La cabeza parecía estallarle en cualquier momento, la morena se encontraba en una pelea interna, tan centrada parecía que solo podría verse a si misma entre la oscuridad y su propia voz interior era lo único que podía oír. Lo que para Kokona eran segundos, en Ayano pasaban horas, apretando con las palmas de sus manos las respectivas sienes, aun sosteniendo el cuchillo. "No… es mejor así… nadie merece tu confianza… Nadie… Por tu propia debilidad corriste el riesgo de ir a la cárcel ¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! ¿Para que bajas tanto la guardia? Ella no lo merece ¡Tu nunca fuiste así! Ella debe morir y dejar por fin toda esta tontería de llevarse bien con la gente, son solo escoria ¡Solo escoria! No me puedo reconocer ¡¿Por que dudo en apuñalarla?! ¡Joder! ¡Es demasiado fácil, su carne debe ser blanda! ¡¿Por que mi mano no se puede mover?! ¡¿Por qué yo no puedo moverme?! ¡Basta!" Sintiendo que poco a poco se quebraba, podía por momentos vislumbrar aquella figura quien la temía, pero a pesar de todo también podía denotarse tristeza en sus ojos llorosos y suplicantes. "Nunca podrás matarla, Ayano, estás destinada a tenerla a tu lado por siempre" Decía otra voz en su interior, igual a la suya, pero en un tono mas dulce "¡Joder! ¡¿Por qué no tan solo me libro de ella?! ¡¿Por qué otra parte de mi quiere llorar con tan solo pensar que la apartaré de mi vida?! ¡Y arrebatar la suya!" La otra voz rió en modo de burla "Porque es tu amiga, la única que tendrás"
"¡Basta!"
"La única persona que te querrá a pesar de tus oscuros secretos"
"¡Para ya!" Moviendo la cabeza de lado a lado con brusquedad con la voz completamente ahogada por las lágrimas que no tardarían en salir a borbotones.
"Ella te hace sentir lo que ni tus padres pudieron; calor, compañía, un afecto sincero. Kokona por fin te está regresando a la vida, sintiendo amor por primera vez y no de un modo enfermizo"
"¡Vete asquerosa voz!"
"¿Por qué? Yo solo soy la voz de tu interior, lo que realmente sientes y piensas. Y sabes que tu también le diste un motivo para darle un sentido a este mundo."
"¡¿Y que hago?! ¡¿Como puedo hacer para dejar de sentirme así?!" Casi rogando al sentir que su psique no aguantaría mucho y en cualquier momento se desmayaría, era demasiada presión emocional en lo que sentimental se refiere. Nunca sintió un afecto sincero por parte de nadie, ni de sus padres, su madre parecía vivir mas para amar a su esposo y tenerla a ella a su imagen y semejanza y en su padre podría ver reflejado en sus ojos terror hacia las dos, cuando la miraba, sentía que el no deseaba haberla tenido como hija. Así que nunca supo lo que era el afecto mas allá de un amor romántico no correspondido. Todo aquello la confundía y no entendía sus sentimientos por la chica de cabello morado, como debía ser el sentimiento por una amiga. "Kokona… Es mi... ¿Amiga?"
"Si… Y jamás te perdonarás haber dejado ir a quien alguna vez te hizo sonreír, además, si quieres probar mas de este sentimiento y no dejarla ir, abrázala. Hazlo y comprobaras lo que es realmente el calor en el corazón"
"Calor… ¿En el corazón?..." Decía como si no entendiera bien aquel concepto, totalmente ensimismada, bajando los brazos temblorosos y dejando caer el cuchillo al suelo. No podía aguantar mas, necesitaba comprobarlo, saber si era cierto aquello que su voz interior decía sobre la amistad, el cariño que se le había sido negado desde que nació. Hizo por impulso lo que no haría con la cabeza fría y la abrazó, casi saltando sobre la mayor. Apretó tanto que pareciese no querer dejarla ir nunca.
Fue en ese momento, notar las pulsaciones de la vida en la otra chica, el que no se despegase de ella, ya no la miraba con miedo ni temblaba, tan solo correspondía el abrazo. Lo tenía bastante claro, ella le está dando lo que nadie mas le va a dar en su vida. Algo que no puede conseguir con dinero, ni coaccionando, ni matando a todas las personas del mundo; amor sincero…
—Kokona-senpai… No quiero que desaparezcas— Se separó un poco del abrazo y acarició con sus dedos la mojada mejilla de la mayor por las lágrimas.
La chica del cabello en forma de taladros se sorprendió con aquello ¿Por qué aquel cambio repentino? No quiso desaprovechar la oportunidad y corresponder el abrazo. No tenía claro el porque, pero no quería perder a la menor, a pesar de su psicosis, era con quien se sentía mas en paz. Pudo ver a la morena llorar y levantó su cara con cuidado y la miró a los ojos —Yan-chan… —Al ver que esta perdió el conocimiento, se alarmó y la llamó a gritos, desesperada y muy asustada por lo que le habría provocado aquel desmayo.
Llevó el cuerpo de la menor como pudo, ya que no era precisamente fuerte, tuvo que situarse justo detrás y agacharse, entonces ahí la pudo poner algo erguida de cintura para arriba, pudiendo agarrarla por debajo de las axilas y arrastrarla hasta la cama. Con esfuerzo la dejó tumbada encima del colchón, posicionándola lo mas cómoda posible.
Pensaba preocupada en el móvil y llamar a una ambulancia, sin embargo, parecía que aquello le afectaba mucho a Ayano, se notaba que no terminaba de confiar en ella y parecía que todo lo que hacía solo servía para enfurecerla. Pensar en ello debería ponerla triste, pero en lo que mas se centraba eran en la preocupación sobre la morena. Le desató la coleta, dejando el cabello suelto el cual acarició varias veces con la misma suavidad que una madre lo haría con su pequeña hija enferma. Posó luego las yemas de sus dedos en el rostro de la mejor, sintiendo el tacto suave de su mejilla. Limpió las escasas lágrimas que se habían asomado anteriormente y terminó por besar la frente de Ayano, agradeciendo sentir que no tenía fiebre. Luego de todo eso, decidió desvestirla y ponerle un camisón para que estuviera mas cómoda.
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Era las ocho de la noche, había dormido demasiado tiempo, aun así sus ojos volvieron a cerrarse, permaneciendo así hasta las seis de la mañana mas o menos, la verdad es que no se había fijado bien en el reloj que resonaba en toda la habitación. Una vez se incorporó en la cama, giró hacia su lado derecho, quedando sentada con los pies tocando el suelo, pensando en lo que había pasado, en lo extraño que le resultó todo. Un ligero rubor apareció en sus mejillas al recordar como había abrazado desesperada el cuerpo de Kokona. No tardó mucho en darse cuenta que fue ella misma la que la metió en la cama y le cambió de ropa, con un camisón de algodón, color melocotón y unas cintas verdes para atar alrededor de sus hombros. Se calzó las zapatillas, saliendo a paso lento de su habitación para ir hasta la cocina donde pudo ver a la mayor desayunar unos cereales, vestida con una camiseta suya y en pantalones cortos de deportes y el cabello recogido en un moño alto. Esta al encontrarse cara a cara con la morena, se detuvo, sonrojándose un poco y miró a la mesa avergonzada —¿Te encuentras mejor? Me preocupaste...—
La mejor se sentó frente a ella, apoyando los brazos cruzados en la superficie de la madera. —Mejor, gracias Kokona-senpai—
—Puedes llamarme Koko-chan si lo deseas...—
—Gracias, pero de momento está bien así— Mirando fijamente a la otra chica —Deberíamos irnos poniendo el uniforme o llegaremos tarde a clases.
La menor sin entender, preguntó —¿Llegaremos?—
—Si, desde hoy irás de vuelta al instituto, si te voy a mantener aquí, será mejor que todo transcurra normal, si no, al ver que no apareces, empezarán todos a buscarte.— Decía seria, como si aquello no le importara.
—Ah, ah si, por supuesto, tienes razón Yan-chan.— Expresó nerviosa, agarrando el cuenco que ya solo contenía leche y tragando rápido, para luego dejarlo en la mesa, haciendo un pequeño sonido de choque. Se levantó y se dirigió al salón, rebuscando en su bolso el uniforme escolar que tenía de repuesto. Después de vestirse, preparó el desayuno de Ayano y el bento de ambas. No tardaron mucho en encontrarse las dos frente a la puerta de la salida, donde la morena dijo sin mirarla —Recuerda, seguirás viviendo aquí mientras no digas a nadie donde estás viviendo ahora.— Abrió la puerta, saliendo de ahí junto a una feliz Kokona.
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Había dormido en la cama todo el tiempo de aquel día con la menor mientras estaba inconsciente. No pudo evitar abrazarla, pero con delicadeza para no dañarla o perturbarle el sueño. Estaba casi por quedarse dormida también, pero el sonido de su teléfono móvil sonó, pero prefirió no contestar, estaba demasiado cansada como para pasar por encima de la otra chica e ir a cogerlo.
No obstante, la misma persona volvió a llamar a la estudiante, pero esta vez poco después de entrar en el centro estudiantil, mientras esperaba a que empezara las clases, en el patio. Corrió hacia el pasillo hasta llegar a la salida del instituto. Pensó que era algún cliente, de hecho, tenía varias llamadas perdidas que seguramente eran de hombres tratando de contactar con ella, pero no, resultó ser el médico de la chica. —Buenos días ¿Que es lo que ocurre doctor?— Pregunta preocupada.
—Debo informarte de algo muy importante, en el último chequeo que te hizo el ginecólogo, pudo ver que cada vez tienes el útero mas dañado, si no dejas de mantener relaciones sexuales, puede pasar a mayores…—
—Lo comprendo… pero… ya conoce mi situación— Respondió, con la expresión totalmente cambiada aquella mañana, comprendiendo que tenía que buscar otro modo de sobrevivir.
—Lo se, pero precisamente ahora debe cuidarse, ya no es solo por sufrir mas desgarros, si no por lo que me cuentas, esto te está afectado gravemente también psicológicamente y puedes terminar sufriendo de ansiedad y depresión a gran escala.—
—Está bien doctor… gracias, haré lo que me pide—
—Y una cosa mas, le voy a dar cita de vuelta al ginecólogo, descubrimos que además, estás embarazada—
En ese momento, Kokona quedó en shock, con las pupilas contraídas, completamente pálida y temblando —De… acuerdo… iré… — Apagó la llamada y comenzó a llorar, llevando sus manos a su rostro.
