Capítulo 3 A: Rose Tinkerbell

En el mundo de las finanzas y los negocios uno puede encontrarse con personajes de todo tipo. Apostadores, accionistas, emprendedores, empresarios, trabajadores, agentes de la bolsa, comerciantes, ganadores y perdedores. Todos caen en la misma balanza. Son todos muy distintos, y entre todos ellos se encontraba en aquel momento una mujer particular. Una auténtica estratega de mercado, que tras los años había logrado no sólo ser completamente racional y comerciante, sino que también había conseguido explotar provechosamente capacidades ajenas para incrementar recursos propios. Su nombre era Rose Tinkerbell.

Comenzó siendo una simple estudiante de abogacía que decidió probar suerte como pasante en el departamento de derecho de la Bolsa de New York. Allí se hidrató de todos los conocimientos financieros y artilugios legales que existen en el mundo capitalista para hacer dinero. Incluso, si eso implicara arruinarle la existencia a una familia entera, perder la dignidad o la autonomía. También fue allí donde aprendió a especular y donde conoció a quién se había convertido en su principal fuente de ingresos hasta la aparición en escena de Emma Swan: Robin Hood.

Ambos llegaron a ser muy amigos en poco tiempo. Robin había iniciado una demanda legal a uno de sus agentes de bolsa que por error presentó acciones en la Bolsa de valores de NY en vez de hacerlo en la NASDAQ, como le había solicitado el corredor. Si bien el paquete accionario no pudo ser retirado del mercado, Rose lo asesoró acerca de cómo podía sacar mejor provecho de su pérdida, por lo que llegaron a entenderse muy bien. En todos los aspectos. Rose llegó a saber todo de él.

Sabía que moqueaba viendo Titanic, que amaba el licor ruso y la cerveza belga. Que cuando estaba soltero fumaba a más no poder y los habanos importados eran su debilidad. Sabía que le gustaba participar de orgías y que, si tenía que elegir, prefería que le hicieran la cola. De hecho, ella había participado en muchas de ellas. Había estado con él también. Siempre se mostró como una real activista de la comunidad gay, aunque en realidad ni ella misma sabía lo que era. Sólo sabía que le gustaba el lujo más que respirar, pero que era incapaz de atarse a ningún/a magnate con tal de conseguirlo. Había intentado estar en pareja más de una vez, pero nunca llegó a sentirse del todo cómoda. Cada vez que probaba, sentía que le quitaban las alas.

Esa mañana, Rose también llegó temprano a la pista. Era la manager de la principal figura de Toyota en la ROC y no podía dejar escapar ningún detalle. Hood le había encargado que le organizara la agenda de entrevistas, comenzando con la prensa gráfica. Cada media hora una nota, no más de 30 minutos por revista. Los diarios, 20 minutos. Televisión y medios audiovisuales varios debían realizar esperar al día siguiente. Supuestamente, el motivo era que aún no iba a tener confirmadas las nuevas reformas del motor, aunque en realidad Tink, como él solía llamarla, sabía perfectamente que la verdadera razón de la posposición se debía a que no había alcanzado a pasar por la peluquería para afeitarse.

Al igual que Regina, aprovechó para poner un poco de atención en los corredores que habían comenzado a frecuentar el autódromo para poner a tino sus coches. A diferencia de ésta, claro, ella sí lo hacía con fines estrictamente estratégicos.

Si bien Swan no estaba dentro de las personalidades que se destacaban por sus tiempos en la liga de campeones, evidentemente esa muchacha tenía algo.

Tres de los principales auspiciantes de Hood habían virado parte de sus inversiones en esa chica, y una de las principales marcas de lubricantes de California le había ofrecido suministros sin costo, tanto para su auto como para toda la línea Chevrolet en lo que respectaba a la categoría Stock Cars de ese año.

Luego de meditarlo bastante, llegó a la conclusión que lo que atraía tanto a sus sponsors era el género. Era una mujer en la ROC. Una mujer que se atrevía a desafiar a cientos de hombres y a romper con las estructuras. Un volcán a punto de estallar. Una mina de oro.

Tras cerrar una cita con WardsAuto para las 15 hs. Tinkerbell dio por terminada su labor y se acercó a la tribuna del autódromo, donde observó a lo lejos que su olla de oro al final del arcoíris charlaba con la esposa de su actual sostén. Sin más, decidió intervenir. Podía ser una gran oportunidad para comenzar una business relationship management.

Rose: - Se aproxima a las jóvenes, y observa que la rubia estaba recogiendo un reloj quebrado del piso- Buena jornada, Miss Hood, ¿Le pasa algo? ¿Quién es la dama que la acompaña-mira hacia abajo- si es tan amable de presentarme.-Extiende la mano-

Emma: -Se levanta, con el reloj en la palma- Dama, ¡Ja! Guárdese la ironía, señorita. No es por ser descortés pero tengo el guante de la mano derecha con grasa y no me gustaría mancharle su impecable traje verde –socarrona- Imagino que gastará fortunas en la tintorería.

Rose: -Sonríe, falsa- Ja, no crea que tanto, está dentro de mis honorarios. –Mira de reojo a Gina, quien miraba fijamente a Emma sin prestarle atención a la manager de su marido.- Bien, veo que no me van a presentar. –Gira hacia Emma- Mi nombre es Rose. Rose Tinkerbell, representante de Robin Hood por Toyota, de Justin Timberlake y de Marc Gasol.- Sonríe, y hace un gesto de complacencia con su mano izquierda mientras lleva para atrás la derecha- a sus órdenes.

Regina: -Reacciona- Ah, sí, Tink, ella es Emma, corre para Chevrolet. -Da un paso hacia atrás, agacha la cabeza y se corre el un mechón de pelo que le cae de costado-

Emma: Ah, un gusto –Levanta el dedo pulgar, mientras mira de reojo a Regina.- Se te cayó esto.- Levanta la mano izquierda con el reloj averiado.

Regina: Jum.

Emma: ¡Hey! ¿Me escuchas? Esto se te cayó… -Con el dedo índice pero sin soltar el reloj, le toca el hombro-.

Regina: ¡Ah!, sí. Uh, se rompió. Bueno, gracias. –Levanta la vista y lo toma- Discúlpame no… -mueve la otra mano, como saludando- no me prestes atención. Yo, eh, debo irme.

Emma: Oh, pero cómo, espera, ¡no me has dicho tu nombre! –La ve alejarse- Okay. Muy amable, linda charla. –Mufa- La gente es tan extraña a veces.

Rose: -Tose-

Emma: Ah, sí, me decías, la representante de Hood y del que juega baloncesto.

Rose: Ajá. Y del famosísimo cantante…

Emma: ¿Marc Gasol canta?

Rose: Ugh, olvídalo. ¿Molesta si la tuteo? Imagino que no. Te decía, si estás buscando una manager cazadora de auspiciantes –Saca una tarjeta de su pequeño bolsillo superior- Ya sabes dónde encontrarme.

Emma: -Se rasca la cabeza- Emm, te agradezco la tarjetita pero yo ya tengo quién se encargue de esto. –Intenta devolvérsela-.

Rose: Oh no, quédatela. Por las dudas, nunca se sabe, en el universo de la fama todos van y vienen, verás…

Emma: Bien, la guardo –La sostiene con el elástico del pantalón- Gracias.

Rose: No hay por qué – Se gira, dispuesta a retirarse.

Emma: ¡Aguarda! Uh, es decir, vi que tú y la… dama de negro…

Rose: Regina, sí, ¿qué pasa con ella?

Emma: Nada, justamente eso. Noté que se conocían y quería preguntarte quién era.

Rose: Ah, sí, escuché que se fue sin darte su nombre… -Baja la vista y suspira- Ella es Regina Hood, la esposa de mi representado.

Emma: ¿Ella es…? Wow.

Rose: Ja, sí. Seguramente está algo preocupada por la campaña de prensa del marido que se lleva a cabo entre hoy y mañana, por eso no te prestó tanta atención. ¿Tú cuándo la tienes?

Emma: Yo no tengo.

Rose: Bueno, si quieres podría…

Emma: Gracias, pero no. No me interesa y ya tengo quien se encargue de mis comunicaciones públicas. Te agradezco.

Rose: Bueno, si cambias de opinión, sabes dónde encontrarme. –Saluda con la mano y se retira.-

Emma se dirige al taller, y al no ver a niguna de sus mecánicas principales decide telefonear a Diani.

Diana: ¿Sí?

Emma: ¿Se puede saber dónde están ambas?

Diana: Oye, vine por Lu, creo que sé dónde se dirigió y la estoy yendo a buscar, me preocupé.

Emma: ¿Y crees que deba preocuparme también?

Diana: No, no. No me hagas caso, recuerda, soy Miss Drama.

Emma: Ja, ja, ja, sí, lo sé muy bien. Bueno, igual yo contigo no quedé sino hasta las seis pero pasé por el taller, más que para supervisarte, para contarte un chimento.

Diana: ¿Qué?

Emma: No sabes el caramelito que se come Hood.

Diana: ¿Eh? No puede ser en serio.

Emma: Sí, bueno, es latina, sabes, son mi delirio.

Diana: Lo tengo muy claro –revolea los ojos mientras camina con el móvil-.

Emma: Para completarla, es argentina, o bueno por lo menos vivió allí de pequeña.

Diana: ¿Y tú cómo sabes eso?

Emma: Ella me lo dijo, va, lo adiviné y me lo contó.

Diana: ¿Lo adivinaste, o te lo contó?

Emma: Ambos, ya te explicaré con detalles cuando nos veamos.

Diana: Emma, es casada.

Emma: ¡Me midió! Quizás le atraigo –hace gestos con los hombros mientras sostiene el teléfono con la cabeza-.

Diana: ¿Te midió qué? ¡Si tú no tienes!

Emma: Oy, eres una idiota, me midió el tiempo que tardo en recto y en curvas.

Diana: ¿Te temporizó? Ogh Emma Swan, ¿tan inocente vas a ser? La mujer seguramente estaba tanteando los tiempos para ver cuánto tiene que mandar a acelerar su marido el motor sin temor a perder.

Emma: Yo creí lo mismo pero me lo negó. Me dijo que era su pasatiempo.

Diana: Y si te decía que la luna es de queso y que las manzanas son azules seguramente también ibas a creerle. –Ve la silueta de su novia a lo lejos- Emi, debo cortarte, creo que vi a Luciana.

Emma: Okay Di, ¿Sabes? Si quieres tómate el día y dile a Luli que puede hacerlo también. –Se mete otra de sus pastillas de uva y menta en la boca- Hoy el autódromo estará lleno de prensa y mañana también porque el Hood ese va a estar dando notas luego de probar su auto. No tengo ganas que algún cronista menor venga a buscarme para robar caracteres en su columna una vez que Robin lo ignore en la conferencia de prensa. Pasado mañana y con las aguas más tranquilas, haremos las pruebas en el asfalto.

Diana: Bien, gracias amiga.

Emma: Suerte con eso. Yo voy a darme una ducha. Hoy estaba despejado y sabes cómo refracta el sol en el parabrisas… apesto.