La morena corrió hasta la chica de cabello morado -¡¿Como escapaste del sótano?! -Le preguntó mientras la agarraba con fuerza del cuello de la ropa y la zarandeaba. Aquello asustó a la mayor, pero intentó mantener la calma, ya que aquella chica aun le inspiraba mucho terror.
-Esto… yo… ¿Por que no te sientas y hablamos mejor? Si no…
-Si no ¿Que? -Preguntó de malos modos.
-Se va a quemar la comida… -Respondió titubeante, temiendo que una mala palabra provocase un hundimiento de cuchillo en sus costillas.
La morena miró de reojo la sartén llena de verduras y trozos de carne del cual desprendía un aroma que provocaba que su estomago rugiera. Se sonrojó levemente y soltó a la otra chica, para irse inmediatamente a sentarse en la mesa que había en la propia cocina. La de cabellos morados trató de mantener la calma y puso dos platos, dos vasos y los palillos al lado. Para su suerte, la menor cambió la expresión de su rostro a uno de felicidad e impaciencia cuando vertió el alimento en su plato quien no perdió tiempo en comer.
Kokona se quitó el delantal y lo colgó para luego sentarse frente a su secuestradora, sintiéndose aliviada de que parase de interrogarla. Trató de comer tranquila, masticar y degustar cada bocado, porque después de eso no sabía que sería de ella. Lamentablemente, había pasado demasiadas horas sin comer, necesitaba devorar como un animal lo que ella misma había cocinado. No esperaba a tragar, que se metía otra gran porción en la boca, de hecho, comenzó a atragantarse. Quiso apresurarse en beber agua, pero la chica frente a ella se lo arrebató antes de que pudiera siquiera alcanzarlo. Por un momento pensó que la iba a dejar morir de afixia, de hecho, la sonrisa maliciosa volvió a salir de los labios de la morena. -Si comes como una cerda, te pasará esto -Se ríe levemente, fingiendo inocencia -¿Lo quieres? -Antes la afirmación desesperada de la mayor, prosiguió hablando con aquel tono de voz que denotaba su crueldad -¿Enserio? -Afirmó mas rápido, tornado su rostro a uno rojo por la falta de oxigeno. -Esta bien, pero luego me responderás como te liberaste de la silla y por que no te fuiste -Una nueva afirmación aun mas desesperada de Kokona fue mas que suficiente para saber que le diría toda la verdad. Le entregó el vaso con agua y enseguida aquella bola atascada en su garganta desapareció, dando paso a unos jadeos, tratando de recobrar el aire.
-Yo… yo… conseguí que los grilletes cedieran. -Temiendo la reacción de la menor.
-¡¿Que?! -Trató de mantener la calma, no era aconsejable que los vecinos oyeran gritos cuando se suponía que estaba sola. -¿Como lo hiciste? ¿Has llamado a alguien? ¿La policía? ¿Por eso me has tratado de retener? ¿Por que si no no te habrías ido?
-No, no, no -Negaba nerviosa y repetidamente mientras movía las manos también en forma de negación -¡Nadie sabe que estoy aquí!
-¡¿Entonces por que no te fuiste?! -No pudo evitar contener la desesperación.
-Porque… -Agachó la cabeza, quedando en silencio por un largo rato -No tengo donde ir… y no quiero volver a casa…. -Al recordar a su padre tocándola y abusando de ella, los gritos, las súplicas, lo sucia y rota que se sentía, comenzó a llorar. -¡Haré lo que sea! Pero déjame vivir aquí -Se levantó veloz y unió sus dos manos, entrelazando los dedos, como si rezara. Aquello sorprendió a la menor, la otra chica era perfectamente consciente de lo peligrosa que podía ser, había visto su verdadero ser y aun así le rogaba por quedarse con ella. ¿Cuanta desesperación podía tener para suplicar con lágrimas en los ojos? Sin duda alguna aprovecharía esta oportunidad, pero no debía bajar la guardia, no conocía del todo bien a Kokona, no sabía que clase de persona realmente es.
-¿Que tanto estás dispuesta a hacer por estar aquí? -De todos modos, la estudiante de ojos morados se quedaría quisiera o no. Pero esta era una oportunidad que no debía desaprovechar, utilizaría a esa chica patética para su propio beneficio y planes. Por otro lado, Kokona dudaba de que responder, las únicas veces que había escuchado frases parecidas, tenían que ver con el ámbito sexual, pero sabía perfectamente que la morena no tenía ese clase de interés en ella. Era muy notoria la locura por amor hacia Taro. Ayano al ver la reacción nerviosa de la mayor y que no parecía atreverse a responder, la tomó violentamente del brazo y apretó con fuerza mientras con la otra mano agarraba con la misma brusquedad la barbilla de la chica de cabellos morados, alcanzando también los cachetes, haciendo presión en ellos con los dedos. -Te dije a que estás dispuesta a hacer por quedarte aquí.
-Lo… lo que haga falta -Respondió asustada.
-¡Mas alto! -Gritó, pero no demasiado fuerte para no alertar a los vecinos.
-¡Lo que haga falta! ¡Haré cualquier cosa que me pidas! -Aquello provocó una sonrisa maliciosa de satisfacción en la morena. Soltó el agarre en la mayor y tomó de la mano a la mayor de la mano y tiró de ella con delicadeza.
-Vamos, Haruka-Senpai, si llevas un minuto mas esa sucia ropa tendré que replantearme dejarte vivir en mi casa.
-Esta bien… esto… ¿Como te llamas? -Tras esa pregunta, Ayano soltó una risa sarcástica entre-dientes.
-De momento, dirigirte a mi como "Mi señora"
-Si… -Se sonrojó -Mi señora… -Con una expresión apenada en su rostro.
Fueron hasta el baño, donde la menor abrió la perilla del grifo de la bañera, llenándola de agua caliente. -Quítate la ropa -Le ordenó a la mayor, cosa que hizo que esta se asustase, pero se tranquilizó al darse cuenta que lo que quería la menor era darle un baño. Nerviosa se agarró de los extremos de la camiseta de marinera y tiró hacia arriba, pasando los brazos por encima de su cabeza hasta sacarse la prenda. Luego bajó la cremallera de la falda y simplemente la dejó caer y colocó a un lado junto con el resto de ropa. Fue entonces cuando Ayano pudo contemplar que aquel cuerpo lleno de curvas era completamente real, no usaba algún tipo de relleno. Aquello provocó sentimientos encontrados en Ayano, por un lado se moría de la envidia, sabía que si fuera por físico, Senpai se fijaría antes en Kokona que en ella, de hecho, si Taro gustaba de las chicas con grandes bustos, estaría jodida. Por otro lado, no podía dejar de mirar, sabía que la miraba atentamente por que la mayor se mostró incomoda y la miró asustada. Aun así, no podía dejar de observarla detenidamente ¿Como hacerlo? Aunque su Senpai fue el único que había hecho sentir amor en Ayano, y así, su razón de existir, Taro nunca la había hecho sentir lo que ahora. Ni ella misma sabía que le estaba ocurriendo. De hecho, se sintió como si estuviera siendo de algún modo infiel a su amado Senpai, prácticamente parecía un viejo pervertido cuando Kokona después de descalzarse, se llevó una mano a la espalda y quitó el enganche del sujetador, liberando sus enormes pechos.
-¿Ocurre algo… mi señora? -Preguntó mas preocupada que extrañada.
-Nada -Le responde fría -Date mas prisa desvistiéndote y entra en la bañera. -Ordenó tajante.
La mayor asintió, agarrando sus pantis y encorvando la espalda para sacárselas y quedar completamente desnuda, por último, terminó por soltarse el cabello, dejando una cascada morada que llegaba hasta la cintura. Tal como Ayano ordenó, se metió en el agua, sentada con las rodillas flexionadas y abrazándolas, apoyando la barbilla en ellas. La menor no tardó en desvestirse y tomó asiento justo detrás de la otra chica. Vertió champú en sus manos para lavar el cabello de la otra colegiala, mientras esta solo se dejaba hacer. Con este acto, Ayano demostraba que era ella quien tenía el control y si Kokona obedecía, no tendría que sufrir daño alguno.
