Gracias por seguir mi historia, y el apoyo que me dais a cada capítulo con las reviews. Gracias también a Sarux por aportar ideas cuando estoy en blanco :)

Feliz fin de semana!


Capítulo 15:

Castle se tumba en la cama, apoyando la cabeza sobre su hombro. Observa a Kate con una sonrisa en los labios que nadie podría arrebatarle. Si no hubiese sido porque esta mañana se ha despertado a su lado, habría pensado que los besos de anoche habían sido solo un sueño.

Después de esos besos vinieron otros más. No dejaron de besarse hasta que ella comenzó a bostezar y él casi le obligo a ir a dormir. No había querido pedirle dormir juntos porque no quería ir demasiado rápido, por eso no pudo evitar sonreír cuando fue ella quien le pidió a él que se acostase junto a ella y la abrazase durante toda la noche.

Recuerda también que Kate le había confesado no haber podido conciliar el sueño las últimas noches que habían dormido cada uno en sus respectivas camas; y sobretodo recordó el rubor que acompañó a esa confesión.

Y ahora él no podía aparta la mirada de ella. Llevaba horas despierto, pues no quería perderse el despertar de Kate. Debía reconocer que estaba preciosa, por eso no había podido evitar sacarle una fotografía.

Los rayos de luz que traspasaban la cortina, caían sobre la cara de Kate, sin tan siquiera despertarla. Parte de su pelo cubría la mitad de su rostro, y sus pestañas le daban un toque muy dulce a aquella imagen.

Comprobó el reloj una vez más, viendo que era demasiado tarde para seguir durmiendo. No tenía nada que ver que se moría por besarla de nuevo, para nada.

Empezó retirando aquel mechón de pelo que tapaba su cara. Después recorrió con la yema de sus dedos sus facciones, haciendo que ella arrugara la frente y la nariz- Pero continuó con los ojos cerrados.

Castle se inclinó sobre ella, hasta colocar su mentón en el cuello de ella. Al principio no la besó, simplemente dejó soltar un suspiro, sabiendo que aquello la atormentaría. De pronto sintió como Kate reaccionaba a él. Se le puso la piel de gallina y él no pudo más que sonreír al ver lo que era capaz de provocar en Kate.

Sabía que ella ya estaba despierta, así que depositó un pequeño beso en su cuello, y siguió así pasando por su barbilla, hasta llegar a sus labios, deteniéndose antes en la comisura de éstos. La provocó hasta que vio cómo los labios de ella se curvaban en una preciosa sonrisa. Y se dijo a sí mismo que no le importaría pasar así el resto de su vida.

Entonces no pudo evitarlo y la besó como lo había estado deseando toda la mañana. En realidad no había podido pensar en otra cosa que no fuese besarla.

Había soñado con eso en incontables ocasiones, más incluso de las que estaría dispuesto a confesar, sin embargo, ahora que los había probado, sabía que jamás se cansaría de hacerlo.

Ella lo agarró por la camisa, continuando el beso que él había empezado.

-Buenos días – susurra él, volviéndose a tumbar a su lado.

-Buenos días – le responde ella mientras él le aparta un mechón de pelo.

-Creía que no te despertarías.

-No quería despertarme – confiesa ella con la voz ronca – No quería despertar y ver que lo de anoche había sido solo un sueño.

Se ruboriza al decirlo en voz alta.

-No lo has soñado – le asegura él, inclinándose para volver a besarla.

Ella lo abraza y apoya la cabeza sobre el pecho de él.

-¿No piensas levantarte en todo el día? – Pregunta entre risas.

-No.

-Ya veo – Dice mientras acaricia su espalda.

-No tengo nada que hacer – Añade ella tras unos segundos – Prefiero quedarme aquí.

A pesar de que Rick nota el mal humor en su tono de voz, prefiere no hacer ningún comentario al respecto. Sabe lo aburrido y frustrante que es estar allí encerrado sin nada que hacer. Pero también sabe que se pueden entretener el uno al otro. Ahora nada se lo impide.

Coloca su otra mano en la cadera de Kate, no está tratando de provocarle, solo ha sido una caricia inocente, o al menos no lo había hecho con segundas intenciones. Sin embargo nota cómo ella se tensa cuando él coloca su mano allí. A pesar de haber confesado querer quedarse en la cama, se levanta inmediatamente.

-¿Estás bien? – pregunta él, preocupado por haber podido molestarla.

-Sí, solo… necesito ir al baño – dice ella, casi saliendo corriendo hasta el cuarto de baño.

Mientras ella está en el baño, él decide prepararle el desayuno para compensarla.

Cuando ella sale, acepta el café casi sin rechistar, pero asegura no tener hambre. Finalmente come una tostada tras la insistencia de él.

Después de desayunar él decide darle algo de espacio, a pesar de las ganas que tiene de besarla. Abre su ordenador y decide ordenar las ideas de la nueva novela que tiene en mente y ya ha comenzado a escribir.

Ella desaparece de nuevo en el dormitorio.


Al medio día, Rick decide dejar a un lado la tontería esa de darle espacio y golpea con los nudillos la puerta del dormitorio de Kate. Ella no responde, pero la escucha suspirar, así que decide abrir igualmente.

-Sé que es frustrante estar en este lugar Kate, pero eso no podemos pasarnos el día de mal humor.

-No. No lo sabes – dice ella, claramente molesta.

-Kate…

-No eres una mujer. No puedes saberlo.

Él permanece callado durante los siguientes cinco segundos. No se esperaba esa respuesta, pero aun así, sigue pensando que no debe estar de mal humor. Tal vez porque, como ha dicho ella, él no es una mujer; o tal vez porque simplemente no le gusta verla de mal humor. Probablemente ambas. Sea como sea, camina hasta la cama y espera hasta que ella se gira y lo mira.

-¿Qué quieres Rick? – pregunta ella, furiosa. O cansado. O una mezcla entre esas dos cosas.

-Te propongo algo que además puede ayudarte a recordar cosas.

El buen humor de él hace que ella todavía se sienta más furiosa. No dice nada y espera a que él continúe.

-¿Has jugado alguna vez a "verdad o beso"?

-¿Verdad o beso? – pregunta ella, enarcando una ceja. Cree haber jugado en algún momento de su vida, aunque no recuerde ese momento puntual, sin embargo, hasta donde su memoria alcanza, creía que el nombre del juego era Verdad o atrevimiento no Verdad o beso.

-Sí, bueno, lo he modificado a mi gusto – dice él, restándole importancia con un gesto de su mano.

Ella rueda los ojos ante su comentario.

-Te explico cómo funciona mientras comes algo.

Ella le mira, agotada. Con su mirada le hace saber que no tiene hambre. No solo porque haya desayunado tarde, sino porque no se encuentra del todo bien.

-No piensas que te voy a dejar jugar con el estómago vacío, ¿verdad?

Ella se lo piensa durante varios segundos y al final se levanta para comer algo. Es cierto que le pone de los nervios la actitud de él, y que no se encuentra del todo bien, pero al hablar de comida se le ha abierto un poco el estómago. Y mentiría si negase que no le apetezca jugar. Solo porque no tiene nada mejor que hacer, se dice a sí misma.


Rick aparta la mesa pequeña del salón, dejando espacio entre el sofá y la chimenea, mientras ella termina de comer.

Cuando él termina de encender el fuego, se acerca a la cocina y tras un rato revisando los armarios, encuentra lo que quería. Coloca sobre la mesa una botella de tequila y dos vasos pequeños de cristal.

-Rick no sé si es buena idea…

Él le mira, perplejo. Creía que le apetecía jugar.

-Me refiero a lo del alcohol – dice ella, adivinando sus pensamientos – Tengo que tomarme la medicación…

Los músculos de su cara se relajan un poco al escuchar la explicación e inmediatamente busca la solución.

-No te la tomes hoy.

-¿Qué?

-No pasa nada por un día. Además, ya recuerdas un montón de cosas y te prometo que voy a hacerte recordar muchas más.

-Espero que no pretendas emborracharme – dice ella, alzando una ceja, bromeando.

-Te prometo que mi única intención es conseguir tantos besos como sea posible – le asegura él.


Casi una hora después, ella mira intercaladamente al vaso que sostiene en las manos, lleno de tequila y a Rick, que espera su respuesta pacientemente.

Habían empezado con preguntas suaves, que Rick había considerado un intento para hacerle recordar. Sin embargo, parecía que ahora habían pasado a una nueva fase.

Por eso ella no sabía qué responder. Rick acababa de preguntarle, o afirmarle, esperando la confirmación o negativa de ella, si en el momento en que esos cretinos la habían cogido a ella, intentando meterla en la furgoneta, lo había odiado a él, que miraba la escena desde el suelo sin hacer nada para remediarlo.

Él sabía que ella quizás no recordaba todos los momentos de su pasado, pero sabía que recordaba ése momento en concreto. Kate tuvo que valorar durante unos segundos la respuesta, quería ser sincera con Rick.

Es cierto que lo había odiado después. Cuando cerraron la puerta de la furgoneta y se marcharon con ella. Ahí lo había odiado con toda su alma, había creído que él no la quería de verdad, al menos no tanto como ella le quería a él. Sin embargo… Cuando él estaba tirado en el suelo…

Apoya el vaso de tequila en el suelo y se inclina sobre él, agarrándose al cuello de su camiseta y besándolo. Introduce la lengua en su boca e intenta disfrutar de ese beso, haciéndole saber que no lo odió.

-En ese momento solo estaba asustada – explica ella tras volver a sentarse – Tenía miedo de que te disparasen por mi culpa.

-Kate… no hubiese sido tu culpa.

-No importa – dice ella – Ya no. Ahora estamos juntos.

-Sí, estamos juntos. – Afirma él, dándole seguridad.

-Mi turno – dice ella de pronto, aclarándose la garganta - ¿Cuántas veces has estado casado?

-No puedo contestarte a eso con "Verdad o beso".

-¿Y no vas a responderme?

Él la mira durante varios segundos, y cuándo ella descubre que sus labios se curvan hacia arriba medio milímetro y que solo lo está haciendo para torturarla, decide no seguirle el juego y plantearle la pregunta de otra manera. Ella recuerda que él ya había estado casado antes de conocerla, y cree que no se trataba de una sola vez.

-Has tenido dos mujeres – dice finalmente.

Él inclina la botella de tequila sobre su vaso y se lo bebe de un trago. Ella aprieta la mandíbula.

-Me encanta que te pongas celosa – dice él, sonriendo.

-No estoy celosa.

-Fueron dos exactamente – dice él, obviando el comentario de ella – Y quiero que sepas que con ninguna de ellas sentí lo mismo que siento contigo.

Ella deja escapar un suspiro, sin saber qué responder porque ¿qué se supone que siente por ella? En realidad lo único que han hecho ha sido besarse. Y aunque sabe que es más que eso, tiene miedo de estar haciéndose ilusiones.

-Te enamoraste de mi la primera vez que nos vimos – Es el turno de él.

Ella hace memoria. Recuerda la mirada de soberbia de él en aquel primer interrogatorio.

Se inclina efusivamente y le besa, sin pausas, hasta que darse sin aliento.

-No está bien mentir – dice él.

-No… está bien, veo dónde quieres llegar. No te voy a seguir el juego – dice ella, cruzándose de brazos.

-Que conste que no me quejo del beso que acabas de darme. Pero… no puedes negar que te resulté irresistible.

-Está bien – dice, mirándole desafiante – No niego que me pareciste atractivo – él alza una ceja – Pero eso es todo. Eras un engreído y un cretino. Reconócelo.

-Lo único que reconozco es que cuando te vi supe que haría lo que fuera para quedarme allí, a tu lado. Y llevo cinco novelas.

Ella se muerde el labio. Tiene que reconocer que Rick tiene su lado romántico.

-Tu turno – le dice él tras unos segundos mirándose a los ojos.

Había llegado el momento de hablar las cosas, piensa. Utilizaría el juego que él había propuesto para preguntarle al escritor qué tipo de relación quería.

-Para ti esto es un juego, y cuando volvamos a Nueva York fingirás que no ha pasado nada entre nosotros – dice, sin apenas mirarlo.

No es capaz de mirarlo a los ojos, no quiere ver en ellos que ella no significa tanto para él. Sabe que Rick no es de ese tipo de personas. Pero necesita estar segura.

Él aprieta el vaso entre las manos, tanto que cree que el cristal se romperá y los pedazos de cristal se le clavarán en la mano. Y aun así le harán menos daño que ese comentario. ¿Cómo puede ella ni tan siquiera preguntarle eso? ¿Acaso no le ha quedado claro lo que él siente? Al parecer no, y no va a tener más remedio que hacérselo saber.

Aparta el vaso a un lado y se acerca a Kate. Casi puede sentir como su propia piel arde y sus ojos han se oscurecen. Se acerca a ella tanto como puede, coloca un dedo por debajo de su barbilla y no dice nada hasta que ella le mira a los ojos.

-Escúchame bien, Katherine Hepburn Beckett porque quiero que te quede muy claro – dice, serio. Ella traga saliva, preparándose para lo que él vaya a decirle – Para mí no eres ningún capricho. Nunca lo fuiste y nunca lo serás. Así que ahora voy a besarte y voy a demostrarte que no solamente te quiero, sino que te amo.

Ella asiente. Está demasiado aturdida por lo que él acaba de confesar. ¿Le ha dicho que la ama? De pronto le entran ganas de salir corriendo, meterse bajo las sábanas y no salir nunca. Porque sí, Richard Castle le ha confesado que la ama, y eso a ella le aterra. Le aterra pensar que ella no le pueda corresponder de la misma manera, le aterra no estar a su altura, le aterra que él se pueda cansar de ella y abandonarla algún día… le aterran tantas cosas… Y sin embargo ahora es incapaz de pensar en otra cosa que no sea sentir los labios del escritor abriéndose paso en su boca.

Rick empuja suavemente los labios de ella. Los acaricia, primero el de abajo, después el de arriba. A continuación se abre paso con su lengua, recorriendo en círculos su boca. Es un beso lento, pero sensual, apasionado… Sin duda es el mejor beso que le han dado nunca. No necesita recordar los demás, no le hace falta.

Rick coloca su mano detrás de la oreja de ella, acariciándole esa parte. Después la tumba con delicadeza en el suelo, colocándose él a su lado. Durante un rato continúan besándose y diciéndose con caricias lo qué su relación significa para ambos.

-Tú sientes lo mismo por mí – dice él en voz baja, después de un rato.

Lo ha dicho tan bajito que ni siquiera sabe si ella lo ha escuchado. Sin embargo ella se inclina y alcanza el tequila, bebiendo directamente de la botella.

-Oh Kate, vas a matarme – dice él, sintiendo la reacción de su cuerpo ante la confesión que ella acaba de hacerle.

Se sienta al lado de Kate y comienza a besarla. Esta vez no se trata de un beso lento y acompasado, sino más bien de uno rápido, pasional…

Él vuelve a tumbarla en el suelo y, sin dejar de saborear el tequila en la boca de ella, lleva su mano hasta la cintura de ella, dirigiéndola después por debajo de su camiseta.

Ella se tensa inmediatamente, pero él está tan concentrado en sus labios que ni siquiera se da cuenta. Acaricia la suave piel de su vientre, e incluso se atreve a ir un poco más hacia arriba. Ahora, a la vez, besa su cuello.

-Para – le pide ella de pronto, separándose de su lado.

Él la observa, demasiado aturdido por el deseo.

-Kate… - dice con la voz ronca.

-Yo…

Él se sienta a su lado y comprueba que Kate está conteniendo las lágrimas. La barbilla le tiembla ligeramente.

-Ven aquí – dice de pronto, atrayéndola hacia él, refugiándola en sus brazos – Lo siento, lo siento, lo siento – repite él, besándole en la cabeza.

-Yo… - vuelve a decir ella. Ya no intenta retener las lágrimas – No sé si puedo darte lo que tú necesitas Rick. No sé si puedo dar el 100%...

-Shhh – susurra él, abrazándola más fuerte – Perdóname Kate, he sido un imbécil. Me he dejado llevar por el deseo de tenerte entre mis brazos y no me he dado cuenta de que tu… Todavía no estás preparada.

-Lo siento – repite ella entre sollozos.

-No tienes que sentir nada, ¿entiendes? – pregunta él, alzándole la barbilla de nuevo para que ella lo mire – Puedo esperar. Iremos al ritmo que tú desees, tan despacio como necesites. Yo me conformo con poder dormir y despertarme a tu lado, Kate. Me vale con que estés a mi lado.

-Rick pero yo no sé cuándo… - llora ella, insegura.

No sabe cuándo se va a sentir preparada para dar ese paso con Rick.

-No me importa, Kate. El tiempo que tú necesites.

Sin que ella pueda decir nada más, él presiona sus labios contra los de ella, haciéndole saber que nada de lo que diga podrá impedirle que esté a su lado. Ha pasado demasiado tiempo esperando estar con ella, y ahora que por fin han dado ese paso, no va a echarlo a perder por sexo. Es cierto que se muere por hacerle el amor a Kate, por dejarle claro que es suya y de nadie más, se muere por estar dentro de ella, pero esperará el tiempo que ella necesite.