Advertencia: Saludos, lectores. Es momento de leer un nuevo capítulo de este fic que no sé cómo me pudo haber salido, o sí lo sé, pero prefiero no entrar en detalles XD
En busca del villano
Megu estaba completamente anonadada al ver que frente a ella se encontraba su padre, la persona que, a su parecer, era la más despreciable que haya existido jamás. Los ancianos no sabían qué le estaba ocurriendo a la chica, pero podían adivinar que no podía tratarse de nada bueno si Megu no se lo tomaba nada bien.
─ Será mejor que nos vayamos, así que despídete y ven conmigo. Ya no puedes estar aquí ─ exige el señor Kakizaki con autoridad.
─ Olvídalo, papá ─ dice Megu con voz muy baja, pero perfectamente audible para todos ─. Finalmente encuentro sentido a esta vida tan miserable que me has procurado ¿Cómo esperas que me vaya de aquí justo ahora? ¿Acaso me piensas encerrar otra vez en una habitación solitaria donde lo único que puedo hacer es esperar la muerte? ¿Qué te he hecho yo?
Los doctores parecían bastante complacidos por la presencia del señor Kakizaki, tenían en él su fe por que Megu se fuera de allí y dejara de estimular a los viejos a hacer lo que quisieran, y sabían que ese hombre haría todo lo necesario para cumplirles. Los ancianos se apertrechan alrededor de Megu, formando un escudo viviente, como si intentaran prevenir que aquel hombre le hiciera algún daño, pero ya el solo hecho de verlo alteraba a Megu.
─ Ven conmigo, Megu. No causes más problemas a la gente que trabaja…
─ ¡No, de aquí no me iré nunca! ─ responde Megu, obviamente retando la autoridad de su padre ─ De aquí no me sacas, te lo puedo asegurar.
Los médicos veían con indignación la actitud de Megu y los ancianos, y desde atrás animaban al padre de Megu a que se esforzara por llevarse a su hija de allí. Megu no se movía de su lugar, permitía que sus nuevos amigos le dieran su apoyo y protección, y disfrutaba ver cómo su postura tornaba nervioso a su padre.
─ Vamos, Megu. No hagas las cosas más difíciles de lo que ya son…
─ Olvídalo. Esta gente es mi familia ahora, y de aquí no me saca nadie, y quieres sacarme, te reto a que lo intentes.
El señor Kakizaki traga grueso en cuanto ve a algunos ancianos rechinar los dientes o tronar los nudillos de manera amenazante. Los médicos veían aquella posición de los ancianos como una burla, pues los subestimaban y pensaban que no podrían hacer nada sin quebrarse algún hueso.
─ ¡Vamos, señor Kakizaki, que ellos no hacen nada! ─ cizañaba el doctor que estaba al frente.
El señor Kakizaki da unos cuantos pasos al frente, cosa que en respuesta hacen también un par de ancianos, haciendo que él volviera a retroceder.
─ ¿Qué ocurre, señor Kakizaki? ─ interroga otro doctor.
─ Es que soy pacifista. No me gusta usar la fuerza ─ se excusa el señor Kakizaki tratando de mantenerse digno.
A Megu le hacía gracia que su padre titubeara para llevarla de allí, y le hacía aún más gracia que los médicos se sintieran frustrados ante el fallo de su intento.
─ ¡No se deje intimidar por esos vejestorios! Usted sólo tiene que llevarse a esa mocosa para que no amotine más a los pacientes ─ exige un tercer doctor perdiendo la paciencia ─. Ya estamos cansado de que estos viejos tontos crean que son unos muchachos para hacer lo que les da la gana, en vez de quedarse sentados en su lugar bebiendo té y esperando los tratamientos que les proporcionamos, como debe ser.
─ ¡Ofensa! ¡Ofensa! ─ empieza a gritar uno de los viejos, para pronto ser emulado por gran parte del grupo.
El señor Kakizaki retrocede más ante los gritos de los ancianos, además que parecía haber olvidado que tenía que llevarse a su hija. La horda de viejos pronto se altera lo bastante como para abalanzarse hacia el grupo de médicos, y estos se preparan a correr cuando los ven acercase, sin darse cuenta que Megu se había quedado atrás, a merced de su padre.
─ Bien, en vista que esta vez no más interferencias ─ dice el señor Kakizaki con cierto alivio ─, te ordeno que vengas conmigo.
─ No ─ fue la simple respuesta de la chica.
─ No te hagas la dura, que esto lo hago por tu bien.
─ ¿Cuál bien? Ya te dije que me siento bastante bien aquí. Estás aquí sólo porque soy una molestia para los doctores…
─ Te lo ordeno, Megu ─ el padre de la chica se muestra tan autoritario como le era posible, pero ella seguía firme en su postura ─, tienes cinco segundos para venirte conmigo, o me obligarás a perder la paciencia.
─ Haz lo que quieras ─ Megu da media vuelta y se regresa a su habitación, en vista que las actividades quedaron arruinadas.
─ Uno… dos… tres…
Para Megu era de burla que su padre se pusiera a contar mientras la seguía. En ese momento consideraba que, si bien era importante su resistencia a las órdenes de su padre, iba a pasar por un prolongado fastidio que quizá tome todo el día.
─ Ya dije que no me voy contigo…
─… cinco… seis… siete…
Residencia Sakurada
Shirosaki se preparaba para irse de allí por su cuenta, mientras que Enju, Barasuishou y Nori desfrutaban de las galletas con mermelada. Laplace no había explicado las razones para irse.
─ Shirosaki, ¿qué te pasa? ─ pregunta Enju antes de dar un mordisco a la enésima galleta.
─ B-bueno… es que debo ir a la tienda a… ¡oh es verdad! Tengo que llevar las cuentas de las ventas del día de ayer, que se me olvidó llevarlas…
─ ¡Serás zopenco! ─ Enju se levanta hecho una fiera y se acerca al falso humano ─ ¡Te he dicho cientos de veces que nunca debemos irnos de la tienda sin antes llevar las cuentas de las ventas! ¿Qué pasa si alguien se lleva más de lo que paga? Por esa razón yo soy el jefe de la tienda, y parece que también voy a tener que llevar las cuentas.
A Shirosaki no le agradaba en absoluto tener que aguantar los regaños de Enju, pero consideraba aquello como necesario si quería huir de allí lo más rápido posible, pues si Clarise les revelaba su identidad y procedencia a las Rozen Maiden, no solo el negocio que había hecho a partir del juego de Alice se arruinaría para siempre, sino que su vida podría correr peligro si era capturado en esa casa. Barasuishou estaba tan a gusto con los postres de Nori que ni le pasó por la cabeza acompañar a Enju y Laplace a la tienda, así que se quedó mientras ellos se iban. A Nori le preocupaba que Enju tuviera problemas con su tienda, y por otro lado le gustaba el tener que contar con la presencia de Barasuishou para ayudarla en lo próximo que iba a hacer.
─ Vuelvo en media hora. Pórtate bien con nuestra amiga, Barasuishou ─ dice Enju antes de cerrar la puerta.
─ Entendido, otou-sama.
Una vez cerrada la puerta, Nori se come la última galleta que quedaba y va a la cocina para comprobar si tenía lo necesario para hacer otros postres, y encuentra justo lo que esperaba encontrar, cosa que la hace sonreír ampliamente.
─ Barasuishou-chan, ¿quieres hacer un pastel de fresa conmigo?
─ Te ayudo ─ responde Barasuishou con simpleza.
Y así, Nori se pone a trabajar junto con Barasuishou haciendo de su asistente. A fin de hacer más animado el proceso de elaboración del pastel, Nori pone música que ponía un toque de diversión al proceso, y la misma Barasuishou muestra su agrado por el tema.
─ No sabía que te gustaba la música de ALI PROJECT, Barasuishou-chan.
─ Yo tampoco conocía su música, y es justo ahora que lo conozco ─ responde Barasuishou fracasando en su intento de dejar de moverse al son de la música.
Nori también baila mientras hacía el pastel, y de vez en cuando ella y Barasuishou hacían una pausa en la elaboración para dar unas cuantas vueltas en su baile. Ambas se divertían en grande, ya ni les importaba lo que podrían ver en la televisión.
Campo N
Luego del banquete ofrecido por Micchan y de un sobrio agradecimiento, Jun y las Rozen Maiden se reúnen nuevamente con Clarise y su camarógrafo y se sentaron para conceder una entrevista como si nada, aunque la verdadera intención consistía en descubrir qué tan metido estaba Laplace en ese asunto, así como también entender qué tanto del juego de Alice había sido manipulado por aquel conejo.
─ Oh, lamento mucho el nerviosismo que tengo, pero es que es la primera vez que estoy tan cerca de siete luminarias como ustedes ─ dice Clarise luego que se le cayera accidentalmente el micrófono ─. Me alegra mucho estar aquí, junto a ustedes. Laplace-sama nos había dicho que no teníamos que meternos directamente en sus peleas, pues podríamos interrumpirlas.
─ Eso explica perfectamente el por qué nunca había escuchado de ustedes ─ dice Suigintou con seriedad ─. Entonces el juego de Alice es en realidad un evento para el entretenimiento por televisión. Yo siempre pensé que se trataba de algo mucho más serio…
─ Como sea, supongo que entonces no nos hace falta estar aquí-desu ─ opina Suiseiseki cruzándose de brazos ─. Es mucho mejor que vayamos a buscar a ese conejo mañoso y que nos responda él mismo unas cuantas preguntas-desu.
─ Qué alivio. Eso significa que puedo volver a mi habitación ─ suspira Jun.
Ya habiendo terminado con esa entrevista, Clarise hace una reverencia tan pronunciada que casi se cae de boca contra el suelo (Hinaichigo por precaución tenía preparadas sus enredaderas para ayudar a la extraña), y luego se va junto con su camarógrafo. Era el momento de regresar al mundo humano, tenían que planear todos juntos sus movimientos para descubrir el paradero de Laplace, y curiosamente tenían idea de a quién buscar para empezar la venganza.
Residencia Sakurada
Nori y Barasuishou se encontraban lavando la loza mientras esperaban que el pastel se cocinara, y la música de ALI PROJECT continuaba su curso. Barasuishou lo había pasado realmente bien, aunque internamente esperaba que Enju no tuviera mayores problemas estando al lado de Laplace. Nori no lo sabía, pero Barasuishou sí sabía quién era realmente aquel conejo, y sabía que la actitud que había adoptado no era común en él, de hecho, Barasuishou pensaba que lo de las cuentas era una excusa, pero no podía ir a ayudar a su creador, tenía que obedecerle y quedarse con Nori hasta que tenga nuevas noticias.
─ ¿Quieres hacer algo más en cuanto terminemos con esto? ─ pregunta Nori con una sonrisa.
─ Puede ser cualquier cosa que quieras. No soy muy selectiva ─ responde Barasuishou.
En vista de la respuesta de la muñeca, Nori tiene la idea de llevarla a la habitación de Jun para enseñarles los materiales de costurero que él tenía guardado (Jun pensaba que los tenía ocultos, pero para Nori era pan comido encontrarlo), y empiezan a improvisar bordados. Barasuishou muestra una habilidad inusitada para Nori, lo cual la tiene completamente admirada.
─ ¡Eres genial, Barasuishou-chan! No sabía que eras una costurera tan buena.
─ Es que a veces ayudo a otou-sama a hacer sus muñecas. No se trata de nada especial ─ dice Barasuishou un poco apenada.
─ Oh, vamos, no seas tan modesta. Sólo he visto mejores bordados en los hechos por Jun-kun, y él tiene un talento innato que te sorprendería. Tú en cambio, con tu esfuerzo y tu apoyo a Enju-sensei, has desarrollado una técnica sencillamente maravillosa. Sin duda Enju-sensei tiene garantizados muchos hermosos vestidos mientras estés a su lado.
Barasuishou no evita sentirse halagada por las palabras de Nori, e incluso se ve a sí misma ayudando a Enju a hacer muchas muñecas, y que Enju siempre la esté felicitando por su invaluable colaboración, y que incluso la abrace todo el tiempo mientras le dice lo maravillosa que es ante sus ojos (vamos, lo que acostumbran cuando están en la tienda sin clientela), y eso inspira a Barasuishou a continuar con el bordado junto con Nori, hasta que Jun y las Rozen Maiden irrumpen sin previo aviso en la habitación (recordemos que es la habitación de Jun, así que no cuenta como descortesía ni invasión del espacio ajeno). Por unos cuantos segundos el tiempo se detiene, y ahí estaban Barasuishou y las Rozen Maiden, mirándose fijamente.
─ ¡Es Barasuishou! ¡Detengámosla! ─ da la alarma Souseiseki.
Antes que Nori y Jun se dieran cuenta, las siete Rozen Maiden le caen encima a Barasuishou y la inmovilizan al usar las enredaderas de Hinaichigo para atarla de manos y pies. Nori estaba totalmente contrariada por la actitud de las muñecas, pues no sabía l verdadera relación que había entre ellas.
─ ¿Qué está pasando? ¿Por qué capturan de esa manera a Barasuishou-chan?
─ Finalmente te tenemos, granuja ─ dice Suigintou con una sonrisa de victoria.
─ Espero que estés de humor para hablar, porque nosotras no estamos de humor para esperar por una respuesta clara ─ dice Kirakishou tronando sus nudillos.
─ ¿Qué piensan hacerme? ¡Suéltenme, o le diré a otou-sama! ─ amenaza Barasuishou mientras trataba de retorcerse, probando si así se soltaba de las amarras.
─ Vamos a preguntarte esto una sola vez, y espero que nos respondas ─ Shinku saca su bastón y apunta directamente a la cara de Barasuishou ─ ¿Dónde se encuentra Laplace no Ma? Ese conejo tramposo no se nos va a escapar esta vez.
─ ¡Jun-kun, dile algo a las muñecas, que pueden lastimar a Barasuishou-chan! ─ suplica Nori, en vista que las Rozen Maiden no le estaban prestando atención.
─ ¿Barasuishou-chan? ¿Tan rápido te encariñaste con ella? ─ se extraña Jun ─ Nori, Barasuishou es enemiga de las Rozen Maiden. Se metió en el juego de Alice sólo para apoderarse de las Rosas Místicas y mostrar su superioridad sobre las muñecas de Rozen. Barasuishou no es alguien de confiar, además que ella sabe dónde está Laplace.
Nori estaba completamente boquiabierta ante tal revelación. De pronto todo ese mundo paralelo en que ella vivía últimamente se había derrumbado, y empezó a pensar que Shirosaki y Enju eran también gente mala que de alguna manera se habían planteado hacer daño, aunque no podía decir exactamente cómo.
Barasuishou continúa retorciéndose para librarse de las ataduras de Hinaichigo, pero rápidamente se ve sin opciones cuando frente a ella yacen siete muñecas listas para desbaratarla con toda la fuerza que tenían.
─ Laplace no Ma… sabía que no era de confianza… ─ dice la muñeca de Enju en voz baja, pero bastante entendible ─ Ahora sé por qué se fue, porque quería huir de ustedes…
─ ¿En serio? ¿Adónde? ─ Suigintou acerca su espada tanto al ojo descubierto de Barasuishou que la hace retroceder un poco.
─ Dijo que se fue a la tienda de otou-sama, pero probablemente haya escapado. Voy a tener que volver, pues si Laplace realmente hacía todo esto por ustedes, entonces tengo razones para preocuparme por otou-sama.
Viendo que no sería posible sacar más información a Barasuishou, las Rozen Maiden la dejan libre y salen juntas para ir en busca de Laplace. Jun las sigue, pues también él quería darle su merecido, fuera como fuera. Barasuishou tarda un poco en levantarse e irse rápido a la habitación del espejo para ir directo a la tienda de su creador, y entonces mira hacia atrás, y ahí estaba Nori, entre asustada y anonadada.
─ Lamento mucho las molestias, pero no puedo quedarme aquí más tiempo ─ dice con cortesía, pero no esperaba que Nori lo tomara como tal ─. Otou-sama me necesita, y también yo le daré su merecido a Laplace por habernos engañado ─ y ya habiendo dicho aquello, Barasuishou desaparece de la vista de Nori.
─ N-no entiendo nada… ¿Alguien me podría explicar qué pasa aquí? ─ decía Nori para sí misma.
CONTINUARÁ…
Esto parece que está cerca de finalizar, aunque habrá más cosas para contar mientras continúe. Un gran saludo para todos aquellos que han leído el fic hasta este punto, y espero que puedan estar ahí en los últimos capítulos. Sin más que decir, me retiro hasta la próxima actualización.
Hasta otra
