pasada la una de la madrugada, y aún tenía que limpiarse el pie mojado. Le da uno de sus propios pijamas al niño para que se cambiara y procede a limpiar la cama para que estuviera apta para dormir, pues había dejado allí casi todos los juegos que había probado por la tarde.
Una vez que todo estuviera hecho, ambos jóvenes se acuestan juntos para dormir. Era una suerte que la cama fuese lo bastante amplia para permitir ello, y así Megu no estaría muy incómoda, mientras que el niño se duerme en el acto. Era comprensible, ya era muy tarde y seguramente estaba cansado, justo igual que Megu. Estaba lista para dejarse llevar por el mundo de los sueños, descansar de aquel día tan animado como agotador, y despertar por la mañana para seguir disfrutando de todas las cosas que había conseguido gracias a su obstinación y perseverancia… o al menos así pensaba hasta que escucha que alguien tocaba la puerta.
─ No puede ser ¿Es que no quieren que yo duerma?
Quien fuera que se tratase, no paraba de tocar la puerta, cada vez con mayor fuerza. Megu se levanta nuevamente y mueve el interruptor de la luz, pero esta no se enciende. Era extraño. Ignorando por un momento aquellos molestos toques, revisa por la ventana y nota que se había ido la luz en la mayor parte del hospital. Algo andaba mal, muy mal. Con cautela se dirige a la puerta y abre para atender a quien tocaba, y ante ella aparece una enorme, peluda y grotesca sombra, la cual empieza a acercarse arrastrando los pies de manera irregular, y Megu reconoce en ellos los misteriosos pasos que el niño y ella habían escuchado.
─ ¡AAAAAAAAAARRRRRGGGGGHHHHHHHH!
El niño se levanta de golpe de la cama, asustado por el alarido de terror de Megu, y la sombra misteriosa retrocede un poco. Ambos jóvenes corren hasta la pared más alejada de la habitación y se abrazan muy asustados. Megu empieza a rezar internamente para que se apareciera Suigintou y la ayudara, o esa criatura podría hacer algo que no estaba dentro de lo que ella esperaba antes de morir.
─ ¡Yuuichi! ¡Te he estado buscando por todos lados! ─ grita la sombra con voz de una chica, cosa que sorprende a ambos menores.
─ Esa voz es de… ¿onee-chan?
─ ¡La próxima vez que salgas por ahí procura avisar! ─ la luz regresa y es revelada la imagen de una chica de dieciocho años con el cabello totalmente alborotado y con un yeso en un pie ─ No sé por qué papá y mamá me dejaron aquí, justo cuando me dijeron que podía volver a casa, y encima tengo que cuidarte porque no puedes estarte quieto ─ la chica mayor voltea a ver a Megu y le hace una pronunciada reverencia ─. Me disculpo por todas las molestias que le ha causado mi hermano menor. Es muy inquieto y se pierde con mucha facilidad.
Megu no dice nada, sólo se quedaba mirando a la otra chica cuando toma de la mano al niño y se lo lleva en medio de regaños. Ese momento fue bastante raro, y el día ahora sí le había dado todas las emociones que esperaba sentir en una vida. Tuvo ella misma que cerrar la puerta y apaga las luces para acostarse nuevamente, pero siente una extraña humedad en su cama.
─ Demonios. Ese niño se volvió a orinar, y encima se llevó mi pijama… y sigo sin saber a qué habitación se fue. Vaya noche la que estoy teniendo.
Campo N al día siguiente
Nuevamente había una congregación importante de juguetes alrededor de la huelga, incluyendo a algunos que llevaban cámaras de televisión. A las Rozen Maiden (excepto Kanaria, pues así podía seguir haciendo publicidad) no les hacía ninguna gracia aparecer ante las pantallas, y Jun nuevamente fingía dormir, aunque los quejidos que emitía cada vez que le gruñía el estómago lo delataban.
Shinku estaba en su propio mundo, pensando en si Laplace se habrá dado cuenta de lo popular que se había hecho la huelga. Seguramente ya estaba en camino para tratar de negociar, llegar a algún término que las muñecas no dudarían en hacer favorable. El gran problema para Shinku era que sus ensoñaciones sobre ese panorama encarnaban para ese mismo momento, en vez de pensar como antes en una solución de un par de días o al menos en unas cuantas horas. Hinaichigo no estaba chillando de hambre como lo hacía el día anterior, pero eso no despertaba ninguna suspicacia de parte de Shinku y Jun, quienes creían que simplemente se había cansado de quejarse.
Por si las desgracias para ambos no fuesen suficientes, aparece una muñeca que se abre paso entre la multitud para vender papas fritas. Las demás muñecas fingieron cabrearse por ello para mantener las apariencias, y desde luego fue Shinku la primera en levantarse para echar de allí a esa muñeca tan impertinente, pero ella era apenas la primera de una larga lista de juguetes que vieron en la huelga una gran oportunidad para hacer negocio vendiendo comida.
─ ¿Pero qué significa esto? Ese conejo desgraciado debe estar detrás de todo-desu ─ gruñe Suiseiseki al ver a un nuevo juguete montando un puesto de perros calientes.
El olor que empieza a apoderarse del lugar, producto de todos los comestibles que estaban siendo vendidos, habían reabierto el hambre en las muñecas que se habían saltado la huelga, y nuevamente empezaban a sentirse furiosas, pues veían esas ventas como una burla hacia ellas y la desgracia que tenían que vivir en esa huelga. Jun es el primero que acaba levantándose y ahuyenta a gritos a toda la multitud para que dejaran de hacer esas cosas, pues no hacían sino hacer más angustiante su hambre.
─ Miren esto, el humano defendiendo nuestros torturados estómagos. Se nota que es muy sacrificado ─ se burla Suigintou fingiendo admiración.
─ Ya sabía yo que ese chibi-ningen se preocupaba de vez en cuando por alguien que no sea él mismo-desu.
Shinku en cambio agradecía sinceramente que Jun corriera a los inoportunos, pues también ella se sentía torturada con ese panorama tan horroroso a su parecer. Eso sirvió para que el grupo de juguetes congregados se redujera considerablemente, cosa que agradó también a las muñecas, aunque Kanaria igual se sentía satisfecha al haber promocionado la tienda de su humana.
Souseiseki y Kanaria miran con disimulo el reloj de Jun antes que este se volviera a sentar, y comprueban que ya eran las doce del mediodía, hora en la que, según habían acordado el día anterior, irían nuevamente a la casa de Mitsu para comer nuevamente, y es que la humana las había invitado con sumo cariño. Con un gesto, ambas muñecas pasan el mensaje hasta que las seis traicioneras estaban enteradas que ya era hora. Era momento de repetir el disimulo.
─ Oww… Hina tiene que ir al baño otra vez-nano ─ dice Hinaichigo con voz falsamente debilitada y sosteniéndose el estómago.
─ Y nosotras vamos a acompañarla ─ salta Suiseiseki, también fingiendo debilitamiento ─. Será un problema si chibi-ichigo se vuelve a quedar inconsciente y encerrada en el baño, así que mejor la seguimos y le damos una mano-desu.
Shinku y Jun no mostraron mucho interés ni tampoco se opusieron a aquello, así que las seis muñecas aprovecharon que tenían la guardia baja para irse lo más rápido posible. Ya habían superado la etapa de hambre y no querían volver a pasar por allí. En resumen, Shinku y Jun podían irse al demonio desde el punto de vista de las demás.
CONTINUARÁ…
Listo, espero que hayan disfrutado de esta función escrita. A seguir escribiendo, pues todavía me falta mucho por hacer, y sé que muchos de ustedes aún tienen cosas por leer.
Hasta otra
