Autor: Okiro Benihime.

Clasificación: K+.

Género: Amistad, Romance, Drama, Humor.

Advertencias/Aclaraciones: Este es un fanfic AU (Alternative Universe – Universo alterno), y habrá OoC (Out of Character – Fuera de carácter). Así que desde ya voy avisando que muy a mi pesar alteraré un poco las personalidades de ciertos personajes para que encajen en la historia.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, pero esta historia es totalmente mía y la hago sin ánimos de lucro. Prohibido el plagio, piensa un poco y crea tus propias historias, es más divertido, créeme.

Diana: Ya está! Ya actialicé D: No me maten por favur (?

Cornelia: Bueno, yo digo muchas cosas! jjojojo, okno. Pido perdón por no haber cumplido con la fecha que dije, ya no pongo más fechas ._. GRacias por leer y me alegra muchísimo que te giste el fic. Un beso

Yondaime-Mn: Gracias :) Aquí está la continuación. Gracias por leer.


Capítulo doce: El ataque del demonio rubio.


Definitivamente Ino estaría bien en un lugar como aquél.

Antes de que Ino pudiera siquiera reaccionar, un muchacho alto y rubio, con mirada de acosador-obsesionado (o ésa fue la primera impresión de Ino) la tenía agarrada por el hombro y reía animadamente. Ino dirigió su vista por el salón, dándose cuenta de que estaba mucho más sucio de lo que había visto en un principio. Frunció el entrecejo, asqueada por las manchas de pintura en las paredes y ventanas, el negro de las explosiones (que Ino no terminaba de entender cómo habían sucedido) ensuciando el piso y las mesas, los retazos de madera por todos lados y arcilla amontonadas en esquinas. Un escalofrío se deslizó por todo su cuerpo, sacudiéndola por completo. De inmediato supo qué debía hacer.

—¿Cuál es tu nombre? —la voz de Sasori (extrañamente ¿monótona?) se oyó desde un escritorio entre la mugre—. Debo rellenar este formulario, así que-

—Claro, pero antes, si voy a estar en este club, vamos a limpiar. Porque este lugar parece una pocilga. No, peor que eso —Ino colocó las manos en jarras y adoptó una posición dominante que sorprendió a los dos chicos—. Así que vayan a buscar escobas, y trapeadores… y lo que se les ocurra y vamos a limpiar, ¡vamos!, ¡vamos, ¡vamos!

Y entre los fervientes aplausos de Ino, Sasori y Deidara intercambiaron miradas llenas de confusión y marcharon a buscar los elementos de limpieza.

¿Había sido una buena idea "secuestrar" a la rubia?


Los pasillos se extendían y extendían, y Sasuke tenía la sensación de haber estado caminando durante horas. ¿Acaso siempre sentiría lo mismo mientras recorría ésos pasillos? Claro que a ésa sensación se le sumaba un extraño sentimiento de nerviosismo, se sentía de alguna forma perturbado por lo que acaba de suceder. A pesar de que se había medio auto-convencido de que Ino de hecho estaría perfecto en ése extraño (como ella) lugar, no podía evitar percibir un revoltijo en el estómago que le decía que estaba huyendo. Era más como un golpe contra su orgullo. ¿Debía, entonces, volver a rescatar a Ino?

Por favor, en qué clase de cosas estaba pensando. Es decir, ¿rescatar de qué, maldición? Ni que la fueran a matar, es más, estaba seguro que en todo caso sería ella quien acabase con los dos chicos. No tenía sentido alguno preocuparse.

Momento.

¿Estaba preocupado?

Sasuke se detuvo de golpe, como si una pared de las piedras más fuertes y duras (de ésas que duelen mucho si te golpeas) se hubiera atravesado en su camino de pronto, como si hubiese sido un conejo cruzando incrédulo la ruta sólo para ser aplastado, o tan de repente como cuando una verdad se te aparece en la cabeza. Que era más o menos lo que le había sucedido. Se llevó las manos al cabello oscuro y lo revolvió con un deje de desesperación. Estaba preocupado, ¡preocupado por Ino! ¡Por el Demonio Rubio que le había dicho Kitty-suke y Kitty-seme!

Era totalmente absurdo.

Dejó escapar un largo suspiro que tan pronto como salió, se esfumó, y reanudó la marcha haciendo de cuenta (o al menos tratando) de que nada había sucedido.

Sasuke se percató de que ciertamente estaba siendo bastante pesimista. Él bien podía ser serio, o lo que fuera, pero no solía andar tan desalentado como últimamente estaba. No era un destello de luz como Naruto, o un animal inquieto como Kiba, pero no llegaba a ser de ésos chicos todos pintados de negro y con ideas un tanto suicidas. Sasuke también se dio cuenta de que, de hecho, cuando andaba con Ino reía más. Naruto se lo había mencionado, aquella vez en su cumpleaños, cuando estaban en el karaoke. "Estás más animado", dijo, pero él en el momento lo tomó como una ofensa y le lanzó un insulto.

Uchiha suspiró al recordar el escándalo que armó su bonito grupo de amigos (y él) ésa noche en el karaoke.

Sasuke llevó la vista al exterior que se divisaba por los largos ventanales que acompañaban fielmente en el recorrido al solitario pasillo. El follaje, el verde brillante del césped bañado por la luz del sol, los pájaros volando, el despejado cielo turquesa; lo de siempre. Sin embargo, pudo divisar un grupo de gente formada en una línea horizontal, todos llevaban arco y flecha en mano y apuntaban a un círculo blanco y rojo a varios metros de distancia. Sasuke se detuvo unos instantes a contemplar cómo el Club de Arquería llevaba a cabo sus actividades al aire libre. Como imaginó, Neji se encontraba allí, y la piel se le puso de gallina cuando su flecha salió disparada como un halcón volando hacia su presa hacia el blanco, se deslizó por el aire cortando el viento a su paso; perfecta. Los demás miembros del club se amontonaron en una ronda alrededor de Neji y comenzaron a alabarle. Sasuke bufó y continuó caminando. Vio también a Kiba disfrazado de árbol, dando vueltas de aquí para allá entregando folletos sobre el medio ambiente a los alumnos que quedaban por allí, vio a Tenten con el Club de Artes Marciales y a Hinata con un par de partituras, y un sentimiento extraño le invadió cuando observó cómo todos parecían pertenecer a un lugar.

¿Encontraría él un club en el que se sintiera cómodo? ¿A gusto?

El eco del sonido de sus zapatos contra las baldosas se detuvo de repente cuando el cartel de "Sala del Consejo" se cruzó por su vista oscura. Sasuke se acercó y espió por la ventana, sin saber porqué, y lo que vio le sorprendió bastante.


—Bueno, ahora está más limpio, se siente más cómodo, ¿a que si?

—Para serte honesto creí que era una locura, pero realmente se siente… más fresco —Deidara se llenó los pulmones del olor a jazmín impregnado en el aire.

—Es extraño, porque mi cuarto es un asco, y no me urge limpiarlo, pero éste lugar sobrepasaba los límites de lo legal en asqueroso.

—Ya. No era para tanto.

Ino fulminó con la mirada a Sasori.

—Sí que lo era.

Sasori se acomodó el cabello rojo y se dirigió a su escritorio, deslizó sus dedos blancos, casi tan pálidos como un esqueleto pero igual de frágiles que la porcelana, por la madera, con la intención de retirar cualquier rastro de polvo, pero la yema de su dedo quedó intacta.

—Aunque debo admitir que has hecho un buen trabajo.

Ino sonrió de oreja a oreja.

—¡Hemos!

Deidara abrazó por el hombro a Ino y comenzó a vitorear sobre el aroma que había quedado y que las cosas se veían con claridad. A pesar del jaleo, Ino no pudo evitar notar en los ojos miel de Sasori un atisbo de tristeza, un chispazo de angustia en el mar castaño de su mirar, mientras contemplaba dos marionetas sentadas en el centro de uno de sus escritorios. Ino dibujó una mueca de disgusto en el semblante.

—Sasori… ¿Sucede algo? —Ino se zafó del agarre del rubio y caminó hacia uno de sus Sempai, colocó la palma de su mano sobre su muñeca pero rápidamente la apartó. Sasori estaba helado.

Como si no tuviera vida.

Deidara se percató de aquello y rápidamente se dirigió donde ambos chicos, tomó por el hombro a Ino y miró de reojo cómo Sasori se sobaba con intranquilidad la muñeca.

—No le toques —le dijo bajito al oído a la chica. Ino puso una expresión de culpa—. No te preocupes, ¿sí? Tan sólo no le gusta que le toques —Ino asintió avergonzada—. Luego te explico —lo último se lo dijo en un susurro mezclado con suspiro, que salió como el viento y acarició la mejilla de Ino y le hizo sonreír levemente, aliviada.

Sasori se sentó en una de las mesas y comenzó a dibujar lo que según Deidara era un bosquejo para uno de sus trabajos y no dirigió palabra alguna a ninguno de los muchachos en ningún momento.

Por un segundo Ino pensó que Sasori no era de verdad.


Luego de haber visto cómo el presidente del club le dirigía una mirada que en lugar de animarle a seguir mejorando parecía querer prenderle fuego, decidió ahuyentar a la multitud alrededor suyo con la simple acción de apuntar con su arco y una nueva flecha hacia el lugar donde se encontraba el blanco, sin importar la gente que estuviera delante. Como era de esperar, todas las personas se corrieron asustadas y no volvieron a acercarse a Neji a pesar de todos los tiros perfectos que realizó.

Realmente no le gustaba demasiado ése club.

Todos los miembros eran unos idiotas que se las daban de tener buena puntería y ni siquiera podían sostener bien el arco. Neji ni siquiera había practicado antes (salvo en el Wii, dónde siempre ganaba) y daba en el centro todas las veces que lanzara. Aún si quisiera fallar, no podría.

Neji dejó escapar un suspiro de frustración.

Si no hubiera aceptado ésa tonta apuesta con Tenten, él ahora estaría en el Club de Artes Marciales (haciendo lo que de verdad le gustaba) y ella en su lugar, con el arco que cargaba y la flecha en el blanco, con la gente alrededor y una sonrisa en el rostro.

A veces se arrepentía de ser tan obstinado.

Llevó la vista hacia un costado, dónde casualmente al equipo de Artes Marciales se les había ocurrido practicar. Allí estaba ella, se la veía realmente concentrada, entrenando y yendo de aquí para allá mientras luchaba con otra chica. En sus ojos avellana se veía su decisión, que incluso podía llegar a ser más grande que la de él. Sus movimientos eran rápidos, ligeros, parecía una pluma deslizándose por el aire, cayendo escalón tras escalón y guiándose por la brisa. Sus golpes eran certeros, fugaces, atacaba y retrocedía. Pronto derribó a su oponente y su expresión cambió a una de orgullo (hacia sí misma). Y pensó que si Tenten se lo estaba tomando tan enserio, entonces, él también.

Sus ojos perlados volvieron al blanco y dónde se clavaron, fue a parar la flecha. Rápida, firme. Salió y llegó. No hubo tiempo para pestañear. Neji se dio cuenta que quizás aquello podía comenzar a gustarle.

Y otras veces agradecía ser tan obstinado.


—Ahh, sí que ha sido mucho trabajo…

Las hojas anteriormente esparcidas en un total desorden por toda la mesa, estaban ahora cuidadosamente acomodadas en el escritorio contiguo. Se habían pasado un buen rato allí, no sucedió exactamente lo que Naruto esperaba, pero de igual manera pasó más tiempo con Sakurita, y eso le ponía contento. Naruto solía buscar excusas para estar con Sakura, a pesar de que ya llevaban siendo amigos desde los cinco años, aproximadamente, continuaba ansiando más de ella. Más de sus sonrisas, tan brillantes como las estrellas a las que le pedía el mismo deseo todas las noches (estar con ella), más de ésas miradas, con los ojos verdes esmeralda, que chispeaban como si estuvieran hechos de brillantina, más de sus risas y de sus palabras, que iban dedicadas sólo a él. Más. Más. Más. Quería que ella le ame. Que le ame de ésa forma tan especial, que se te revuelve el estómago y te sonrojas de pies a cabeza, Naruto quería que Sakura le ame de vuelta, quería que su amor diera mil veces la vuelta al mundo.

Naruto se regañó internamente por estar pensando en cosas tan egoístas.

Sakura era su mejor amiga. Ella le abrazaba y sentía amistad, ella le golpeaba y sentía amistad, ella le insultaba y sentía amistad, ella se reía por él y sentía amistad. No iba más allá que eso.

Uzumaki se sentó sobre la mesa y se recostó en ella. Dejó caer con suavidad la cabeza en la madera y llevó las manos detrás de ésta, sosteniéndola. Cerró los ojos azules como el mar y suspiró.

Sakura se encontraba terminando de acomodar una pila de papeles, controlando que estuviera todo perfectamente alineado (Sakura era un poquito obsesiva), cuando oyó a Naruto suspirar y volteó a verle con los brazos en jarras.

—¿Qué tanto suspiras? No ha sido para tanto. Esto no ha sido nada en comparación a lo que yo tengo que hacer regularmente, ¡y más ahora que han comenzado los clubes! —regañó Haruno, con los ojos esmeralda y vibrantes clavados en la pose relajada de Uzumaki.

Naruto abrió los ojos tan sólo un poco para verle. Sonrió de ésa manera en la que sólo él podía sonreír, mostrando los dientes blancos y sus colmillos como los de un zorro que brillaban afilados.

—Eso es porque a ti te gusta firmar papeles, ordenar esto y lo otro y mandar a la gente, Sakurita —a veces Naruto no controlaba su lengua.

Sakura infló los mofletes y se acercó a la mesa con las intenciones de golpear al rubio fuertemente en la cara. Naruto se percató de ello y su piel pareció teñirse de blanco.

—¡Tú eres un maldito holgazán y-!

Su cabello rosado voló en el aire, revoloteó como las alas centelleantes y llenas de estrellas de las hadas que bailan y crean flores tan rosadas. Bailó y el aire se mezcló con cada pelo, tan fino y tan sedoso que el aire se escurrió entre ellos. Ondeó y cayó sobre su rostro sorprendido, en apenas milímetros de distancia de la cara de Naruto.

Sakura se enfadaba y se enfadaba, y solía olvidarse de las cosas que la rodeaban con tal de desquitarse. Así pasó y la mesa se interpuso en su camino. Sakura cayó y mientras el rosado de su cabellera danzaba en el aire, Naruto la miró con los ojos tan abiertos y tan celestes que podrían habérsele salido y escapado y fundido en el azul del mar. Ella caía sobre él y él no sabía qué hacer, cómo reaccionar. Sólo atinó a retirar las manos de detrás de su cabeza y levantarse apenas un poquito con la mitad de los brazos apoyados en la mesa. Sakura aterrizó en su cuerpo y sus ojos parecieron hundirse en la marea de los celeste de él, que parecía tan ida y tan sumergida que cualquier sonido se volvió mudo para ella.

Los mofletes de Naruto se sonrojaron de tal manera que le ardían y ardían, pero él seguía allí, con Sakura tirada sobre él en aquella mesa que vete a saber cuánto duraría, sin saber de qué manera reaccionar. Si ayudarla a levantarse, o si besar sus labios como si no hubiera un mañana.

De pronto, oyeron algo afuera del Salón del Consejo. Ése sonido provocó que Sakura saliera de pronto del mar celeste lleno de amor de Naruto y se quedara estática, temiendo que alguien les hubiera visto de ésa forma. Naruto dirigió su vista a la puerta y pudo alcanzar a ver un par de cabellos negros asomándose por la ventanita.

—Iré a ver… —dijo Naruto medio en un susurro. Sakura se apartó de encima del chico y se sentó en la mesa, roja como un tomate, jugando con los dedos como hacía Hinata, de forma nerviosa.

Naruto abrió la puerta y miró hacia un costado, donde el pasillo se alargaba y se perdía de vista y allí estaba. Sasuke se pegó a la pared y miró a Uzumaki con los ojos bien abiertos. Ambos intercambiaron la misma mirada de desconcierto por unos segundos, hasta que Naruto cerró de golpe la puerta y sonrió a Sakura con disimulo, mientras se rascaba la nuca.

—¿Y…?

—¡Nada! Habrá sido tu imaginación —Naruto soltó una escandalosa carcajada. Sakura apartó la vista y apretó con las manos el borde de su falda. El rubio miró con un deje de congoja la expresión de la chica. Se veía tan confundida y sorprendida, que Naruto se arrepintió de no haber hecho lo que era correcto. Apartarla de inmediato y bromear por sus pies torpes. En lugar de aquello se quedó embobado en sus ojos de esmeralda, con cientos de brillos y con miles de dudas nadando en ellos.

—Ya veo…

—Ey, nos vemos. Me gustó pasar tiempo contigo —fingió una sonrisa de oreja a oreja y antes de que ella pudiera decir una palabra, salió del salón cerrando la puerta con suavidad.

Sakura se mordió el labio inferior y frunció el entrecejo, enfadada. Si antes estaba confundida, ¡ahora aún más! Se levantó de la mesa y soltó mil y un maldiciones al rubio de ojos de mar.


—Tu… ¿Quieres explicarme qué estaba sucediendo allí?

Naruto y Sasuke caminaban juntos por los pasillos rumbo al gimnasio, lugar donde según Uzumaki, se estaban realizando las pruebas para el equipo de básquet. Sasuke jugaba desde pequeño, y ése club había sido la primera opción que se le había cruzado por la mente. Obviamente era muy bueno (Sasuke era muy bueno en la mayoría de las cosas que hacía, orgullo aparte), así que ya daba por hecha su inscripción en el club.

De todas formas, Sasuke no estaba preocupado por el bendito club en ése momento. La imagen que había visto a través de la ventana de la puerta le había desconcertado totalmente. Y él no era fácil de impresionar, generalmente, al menos. Sakura y Naruto, echados sobre la mesa, mirándose fijamente. Él no era ningún inocente, y muchas ideas se le habían cruzado por la cabeza…
Hasta donde sabía Sasuke, Sakura había aceptado bien su rechazo, sin embargo, según Ino, estaba bastante confundida. Según el demonio rubio, ella no estaba enfadada con él, es más, hasta se sentía arrepentida por haberle causado tantos problemas. Sasuke se preocupaba por Sakura, obviamente, era su amiga después de todo. Y más que nada, se preocupaba por Naruto. Él sabía de su enamoramiento de años y años por "Sakurita", sabía que cada vez que oía su nombre sus pensamientos se nublaban, sabía que sus ojos celestes brillaban más cuando ella aparecía, Sasuke sabía mucho de él.

Pero en ése momento le picaba la maldita curiosidad.

Naruto se encogió ligeramente y se sonrojó notoriamente.

—¿Pensabas besarle?

Uzumaki se sobresaltó y dirigió a Uchiha una mirada de "¡cómo-se-te-ocurre!".

—¿Estás loco? No pienso aprovecharme de ella. Lo que sucedió fue un accidente, ella cayó sobre mí. Eso fue todo —suspiró un tanto angustiado, Sasuke le dio unas palmaditas en el hombro.

—Ya, olvídalo y mejor nos apuramos.

El gimnasio era un salón enorme, que quedaba apartado del edificio principal de la escuela, dónde estaban las aulas. Era de ésa clase de salones gigantes, de ésos que puedes soltar un "hola" y la palabra revotará por todos los rincones del lugar. A Naruto se le antojó gritar "¡de veras!", pero Sasuke le miró a los ojos como leyéndole los pensamientos y frunció el entrecejo destruyendo cualquier idea que se le cruzase por la cabeza.

Sentados en las gradas se encontraban un par de alumnos con ropa deportiva que Naruto adivinó eran los miembros del club (a lo cual Sasuke respondió con un escueto "genio"). Uno de los muchachos, que para sorpresa de ambos amigos, tenía una apariencia bastante extraña. El cabello negro con corte de tazón, y los ojos tan redondos y tan abiertos como si estuvieran cien por ciento atentos de lo que sucedía alrededor. Él parecía ser alguien importante en aquél grupo o al menos llegaron a ésa conclusión ya que él estaba sentado en el medio de todos con una pelota de básquet entre las manos.

De repente les lanzó el balón a ambos chicos y antes de que Naruto pudiera pestañar y reaccionar, Sasuke dio un paso al frente y tomó la pelota. Tan ágil y rápido, con los reflejos de un gato.

Sasuke y Naruto contemplaron un tanto desconcertados cómo el chico les miraba con los brazos entrecruzados y la vista decidida.

—Solamente un tiro entre los dos. Tienen una oportunidad. Si le embocan los acepto, si no, olvídense del club.

De repente se levantó de un salto y apuntó con el dedo índice a Naruto y Sasuke, sonreía de oreja a oreja mostrando los dientes blancos y sus ojos encendidos fuego.

—¿Qué?

El chico pareció caerse de culo al piso.

—Déjame presentarme. ¡Mi nombre es Rock Lee y soy el presidente del club de básquet! Si no pasan esta pequeña prueba, ¡olvídense de ingresar al club!

Sasuke frunció el entrecejo y sonrió de costado, Naruto dibujó una de sus sonrisas confiadas y decididas y completamente en llamas, ambos asintieron decididos.

Rock Lee se posicionó en el medio de la cancha y mientras se estiraba y saltaba de un lado a otro, alegaba que no necesitaba compañero para vencer a Sasuke y Naruto. Sus ojos, tan redondos y llenos de brillo, atentos a cualquier movimiento, se fijaron en ambos jóvenes y con un solo pestañeo les dirigió toda su confianza y decisión en derrotarlos. Sasuke le devolvió la mirada un tanto consternado, ¿no se suponía que, siendo él el presidente del club, debería estar animándolos en lugar de querer prenderles fuego con los ojos? ¿Qué clase de lunático era ése tal Rock Lee (y por qué tenía tal extraño parecido al profesor de gimnasia, Maito Gai)?

Un codazo por parte de Naruto le devolvió a la realidad, su mirada celeste como un mar colérico en plena tormenta se clavó en la de Sasuke y le transmitió confianza, parecieron hacer un pacto en el que no perderían con sólo verse.

Se le concedió la pelota a Naruto primero, Rock Lee dijo que fue porque él tenía cara de simpaticón mientras que Sasuke parecía estar enfermo o constipado (comentario al cual Sasuke respondió con un "te voy a matar" con los ojos afilados y un aura de maldad que dejó al presidente del club casi rostizado).

Una vez las cosas se calmaron, Rock Lee adoptó una posición de ataque que fue rápidamente cubierta por la defensa de Sasuke. Él sería la barrera que evitaría que Naruto falle, él se encargaría de que su amigo anotase, él se entregaría y Naruto lo único que debía hacer era encestar.

Lo único que debía hacer…

Un sonido llenó por completo el lugar. Un único sonido inundó el gimnasio y aquello fue lo único que se escuchó por un segundo, todo pareció temblar y tambalear y caerse en pedazos pero en realidad todo seguía allí. Sasuke se olvidó de Lee y él de Sasuke, Naruto se olvidó del juego y todos los muchachos en las gradas olvidaron la prueba, en sincronía y como si hubiesen ensayado para aquello, todas las cabezas voltearon hacia el lugar de dónde provenía el sonido de aquella explosión.

Y la pelota voló pero jamás llegó a encestar.


—¡Uy! ¡Ése ha sido realmente fuerte! —Ino se quitó las enormes gafas protectoras que llevaba puestas y sonrió animadamente a Deidara mientras él limpiaba el desorden de la explosión.

Ino se sorprendió mucho al enterarse del gusto de Deidara por moldear con explosivos, pero al cabo de unos minutos, terminó por ayudarle con su arte. Al fin y al cabo era realmente divertido ver cómo volaban por el aire los pedazos de arcilla, aunque a veces se les salía de las manos y explotaban con quizás demasiada fuerza (Ino dudaba si el ruido se oiría en toda la escuela o no), Ino comprendió a qué se debían las manchas oscuras en el suelo y paredes, que por más que limpió no pudo eliminar, y a qué se refería Sasori con ése "No hagan demasiado escándalo, principalmente tú, Deidara" antes de marcharse a entregar a Sakura el formulario con su inscripción.

Por un momento Ino tembló con temor a qué podría llegar a decirles Sasori cuando volviera…

—Deidara… podrías… ¿podrías contarme qué sucedió con Sasori? ¡Quiero decir…! Sólo si puedo saberlo, no quiero entrometerme. Pero…

Deidara se detuvo cuando la oyó hablar, sus ojos azules perdidos en la forma que había creado la arcilla. Recogió un pedazo del suelo y lo sintió entre los dedos, la textura, las grietas, cerró el puño y la arcilla pareció hacerse diminuta. Deidara se levantó del suelo y dirigió su mirada a Ino, quien al sentir la pesadez de sus ojos tan azules como un mar en paz sobre ella se removió incómoda.

—Ino —la interrumpió—. Siéntate, te contaré.

Ino se sobresaltó ligeramente y obedeció a Deidara. Dio media vuelta y se sentó en la primera silla que vio, el chico la siguió y se acomodó frente a ella.

Deidara dejó caer el pedazo de arcilla en la mesa y el sonido se esparció por toda la sala, llenando el aire, mezclándose con sus respiraciones. Ino se tensó debido a tan mal ambiente, el aire se sentía pesado y Deidara no despegaba su vista melancólica de la arcilla.

El chico pareció darse cuenta de lo incómodo de la situación y se relajó sólo un poco. Sonrió ligeramente y miró de soslayo a Ino. Abrió las palmas de sus manos recostadas en la mesa y volvió a cerrarlas, las abrió y las cerró, las abrió y las cerró. Cada vez con más fuerza, sintiendo cierta impotencia dentro de su corazón. Deidara tragó saliva y dejó escapar un suspiro que se deslizó entre sus labios y se esfumó en el aire.

—Sasori… Sasori es mi amigo desde que tengo memoria —Ino alzó la vista y pasó a mirar al chico, sintió que todo el pesar impregnado en su voz se traspasó a ella y le envolvió el alma—. Sasori solía ser un niño bastante amigable, recuerdo que siempre sonreía, uhn. Era casi ridículo, creo que hasta si le insultabas el sólo te sonreiría. Pero no con cinismo. No, uhn. Sería una sonrisa sincera, de ésas que te llenan y te dan vuelta… ¿entiendes?

Ino lo contemplaba controlar su nerviosismo y el corazón casi se le partía. No sabía lo que había sucedido, pero tenía un presentimiento, un sentimiento que la invadía completamente y que casi le gritaba que hiciera algo. Si de algo estaba segura, era que no era algo bueno. Y es que la voz de Deidara, hacía minutos tan vivaz y divertida, en ése momento le llegaba tan apagada y le dejaba un mal sabor en la boca que no le gustaba para nada e Ino lo miraba y su respiración podía oírse.

Deidara la hablaba de sonrisas. Le contaba cómo Sasori las regalaba y repartía a todo el mundo. Le hablaba de ello y su mirada parecía volverse más y más azul. Ino amaba sonreír, y entendía ése sentimiento de querer que todo el mundo sonriera también. Cada vez que miraba a Sasuke quería que riera toda la vida, porque cuando sus labios se curvaban y sus ojos negros brillaban y parecían la noche estrellada más hermosa, ella era feliz. Era feliz y aquello le provocaba sonreír más y más y más. Entonces Ino no lograba comprender por qué Sasori había dejado de sonreír, ¿ya no era feliz? ¿Acaso le faltaba un motivo?

Ino asintió levemente, dándole entender a Deidara que estaba escuchando, que prosiguiera.

—Sin embargo… Sin embargo, un día… Sasori dejó de sonreír.

Deidara cerró los ojos.

—Los padres de Sasori eran grandes artistas. Lo que ellos construían eran… eran sonrisas para los niños, uhn —Ino alzó una ceja en señal de duda. Deidara rió en un suspiro—. Ellos hacían juguetes, más específicamente, marionetas.

Ino pareció entender un millar de cosas y echó un vistazo disimulado a las marionetas colgadas en las paredes. Todas eran hermosas. Los brazos tallados a la perfección, y las piernas largas colgando y reluciendo su madera lustrada. Sin embargo, Ino se percató de algo, y se golpeó internamente por haber sido tan despistada y no haberse dado cuenta antes; ninguna marioneta tenía rostro. Allí estaban ellas, colgadas en las blancas paredes o reposando en las mesas, como esperando algo, mirando sin ver realmente, estaban allí e Ino sentía que exigían ser terminadas, que lo necesitaban. Pero estaban allí colgadas y olvidadas, con los brazos de madera y las piernas tan brillantes pero sin ninguna expresión, y tenían todo y eran perfectas pero les faltaba lo más importante.

Y por un segundo Ino sintió miedo y quiso llorar.

Desvió la vista rápidamente y la devolvió a Deidara, éste envolvió la mano de la joven con la suya, reconfortándola.

—Sasori realmente admiraba a sus padres, él quería poder llegar a hacer marionetas como las que hacían ellos y algún día hacerse cargo de la pequeña juguetería que manejaban. Sasori también quería que sus marionetas tuvieran el rostro reluciente y provocar risa en la gente, uhn. Un día, en un accidente de auto, los padres de Sasori… Ellos fallecieron.

Un escalofrío se deslizó por la espalda de Ino.

—Desde ése momento… Sasori sólo dejó de sonreír.

Ino se mordió el labio inferior con fuerza. Era tan injusto, tan injusto que algo así pasase. Tan injusto que un suceso como aquél le arrebatase la sonrisa a un niño encantador como solía ser Sasori. Tan injusto como si una tormenta pasase y se llevase consigo todas las nubes del cielo y el celeste se vería tan apagado y tan desamparado y el sol no brillaría más, tan injusto como si de un día para otro las estrellas desaparecieran y la luna se sentiría tan sola y su brillo se volvería tan opaco que no tendría sentido verla. Estaría incompleta. E Ino entendía aquél sentimiento, entendía lo que era sentirse desamparado, entendía lo que era ver sus esperanzas marcharse una por una, lentamente y sin mirar atrás. Pero ella también había entendido, en su momento cuando se sentía a morir, que había un montón de esperanzas, esparcidas por todo el mundo, había un montón de motivos por los cuales volver a sonreír.

—Es un tanto difícil tratar con él ahora, es bastante inexpresivo, ya te habrás dado cuenta, uhn. Quizás para mí no tanto, quiero decir, hablar con él… Pero me hace sentir inútil no poder ayudarle, no saber qué decirle para darle ánimos. El accidente ha pasado hace mucho, y sé que ésa clase de cosas no se olvidan, pero por lo menos… Por lo menos me gustaría que vuelva a ser él, que vuelva a tener algo del antiguo Sasori. Puede que discutamos bastante, o esto y lo otro, pero somos amigos ¿sabes?, uhn. Y yo sólo quiero… ¡Bah! No estoy seguro de si entiendes de lo que hablo, pero querías que te lo cuente, tú sabrás por qué. No vayas a decir una palabra de esto, ¿oíste? ¡Uhn! —Deidara pareció perder la paciencia.

Ino frunció ligeramente el ceño y esa vez fue ella quien cubrió la mano del joven con la suya y pareció decirle con la mirada que se tranquilizase. No había nada que decir, nada más que agregar. Deidara observó fijo a Ino mientras ella se levantaba y continuaba ordenando el desorden de las explosiones, sin mediar palabra alguna, sin mirarle siquiera. Parecía estar guardándose todo en la garganta, parecía tener mil y un palabras en la punta de la lengua, pero no era Deidara quien debía escucharlas. El joven vio en los ojos de Ino que ella realmente le había entendido, que ella ocultaba algo y que al contarle aquella historia, ella había terminado de entender el por qué de su curiosidad hacia Sasori. Y Deidara se dijo a si mismo que la intuición de aquella chica era bastante especial, y al verla con el ceño fruncido y la mirada decidida, una sensación de calma le inundó y algo le dijo que todo mejoraría.


—¡¿Qué demonios ha sido eso?!

Sasuke volvió su mirada rápidamente a Naruto, no para ver si se encontraba bien, no para asegurarse de que nada le hubiera sucedido, sino para ver cuál había sido el resultado de su lanzamiento.

Naruto pareció caer en cuenta de lo sucedido y miró sus manos como preguntándose a dónde había ido a parar la pelota al final. Casi temblando llevó sus ojos cuyo color celeste parecía sacudirse como un cielo siendo dominado por las nubes y la tormenta. Recorrió con la vista un camino imaginario por el suelo buscando la pelota y cuando la encontró, tan sólo cayó de rodillas.

—¡Ah, vaya! —Rock Lee rió estrepitosamente al ver el resultado del tiro fallido de Uzumaki y Sasuke le fulminó con la mirada—. No me mires así, Uchiha —soltó un par de carcajadas más y Sasuke tuvo que auto-controlarse de golpear al Presidente del Club, se acercó a Naruto y le tendió la mano para ayudar a levantarlo—, no se preocupen, tan sólo estaba aburrido, por eso he hecho esta prueba, ¡y es que les vi cara de idiotas! Estoy bromeando, ¡estoy bromeando! Ésa explosión hizo que Uzumaki se desconcentrase, así que no importa. Están en el club, vi cómo estaban decididos a ganarme, sé que harán un buen trabajo.

Lee alzó el puño y acto seguido alzó el pulgar en señal de felicitación mientras les guiñaba un ojo animadamente.

Naruto sólo atinó a arrojarle el balón en la cabeza a su nuevo y extraño compañero.
Sasuke se cruzó de brazos, y dado que ya se había hecho bastante tarde y los horarios de los clubes ya se estaban terminando, tomó a Naruto por el cuello de la camisa y luego de haberse despedido (medio en un gruñido) de Rock Lee, ambos amigos se marcharon del salón.

Decidieron no hablar sobre lo ocurrido por lo absurdo de la situación y recorrieron un pequeño tramo de patio escolar hasta llegar al edificio de la escuela, entraron y Naruto se fue por un lado, alegando que ya debía marcharse mientras que Sasuke comenzó a caminar hacia la entrada del instituto para esperar al "demonio rubio" e irse de aquél lugar de una buena vez.

Atravesó la puerta principal y examinó con la vista la zona buscando a la rubia, sin embargo, el portón oscuro se veía totalmente vacío. Miró hacia los costados, pensando que quizás estaría debajo de un árbol, o sentada en alguna de las bancas, pero no hubo rastro de la chica. Sasuke creyó que quizás el club todavía no había acabado, así que volvió a entrar a la escuela y se dirigió a la biblioteca a esperar. Ya aparecería Ino.


—Bien, yo ya me voy yendo. Recuerda Ino que ya eres parte del Club de Arte, así que debes dar tu aporte, uhn —Deidara sonrió amigablemente y terminó de recoger su mochila—. Debes tener algún talento, te has unido por algo, ¿no?

Ino dudó en decir que la realidad era que había sido cuasi raptada por dos chicos de tercero en un cuarto asqueroso del que no había podido simplemente marcharse, y al final de cuentas, Deidara y Sasori le habían caído realmente bien (a pesar de esto y lo otro) y a decir verdad, eran muy buenos artistas.
Después de que Sasori volvió y encontró a Deidara y a Ino en medio de la preparación de una explosión, con los lentes protectores puestos y escondidos detrás de una mesa echada de costado (y después de haberles dado su merecido sermón), Ino se dedicó a admirar el trabajo de ambos muchachos.

Deidara no sólo esculpía con explosiones (aunque él insistía en que de ésa forma se lucía más) sino que también se tomaba el tiempo y lo hacía a mano. Sus esculturas, a simple vista, eran sin duda extrañas. La que más llamó la atención de Ino fue la de un pequeño pajarito. Sus colores iban desde el crema hasta un carmín más bien oscuro, los tonos se mezclaban en el cuerpo y se extendían en las alas abiertas, como queriendo volar, ansiando la libertad, como si rogara poder moverse y despegar hacia la infinidad del cielo azul. Sus ojos estaban cuidadosamente pintados de dorado, resplandecían y eso era lo más hermoso de la pequeña escultura. Sus ojos, como piezas de un tesoro custodiado por un fiero dragón y sus patas parecían odiar el suelo y a la vez, obligados a estar junto a él, parecían no querer dejarlo. Y el pequeño pájaro crema estaba allí, en la esquina de una de las repisas, como un trofeo, sin una pizca de polvo, como vigilando la habitación. Ino quiso tocarlo, y sentir el frío del material, quiso a la vez sentir la suavidad de las plumas entre escarlatas y crema, quiso arrojarlo al cielo y que pudiera volar, pero tan sólo se limitó a mirarlo fijo por varios minutos, y admirar cada pluma esculpida.

Ino pensó que quizás le gustó tanto porque era la más simple (y a la vez la más ¿complicada?) de las esculturas de Deidara, sin embargo, cuando se descubrió bajo la atenta mirada de Sasori, Ino no pudo más que sonrojarse y correr la vista.

Sasori tampoco se quedaba atrás. A pesar de que sus marionetas no tenían rostro, y eso las volvía melancólicas, nostálgicas, y para Ino quizás un tanto terroríficas. Debía admitir que su trabajo era muy, muy bueno.

No era como que no había pensado en ello, si iba a estar en aquél club, obviamente debía hacer algo. A Ino realmente le gustaban las flores, su padre era dueño de una importante floristería, después de todo. Ella había crecido entre ellas, sabía mucho sobre plantas y podía reconocerlas fácilmente. Ino pensó que algo relacionado con ello debía ser, así que se le ocurrió que quizás podía intentar pintarlas, sin embargo, cuando echó un vistazo a la habitación se percató de que no había ni taburetes, ni acrílicos, o acuarelas, o tempera, a pesar de haber habido allí manchas de pintura. Así que decidió la próxima vez ir preparada para no quedarse sin nada que hacer otra vez.

—No te preocupes, ya verás que no los defraudaré —Ino mostró sus dientes en una sonrisa de oreja a oreja.

—Confiamos en ti.

Sasori se mantuvo en silencio, concentrado en terminar de ordenar sus cosas. Deidara se despidió y se marchó del lugar, el pelirrojo le siguió unos minutos después e Ino tan sólo le miró fijo macharse del lugar. Sentía que debía hablar con él, no podía permitir que él continuara de ésa manera. Debía. Debía. ¡Debía! ¡Debía, demonios! ¡Era totalmente injusto! Ése sentimiento, ése dolor en el pecho que te perfora el corazón y que te hace sentir tan solo y tan vacío y quieres gritar. Y gritar. E Ino no podía verle pasar más por aquello.

No supo bien cuando fue que comenzó a correr, cuando fue que bajó las escaleras, saltando la mitad de los escalones y casi desparramándose en el suelo, cuándo fue que la noche la envolvió y la puerta principal de la escuela se cerró detrás de ella y pudo divisar el patio frontal y el portón negro junto con el imponente muro rodeando la zona.

Pudo divisar un muchacho de roja cabellera caminando hacia el portón, con intenciones de irse, sin embargo, continuó corriendo y antes de que Sasori pudiera tocar las rejas, Ino lo jaló de la manga con tanta fuerza que Sasori dio media vuelta y casi cae sobre ella.

—¡Necesito... necesito hablar contigo!

Sasori la miró sorprendido, sin saber qué decir. Sus ojos celestes penetraban la oscuridad e insistían y chispeaban. Sasori relajó los músculos y asintió suavemente.

Ino también se relajó y soltó la manga del chico, agachó un poco la cabeza un tanto avergonzada y comenzó a caminar, indicándole que le siguiera.

Rodearon parte de la escuela, caminando por el patio, hasta llegar a una de las zonas de descanso. Había varias bancas rodeadas de árboles que se mecían con la brisa. Todos los chicos que se encontraban practicando afuera ya se habían marchado, y sólo quedaban unos pocos dentro del edificio. El profesor de turno para hacer guardia ya se había acomodado en su oficina y de tanto en tanto salía a dar un par de vueltas por el patio con la linterna en la mano. Y es que la noche ya había caído y sentada en una banca con el cielo pintado de negro sobre ella y las estrellas brillando y los grillos casi cantando en su oído se percató de que había estado toda la tarde en el instituto. Ino dirigió su vista a Sasori, quien miraba distraídamente las nubes oscuras, como queriendo estar allí arriba, escondido entre las estrellas y la luz de la luna.

—Sabes... He hablado con Deidara —Sasori pasó a mirar a Ino con un movimiento lento, acompasado—. Yo le pedí que me contara.

—Tu... No deberías ir metiéndote en los asuntos de los demás con tanta tranquilidad —el chico volvió a mirar al cielo.

—¡Bueno...! Lo lamento, ¡soy entrometida por naturaleza! —Ino se sonrojó levemente—. Pero... pero sentía que debía... que debía saber.

—Es una excusa.

—¡No lo es! Yo te entiendo, Sasori. Y no puedo dejar que esto siga así, quizás realmente esté siendo una entrometida, pero... no me importa. Sé cómo te sientes.

—No sabes.

—¡Si sé! Yo también... ¡Yo también he perdido a alguien muy importante para mí!

Sasori pareció dejar de respirar por sólo un segundo, y llevó sus ojos miel a los celestes de ella.

—Sé lo que es sentirse vacío, creer que ya no hay nada más. Que no hay por qué seguir adelante, sé lo que es sentir que el mundo te ha dado la espalda. Sé lo que es sentirse impotente, y sé que todo es realmente difícil. Más aún si intentas pasarlo solo.

—Solo... —Sasori agachó la mirada y sus cabellos rojos taparon su rostro, Ino pensó que se veía realmente guapo en aquella posición, sacudió levemente la cabeza y volvió a centrarse.

—Tú... ¡Tú no estás solo!

El chico soltó un débil "sí, lo estoy".

—¡Por supuesto que no! Y si piensas que no hay una razón por la cual ser feliz, ¡por la cual sonreír! Déjame decirte que hay miles, muchísimas. Pero la más importante de todas, ¡eres tú! ¡Es tu vida! Debes sonreír por tu vida, porque estás vivo y debes vivir.

Sus ojos celestes se humedecieron sólo un poco, como un cielo celeste que amenaza con llover pero el sol se niega a irse y las nubes no saben si ser grises o blancas como el algodón

—Mi... ¿Mi vida?

—Sí. Tus sueños, tus deseos, los momentos que vendrán, los momentos que pasaron, los buenos recuerdos, los malos también, tus aspiraciones, tus enemigos y tus amigos, las personas importantes para ti, pero lo más importante es el camino que te queda por recorrer. Y saber que nunca recorrerás ése camino solo. Nunca, yo no lo permitiré.

Su piel se erizó cuando sintió la tibieza de la mano de la joven sobre la suya, envolviéndola, protegiéndola. Lentamente volteó a ver a Ino y cuando sus ojos se toparon con el cielo brillante de los de ella todo pareció detenerse por un momento. Su respiración, la tierra, la brisa, las nubes; todo. Y cuando ella dibujó en su rostro pálido una suave sonrisa, cuando sus labios de princesa se curvaron y parecieron jurarle que nada volvería a estar mal, todo volvió a su ritmo. Sasori quiso llorar, no lo hizo, no lo demostró, pero internamente su corazón dio un vuelco y casi se deshizo. Dejó caer su cabeza sobre el hombro de la chica e Ino cerró los ojos y con su otra mano acarició el pelo carmín del joven.

—Yo estaré contigo.

Y todos los sonidos en la noche parecieron apagarse, pero la brisa seguía corriendo y las nubes seguían nadando en el mar del cielo.

—Gracias.


Sasuke se levantó de golpe del sillón de cuero verde y abrió los ojos como platos al percatarse de que se había quedado dormido y que ya era bastante, bastante tarde. Salió corriendo de la biblioteca, con el cabello desarreglado y la mochila colgada en el hombro. Salió de la escuela y miró para todos lados sin ver a Ino, otra vez. Frunció el entrecejo, ya hastiado y comenzó a caminar hacia el portón de salida, sin embargo, de casualidad miró hacia un costado forzando la vista (porque no continuaba buscando al demonio rubio, tan sólo estaba mirando por ahí...) y vio una cabellera rubia en la zona de las bancas. Se detuvo y cambió de dirección casi de inmediato.

Los árboles y arbustos impedían ver qué estaba haciendo, pero se podía llegar a ver que estaba sentada en una de las bancas, dándole la espalda. Sasuke pensó en caminar despacio y asustarla, como una manera de vengarse por hacerle esperar tanto, y lo hizo.

Sin embargo, cuando estuvo lo suficientemente cerca como para divisar el cuadro completo (Ino abrazando a... ¿ése era Sasori?), Sasuke se paralizó por completo y se terminó tropezando con una piedra y cayendo de cara al césped, lo que hizo el suficiente ruido como para delatar su ubicación.

Ino y Sasori voltearon de repente y se sorprendieron al ver a Uchiha tirado en el suelo. Inevitablemente, Ino comenzó a reír, carcajada tras carcajada, la rubia se levantó de la banca y caminó hacia donde se encontraba el chico y se burló de él entre risas. Sasuke se levantó como pudo y comenzó a discutir con la chica, quien no dejaba de reírse.

—¡Ya cállate… tú demonio rubio!

Ino rió con más intensidad ante el nuevo apodo a tal punto de tener que sujetarse el estómago con fuerza.

Sasori los observó consternado, la risa de Ino llenó sus oídos y su sonrisa se grabó en su memoria. Y así, inconscientemente, y después de años, Sasori sonrió.

Una sonrisa pequeña, disimulada. Pero estaba allí, y no quería borrarla. Sonreía y lo hacía con sinceridad, sonreía de felicidad, sonreía por lo absurdo de la situación. Sonreía porque había entendido que no estaba solo. Todos sus amigos, Deidara, Ino; todos estaban allí. Y siempre estarían.

—¡Es suficiente, nos vamos, Ino! —Sasuke tomó la manga de la chica y la arrastró en dirección a la salida. Ino volteó como pudo y saludó a Sasori, que poco a poco se volvió sólo una mancha entre los árboles.

Atravesaron el portón y comenzaron a caminar por la solitaria calle. La noche silenciosa los envolvía y la luna en lo más alto del cielo iluminaba constante y bañaba todo con su luz. El silencio era dueño del aire y sus pasos acompañados del canto de los grillos era lo único que se oía.

Sasuke interrumpió ése silencio, con la voz firme y sin dejar de mirar hacia enfrente.

—¿Se puede saber qué estabas haciendo con Sasori...?

Ino afiló la mirada y carcajeó suavemente, claramente burlándose de él.

—¿Qué es tan gracioso? —el chico pasó a mirar a su acompañante, quien le devolvió el gesto.

—¿Estás celoso?

—¿Celoso? ¡No digas tonterías! —frunció el entrecejo y desvió la mirada, haciéndose el ofendido.

Ino le golpeó levemente con el codo y riendo, dijo:

—¡No te preocupes! No me olvidé de ti hoy, es sólo que había cosas que arreglar.

—Como si me importara.

De un momento a otro, Ino se lanzó, sin pensarlo dos veces, sin preocupación alguna, y comenzó a estirarle los mofletes al chico, carcajeando suavemente.

—Claaaaro, yo sé que te importa.

Sasuke intentó zafarse, pero Ino se veía totalmente ajena a la idea de dejarle en paz, así que decidió combatir fuego con fuego y comenzó a estirarle los cachetes a ella también. Ino se sorprendió, pero no dejó de molestarle, es más, comenzó a pellizcarle los mofletes con más intensidad.

—Suéltame, locaaaaa.

—Suéltame tú entonces, ¡gatito!

—¡Ni lo sueñes!

—Yaaaa, que me vas a dejar marca.

—¡Te jodes, por loca!

—Cállate, gatito.

—Cállate tú... ¡demonio rubio!

En ésa ocasión, ése apodo en lugar de hacerle reír le enfadó aún más.

—¡Tú te la buscaste!

Ella simplemente comenzó a estirarle el cabello como si no hubiera un mañana.

Y a pesar de todo, en ningún momento dejaron de sonreír.


Continuará…

Cantidad de palabras: 7936.


N/A:

Ok, me fui al carajo.

Es oficialmente el capítulo más largo que he escrito.

En fin. Perdón, perdón, perdóoooooooooon. lfgklmgdregeag

Definitivamente esta vez me he pasado. ¡Han sido... em... más de dos meses! (? La re concha de la lora ._.
No voy a poner excusas, pero sinceramente, no podía escribir. Es como si me hubiera bloqueado totalmente.

Y mientras tanto, durante ése bloqueo puto, anduve de acá para allá con la escuela, italiano, inglés, pruebas, trabajos, piano, salidas, jodas, esto y lo otro. Y la verdad es que tampoco tenía mucho tiempo de sentarme a escribir. Peeeeeero, ¡ah!, mirennenenennm, ha sido apenas el primer día de vacas y estuve toda la tarde escribiendo :'D Hasta falté a un quince por quedarme a terminar este capítulo de mierda (na, no ha sido porque no tenía qué ponerme y no me dejaron, yo falté porque quería escribir, sí, escribir... lpm :c ). Coooomo sea, cumplí mi palabra, de alguna forma (? Porque dije que nunca dejaría el fic, así pasen meses, y miren, hoy 2 de diciembre, he subido continuación sdjajakajajjakajk.

Así que pasemos un poco al cap. Si se han dado cuenta, no he puesto demasiado sasuino en este, pero ha tenido sus momentos. jejejejejejeejejejjej

Sin embargo, quise también enfocarme un chiquititu en los demás personajes, Neji, Tenten, Hinata, Kiba, tuvieron su aparición. Además de Deidara y Sasori. Cosa que no creo que llegue a haber un romance entre alguno de los sempai con Ino, pero sí una buena amistad y hasta celos para cierta persona :w jojojokljkjo

Entonces, ahí van las relaciones como van por ahora, Sasuke e Ino como que tienen una extraña relación de amistad (?. Naruto ha hecho confundir aún más a Sakurita. Sasori ha vuelto a sonreír :D

Siento que el final me quedó medio mierdi, pero no había nada más que agregar. El chap terminaba allí. Para el próximo, ¡se vienen las vacaciones de verano! :D (?

Ah, por favorcito (? Avísenme si me voy muy al chori, porque lo último que quiero es una mary sue. PERO, ojo que esto vendría a ser como un shojo, y la prota siempre es... la protagonista. Así que, coso, esho. :w

Lesto, ya me expandí mucho. ñañañaañ ¡Nos vemos!
Beso en la cola ;)

Ok, no.
Chau.