Advertencia: Aún sigo sin tener la posibilidad de leer el manga de Rozen Maiden Zero, cosa que me pone bastante mal, pero igual sé que debo perseverar, y mientras tanto les dejo el capítulo para que lo disfruten.

Descubriendo la mentira

Nori ya había terminado de desayunar cuando pone la tele para ver cómo le iban a su hermano y las muñecas, pues en todo momento le preocupaba que la huelga de hambre pudiera resultar dañina para alguno, sino todos. Alguien toca el timbre y Nori va a atender la puerta, y nuevamente resultaron ser Enju, Shirosaki y Barasuishou. Nori les da la bienvenida y les invita a tomar asiento mientras ella saca unas galletas del horno. Los tres recién llegados se dedican a ver la tele, también para comprobar el progreso de la huelga, y se extrañan mucho al ver que la única muñeca presente en dicha huelga es Shinku.

─ ¿Qué pasó con las otras muñecas? Qué raro ─ se extraña Shirosaki tomándose el mentón.

─ A lo mejor fueron al baño ─ sugiere Enju.

─ Enju-sensei, las muñecas no tienen ese tipo de necesidades fisiológicas. Eso es exclusivo para los humanos ─ dice Shirosaki, para sorpresa del juguetero.

─ ¿En serio? Pero si Barasuishou siempre dice que tiene que ir al baño cada vez que me ve cambiarme de ropa ─ Shirosaki y Nori prefieren no responder al señalamiento de Enju, y Barasuishou se pone roja a más no poder.

En vista que ese misterio iba a seguir sin ser resuelto, Enju vuelve su vista al televisor y disfruta de las galletas de Nori. La humana por su parte aprovecha su facilidad para acercarse a Barasuishou para empezar a contarle el cuento de Alicia en el país de las maravillas, y Barasuishou ponía mayor atención del que pretendía en un principio. Laplace empieza a preocuparse cuando ve a una muñeca de aspecto alemán y vestida en un estilo parecido a las Rozen Maiden, acercándose a Shinku y Jun con un micrófono.

─ ¿Qué carajo…? Se supone que les dije que no se acercaran ─ suelta Shirosaki sin darse cuenta, y Enju, Nori y Barasuishou lo escuchan perfectamente.

─ ¿Que no se acercaran a qué? ¿De qué estás hablando? ─ pregunta Enju con suspicacia.

Shirosaki empieza a tartamudear y no encuentra la manera de responder a la interrogante, cosa que extraña mucho a los demás. Nori mira nuevamente el televisor y se pregunta mentalmente si se trataba de aquella muñeca que se acercaba a Shinku.


Hospital

Megu se había levantado y preparado temprano para asistir a los ancianos en las actividades recreativas del día, las cuales todavía tenían que ser decididas. Aún sentía el tremendo agotamiento producido por los acontecimientos de la noche anterior, por lo que una parte de ella prefería regresarse a la cama para dormir un poco más, pero su nuevo sentido del deber no se lo permitía. Le había tomado cerca de una hora limpiar su cama esa madrugada, y hasta ahora no logró recuperar el pijama que había prestado a aquel niño, pero eso último no era importante en ese momento. Ya se encontraba en el segundo piso cuando encuentra a unos doctores hablando en susurros entre sí, y de inmediato comprende que aquello que debían estar hablando no podía ser bueno, al menos no para ella.

─ ¿Qué están haciendo? ─ interviene ella, asustando un poco a los médicos.

─ ¡Oh, nos asustaste! ─ responde un doctor bastante despeinado y con una barba que llegaba a la altura del pecho ─ S-sólo hablábamos de un paciente que se nos acaba de morir y… bueno, ya sabes que es difícil actuar cuando algo así pasa.

Megu decide no dar mayor importancia al asunto y continúa con su camino, mientras los médicos empiezan a sonreír con maldad. Habían engañado a Megu, y pronto llegaría la persona indicada para detenerla de sus intentos por revolucionar el hospital.

Megu sigue bajando hasta que llega a la zona geriátrica, y como era de esperar, es bien recibida por los viejitos y la ayudan a organizar las actividades del día. Lo primero que tocaba era una serie de competencias deportivas que duran hasta dos horas, en las cuales los ancianos se divierten en grande, incluso ignorando sus limitaciones físicas, lo que significó no pocas lesiones en las competencias de carreras y similares fuera del edificio hospitalario, pero igual se divertían en grande. Megu se sentía realmente bien haciendo algo importante, le estaba gustando el trabajo que tenía, pero al mediodía llegan los médicos en grupo, todos ellos con un aspecto bastante serio.

─ ¡Kakizaki Megu! ─ llama un doctor con lentes de montura de carey y con barba mal afeitada ─ En vista que estás presentando una conducta muy irregular para el reglamento del hospital, y de la imposibilidad de que podamos mantener el orden a causa de tu presencia, hemos decidido llamar y traer a la única persona que puede ayudarnos a solucionar esta situación tan caótica a la que nos llevaste.

Megu y los ancianos observan cómo los doctores abrían paso para permitir que entrara en escena un hombre que la chica conocía perfectamente, y eso era lo que le hacía despreciarle tanto.

─ Megu, no me imaginaba que pudieras poner de cabeza este hospital tan prestigioso. Lamentablemente voy a tener que llevarte de aquí y llevarte a un lugar más adecuado para que puedas comportarte como se debe, así que puedes empezar a despedirte.

─ Tú… papá…


Campo N

Shinku y Jun ven cómo se acercaba una muñeca bastante parecida a Shinku, aunque de corte alemán, e incluso iba vestida de forma parecida a las Rozen Maiden. Ambos se interesan por saber de dónde venía esa muñeca, pues nunca la habían visto, y su aspecto era realmente curioso.

─ Buenos días, mi nombre es Clarise ─ dice la muñeca con el micrófono ─, vengo de parte del canal Laplace TV para hacerles una breve entrevista para que las Rozen Maiden nos expliquen por qué han decidido no participar más en el juego de Alice, aunque veo que las demás doncellas no se encuentran.

─ ¿Qué habías dicho? ─ dice Shinku completamente sorprendida.

─ Que quería averiguar la razón por la que las Rozen Maiden…

─ No, no me refiero a eso ─ Shinku se levanta de su asiento, ignorando el mareo y el hambre que la acosaban ─. Tú dijiste que vienes de parte de un canal llamado Laplace TV ¿Qué clase de canal es ese?

─ Oh, ¿no lo saben? ─ ni Shinku ni Jun responden ni hacen ningún gesto ─ Laplace TV es el canal de televisión y patrocinador oficial del juego de Alice. Hemos estado sintonizando todas y cada una de sus batallas desde que empezaron hace siglos. Pensábamos que ustedes ya sabían de nosotros.

─ No, de hecho, es la primera vez que escucho del tal Laplace TV ─ Shinku sentía una llama encenderse dentro de ella, una llama de furia ─. Por el nombre que ustedes tienen, supongo que el dueño de ese canal es Laplace no Ma ¿o me equivoco?

─ Por supuesto, nuestro canal fue creado por Laplace-sama ─ Jun también empieza a sentir una amarga rabia encenderse dentro de él ─. Él nos dio la misión de transmitir cada una de sus batallas, y desde entonces ustedes han estado apareciendo en televisión en varios campos N donde son bastante populares. El juego de Alice es uno de nuestros programas con mejor rating, nadie se lo pierde por nada del mundo. Tendrían que ver cómo enloquece el público cuando ven la batalla de Shinku contra Suigintou, nunca falla para obtener audiencia los fines de semana…

Shinku y Jun no estaban prestando atención a lo que decía aquella muñeca llamada Clarise, la noticia les había impactado demasiado como para tomarlo con normalidad. Todo ese tiempo las peleas por el juego de Alice había sido un simple espectáculo. Todas las veces que Shinku peleó y arriesgó su vida tratando de disputar la posesión de las Rosas Místicas, Laplace lo tomaba como si fueran simples partidos de fútbol o peleas de boxeo, y encima ninguna de las muñecas sabía de aquello. El juego de Alice no era, a fin de cuentas, más que un número de actuación circense, y Laplace había tratado a todas las Rozen Maiden como sus payasos en todo ese tiempo.

─ Ese miserable de Laplace. Me las pagará muy caras ─ Shinku despedía un aura realmente aterradora, pero ni Clarise ni Jun lo notaban ─. Clarise, necesito que me confirmes una duda que tengo.

─ ¿Y luego podré hacerles una entrevista a las siete doncellas?

─ Puedes darlo por hecho.

─ Entonces dime ─ dice Clarise con una enorme sonrisa.

─ ¿Qué intenta hacer Laplace con la restricción de los campos N que otou-sama, es decir Rozen, nos había dejado a nosotras?

─ ¿Restricción? Yo no he oído nada de ninguna restricción ─ Shinku y Jun estaban contrariados por la respuesta de Clarise ─. Laplace-sama nos dijo que la próxima temporada del juego de Alice iba a desarrollarse en nuevas zonas y en nuevos campos N, y que los campos N habituales ya no se usarían más para las batallas, al menos por un tiempo.

Esa fue la gota que había colmado el vaso. Laplace en realidad jamás pensó en devolver los campos N, sino que quería obligar a las Rozen Maiden a abandonar sus hogares dimensionales para llevar las pelas a otro lado, y lo del pago no era más que una fachada preparada para justificar su artimaña. Shinku se jura internamente que Laplace no iba a seguir vivo mucho más tiempo, especialmente en cuanto le cuente a las demás lo que sabía.

─ Jun, tenemos que buscar a Suigintou y las otras. Esta huelga de hambre se levanta.

Jun se pone muy contento y trata de brincar para celebrar, pero el hambre se lo impide. Shinku se va de allí, rumbo a un espejo cercano que sabía habían usado las demás para "ir al baño".

─ Ehh, ya volvemos, vamos a buscar a las otras Rozen Maiden para que le concedan esa entrevista ─ dice Jun para no dejar así nomás a Clarise, y luego va tras Shinku.

El espejo conservaba el registro del lugar al que habían ido las demás, y Shinnku no duda en abrir el portal para atravesarlo, esperando salir de la habitación del espejo en la casa de su médium, pero lo que vería la sorprendería.


Residencia Kusabue

Las Rozen Maiden estaban a mitad de un nuevo festín a escondidas, y Mitsu les había servido, un par de minutos antes, un vaso grande de jugo de zanahoria con naranja, y entonces aparecen Shinku y Jun, aún sin darse cuenta de lo que estaba pasando.

─ Todas, escuchen la noticia que les traigo. Laplace en realidad estaba controlando el juego de Alice todo este tiempo, y en realidad no quiere devolvernos nuestros… ¿qué están haciendo?

Las seis muñecas se quedan con la boca abierta, sabiéndose descubiertas. Jun tenía un hilo de baba escurriéndose de la comisura de su boca, pero a la vez estaba muy molesto, pues las muñecas estaban todo el tiempo comiendo a sus espaldas.

─ ¿Cómo se atreven a hacer esto? ─ pregunta Jun empezando a alterarse ─ Estuve allá, en esa huelga, sometido a un hambre que no me concierne en absoluto, mientras que ustedes… ustedes… son unas hijas de… de… ¿eso es hígado? ─ dice señalando lo que comía Kirakishou.

─ Sí lo es ─ responde la finlandesa como si nada.

─ Abran paso, que me muero de hambre ─ Jun toma un poco de hígado del plato central desde donde Mitsu lo tenía y da fin a su terrible hambre.

La única que todavía no se unía al festín era Shinku, pues todavía seguía enojada por la traición de parte de sus hermanas, aunque estas podían notarlo sin que ella dijese nada. Afortunadamente, Mitsu había ido un momento al baño para lavarse la cara porque se había salpicado sin querer de salsa, así que ella no estaba presenciando esa escena tan tensa.

─ En serio me decepciona esta deslealtad de parte de ustedes ─ empieza Shinku cruzada de brazos, y las demás muñecas dejan por un momento de comer ─. Todo lo que quería era demostrar a ese miserable y traicionero conejo que juntas éramos mucho más fuertes que cualquiera de las artimañas que él se pudiera inventar. Me interesaba la defensa del honor de las Rozen Maiden, pero resulta que ni en ustedes se puede confiar cuando se trata de eso ─ esas palabras de la inglesa representaban un golpe directo para las muñecas, pero no dicen nada ─. Ya ni siquiera era por el juego de Alice, sino por nuestro honor como muñecas creadas por otou-sama. Me han decepcionado, y pensar que finalmente he descubierto un horrible secreto acerca de Laplace no Ma.

─ Shinku, pero es que ya nosotras lo habíamos descubierto, y por eso preferimos no estar más en la huelga, pero nos sentíamos muy débiles para ir, sobre todo Hinaichigo, así que comimos por adelantado ─ miente Kanaria en un desesperado intento por mantener la fachada del grupo ─. Ya nosotras sabíamos que… que… que Laplace no nos iba a devolver nuestros campos N, y que ese bicho estaba haciendo dinero a costa de nuestras peleas-kashira.

─ ¿De verdad lo sabían desde antes? ─ dice Shinku con sorpresa, pues eso era exactamente lo que quería informar a sus hermanas, y estas asienten algo dudosas ─ Ya veo, y yo pensaba que ustedes eran unas sinvergüenzas que sólo se saltaban la huelga. Vuelvo en un momento, debo traer mi taza de té para poder comer, pues la huelga ya no sigue más.

Una vez que Shinku desaparece del comedor y pasaran cinco segundos más, las demás muñecas miran fijamente a Kanaria, pues no esperaban que esta vez sus trucos funcionaran. Había sido una mentira demasiado precisa como para ser un mero invento al azar.

─ ¡Kanaria! Yo no sabía que habías desarrollado poderes psíquicos ─ empieza Suiseiseki dejando su puré momentáneamente ─. Seguro son esos sombreros raros que tu humana te hace poner siempre-desu.

─ No es eso ─ dice Kanaria muy divertida por la atención recibida ─. Es Jun, él me lo acaba de decir-kashira.

En ese momento, Jun saca de debajo de la mesa una servilleta que tenía unas notas escritas con salsa, y las otras muñecas se sorprenden, aunque al mismo tiempo querían reír por lo ingenioso que había sido el truco.

─ Por ahora disfrutemos de la comida. Es mejor que Shinku coma tranquila en vez que se ponga a regañarlas a todas, pues eso no es cómodo ─ dice Jun tranquilamente antes de atacar un ala de pavo que se encontraba a su alcance.

Todas las muñecas estaban de acuerdo en que Jun tenía razón, así que continuaron comiendo hasta que llega Shinku y le abren espacio para que también se sentara a comer junto con Hinaichigo. Mitsu llega un par de minutos después y, al darse cuenta de la llegada de Jun y Shinku, va en busca de dos sillas más y les sirve unos buenos platos de espaguetis. Jun sentía que había llegado al paraíso, nada podía ser mejor que comer así después de pasar tanta hambre.

─ Por cierto ─ dice el chico ─, creo que nos hemos olvidado de algo.

─ ¿Tú crees, Jun? ─ pregunta Shinku alzando una ceja.

─ Sí, pero no recuerdo qué.


Campo N

Clarise aguardaba sentada sobre la maleta de Suigintou, jugando un poco con su micrófono para entretenerse, mientras que el juguete que hacía de camarógrafo estaba cerca de ella, también esperando.

─ ¿No crees que se están tardando mucho las Rozen Maiden? ─ opina el camarógrafo.

─ Tranquilo. Prometieron que nos concederían la entrevista, y nos quedaremos aquí para esperarlas ─ dice Clarise en un arranque de inocencia que casi hacía reír al camarógrafo.

CONTINUARÁ…


¿Algo qué opinar sobre lo recién leído? Supongo que tendrán algo que decir, y espero que sea bueno :p. Bueno, por ahora los dejo, pero sabrán de mí pronto, ya lo verán.

Hasta otra