Era la hora del descanso en el instituto, como era costumbre, la mayoría subían a la azotea o se quedaban en el patio de la gran fuente. Ayano como de costumbre, tomaba el almuerzo en este último lugar para poder observar a Taro mientras se sonrojaba y pensaba en lo felices que serán cuando estén juntos. Abrió su bento, debía disimular lo que hacía o su senpai se enojaría por observarle tan descaradamente. Al ver el interior pudo ver una nota encima del a comida "Que tengas un buen día en clases." con un dibujo de una carita sonriente agregada a la nota. —Kokona… serás… —Dijo en sus pensamientos y sonrió con dulzura, pensó en la chica despertando con los pasos de ella quien se preparaba para ir a clases y aun así se puso a preparar la tortilla, las salchichas con forma de pulpo y por supuesto bolitas de arroz con forma de oso, usando algas para que se asemejara mas a un panda. —Ella me dio las gracias por la ropa y el móvil, ni si quiera hizo preguntas ¿Me temerá? ¿O es que es tan idiota que tiene una confianza plena en mi? O simplemente no dice nada para que no la eche de mi casa… al menos… ya tengo alguien que limpie y me haga la comida, mientras yo me encargo de o importante— Ríe por lo bajo y sigue pensando mientras come —¿Que habrá hecho con el móvil? ¿Habrá llamado a la policía? ¿Habrá llamado a alguna amiga? De cualquier modo, tengo como escaparme o hacer que ella quede como una mentirosa si lo hace. Pero... ¿Que estará haciendo ahora? ¿Testificar a la policía? O quizás…— Comenzó a recrear en su cabeza la tarde del día anterior, donde Kokona aun con el uniforme roto y con el delantal puesto, le dio la bienvenida desde la cocina, preparando el almuerzo con una sincera sonrisa. Nunca había vivido en un ambiente así, vivir con sus padres era como estar en una obra de teatro, todo falso, vacío, sin un verdadero calor en la familia. Quizás por eso la dejó vivir, había pasado un día como el que no había pasado desde… realmente nunca.

Al salir de sus pensamientos, volvió su mirada para la fuente, pero Taro ya no se encontraba allí, de hecho, nadie se encontraba en aquel lugar. Apretó los dientes molesta y recogió su bento de mala manera mientras pensaba —Pero ¡¿Como?! ¡¿Como pude perder de vista a mi amado senpai por estar pensando en una chica tan boba?!

Al llegar a clase, tomo asiento mientras esperaba a que llegase la profesora, a la par que sacaba el cuaderno y el estuche se quedó pensando en senpai, como sería su boda y sus hijos con el, en como mientras ellos vivían en su nido de amor, alguien cuidaba de los pequeños, quizás alguna anciana, pero su mente enseguida proyectó la imagen de Kokona cuidando de sus hijos, en como les ofrecería aquella linda sonrisa. Después de que los niños se duerman, ellas se quedarían hablando de cualquier cosa tomando una taza de té. Quizás si fueran a algún viaje se llevarían a la chica y tomarían fotos juntas, irían a sitios curiosos, comprarían ropa en alguna tienda de la zona e irían a fiestas con unos hermosos vestidos. ¿Como se vería aquella chica en un vestido ajustado y largo?

—¡Aishi!— Llamó su profesora, autoritaria, sacando de sus pensamientos a la menor —Preste atención a la clase— Se sonrojó levemente cuando la clase entera soltó pequeñas carcajadas.

Trató de prestar mas atención al resto de las clases, anotando los deberes, pensando en si Kokona podría ayudarla, inmediatamente trataba de volver a la realidad, aquel día estaba pensando demasiado en la mayor. Aquello no fue fácil después de lo que pasó a la hora de volver a casa, encontrándose con Midori preguntando curiosa a Saki por su amiga.

—¡Saki-chan! ¡Saki-chan!— Llamó enérgica —¡¿Que pasó al final con Konona?!— La chica de cabello turquesa posó el dedo índice en sus labios mientras hacía el sonido típico para mandar a callar a alguien.

—No tan algo, por favor— En eso la colegiala de cabello verde afirmó con la cabeza para después poner una mano la lado de sus labios y se acercó un poco a Saki para repetir lo mismo de antes pero en tono bajo. Aquello no pasó desapercibido para Ayano, quien se acercó disimuladamente a ellas, no demasiado para que no sospecharan.

—Pues resulta que está bien, solo que se fue de viaje y cuando regrese me avisará. Aunque es una locura hacerlo en época de exámenes, va a terminar reprobando— Contesta también susurrando.

Oir aquello molestó mucho a la morena quien trató de parecer serena y se fue montada en la bicicleta, prefería aparentar estar tranquila e investigar si había policías por los alrededores de su casa. Aquello era lo planeado, lo que aprendió de su madre, fingir ser la víctima y dar la vuelta a la situación. No obstante las ganas de llegar cuanto antes le ganaron, sin darse cuenta pedaleaba cada vez mas rápido. Cuando pudo darse cuenta, ya estaba en casa, ni se había dado cuenta del descuido tan grande que cometió al no revisar cautelosamente cada rincón.

Dejó la bicicleta a un lado del jardín y entró en aquella gran casa casi de un golpe, respirando agitada, con la cara colorada del esfuerzo, cerró la puerta casi con la misma violencia y al escuchar aquel "Buenas tardes". Lo que la mayor no se esperó fue ver a la morena corriendo hacia ella y empuñar un cuchillo de la encimera. —¡¿Por que hablaste con tu amiga?!

La chica del cabello morado se sobresaltó —¡Qu-que! —Tratando de asimilar las palabras de la morena —¡¿Que no era eso lo que querías?! —Agarrando la tapadera de la sartén para usarla a modo de escudo

—¿Lo que quería? ¡¿Lo que quería?! —Responde furiosa, apretando los dientes cuando dejaba de hablar —Seguro le pediste ayuda ¡¿Verdad?! —Hacercandose peligrosamente con el arma.

—Cla-claro que no, solo quería evitar que se preocupase y no… no empezara a asustarse —Sin bajar la sartén ni por un momento. —¡Por favor Ayano-san! Yo no tenía mala intención —Con los ojos brillosos en señal de que pronto echaría a llorar, pero al darse cuenta de como la llamó se tapó la boca con una mano y miró fijamente a la morena.

La menor al oír su nombre respondió con una risa seca pero fuerte. La otra había tenido un descuido que le iba a costar la vida, que supiese su nombre solo la delataba —¿Y como sabes mi nombre? Niña tonta, todas sois iguales; tontas, falsas, queriendo dar pena. Por eso no puedo apreciar a nadie, solo mi senpai merece la pena.

Sin saber por qué, la chica de las colas en forma de taladros empezó a llorar, pero eso no la detendría, clavaría aquel cuchillo en su cabeza y luego culparía al padre de Kokona. Esta asustada cerró fuerte los ojos, rogando en su mente que aquella sartén le sirviera bien y sobreviviese. No supo cuanto tiempo había pasado con los ojos cerrados, pero el sonido del metal golpeando el suelo la hizo abrirlos. Miró a la morena, observando su ojos abiertos completamente y sus pupilas temblorosas, mirándola directamente. Sus brazos quedaron pendiendo, completamente rígidos, de hecho, todo su cuerpo parecía rígido, sin decir nada pero con los labios entreabiertos. —No… no puedo…

La mayor al oír, no dudó, corrió, pero no en dirección a la salida, si no hacia Ayano, abrazando su cuerpo con fuerza, mas concretamente por el cuello y apoyando su cabeza en el hombro de la otra chica. —Ayano-san… Yo… leí por accidente tu nombre en el cuaderno… mientras te ayudaba… lo siento…— Dejó de hablar cuando sintió los brazos temblorosos de la menor rodear su cintura.

—Kokona-senpai… No quiero que desaparezcas— Se separó un poco del abrazo y acarició con sus dedos la mojada mejilla de la mayor por las lágrimas.