Capítulo 4: Secreto –casi- revelado

Diana detuvo a Luciana apenas pudo alcanzarla.
Esa mañana Lu había googleado la dirección exacta del Memorial Sloan-Kettering, una de las clínicas oncológicas más prestigiosas de Nueva York y del mundo. Al no tener la PC dividida en usuarios, su búsqueda había quedado indexada en el historial. Cuando Diani la detuvo, Luli tenía una gran cantidad de papeles en su mano izquierda y una derivación al sector de neumonología en la derecha. Inmediatamente la bañó una catarata de preguntas: ¿Qué haces aquí? ¿No sabes que me preocupo cuando pasan horas y no sé nada de ti? ¿Qué son esos estudios que llevas? ; y la más repetida: ¡¿Por qué diablos no confías en mí, Luciana Stefania?! ¡Te estoy hablando!

Sin embargo, Lu hizo caso omiso de sus cuestionamientos. Su mente estaba ocupada en otra cosa. Su mirada no se despegaba de la pantalla que anunciaba los turnos. Al verla, sólo atinó a inhalar hondo, como quien sabe que a partir de ese momento habrá de armarse de paciencia. Al escuchar su segundo nombre se mordió los labios y revoleó los ojos. Su chica ya no sabía qué hacer para llamar su atención. No tenía ganas de dar explicaciones. Sabía que darlas sólo acarrearía más reclamos. Si bien jamás le ocultaba nada, sentía que tenía derecho a hablar cuando ya tuviera todo un poco más claro. Había cosas que ni ella sabía y que, si no tenía apuro en averiguar, tampoco tenía intenciones de ventilar para que buscaran que se interesase en enterarse.

La llamaron por su apellido. Caminó directo al consultorio con Diani hablándole al oído, tratando de obtener alguna respuesta. Ya no le reclamaba nada, sólo quería saber qué estaba pasando. Como toda contestación, acarició la mejilla de su novia con sus nudillos y le dedicó una sonrisa de costado. Entró a la sala de atención y Diana se quedó plasmada en la puerta. Fue allí cuando Luli se dio vuelta y le hizo un gesto de aprobación, para que la acompañara en la consulta. El doctor tomó los resultados de su tomografía computada de pulmón y el laboratorio de unas muestras que le habían tomado hacía unas semanas, ante la vista atónita y confundida de Di. Le preguntó si fumaba, si tomaba alcohol, si se drogaba y demás preguntas de rutina. Luego le preguntó cuál era su rutina, su trabajo, su pasatiempo preferido y aquello que le daba rabia. Finalmente le consultó desde cuándo presentaba síntomas. Hacía seis meses. O siete. Quizás más, no lo sabía, nunca se prestó especial atención a sí misma. Comenzó siendo una molestia menor, a la cual no había prestado atención puesto que en su infancia había sufrido leves ataques de asma, y aquella primera sintomatología se le asemejaba mucho. Luego comenzó a bajar de peso. No le pareció algo malo, después de todo. La tos se volvió más usual, sobre todo en el taller. Hasta que un día, hacía aproximadamente un mes y medio, había tenido un ataque de tos diferente. Había tosido con sangre. Fue en aquel momento que hizo su primera consulta, a la cual siguieron varias más hasta llegar allí.

El diagnóstico era claro, tenía un tumor no microcítico en el pulmón derecho. Si bien no estaba tan evolucionado, por su ubicación debía ser operado con ablación por radiofrecuencia. "Tranquila, se cura." dijo el médico. En realidad el tranquila iba un poco más dirigido a Diana que a Lu, quien en para ese instante se encontraba casi tan blanca como el guardapolvo de éste. El doctor destacó que no se había diseminado y que una operación veloz daría éxito sin mayores secuelas. Lo único, eso sí, sus defensas estaban bajas y así quedarían durante un tiempo, al igual que sus pulmones, que serían un tanto más sensibles. En el taller trabajaban con nafta, GNC y gas oil constantemente. Eso afectaba directamente sus bronquios, por lo que era aconsejable que dejara de trabajar como mecánica si deseaba obtener una real recuperación.

Requería operarse pronto y la operación costaba una fortuna. Podía, quizás, intentar hacerla en otro lado, pero los riesgos eran muchos ¿Y qué mejor que hacerla allí? Por lo menos en el estado no había un lugar mejor. Salieron en silencio. Contraria a sus expectativas, Diani no le dijo nada hasta que se sentaron en el banco de una plaza. No es que no tuviera nada para decir, pero dijera lo que dijera, podía quebrarse. Si bien aún se encontraba desconcertada por el hecho de que la persona por la que daría la vida no le haya revelado antes lo que le pasaba, era mayor la angustia que sentía por lo que acababa de enterarse; sabía que de decir algo podía quebrarse y no debía, ya que tenía que mantenerse fuerte por su chica, al fin y al lado sólo ella sabía lo que sentía en ese momento.

Luciana: -Inhala y se sienta-.

Diana: -Rompe el silencio- ¿Sabes? No te he dicho, pero Emma nos dio el día a ambas.

Luciana: ¿Sí? Ya le agradeceré. –Mira hacia otra dirección-.

Diana: Sí. Le he dicho que no tenía de qué preocuparse, aunque a la mañana se mostró algo disgustada porque no habíamos realizado la mantención del VW y del Chevrolet.

Luciana: Ese VW… apuesto que se molestó más por eso que por no tener listo el control del motor.

Diana: -Esboza una sonrisa- No, pero casi tanto. –Lu le devuelve la sonrisa, y Di la toma del hombro, haciendo que esta la abrace- ¿Quieres ir a Starbucks? –Con tono burlón para hacerla reir- Yo invito.

Luciana: -Se muerde los labios, sonriendo.- No. No podemos.

Diana: ¿Qué? Pero si el doctor no dijo…

Luciana: -La interrumpe- ¡No tienes tu vaso térmico!

Diana: Oh, no… claro… -Saca de su bolso un vaso- Me extraña araña que siendo mosca no me conozcas.

Luciana: ¿¡De verdad?! Creí que venías del taller.

Diana: Sí, pero pasé por casa antes. Así supe dónde estabas.

Luciana: Ah…-Baja la vista.-

Diana: Jey…-La levanta del mentón, haciendo que la mire- Tranqui, todo va a estar bien. Conseguiremos el dinero y hablaremos con Emma, será algo sencillo.

Luciana: No, con Emma no. Di, conociéndola cómo es, no me dejara trabajar más y me quedaré sin empleo.

Diana: Conociéndome a mí, deberías saber que yo tampoco te dejaré trabajar allí.

Luciana: -Cambiando el humor.- Of ya sabía, siempre igual tú. ¡Por eso es que no te dije nada antes!

Diana: -Poniéndose seria.- No puedes pedirme otra cosa.

Luciana: ¿No puedo pedirte qué? ¿Trabajar de lo que amo? ¿De lo que me gusta y apasiona? Ah, sin mencionar que es lo que nos da de comer.

Diana: No es lo único que amas. Puedes buscar otra cosa, no sé, adoras dibujar y…

Luciana: -La interrumpe- También adoro comer frutillas con crema y no trabajo haciendo postres.

Diana: Okay. Entiendo, pero entiéndeme y entiende tú también. Luego de la operación no puedes..

Luciana: -Vuelve a interrumpir- Hablas de la operación como si siquiera supieras que se llevará a cabo. Diana, ¿No ves que no podemos dejar en banda a Emma ahora? El post operatorio es largo, la cirugía es costosa y, aunque quisiera, ella no nos puede dar ese dinero. Sabes que equivale a la mitad del premio mayor que le darán los auspiciantes en caso de ganar la ROC, además del título. Ni en la mayor de las utopías es posible.

Diana: Sabes que Emma nos daría todo el premio si supiera. La conoces.

Luciana: Perfectamente, por eso sé también que nos necesita y que no podemos ponerle la presión de ganar. Ni ella cuenta con ese dinero ni contará, así como tampoco corresponde expropiarlo.

Diana: -Toma aire, tratando de contener su nerviosismo. Entendía que Lu respondiera algo agresiva porque estaba sensible pero sabía que si ella se dejaba llevar por sus impulsos sería peor- Podríamos tomarlo a modo de préstamo.

Luciana: Préstamo de un dinero que ni sabemos si ella tendrá. Y que nosotras no tendremos en la vida.

Diana: No, no, no, espera, no es así. El dinero lo tendremos y la operación se realizará pronto. Ya verás. Te lo prometo.

Luciana: No prometas cosas que no puedes cumplir.

Diana: Sabes que no lo hago. Sé que será así, yo lo conseguiré. Confía en mí. ¡Por favor! Y no vuelvas a ocultarme algo así nunca. No podría soportar que te pase nada.

Luciana: Bien, ¿Tienes un plan?

Diana: -Titubea.- Algo así.

Luciana: Okay, confiaré en ti. Discúlpame, pero sabes que detesto cuando te pones cargosa con los cuidados y…

Diana: Y yo no puedo evitar cuidarte.

Luciana: Ogh, bueno, -le saca el vaso que llevaba en la mano- ¿Marchan dos caramel macchiato?

Al día siguiente Emma aprovechó para descansar. Había resuelto que no iría al autódromo para toparse con toda la prensa de Hood, por lo que aprovecharía para dormir hasta tarde. No había, según ella, mayor placer en el mundo que dormir hasta tarde los días nublados. Por la tarde decidió pasar por el taller para visitar a sus amigas y ver si todo andaba bien con Lu. Pensó en llamar, pero adivinó que Luciana ya tendría demasiado con su chica y no quería que pensara que le estaba pidiendo explicaciones, pero debía asegurarse que todo estuviera en condiciones por la prueba que realizarían al otro día. Sin embargo, pasado el mediodía recibió un llamado que la quitó de su largo sueño. Se trataba de Pan, su representante, quien le anunciaba telefónicamente su renuncia. La corredora no lo podía creer ¿Justo ahora iba a dejarla en banda? Él argumentó que era lo mejor puesto que no estaba capacitado para estrellas de tal envergadura, a lo que Swan respondió que sabía que ella no era ninguna estrella y que lo consideraba un amigo, por lo que se sentía muy decepcionada. Si bien se mostraba decidido en la conversación, un ligero silbido en su voz daba a pensar que hablaba asustado. Sin embargo, eso no conformaba a Emma. Su amigo le había fallado y ahora tendría que buscar un nuevo representante.

Luego de almorzar, la rubia pasó por el taller. Allí encontró a sus amigas controlando el tiempo de aceleración inmediata de su auto de carreras.

Emma: Buenas, Buenas… ¿Cómo va todo por aquí?

Diana: ¡Hola! ¿Qué cuentas, Emma?

Emma: Algunas malas, pero eso pierde cuidado, ¿Cómo estás, Lu?

Luciana: Bien, em, ¿tienes un rato? Luego me gustaría hablar contigo.

Emma: Claro, tengo toda la tarde y, si sigo así, creo que tendré todo el mes.

Diana: Y luego yo soy Miss Drama, ¿Qué ocurre?

Emma: Nada Di, sólo que Pan ha renunciado. ¿Puedes creerlo? ¡Justo ahora!

Luciana: Ugh… bueno, quizás tuvo algún inconveniente personal.

Emma: Sea lo que sea, no quiso decirme. Argumentó que no estaba a la altura de mi status. ¡Ja! Maldito cagón.

Luciana: Ya, no sabes qué ha ocurrido. Quizás venía teniendo problemas de antemano y no tuvo la ocasión de decírtelo

Emma: Si fuere así debería habérmelo dicho en su momento. Yo lo formé, le di la posibilidad de crecer y prioricé emplearlo a él antes que a alguien más capacitado porque valoro su amistad y sé que su mujer no se encuentra bien. ¡Así me lo paga! Podría haberme acompañado hasta correr la carrera pero no, se abre justo ahora. –Mufa.- Chau ROC, chau competencias, chau premio, chau sueño, chau todo.

Diana: Emma, puedes correr esa carrera sin prensa, ya has clasificado. Los auspiciantes los tienes, el auto también y cualquier representante de medio pelo aceptará el trabajo.

Emma: -Suspira.- Sí, puede ser pero no es lo mismo. Sabes que priorizo los lazos a las relaciones comerciales. –Las mira a ambas, de a una.- Gracias. Gracias por estar. Gracias por ser incondicionales. –Mira a Diana.- Perdón por cuestionarte la demora el otro día. Sé que no lo merecías. Tú sí que eres de hierro. –Gira la vista hacia Lu- Ambas lo son. Totalmente fieles. Jamás me fallarían. No sé qué sería de mí sin ustedes. –Sonríe y toma la mano de cada una.- De verdad. Gracias.

Di y Lu cruzaron miradas de preocupación. Cuando Emma le preguntó a Luli qué era lo que quería decirle, esquivó el tema argumentando que había olvidado retirar seis litros de líquido refrigerante que había encargado al proveedor por la mañana. El asunto se tornaba cada vez más complicado.

Por su parte, Regina asistió a las conferencias de prensa que brindó su marido durante toda la jornada. Sin embargo, recién logró entablar un diálogo con Tink entrada la tarde, ya que la agente no había querido prestarle atención antes. Le comentó que no recordaba con exactitud quien había comprado el auto, pero sabía que se trataba de una mujer que se había contactado con ella luego de encontrar el automóvil publicado en un clasificado del periódico pero que, si lo deseaba, guardaba esos papeles en el estudio y podía pasar a revisarlos a eso de las 19 horas.

Luego de terminar de ultimar detalles con el coche, las mecánicas fueron al supermercado a hacer las compras para la cena de la noche. Sin embargo, Emma se quedó un rato más en el taller, hasta cuando no hubo más nadie. Adoraba estar allí, sentir el olor la goma y el asfalto era para ella como un elixir vital. Era difícil para ella imaginar que unas horas después cenaría con la esposa de su principal competidor en ese mismo lugar.


¡Gracias, gracias, gracias, a las que leen y firman la fan fiction! Me gusta mucho leerlas. A veces me siento Adam y Eddy porque tienen ideas mejores que las mías. La sola posibilidad de imaginarme a Lu como el hombre al que vio Rose me hizo la noche, jajaja son geniales.