La joven de cabellos morados no podía negarse a si misma que estaba aterrada por la otra joven, no sabía hasta que punto era capaz de llegar, aunque era cierto que también se sentía aliviada, convivir con alguien que no deseaba su cuerpo era un soplo de aire fresco. Al principio cuando Ayano le ordenó desvestirse, se asustó, de hecho, casi entra en pánico cuando al introducirse en la bañera, la siguió la morena y le frotó el cuerpo con una esponja, por suerte, al pasar el rato, aquello comenzó a tranquilizarla. No podía negar lo extraño de todo eso, una chica que apenas conocía de vista resultó ser una loca desquiciada y ahora parecía tan cercana, no supo porque, aquello la hacía sentir bien, en paz después de tanto tiempo. Salió de la bañera y como si ella se tratase de una niña, la menor la comenzó a secar con la toalla el cabello, luego la espalda y los hombros, cosa de la que no se quejó, tan solo se quedaba en silencio, observando y analizando el trato que le daba la dueña de la casa. Todo parecía ir bien dentro de lo que era aquella extraña situación, hasta el momento donde la morena ordenó a la mayor que se voltease para secarle el frente, fue en ese momento que Ayano se tensó, aun con la toalla en las manos, su expresión no mostraba nada, aun así, Kokona sabía que algo extraño ocurría porque se quedó completamente quieta. -Termina de secarte y sígueme -Le arrogó a la mayor la toalla, tomando por sorpresa a esta y se cubrió para salir rápidamente del baño, ya que la morena no se había lavado el cabello, así que no corría el riesgo de mojar el suelo.
¿Por qué aquella chica se ponía nerviosa al ver su cuerpo? Lo primero que cruzó su mente fue la posibilidad de que la atrajera físicamente, pero enseguida lo descartó, le parecía demasiado descabellado, aparte, había visto de lo que era capaz la morena por amor, no creía que por las buenas posara los ojos en otra persona.
Trató de no darle importancia, si lo hacía, sabía que la paranoia no la dejaría vivir tranquila, y si iba a convivir con alguien capaz de secuestrar a una compañera de escuela, sabía que habría muchas cosas que ignorar por su propio bien. Se terminó de secar y se cubrió para seguir a la menor, esta la esperaba justo fuera, la guió por la casa hasta su habitación. Miró el interior, lo primero que le llamó la atención fue aquella gran pantalla de televisión, por lo que veía, sus padres tenían que vivir bastante bien económicamente, lo segundo que sus ojos detectaron fue un pequeño santuario con la foto de Taro con varios objetos como una manzana mordida o un cepillo de dientes. No hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta que todo aquello pertenecía al chico.
Se tensó al darse cuenta que se había quedado un rato mirando hacia aquella dirección, así que para evitar problemas trató de disimular y se dirigió a la tv -Que suerte tienes, una televisión tan grande para ti sola. -Aquel comentario fue ignorado, en su lugar, Ayano abría los cajones de un mueble que estaba justo al lado del santuario de Taro.
-Ponte esto de momento -Le entregó a Kokona unas pantis blancas con el dibujo de un osito. La chica de cabellos morados se quitó la toalla y la dejó doblada en la silla del pc y se puso la ropa interior. -Toma -Le entrega sin mirarla un corpiño blanco, extendiendo el brazo a un lado. La mayor toma lo agarra y lo mira no muy convencida, mientras la menor podría tener una talla de pecho de copa B, la mayor tenía de las mas grandes, incluso el uniforme del instituto le quedaba muy apretado.
Pasó los brazos por los tirantes del sujetador, pero a la hora de abrocharlo, lo que temía sucedió, no solo no llegaban los ganchos ni tan siquiera a tocarse, si no que montones de carne rebosaba por los bordes de la prenda. -Esto… diculpa… -Llamó a la morena con un tono de voz muy bajo. -Mi… señora… -Trató de llamarla tal y como Ayano le había dicho que lo hiciera, ahora mas fuerte, pero esta la ignoraba, buscaba ropa que dejarle. -¡Por favor! -Gritó no muy fuerte, haciendo que la morena se voltease, chasqueando la lengua, mostrando su molestia.
-¿Que quieres ahora? -Al ver enseguida cual era el problema, instintivamente se abrazó a si misma mientras se sonrojaba levemente, mirando con recelo a la otra chica. Sintiendo por un momento complejo con sus pechos. -¿Estás insinuando algo?
-Cla- claro que no -Le responde nerviosa -¿Podrías ayudarme? -Pregunta apenada a la vez que se daba la espalda.
No hizo falta decir nada mas, la menor se acercó y agarró los extremos del corpiño, tratando de unir los ganchos para cerrarlo, pero tan solo conseguía formar una arruga en la piel de la espalda de Kokona. Aquello la enervó y apretó los dientes mientras trataba de tirar con mas fuerza, pero aquello no cedía. -¡Ciérrate! -Ordenó, como si con aquello fuera a solucionar el problema. Obcecada por conseguir su objetivo, empujó a la mayor contra la pared, haciendo que esta gimiera de dolor por un momento. Apoyó uno de sus pies en la espalda de la mayor y empujaba mientras tiraba.
-¡Ah! ¡Duele! -Antes el grito de dolor de la otra joven, dejó de intentarlo, estaba claro que no conseguiría nada. Retiró el pie y el sujetador del cuerpo de la mayor y suspiró amargamente.
-Tendrás que ir el resto del día sin sujetador, o eso o… -Sonrió con malicia, asustando a la otra chica, quien al girarse para verla, la miró asustada -O hacemos una cirugía casera para una reducción de pechos -Comenzó a reírse, lo que intimidó mas a Kokona -Era broma, eres muy fácil de intimidar. -Buscó un rato entre las ropas, y después de rebuscar un rato, encontró una camiseta que apenas se acordaba de ella, era de mangas cortas y de unas dos tallas mas grandes, de color gris.
-Gracias… -Le dijo aun intimidada, le iba a costar acostumbrarse al macabro sentido del humor de Ayano. -Por cierto.. -Se puso la camiseta que le cubría mas bien poco las piernas -¿Tienes un secador de pelo?
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Kokona tenía el cabello seco, viéndose liso por arriba y terminando la cascada de pelo morado en curvas muy pronunciadas, lo que ayudaba mucho a dar el efecto de tirabuzón cuando se ataba las dos colas, aunque ahora lo llevaba suelto. Ayano le había dejado jugar a la consola mientras ella se dedicaba a estudiar y completar los deberes de ese día. La mayor se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, totalmente absorta en pasar aquel nivel de "Yanvania", había olvidado la última vez que había tomado entre sus manos el control de una consola, por lo que le costaba muchísimo en un principio no morir. Aparte de la musica de fondo de la televisión, solo podía oírse la cama crujir cuando la morena cambiaba de postura para seguir escribiendo en el cuaderno.
-¿Va todo bien? -Preguntó la de ojos morados al ver como quien estaba en la cama chasqueaba con la lengua y borraba la respuesta que recién había escrito. Pausó la partida y miró directamente a la morena, esta le devolvió la mirada con indiferencia y volvió la vista a las hojas. -Puedo ayudarte.
-No hace falta -Le respondió con frialdad.
-Después de todo, estoy en varios cursos mas altos que tu, así terminarías antes. -Le propone con sinceridad.
La menor se queda pensativa unos segundos mientras miraba al techo y justo luego se incorpora en el colchón y da unas palmadas para que se siente a su lado. La otra chica capta el mensaje y va arrastrando las rodillas y apoya los brazos en la cama en lugar de sentarse. -Ya veo lo que estás haciendo… ¿Que es lo que no entiendes?
-Lo entiendo todo, pero aun así no me sale bien los resultados -Suspira molesta.
Kokona mira detenidamente aquellos números y letras -ummm… -Pensativa, tratando de recordar como se resolvían -¡Ah, si! Es horrible estas ecuaciones, pero todo tiene truco, verás como lo resuelves enseguida -Comienza a explicarle maneras de recordar mejor como resolverlos, de hecho en una hora terminaron y con un gran suspiro, cerró abruptamente el cuaderno y lo guardó en su maleta.
La morena no volvió a la cama, de hecho, se fue de la habitación sin tan siquiera darle las gracias a la que la había ayudado, estaba demasiado confusa y a menudo solía estar encerrada en su mundo, cuanto mas cuando necesitaba pensar. No tenía idea de que debía hacer con la mayor, como rival debía deshacerse de ella de inmediato, de ningún permitiría ver a nadie confesándose a su amado senpai. Pero por otro lado, se la veía tan servicial, cariñosa, tan… ¿Dulce?. Definitivamente mientras le diese un techo y la alejase de los abusos de su padre, estaría comiendo de la palma de su mano.
Bajó al sótano, donde al encender la luz pudo ver aquel asiento vacío, momento donde se preguntó ¿No estaba fingiendo? ¿Realmente quedarse con su secuestradora fue su mejor opción? Tendría que ponerla a prueba y así saber cuanto de verdad había en su dulzura. Suspensamientos fueron interrumpidos por Kokona, quien asomó la cabeza por la puerta -Mi… señora… -La llamó algo avergonzada, puesto que decirlo le provocaba mucha vergüenza -¿Va todo bien?
La menor alzó la mirada hasta lo mas alto de las escaleras -Si, todo bien -Vio una pequeña sonrisa en los labios de la mayor.
-Quería proponerte algo ¿Y si tu… y yo… ? -Preguntó sin poder evitar un leve sonrojo en sus mejillas -¿Hacemos algo divertido juntas?
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El grito desgarrador de la chica inundó la habitación mientras era abierta por la mitad con unas cuchillas, cada una de sus mitades cae al suelo y mientras la otra en pie levanta el brazo en señal de victoria, justo después una voz gruesa de un hombre decía -Finish Him! Fatality. -En ese momento la mayor de las colegialas suelta el control de la consola y grita de felicidad.
-¡He ganado! ¡He ganado! -Victoreaba mientras pone los puños en alto y bota aun estando de rodillas, haciendo que por inercia sus pechos se movieran con brusquedad por la inercia.
-Por supuesto, Kokona-senpai, después de que yo ganase unas veinte veces -Contestó orgullosa, aunque realmente estuviera teniendo un mal-perder -Además, te dejé ganar por que ya no era divertido.
-¡Claro que no! -Objetó la chica de cabello morado, mostrando una cara de desaprobación bastante infantil -¿Te lo demuestro en el siguiente combate? -Aquello provocó una media sonrisa en la menor, quien no tardó en ponerse en pie, desconcertando a la otra joven quien se extrañó cuando la morena le acarició la cabeza -No, está anocheciendo y tengo hambre ¿Tu no, Kokona-senpai?
-Si… -Respondió, mirando a la menor, sin entender bien tanta gentileza, pero no iba a quejarse por ellos, para nada. Le regaló la mejor de sus sonrisas y se levantó para acto seguido sacudir la prenda que llevaba puesta -¿Que te apetece comer?
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Kokona despertó en el sofá del salón, el poco tiempo que vivía en aquella casa había adquirido una facilidad asombrosa para conciliar el sueño. De hecho, ni recordaba cuando se había quedado dormida, trató de hacer memoria, pero sus pensamientos se disiparon cuando vio en la mesa de cristal un teléfono móvil, pero no cualquiera, el suyo. Lo tomó y al parecer había sido cargado al máximo la batería, no esperó a desbloquearlo y pudo ver no solo varias llamadas perdidas de su amiga Saki, si no mensajes de texto y por la aplicación de messeger de facebook. Quería contestar, pero una gran bolsa de deporte le llamó la atención, estaba justo debajo al lado de la mesa, dando a entender que era para ella. Se levantó y se agachó en el suelo para abrir la cremallera, tan solo para sorprenderse gratamente al ver mucha de su ropa dentro, la menor se había tomado la molestia de ir a su casa, aunque aquello también le daba escalofríos. ¿Se habría encontrado con su padre? ¿Acaso ha tomado sus pertenencias? Eso le hizo sentir incomoda, pero quiso ver el lado bueno de la morena, al fin y al cabo, ayer había pasado un excelente día, de hecho, sus mejillas tomaron un tono carmesí al recordar como habían decidido comer mientras miraban la televisión de salón y de como se había quedado dormida en el hombro de la otra chica -A saber que debió pensar de mi… -Volteó el rostro para mirar el teléfono móvil ahí, como si estuviese puesto específicamente para ella y que hiciese algo. ¿Que significaba todo eso? -Quizás… -Tomó el movil y comenzó a escribir -Saki-chan...
