Capítulo 19:
El tren de las pesadillas

—El trato es el siguiente, — dijo East Wind: como ustedes mismas dijeron, dejarán en paz a mis Caballeros y cumplirán sus obligaciones como Corona al protegernos de los futuros ataques de esas cosas como a cualquier otro ciudadano, ¿estamos de acuerdo hasta aquí?

Las dos Princesas miraron fijamente a East Wind como si no creyeran lo que veían, entonces comprendiendo de qué iba el ambiente la terrestre liberó su aura mágica. Era exactamente la misma de la poni que se reunió con ellas cuatro años atrás junto con el unicornio que se exaltaba con facilidad. Sí, era ella, la Gran Maestra.

—¿Ya ven que digo la verdad? Me estoy entregando libremente. Es lo mejor por mis Caballeros del Silencio; aunque todavía tengo mucho que enseñarlos mis nuevos Caballeros se encargarán de transmitir lo que yo no pude. Pero esto se acaba ya mismo.

—Es un placer darle un rostro y un nombre a la famosa Gran Maestra — dijo Luna. — ¿Pero por qué cedes tan fácilmente, no quieres pelear hasta el final?

—Es el deber de todo Gran Maestro el sacrificarse por sus Caballeros, es así como mi maestro el señor Plumas sobrevivió a la cacería del Imperio Grifo. Su Gran Maestro se sacrificó para que él viviera y transmitiera su saber, y yo sigo sus pasos.

—¿El Imperio Grifo? ¿Ellos qué tienen que ver con ustedes? — Dijo Celestia.

—Los Caballeros fueron una secta del Imperio Grifo, cazados hasta su extinción, ¿pero por qué? — Dijo East. — Ustedes lo están viviendo: la educación es la clave para cambiar todo, su preciado status-quo está en riesgo ahora que la educación ha evolucionado. Sin embargo este cambio no es malo, da temor como todo cambio; pero es un paso adelante; ¿o me equivoco?

—A ver si entendí, — murmuró Luna, — un refugiado del Imperio Grifo vino aquí y te llenó la mente de todo… ¿todo esto? ¿Pero en qué estaba pensando, corromper a nuestros jóvenes?

—¿Cómo el ir y enseñar a todos es corromper a los jóvenes? A lo sumo abrirles los ojos, y no me malinterpreten, la mayor parte de lo que he hecho fue iniciativa propia, de ser por mi Gran Maestro no nos hubiera expuesto jamás ante ustedes pero de esa forma no podía transformar el tan necesitado de reformarse sistema educativo. De hecho en la historia de los Caballeros somos el primer movimiento que se ha arriesgado tanto pero a la vez somos los que más hemos logrado.

Princesas y Gran Maestra se vieron a los ojos por un tiempo, finalmente Celestia bajó la cabeza y asintió levemente; al menos la tenían, eso era un avance. Pero algo no andaba bien, nada bien. La Gran Maestra era de las que no se abrían así como así, sólo sus amigos más cercanos y adeptos la conocían; porque ella sabía que podía confiar en ellos, ¿pero entonces por qué se abría a Luna y Celestia si no tenían lo que podría decirse una relación amistosa? No, algo no andaba bien y ambas Hermanas lo sabían.

—¿Y exactamente qué pretendes hacer con entregarte a nosotros? ¿De verdad crees que luego de todo lo que pasamos te vamos a creer que te entregarás y ya?

East Wind le sonrió a la Princesaq del Sol; sería chapada a la antigua pero no era ninguna tonta. Así pues se encogió de hombros como quien no quiere la cosa.

—Sí, yo tengo mis propios planes — dijo East. — Pero no tienen nada que ver con ustedes, por mí mi lucha con ustedes se acabó cuando dijeron que si yo me entregaba iban a dejar en paz a mis Caballeros, si yo tengo que sacrificarme para que ellos sean aceptados que así sea. Pero volviendo al asunto: tenemos un enemigo común, sus Majestades: las Undeads; y luego de lo que le hicieron a Eternal créanme que nada me gustaría más que detenerlas. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿no creen? Por eso tengo un plan, pero en su mayoría consiste en que yo les sirva de carnada.

—¿QUÉ DIJISTE? — Preguntó Luna. — ¿TE VOLVISTE LOCA EAST WIND?

—Soy la Gran Maestra, y desde el primer momento en que yo las desafié he demostrado que soy alguien dispuesta a ir más lejos de lo que la mayoría — dijo East Wind. — Y sí, me ofreceré de carnada pero a cambio ustedes tienen que asegurar que harán su mayor esfuerzo para detenerlas. Necesito todo el poder posible de nuestra parte.

Celestia levantó una ceja.

—¿Qué sugieres?

—Que se me procese en el Imperio Cristal y que esto sea anunciado a los cuatro vientos. Tendrán que transportarme en tren, y quiero que este tren en se encuentren presentes las Portadoras de la Armonía, la Princesa del Amor, todos; no me importa. Todo el poder que podamos reunir para detener a esas cosas de una buena vez.

Celestia y Luna intercambiaron una mirada y asintieron rápido.

—Es arriesgado — dijo Celestia.

—La única vida en riesgo será la mía — dijo East Wind. — Y si es cierto lo que esas cosas dicen, no las tocarán a ustedes.

—Nada garantiza que salgas con vida — dijo Luna.

—Y ahí entra la segunda parte de mi plan — dijo East Wind. — Solicito que dos mis Caballeros más poderosos nos acompañen también, ellos me ayudarán a salir lo más intacta posible.

—East no puedes venir y pedirle a tus estudiantes…

—No lo hizo, nosotros lo hicimos — dijo Emerald Horn irrumpiendo a la sala, sin su túnica de Caballero. Lo mismo Irish Coffee.

—¿Creen que dejaríamos que nuestra Gran Maestra se exponga así? — Dijo Irish.

—Este plan es una locura pero por lo menos podremos asegurar un escape limpio — añadió Emreald.

La tensión podía cortarse con un cuchillo.

—Por lo menos asegúrense que las Portadoras de la Armonía las duerman, ¿pueden hacerlo? — Dijo East Wind.

Celestia y Luna se miraron brevemente.

—Eres una verdadera idiota East Wind, pero hasta nosotras podemos aprender de ti — dijo Luna por fin. — Una de las mejores ponis que he conocido.

Celestia también bajó la vista.

—Eres una chica admirable a tu manera East Wind. Me hubiera gustado conocerte en otras circunstancias, tal vez yo misma me hubiera ocupado de tu educación y no te hubieras topado con el maestro equivocado.

—De no haberme topado con él usted ni siquiera sabría de mi existencia — dijo East. — Después de todo soy la primera terrestre que enseña magia a todas las razas sin discriminación y que cambió el sistema para que sea así de aquí en adelante.

La poca calidez que había en la mirada de Celestia desapareció. Iba a protestar pero Irish se le adelantó:

—Y antes que nos diga nada, ¿le debo recordar quién tiene la batuta? El cambio ha ocurrido ya porque supimos cómo llegar al corazón del pueblo. El sistema educativo ya ha comenzado a cambiar quiera o no. Ahora, ¿quedamos en el plan?

—Necesitaremos tiempo para organizarnos — dijo Luna. — Por el momento, ¡guardias, escolten ala Gran Maestra!

Dos soldados lunares se adelantaron.

—¿A las mazmorras, su Alteza?

Luna negó con la cabeza.

—A una habitación, es lo mínimo que se puede hacer considerando las circunstancias.

East Wind fue escoltada entonces a las habitaciones que se le facilitaron. Por su parte los Caballeros del Silencio se retiraron a sus hogares, después de todo ellos no eran prisioneros, y por último las Princesas se ponían en contacto con Twilight por medio del aliento mensajero de Spike.

—¿Es una vía segura? — Preguntó Luna.

—Cuento que el tal Night Terror se entere.

—Las Undead saben que es una trampa.

—No, sabrán lo que es: una invitación.

Entonces mandaron el mensaje y Celestia miró por la ventana.

—Es increíble, lo peor de todo este maldito asunto es que East Wind y su grupo nos han vencido, y fue una victoria en verdad aplastante. Tendremos que modificar por completo el sistema educativo.

Luna también torció el gesto.

—Y si las Undeads la acaban, me temo que la convertirán en mártir. Su causa será más fuerte que nunca.

Cuatro días más tarde Twilight y las otras se juntaron en la estación de trenes, listas para ese encuentro con la muerte. Spike las despidió.

—Cuídense mucho, sobre todo tú Twilight — dijo él abrazando a la alicornio morada.

—Gracias Spike — dijo ella. — Tú también, ten mucho cuidado no sabría qué hacer si algo te llegara a pasar.

Spike la sujetó contra sí por un tiempo indefinido hasta que el tren comenzó a silbar anunciando su partida.

—Adiós Twilight, adiós chicas.

—Adiós Spike — dijeron todas en un tono sombrío, eso de enfrentarse a las criaturas que pudieron ser ellas siempre las ponía con los nervios de punta.

Subieron al tren, como quien marcha hacia su ejecución pero se mantenían firmes, ya habían vencido a las Undead dos veces antes y esta vez no sería diferente. Además contarían con mucho más apoyo al tener también a Candace, Luna y Shining Armor de su parte; sin mencionar que también todos los presentes tenían perfectamente claro a qué se estaban enfrentando. Entonces el tren se puso en marcha, sin que nadie notara la larga sombra reptiliana que se colara dentro. Pasaron la media hora que separaba a Canterlot de Ponyville y todos los presentes bajaron a la Estación Real (así se llamaba la estación de Canterlot, no era que Celestia tuviera su propia estación de trenes para eso viajaba en carruajes) y el grupo de seis amigas pasó inmediatamente al único tren que estaba disponible, de hecho la Estación Real estaba cerrada por toda la mañana y sólo esos dos transportes tenían la autorización de estar activos.

En la estación simplemente las chicas bajaron y se montaron al siguiente tren, controlado exclusivamente por personal militar y en donde ya los esperaban las Princesas Luna y Celestia, Candace y Shining Armor.

—Shine, me alegra mucho que estés aquí — dijo Twilight abrazando a su hermano mayor.

—Twily, espero que terminemos con esto de una vez.

—¿Y dónde están los Caballeros? — Quiso saber Pinkie Pie. — ¿No son ellos nuestro apoyo esta vez?

—Tienen su vagón privado — dijo Luna. — Es bastante obvio para todos que ellos mismos tienen su plan aparte, bien. Mientras menos sepamos sobre nuestros mutuos planes será mucho más fácil lidiar con lo que está ocurriendo; en su debido momento podemos apoyarnos mutuamente.

—¿Y son confiables? — Preguntó Rarity.

—La Gran Maestra sólo busca proteger a sus Caballeros — explicó Candace. — Lo mismo el resto de ellos, se cuidan entre sí. Por lo tanto no veo razones para desconfiar.

—Sin mencionar que se entregaron voluntariamente — dijo Shining.

Se hizo un silencio de espera cuando el tren volvió a ponerse en marcha. Todos estaban sumidos en un silencio meditativo, sobre todo los Caballeros. El plan que habían desarrollado no era en absoluto del agrado de East, pero habían llegado a la conclusión que un pequeño sacrificio en el nombre de sus estudiantes valía la pena; y no, no se refería a sacrificar su vida sino todo lo contrario…

Pero tras una hora de camino East Wind hizo un gesto con su casco y de entre las sombras, Spike se materializó.

—¡Oye! — Protestó él.

—Ya llevamos una hora de camino — le dijo Irish en tono condescendiente dándole uno de los cafés irlandeses que había preparado, Spike no se dio cuenta que ella había hecho cuatro cuando eran sólo tres Caballeros los que había en el vagón. — A estas alturas nadie puede ordenar parar el tren y exigir que te saquen.

—Gracias — dijo Spike. — No era por ustedes sino por mi familia por lo que me tuve que esconder.

—Eso pensamos niño — dijo Emerald. — Spike, eres noble y todo pero ten cuidado, ¿de acuerdo? No queremos mandar a un niño a su muerte.

—Con todo y todo, siento que soy el que menos está en peligro ante esas criaturas — dijo Spike.

—En eso puede tener razón — dijo Irish.

El tren siguió moviéndose y los cuatro Caballeros se prepararon haciendo aparecer sus túnicas del Silencio, estaban dispuestos a dar la cara ante esas abominaciones que planeaban destruirlos. Pero entonces el tren comenzó a desacelerar.

—¡Oigan, pónganse listos esto está a punto de empezar! — Dijo Twilight entrando de golpe al vagón de los Caballeros.

Pero entonces sus ojos se toparon con Spike.

—No, no, no, no, no — comenzó a decir ella paralizada del miedo.

Pero entonces el tren se detuvo violentamente y del impacto ella salió impulsada hacia los brazos del dragón.

—Sé que tenemos mucho que decirnos Twi, pero en serio no parece el momento — dijo Spike.

El tren se sacudió por completo y los Caballeros se colocaron cada uno su máscara.

—¡TODOS DETRÁS DE MÍ! — Ordenó la Gran Maestra.

Las tres sombras se posicionaron detrás de ella y Twilight que extendió sus alas de forma en particular protectora a uno de los miembros del grupo. El sonido de cascos caminar deliberadamente lento por el tren les puso sus nervios de punta pero de todos modos se prepararon.

En el otro vagón Celestia, Luna, Shining y Candace prepararon sus cuernos; lo mismo Shining frente a las amigas de Twilight.

Entonces un gran rugido los llamó a todos a la batalla y el techo fue arrancado de golpe por un enorme dragón que rugió con todas sus fuerzas y luego seis figuras encapuchadas entraron a un salto al tren.

—Bien, ¿alguien nos invitó a una estúpida trampa? Porque nos morimos por asistir — se burló Pin-Kill Die.


Bueno, un cap introductorio antes de la batalla contra las Undeads, y señores esta historia está por llegar a su final. Ha sido genial llegar hasta aquí, pero bueno, ustedes comprenderán que es una historia extraña y por mucho que me gustaría ahondar más en ella es el momento de dejarla ir.

Como siempre espero les haya gustado y es y siempre ha sido un honor presentarles uno de mis trabajos; aún si la idea original se la debo a una amiga muy querida.

Cyandel25: me vas a hacer sonrojar amigo, pero gracias por retomar donde yo no pude seguir, realmente agradezco el gran apoyo que ha recibido este relato. Gracias miles y desde mi bella Guatemala y la tricentenaria Universidad de Sancarlos E y yo les decimos:

Chao; nos leemos!