Capítulo 5: Inverosímil
Rose: Bien, estos son todos los papeles. ¿De verdad no crees que Robin deba estar aquí?
Regina: No. Es el auto de mi padre.
Rose: Era, madame. Ahora es de la firmante –Gina la mira, fulminante.- Lo lamento pero siempre es mejor hablar con propiedad.
Regina: Como sea. ¿Entonces esto es todo? No veo una maldita firma de un titular en nada de esto.
Rose: Eso es porque envió a un escribano y a un abogado. Ella no se presentó nunca en persona.
Regina: Veo el valor que le daba al auto, que enviaba mandatarias.
Rose: En realidad por lo que recuerdo haber escuchado en una ocasión, las mandatarias se las había recomendado su novio desde la cárcel. –Enciende un cigarro y da una pitada.- A veces los mafiosos tienen mayores contactos que los poderosos. –Mira hacia al techo y reflexiona- Aunque los poderosos llegan a serlo debido a la mafia.
Regina: No lo entiendo.
Rose: -Exhala humo- ¿Qué no entiendes, querida?
Regina: Estos papeles están cuidadosamente hechos. No omiten detalles, describen el auto, sus partes y accesorios con total exactitud… Quien los escribió, o conocía al coche, o conocía a mi padre. Y muy bien.
Rose: O estaba bien asesorado.
Regina: Como sea, ¿quién es el apoderado? Debo contactarlo.
Rose: No hace falta. En la fotocopia del nuevo título de propiedad del automóvil figura el nombre de la nueva dueña. –Toma un papel y lee en voz alta- Emma Nolan.
Regina: ¿Qué pasa con ella?
Rose: Nada, que es la propietaria del VW ahora. –Apoya el cigarrillo en el cenicero-.
Regina: Ah. –Sigue hurgando en los papeles. Luego reacciona.- ¡¿Qué?!
Rose: ¿Qué ocurre? –Gina le quita rápidamente las fotocopias de sus manos- ¡Jey! Cálmate.
Regina: ¿Cómo que qué ocurre? ¿No lo ves?
Rose: ¿Ver qué? –Observa de reojo nuevamente los papeles.- ¿La conoces?
Regina comprendió entonces lo que ocurría. La representante de su marido ignoraba que Emma Nolan era en verdad, Emma Swan, la nueva corredora de la ROC. Meditó un instante y decidió que, de momento, lo mejor sería actuar con discreción. Le respondió que simplemente era un shock para ella tener esa información en sus manos y que le agradecía su ayuda. Tinkerbell se ofreció llevarla a su hogar ya que olfateó que algo se traía entre manos Miss Hood, pero ésta se negó. Argumentó que había tenido una mala noche la anterior velada y prefería salir a dar un paseo antes de volver a su casa. Sola.
No tardó en averiguar la dirección del taller donde Swan realizaba el mantenimiento de toda su carrocería. Quedaba cerca de la costa. Si de verdad ese automóvil era tan importante para ella como aparentaba, debía llevarlo con ella en sus viajes, por lo que intuía que también podía encontrarse allí. Cual delincuente, roció base en polvo en el portón de entrada para poder descubrir dónde se encontraban los censores de la alarma. Increíblemente, ésta no estaba puesta. Era su oportunidad. No quería esperar al otro día y mucho menos darle explicaciones, cuando ella consideraba que las merecía más.
Deslizó el vidrio de una de las ventanas traseras y penetró en el recinto. Aprovechó la aplicación de linterna de su celular para ver con mayor claridad. Sin embargo, notó que al fondo del taller había un auto con la luz delantera encendida. No tardó en descubrir que efectivamente se trataba del auto de su papá. Alrededor no parecía haber nadie. Tampoco en su interior. Despacio, se acercó hasta destrabar la puerta. Grande fue su sorpresa cuando, al abrir la puerta, vio que tenía la llave puesta.
Emma: -Sale desde el asiento trasero y se apoya en el cabezal, divertida- Me extraña que no sepas que cuando se quita la llave se apaga la luz.
Regina: -Dando un respingo que, instintivamente, la llevo a tirarse hacia atrás.-
Emma: -Arquea una ceja- Uf, te recomiendo que te levantes del piso. Hoy mis mecánicas estuvieron trabajando mucho y no hubo tiempo de limpiar demasiado.
Regina: Lo lamento. Es… yo sólo…
Emma: Todo bien. A robar no venías, o por lo menos de este auto no creo que fueras a robar nada. Quiero que sepas, igual, que la curiosidad mató al gato. Si venías en búsqueda de extraños algoritmos o tanques de helio que potenciaran mi velocidad, lamento comunicarte que –abre sus brazos- esto soy, esto tengo. No hago trampas. Ahora, si venías a alterar mi coche, Regina Hood, lamento decirte que te debo denunciar.
Regina: No, espera, no vengo por eso. Yo… em… descubrí algo curioso de ti.
Emma: Se tira hacia atrás en el asiento y toma un sándwich envuelto en papel de subway.- Sabía que te gustaba. –Le guiña un ojo-.
Regina: Oh basta, es en serio. –Se para y luego se sienta en el asiento delantero, haciendo que Emma arquee sus cejas en una mezcla de sorpresa por el atrevimiento y gracia por la situación que estaba viviendo.- Mira, eh, resulta que tú tienes algo que me pertenece. Digo, me pertenecía hace un tiempo. Quizás no lo sepas, no lo veas o no lo entiendas, pero este auto a que tú estás ensuciando el tapizado con migas era de mi padre. Yo sólo vine al taller a ver si efectivamente lo tenías aquí y cuando lo vi me acerqué. Sólo necesitaba verlo, tengo…
Emma: -La interrumpe- ¿En serio no se te ocurren escusas mejore –burlona- Miss Hood?
Regina: -Suspira.- Es verdad. –Piensa.- Ya sé, ya verás… -busca en su cartera.-
Emma: -Se acerca nuevamente al asiento y frunce el ceño.-
Regina: Aquí, mira.- Saca una fotografía de su cartera- Este es el auto. Esta soy yo y este mi padre.
Emma: -Toma la fotografía, algo sorprendida- No puede ser. ¿Eres hija de Henry Mills?
Regina: -Algo dubitativa- Sí… Bueno, me causó intriga el motivo por el cual mi padre te hubo permitido pilotear su auto. –Se sienta contra el respaldo y apoya su nuca en el cabezal, quedando de espaldas a la rubia.- Yo nunca pude hacerlo, jamás tuve el valor de desafiarlo. Creí que cumpliendo su deseo le estaba siendo fiel, pero no resulté más que una estúpida sumisa. Luego de su muerte la agente de mi marido lo vendió –Se angustia- Y ahora sólo deseaba volverlo a ver porque pensaba que quizás entrando en él, regresando a su mundo, podría entenderlo un poco mejor.
Emma: -Toma aire- ¿Y bien?
Regina: -Se le cae una lágrima- Sólo tengo más preguntas. –Quiebra en llanto.-
Emma: Ey, ey. Ouh, Ouh, -Abre la puerta trasera y sale, dando la vuelta por el frente del coche para ingresar por el asiento del acompañante.- Calma, sh…. –La toma de un hombro haciendo que vaya para su lado. Regina se deja caer sobre Emma y ésta la sostiene, tomándola con fuerza.- Está bien. -Le masajea el pelo.- Ya, ya… estoy aquí.
Regina: Lo lamento. Es sólo que…-Se limpia las lágrimas con su chalina negra.- Lo necesito, Emma. Lo necesito tanto…
Emma: Bueno, veo que alguien no anda muy bien. En primer lugar te diré que, si bien es mi auto, soy capaz de entenderte, y que puedes venir a verlo siempre que quieras. Sólo pídemelo. Entrar cual ladrona en un taller mecánico no me parece digno de una dama. –Le acaricia el brazo, sin soltarla.- Y en segundo, que me sorprende todo esto. Es decir, imagino que será fuerte para ti jamás… siquiera haberlo conducido.
Regina: -Se incorpora.- Lo es. Disculpa. Es que, ¿sabes? No entiendo qué tuviste tú que yo no haya tenido. –Habla con bronca, revoleando la chalina- Cualquier adolescente hubiese tomado sin permiso el auto de su padre. Sin embargo yo siempre esperé a que fuera él quien me autorizase a correrlo y nunca, ¡nunca! me lo permitió. Luego de su muerte no fui capaz de volver a subirme al auto.
Emma: Hasta hoy.
Regina: Sí. Y es… -Con bronca, rechinando los dientes- ¡Y es que no entiendo qué tienes tú para merecer esto! ¡¿Qué te vio?! ¡¿Por qué tú sí y yo no?! Sé lo que mi papá amaba este auto como sé lo que yo lo amaba a él. Lo que lo amo. No entiendo.
Emma: -Ríe-
Regina: ¿Puedes explicarme qué te da risa?
Emma: Verte celosa de mi me enternece.
Regina: Pues a mí esto no me causa ninguna ternura. Y quiero dejar en claro que no sabía que habías sido tú la compradora cuando hablamos hace dos días. De verdad no tenía idea de tu existencia hasta ahora.
Emma: No me extraña que Henry no te haya hablado de mí, viendo lo celosa que eres, me parece completamente lógico. –Mira hacia el parabrisas.- Supongo que, si me enseñó a manejar, fue porque se moría de ganas de hacerlo contigo pero a la vez tenía miedo. Miedo de lo que pudiese pasarte. Creo que él pensó que a mí no me vería nunca más, que lo tomaría como una simple atracción de momento. –La mira.- En cambio contigo, estaría seguro que no lo dejarías pasar. Llevas la pasión fierrera en la sangre, Mills. –Toma aire- Lo lamento, Hood. Es que, es fuerte para mí estar frente a su niñita. Me habló mucho de ti. Me contó que eras hermosa, inteligente y talentosa. Que amabas el ajedrez pero que las damas te resultaban aburridas... –Sonríe y baja la mirada.- …que tenías una especial afición por la jardinería y que las manzanas eran tu fruta preferida. -Alza la vista al techo.- Recuerdo que cuando hablaba de ti se le iluminaban los ojos. –Gira la vista.- ¡No me mires así! Es cierto. Te amaba. Ojo, a mí también aprendió a quererme. Recuerdo que la primera vez que bajé de este VW luego de correr en la pista se encontraba muy agitado. Me dijo que había temido por mi vida. –Ríe de costado- ¡Tonto! No había hecho más que una aceleración de un minuto en línea recta y unos 2000 metros. Cuando le dije que prometía volver al año siguiente, con o sin Neal, noté que se asustó un poco. La idea de haberme fascinado con las carreras, lejos de alegrarlo, lo aterraba.
Regina: ¿Neal?
Emma: Mi ex. Al tiempo de separarnos me escribió para saber qué había ocurrido. Le respondí que me había dado cuenta de mi verdadera naturaleza y había salido a buscar nuevos rumbos. Preferí omitir que él estaba preso. También sentía un especial cariño por mi novio en aquel momento y no quise decepcionarlo. –Lleva sus labios hacia adentro y luego los suelta, haciendo un pequeño ruido.- Tu papá me cambió la vida.
Regina: Ya veo. –Sopla, aliviada.- Eso no quita que me dé bronca que contigo se haya arriesgado. Conmigo ni siquiera quiso correr llevándome de copilota. Siempre quise sentir la adrenalina de las carreras y el viento que entra por la ventana. Esa brisa inigualable que causa la velocidad.
Emma: Créeme que sé de qué hablas.
Regina: Bueno, yo no. –Sonríe, triste- Nunca tuve el placer.
Emma: Nunca es tarde. Siempre para todo hay una primera vez.
Regina: Okay, lo que faltaba.
Emma: ¿Qué dije?
Regina: Nada, es sólo que mi marido suele decir lo mismo.
Emma: ¿Ya me ves como tu esposa?
Regina: ¿Qué?
Emma: Bromeo. Es una frase hecha, tampoco para que te persigas.
Regina: Lo sé. Es que las cosas con Robin, verás, no están muy bien ahora. –Se arrepiente de lo dicho.- Oye, ¿Puedo confiar en ti? No debería, y sé que entré al taller como una delincuente, pero haz de cuenta que nunca escuchaste eso.
Emma: No hay problema. -Extiende su brazo y lo pasa por la espalda de Gina, tomándola por el hombro izquierdo y haciendo que Regina se corra.- Ohg, ¿Puedes dejar de verme como una potencial violadora? No te haré daño.
Regina: Perdón, es que… bueno por tu condición…
Emma: Por mi condición ¿Qué? Mira, que sea lesbiana no significa que quiera darle duro contra el capo a toda mujer que se me cruce. También tengo amigas, no son miles pero son únicas. Y puede que me provoques admiración por… -habla un poco más para adentro y doblando la mirada- porque eres linda… muy linda y la hija de Henry y sabes de autos y tienes unos ojos color chocolate que haces que cualquiera se pierda al mirarte fijo, pero eso no significa que busque sobrepasarme contigo.
Regina: Bueno, cuando puedes te sugieres y por lo que acabas de decir no eres de esa que evita los piropos
Emma: No me sugiero, bromeo porque noto que te pones colorada. Me divierte ruborizarte. Si notara que no te afecta, no lo haría. Pero relájate, no haría algo que pudiera molestarte o herirte. –Vuelve a sacar su sándwich y le da un mordisco.- Por más sexy que resultes, no buscaré encamarte contra tu voluntad.
Regina: Qué curioso escuchar eso justo ahora…
Emma: ¿Por qué lo dices? –Mira su sándwich.- ¿Tienes hambre? ¿Cenaste?
Regina: Por nada. Deja. No, no cené. De todos modos no tengo mucha hambre.
Emma: ¿Quieres? –Le extiende su emparedado.-
Regina: -Hace una mueca.- No, gracias.
Emma: -Revolea los ojos.- ¡Qué mina complicada criaste, Mills! Dime, ¿a qué eres alérgica de este sándwich? ¿A la lechuga, el tomate, el pavo, el jamón, las aceitunas, la barbacoa, la mayonesa, el cheddar, el pan de orégano y queso; o a comer con la mano? No tengo tenedores, pero puedo ofrecerte un repasador sin usar.
Regina: A nada. Es sólo que… bueno, no me cae bien el pan. ¡Ah! Y no me molesta que me digas Mills, pero trata de no usarlo para bolud… para bromar conmigo.
Emma: ¡No! Hacía meses que no escuchaba la palabra "boludiar". Bendita seas Argentina.
Regina: Odio que me veas como una especie rara en un zoológico a la que le sacan fotos.
Emma: Si quieres puedo dibujarte.
Regina: ¡Emma!
Emma: Oye, yo no dije nada, –divertida- tu mente voló solita. –Se pone de rodillas en el asiento y abre ambos brazos - Oooooonce moooooore you ooooopen the dooooooooor…
Regina: Oh basta. –Ríe.- El canto no es lo tuyo.
Emma: No, pero tengo otras habilidades. –Arquea una ceja.- Si comes un pedazo de este Subway… te demostraré una.
Regina: -Abre los ojos y se pone seria.- ¿Cuál?
Emma: Sorpresa.
Regina: -La mira de reojo.-
Emma: -Revolea los ojos.- No, no voy a comerte la boca ni partirte la lechuga con la lengua. Tiene que ver con el coche. Confía en mí.
Regina: Okay, pero no sé cómo agarrarlo. –toma el emparedado y pone las manos en círculo, como al tomar una taza de café. Se le va el tomate para atrás y se enchastra.-
Emma: Espera, iré por un repasador. –No encuentra ninguno y trae un trapo.- Tranquila, está sin uso. –Envuelve el subway met en el trapo.- Prueba ahora.
Swan observó divertida cómo Regina le daba un mordisco tras amagar tres veces con abrir la boca.
Emma: A este paso podrías llegar un sándwich de 15 cm. en tres días, pero no está mal para empezar. ¿Y bien? ¿Es sabroso?
Regina: - Aun saboreando el sándwich- Ezzz dddico, zzzi. Le quitadddía el pavo y el jamón, me caen pezzzadozzz.
La corredora sonrió. Gina sabía que causaría eso y, por extraño que resultara, quería hacerla sentir bien.
Emma: Bien, pues déjalo ahora. A la vuelta, si gustas, compro dos y uno es para ti. Tú eliges los ingredientes.
Regina: ¿A la vuelta? ¿A la vuelta de dónde?
Emma: Mi parte del trato. Debo mostrarte una de mis habilidades y si comes ahora no podrás disfrutarla luego. En mi caso, mi estómago está acostumbrado. Además… para mí eso no es una cena, los de 15 ya no me satisfacen. Pediré uno de treinta al regresar.
Regina: -Deja a un costado el emparedado y Emma se lo guarda en la guantera-.
Emma: No quiero terminar enchastrada de mayonesa. –Gina la mira, confundida- ¿Me dejarías este asiento, por favor? –Regina se baja.- Oh, no… ¡Súbete! –Hace palmadas en el asiento del copiloto.-
Regina: -Titubea- No sé si deba, es decir… el auto tiene sus años y…
Emma: Y tiene la mantención al día. Mis mejores mecánicas se encargan a diario de ello. Ven, vamos a dar un paseo.
Mills se subió, y a la orden de abrocharse el cinturón, sintió cómo de a poco se encendía el motor. Un escalofrío recorrió su cuerpo, pero estaba dispuesta a dejarse llevar. Lejos de lo que imaginó, por la calle fueron a una baja velocidad. En algún momento Emma notó el ceño fruncido de su compañera de ruta, a lo que simplemente atinó a decir "Soy prudente.". Sin embargo, la mayor sorpresa llegó cuando se vio frente al portón del Asheville-Weaverville Speedway.
Emma: Ahora sí, ¿sueles marearte en las montañas rusas?
Regina: Oh no, no, debes estar bromeando.
Emma: ¿Vas a arrugar ahora? Te tenía más valiente, Mills.
Regina: No sabía de qué se trataba esto.
Emma: Vamos, sé que lo imaginaste desde el primer momento. O por lo menos lo esperabas.
Regina: -Se toma el pecho, su corazón latía a toda velocidad.- Mi padre decía que correr de noche esa sumamente peligroso. Nunca lo hacía.
Emma: No vamos a competir, sólo haremos una práctica.
Regina: Bueno, ya ves, no tengo un agradable recuerdo de cuando lo hizo.
Emma: Lo sé, igual… no lo tomes a mal, pero hubo muchas cosas que jamás me cerraron de la muerte de tu padre. Tenía excelentes reflejos. Si no corría de noche era…bueno… por ti. Es decir, tenía una hija y la ponía ante todo en su vida. –La mira- Le aterraba pensar que por cumplir uno de sus caprichos te quedaras a la deriva. De todos modos cualquier corredor sabe que es mejor correr de noche. La temperatura es más baja por lo que el auto se sobrecalienta menos, el sol no encandila y la adrenalina en las curvas es mayor. De todos modos, en momentos así comprendo a tu padre. –Toma aire- Yo tampoco iré muy rápido hoy. Puede fallar, y no estoy sola esta vez. Estás conmigo y no me gustaría cargar con tu vida sólo por pasar un buen rato juntas.
Las palabras de Swan resonaron unos segundos en la mente de la latina. No sabía si le había chocado más la sospecha que ella guardaba acerca de la muerte de Henry o que ella viera el paseo no como el pago de una apuesta sino como una ocasión para que pasaran un buen rato juntas. Apoyó sus codos en la guantera y se tomó la cabeza por un instante. Fue Emma quien cortó el silencio.
Emma: No lo culpo. Al momento de enterarme que estaba embarazada lo primero que pensé fue que iba a tener que dejar las pistas y no estaba segura de estar en condiciones de hacerlo. El asfalto era para mí el antidepresivo más efectivo y mi estado de ánimo no era el mejor por aquellos tiempos. Mi novio pensaba igual, sólo que no entendía que para mí resultaba una terapia y no una profesión. Era mi escape, y a la vez, mi cable a tierra. –Suspira.- Sigue siéndolo, claro. -Cambiando el tono.- Déjame hacerte una pregunta: ¿Nunca, nunca corriste acompañando a Hood, aunque sea sino en un auto más convencional?
Regina: No.
Emma: Bien. Por las dudas –Saca un blíster de Reliveran de la guantera y una botellita de agua.- No es que piense que eres una flojita, pero quiero que lo disfrutes. Sé que los autos te apasionan, me lo dicen tus ojos. Pese a eso no voy a obligarte, entonces… ¿Me acompañas?
Como toda respuesta, Gina le sacó bruscamente la botella de agua de las manos y tomó una de las pastillas de la tira. "Vamos."
No tardaron mucho en entrar al predio. Sin embargo, antes de hacer el ingreso Emma le pidió a Regina que se pusiera el casco y que, cuando le preguntaran su nombre, diera el apellido de soltera. La morena lo tomó muy bien, sabía que la corredora lo hacía para no exponerla. Que la mujer de la personalidad más importante de las pistas estadounidenses fuera a copilotear el auto de una nueva novata no era algo que la prensa fuera a tomar con normalidad.
Una vez cambiadas y en la pista, sólo quedaba acelerar. El corazón de Regina aceleraba al compás del motor y en una cuestión de microsegundos estaban corriendo. La ventana de la piloto estaba abierta, pero no la de ella. Emma no se había animado a abrírsela aún, quería que su cuerpo se acostumbrara a la velocidad, tal como Henry había hecho con ella. A las tres vueltas, Swan detuvo el auto en la recta. A Mills de Hood se le transformó el rostro. Una mezcla de desilusión y súplica se pasmaron en sus ojos al mirar a su compañera.
Emma: No me mires así, es un auto viejo y aunque lo mantengo no me gusta exponer mucho las gomas –Se quita el casco, haciendo que el pelo se le acumule sobre su frente.-. Quiero dejar que se enfríen un poco y mientras… Dime, ¿qué sientes?
Regina no pudo responder. Se quitó el casco y lo apoyó sobre su regazo. Gesticuló un poco y luego se tapó la boca con ambas manos.
Emma: Entiendo. –Ríe.- Ay… Regina, Regina… -La mira, sonriendo.- No quieres hablar porque no quieres asumir que terminó. –Se le acerca.- Tranquila, daremos unas vueltas más. Sólo quería asegurarme de que estés cómoda y preguntarte si quieres que te baje la ventanilla.
Gina sonrió. Nuevamente se tapó la cara con las dos manos, pero apretando su nariz. Le costaba creerlo. Temía despertar en algún momento. Había soñado muchas veces con aquella primera experiencia en las pistas, pero siempre de la mano de su padre. Verse al lado de una rubia pícara le resultaba algo completamente inesperado, pero agradable. Asintió y volvió a colocarse el casco. Esta vez, fue diferente. Subió el vidrio del casco para sentir el viento en sus mejillas. El paisaje se tornaba una obra abstracta de rayas a su alrededor y el olor del asfalto se convertía poco a poco en un ansiolítico para su adrenalina. Emma cada tanto la observaba de reojo, disimulando que chusmeaba el espejo retrovisor de su lado. Cuando la notó completamente relajada decidió que empezaría la verdadera diversión. Aceleró a toda velocidad y luego dio un giro de 360° casi al ras de un paredón. Volvió a acelerar y, cual artesana de los cambios, dio marcha atrás en forma completamente recta a gran velocidad, para luego clavar los frenos en seco, haciendo que el cinturón de seguridad se aplaste contra el traje de la morocha y contra el suyo.
Emma: -Ríe a carcajadas.-
Regina: -Se quita el casco.- ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Por dios! ¡Podríamos habernos matado!
Emma: -Entre risas- Oh, no viste nada.
Regina: ¿Qué no vi nada? ¡Casi se me sale el corazón! Menos mal que dijiste que eras pru-den-te.
Emma: Y lo soy, en la calle o con autos en la pista jamás haría eso –Se pone una uña en la boca sonriendo de costado.- Además no entiendes el espectáculo que fue ver tu expresión cuando el auto comenzó a retroceder.
Regina: ¡No me causa gracia! Y Tú no tendrías que haber estado mirándome sino prestando atención al volante.
Emma: - Aun riendo.- Pude hacer ambas cosas.
Regina: Apuesto a que papá no hizo algo así cuando te subiste a su auto.
Emma: Por supuesto que no pero yo no soy tu padre, Regina. Soy Emma, y quería divertirme contigo. –Aún entre risas, acerca su mejilla al pecho de la mujer, poniéndose del lado izquierdo.-
Regina: -Se agita- ¿Qué haces?
Emma: Quería ver si ya te había disminuido el ritmo cardíaco, pero veo que no. ¡Eres miedosa!
Regina pensó en responderle que ya se había calmado pero el hecho de que se apoyara casi en su seno izquierdo la había sobresaltado. Sin embargo prefirió callar.
Regina: No soy miedosa. –Se cruza de brazos.- Sólo le tengo respeto a la velocidad.
Emma: Escuchar eso de ti me resulta inverosímil.
Regina: ¿Inverosímil? –Burlona- Mírala tú a la chica de barrio hablando complicado.
Emma: Se ve que estar contigo me transforma. –Guiña un ojo.-
Regina: No me desafíes. Anda, ve de nuevo, verás que ni me exalto. Antes sólo me tomaste por sorpresa.
Emma: Olvídalo. Ya fue mucho por hoy. En menos de media hora cierra el Subway y no quiero que te vayas sin probar una de esas delicias armadas a gusto. –Destraba las puertas- Vamos. –Le extiende la mano para salir, pero Gina la mira e intenta salir sola. Lo consigue- Testaruda hasta la muerte.
Llegaron sobre la hora al local. Emma pidió otro Met, esta vez de 30 cm. y Miss Hood, un Deleite Vegetariano con pan de salvado. Volvieron al auto con los sándwiches, mientras Emma gastaba a su copiloto nocturna por las verduras con "calorías negativas" que había escogido. Subieron al auto y Swan condujo hasta la puerta del taller. Luego estacionaron allí y, alumbradas por las estrellas, la luz del auto y los reflectores de la ciudad aprovecharon a cenar.
Emma: Aguanten mis rollitos –se palmotea la panza- y disfrutar de lo que como.
Regina: No te ves gorda, Emma. Para lo que comes deberías andar rodando.
Emma: Ay, ¿no? Dices eso porque te gusto.
Regina: Sí.
Emma: ¿Sí qué?
Regina: Que sí, que lo digo porque me gustas.
Emma: -Empalidece- ¿En serio?
Regina: -Estalla en una carcajada- Claro que no. ¡Cómo crees! –Dobla el envoltorio de su sándwich y lo introduce en la bolsita para residuos.-
Emma: ¡Oye! No juegues con mis sentimientos.
Regina: Tú empezaste. Te la buscaste.
Emma: No te pusiste colorada, sonó bastante real.
Regina: Será que comienzo a conocer tus trucos. Yo también tengo los míos.
Emma: ¿Engañarme es un truco?
Regina: -Acerca su cara, hasta casi rozar la nariz de la rubia- Buscarte, tal vez lo sea.
Emma: ¿Para qué quieres buscarme?
Regina: Para salir, quizás así comiences a interesarme.
Emma: -La mira de reojo- Estás bromeando, ¿cierto?
Regina: No.
Emma: -Se incorpora- ¿De verdad?
Regina: No. –Ríe.- Eres un caso, Swan.
Emma: ¡Ya basta!
Regina: No puedes creerte todo.
Emma: -Baja la vista y ríe.- ¿Sabes? Una amiga me dijo que si tú me decías que la luna era de queso y las manzanas azules yo resultaría tan inocente que te creería.
Regina: Espera. ¿Le hablaste a una amiga tuya de mí? ¿Y?
Emma: Y… empiezo a creer que estaba en lo cierto.
