Finally! Lo sé, he tardado más con este capítulo, pero estos días es más complicado encontrar un rato para escribir (familiares, planes navideños, etc.) pero aquí está un nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis y si tenéis un minuto, dejéis una review (se agradecen :)_).
PD. Feliz Navidad y que tengáis un buen fin de año :)
Capítulo 10:
Cuando Castle se despierta, se da cuenta de que no puede moverse. No comprende qué es lo que le impide moverse hasta que, segundos después, siente la mano de Kate sobre su propio pecho. Abre los ojos de golpe e intenta salir de la cama. Sin embargo ella se lo impide, arrimándose más a él. Por suerte todavía está dormida.
Rick necesita unos minutos para asimilar qué es lo que está pasando. Anoche ambos debieron de quedarse dormidos en su cama, mientras leían su novela, la cual descansaba en el suelo. Y ahora… ahora ella estaba pegada a él, provocando ciertas reacciones en su cuerpo. Por una parte, le apetecía abrazarla y seguir durmiendo a su lado, como tantas veces antes había soñado. Y por otra… Kate había conseguido provocar en él una reacción física. Es cierto que es un problema matutino a menudo habitual en muchos hombres, sin embargo, este en concreto no. Su miembro había cobrado vida al sentir la mano de Kate sobre su pecho.
Cierra los ojos y aprieta la mandíbula cuando Kate se remueve a su lado, consciente de que en cualquier momento pueda percatarse del bulto en sus pantalones.
Kate se sonroja al descubrir dónde se encuentra. Aparta rápidamente la mano que tiene sobre el pecho del escritor y se incorpora.
-Lo siento – dice, ruborizada – Anoche me quedé dormida.
-No te preocupes – dice él, incorporándose también, tratando de ocultar su reacción – Los dos nos dormimos.
Ella asiente y, todavía algo avergonzada, sale del dormitorio de Rick. Quien, agradecido, se tumba sobre la cama, soltando todo el aire de sus pulmones.
Una hora más tarde, ella mira a Castle de reojo, quien parece absorto leyendo las noticias en su iPod. Los dos se han cambiado de ropa y sostienen una taza de café en sus manos.
-¿Puedo preguntarte algo? – pregunta ella al cabo de varios segundos.
-Claro – dice él, poniendo el aparato a un lado.
-Esta noche… he soñado algo y no sé si es real o es solamente un sueño.
A Castle casi se le cae el café de las manos. ¿Puede que durante la noche hiciese algo, mientras dormía, de lo que ni siquiera se acuerda? De pronto cree empalidecer con el simple pensamiento.
Aunque Kate, demasiado preocupada por lo que ocupa su mente, parece no reparar en eso.
-Es sobre un caso. Tú y yo lo investigábamos juntos.
-Oh, eso, menos mal – dice él, soltando un suspiro, aliviado.
Ella lo mira con el ceño fruncido, sin entender nada, sin embargo, opta por terminar de contarle su sueño.
-Era un caso que tú habías escrito antes, el asesino imitaba los asesinatos que tú escribiste…
-¿El caso de Alison Tisdale? – pregunta Castle, asombrado.
Ella frunce el ceño de nuevo. Al parecer no recuerda los nombres.
-Fue nuestro primer caso – le aclara él - ¿Lo recuerdas?
-Sí – dice ella, con una sonrisa – Sí, lo recuerdo.
-Eso es estupendo, empiezas a recordar.
Los dos sonríen, orgullosos del avance de Kate. Primero recordó, no demasiado, pero algo con el libro de Castle, y ahora, quizá por lo mismo, había soñado con el primer caso que habían resuelto juntos.
Ella continúa algo confusa por no recordar nada más, pero él le anima rápidamente. Es un proceso que lleva su tiempo, pero pronto acabará por recordarlo todo.
Unas horas más tarde, Kate, aburrida, le pide a Castle su libro. Tal vez si lee un poco más consigue recordar algo.
-Está en el segundo cajón de mi mesilla – contesta él, distraído mientras prepara una tarta de manzanas. Al parecer él también está aburrido.
Kate asiente antes de sonreír, divertida, por verlo tan ocupado en la cocina, y se dirige hacia el dormitorio de Rick. Se agacha junto a su mesilla y abre el segundo cajón, tal y como él le ha indicado, en busca del libro.
Sin embargo, no solamente encuentra el libro de Castle. Delante de ella, en el fondo del cajón, hay una Glock 19. Ni siquiera entiende cómo recuerda que es una Glock 19 precisamente, pero lo sabe. Y no le hace falta recordar nada para saber que esa es su arma. Lo comprende al instante.
Siente cómo su mano tiembla durante unos segundos cuando la agarra entre sus manos. De repente se siente poderosa, y al mismo tiempo asustada, sosteniéndola.
Seguro que Castle tiene una buena razón para no habérsela enseñado todavía. Cierra el cajón y sale con ella al salón.
-Esto está casi listo, solo me falta meterla al horno y…
No termina la frase cuando se fija en la pistola que Kate sujeta en una de sus manos. Ninguno de los dos dice nada, sin embargo le basta con la mirada de ella para saber que quiere una explicación. Y tal vez él se la deba, quizá debería habérsela enseñado antes.
-Debería habértela enseñado antes – dice él, dejando a un lado la tarta y avanzando hacia Kate, que está apoyada en el marco de la puerta.
-¿Por qué no lo hiciste? – pregunta ella, sin comprender el motivo por el que se lo ha ocultado.
Él suspira y se rasca la cabeza.
-No te enfades, pero creo que no estás preparada para utilizarla todavía.
-¿Qué tiene de malo que quiera probarla? – pregunta ella, haciendo que él alce los brazos –Me gusta estar protegida.
Sabía que en cuanto la viese, querría volver a utilizarla.
-No estás preparada – insiste él, lo cual hace que ella comience a enfadarse de verdad.
-¿A no? – pregunta, haciéndole saber que está molesta - ¿Y se puede saber qué es lo que te hace pensar que no estoy preparada?
-Kate, ya escuchaste al doctor, necesitas tiempo para recuperarte del todo – dice él, tratando de no perder los nervios y alzar la voz.
-No necesito tiempo para disparar mi pistola. Necesito práctica – dice ella, dirigiéndose a la entrada, donde guardan los abrigos.
-¿A dónde vas? – pregunta Rick al ver que ella está cogiendo su chaqueta.
-Te lo he dicho, necesito práctica – responde ella secamente.
-¿Y necesitas hacerlo justo ahora? Hay varios centímetros de nieve ahí afuera.
Ella no responde, simplemente abre la puerta y, pistola en mano, camina hacia el bosque. Él maldice en voz alta y, tras coger su abrigo, la sigue.
-No hace falta que me acompañes – dice ella sin tan siquiera darse la vuelta.
-Yo creo que sí. Es peligroso que salgas sola.
-No puedes protegerme para siempre. No quiero que lo hagas – replica ella, quizá sonando con más dureza de la que pretendía.
Caminan en silencio durante varios minutos, concentrándose en sus pasos. No es fácil caminar sobre la nieve, pero todavía resulta más complicado si estás cabreado. O dolido, como se sentía Castle tras las últimas palabras de Kate.
Es cierto que quizá no podía protegerla para siempre, pero sí quería intentarlo. Y le dolía que ella hubiese dicho que no quería que le proteja. Él quería hacerlo. Maldita sea, había recorrido miles de kilómetros para protegerla, se había aislado con ella en un pueblo, congelado, de Canadá, se había alejado de su familia y amigos por ella. Y lo volvería a hacer si fuese necesario.
Kate se detiene al llegar a una pequeña explanada. Se aleja unos metros y coloca sus propios objetivos con palos y piedras. Castle decide quedarse a un lado, observándola. Tal vez ella tenía razón y debería haberse quedado en la casa. Al fin y al cabo, ella ya no es una niña. Busca una piedra, le quita la nieve de encima y, sin importarle lo húmeda que está, se sienta encima.
Ella regresa y carga la pistola. En cualquier otra ocasión, ese simple movimiento le habría parecido sexy viniendo de ella. Se agacha y se prepara para disparar al objetivo.
Él está seguro de que no dará en el blanco, pues es imposible que conserve su puntería intacta después de tanto tiempo sin practicar. Sin embargo ella se ocupa de contradecirlo. Realiza cinco disparos y acierta de lleno en todos ellos.
Ninguno de los dos dice nada. Kate vuelve a alejarse y coloca nuevos objetivos.
-¿Quieres probar? – pregunta cuando regresa.
Él la mira, asombrado. Asombrado no solamente de que se lo pregunte, sino de que le pregunte precisamente eso. Él no tiene ni idea de disparar.
-No, yo… no tengo tanta puntería – dice, mirando la pistola.
-¿No sabes disparar? – pregunta ella, claramente sorprendida.
Él se encoge de hombros, como si fuese obvio.
-Colaboras con la NYPD, ¿cómo puedes no saber disparar? ¿Nadie te enseñó en todo este tiempo?
-Fuiste tú quien no me querías cerca de las armas – dice él, alzando las cejas. Además, decide aprovecharse de la situación – Uno de tus intentos por protegerme, aunque yo también se cuidarme solo.
Ella suspira, eso ha sido un golpe por su comportamiento hace unos minutos, y se lo merece.
-Es estúpido, en cualquier caso.
-Lo es – dice él, dándole la razón, pues él siempre había querido llevar un arma – Gracias. Espero que lo recuerdes cuando volvamos.
-¿Quieres probar o no? – pregunta ella, sin querer comprometerse a promesas que luego no pueda cumplir.
Él se levanta de la roca sin dudarlo, molesto ahora al sentir el culo mojado, y se acerca a ella, quien ofrece el arma. Imitando sus mismos pasos, carga el arma y se coloca en posición, sin embargo, como era de esperar, falla el tiro.
-Te lo he dicho, no tengo puntería – dice él, con la intención de levantarse y darse por vencido.
Sin embargo no le da tiempo a hacerlo, pues ella se agacha junto a él, colocándose tras su espalda.
-Eso podemos solucionarlo – dice en apenas un susurro.
A él se le pone la carne de gallina. Seguramente ella no pretende provocar en él todo lo que provoca pero no puede evitar sentirse abrumado. Va a ser difícil concentrarse en el objetivo teniéndola a ella tan cerca.
Kate agarra su brazo y, con cuidado lo coloca en la posición correcta.
-Mira al objetivo, y concéntrate – le pide ella.
"No es fácil contigo susurrándome al oído" – piensa él. Sin embargo no dice nada y opta por intentarlo.
-Dispara – dice ella, sin moverse de su lado.
Y él lo hace. El palo de madera al que le ha dado salta por los aires en varios pedazos, completamente destruido.
Los dos se ponen de pie. Ella sonriente y él feliz a la vez que asombrado.
-Wow eso ha sido… - dice él, volviéndose hacia ella. No puede continuar la frase porque su sonrisa capta toda su atención.
-Sabía que podías hacerlo – dice ella con su radiante sonrisa.
-A sido gracias a ti – dice él, sin apartar la mirada de su boca.
Están tan cerca que desearía acortar todavía más las distancias y fundir sus labios con los suyos. No sería un beso rápido, sino uno más bien lento, con el que le diría todo lo que no se atreve a decirle con palabras.
No solamente él se siente así, sino que ella también se siente atraída por sus labios. Pero, a diferencia de él, sabe que eso no puede pasar.
-Deberíamos irnos, se va a hacer tarde – dice, interrumpiendo el momento.
Emprenden el camino de vuelta a casa en silencio. Demasiado confundidos con sus propios pensamientos.
-Siento lo de antes – dice ella, rompiendo el silencio – Valoro mucho todo lo que estás haciendo para protegerme – Continúa al ver que él no dice nada – Te estoy muy agradecida y nunca podré hacer nada para compensártelo.
-No necesitas agradecerme nada. Para eso estamos los compañeros, ¿no? – dice, guiñándole un ojo.
Ella le sonríe, aun sabiendo que hay que ser algo más que compañero para hacer eso por alguien.
-Aún así, gracias.
-Siempre – dice él, haciendo que Kate vuelva a recordar algo de su pasado.
Siento si hay algún fallo, no me ha dado tiempo a repasarlo!
