NOTA:

Clasificación M por futuras escenas vulgares y eróticas.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a DC Comic. La historia esta basada en los TEEN TITANS de la serie animada y mezclando los personajes originales junto con sus historias de los comic.


Deseo

IV.


Los pasillos se le hicieron eternos para esos instantes mientras corría, ignorando por completo el elevador y dando un par de vueltas antes de llegar a las escaleras, saltando por sobre la barandilla antes de girar para poder sostenerse de la que estaba dos pisos más abajo, cayendo en canclillas sobre el piso antes de transformarse en un leopardo y correr atreves de los pasillos.

El olor a tierra mojada apenas y estaba impregnado en el corredor que daba a la habitación de Raven, eso no entorpeció su búsqueda, había pasado el tiempo suficiente caminando por aquel pasillo durante todo su tiempo con los Titanes, así que fue fácil para él encontrar la habitación solitaria en el lugar.

Cuando paro frente a la puerta le tomo un momento poder calmar sus instintos. A su nariz llegaba el aroma dulce de la presencia de su compañera de equipo, pero también se mesclaba con el aroma de temor, la excitación y preocupación de formas tan dolorosas que él no pudo más que afligirse al notar el estado se su compañera.

Se obligó a sí mismo a olvidarse de sus necesidades y ver por la de su pareja, comprendiendo que ese tipo de reacciones las había ocasionado con su irracional deseo de apartarla de uno de sus mejores amigos. Respiro hondo antes de hacer lo que mejor parecía hacer con Raven.

Pego su oreja en la puerta de metal, buscando el sonido de su respiración y movimientos para saber dónde estaba, cuando la identifico por fin, se atrevió a tocar la puerta. A lo lejos pudo escuchar una bombilla estallar, eso hizo que se encogiera levemente, algo asustado por el repentino sonido.

—¿Qué quieres, Chico Bestia?—La voz monótona cargada con un tono de amenaza que le hizo fruncir el ceño.

—¿Te encuentras bien, Rae?—Pregunto—Sabes, nos has sorprendido un poco allá arriba.—Comento con tono burlón.

Hizo a un lado por completo el recuerdo de quien tuvo la culpa, sabiendo que ahora solo debía hacer sentir mejor a la chica gótica. Escucho como ella suspiraba levemente, por lo que se dio cuenta que ahora se encontraba del otro lado de la puerta, eso le hizo sonreír y olvidar un poco su preocupación.

—Lo lamento, no quería asustarlos.—Murmuro débilmente ella—¿Se encuentran todos bien?

—Están bien, Rae, solo un poco conmocionados…pero, ¿Tú te encuentras bien, o no?—Pregunto, queriendo saber ansiosamente la respuesta.

La puerta de metal se deslizo levemente, provocando que él saltara hacía atrás y se quedara derechito hasta que esta estuvo abierta por completo. Raven estaba parada frente él, ocultándose con su capa sin dejarle mirar ni siquiera su respingada y fina nariz, pues la capucha le ocultaba sus rasgos aún más por tener su cabeza gacha.

La preocupación se hizo nuevamente presente, las ganas de ir a cunar su cuerpo entre sus brazos casi le hizo perder la razón, pero debía controlarse, sabía que Raven lo empujaría tan lejos cuanto pudiera si se atrevía a dar un solo paso cerca de ella en un estado tan vulnerable. Y ya había sufrido una vez hace un par de años lo que era que la hechicera lo mandara a otra dimensión cuando se enojaba.

—¿Por qué?—La pregunta lo hizo respingar, pillándolo por sorpresa.—¿Por qué siempre eres tu el que viene?, ¿Es acaso que no puedes quedarte sin ir a ayudar a una pobre alma en problemas?—Había tanta ira en su tono.

—Rae, yo no te veo como un alma en problemas, solo estaba preocupado por-…

—¡Siempre haces lo mismo, Chico Bestia!, ¡Siempre eres tu él que viene cuando los demás saben que necesito estar sola, solo dime, ¿Por qué?!—Raven hecho hacía atrás la caucha, mirándolo por fin a los ojos.

Cuando sus ojos conectaron, Chico Bestia estuvo seguro como el infierno que era su pareja legitima. Sus preocupaciones y buenas intenciones hacía ella se fueron por el caño cuando estuvo consciente de que la tenía a un palmo de distancia.

—Dímelo.—Le exigió, dando un paso hacia él.

Su cuerpo se tensó con solo mirarla, cerca, muy cerca. Él la quería más cerca, con cada parte de su anatomía pegada a la de ella, sin dejar un solo hueco libre, con aquellas largas piernas estrechando sus caderas y esos labios carnosos pegados a los suyos. Calientes y húmedos.

Raven jadeo, retrocedió. Se éxito. Los pensamientos la abrumaron, las imágenes, los sentimientos. Casi podía escuchar los vulgares sonidos que harían sus labios contra los de él en un beso lujurioso creado para los amantes. Una corriente de pura adrenalina paseo por su cuerpo mientras sentía el terror subir, llenarla y hacerla dar un paso más lejos de toda esa carga apasionada que emanaba en oleadas del cambia pieles. Sus propios pensamientos le traicionaron al unirse a los que empapaban la mente de Chico Bestia.

El aroma de deseo líquido se volvió a colar en las fosas nasales del joven titán. Él lo respiro como si fuese un platillo delicioso llamándole desde el mostrador en la cocina.

La oscuridad se cernía sobre ellos, y frente suyo solo estaba la nítida luz de las velas aromáticas encendidas en la habitación de la hechicera. El ambiente estaba en ello, los amantes y el deseo que le hacía hervir la sangre. Como un animal, él supo que estaba preparado para ir a por su pareja, llamar su atención, seducirla y poseerla, marcarla. Como humano, y adolecente, estaba aterrado. En su maldita vida había tenido realmente a una mujer, quizá dado unos cuantos besos subidos de tono y ya, pero el sexo no entraba en sus conocimientos más allá de los videos que miraba en la red. Él estaba realmente asustado en ese aspecto, ¿Y si a ella no le gustaba?, ¿Y si él era un desastre?... ¿Y si ella… no quería?, eso lo hizo avanzar.

Un paso, dos pazos. Un zancada y entro en la habitación, noto como Raven retrocedida un paso y escucho al acero de las paredes gemir de dolor. El puro color negro de la oscuridad fue aún más intenso ante el despliegue de magia constante. La cama jadeo, dentro del ropero algo se sacudió y las bombillas del techo explotaron.

—Chico Bestia, ¿Qué crees que haces?—Pregunto ella.

Y él solo pudo escuchar el murmullo lejano de las palaras de Cyborg.

¿Y si ella no lo aceptaba?

Humana y adolecentemente, paro.

Animal bestialmente desesperado, avanzo.

La metamorfosis le hizo hervir el cuerpo, sus brazos y sus hombros estaban comenzando a llenarse de pelaje mientras sus pupilas se dilataban, dejando que la fina línea diera paso a un redondo circulo casi negro, los colmillos se abrieron pasos en sus encías, agrandándose en su mandíbula de forma dolorosa mientras sus garras emergían de sus uñas.

El olor a miedo y excitación entro por sus fosas nasales. Y el dolor que contantemente le hacía sentirse partido por la mitad le hizo abalanzarse sobre su compañera de equipo, cogiéndola entre sus brazos, dejándola atrapada en su capa, embriagándose con el intenso aroma a jazmín y té que conservaba.

Su cuerpo se inflamo. El crudo deseo le hizo tensar cada musculo contra las suaves curvas, su mirada volvió a encontrase con la de su compañera. Raven se abalanzo primero, se alzó con la punta de sus pies y le ofreció sus labios al joven. Chico Bestia acepto la invitación, y con hambre, frustración y deseo tomo los labios llenos entre los suyos. No fue un beso tierno, fue uno intenso, chupo, mordió, obligo a su lengua abrirse paso entre los carnosos labios para comenzar a pelear contra la de la chica. La hechicera jadeo, gimoteo entre sus brazos, y para él fue la mejor maldita sensación que pudo haber sentido hasta entonces.

Fue crudo. Duro. Lujurioso, y Chico Bestia sabía que está mal.

¡Ho Diablos sí que él lo sabía!

Raven era empática y solía inmiscuirse en lo que no le importaba, y él se estaba aprovechando de eso, cada deseo, cada fantasía era filtrada de su propia mente a la de ella, le imprimía todo el sentimiento y excitación que tenía para poder tenerla como la tenía ahora.

Alcanzo con sus manos su trasero, obligándola a pararse de puntillas del suelo y abrir sus piernas para que él estuviera entre ellas, la hechicera jadeo su nombre de la forma más sensual que jamás hubiese escuchado Chico Bestia en su vida.

—Gar…

Eso lo hizo rodar por el borde. La alzo sin reparo, empotrándola contra la pared y haciendo que sus piernas le rodearan la cadera, pegando cada pulgada de su duro cuerpo con las suaves curvas del de ella y fue magnifico. Casi podía sentirse penetrándola, su calor húmedo contra su duro miembro lo hizo querer más, por lo que empujo su cadera contra la pelvis de la hechicera, escuchando el dulce sonido de un gemido escapar sus labios aun unidos.

Las manos suaves de la chica escaparon de la capa y se presionaron contra su vientre, rasguñándolo levemente, logrando que él se presionara más contra ella. Dejo de besarle los labios y fue a su mandíbula, volviendo a simular la penetración mientras daba pequeñas mordidas contra el contorno de su barbilla.

—Gar…—Suspiro la hechicera—Para, Gar, para.

No, él no lo haría, él no quería parar.

Sus deliciosos gemidos y suspiros le hacían saber que le estaba gustando, además, estaba recibiendo sus deseos constantemente, Raven debía de saber, tenía que saber que él ya no podía parar, había esperado tanto para que algo así pasara, tenía a la Bestia tan arraigada a la piel que ahora sabía que si se detenía eso acabaría mal para él. Y quizás para ella.

Acaricio sus muslos, esos suaves muslos que le apretaban la cadera y lo hacían volver repetidas veces para seguir un ritmo, con cada restriego y estocada que daba ella se arqueaba contra él, queriendo más, pidiendo más y él se lo quería dar. Apretó sus muslos para dar una fuerte embiste, presionando su duro miembro con más fuerza contra su centro, sintiendo como la parte baja de su traje se empapaba.

La sensación posesiva creció en él, el deseo animal de marcarla se abrió paso dentro, alejo sus manos de aquellos muslos para arrastrarlas lentamente hasta sus pechos, empujando lejos la capa para poder acunar sus senos que le llenaban la mano. Las uñas perfectas de Raven se encajaron en su vientre y su cuerpo menudo se empujó contra él, logrando que el contacto fuera más íntimo, más majestuosos. Un jadeo escapo de sus labios al momento en que sus labios vagaban por el fino cuello femenino.

—Garfield.

La voz de Raven fue demandante, pero él la ignoro, tan sumido como estaba en su deseo, no pudo hacer caso de la súplica en el tono hasta que fue muy tarde. Los muslos suaves de la hechicera se aflojaron de su cadera antes de que de sus pequeñas manos emanara magia, lanzándolo lejos de su cuerpo, arrojándolo fuera de la habitación.

Se estampo contra la pared paralela a la puerta, deslizándose hasta el piso para quedar sentado. Un gruñido salió desde el fondo de su garganta hasta que sus ojos dieron con la figura de la gótica. La figura era parcialmente ilumina por la luz de las bombillas en el pasillo, mostrando la capa torcida, las mejillas sonrojadas, los labios hinchados y los muslos marcados. Jamás en su vida había mirado a Raven en un estado tan desordenado como en ese momento, quedo completamente embelesado con la grácil figura, olvidando parciamente que había sido arrojado lejos de ella.

La hechicera le envió una dura mirada antes de cerrar la puerta de metal, dejándole claro el punto de que no lo quería ver en ese momento.