Capitulo 3
El tiempo seguía pasando, y lo único que aliviaba la mente de Vegeta, era entrenar hasta el cansancio. Pero al llegar la noche, siempre volvía a caer en la debilidad.
Torturaba a su mujer, en sus sueños, solo para recordarle, que ella aun era de su propiedad, que no podría olvidarlo fácilmente.
Cada día, se volvía cada vez más rutinario, contemplando una absurda pelea interna entre su orgullo y su corazón.
Cada detalle de su entorno, lo hacia recordarla.
"-Maldita mujer-"Pensaba, mientras golpea una y otra vez, a un soldado, que lo ayudaba a entrenar."-Solo me distrae. Es mejor si no vuelve-"La ira que reflejaba en sus ojos era acompañada con dolor, un sufrimiento oculto, en el lugar mas oscuro de su alma.
Los golpes aumentaban, estaba ciego"-No la necesito-"Se repetía con furia una y otra vez.
Su rostro comenzó a salpicarse con sangre, sus manos ya estaban llenas del rojo liquido, que expulsaba, el cuerpo muy mal herido, del otro hombre"-No la necesito-"Su contrincante ya no podía moverse, lo estaba matando."-Ya no te necesito-"Este fue el fin de su desahogo, al igual que de la vida, del Sayajin herido.
En ese momento, su mente volvió a la realidad. Observo el cuerpo sin vida, de su compañero, bañado en sangre, completamente irreconocible en el suelo. Respiro profundo, y observo su ropa, estaba completamente salpicada de sangre, al igual que sus manos.
-Bah-Dijo indiferente-Un insecto menos- Comenzó a camina hacia la salida, como si nada- Espero que limpien el lugar-Ordeno a uno de sus sirvientes, antes de irse.
Llego a su cuarto, estaba cansado, había sido un día muy complicado en el Reino. Se dirigió al baño, necesitaba ducharse.
El agua caliente caía sobre sus hombros, la sangre comenzaba a lavarse de su cuerpo, su vista estaba perdida, en algún punto fijo de la pared, pero en su mente, solo había una cosa.
"-No me rebajare.-"Pensaba, mientras cada músculo de su cuerpo, comenzaba a relajarse."-Ella decidió irse. Estupida mujer ¿Cómo pudiste dudar de mi?-"
Vegeta quería confiar en que Bulma, buscaría en su mente, por su unión, lo que en verdad ocurrió aquella noche, pero había algo que el no tenia en cuenta. La mujer estaba tan ciega de dolor, que no quería buscar, no necesitaba saber más, porque ya había visto demasiado. Solo quería olvidar todo, solo quería olvidarlo a el.
Aquel fuerte ardor ataco su marca en el cuello, pero esta vez era diferente, esta vez, era mas fuerte.
-¿Qué pasa?-El dolor se expandió por todo su cuerpo, estaba sorprendido, era la primera vez, que le dolía de esa manera.- ¿Qué estas haciendo mujer?-Ya no soportaba, le quemaba.
Poso una de sus manos, en su marca, pero no pudo tocarse. Cerro el agua caliente de la ducha, dejando solo el agua fría. Su respiración se agitaba, su corazón se aceleraba. El calor de su cuerpo era tal, que vapor salía de el, al ser tocado, por al agua helada. -¿Qué diablos esta pasando?- Algo no estaba bien.
Callo de rodillas al suelo, llevo sus manos a su cabeza, la cual parecía, que le iba a explotar.
Gritos de dolor comenzaron a salir de sus labios-¡¿Qué estas haciendo mujer!?- Sus gemidos de sufrimiento, eran cada vez más altos. Movía de su cuerpo de un lado a otro, apretaba sus manos en su cien, pero de un segundo a otro, simplemente, todo termino.
Estaba temblando, jamás había experimentado, un dolor tan grande. Su temperatura, volvió a la normalidad, pero aun estaba agitado.
Algo pasó en ese momento, algo que no podía explicar, pero sabía que no era bueno, lo supo, cuando un enorme vacío lleno su alma y su corazón.
Una nueva sensación se apoderaba de el, esa noche el poderoso Rey Sayajin, conoció el miedo.
Se paro rápidamente, para mirarse en el espejo. Sus sospechas se confirmaron. Su marca, ya no estaba. Se había roto aquella unión, la única que aun tenia con su mujer.
No podía creer lo que estaba pasando-¿Cómo puede ser?- Siguió inspeccionando su cuello-No puede ser. Tiene que estar aquí. No. Esto no puede ser. Es imposible-
La cruda realidad, lo golpeaba cruelmente. Estaba solo, había perdido a su mujer, a la única persona que lo miro y trato con cariño, la que le dio una familia, quien le enseño, algo que el no conocía, amor.
Miles de recuerdos pasaron por su mente. Aquel primer beso que lo volvió loco, esa primera noche juntos, su sonrisa, sus peleas que lo divertían cuando estaba aburrido, sus gritos que aturdían sus oídos, sus ataques de locura que solo el entendía, su pelo azul, largo y sedoso. Cada rincón de su cuerpo, el cual solo era solo para el, conociéndola completamente, rincón por rincón. Sus manos, que lo acariciaban cada noche, llenándolo de paz. La suavidad de su blanca piel, que cada vez que la tocaba, lo sacaba de su infierno, llenando la oscuridad de su alma, con la luz de su amor. Su dulce voz, cada vez que le decía que lo amaba, mientras que el no daba respuesta. Las noches de pasión, donde ella se entregaba completamente a sus deseos y antojos, sin siquiera titubear, solo por complacerlo.
Pero lo que mas recordaba, eran sus ojos. Aquella celeste mirada, como el cielo, que reflejaba fortaleza y dulzura a la vez, sin miedo a nada.
Aquellos ojos, que vieron un error, una confusión. Los cuales esa maldita noche, lo miraron diferente, con dolor y odio, soltando lagrima tras lagrima, para luego desaparecer, dejándola partir, sin dar si quiera una explicación, sin siquiera intentar detenerla.
Rompió el espejo de un golpe con su puño. ¿Qué hacer ahora? –No.-Decía con rabia-No voy a permitirlo. No voy a dejar que se me quite lo que me pertenece- Una lagrima escapo de los ojos de Vegeta.
Se sorprendió tanto al sentir caer, el agua de sus ojos, era una verdadera lagrima de dolor. –No.- Se comenzó a secar rápidamente para luego comenzar a vestirse-No voy a perder lo que es mío- Ya estaba decidido. Esa noche partiría.
-Ya no tenía nada que perder en esta vida, pero veo que me equivoque-Decía, mientras contemplaba el vacío del universo, desde la ventana de su nave, la cual se dirigía al nuevo Planeta Tierra.
-Voy a recuperar lo que me pertenece-Agacho la mirada-Bulma-Susurro-volverás a casa-
