Capítulo 8:
La verdadera motivación

Exactamente un mes y medio había pasado desde el inicio de todo y la vigilancia se había aumentado considerablemente en Canterlot, por todas partes se veían pequeños grupos de soldados patrullando cada uno de los rincones de la gran ciudad capital, sobre todo de noche, pero era imposible sacar algo en limpio. Siempre que encontraban a un grupo deambulando en plena noche casi siempre se trataba de estudiantes que regresaban de una parranda y en una ciudad universitaria era lo más común del mundo luego de una estresante semana de estudios. Era por eso que las reuniones de los aprendices de los Caballeros casi siempre se celebraban los viernes en la noche, en donde buscarlos sería como buscar una aguja en un pajar lleno de agujas. Cada indicio cada pista, cualquier cosa que los soldados descubrieran conducía a un callejón sin salida; y no había indicios que su situación fuera a mejorar pronto, y cuando se comenzaron a enfocar a buscar a las Undeads resultó que éstas se habían desvanecido de la faz de la tierra lo cual no significaban buenas noticias tampoco.

—Algo planean — dijo Twilight cierta noche. — Lo siento en el aire, siendo nosotras no creo ni por un segundo que las Caballeras Undead lleguen a rendirse.

—Buscan hacer algo contra ustedes me temo — dijo la Princesa Celestia también temerosa de lo que pudiera pasar con esas criaturas y los Caballeros. — No llegarán al extremo de matarlas pero armadas ustedes con el Poder que ellas perdieron son capaces de retrasarlas.

Twilight miró hacia la oscuridad de la noche y torció el gesto, esto no podía seguir así.

—Princesa Celestia, sé por qué nos trajo pero me temo que no estamos llegando a nada. Por favor permítanos regresar a Ponyville, queremos regresar a nuestras vidas y hogares.

Celestia suspiró con tristeza antes de volverse a su alumna asintiendo suavemente.

—Sí, adelante Twilight Sparkle. Creía que la Magia de la Amistad que poseen ustedes nos ayudaría a llegar a un acuerdo, pero toda esperanza está perdida. Si alguna vez tuvimos una oportunidad fue cuando quisimos entablar un diálogo directo y pacífico con ellos.

—Pero las malditas Undeads se nos adelantaron — dijo Twilight. — Ya pensaremos en algo, de momento regresaremos a casa y le haremos saber si hay novedades o alguna nueva idea. ¿Le parece bien?

—Claro que me parece bien Twilight Sparkle. Descansen y regresarán a casa mañana a primera hora. De momento no nos queda más que esperar al movimiento del enemigo.

Twilight asintió y fue a contarles la noticia a sus amigas, y aunque no lo dijo en voz alta tenía sus serias dudas que los Caballeros fueran sus enemigos.
Mientras tanto en otro sitio, la parte trasera de una bodega, el grupo de aprendices de Cream Cone terminaba la sesión de la noche y se despedían alegremente unos de otros.

—¡Hasta pronto maestra, hasta la próxima!

—No olvide notificarme para la siguiente sesión, traeré a mi amigo que quiere aprender.

Cream Cone los despidió a todos quedándose sola con Spike. Él era el único que era menor de edad así que ella misma se había ofrecido a llevarlo a la estación de trenes para que abordara sano y salvo pues Canterlot no era tan seguro como Ponyville.

—De acuerdo Spike, vamos — dijo Cream haciendo desaparecer su capucha. — ¿Listo?

—Sí vamos, igual que siempre muchas gracias Cream — respondió el dragón, se sentía algo tímido y hasta ridículo siendo el único que necesitaba escolta pero bueno; tenía que admitir que era un gran detalle. Era como lo había asegurado la Gran Maestra, no sólo era la encargada de mostrarles el camino sino asegurarse que todos llegaran sanos y salvos.

Comenzaron a andar, pero pronto Cream notó que algo andaba mal.

—¿Estás enfermo? No estás tan parlanchín como siempre amigo.

—¿Eh? Ah, lo lamento mucho Cream Cone — dijo Spike, — pero estaba pensando, esto no puede seguir así. Digo… no sé si pueda seguir llegando a estas sesiones.

Cream Cone le dedicó media sonrisa, ya se había imaginado algo así.

—Comprendo, de hecho me sorprende que hayas podido llegar tres veces seguidas, ¿agotaste tus ahorros en boletos de tren, no?

Spike desvió la mirada.

—No te burles de mí por favor — dijo el dragón.

—No me burlo, no te preocupes — dijo Cream. — Quiero ayudarte, para algo soy tu maestra Spike, pero si te soy honesta algo me preocupa de tus motivos de aprender.

—Yo no quiero seguir pecando.

—¡No estás pecando amigo! Spike, estás siguiendo al pie de la letra que te dijo un monstruo horrible que come ponis obligándolos a mirar y, perdona la expresión, se coge a su propia madre. Piénsalo: según lo que me contaron la Gran Maestra y tú, lo único bueno que han hecho esas cosas llamados Undeads es evitar que ustedes se convirtieron en ellos y si tenemos en cuenta que por eso se quedaron estancados en nuestro tiempo, a la larga no hicieron nada.

Spike no supo qué decir a esto, pero por suerte ya habían llegado a la estación de trenes.

—De acuerdo, no te gastes tus ahorros, yo te cubro este viaje — dijo Cream pagando el boleto del dragón. — Pero en serio Spike: busca un nuevo motivo, no puedo dejar de enseñarte, esa es la Ley de los Caballeros del Silencio; pero por lo menos busca una verdadera motivación.

Spike asintió.

—Si lo logras puede que tenga una idea para que no interrumpas tu aprendizaje, pero busca tu verdadera motivación. ¿Fui suficientemente clara?

—Gracias Cream — dijo Spike alegremente subiendo al tren.

El viaje fue corto por suerte, a esas horas las paradas del tren eran bastante pocas así que pronto Spike estuvo en casa y se durmió plácidamente pensando que como venía haciendo desde hace mes medio, se despertaría hasta como las diez de la mañana pero en lugar de eso un casco lo sacudió gentilmente a las siete, ¡las siete!
—Eh… ¿pero quién?

—Buenos días Spike — saludó Twilight.

El dragón casi se cae de la cama de la impresión.

—¿Twilight? ¿Qué haces aquí? ¿No ibas a quedarte en Canterlot quién sabe cuánto tiempo?

Twilight sonrió.

—Pues sí pero nos dimos cuenta que no estábamos llegando a nada así que aquí me tienes. ¿Quieres desayunar? Me levanté temprano y tengo mucha, mucha energía.

Spike se rio divertido y tras desesperarse corrió a poner la mesa, era una buena mañana.

—¿Y cómo les fue en Canterlot? — Preguntó Spike. — ¿Acaso lograron hacer algo con su problema con los Caballeros del Silencio?

Twilight negó con la cabeza.

—No, me temo que ellos saben muy bien lo que hacen; y debemos tomar en cuenta algo que no comentamos con la Princesa Celestia pero estoy segura que ambas lo sabemos: los Caballeros cuentan con el favor del pueblo, muchas veces la gente es la que nos entregan a los criminales buscados por sí misma pero esta vez estamos hablando de un grupo que tomó la posición de ayudar a las personas de forma que la Corona no puede.

—No comprendí mucho, ¿quieres decir que el pueblo oculta a los Caballeros?

—Lo más seguro.

Spike no supo qué decir pero Twilight cambió el tema rápidamente.

—Y bien, ¿cómo la has pasado cuidando la biblioteca? ¿Ha habido algún visitante interesante?

—¡Uf! Casi sólo vienen a buscar libros de cocina e historias infantiles pero el otro día vino una poni de Canterlot a buscar leyendas locales para su investigación de folklore según ella, y era muy simpática; nos mantuvimos charlando un buen rato.

—Spike, me alegro que hayas hecho una nueva amiga pero eso de retrasar a los ponis…

—Oh no, no la interrumpí, ella dice que las conversaciones son parte importante del trabajo cuando investigas el folklore local…

Spike se entretuvo contándole a Twilight sus experiencias durante su ausencia, mundanas pero el dragón estaba feliz y la alicornio morada escuchaba complacida, vaya si había extrañado a Spike.

En Canterlot Celestia se sentó pensativa en el trono igual que venía haciendo desde hacía algún tiempo; todo este asunto de los Caballeros, un grupo de ponis buenos pero con métodos cuestionables que encima tenían el apoyo de casi toda la ciudad (increíblemente por primera vez se arrepentía que la capital fuese una ciudad universitaria pues así no tendría que lidiar con este problema con este grupo problemático). Entonces dos guardias unicornios trajeron ante ella a una joven poni terrestre que color miel de crines azul celeste.

—¿Qué significa esto? — Preguntó la Princesa.

Los dos guardias se inclinaron.

—Su Majestad, hemos estado haciendo la ronda de siempre cuando encontramos a esta terrestre haciendo algo completamente indebido saliendo del supermercado.

—Ajá — dijo la terrestre, de nombre Crepe Suzzette, — oigan tenía que llevar mis bolsas de la compra y me ayudé con mi magia como lo estaban haciendo media docena de unicornios saliendo del mismo lugar que yo, ¿qué pinto entre ustedes eh?

El otro soldado la miró con dureza.

—Tú lo dijiste, eran unicornios.

—¿Y qué? — Se quejó Suzzette. — Digo, no es delito hacer magia en la vía pública.

Celestia avanzó hacia ella.

—¡Un minuto! ¿Magia? ¿Hacías magia, joven?

—Suzzette, y claro que la hacía, si puedes usarla te haces más fácil la vida, apenas si podía equilibrar mis bolsas de la compra, ¿no es lo más natural del mundo apoyarte con tu propia magia cuando estás en esa situación?

Uno de sus guardias la fulminó con la mirada.

—No cuando no…

—¿Cuándo no tengo algo feo en la cabeza ibas a decir? — Desafió Suzzette volviéndose al guardia. — No lo necesitas para aprender magia, eso es un talento que todos podemos tener.

El otro guardia la sacudió.

—¿Qué más magia sabes hacer, terrestre? — Preguntó pronunciando la última palabra casi con desprecio.

—¡Oye! — Le advirtió Celestia.

El guardia se inclinó avergonzado y volvió a ponerse firme.

—No mucho, ver en la oscuridad tan bien como de día, leer almas y mi telequinesis. Todo muy básico, sigo aprendiendo.

—¿De quién? — Preguntó Celestia. — ¿De la Gran Maestra?

Suzzette negó con la cabeza.

—No, de un Caballero pero no sé su nombre.

—¿También eres un Caballero? — Volvió a interrogar la Princesa.

—¡Oh no! No tengo lo que se necesita, para serlo tienes que tener talento para enseñar y estar dispuesto a ir y enseñar a todos; ¡uf! Apenas si sé lidiar con los dulces que preparo, no, soy sólo una aprendiz de magia.

Los dos guardias esperaron a la resolución de la Princesa, que pareció considerarlo.

—¿Dónde y cuándo se reúnen?

—No sabemos, es por eso que tampoco me gustaría unirme a ellos, ¿sabe? Siempre son muy escurridizos teniendo que ocultarse sólo por querer enseñarnos. Siempre que hay una reunión nos avisan hasta la mera noche dónde y a qué hora. No he recibido noticia alguna.

—¿Y sabes quién es tu maestra?

Esta era la pregunta que temía Suzzette, pues apreciaba demasiado a Cream Cone y más cuando la veía haciendo lo mejor para que todos aprendieran. Tenía miedo pero tenía que defender a su maestra, era lo mínimo que podía hacer ya que no tenía talento para unírsele en su cruzada por el saber libre para todos.

—No, ella usa su máscara para ocultarse. Sólo sé que es una pegaso.

La Princesa Celestia torció el gesto.

—Bien, llévensela y ayúdenla a llevar sus compras a su casa. ¿Entendido? Y luego, hagan saber que todo aquel no-unicornio que sepa usar magia será traído para interrogación; pero no mucho más.

—¿En serio? — Preguntó uno de los soldados.

—No podemos condenar a nadie sólo porque esté estudiando, no es ético además que ellos no han hecho nada ilegal.

—Encubrir a…

—Los Caballeros saben lo que hacen — dijo la Princesa. — Sólo basta con oír lo que dice la joven, se las arreglan para que no los detectemos y de paso no puedan involucrar a sus alumnos. No, no podemos hacer mucho más que traerlos y ver si interrogándolos sacamos algo en limpio.

Los dos guardias se inclinaron y se llevaron a Crepe Suzzette fuera del Palacio. Por dentro la joven suspiraba aliviada pero esto estaba por ponerse mal.

—¿Entonces ya puedo usar magia en paz? — Se aventuró a preguntar.

Los guardias no respondieron, de por sí les fastidiaba sentirse inútiles en cuanto al caso de los Caballeros del Silencio.

Spike había pasado un buen día, una vez superado el chasco de tener que levantarse temprano, la había pasado genial con el regreso de Twilight y fue en ese momento en el que se dio cuenta de lo mucho que la había extrañado. El dragón preguntó en cierto punto sobre las otras que si se juntarían pero Twilight le dijo muy sensatamente que todas querían reencontrarse con sus hogares y descansar un poco de la frustración de no haber podido hacer nada contra los caballeros; así que pasarían el día juntos.

Y fue en ese momento en que Spike encontró su motivación para aprender, era la misma que le había planteado Night Terror pero no con esas palabra.

—¡Sólo espera Twi, tengo que escribir una carta rápido!

—Recuerda usar el correo normal, no el aliento mensajero por ya sabes quién.

Spike asintió con amargura y lanzó la carta al buzón del tren.

Cream Cone recibió la carta al día siguiente, y sonrió complacida:

Cream, mi motivación es mi familia.
Spike

—De acuerdo, espero estés listo para el movimiento y rezo por tu bien que funcione.


Bueno señores este es otro cap con otro toque sentimental desde el punto de vista de Spike, vaya que se está haciendo un personaje muy importante en mis fics pero lo vale; un personaje tan subutilizado es una fuente de potencial ilimitada.

Espero les haya gustado y:

Chao; nos leemos!