Capítulo 2: Argentina

El amor y el destino suelen ir de la mano. Son las trampas del segundo muchas veces causas del primero. Alguna de aquellas trampas fue causante de la unión de DianiLu, como se solía llamar a la pareja de mecánicas mano y pierna de Emma Swan. Sin embargo, aún en los amores más puros y profundos existen los secretos. Lu, por ejemplo, guardaba uno hacía ya unos meses, aunque eso estaba próximo a cambiar.

Mientras tanto, en el taller de Emma Swan…

Emma: ¡… Y me gustaría que cuando pido que sean discretos, Se-an dis-cre-tos! ¡Gracias! –Corta el celular-.

Diana: ¡Ey! Emi, ¿Qué está pasando?

Emma: -Toma aire- Nada Di, lo de siempre. Alguno anduvo divulgando asuntos viejos de mi ex para vincularme y traerme problemas.

Diana: Hacía tiempo que no te escuchaba decirle "Ex" a NicNeal.

Emma: Y yo hacía tiempo que no te escuchaba llamarlo NicNeal –se ríen, y ella suspira- sin embargo no puedo negarlo. No era un mal flaco, él no tuvo la culpa. Fui yo la cobarde que estuvo con él para no tener que enfrentarme a ser quién soy en realidad. A veces me siento culpable.

Diana: Está bien, Em. Quizás no fuiste capaz de decirle la verdad acerca de tu sexualidad para no herirlo, pero el hecho de que él haya realizado una estafa de miles de dólares a un banco de Francia aún saliendo contigo y no haya tenido la amabilidad de informártelo no le permite convertirse en víctima.

Emma: Lo sé. De todos modos, no puedo evitar sentir culpa. Es decir, sé que lo hizo porque quería que dejara las pistas para que pudiésemos criar a nuestro hijo en paz.

Diana: Quería que dejes de lado tus sueños. No sé por qué, pero no me acongoja-irónica- y dudo que sienta lástima por él alguna vez.

Emma: Sí, soy consciente de eso pero también sé que él no lo veía así. Es decir, pensaba que yo corría porque esa era mi forma de ganarme la vida, y que si conseguía el dinero equivalente a lo que yo fuera capaz de conseguir en tres años de carreras, me alejaría hasta que nuestro hijo tuviese 3 años. – Baja la cabeza y suspira, luego camina hacia atrás y toma una llave inglesa de la despensa- Me lo dijo cuando lo visité en la comisaría.

Diana: Un mentiroso de elite.

Emma: -Sopla- Yo le creo, Di. Estoy segura que para él fue más duro que para mí el haber perdido el bebé. De todos modos, cuando le dije que estaba saliendo con una chica no lo tomó mal.

Diana: -Toma del pico un poco de Gatorade.-

Emma: Hasta se lamentó cuando le conté que terminamos.

Diana: -Escupe el líquido- ¿¡Qué?! ¿Cómo que le contaste que terminaron? ¿Lo fuiste ver a la cárcel?

Emma: -Hablando rápido, mientas zarandea la llave inglesa- No, no, no, no. ¡Minuto! No. Simplemente nos escribíamos por carta, sí, bueno, eso… hasta que lo largaron.

Diana: -Desconcertada- ¿Qué lo qué? Ah, no –Mufa- lo único que te falta es que te hayas juntado con él a hablar de la vida. ¿Te pidió eso por correspondencia, no? ¿Fue por eso la llamada de recién? –Silencio- No lo puedo creer. –Suspira- No tienes arreglo, Nolan.

Emma: No me llames Nol…

Diana: -La interrumpe- ¡Te llamo como quiero! ¿Te vas a ver con ese tipo que casi te hace caer presa por estafa? ¿De verdad? Ni siquiera entiendo por qué salió. No es momento de hacer tonterías Emma Swan y lo sabes. Estamos a nada de la ROC y tú revolviendo mierda del pasado. –Le quita la llave inglesa de la mano y la apunta con ésta- No quiero que luego de verlo vengas llorando a decirme que te hizo mal, que no puedes correr o que la prensa te está rasgando los talones porque ni Lu ni yo nos haremos cargo de tus macanas. Y más si puedes ponernos en peligro a mí y a mi novia. ¡No!

Emma: -Se sienta en un viejo guardabarros oxidado y fruñe el ceño. Luego se desparrama en éste y toma aire-.

Diana: ¿Qué? –Sigue apuntándola con la llave- ¿Vas a negarme que tengo razón? ¿¡O ya lo viste?!

Emma: -Vuelve a tomar aire, revolea los ojos y luego la mira-

Diana: Ya lo viste… es eso. –Cierra de a poco los ojos, deja caer la llave y se agarra la cabeza- Sí, es eso. No puede ser… ¡Emma!

Emma: No puedes juzgarme. Además… es mi vida, nos juntamos solamente para cerrar un ciclo. Él ya no tiene nada más que ver conmigo ni yo con él. –Toma la llave inglesa y la apunta- y tú deberías cuidar más tus elementos de trabajo. No cuestan dos centavos. –La coloca nuevamente en la despensa- Él tiene un nuevo oficio con el cual lo noto muy feliz y yo estoy muy bien como estoy. Necesitábamos despedirnos, algo tan simple como eso. –Sigue ojeando la despensa- Quédate tranquila. No te traeré problemas, Miss Drama.

Diana: Si te trae problemas a ti como corredora con la prensa, me los traes a mí. Recuerda que trabajo para ti y si te quedas sin coche, me quedo sin empleo.

Emma: Relájate Diani, eso no va a pasar. –Se aleja de la despensa y la mira, sonriendo- es sólo una triste parte de mi pasado. Nada más. Un viejo conocido nos vio juntos en un bar y boqueó. Mi agente de prensa quiso desmentirlo y se la mandó. Nada más, asunto terminado. –Se aclara la voz- Dime, hablando de Lu y de no traerles problemas… ¿Dónde está ella ahora? Debería estar en el taller, debemos terminar de preparar el Chevrolet para la evaluación de nuestros próximos auspiciantes. También necesito que le realicen la mantención al VW. Está viejo pero sabes lo importante que es para mí ese auto.

Diana: Eh, sí… -titubea y baja la vista- La verdad, no sé. La llamé tres veces a la mañana pero no contestó y mis whats app no le llegan. Hoy se fue temprano. –Hace pucherito para un costado de la boca- Me tiene un poco preocupada.

Emma: -Se acerca a su coche modelo SS y se apoya en el capó, mirándola- Diani, creo que deberías hablar con Luciana. Últimamente no la noto muy concentrada y creo que algo anda mal.

Diana: -Hincha el pecho, con algo de bronca- Bueno, mira, hablaré con ella, ¿Sí? Igual no me parece una falta tan grave llegar algo tarde o ausentarse un día al trabajo, al fin y al cabo somos tus manos derechas, Swan.

Emma: Ey, ey, sí, lo sé, no las estoy juzgando, sólo digo que deberían hablar. Las necesito concentradas a full. Esta carrera es LA-enfatiza, mirando al techo y abriendo las manos- …oportunidad de mi vida, y no me gustaría desaprovecharla. –Sonríe de costado- y sé que para ustedes también lo es, ¡podrán subir su cachet! Arriba Di, no te pongas a la defensiva, sabes que las quiero y brego por ustedes. –Se baja y le da una palmada en la espalda- Vamos, confío en ambas. Me voy para la pista un rato. Nos vemos a las seis. –Al llegar a la puerta, Diana la detiene-.

Diana: ¡Emma! Espera. Dime una cosa…

Emma: ¿Sí? ¿Qué?

Diana: Dijiste que ahora NicNeal está trabajando de algo que lo hace feliz. ¿De qué? Va, si se puede saber…

Emma: -Se tienta ante la pregunta de su amiga y mecánica de confianza- Ja ja. Sí, se puede. Es ilusionista.

Gina había llegado al autódromo a las 9 a.m. Vestía un Ralph Lucci negro con transparencias en la espalda y a la altura del vientre; y portaba unos stilettos Casadei negros con detalles en plateado. Apoyada sobre el barandal, observó durante toda la mañana a los stock cars hacer sus mediciones temporales, en una posición algo arqueada. Un lujo para la vista de cualquier caminante ocasional que transitara por aquella tribuna casi vacía. El día estaba soleado, aunque el viento que provocaban las barridas de los autos a gran velocidad provocaba un leve movimiento de sus cabellos morenos. Estaba muy concentrada en las pistas, o quizás, algo ensimismada en sus pensamientos, por lo que no oyó que alguien se le aproximaba.

Xxx: Entonces, ¿qué tal estuvo su mañana, madame? –Apoya sus codos en el barandal, haciendo que Regina se corra-.

Regina: Oh, no la vi venir. –Algo confundida, vuelve a poner atención a la pista- Bien, estuvo bien.

Xxx: Ja, ¿Sí? No se la nota muy entretenida, doña. –mientras masca goma de mascar-Eh, al menos que estuviera haciendo mediciones exhaustivas de los automóviles que ve correr. Me atrevería a pensar que la dejaron plantada.

Regina: -Sin quitar la vista de la pista- Un minuto treinta y cuatro, doce décimas.

Xxx: ¿Perdón?

Regina: Su tiempo en recto. Un minuto treinta y cuatro segundos. –se gira, y la mira a la cara- Doce décimas, Emma. –Le muestra un Gucci electrónico que, lejos de llevarlo en su muñeca, guardaba en el puño de su mano-.

Emma: Ah, con que sí estabas midiendo. ¿Te mandaron a tantear automovilistas? –Se pone de costado contra la baranda y suelta una pequeña risa-.

Regina: No. –Se aclara la voz y se da vuelta, apoyándose contra el barandal y sosteniéndose con los codos y trabando la red con uno de sus tacos- Es un hobbie. Un pequeño pasatiempo que tengo. –Esboza una sonrisa- Lo heredé de mi padre. –Baja la vista y sonríe, mirando el reloj-. Buen time, aunque su rendimiento disminuye en las curvas.

Emma: -Gira la vista y se pierde observando la pista. Toma aire- El de todos, supongo.-Escupe la goma de mascar hacía la autovía-. Qué lorca que hace acá, me tengo que sacar este traje lo antes posible porque me voy a terminar volviendo una gota andante. –deja el casco que llevaba en una mano sobre la tribuna y se tironea el cuello del traje hacia adelante.- Insoportable.

Regina: -Algo asqueada, frunce el ceño y se mueve unos pasos al costado- Los modales no son lo suyo, veo. Diaj, arrojar un chic... la goma... nada.

Emma: Oh, no te creas, sé comportarme cuando tengo que hacerlo. No tiro un chicle –le guiña el ojo- por el aire si alguien de altura me está viendo. No estaría en confianza.

Regina: -confundida ante el guiño- ¿No le molesta que yo la vea arrojarlo?

Emma: ¿Me estabas viendo? –Se ríe, y abre los brazos- ¿Qué? ¿¡Te gusto!?

Regina: -Se altera levemente- ¿Qué? No, es decir, está a mi lado, claro que la veo, es decir observo todo y hacía un momento estábamos hablando y…

Emma: La interrumpe- Está bien. –Le toma un brazo- estaba bromeando. Y puedes tutearme, veo que eres del palo.

Regina: Bueno, no en realidad. Es decir, nunca corrí. –Vuelve a apoyarse en la baranda, nuevamente arqueada mirando hacia los autos-. Mi padre sí, en Suramérica. Sin embargo te comprendo, esos trajes deben hacer transpirar bastante.

Emma: ¿Y qué corría? ¿TC?

Regina: -Tomada por sorpresa, se levanta del caño del barandal- ¿Cómo? Quiero decir, ¿qué sabe de mi padre?

Emma: Lo que me contaste tú en estos… emm… cinco minutos de charla.

Regina: ¿Y cómo supiste lo del Turismo Carretera?

Emma: Sencillo. Comprendiste que "lorca" significa "calor", entendiste que "del palo" refería a "del rubro" o algo similar, no te extrañaste cuando te llame "doña" y, como frutilla del postre, estuviste a punto de decir "chicle". Creo que esa palabra sólo la escuché en Argentina. –Se sienta en la primera tabla de la tribuna- Además, me doy cuenta cuando tengo una latina frente a mis ojos. Me resultan una perdición.

Regina: ¿Es de allí?

Emma: ¿Quién?

Regina: Usted.

Emma: Oh, ¡Por favor! Tutéame. Vamos. No pienso tratarte de un modo distante. – la apunta con el dedo índice- Te lo advierto.

Regina: Bien. –Suspira- ¿Eres de allí?

Emma: No. Ya quisiera. Estuve allí por primera vez hace ya algunos años. Diez exactamente. Fuimos con, emm, mi ex, a una competencia automovilística menor, el Top Race. Bueno, tú debes saber, y… -Mira hacia abajo- Y me enamoré. –Sopla- Me enamoré de las pistas.

Regina: ¿No habías corrido antes?

Emma. No,- Inhala y sube una pierna a la tabla- nunca. Un conocido de él corría en la categoría y me dejó co-pilotearlo unas vueltas. Quedé fascinada y luego me enseñó lo básico y me permitió correrlo. A partir de allí, fue todo un camino de ida.

Regina: -Ríe, y una pequeña brisita sale de su nariz- Wow. Qué pequeño es el mundo automovilístico. –Se sienta a su lado, en la tribuna- Debo admitir que cuando dijiste que las latinas éramos tu perdición, creí que eras lesbiana.

Emma: Y lo soy. ¿Viste lo que son las jóvenes del TC2000? ¡Dios! lástima lo huecas. Con algo de neuronas creo que más de una tendría alquilado el lado izquierdo de mi cama. Siempre trato de hacerme una escapada a Argentina, aunque sea una semana. –Saca un paquete de pastillitas de menta con uva y hace un gesto de oferta a Regina, quien lo rechaza. Se mete una pastillita en la boca.- La gente de allí es realmente agradable. Los asados, el mate, el dulce de leche, la pasión por las carreras… es un lugar diferente a todos. ¿De verdad no quieres?-aun con el paquetito en la mano.- ¡Prueba una! Son una delicia.

Regina: -Con la palma de la mano derecha extendida- No, no, gracias. Me dan alergia la menta, el eucalipto y ese tipo de hierbas.

Emma: Uh, de lo que te pierdes. –Sin terminar la primera, se mete otra pastilla en la boca- Zon otraz.. de mizzz… perdicionezzz.

Regina: -Se pone seria- Está bien, de verdad, no quiero. Dime, ¿Quién era ese corredor que te prestó el auto en Argentina?

Emma: Ah, tenía un nombre medio de gringo para vivir allí. Me acuerdo, se llamaba… – piensa- Henry. Henry Mills.-Sonríe, todavía con los cachetes hinchados de contener las pastillas sin disolver-.

Gina dejó caer el Gucci que tenía en la mano. No podía ser. Aquella desconocida había piloteado el auto de su propio padre. Aquel que nunca le había permitido subirse ni siquiera al asiento delantero por miedo a que un accidente cualquiera le costara siquiera un rasguño. El que le enseñó todo del mundo automovilístico pero no le permitió siquiera sacar un registro de conducir profesional. En apenas un verano, un intercambio de palabras y por medio de un amigo, aquella rubia desfachatada consiguió hacer lo que ella durante toda su adolescencia y primera adultez había añorado y nunca había podido hacer.


Se me reclamó que el capítulo anterior fue corto. Pues bien, acá tienen un capítulo más largo. ¡Espero que lo disfruten!