Autor: Hiyori Nishiyama.

Clasificación: K+.

Género: Amistad, Romance, Drama, Humor.

Advertencias/aclaraciones: este es un fanfic AU (Alternative universe - universo alterno), y habrá OoC (Out of character - fuera de carácter). Así que desde ya voy avisando que muy a mi pesar alteraré un poco las personalidades de ciertos personajes para que encajen en la historia.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, pero esta historia es totalmente mía y la hago sin ánimos de lucro. Prohibido el plagio o re-publicación.


Kammy: ah, finalmente he actualizado. ¿Ves? ¡Esto no tiene nada de "el mejor fanfic"! Soy un desastre ;_; Mira, estabamos igual, por suerte han comenzado las vacaciones y hay tiempo de sobra para fanfics c: Un beso, muchas gracias por leer.

Itzel Romero: Muchas gracias por leer y comentar :D Em, en este cap se revelan un par de cosas, así que ¡a leer, a leer! cx y respecto a lo de Gaara, de hecho, tengo pensado agregar a muuuchos personajes más a lo largo de la historia, así que seguro Gaara va a estar también :3

Guest: muchas gracias ; w ;


Capítulo dieciséis: La sala oculta.

¡Parte II!


A lo lejos, suavemente se escuchaba. Estaba ahí, apenas llegaba a sus oídos, pero el sonido era real. Como si fuera un eco, deslizándose a través de las paredes, cayendo como una pluma, la melodía le rozaba el rostro y entraba desde sus oídos hasta lo más hondo de su interior. Entre dormida y despierta, nota tras nota se hacían presentes como un susurro, Ino apretó los párpados y abrió los ojos con lentitud.

Ésa música, no era parte de un sueño.

Se sentó en la alfombra y se estiró un poco, adolorida por haber dormido en el suelo, definitivamente, debería de haberse recostado en una de las camas.

Se quedó quieta por unos instantes, escuchando con atención. Pronto la música de ése piano le envolvió y no pudo más que cerrar los ojos. La melodía se escuchaba a lo lejos, pero incluso si era sólo un murmuro casi inaudible, bastaba sólo percibirla para dejarse llevar. Las notas subían y bajaban y la persona que estaba detrás del piano, sin duda alguna era muy talentosa.

Ino se levantó, se arregló un poco el cabello y las ropas y salió de la habitación.

El contraste de climas entre el cálido cuarto y el pasillo le desconcertó un poco, sin embargo, pronto se acostumbró al aire tibio y continuó su camino. Atravesó la puerta que le llevaba a una de las salas de estar, continuó guiada por el sentimiento del piano y entró nuevamente a otro pasillo. Ignoró las voces de sus amigos llamándole cuando le vieron pasar por la puerta abierta que llevaba a otra sala de descanso y se adentró al comedor, rodeó la gran mesa de roble y pronto se vio rodeada de libros. Era una gran sala con bibliotecas que llegaban hasta el techo y estaban repletas de historias, sabiduría, cuentos y vidas que esperaban ser leídas. Ino buscó una puerta que no fuera la que llevaba al patio trasero; se encontraba a su izquierda. Posó la mano en la perilla y dudó en abrirla, Hinata no les había mostrado ése lado de la casa.

Luego de haber dejado de oír la melodía por un momento, en ése instante volvía a escucharla. Recostó la otra mano sobre la madera de la puerta y pudo sentir los sentimientos que envolvían la canción.

Angustia.

Dolía. Ino se llevó ambas manos al pecho y cerró los ojos con fuerza. Dolía demasiado.

Abrió la puerta y la cerró rápido tras de sí. Un pasillo largo y totalmente a oscuras le dio la bienvenida. Ino no tuvo tiempo de acostumbrarse a la oscuridad, ya que se lanzó a la pared en búsqueda de una llave de luz. Tres luces se encendieron una a una, era un resplandor amarillento, que le permitió a Ino apreciar las flores azules del tapizado en las paredes.

Ino no dudó más, con un sentimiento extraño en el interior, aquello que parecía ser un hueco en el corazón, avanzó. El llanto del piano le llamaba y sabía que detrás de aquella única puerta encontraría a la persona cuyos dedos producían magia.

Paso a paso, cada vez dolía más. Era increíble para ella, sentir tan en carne propia toda la tristeza de las notas que el piano cantaba. ¿Por qué? No lo sabía. ¿Cómo? No tenía idea. Miles de pensamientos se le cruzaron por la cabeza, uno tras otro, sin detenerse. Sasuke, su pasado, qué había sucedido en la cabaña, su curiosidad, su madre, Sakura, Naruto y sus ojos que decían "todo está bien" aunque realmente no lo estuviera, ésa angustia, ésos sentimientos ocultos, su maldita curiosidad, Sasuke, Sasuke, Sasuke. Todo se resumía a él.

Y cuando giró el pomo de la puerta, y ésta se abrió silenciosa, Ino casi sintió el alma escaparse de su cuerpo.

Era él.

Sólo podía ver un poco de su perfil, pero era él. Su concentración estaba en el piano, sus ojos, a pesar de que ella no podía verlos, presentía que tenía ése brillo inusual que sólo ciertas situaciones le daban. Ése brillo que vio en su mirada cuando subieron al techo de la escuela aquella vez, o cuando en el balcón de su cuarto le dio su regalo de cumpleaños. Ino se quedó parada, estática, sin decir nada. Sólo miraba y escuchaba, no quería interrumpirle. La pieza continuó sonando, con Ino parada en el umbral de la puerta, las lágrimas en los ojos y el lamento de ésa sonata abrazando su alma, y Sasuke seguía allí, ajeno a todo, único para su piano y nada más.

Nada más, y la melodía se detuvo. La pieza acabó.

Sasuke dejó caer sus manos sobre sus piernas y no hizo nada, simplemente se quedó allí sentado, mirando sin mirar las teclas de marfil y un silencio pesado inundó el aire.

Una lágrima cayó por la mejilla de una angustiada Ino, era como si de repente lo entendiera todo. Como si de un momento a otro, tan súbito como el final de la sonata, se había dado cuenta de que necesitaba a Sasuke. Así como el agua necesita al cielo, y como el cielo necesita a las estrellas. Necesitaba saber de él, ahogarse con su presencia y aprender a leerle de pies a cabeza.

Sin embargo, la angustia crecía en su interior. ¿Por qué? Sasuke no se abría a ella. Por un momento creyó que el cascarón se había roto, pero ahí estaba él, sentado en el piano, tan cerca y a la vez tan lejos, que Ino sentía la necesidad de tocarle con los dedos, sentirle, saber que él también estaba para ella.

Era injusto.

—No sabía... que tocaras el piano.

Sasuke volteó. Le miró por largos segundos, sin saber qué decir. ¿En qué momento había aparecido allí? ¿Cómo le había encontrado? ¿Por qué su voz sonaba tan apagada? Acaso ella... ¿estaba llorando?

Ino se apresuró en secar las lágrimas que amenazaban con seguir cayendo.

—Bueno, después de todo hay tantas cosas que no sé de tí...

Silencio.

—Es como si realmente no te conociera.

Eso, era cierto.

—Lo lamento.

Ino negó suavemente.

—No hay nada por lo que debas disculparte, Sasuke.

Y tras ésas palabras, Ino dio media vuelta y sin hacer algún ruido, desapareció de la habitación.

Sasuke frunció el entrecejo, frustrado, apretó la mandíbula con impotencia y el piano tronó cuando dejó caer sus manos en las teclas de marfil, con toda la fuerza que su angustia le permitió soltar.

Era tan injusto.

Todo.


—Es una pena que no puedas venir con nosotros, Yamanaka —Kiba guardó las manos en los bolsillos y ella simplemente le sonrió.

—No te preocupes, sería injusto que ustedes se pasen las vacaciones de verano encerrados sólo por mi culpa.

—Sí, pero Sasuke se curó bastante, me sorprende que tú todavía sigas con los mocos...

—Ay, Tenten —Sakura le regañó y frunció el entrecejo, la aludida se encogió de hombros—. De todas formas, creo que nada se puede hacer, ella ha tomado una decisión.

—Sí, sí. Ya ves que todo eso de acampar, los bichos, la tierra, no es para mí. Voy a estar mejor aquí.

—Bueno pero, ten cuidado con los fantasmas —Naruto dijo con lo que pretendía ser un tono escalofriante e Ino tragó saliva. Sakura no tardó en fulminar con la mirada al rubio.

—N-no vas a lograr que cambie de parecer, Naruto...

Uzumaki hizo un mohín y pasó de Ino, dirigiéndose hacia Neji y Hinata que revisaban sus mochilas en caso de que algo les hiciera falta.

El sol había salido, y si bien no hacía en extremo calor, era un bonito día. Las nubes grises habían despejado el cielo, y se oían pájaros cantando entre las ramas de los árboles.
En un comienzo, cuando Naruto propuso ir a acampar, fue Kiba el que únicamente estuvo de acuerdo. Al parecer a todos se les había contagiado la modorra de Ino y Sasuke, y salir de pronto no se les antojaba como una gran idea. Sin embargo, de repente Kiba se levantó de su silla, agarró un vaso y lo alzó (nadie sabía exactamente por qué había hecho aquello, pero sí atrajo la mirada de todos en la mesa), terminó de tragar lo que estaba comiendo y comenzó con un largo discurso sobre cómo debían aprovechar sus juventudes, salir y tener aventuras, y un montón de porquerías más, que al final, no parecían tanto porquerías y tocaron la fibra sensible de todos. Bueno, salvo Neji y Sasuke, quienes mucha importancia no le dieron a todo el asunto.

Honestamente, Ino se había entusiasmado mucho, quizá demasiado. Sin embargo, ésa misma noche casi ni pudo dormir debido a su resfrío que parecía odiar la idea de abandonarle.
Debido a que Sasuke —milagrosamente— se había curado, había sido "trasladado" a la habitación Naruto-Kiba-Neji, quienes, si antes dormían apretados, en ése momento mucho más. Pero la "doctora" Haruno había decidido que lo mejor era dejarle el cuarto solo a la paciente Ino, quien no dijo nada (para sorpresa de todos; Naruto esperaba que ella se burlara de ellos) y se quedó en la habitación más grande y cálida. Completamente sola.

Había tenido tiempo para pensar. No sólo en Sasuke, aunque sí en su mayoría, sino también en ella misma. Pensó en su madre, en su vida, se preguntó si lo que había hecho hasta ése momento estaba bien. Se preguntó si había tomado las decisiones correctas. Extrañaba mucho Inglaterra, no iba a negarlo, los amigos que había dejado allí le entendían a la perfección, cada parte de ella.

No había nada que ocultar.

Estaba contenta de haber conocido a Sasuke, estaba contenta de ser su amiga y de todo lo que había pasado con él en ésos cortos meses. Era increíble el lazo que había desarrollado hacia una persona como él, pero era verdad, era una realidad. Las sonrisas, todas ésas tardes juntos, eran de verdad.
A pesar de todo, sentía un hueco. Había algo que le incomodaba, algo que le inquietaba cuando estaba con él.

Era como si, de alguna manera, algo estuviera impidiendo que fueran ellos mismos uno frente al otro.

Y algo le decía, que estaba relacionado a lo que había ocurrido en ésa misma cabaña.

—Bueno, creo que ya está todo.

Ino quería ir a acampar con sus amigos, bien, lo admitía. Y se odiaba a sí misma y a su organismo por seguir enferma, pero no quería que se preocuparan por ella, y mucho menos quería arruinar las vacaciones de sus amigos.

No había nada que pudiera hacer.

—¡Sasuke, ya estamos por irnos! Si no vienes te dejamos —Naruto exclamó y luego de unos segundos, Sasuke apareció en la sala. Vestía ropa cómoda y fresca y llevaba una gran mochila entre sus manos.

Fue un momento. Un sólo segundo. Pero sus miradas se encontraron. El celeste y el negro parecieron chocar e Ino apartó sus ojos de inmediato. Estaba dolida y ofendida. Nada iba a cambiar eso. Ni siquiera ésa mirada.

—Bien, vámonos —Sasuke se colgó la mochila en los hombros y caminó hasta la puerta, donde se encontraban los demás.

—Si necesitas algo, por favor, llámame —Hinata tomó las manos de Ino y sonrió, se sentía mal por dejarla allí.

—Si logro que el móvil consiga señal te llamaré —Ino rió intentando que la chica se tranquilizara.

—A-ah, ¡entonces...! ¡S-sólo silba muy fuerte! —sus mejillas se enrojecieron y se encogió en sí misma por la vergüenza, sus amigos rieron e Ino le sonrió cálidamente.

—Todo estará bien. Sólo vayan.

—Te dejo un mapa por si acaso —fue Kiba quien entonces habló—. No vamos a ir muy lejos, pero si pasa algo así podrás encontrarnos. Aquí hay una linterna.

Ino asintió. Todos se despidieron de la rubia y luego, simplemente se fueron.

Antes de que pudiera siquiera darse cuenta, estaba sola.


Habían escogido un lugar cercano a la cabaña. No habían demasiados árboles por ésa zona y el terreno era perfecto para colocar tiendas. Hinata contaba cómo años atrás, ella y Neji solían acampar allí junto a sus padres, y luego por las tardes, cuando el sol ya se había escondido sólo un poco, iban corriendo hacia el lago, y nadaban y jugaban hasta que sus pequeños cuerpos no soportaran más. En ésos tiempos no importaba nada más salvo divertirse, la inocencia estaba en sus corazones, que durante ésos días estaban sanos, enteros y repletos de felicidad. Las cosas habían cambiado un poco, pero era en momentos como ésos, todos juntos, riendo y pasándola bien, que todo valía la pena.

—Naruto, ¿qué tal si haces el fuego?

—Que lo haga Sasuke, Sakura, él es bueno en eso... Ya sabes... Prendiendo fuego las cosas.

—Sólo fue una vez y sólo se prendió fuego una sartén —Sasuke fulminó con la mirada a Naruto.

—¿Estás seguro? ¿No recuerdas la servilleta?

—Eso fue porque te dije que lo apagaras y no tuviste mejor idea que echarle la servilleta encima, idiota.

—Por lo menos a mí no se me quema la comida, imbécil.

—Por lo menos yo sé cocinar.

—¿Llamas a eso cocinar? Porque estoy seguro de que-

—¡Es suficiente, ustedes dos! —la voz de una irritada Tenten opacó de pronto las de Sasuke y Naruto—. Yo encenderé el fuego, ustedes armen las tiendas. Pesados —y continuó refunfuñando.

Naruto se encogió de hombros e hizo caso a la chica, se dirigió hacia donde Kiba se encontraba intentando armar las carpas y comenzó a tontear con él.

Por su parte, Sasuke chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.
Honestamente, no tenía ganas de estar allí. No era cierto que se sentía tan bien, aún le dolía un poco la cabeza y todos estaban haciendo demasiado escándalo. Sumado el hecho de que se sentía molesto, ¿con quién? No estaba seguro. Un poco con sigo mismo, otro poco con Ino, otro poco con todos los demás. Estaba frustrado, toda la tranquilidad que había conseguido en el piano había desparecido tras ver llorar a Ino. Tras escuchar ésa decepción en su voz.

Sentía que debía arreglar las cosas, quería hacerlo. Se sentía demasiado egoísta por haber ocultado sus problemas por tanto tiempo. Finalmente había abierto los ojos; pretender que nada sucedía no iba a solucionar nada. Él mismo debía moverse y atar los cabos sueltos.


Durante un momento, Ino pensó que estaba bien. Se había preparado algo de comer, se había dado un relajante baño escuchando música a todo volumen, se había comido todo el helado de Tenten (ya se las arreglaría para salvarse del regaño), y en ésos momentos miraba televisión.

Todo perfecto hasta ahí.

Los problemas habían comenzado cuando, en lugar de ver el especial de My Little Pony como pretendía hacer desde un comienzo, su parte valiente surgió y al estar cambiando de canal y encontrar de casualidad una película de terror, decidió dejarle allí.

La peor decisión que pudo haber tomado.

Ino temía levantarse del sofá, una manta la cubría casi en su totalidad y sus ojos celestes estaban abiertos de par en par y miraban todo con quizás demasiada atención. Ya de por sí, con ocho adolescentes revoltosos, la cabaña Hyūga resultaba enorme la miraras por donde la miraras, así que estando ella sola, se sentía una pequeña bola de nervios perdida en una mansión. Además, el bosque que se divisaba a través de las ventanas la inquietaba aún más. Era una escena perfecta para una película de fantasmas.

—Bien, sólo ha sido una película, no va a pasar nada... —dijo en un vano intento de tranquilizarse a sí misma. Se levantó del sofá con lentitud, juntando todo el valor que su cobardía le permitía dejar ir, volteó rápidamente y se aseguró de que no hubiera nada detrás suyo.

Suspiró y dejó la manta en el sofá, se quedó quieta por unos segundos, pensando. No sabía qué hacer. No iría hasta su habitación porque atravesar el pasillo le daba demasiado miedo, y además, todavía no tenía sueño. Recorrió la sala con la vista, aburrida. Se sentía tan sola. Era increíble lo sola que se sentía. No creyó que iba a ser tan malo, es decir, que sus amigos se fueran sin ella, hasta les había animado a hacerlo, pero en esos momentos necesitaba de alguien. Quien fuera.

Se sentó en el borde del sillón y perdió su mirada en las baldosas color crema de la sala. Suspiró. ¿Realmente sus decisiones hasta ése momento habían sido las correctas? ¿Había estado bien meter a Sasuke dentro de ése juego de idas y vueltas? Había sido inconscientemente, desde el primer momento que le había visto, aquella fría mañana con el gatito gris entre los brazos, cuando ella se burló llamándole "chico-gato", que Sasuke se introdujo dentro de su alma y se volvió una maña suya, un capricho. Por alguna razón, debía llegar hasta el fondo de él, no sabía por qué. Ino cerró los ojos. Quizás… quizás se debía al hecho de que jamás alguien se había cerrado de ésa manera ante ella. Ino tenía como un poder mágico para relacionarse con las personas, y eso generalmente la tachaba de entrometida, pero le resultaba genial para hacer amistades; sin embargo, Sasuke había sido diferente. Él había logrado despertar su curiosidad. Ella necesitaba saber más de él como quien lee un libro esperando con ansias el maravilloso final. Ino estaba fascinada. Y debido a ello, también estaba tan contrariada. Durante un momento había pensado que estaba bien, que podía continuar de esa forma, ignorando el hecho de que él se sintiera tan mal en su interior, porque Ino lo había sentido, lo había visto aquél día en el que Sasuke se marchó echando humos de la cabaña, y a pesar de que había creído, luego de que cuando ella le había dicho, que a veces sólo debía confiar y él en respuesta se había alterado tanto, pensó que podría dejarlo de lado al menos un poco, que él en su momento terminaría de abrirse, sin embargo, Sasuke parecía esconderse cada vez más. Parecía abrazar su dolor y atarse a él como un niño. E Ino sabía que aquello, le estaba haciendo demasiado mal.

Y no podía quedarse sin hacer nada. Continuar viendo cómo él se aferraba al pasado, aquello no podía ser una opción.

Aún así le daba tanta impotencia toda la situación. Cuando encontró a Sasuke tocando el piano lo había demostrado, no aguantaba más y simplemente comenzó a llorar. Incluso cuando sus miradas chocaron minutos antes de que se marcharan al bosque.

Ella, realmente, no tenía por qué estar ofendida.

Se arrepentía de no haberle sonreído como normalmente hacía. Darle fortaleza y seguridad con ése gesto. Al contrario, le había mirado con frialdad y al segundo había apartado la mirada. Sasuke de seguro estaba igual de molesto con ella.

De repente, e interrumpiendo sus pensamientos, un ruido súbito inundó la sala. Ino pegó un salto y se llevó las manos al pecho, asustadísima. ¿Qué demonios había sido eso? El ruido provenía de la cocina, Ino volteó con lentitud, temblando y con la respiración entre cortada hacia ésa dirección. Otro sonido. Era algo hecho de vidrio que de repente se había roto. Una vez más. Rápido, de un momento a otro. Ino se quedó de piedra, ¿qué estaba pasando? Luego, algo cayó al suelo y se escuchó como si de éste, cayeran más cosas.

—Está bien, probablemente no sea nada. Quizás el viento, no eso no es posible, la ventana de la cocina está cerrada. Quizás, quizás… —Ino se detuvo por un instante—. ¿Quizás un… f-fantasma?

El ruido se produjo otra vez y eso bastó para que Ino diera media vuelta, saltara la mesa ratona que se interponía en su camino, y saliera corriendo hacia la puerta de entrada. Sus manos chocaron contra el pomo y tuvo que esforzarse en calmarse para poder colocar las llaves en la cerradura. Abrió la puerta de golpe y el cielo anaranjado, entrecortado por los árboles le dio la bienvenida. ¿Qué era mejor? ¿El bosque o una casa con un fantasma? No había mucho tiempo, el bosque, el bosque y mil veces el bosque. Ino cerró la puerta de golpe y se echó a correr sin dirección alguna, como alma que lleva el diablo. Sólo quería alejarse de ése lugar. Ino se asustaba muy fácil, y en ésos momentos, tenía el alma en la boca y los pelos de punta. El corazón le latía a mil por hora y las manos y pies no dejaban de temblarle. Era un manojo de nervios increíble.

Ino corrió por pocos segundos, luego trotó y cuando se dio cuenta de que su sentido de orientación era peor del que imaginaba y que, definitivamente, en ésa dirección no se encontraba el lugar donde acamparían los chicos, Ino comenzó a caminar. Había echado un vistazo al mapa de Kiba justo después de que ellos se marcharon, y podría jurar que la dirección era la correcta.

—Si tan sólo hubiese traído ése estúpido mapa… ¿Por qué tuve que dejarlo en la cocina? —Ino miró a sus alrededores. Árboles y árboles la rodeaban, altos e imponentes, escalofriantes, el cielo comenzaba a volverse oscuro—. Maldición, ¿qué voy a hacer ahora? Definitivamente tengo que dejar de correr sin dirección alguna —recordó avergonzada la vez que corrió al salir de casa de Sakura, o cuando intentó alcanzar a Sasuke en ése mismo bosque—, nunca acaba bien. Qué hago, qué hago…

A cada segundo que pasaba, Ino se desesperaba más. El sol bajaba con lentitud, casi como jugando con Ino, poco a poco el naranja oscurecía y las estrellas asomaban como mirando los alrededores para asegurarse de que ya era hora. Ino estaba sola, en el medio del bosque. Totalmente perdida. ¿Cómo había acabado en ésa situación? Si tan solo hubiese sido más inteligente… Realmente era demasiado impulsiva, debido a su cobardía es que se había visto envuelta en ésa situación. ¿Qué iba a hacer? Acaso… ¿Acaso ése sería su final? ¿Ése sería el final de Ino Yamanaka? A medida que las ideas locas se alborotaban en su cabeza, Ino perdía más el control. ¡Debía encontrar una solución y pronto! ¿Caminar otra vez? No, no tenía idea de donde estaba, sólo se perdería más. ¿Trepar a un árbol? Probablemente terminaría en el suelo con el tobillo lastimado, o peor. ¿Entonces qué?

—¡Silbar!

Ino se llenó los pulmones de aire lo más que pudo y cerró los ojos con fuerza, era su única oportunidad. Colocó las manos en posición entre los labios y dejó salir todo el aire a través de un silbido agudo, largo y de gran potencia. El sonido se adueñó del canto de los grillos, de los ruidos de la naturaleza, todo se apagó por un instante. Ino respiró hondo, miró hacia los costados esperando que hubiera resultado. Silbó otra vez, dos veces más, tres, cuatro. Luego se dirigió hacia un árbol cuyo tronco era inmenso y se sentó a sus pies, y de alguna forma se sintió un poco más segura. Abrazó sus rodillas y continuó silbando.

Sólo esperaba que diera resultado…


El día que se iba volviendo noche y su temor por la oscuridad no fueron impedimentos suficientes para evitar que Sakura Haruno acompañase a sus dos mejores amigos a buscar agua al lago, luego de que Kiba hubiese derramado la que habían llevado.

De hecho, casi no se sentía asustada. Los árboles se elevaban hasta el cielo y se perdían en la negrura, casi infinitos, Sakura se distraía mirando la manera en la que parecían manos que intentaban robar las estrellas. No hacía frío, ni tampoco calor. Los grillos cantaban y parecían hacer el momento mucho más tranquilo. Sakura caminaba detrás de ellos, los miraba discutir y gritarse. De alguna forma, parecían tan lejanos. Como si a pesar de que corriera, a pesar de que intentase con todas sus fuerzas tocarles, jamás podría hacerlo. Y temía que sus espaldas se fueran alejando cada vez más. Hacía un tiempo estaban tan unidos, pero luego, cegada y engañada por sí misma, Sakura se había dejado llevar por las apariencias y de alguna manera había creado una especie de barrera de vidrio entre ella y Sasuke, y de esta forma, con Naruto igual. ¿Sería sólo su imaginación? Ellos seguían igual que siempre, pero no podía evitar sentirse... extraña.

—Ahí está el lago. Miren, por aquí hay un camino para bajar de forma segura la cuesta —Sasuke habló mientras la luz de su linterna señalaba el camino que mencionaba—. Naruto, dame las botellas.

El aludido se quitó la mochila de los hombros y estuvo a punto de pasársela a Sasuke, sin embargo, de pronto se detuvo.

—No, voy a bajar yo, ¿por qué deberías hacerlo tú? Ya verás Sakurita que yo también soy capaz, de veras... —y continuó balbuceando mientras Sasuke se encogía de hombros y Sakura sonreía apenada. Naruto bajó la cuesta y llenó las botellas hasta el tope de agua.

—Bien, ya sube Naruto que cada vez oscurece más.

—Ya estoy subien-

Un ruido interrumpió a Naruto. Era agudo y se escuchaba a lo lejos, no duró mucho, pero bastó para ponerle la piel de gallina a Sakura. Naruto se apresuró en llegar hasta donde se encontraban sus amigos y le dirigió una mirada de desconcierto a Sasuke, quien miró a la dirección de donde provenía el sonido. Entre los árboles, el paisaje que con la distancia se iba volviendo oscuridad, se mantuvieron en silencio por unos segundos, esperando. Otra vez el ruido y se tensaron de pronto. Sakura se colocó detrás de Naruto y en su rostro se podía ver el miedo que comenzaba a crecer. Sasuke dio unos pasos hacia el sonido, que continuaba produciéndose, una y otra vez. Pensando, algo le parecía familiar, como si fuera una clave que él debía resolver. Miró por unos segundos más la inmensidad del bosque hasta que el quinto sonido se produjo y Sasuke comenzó a comprender.

—¿Es un... silbido?

Sakura se sobresaltó.

—¡Ino!

—¿Eh? —Naruto empezaba a preocuparse.

—Hinata le dijo a Ino que si necesitaba algo, ¡silbara! Algo me dice que es ella, ¡debe ser ella!

—¿Por qué lo haría? El sonido ni siquiera proviene de la dirección de la cabaña de Hinata —el rubio frunció el entrecejo contrariado.

—Quizás... Quizás se perdió, ¿quiso salir por alguna razón y se perdió? Ino no-

—Ino no es buena con las direcciones —Sasuke completó los pensamientos de Sakura antes de decidirse a una sola cosa—. Voy a ir a buscarla. Naruto, Sakura, vuelvan al campamento.

—¡No vas a ir solo! —exclamó Naruto—, yo iré contigo.

—No, tú debes quedarte con Sakura y volver con ella al campamento. No puede volver sola, y nos atrasaría si viene con nosotros. Debes quedarte con ella, Naruto. Yo encontraré a Ino y volveremos a la cabaña.

Sakura se limitó a observar anonada cómo los dos chicos discutían. Ambos se miraron a los ojos por unos segundos, hasta que finalmente Naruto desistió y asintió.

Sakura se sentía... una carga.

—Díganle a los chicos que todo está bien, inventen algo. ¡No me tardo! —la voz de Sasuke se fue perdiendo a medida que sus apresurados pasos lo conducían al bosque.

Comenzaron en caminar en silencio. El sonido de las hojas y ramas en el suelo al romperse a sus pies era acompañado del canto de los animales nocturnos y sus respiraciones acompasadas que se apenas se oían. Era un aire tenso, contagiado de la preocupación por lo recién sucedido y la mezcla de sentimientos que agobiaban a Sakura en ésos momentos. Casi sentía que si alzaba los brazos, podría cortar la tensión y rasguñarla con sus dedos, pero no tenía fuerzas, sólo quería llegar al campamento y acostarse en su tienda, encerrarse allí y dormir hasta un mañana en el que las cosas estén bien. En todo sentido, no sólo con Ino, sino respecto a sus propios dilemas. Respecto a Naruto y a Sasuke.

—¿Te pasa algo, Sakura?

Ella se sobresaltó ligeramente y despertó del sueño de sus pensamientos.

—¿Ah? No, nada.

Naruto la miró con cierta preocupación, disfrazada con curiosidad.

—¿Estás preocupada por Ino?

—Eh... sí, es sólo eso, yo, realmente espero que Ino esté bien —Sakura se esforzó quizás demasiado en hacer que sus palabras sonaran reales. No es que fueran del todo mentira, sí estaba preocupada por su amiga, pero la razón de la pesadez que la envolvía era otra.

—¿Te pasa algo más? Sakura —parecía ida, Naruto comenzaba a frustrarse. Ella no era así—. ¡Sakura! —la chica le miró con los ojos nublados—, sabes que puedes contar conmigo.

Por un segundo se detuvieron. Las palabras de Naruto hicieron eco en su interior y se lo revolvió con ímpetu. Ambos se miraron a los ojos por un momento. El celeste parecía querer introducirse dentro de la mirada del verde apagado que había teñido los ojos de Sakura, parecía querer robarle la tristeza y devolverle la tranquilidad. Sakura suspiró.

—Es sólo que… Me siento extraña, es como si las cosas hubiesen cambiado demasiado. Sasuke está distinto, tú también. Ya no somos los de antes —su voz sonó temblorosa. Sakura apretó los puños y Naruto guardó silencio unos segundos—. Nos hemos ido alejando poco a poco y con la llegada de Ino es como si... No es que esté celosa de ella, es una buena persona, pero-

—Te gustaría estar en su lugar, ¿cierto?

Naruto miró al suelo, de repente se sentía pesado, angustiado. Con las palabras de Sakura terminaba de comprender que los miedos que sentía eran de hecho verdaderos. Se sentía impotente y el enojo comenzaba a crecer en su interior. Sakura logró articular un entrecortado "¿qué?", con la voz seca y claramente sorprendida. Naruto apretó los puños.

—Aún no has superado a Sasuke, Sakura, admítelo.

—¿Qué estás...?

Ella se sentía contrariada. ¿De dónde sacaba ésas ideas? Si bien era cierto que de alguna forma, cada vez que Sasuke le sonría, por más pequeña e insignificante que fuera ésa sonrisa, Sakura sentía que las piernas le temblaban, sabía que lo que pensó que había sentido por Sasuke no era amor, no podía serlo, sólo traía dolor y estaba cansada de llorar por las noches. El amor no podía ser algo tan horrible...

El amor debía ser sonrisas traviesas, juegos de niños e inocentes risas. El amor debía ser felicidad.

Y era así como se sentía con Naruto.

—Sakura, tu-

—¡No es eso! ¡Realmente lo he olvidado! Lo juro —Sakura tragó saliva—. Es sólo que, realmente extraño ésos días en los que éramos solamente nosotros, nos hemos vuelto inseguros y todos estos sentimientos nos impiden actuar con normalidad. ¡Sólo quiero que seamos los de antes! Si yo los pierdo... Sasuke y son muy importantes para mí, Naruto.

El rubio se rascó la nuca, apenado. Se sentía culpable, se suponía que él no debía poner a Sakura en ésa situación, tanto tiempo se había estado controlando, aguantando las ganas de decirle la verdad en la cara, cansado de indirectas y confesiones tomadas a la ligera. Sin embargo, no quería forzarla a nada. Era tan contradictorio.

Sakura tenía razón. Cuando eran niños las cosas eran mucho más sencillas. No había corazones rotos o cortadas en el alma.

—Lamento haberte presionado.

Ambos volvieron a mirarse a los ojos. Sakura mantenía una expresión de angustia dibujada en el rostro, sus ojos verdes continuaban nublados con la confusión y Naruto sólo quería alejar ésa tormenta de su mirada.

—Está bien... No tienes de qué disculparte. Soy una mala persona, he sido muy injusta contigo todo este tiempo.

—¿Qué estás diciendo?

Sakura desvió la mirada. Había tomado una decisión.

—Sólo cállate y escúchame —Naruto buscaba sus ojos casi con desesperación, sin embargo, Haruno se reusaba a alzar el rostro—. Tú me gustas.

De pronto, todo pareció detenerse. Naruto sintió que su corazón latía a mil por hora y los golpes comenzaban hacerle doler el pecho. No podía creerlo. ¿Realmente ésas palabras habían salido de los labios color fresa de Sakura? ¿Realmente ella...?

Había algo que no tenía sentido, algo no cuadraba.

—¿Qué-?

—Me gustas.

Naruto no pudo percatarse de que Sakura no le había mirado a los ojos en ningún momento.

Ambos se esforzaban en creer ésas palabras. Era lo mejor para todos.


La luz de la linterna iba y venía a medida que se adentraba cada vez más al bosque. El crujido de las hojas secas al romperse a sus pies y su respiración agitada eran lo único que se oía. Los silbidos habían parado hacía alrededor de dos minutos, y Sasuke comenzaba a preocuparse. El bosque con sus árboles imponentes y amenazadores, parecían abrirse paso hacía él para facilitarle el camino. Corría con agilidad, esquivando piedras y ramas caídas. Como si realmente pudiese ver en la oscuridad, como si sus ojos fuesen los de un gato, apenas ayudado del haz de luz de la linterna que se movía de un lado a otro debido a los saltos que daba cuando corría. Tras un par de segundos, los silbidos se volvieron a oír y Sasuke se percató de que cada vez se sentían más cercanos. Se detuvo un momento y gritó el nombre de Ino, ése instante en el que esperó alguna respuesta, una señal, se le antojó eterno, así que gritó otra vez. Ella parecía no oírle, y sus silbidos continuaban, Sasuke echó a correr otra vez sin dejar de llamarle. Iba y venía, tratando de ubicarse, sin embargo su preocupación no le dejaba concentrarse.

"Vamos Sasuke, conoces muy bien este bosque".

Sus pies dejaron de moverse y Sasuke cerró los ojos. Respiró profundo y cuando volvió a abrirlos, echó un detallado vistazo a sus alrededores. Para cualquier persona, aquél sería un sitio regular, sin ninguna diferencia, sin embargo, Sasuke notó cómo dos árboles crecían uno junto al otro, como si fueran una pareja, sus ramas llegaban a tocarse, se rozaban como acariciándose. "Son los árboles casados", volteó y tal y como suponía, allí se encontraba un gran tronco caído, era antiguo y realmente nada parecía poder moverlo.

—Ya sé dónde estoy.

Un silbo se escuchó, esta vez más débil y Sasuke miró a la dirección por donde provenía, con determinación.

—Está al norte de la cabaña, yo me estaba dirigiendo hacia otro lado… No debe estar muy lejos, debo apurarme.

Y comenzó a correr otra vez. A cada paso, en su cabeza se dibujaba un mapa del bosque, los lugares peligrosos, pozos o trampas naturales, algunas características que eran inconfundibles para él.

Estaba feliz de aquella vez haber recorrido el bosque con tanto entusiasmo, finalmente le servía de algo.

—¡Ino! ¿Puedes oírme? —su voz resonó entre los árboles y pasado algunos segundos, en los que Sasuke comenzó a caminar, finalmente se oyó una respuesta.

—¿Sasuke?

—¿Ino? ¡Continúa hablando! —Sasuke comenzó a correr de nuevo, guiándose esta vez por la voz de Ino que le llamaba con agobio.

Esquivó un par de árboles, varios arbustos le rasguñaron el cuerpo, saltó una piedra y la vio. Todo pareció volverse lento, como si al momento de cruzarse sus miradas, el tiempo se hubiera congelado. Sasuke aterrizó e Ino no perdió tiempo en correr hacia él.

El abrazo le tomó por sorpresa. El cuerpo de Yamanaka chocó contra el suyo y sus brazos le rodearon con fuerza. Sintió cómo hundía su rostro en su pecho y sus piernas temblaban ligeramente. Sasuke no supo cómo reaccionar. Su respiración era agitada debido a la carrera que había hecho, y su corazón estaba paralizado. La calidez del cuerpo de Ino le llenó de un sentimiento de tranquilidad, parecía darle las gracias con todo el corazón mediante ése gesto y Sasuke no sabía cómo tomarlo. Ella le abrazaba con fuerza y finalmente, las manos de Sasuke comenzaron a moverse despacio. Rodeó el cuerpo de Ino con lentitud, como si realmente no supiera cómo hacerlo, pero cuando sus manos se acomodaron en su espalda, ella se sumió más en el abrazo y Sasuke respiró hondo el aroma de su cabello. Cerró los ojos y recostó su rostro cerca del de ella. La luz de la linterna alumbraba algún punto en la oscuridad mientras ellos se daban la bienvenida y agradecían la seguridad del otro con ése abrazo.

Era como si… se hubieran entregado totalmente. Durante ése instante, no hubo secretos o problemas. Sólo eran Sasuke e Ino, Ino y Sasuke.

Nada más.

—Estoy… tan feliz de verte —Ino recostó el rostro sobre el pecho de Sasuke, escuchando los latidos acelerados de su corazón, cerró los ojos y se aferró más a él—. Tenía mucho miedo, Sasuke, yo creí que-

Sasuke se apartó levemente sólo para mirarle a los ojos. Su mirada normalmente oscura y fría, en ése momento estaba envuelta en un sentimiento de consuelo que atrapó a Ino —No pienses en eso, ya pasó—alzó la vista y ella volvió a acercarse más a él, Sasuke recostó su mentón sobre la cabeza de Ino y una de sus manos subió hasta su cabello para recorrerlo y acariciarlo como dándole seguridad—, jamás dejaré que te suceda algo malo.

Pasados unos segundos, Sasuke fue quien rompió el abrazo. En parte porque la emoción del momento poco a poco comenzaba a irse de su cuerpo y caía en cuenta de sus acciones, sus mejillas habían enrojecido levemente y la pena por haber correspondido el abrazo le inundaba. ¿Por qué lo había hecho? ¿Tan emocionado había estado? Se sentía ridículo. Además, ¿por qué su corazón había latido tan fuerte?

—Bien, vámonos. Sígueme, iremos a la cabaña.

Sasuke comenzó a caminar, el haz de luz alumbraba fielmente el camino a recorrer. Ino se apresuró en seguirle el paso.

—¿Eh? ¿No vas a volver al campamento?

—¿Eres tonta? Estamos más cerca de la cabaña que del campamento, además ya les he avisado a los chicos que volvería a la casa contigo —Sasuke guardó una mano en el bolsillo y caminó sin mirarle, Ino se acercó a su lado, temerosa e hizo un puchero.

—Ah, ¿por qué eres así? Hace unos momentos tu mirada era tan diferente y ahora tus ojos volvieron a ser los mismos que los de un gatito-idiota —refunfuñó Yamanaka y Sasuke le fulminó con la mirada, sin embargo rápidamente desvió la mirada, ocultando el sonrojo en sus mejillas que seguía presente.

—Tsk, gatito-idiota, dices, que falta de respeto —farfulló e Ino rodó los ojos.

Caminaron en silencio por unos segundos. No era un silencio incómodo, al contrario, se sentía muy ameno. Ino iba medio-escondida detrás de Sasuke, como usándole de escudo en caso de que un fantasma-zombie-monstruo-lo que fuera, apareciera de pronto. Miraba a sus alrededores con curiosidad, el bosque era denso y en realidad sería fácil para cualquiera perderse. Sasuke, únicamente acompañado de la luz de una linterna, había sabido encontrarla en la inmensidad del bosque, en plena noche de verano. Todo era pura oscuridad, Ino realmente no tenía idea de cómo no había tropezado o caído en alguna clase de pozo cuando corría, la negrura en los alrededores casi se podía tocar. Miró la espalda de Sasuke, su cabello estaba despeinado y tenía algunos rasguños en los brazos; de pronto se sintió muy culpable. De verdad se había asustado, la incertidumbre de haber estado totalmente perdida, sin saber qué podría pasar, le había acelerado el corazón a mil por hora. Y él había aparecido, de un momento a otro, se abrió paso entre la oscuridad y el haz de luz por un segundo le encandiló, sin embargo, luego todo fue más tranquilo. Se sintió segura de sólo verle. Aún así, no terminaba de comprender cómo era que le había encontrado. No era tan sencillo guiarse por un sonido, más aún en medio de la noche como lo estaban, rodeados de toda clase de sonidos de la naturaleza.

Había algo que no cuadraba.

—Sasuke... ¿cómo es que pudiste guiarte tan bien? Es decir, es de noche y... a pesar de que yo estaba silbando para que alguien me escuchara, para cualquiera sería difícil ubicarse. Es casi un milagro-

—No ha sido un milagro —Sasuke le interrumpió y le miró de reojo. Ino se sobresaltó ligeramente y él suspiró pesadamente—. No existen cosas como los milagros, Ino.


La fogata iluminaba la noche con calidez y brindaba cierto aire de seguridad que hacía que todos se sintieran un poco más cómodos. Cuando Naruto y Sakura habían llegado al campamento, con la clara ausencia de Sasuke, el primero en preguntar fue Kiba, robándole las palabras de la boca a todos, puesto que aunque con menos intensidad, desde allí también se habían podido oír ésos sonidos, que luego Uzumaki les indicó que eran silbidos. Hinata se sobresaltó y Sakura les explicó, tratando de mantener la calma, que Sasuke se había ido a buscar a Ino. En el momento en el que el nombre de Uchiha se deslizó por los labios de Sakura, el ambiente pareció volverse menos tenso. Era como si, al tratarse de él, podían tener la seguridad de que todo iba a estar bien.

En ése momento se encontraban quemando malvaviscos y un comiendo porquerías (como lo catalogó Neji) a la luz de la fogata. El clima era perfecto, no hacía demasiado calor y no había una sola nube en el cielo, a pesar de que no se podía apreciar con claridad debido a los árboles, estaban seguros de que no iba a llover. Naruto se las había arreglado para relajar las preocupaciones de todos luego de informarles lo que había sucedido, así que intentaban no pensar en ello y confiando en su amigo, había hecho un par de bromas y se había mostrado con su típica actitud infantil. Todos parecieron recibir el mensaje y siguieron a Naruto.

Sin embargo, por su parte, Hinata todavía se sentía un poco inquieta. Era a ella a la que más le había incomodado la idea de dejar a Ino sola, a pesar de que ella había estado muy de acuerdo con el tema. Y el sólo hecho de pensar que algo malo podría haberle pasado a Ino, le hacía sentir muy culpable. Era su cabaña después de todo, su responsabilidad.

—¿Ustedes creen…? —Hinata interrumpió a Kiba, que, sentado a su lado, contaba una de sus "anécdotas divertidas", su voz sonó trémula, temblorosa e indecisa—. ¿Ustedes creen que Sasuke y Yamanaka estarán bien?

Un silencio inundó el lugar. Sakura se encogió en sí misma, Tenten y Kiba desviaron la mirada, mientras que Neji, con su seria expresión de siempre, miró a su prima como buscando darle ánimos.

Una risa despertó a todos de aquella nube de pesimismo.

—¿"Estar bien"? —Naruto sonrió de oreja a oreja, sus ojos celestes chispeaban seguridad. Sin embargo, Sakura pudo notar cómo aquella expresión era un poco forzada—. Te olvidas que Sasuke conoce muy bien este bosque, Hinata.


El pequeño gato de anaranjado pelaje, se deslizaba entre las piernas de Sasuke, fregándose y ronroneando amigablemente.

Ino quería golpearse la cabeza contra la pared, y mierda que si hubiese estado en otro lugar lo habría hecho, pero estaba segura de que dejaría una marca horrible en la casa de Hinata.

—Te asustaste… de un gato —Sasuke se agachó y pasó su mano a lo largo del lomo del animal, acariciándolo suavemente—. De un inofensivo gato.

Ino se dejó caer en sus rodillas y se llevó las manos a la cabeza, despeinándose con frustración. Sasuke se limitó a mirarla y suspirar pesadamente, rodó los ojos y esperó a que la rubia comenzara su lloriqueo.

—No puedo creerlo… Pasamos todo esto, pasé todo esto… Por un gato salvaje que se metió por la ventana de la biblioteca… —Ino apuntó al gato y éste pareció fulminarle con la mirada—. ¡Tú… te maldigo!

—De hecho no es tan salvaje, siempre viene a esta cabaña, recuerdo que Hinata dijo que era casi como una mascota —Uchiha simplemente ignoró a la rubia y continuó jugando con el felino, mientras ella ahogaba un gemido de desánimo y luego comenzaba a reír exageradamente.

Era absurdo. Todo aquello era demasiado para ella. Pensar que había pasado tanto miedo, pensar que se había sentido tan desamparada y desesperada… Por nada. Por un fantasma inexistente. Toda ésa tranquilidad que había obtenido al abrazar a Sasuke, al verle luego de sentirse tan imponente, toda ésa calma y ése sentimiento de "da igual, que las cosas sean como deban ser", se había esfumado totalmente. Había colapsado otra vez. A cada carcajada, se sentía más estúpida.

Sasuke le observó reír sin decir absolutamente nada. Su mirada expresaba indiferencia, sin embargo, debajo de ésta, entendía a la perfección cómo se sentía ella.

Ino dejó de reírse de pronto y miró al suelo. La cabellera rubia cayó frente a ella y cubrió su rostro. Sasuke solamente esperó, sabía cuáles serían las próximas palabras de Ino. Lentamente torció el rostro y los cabellos se movieron, uno a uno, como una cortina de finos hilos, sólo para dejar ver la intensidad de sus ojos celestes. Una torcida sonrisa apareció casi imperceptible en los labios de Ino. Oh, pero Sasuke sí la había notado.

—¿A qué te referías con… A qué te referías con que no existen los milagros?

Se miraron fijamente por un segundo. Sasuke cerró los ojos y suspiró.


El sol iluminaba con fuerza aquél caluroso día de verano. La cocina de la cabaña Hyūga era un verdadero lío. Las chicas iban de aquí para allá arreglando todo para el almuerzo. Contando ése, eran exactamente cuatro días los que llevaban de vacaciones en aquél lugar. Cuando Hinata les había propuesto, ciertamente emocionada por el sólo pensarlo, ir una semana a la cabaña de su familia en el bosque junto a las montañas, el grupo no tardó demasiado en decir que sí. Dado que tenían catorce años, la prima segunda de Hinata, que se encontraba allí de visita, había sido la encargada de llevarlos allí, con diecisiete años y una licencia recién obtenida, había resultado ser una chica muy amigable (aunque, a decir verdad, Hinata era, de hecho, más responsable).

Hinata se recogió el cabello negro que le llegaba hasta por debajo del cuello, en una cola de caballo y mientras sonreía con tranquilidad, continuó preparando la ensalada de lechugas y zanahorias para Sakura.

¿Acaso eres una tortuga, Sakura? —Kiba se llevó a la boca una bola de arroz que había robado—. De todas formas, ¿por qué haces que Hinata te cocine? ¿No puedes hacerlo tú misma?

¿No será porque yo estoy haciendo otra cosa? —Sakura frunció el entrecejo y señaló el onigiri que disfrutaba el chico—. Además, fue ella quien se ofreció... —se encogió de hombros y luego añadió:—. ¿Tortuga? Tú eres el que parece un animal aquí, I-nu-zu-ka —Kiba le fulminó con la mirada.

Ya chicos, si hay mal humor en la cocina la comida no va a saber bien —Tenten sonrió mientras intentaba calmar a sus amigos y Himawari, la prima de Hinata, asintió animadamente.

Y hablando de eso, que alguien vaya a avisarle a los chicos que esto ya está casi listo —Himawari se llenó los pulmones del delicioso aroma y se relamió, hambrienta.

Ah, ¿Hinata, podrías ir tu, entonces?

E-esto, aún no termino de condimentar...

Yo iré.

Las cinco cabezas voltearon al escuchar ésa voz.

Gracias, ve a por Sasuke, ¿sí? Kiba, ¿dónde está él?

Salió —el aludido se encogió de hombros y Tenten le miró como buscando más información—. No sé dónde está, ya sabes que le gusta perderse por ahí y esas cosas.

Yo le encontraré. No se preocupen.


Caminaba con tranquilidad. El sonido de las hojas que se partían en pequeños pedacitos a cada paso que daba se le antojaba de lo más lindo, así que pisaba con fuerza y disfrutaba cada movimiento. Los pájaros cantaban entre las ramas y sus voces se perdían cada vez que ella gritaba el nombre de Sasuke.

Tenía una idea de dónde podía estar, así que se dirigía hacia allí. No tardó demasiado en llegar hasta una bajada un tanto empinada que terminaba en muchas rocas, acomodadas como si fueran piezas de un rompecabezas, que le daban la bienvenida a las cristalinas aguas de un lago. Y como supuso, allí estaba.

Su cabello negro despeinado, como de costumbre, se movía un poco debido a la suave y casi imperceptible brisa que soplaba de vez en cuando. Su cuerpo alto y delgado que comenzaba a volverse el de todo un hombre, era enmarcado por el color celeste del cielo que se reflejaba en el agua. La chica le miró por unos segundos sin decir nada.

Si alguien le hubiera visto el rostro... Se habría sorprendido de la expresión que dibujaba su semblante.

Era una mezcla de angustia, frialdad y dolor.

Suspiró.

¡Sasuke! ¡La comida ya está, hay que volver! —gritó y el aludido se sobresaltó ligeramente.

¿Eh? ¿Quién...?

Volteó un tanto confundido y al ver la sonrisa de oreja a oreja que se dibujaba entre los labios de aquella chica, sus labios se curvaron a penas un poco hacia arriba.

Ah, es Karin.


Continuará...

Cantidad de palabras: 8123.


¡Feeeeliiiz aaaañooooooo! ¡Ya estamos en el 2014! ¡Qué rápido que pasa el tiempo! Les deseo lo mejor en esta nueva etapa, espero que logren sus metas y sólo les pasen cosas buenas. ¡Ah! Me encuentro muy positiva hoy, serán las energías renovadas que trae un nuevo año. Y hablando de eso, en Septimebre de este año se cumplirán tres añitos desde que subí este fic. Así que me parece que ya es hora de ir acabándolo, me he propuesto este año terminarlo o al menos dejarlo pegadito al final. Adelantar unos, no sé, más de veinte capítulos :3 Es un poco precipitado, pero creo que puedo lograrlo. Le tengo fé a este 2014 dsjhdsahgda.

En fin. Muchas gracias, por vez número 2135327893, a todos los que han leído o comentado esto alguna vez. Me hace muy feliz ver que a la gente le gusta el monstruo que escribo y más todavía ver que fangirlean o esperan con ansias por nuevos capítulos. Me hace sentir muy culpable, también por tardarme tanto ; o ; Pero miren, este capítulo ha quedado bieeen largo, y han pasado muchas cosas, así que realmente espero que les guste.

Como verán, se ha revelado quién es la misteriosa chica que forma parte del pasado de Sasuke. Me parece raro que nadie nunca la haya mencionado en los reviews cuando pregunté quién pensaban que podía ser xd De todas formas, todavía no sabemos casi nada de ella, cosa que se solucionará en los próximos capítulos porque, ¡comienza la acción! Sip, sip. A partir de ahora los secretos serán revelados uno a uno y los sentimientos comenzarán a surgir sabdsa ; w ; Por favor, estén atentos al fanfic y denle cariño (?) que de ahora en más se pondrá todo muy interesante, se los aseguro. Ah, perdón si hay errores, en estos días andaré re-leyendo y corrigiendo cualquier cosita.

Bueno, tengo mucha curiosidad de saber qué piensan, así que les dejaré unas preguntitas que me haría muy feliz que las respondan :3

-¿Cuál fue la parte que más te gustó del capítulo?

-¿Qué piensas que ha pasado al final con Naruto y Sakura?

-¿Qué piensas de la relación que llevan Ino y Sasuke hasta ahora?

Así que, muchísimas gracias por leer y espero de corazón que les haya gustado. No se olviden de dejarme sus opiniones.

Ah, feliz navidad, atrasada xd y otra vez, feliz año nuevo :3
Un besote.